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viernes, 26 de noviembre de 2021

Proyecto Lujuria 1.1: Casting en la ducha


En el baño, César  resiste un poco más la sensación de usar el retrete para orinar. Delante suyo hay un trípode pequeño sobre la que está engarzada una cámara pequeña de televisión.

“Ya estoy listo”, dice por el intercomunicador sujeto a su cabeza.

“Dame un segundo”, le responde Escalante en su oreja. “Estoy tomando datos”.

César sabe que llenar la ficha tomará unos minutos más, así que aprovecha, avanza con cuidado de no tumbar el trípode, se baja la cremallera, saca su trigueña picha, apunta y dispara. ¡Qué alivio! Entonces, la puerta se abre y César se asusta.

Un joven alto, atlético sin ser tan musculado, guapo, cabello negro lacio con un raro ensortijado como copete, ojos marrón claro, pectorales, axilas y abdomen sin un solo pelo, todo en un tono blanco pálido lo mira a los ojos primero y luego mira su miembro en plena micción.

“Disculpa, pensé…”, le dice con un acento caribeño.

César no puede articular palabra.

“el modelo ya está contigo”, le avisan por el auricular.

César termina de orinar, carraspea.

El chico se saca la toalla, la cuelga y se mete a la ducha que en lugar de cortina tiene una mampara transparente.

A su vista queda un culo redondo, como si debajo de la piel se hubieran inflado un par de globos que están a punto de reventar, unas piernas mejor formadas que las de futbolista, lampiñas, y al girar un poco, el pene dormido sobre un par de grandes testículos.

César, avergonzado, sacude su picha y la mete de inmediato, casi choca con el lavabo.

“¿Ya estás listo?”, le insisten por el intercomunicador.

“Sí, dame un toque”, responde el camarógrafo mientras se lava y seca las manos y las lleva a la cámara. “¿Cuál es tu nombre?”, le pregunta al fin al chico desnudo bajo la ducha aún sin abrir.

“Osmar… Osmar Rivero”.

“Soy… César… ¿ya te dijo Escalante en qué consiste la escena?”

“Sí”, sonríe Osmar.

“Espera mi señal”.

César enfoca la cámara, hace un acercamiento a los abdominales de tabla de lavar en medio de una delgadísima cintura y luego mueve el anillo de zoom hasta tener un plano general del modelo.

“Listo”, dice por el intercomunicador.

“Dale acción”, le confirma Escalante.

César levanta la mano y hace cuenta regresiva con sus dedos. Al formar puño la baja y pone el ojo al visor de la cámara.

Osmar abre la ducha y deja que el agua moje todo su cuerpo, menos la cara y el cabello; toma la pastilla de jabón que ya estaba allí, recién abierta, y comienza a pasárselo suavemente, mirando sensualmente a la cámara, por sus pectorales, sus abdominales, sus axilas levantando los brazos y a lo largo de éstos, una de sus nalgas y a lo largo de su enorme muslo. Y su rostro con esa expresión de quien disfruta como ningún otro momento del día ese tiempo que uno le dedica a la higiene personal.

Luego, Osmar se pone de espaldas a César y se unta los dos grandes glúteos, en medio de ellos, voltea al otro costado y repite la operación del inicio. A continuación, se pone en frontal y asea sus genitales brevemente, siempre sonriendo a la cámara. Abre la llave de la ducha de nuevo, se enjuaga por completo con la misma sensualidad como se enjabonó todo el cuerpo, se seca y sale.

“¿qué tal lo hice?”, pregunta.

“ehhh… bien… creo”.

El camarógrafo sonríe mientras dentro de su cremallera, su picha está como roca y su calzoncillo mojadito de líquido preseminal.

Cuando Osmar regresa a la habitación contigua, que en realidad es un dormitorio matrimonial y busca su ropa para vestirse, Escalante está revisando unos apuntes en su tableta. Voltea a ver al modelo.

“¿Cómo te sentiste?”

“Bien. Ya te dije que el desnudo es natural para mí”.

Escalante sonríe.

“De todos modos, espera mi llamada, solo mi llamada, y si eres seleccionado, negociamos… ¿me dijiste que tienes tu permiso temporal en regla, no?”

“expira en dos meses, pero sí”.

“Listo”, vuelve a sonreír Escalante, un hombre de rostro agradable ya en sus cuarenta.

Osmar se termina de poner la ropa, se arregla la bufanda, agradece y se despide. Escalante lo acompaña hasta la puerta y la cierra, luego camina al baño.

En la ducha, ahora es César quien se refresca: cuerpo más o menos trabajado, lampiño, rico culo, verga semierecta bajo un vello púbico algo crecido.

“A ti no te haré casting”, sonríe Escalante.

“Ese venezolano que entró último me puso a mil, huevón”, confiesa el camarógrafo.

“¿Y a mí qué crees?”

Escalante se desnuda por completo, tira su ropa a la alfombra del dormitorio y se mete a la ducha con su compañero.

“Yo me inclino por el venezolano”, dice César cogiendo la cintura del otro hombre, delgado formado, blanco, lampiño, vello púbico recortado, a quien se aproxima y da un beso en la boca.

“Yo también”, dice Escalante. “Pero veamos qué dice el cliente”.

“Tengo ganas de ccacharte”.

“Vamos a la cama”.

Escalante se arrodilla, toma la picha de César y la mama con fruición hasta ponerla completamente dura mientras sus manos se afirman en las dos redondas nalgas de su compañero, luego se unta jabón en todo el ojo del culo, coge el cipote del camarógrafo y se lo mete como si nada. César jadea.

“qué rico tu ano calentito”.

“Dame pinga”, ruega el director de talento.

César logra meter sus diecisiete centímetros y bombea como condenado. Al mismo tiempo, Escalante masajea sus dieciocho centímetros que ya se pusieron duros. César no resiste más y dispara toda su leche dentro del recto de su jefe mientras éste dispara la suya  en la blanca mayólica de la ducha. César siente cómo el esfínter anal estrangula su aún dura picha.

“Rico”, suspira. “Mejor que mi mujer”.

  

miércoles, 13 de junio de 2012

SxEC 09: Mi orto y la ducha

El chico con el que estuve mide 1m68, contextura promedio, y una polla de 16 cm. se trata de un amigo que vive cerca de mi casa.
Hace unos días llegó para joder un rato. Mi hermano había llegado mareado, y se fue a dormir la mona, en su cuarto.
- Oye, me voy a bañar.
- ¿Y por qué no nos bañamos juntos?
- Ya pues.
Nos calateamos. Lo primero que me llamó la atención fue su pinga, tan rica. Yo tuve que aguantarme para no decir ni hacer nada.
Nos metimos a la ducha. Yo comencé a enjabonarme.
- ¿Te enjabono el culo?
Los dos nos reímos. Se la pasó todo el rato jodiendo y jodiendo.
- ¿Te paso el jabón por la espalda?
- Hablas huevadas.
En ese momento me volteé de tal forma, que casi le doy un beso en la boca.
- Sorry.
- No hay problema... ¿Saves? Tienes el culo bien redondito, mejor que de una jerma.
- ¿qué?
- Tienes culito de puta.
Los dos nos reímos.
- Tienes un culo tan grande que sobrado se aguanta dos pijas.
Mientras nos seguíamos bañando, sentí como un airecito sobre mis nalgas: él me había pasado las manos rápidamente, pero sin tocármelas.
- ¿No te vas a enjabonar el culo? ¡Yo te lo enjabono!
- ¿Cómo?
- Normal. Habla.
Entonces, su verga comenzó a pararse. Yo no le dije nada. seguí bañándome, cuando sentí que me sopló el cuello. Me volteé, y mi verga chocó con la suya. Las dos estaban armadazas.
Lo quise evadir, pero él me agarró de la cintura, y pegó su cuerpo al mío. ¡qué rica sensación, por Dios!
Áún así, le quité sus manos de mi cuerpo, pero él me volvió a tomar y me arrinconó contra la pared de la ducha, rozando su pecho, su vientre, sus piernas y su verga parada contra las mías. Era definitivamente rico.
- Chúpamela.
Me arrodillé a hacerlo, mientras el agua de la ducha caía, y me suavizaba el fuerte sabor de su pinga. se la succioné con fuerza, antes de pasar a comerme sus huevos.
Él me tomó del cabello y me metía y sacaba su pinga de mi boca. Por un momento, sentí que me ahogaba, y no pude articular palabra.
- Cómetela toda. qué rico la chupas. Tienes una boquita calientita. Si así tienes la boca grande, ¿cómo tendrás el orto?
Yo paré en seco, y lo miré extrañado.
- ¿Qué es orto?
- ¡Tu ano, pues, huevón!
Nos reímos.
Se la seguí chupando y chupando, y comenzó a hacer unos gemidos bien arrechos.
- Puta madre. sigue. Sigue.
se inclinó a tocarme el culo, y aprovechando la humedad de la ducha, me metió los dedos a mi... orto.
salió un toque a ver su ropa y regresó con un condón, se lo puso. Se sentó sobre el piso de la ducha, pero debajo de la lluvia. El agua seguía cayendo.
- siéntate despacito. quiero abrirte ese... orto.
Mientras la metía y bajaba, me dio dos fuertes nalgadas. su pene entró sin problemas en mi culo, quizás por el agua que caía.
Comencé a subir y bajar, a ir para adelante y para atrás, a apretársela con mis nalgas.
- Uyyy, ¡qué rico la aprietas! ¿quieres comértela toda?
Él me acariciaba la espalda. Entonces me senté dándole la espalda, y él empezó a besármela, lo que me provocaba cosquillitas placenteras.
 
me daba besos en la espalda que sentia cosquillitas ............
- Muévete.
Lo hice con fuerza.
Luego nos pusimos de pie, y él me cachaba con fuerza. El agua caía. qué rico se sentía, era espectacular.
Mientras me follaba, me abría las nalgas.
- es para que te entre y la sientas toda.
Me agarró de los hombros para bombearme el culo con más fuerza, y lo consiguió.
- No gimas fuerte, que mi hermano te puede escuchar.
Comenzó a gemir despacio, pero se le olvidó, me sacó la pinga, casi arrancó el condón, y disparó su leche sobre mi espalda.
Terminamos de bañarnos, pero él no dejaba de acariciarme.
Antes de salir de la ducha, se arrodilló, y me dio un beso en la nalga derecha, en la izquierda, y abriéndomelas, en... el orto.
- qué rico ortazo que me he comido.
se levantó y me quiso dar un beso en la boca, pero se lo esquivé y terminó dándomelo en la mejilla.
Mi hermano seguía durmiendo la mona. Cuando pasamos y lo vimos de reojo, notamos que su verga estaba parada.
 
©2012 Hunks of Piura Entertainment. Comenta este relato aquí.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Ser Rafael 11.2: El chico de la ducha


Esa noche en el gimnasio, entrené como loco. Mi propósito era simple: agotarme tanto que, al llegar a mi casa, no tuviera más ganas que de dormir hasta que me diera la reverenda gana de levantarme, al día siguiente, sin importar la hora.

Es más. Como había llevado todo para recoger a Laura, no me quedó otra que ducharme en ese lugar.

Ya estaba en el cubículo de la ducha que había elegido, entre las dos existentes, la más cercana a los casilleros, cuando sentí que alguien ingresó detrás de mí.

“Hola”, me dijeron.

“Hola”, contesté, mientras abría la llave.

Me metí en esa primera lluvia, dispuesto a dejarme refrescar tras la extenuante sesión de entrenamiento.

“Pata, disculpa”, me dijeron a mi espalda.

Volteé: era el tipo que, la última vez que me duché aquí, me palmeó el trasero aunque no lo reconoció. Imbécil yo no soy.

“¿Qué pasó?”

“Quería disculparme por el incidente de la vez pasada. No fue mi intención”.

El tipo estaba desnudo, arrimado a la pared que separaba mi ducha de la suya.

Aunque delgado, tenía algo de volumen y marcación en sus músculos. En realidad, más marcación que volumen.

Y también noté cierto largo arriba del promedio en cierta parte íntima suya.

“Olvídalo. Ya pasó”, acepté.

“Gracias. Oye, ¿y hace cuánto tiempo entrenando?”

“Uuuuuhhhhh… desde los quince… nueve años y meses. ¿Y tú?”

“Ah, con razón. Solo tres años, pero dejando por meses”.

“”¿Por qué ‘con razón’?”, sonreí… pícaramente.

“Bueno… no vayas a molestarte, pero… tienes un gran físico”.

“Gracias”.

El agua de la ducha seguía mojándome el cuerpo.

El tipo sonrió y fue a ducharse. Ya me sentía más relajado.

“¿Y te dedicas a algo?”, levanté mi voz.

“Exportaciones. Soy comerciante. ¿Tú?”

“Sistemas”.

No oí réplica. Seguí bañándome.

A lo mejor no le era atractiva mi carrera, o no le era atractivo yo.

Seguí duchándome.

“¿A qué me dijiste que te dedicas?”, me gritó.

“¿No oíste?”

Según percibí, el tipo cerró el grifo. Volví a sentir su voz a mi espalda.

“Ahora sí. ¿A qué te dedicas?”

“¿No me oíste?”

“O es la ducha o es este murito”.

Ahí estaba otra vez, desnudo y húmedo, viéndome a mí, desnudo, húmedo y en proceso de ‘calentamiento’.

Hice matemáticas rápidamente.

En este gimnasio hay dos duchas. Dos personas ocupan las dos duchas. Si la gente de afuera se percató que entramos los dos, harán una resta simple: dos tipos menos dos duchas es igual a… mejor no entro.

“Tengo una idea loca… si no puedes escucharme por esta pared, o tu ducha… ¿por qué no compartimos mi ducha?”

El tipo se quedó mirándome perplejo, en silencio.

“Sí que es una idea loca. ¿Y si alguien entra?”

Le expliqué pitagóricamente cuáles eran nuestras probabilidades.

Esperó dos segundos.

Entró.

El roce de nuestros cuerpos fue inevitable, tanto, que nos olvidamos continuar la charla.

Lo tomé de su cintura, y fui de frente a la conquista de sus labios. Él me respondió. Entonces nos abrazamos. Nuestra excitación no tardó en aparecer, al punto que la presionamos mutuamente.

Comencé a besarle el cuello.

“¡¿Ya están libres las duchas?!”

Alguien llamaba desde la puerta del vestuario.

El tipo se asustó.

Yo le hice señas que no dijera nada y que se tranquilizara.

“¡Cinco minutos!”, grité.

“¡Ya, Rafo!”, me respondió la voz desconocida.

Le expliqué al tipo que saliera de la forma más normal, y que afuera veríamos cómo seguíamos esa caliente sesión. Me hizo caso, no sin antes alabar lo “largo y grueso” de mi dotación.


Ya en la calle, lo alcancé en un puesto de revistas que había cerca del portón del gimnasio.

“¿Eres Rafo? Jaime, mucho gusto”.

“Rafael mas bien. El gusto es mío”.

“¿Vives solo?”

“ehhh. No. Con mi familia. Mas bien, ¿qué tal un telo?”

“No, huevón. Allí es más fácil que te ampayen. Tengo mi depa cerca de acá, a unas cuatro cuadras. Mejor vamos allí. Vivo solo”.

No habíamos avanzado ni media cuadra.

“¡¡Rafael!!”

Me quedé helado. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

SxEC 04: Un duchazo con mi primo

Era un fin de semana. Sábado por la mañana, para ser exacto. Me tocó hacer limpieza en casa. Todo iba normal.
cuando terminé, tocaron. Era mi primo, un chico algo fornido, de mi edad, o sea, 19, lampiño, buenos brazos, buen pecho, buenas piernas, culo no muy grande pero redondo y durito.
- Entra, primo. ahorita me voy a bañar porque acabo de hacer limpieza.
- Ya, OK.
- Vamos al patio de atrás, mientras conversamos.
- Ya, pe, mientras te bañas, vamos conversando.
- OK.
Me desnudé todo y abrí la ducha.
- Bien culón eres, primo.
Nos reímos, y entré.
Procedí al clásico rito de enjabonarme.
Recuerden que mi ducha no tiene puerta, así que mi primo se sentó cerca de ella, pero sin podernos ver; pero lo suficientemente cerca como para no gritar mientras conversábamos.
- Primo, tienes culo de puta.
sentí que su tono era algo... arrecho. De vez en cuando, noté que se asomaba mientras me bañaba.
Entonces, empecé a enjabonarme el culo, y comencé a hacer ruido con los dedos, como cuando sacas un objeto de algo que lo succiona.
- ¿qué suena, primo?
Se asoma por completo a mi ducha.
- Nada.
- ¿qué estás haciendo, primo?
Me reí.
- a ver, pe, déjame ver qué estás haciendo. Normal conmigo.
Comencé a meterme los dedos al culo, a sacarlos de golpe, con las manos enjabonadas, y a hacer ese sonido que le llamó la atención.
- Déjame ver... suena bien... suena rico.
Entonces me agarró de los brazos.
- Tienes un buen culo, primo.
Comenzó a acariciarme las nalgas con sus manos. De pronto, su dedo índice me penetró el ano. Me arrechó, y como me movía por eso, terminé mojando sus ropas.
- ¡Puta, primo! ¡No me queda otra que bañarnos juntos!
Se quedó calato. Su verga de 16 cm, gruesa, estaba al palo. Gruesa y venuda, por cierto. La usó para sobarla entre mis nalgas, aprovechando que estábamos enjabonados.
Me eché boca abajo sobre el piso del baño.
Se puso champú sobre su verga y comenzó a sobármela en la raja de mi culo, y a golpearla sobre mis nalgas.
- Ábrete las nalgas.
Lo hice. Agarró dos dedos y los untó con champú. Me los metió a mi agujero. mientras usaba su verga para golpearla contra mis nalgas.
- Con cuidado, que me duele.
- Ya, disculpa primo... te entra suavecito, huevón.
Me logró meter tres dedos. Lo hizo por un tiempo,, salió y entró, esta vez con un condón en la mano. Se arrodilló, abrió la ducha y dejó que el agua me enjuagara mi trasero, mientras me lo movía.
Se puso la orilla del empaque del condón entre sus labios, y volvió a separarme las nalgas con sus manos.
- Tienes un señor ano.
Entonces, llevó su verga a mi boca. Comencé a chupársela. ¡qué rico era mamarla así mojadita!
Tras ello, me puse de pie, y él también. Me incliné a seguirla chupando. Sacó el condón de su empaque.
-Ponte en cuatro.
Nos acomodamos y me la metió. ¡Qué rica follada, carajo!
- ¿Te gusta, primo?
- Sí, cáchame fuerte.
Comenzó a meterla y sacarla.
- Chúpala otra vez.
Comencé a hacerlo, saboreando el látex, y luego, mamando sus grandes huevos.
Me arrinconó a la pared de la ducha, y me la metió de nuevo. Comenzó a bombearme el ano como loco.
- Puta ma're, primo. Te gusta comerte las pijas... ¡Qué bien! ¡ahhh! ¡Te las comes bien, mierda! ¡Te las comes toda!
Me arrodillé a chupársela de nuevo. Luego, él se sentó sobre el piso de la ducha.
- Baja lento sobre mi verga. Te la voy a clavar toda.
Lo hice, y comencé a cabalgar sobre él, mientras me agarraba de las caderas, y me besaba las tetillas. Mi verga parada se sobaba contra su vientre duro, como tabla de lavar. Me arreché tanto, que las di sobre su vientre, pero no dejaba de cabalgar.
- ¡qué rico, primo! ¡Yo también las voy a dar! ¡Carajo, se viene! ¡Mierda! ¡ahhhh! ¡Se me sale la leche!
Se sacó el condón. Nos lavamos bien, y mientras yo salía, el entraba al sanitario para botar el condón repleto de semen.
Así calatos, nos fuimos a mi cuarto. Vi un papel en el suelo, y me agaché a levantarlo.
En ese momento, sentí que me agarró de mis caderas. Minutos después, mi culo volvía a recibir su verga. ¡Qué rico folla este primo!
Nos pusimos de pie y nos terminamos de secar. Se sacó un segundo condón que, no sé de dónde lo había sacado. el hecho que luego se la chupé hasta que se vino en mi boca.
Fui al baño a enjuagarme la boca, y regresé al cuarto. Lo encontré echado boca arriba, contento, calato.
- ¡qué buena cachada he tenido hoy, primo!
Me cambié, sonriendo.
Su ropa secó. La planchó algo húmeda.
Se cambió, y se fue a su casa.
Antes de salir, me dió dos nalgueadas.
Anoche me mandó un mensaje de texto: "¿Cndo t toca limpieza?".
Le respondí:"Este fds... y stare solo".
A la hora había otro mensaje en mi celu: "Spérame y preparat".
©2012 Hunks of Piura Entertainment.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Sexo Mandamiento (4)

No sé si fue mi impresión, pero estaba más guapo que la última vez que nos vimos. Se había cortado el cabello, y la ropa formal que llevaba, ligeramente ceñida a su cuerpo, lo hacían lucir aún más varonil.

“Hola”, me dijo y de inmediato me abrazó, yo de inmediato respondí el abrazo. Por alguna razón, ese abrazo me brindó una sensación de protección y de cariño que, sinceramente, no había sentido hasta ese momento. “¿Cómo has estado? ¿Te pasó el susto?” Me preguntó preocupado. “Sí, ya fue esa huevada. Créeme que si puedes sobrevivir a mi vieja, puedes sobrevivir a cualquier susto”, le dije riendo. “A la mierda, ¿tan jodida es tu vieja?” me preguntó riéndose. “Sí créeme”, le respondí.

Una vez dentro del departamento, conversamos de muchas cosas, me contó cosas de su trabajo. Yo le comenté ciertos problemas en casa, como las peleas con mi vieja, le conté el incidente con la profesora en la mañana. “¡Ta’ huevona esa vieja! Eso solo tiene un nombre: falta de huevo, como no tiene quien se la cache, le jode que el resto del mundo disfrute su vida como se debe”, me dijo y dicho esto se paró y movió sus caderas como loco como si estuviese bailando negroide. Yo me reí, me pareció gracioso. “Sí, yo también creo que es una vieja aguantada que habla así porque no hay quien se la cache”, le dije. “Sí, tienes razón y me parece paja que la hayas puesto en su lugar, a eso yo le llamo tener huevos”, me dijo.

Me pidió que lo esperara, que se iba a duchar porque venía cansado de la chamba. Me dejó en la sala del pequeño departamento y se dirigió a su cuarto. Yo me quedé ahí sentado mirando televisión. Me aburrí y me paré. Comprendí por fin por qué me pidió disculpas, la primera vez que nos vimos, por su “desorden”. Esta vez todo se encontraba mucho más pulcro que la vez anterior. El departamento, parecía sacado de uno de esos comerciales de desinfectantes.

De repente, el silencio producido por la televisión apagada, se vio interrumpido por un, desafinado, pero alegre, canto. Sonreí y dispuesto a tomar la iniciativa esta vez, me dirigí al cuarto. Una vez en él, me desnudé y me dirigí a la ducha. Ahí en la ducha, Adríán se encontraba desnudo y cubierto enteramente por espuma. Me metí a la ducha en silencio aprovechando que se encontraba con los ojos cerrados y  lo abrazé por detrás. Se sobresaltó.

Lentamente empecé a masajear la espuma en su cuerpo. Abrió la ducha y poco a poco su cuerpo empezó a quedar descubierto. Se volteó y puso sus brazos alrededor de mi nuca y yo aproveché para descender las mías hasta su cintura. Me miró, y juntó su nariz a la mía. “Te he extrañado, me susurró”. Yo también, le respondí.

Nos besamos, bajo el chorro tibio de la ducha. Nuestros cuerpos se unieron en un abrazo fuerte. Nuestros miembros chocaban con cada movimiento nuestro. Con rudeza, me tiró contra la pared lateral de la ducha y bajó suavemente por mi cuello, deslizándose por mis tetillas y mi abdomen, jugó un momento en mi ombligo hasta que finalmente llegó a mi miembro. Suavemente, tomó mi miembro en su boca, provocando en mí un leve gemido y una acelerada respiración. El movimiento de su boca introduciéndose mi miembro cada vez más, me estaba volviendo loco, yo solo optaba por gemir y respirar fuerte. Mis manos estaban sujetadas fuertemente a su cabeza. Él se puso de pie y tomó mis hombros jalándolos hacia abajo. Yo bajé a su miembro de inmediato. Me puse de rodillas e introduje su pene en mi boca. Una sensación indescriptible me invadió. Al levantar la mirada, me encontré con la mirada de Adrián, llena de placer. Sus caderas se movían duramente, como si me estuviese “cachando por la boca”. En un momento determinado mientras me enloquecía succionando el miembro de él, se volteó dejando delante de mí su hermoso culo, era algo velludo, pero eran unos vellos preciosamente ordenados, finos, delicados. Mordí suavemente sus nalgas. Él parecía enloquecer, Poco a poco fui introduciéndome entre ellas  hasta tener mi lengua entera lamiendo su ano. Poco a poco y con un deleite jamás experimentado, empecé a introducir mi lengua dentro de su ano. Él por su cuenta, empezó a gemir fuertemente.

Me levanté y lo abrazé por detrás. Nos empezamos a besar locamente, y mientras lo hacíamos, empezé a rozar mi miembro en la entrada de su ano. Él gemía sin control. “Creo que hoy me toca chantarme a mi” me dijo riéndose, “así parece” le dije. Tomé una toalla, me sequé y me dirigí a la cama. Me acosté y unos minutos después salió él. Por su corpulento, cubierto de vellos, aun corrían algunas gotas de agua, lo cual a mí me pareció sexy. Su mirada se clavó en mi erecto miembro. De inmediato se acostó en la cama y con las piernas abiertas, se posó sobre mí. Me besó, sus besos eran apasionados, fuertes, calientes, eran una mezcla perfecta entre lo rudo y lo dulce. Poco a poco, descendió por mi abdomen hasta llegar a mi pene, el cual se tragó en un solo acto. Hizo que me retorciera de placer. Sin duda era la mejor mamada que me habían dado jamás. Subió nuevamente a besarme y luego empezó a rozar su culo con mi durísima verga. Poco a poco el fuego se iba incrementando. Nuestros besos, nuestras lamidas y caricias iban aumentando su intensidad. Hasta que el momento propicio se dio y él exclamó: “¡métemela huevón, métemela!”. Él mismo tomó un preservativo y me lo colocó. Yo estaba extasiado. Yo recostado en la cama y él sentado sobre mí con sus rodillas flexionadas. Me besó, lamió mis orejas, mi cuello, mis axilas. Y fue el mismo quien se introdujo mi miembro, poco a poco, con paciencia. Su cara denotaba dolor y placer. Yo por mi parte, sentía como mi miembro se habría paso en sus entrañas. “¡Estás bien apretadito!” le dije y reí, “Sí, solo hice de pasivo una vez, tu eres la segunda, tienes un no sé qué que me llevó  a animarme” me dijo y me besó. Por fin estuve dentro de él completamente. Me aferré a su cuerpo y él al mío. El determinaba el ritmo. Yo no me movía, pero el sí ¡y de qué manera!

“¡Que rico es cachar contigo!” me dijo, “Tas’ huevón, que rico es hacerlo contigo mierda”, le dije poniendo blancos los ojos de placer. Sin sacarla y en una muestra de flexibilidad, se reclinó y yo me puse sobre él. Ahora quien dirigía el movimiento era yo. “Asu mare, que rico te mueves huevón” exclamó, “y eso que aún estoy calentando” le respondí. Nuestros gemidos y rugidos invadían la habitación entera.

Cambiamos de pose, ahora él se colocó a cuatro patas en el borde de la cama y yo detrás suyo, de pie. Introduje suavemente mi miembro en él. Gimió y se estremeció. Su fuerte espalda quebrándose para mí, y su cintura apretada, que no había visto tanto en la primera cita, me volvían loco. Bombeé con más fuerza, con más rapidez. Tomé su corto cabello y lo jalé fuerte hacia atrás mientras mi otra mano sujetaba fuertemente su cintura. “¡Ah mierda! ¡Qué rico!” exclamé y el solo se limitó a gemir. Era increíble la sensación de placer que sentía al poseerlo, no sé si era su apretado ano, o la sensación de poseer a un machote como él, o los gestos de placer que él tenía. Mis caderas se movían rápidamente, pero alternaban lo rápido con lo lento. Lo sacaba completamente y lo volvía a meter. Adrián se retorcía de placer. Era excitante ver mi miembro entrar y salir de su ano.

Él se acostó suavemente y yo me puse sobre él sin dejar de penetrarlo, sujetando con mi brazo su cuello y con la otra mano, dando nalgadas y amasando sus nalgas. Sentí de repente  que una explosión se expandía en mi cuerpo. “¡Me vengo!”, exclamé. Retiré mi miembro y me quité el preservativo, poniéndome de pie sobre la cama, él se dio vuelta y esperó mi leche. Pronto un chorro de semen salió disparado de mi verga, en dirección al pecho de Adrián.  Descendí hacia él, que me esperaba con las piernas abiertas. Me coloqué sobre él y lo besé. Él se masturbaba, así que metí dos dedos en su dilatado ano, mientras le besaba las tetillas. El no dejó de masturbarse y retorcerse de placer, hasta que finalmente se vino, lanzando contra mi abdomen  sus masculinos fluidos.

Él se recostó a un lado de la cama y yo me recosté sobre su pecho abrazándolo, él también me abrazó. “Wow” me dijo, besándome la frente. “Eres bien rico” le dije y lo besé. Permanecimos abrazados por largo tiempo en la cama. “Me gustaría verte más seguido y no precisamente para tirar. Me gustaría empezar a salir contigo” me dijo. Algo dentro de mí se puso en alerta. Adrián me gustaba y mucho, pero ¿salir? Eso no estaba en mis planes. Me separé de él y me senté en el borde de la cama. Nuevamente ese bochorno se apoderó de mí y mi cabeza empezó a girar como dentro de una licuadora. “¿Qué pasa dije algo malo? Me preguntó algo alarmado, “No, no es nada” le respondí.

 

Continuará…

 

© 2013 Gonzalo Martínez. © 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.  Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.

 

sábado, 11 de junio de 2022

Proyecto Lujuria 9.1: evandro y Alejandro cachan rico en la ducha


A las seis y cuarto de la tarde, Alejandro entra en su dormitorio alquilado.

“Pasa”, invita.

Evandro ingresa tras él. La puerta se cierra.

“Todo está casi igual”, dice mientras gira su cabeza en ciento ochenta grados.

Alejandro deja las llaves en un enorme cenicero de vidrio con motivos turísticos de Montego Bay, Jamaica, un recuerdo de uno de sus viajes periodísticos que terminó siendo cuasiturístico, y que conserva sobre el archivador de metal; va a su cama y se comienza a desnudar:

“Me disculparás, pero ha sido un día pesado: necesito una ducha”.

“Yo también”, secunda Evandro sin ninguna intención. “Especialmente luego de lo que me contaste: ducha con masaje, de ser posible”

Alejandro ríe un poco:

“¿Recuerdas ese gym de mala muerte en Ventanilla”.

“La ducha no tenía lluvia, era un chorro”, sonríe Evandro. “Y en invierno era una tortura bañarse ahí”.

“Acá al menos tengo de esas termas brasileñas de resistencia”.

“Todas las termas tienen resistencia, Alejo”.

“No jodas con tus tecnicismos”.

El fotógrafo ya está calato con una toalla al hombro y camino al baño. Abre la cortina de la ducha, la cierra, abre la llave del agua, regula la palanca de temperatura y entra.

“¿Qué piensas hacer?”, pregunta alzando la voz un poco.

Nadie responde.

“¿Evandro?”, confirma el surfista. “Sigues ahí?”

Cuando está a punto de salir para ver si no se ha desvanecido en el aire o el suelo, casi se estrella con el actor, totalmente desnudo y con un paquetito plateado en su mano derecha:

“¿Podemos?”

Alejandro ssonríe. Ambos entran en la ducha.

Tras la cortina no hay diálogo, excepto el de dos cuerpos húmedos y cansados que comienzan a prodigarse caricias y besos. Hay jadeos, gemidos, hay lujuria al por mayor.

Evandro mete su pinga rrecta, gorda y babeante, pero protegida por un condón, en el ano de Alejandro. Gozan sin hacer tanto malabar, aunque el fotógrafo tiene un estilo muy peculiar de mover la cadera y masturbar el pene que sigue en sus entrañas hasta ordeñarlo todo.

Como cierre, Evandro coge el pene de Alejandro, lo soba fuerte aprovechando la lubricación del jabón hasta que la eyaculación se produce.

“¿qué harás ahora?”, pregunta Alejandro terminándose de vestir.

“Tengo que ingresar esos datos en el diagrama de flujo… las cosas no van a resultar como esperaba”, responde el actor también terminándose de poner la ropa.

“Oye, y perdona que me meta en esto, pero… ¿eres feliz con Laura?”

“Por favor, no me remuevas culpas, ¿quieres?”

“¿Y Osmar?”

“Ya veremos”. Evandro guiña un ojo.

Se acomoda la casaca y verifica que su cabello no esté húmedo aunque sí peinado con su raro copetito.

“Lo gracioso de todo esto”, reflexiona Alejandro, “es que acabamos de serles técnicamente infieles”.

“No jodas con tus tecnicismos”, sonríe Evandro.

Ambos terminan riendo. Un nuevo abrazo. Otro beso en la boca. ¿Es un nuevo adiós?

  

miércoles, 2 de mayo de 2012

SxEC 03: Préstamo con pequeños intereses

La semana pasada, por mi casa, le hicieron una misa a una vecina que cumplía unos años de fallecida.
Asistió mucha gente, entre ellos, un amigo de mi familia, un chico alto, moreno, y, hasta donde podía ver, velludo, pero no en exceso. Él ya está acompañado, y hasta tiene hijos.
llegó a comprar a la tienda. Yo lo atendí. Hasta ahí, nada fuera de lo común.
Llegó una segunda vez, y yo lo atendí. Llegó una tercera, pero esa vez lo atendió mi hermana. Justo en ese momento, le pasé la voz:
- Me voy a bañar.
Ya estaba totalmente desnudo listo para abrir la ducha. En ese momento, él le pide a mi padre, permiso para ocupar el baño. Mi padre le dio pase sin problemas.
Nuestro baño es en realidad dos pequeñas piezas, una para el sanitario, y otra para la ducha, separadas por una pared. En vez de puerta, la pieza del sanitario tiene una cortina; la ducha, no.
Yo sentí que alguien entraba a la pieza del costado. Me quedé en silencio. Estaba totalmente enjabonado.
Como estaba de espaldas a la puerta, pude ver cómo una sombra le quitaba claridad a mi pared. No le di importancia.
Justo estaba enjabonándome el culo.
- Uf, qué rico trasero tenías.
El chico se acercó por detrás, y me quitó el jabón.
- ¿Qué haces?
- Mira a la pared.
En ese momento, me metió el jabón entre las nalgas.
- No hagas bulla.
Se desabrochó su pantalón, sacó un condón, se lo enrrolló en su enorme verga, de unos 19 cm, por lo que pude calcular, me arrimó a la pared, y comenzó a metérmela toda.
Como me dolió, me la quité de inmediato.
- No va a venir nadie: todos están ocupados en tu sala.
Supuse que mi papá se imaginaba que él estaba ocupando el baño, haciendo sus necesidades; entonces, nadie iría a ver. Además, recuerden que yo había avisado que me iba a bañar.
- Agáchate.
Me tiró agua al culo.
- Uf, qué buen culo tienes.
Me nalgueó dos veces. Me separó mis dos cachetes, y me metió la pinga de un solo movimiento. ¡Qué rica sensación!
- Cuidado, huevón, me mojes el polo y el pantalón.
Cerré la ducha con cuidado, y debido a que estaba mojado, me voví con cuidado de no dejar marcas de humedad. Él también tuvo precaución al follarme.
Lo hicimos por buen rato, dándole y dándole.
quiso darme un beso en la boca. No sé por qué se lo esquivé, y terminó estampándomelo en el cachete.
- Quiero darte una buena cachada y comerme ese buen culo que tienes, mierda.
Me nalgueó de nuevo.
Su pinga seguía masajeando el canal de mi ano.
- Acaba, por favor, vaya a venir alguien.
En eso, sentí que su verga comenzaba a latir.
- quiero hacerte mío, mierda.
A pesar que ya se había venido, me seguía follando, con mucha más fuerza.
Entonces cesó, se abrochó su pantalón y se quitó de ahí.
¡Qué rica follada en el baño!
Cuando salí de la ducha, mi familia estaba como si nada.
Ese chico no regresó a comprar; por lo menos, no en lo que restó de ese día.
 
©2012 Hunks of Piura Entertainment.

martes, 10 de diciembre de 2013

Anselmo (10)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Kike apareció en menos de un minuto con una toalla.

“Báñate. Así cenarás fresco, ¿verdad?”.

Sin saber por qué Anselmo obedeció. Se desnudó, se metió a una de las duchas, y después de experimentar con la dirección de las llaves, consiguió abrirlas.

El agua estaba rica.

“Anselmo, toma”.

Anselmo corrió la cortina de la ducha,apenas. Kike le entregó una envoltura.

Al abrirla, identificó ese aroma que 24 horas antes lo mantuvo en éxtasis por quince minutos.

Comenzó a pasarse el jabón debajo de aquella lluvia de la ducha, y cerró los ojos. Otra vez esa sensación. Volaba.

De pronto, volvió a sentir las manos de Elías pasando y repasando por los mismos lugares que él.

Súbitamente, abrió los ojos con espanto.

Estaba solo en el cubículo de mayólica celeste. El agua de la ducha seguía cayendo.

“¿Kike?”

“Apúrate, que ahorita debemos cenar, y de aquí a trabajar”.

Se enjuagó, salió de la ducha, y se fue con Kike de vuelta a su cuarto. Anselmo se había anudado la toalla a la cintura, sobre el cuerpo desnudo.

“No tienes uniforme, ¿verdad?”, dijo Kike hurgando entre lo poco que había en sus cajones.

“Zack me dijo que me buscaría ropa mañana”.

Kike se le acercó: “Cúidate de Zak. Es un reconcha su madre, y si no le caes bien, es capaz de joderte con don Martín”.

“¿Sí?”

“Sí, pero no les digas nada. Cumple con tu chamba y no te metas con nadie””.

“¿Y… tú?”

“yo soy distinto. Yo ya la sufrí. ¿pa’qué debes sufrir lo mismo?... ¿verdad?”

Cuando fueron a cenar, Zack, su padrino y los otros dos chicos los esperaban.

Comieron verduras y pollo.

Las paredes de esta habitación eran cremas y rojas. Al fondo un afiche de Schwarzzennegger, como Conan, dominaba el espacio. Del otro, una pintura de un ser casi mitológico, de bello cuerpo, de evidentes rasgos afro, en medio de un paisaje agreste. Anselmo se quedó mirando la obra de arte, tanto que casi ni comía

“Es Zulú”, explicó Zack, como respondiendo a la prospección visual del recién llegado.

“Es el pago de una deuda. Un huevón que quería que se lo forre. Le dije: eres pintor, lo pintas, y él te hace de todo. El huevón lo hizo, y terminó enamorándose de Zulú, tanto, que vino un día, y nos regaló el cuadro: 25 dólares”, relató Martín con la sonrisa de la pendejada lograda.

“Ejpera que tejale máj cliente’, y veráj cómo le empiezo a agregar cero’”, intervino el chico moreno, mirando a Martín.

“Deberías empezar a cobrar cinco dólares por centímetro”.

Zulú sonrió.

“Febo, y tú ¿no quieres contar cuando casi  lo estrangulas al catedrático de la Iluminada?”

Todos, menos Anselmo rieron. Febo siguió comiendo y ocultó más su cara.

Anselmo parecía haberse tranquilizado.

Terminaron de cenar, y después de lavarse los dientes (con una pasta dental que sabía rico y que según la etiqueta era blanqueadora), los dos chicos fueron a un sitio con una tele ancha, y miles de estuches negros con carátulas de chicos seduciendo a la cámara. Le mostró cómo usar el reproductor de DVD, y lo dejó con un video. Era una película de Kristen Björn. Le llamó la atención que los actores hablaran como Zulú, y que casi cada cinco minutos eyacularan con mucha profusión y de la nada, en medio de gemidos y jadeos.

No duró más de diez minutos antes de caer de sueño.

Zack lo despertó y lo llevó a su cuarto.

amaneció con una sábana blanca encima, y nada debajo, pero totalmente sudoroso.

Era de nuevo la visión del Huaynapite. Sólo que esta vez quien se iba por el abismo era Elías.

Todavía estaba oscuro afuera.

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Proyecto Lujuria 2.2: Escalante busca sementales


A la mañana siguiente, viernes, cuando Evandro acaba su sesión de entrenamiento, el chico que lo había felicitado la mañana anterior mientras se duchaba se le acerca.

“Qué hay, campeón”, saluda el actor.

“No pude ir al teatro; quería ver la obra de nuevo”

Osmar se acerca a ambos.

“No te preocupes”, sigue sonriendo Evandro. “La temporada fácil que sigue hasta fin de mes, así que puedes ir cuando quieras”.

“¿Listo, Gibrán?”, al fin saluda el instructor. “Hoy toca piernas”.

“Chicos”, carraspea el muchacho, “ya que están aquí,quería invitarlos a una reu en mi casa mañana por la noche… ¿no tienen que hacer nada el domingo temprano o sí?”

Evandro y Osmar se miran.

“Dormir hasta tarde”, responde el primero.

“Bueno… quería invitarlos a ver si pueden ir”.

“¿es algún tipo de celebración en especial?”

“Mi cumpleaños”, se sonroja Gibrán.

Evandro y Osmar se miran otra vez.

“Bueno… me dejas la dirección con el grandote éste y nos damos una vuelta mañana”.

“¿en serio podrían?”, se alegra Gibrán.

“Sí”, confirma Osmar. “Pero primero vamos a trabajar tus muslos, pantorrillas y trasero, ¿te parece?”

“¡Genial!”, se alegra el oferente, quien se retira al vestidor.

Disimuladamente, Evandro junta sus índice y pulgar izquierdos y los hace palpitar mirando a Osmar, quien mueve la cabeza y sonríe mientras avanza su camino.

“Vete a duchar”, avisa antes a su alumno.

 


El turno de trabajo de Osmar en el Steel Fit Gym comienza oficialmente a las seis de la mañana, aunque en realidad llega media hora antes (la mayor parte con Evandro tras trotar desde el edificio donde viven) para limpiar un poco y estar listo para recibir a los primeros alumnos. Justo antes de las seis aprovecha para probar la primera parte de su desayuno; luego se da maña para probar la siguiente porción alrededor de las nueve o diez cuando la carga de alumnos ha decaído un poco. Si le quedan dos o tres alumnos, aprovecha para entrenar hasta antes de mediodía cuando se ducha y almuerza otra porción en la minicocina del gimnasio. Si no, tendrá que esperar a que acabe su turno a las dos, aprovechando que llega el otro instructor, para hacer su rutina, ducharse y recién probar bocado a las cuatro.

Ese viernes es uno de esos días cuando luego de las nueve tiene seis alumnos nuevos, así que no puede descuidarse y tiene que monitorearlos sí o sí. Por lo mismo, no tiene más remedio que entrenar a las dos de la tarde.

Mientras se ducha en el gimnasio, piensa en dos cosas: primero, que desde su llegada al Perú, placeres que en su país inicialmente podía disfrutar en su casa como el baño, ahora tenía que hacerlo en un espacio público; y, segundo, que tras comer su cuarta porción del día, tenía que regresar al edificio a ordenar un poco su cuarto para comer su quinta porción a las seis y media, y luego la última ya en el teatro a donde llegaba a las nueve, tres cuartos de hora antes de que el telón se abriera.

A las cuatro de la tarde recién comienza a llegar gente al establecimiento, así que es imposible no chocarse con dos o tres alumnos en el vestidor con quien Osmar se saluda cordialmente y se quita la toalla. No le importa si lo ven como Dios generosamente lo trajo al mundo. De hecho, había aprendido que el pudor es un concepto muy focalizado, que solo se debe respetar y promover en los espacios públicos; pero en lo privado, o en el teatro o frente a una cámara, la desnudez es lo más natural. Incluso cuando está encerrado en su cuarto, prefiere andar en pelotas.

El hecho es que, tras salir de la ducha y vestirse, prende su celular y un montón de notificaciones comienzan a llegar: un mismo número trata de comunicarse con él. Devuelve la llamada.

“¡Osmar! Te estoy tratando de localizar”, le dicen en el auricular.

“Si, señor Escalante, es que… estaba entrenando, estaba en la ducha y…”

“No importa, hermano. Vente a mi oficina apenas puedas porque necesito conversar contigo”.

¿Será que Evandro acertó con su pronóstico?, piensa.

 


“Bueno, Osmar, mi primer comentario es que para los treinta y tres años que tienes, pareces de veinticinco o menos, y ese factor genético nos convenció”, prologa Escalante. “queremos que seas el rostro y el cuerpo para la campaña de Lust, una línea de productos de belleza masculina. Las piezas son un comercial en video para la tele y las redes, y una fotografía para banners, revistas, e incluso se pensó en un calendario. Solo hay dos detalles que quiero consultar contigo. Aparecerás desnudo en las piezas y el pago es mil dólares por el video y quinientos dólares por la foto. Sé que no son los precios de mercado, pero la marca rec…”

Para Osmar, la matemática no es tan complicada de hacer: ese trabajo le permitiría recibir cinco sueldos básicos que le pagan en el gimnasio o tres salarios que gana en el teatro.

“Acepto”, interrumpe.

“Osmar, a ver, quiero que no te enfoques en el dinero: vas a aparecer desnudo”.

“Señor Escalante, usted sabe que a los actores y modelos nos preparan para esto, y yo le dije que solía hacer desnudos en mi país; vio mis fotos y…”

“Claro, Osmar, pero una cosa son veinte segundos en una novela, o posar en una revista  de circulación local. Aquí la campaña es nacional, te van a ver diez veces al día, no sé”.

“¿Qué voy a mostrar en el desnudo?”

“Todo menos tus genitales”.

“Como le digo, acepto”

“Que conste”, sonríe Escalante acomodándose en su sofá ya que su oficina es, en realidad, la sala de su departamento.

 


“¿Mil quinientos por mostrar tu culo?”, sonríe Evandro, las manos sobre el volante, conduciendo en plena hora punta en algún lugar en la avenida José Pardo  de Miraflores. “¿Y tienes que viajar de éste al otro domingo para grabar?”

“”¿Cuánto crees que debí cobrar?”

“Solo el video no te baja de los dos mil; si esos huevones de culturistas a los que nadie conocía se calatearon y se pajearon por dos mil quinientos por video, Osmar. ¡Por video! O sea, que cada uno se armó, fácil, con sus siete mil o diez mil de un solo keko”.

“Pero tu sabes que un fisicoculturista solo en comida y suplementación no baja de trescientos cincuenta dólares al mes y tú mismo me contaste que no les daban patrocinio; al menos yo tengo entradas: el gimnasio, el teatro, esos shows que me consigues”.

“No cuentes los shows como ingreso fijo”.

“Bueno, ya firmé, vale. Ya le dije a Escalante que debemos ir y regresar el mismo día, y…”

“Mil quinientos por mostrar tu culazo”, insiste Evandro.

“en Venezuela, el mínimo es cuarenta dólares. ¿Puedes ponerlo en perspectiva? ¿Te conté que en mi casa son mis papás y tres hermanos? ¿Sabes cuánto gastan al mes? La mitad de lo que gano se va para Venezuela. ¡Es más de lo que ganan mis dos viejos trabajando! Y Lima no es barato: ¿tú solito sobrevives acá con cuatrocientos cincuenta dólares al mes?”

“Osmar, yo no voy por el costo de vida, yo voy porque rregateaste mucho, hermano”.

“Si no aceptaba, perdía ese contrato”.

Evandro cierra la boca al escuchar tal argumento.

“Escalante es un reconchasumadre”.

“No es eso, Evan. Me contó que su cliente recién está lanzando los productos y no tenía mayor dinero para publicidad. O sea, también ponte en el lugar del señor Escalante, ¿no?”

“¿Y vamos a pelearnos por ese cabro?”, sonríe Evandro viendo a Osmar.

“Yo no quiero pelearme contigo… has sido mi primer amigo de verdad en Perú y….”

“¿Y qué?”

“Ahorro un dineral en pasajes cuando me llevas en tu auto”.

Osmar se carcajea amistosamente y Evandro le saca la lengua mientras llegan al teatro.

  

domingo, 22 de abril de 2012

SOT-2012-017: Tú y yo, y el gringo

Hace dos semanas les conté que, raíz de que había salvado a un chico de que se suicidara, ayudando a un salvavidas que entrené, habíamos hecho planes para pasar el último feriado largo juntos, en retiro, pero no necesariamente meditando... bueno, a menos que la meditación haya sido al desnudo.
La noche anterior a Jueves Santo, el chico me mandó un mensaje para decirme que el plan no podía ser, debido a problemas de fuerza mayor que me contaría después.
Estaba frustrado, porque ya tenía todo listo para ir a la playa. Entonces, decidí algo inusual: desanimar a mi mujer a que se vaya a visitar a su mamá, y decirle que venga con mi hijo y conmigo a la playa.
Por supuesto que ella se extrañó, pero luego se emocionó, así que hicimos maletas, y salimos temprano al día siguiente.

6:30
Usando mi placa, consigo pasajes de última hora en el bus a Máncora.

10:00
Llegamos a Máncora. Hay mucha gente. Vamos a un conocido restaurante a tomar desayuno, pues apenas salimos con un café en el estómago.

10:45
Ordeno algo para que comamos todos. Mientras espero, noto que un chico evidentemente extranjero intenta por todos los medios pedirle algo al mesero.
Minutos después, le sirven un café y un sandwich de algo.

11:15
El chico va a pagar, y el mesero le dice: "Son 50 soles, mister". Le comento a mi mujer la pendejada (disculpen el término) del mesero, y decido intervenir.

11:18
Alcanzo al mesero. Disimuladamente le enseño mi placa.
- Mira, huevón, yo sé que Máncora es caro, pero no te la quieras dar de pendejo con ese gringo.
- No jefe. Yo no le cobré así.
- ¿Y quién rechucha su madre te ordenó cobrarle así?
- El-el-el... dueño.
- Llama a ese hijo de puta... pero tranquilo nomás. No me hagas un escándalo, o te llevo a la comisaría, mierda.

11:20
Evidentemente asustado, sale el dueño.
- Disculpe jefe. Pensé que había pedido más cosas.
- Anda y devuélvele su plata.
- Pero jefe. Entienda.
- ¡Yo no entiendo esas huevadas! Cóbrale lo que nos cobras a todos, o hago que te clausuren el local.
Saco mi celular y hago el ademán de llamar a una patrulla.
- Ya jefe.
acompaño al dueño, quien le explica que fue una equivocación. El chico parece no entender, entonces, en el poco inglés que manejo, le digo lo que pasa.
- Oh, thanks, sir.
Se presenta y me invita a sentarme. Le digo que no puedo porque estoy con mi familia. pero si desea, puede venir a nuestra mesa.
Por cierto, la comida nos salió gratis.

13:15
Estando en la playa, mi hijo comienza a sentir hambre; entonces, mi esposa me pide que compre algo y que lo comamos allí. Yo me pongo en camino.

13:22
Llego a un restaurante de la playa donde tengo un conocido, que me atiende de inmediato. Cuando ya estaba retirando mi orden, me encuentro ccon un pata que hace tiempo me estaba buscando para tener sexo, pero yo lo evité por indiscreto.
- Mira qué sorpresa.
- qué ingrata sorpresa. dirás.
- Ay, no seas así. Oye, ¿sabes que estoy en el Hotel...? ¿Qué dices?
- Mira, no me jodas. Tengo que llevar esta comida.
- ¿A quién?
- Mira. Dame pase o te saco la mierda.
- Ya. Sólo espero que la pases mal con tu amiguito de turno.
Me río y avanzo.
Justo saliendo del restaurant. me encuentro con el chico gringo que había ayudado más temprano.
- Wow! What a surprise!
- Yes. Are you going to have lunch?
- Yep! Is this place OK?
- Sure! say the waaiter I told you about this place.
Le señalo dónde estamos con mi esposa, por si nos quiere acompañar. Me dice que no puede, porque ha quedado con unos amigos para encontrarse, pero que si tenemos planes más tarde. está libre, y me menciona su hotel, número de habitación y nombre. Le pido que la escriba y me la dé. Como tenía las dos manos ocupadas, le indico que la meta en el bolsillo de mi short.

17:00
Tras un día de playa, y luego de haberle hecho el amor a mi mujer en la ducha (mi hijo estaba dormido), le propongo caminar por la playa. Me dice que está cansada, que mas bien podríamos salir en familia más tarde, luego de cenar.

17:15
Como mi mujer me dijo que estaba cansado, decido salir a caminar un rato, de paso que voy por un momento a la Comisaría local para comentarles el incidente del desayuno, con tal de evitarme malos entendidos.
En el camino, me encuentro al chico gringo, que me reconoce y se acerca a saludarme, evidentemente bebido, y quién sabe, drogado.
Hay algunos maleados que lo están viendo, entonces detecto peligro. Lo convenzo para dejarlo en su hotel, dice que sí y lo escolto.

17:29
Llegamos a su hotel.Identificándome, pido permiso para llevarlo a su habitación. Llegamos, y le pido que se meta a la ducha para que se le pase un poco la borrachera, y pueda ir a descansar un rato.
- Yo're so nice.
- Thank you.
Comienza a acariciarme, y a pedirme que lo acompañe en la ducha, pues teme resbalarse. Yo no veo problemas, y accedo. Me quito las sandalias, y me quedo en short. Comienzo a quitarle la ropa, que o era mucha: un polo, una bermuda, unos boxer pequeños. El chico tiene el cuerpo definido, pero no masivo, y es totalmente lampiño. el sol ha puesto rojos sus brazos y la parte inferior de sus piernas.
Hago que se meta a la ducha, pero en una rara maniobra, se resbala. Lo atrapo en el aire.
- Thank you, baby.
Me mira extraño, y me acaricia de nuevo el pecho.
- Nice body.
- Thanks.
sorpresivamente su mano alcanza mi paquete, y comienza a sobármelo. Ahora entiendo que este chico es gay. Mi pene se pone duro ante sus caricias.

17:45
El gringo y yio estamos desnudos en la cama de su habitación. Me acuesto sobre él, y comienzo a besarlo, mientras él gime. Se coloca encima mío, y comienza a recorrerme el cuerpo con su boca hasta llegar a mi miembro duro, y hacerme sexo oral. Me aloca cómo succiona y cómo consigue aprisionarlo por completo en su boca. Mi glande puede sentir su garganta.
Tras unos diez minutos de usar su boca para compensar a mi pene y mis testículos, se sienta encima de mi pelvis y comienza a masajear mi erección. No resisto más.
- Do you hav a condom?
- Sure, baby!
Abre el cajón de su mesa de noche, y me pide que elija el que desee.
Cojo uno al azar y me lo pongo. Le hago un breve beso negro, y le introduzco mi falo por su ano, en la posición de piernas al hombro.
El gringo gime y se excita sobremanera.
- Yeah! Yeah! Fuck me so, Baby!
Luego cambiamos a la posición de perrito, luego me acuesto sobre su espalda.
Me llama poderosamente la atención que, a pesar de mi excitación, y de que casi una hora antes ya había tenido relaciones, duro más tiempo de lo usual, y mi erección no decae.

18:30
Por fin eyaculo.
El gringo me besa dulcemente.Ambos estamos sudados.
- It was so great.
Noto que su borrachera se ha pasado un poco.
Le pido que me deje usar su baño para orinar y darme una ducha.

18:40
Ya cambiado, me despido.
- Thanks for saving and fucking me.
- No problem.
Va y saca un billete de 50 dólares y me lo da. Le digo que no es necesario, que era mi deber. Insiste. Le digo que no, de nuevo.
- It's to buy a nice gift to your wife and son... please... for having me this morning.
Al final le recibo la plata.
Nos despedimos dándonos un beso.

18:55
Bajo rápidamente las escaleras para ir a ver a mi mujer al hotel, e invitarle una rica cena esa noche usando los 50 dólares, y ver si podemos salir a bailar más tarde.
Lo de la Jefatura puedo dejarlo para mañana.
Llego al lobby del hotel, contento, y pensando en qué lugar podría ser acogedor para los tres: mi mujer, mi hijo y yo.
Entonces, freno en seco...
En el lobby... me estaba esperando... mi mujer.

CONTINUARÁ...

©2012 Hunks of Piura Entertainment.
Cuéntanos tus experiencias con policías, vigilantes o serenos: hunks.piura@gmail.com

jueves, 11 de julio de 2019

En vez de seguir discutiendo con ella, me buscó para cachar

Soy un ingeniero informático que hace muchos, muchos años que salí de mi ciudad para hacer una carrera más competitiva en Lima. Sin embargo, no he perdido el contacto con mi ciudad y de vez en cuando regreso a visitar a alguna familia, ciertos amigos y ver algunos negocios de mis papás que ya no viven allá. En realidad, regreso para deshacerme de esos negocios puesto que mis papás han comenzado una nueva vida en otra parte, están lejos, y lo que menos quieren tener ahora son preocupaciones. Por éso fue que hace poco estuve allí para vender la casa donde crecimos. Hubo ofertas de compra, pero ninguna me convenció.

La última tarde que pasé allá me crucé con algunos amigos del colegio quienes me dijeron esa noche para juntarnos y tomar unas chelas. Yo les dije que sí por puro compromiso, porque, la verdad, lo que menos quería era juntarme con ellos. Ya sabía que ellos pondría las cuatro primeras, y el resto de la caja me la iban a terminar chantando, y yo, la verdad, no mantengo a nadie excepto mi familia. Por otro lado, esa noche iba a quedarme solo allí en la casa donde no había nada, solo un colchón con mi bolsa de dormir en lo que alguna vez fue mi cuarto. Encima era viernes. De que iba a aburrirme, iba a aburrirme. Podía ir a una disco pero iba a ser la misma cosa, y al día siguiente quería regresar a primera hora.

Estaba en esa reflexión, cuando al doblar la esquina me topé, casi me choqué, con Fico, el cuñado de uno de mis amigos, que ahora trabaja como profesor de Educación Física y que era un gran futbolista cuando yo vivía en la ciudad. Bueno, no sé si aún continúa siéndolo porque, a juzgar por el polo entallado y el jean pitillo que vestía, no había perdido la forma. Yo, para ser sincero, cuando salí de la universidad no tenía un cuerpo atlético lo que se dice atlético, pero me veía bien. Con los años me he descuidado un poco pero siempre me doy tiempo para salir a correr tempranito en la mañana y, digamos que estoy en condiciones aceptables. Pero volvamos con Fico.
"¡Rubén, a los años!", me dijo y me dio un cálido abrazo. "¿Cuándo llegaste?"
"Hola, Fico", le respondí, no sin extrañarme por el abrazo porque cuando vivíamos hace años apenas si nos levantábamos las cejas. "Vine hace dos días, me voy mañana".
Le expliqué la razón de mi visita y que pensaba regresarme al día siguiente.
"No jodas", me dijo. "¿Y estás solito en esa casota?"
Yo le dije que sí, que no tenía sentido quedarme en casa de nadie, que, hasta que no la venda, ésa era mi casa.
"Bueno, ojalá pueda saludarte más tarde", continuó. "Ahorita se me hace tarde porque tengo que jugar una pichanguita".
Bueno, al menos confirmamos el dato que ese cuerpo se debía a continua actividad física. Nos despedimos. Yo regresé a mi casa.

Me despertó un claxon afuera. Yo estaba desnudo en mi colchón con mi verga de 16 centímetros al palo. No tenía idea de por qué estaba con esa erección. El hecho es que vi mi celular y era como las siete de la noche o por ahí. Mis alertas de Facebook indicaban que tenía varios mensajes, entre ellos los de mis patas que querían chupar conmigo. Bueno, teniendo la casa sola y sin planes, y siendo viernes, estaba tentado a tomar la oferta, aunque terminara pagando los dos tercios de la caja. Tomé mi toalla y me levanté para ir a ducharme cuando oí que sonaba el timbre de mi casa y luego que tocaban la puerta. Pensé lo peor: o que alguien sabía que estaba solo y quería hacerme daño, o que mis patas habían decidido buscarme en casa para chupar sí o sí. Me anudé la toalla a mi cintura, bajé a atender. Sí, estaba corriendo riesgo porque simplemente podía ignorar, pero volvieron a tocar.
"¿Quién?", grité con mi voz más viril posible.
"¿Rubén?", me preguntaron desde afuera.
"¿De parte?", volví a rugir.
"Soy yo, Fico", me replicaron.
¡Aguanta! ¿Fico? Abrí. Ahí estaba el cuñado de mi amigo, vestido como qien te vas a jugar un partido de fútbol, mejor dicho, como quien llega de jugar un partido de fútbol.

"Tuve problemas en casa", me dijo Fico mientras lo hacía subir a mi cuarto. "Discutí con la mujer, y en lugar de meterle más gasolina al fuego, mejor salí".
"Hiciste bien", le respondí. "No es bueno dejar que las discusiones escalen hasta ponerse fuera de control".
"Por éso lo hice y, bueno, me acordé de ti y... espero no incomodarte", trató de justificarse.
"Para nada molestas", le sonreí. Y la verdad era ésa. Aunque no me parecía creíble el cuento de la mujer, tampoco me incomodaba de verdad la presencia de Fico en mi casa, especialmente con ese uniforme que, dicho sea de paso, se le pegaba al cuerpo revelando una anatomía digna de escuela de arte, en especial esas piernas musculosas y ese culo redondo y firme.
"¿Ibas a bañarte?", me preguntó.
"Sí, me desperté y justo tocaste la puerta".
"Ah, chucha, disculpa".
"No, normal".
"Oe Rubén, ¿me creerás que tampoco me he bañado todavía?"
Como supondrán, yo paré las antenas. Respiré profundo tratando de que mi erección, que ya se había bajado, no se vuelva a manifestar. De hecho, hice como que no escuché lo que dijo.
"¿Y quién ganó el partido?", le desvié el tema.
"Nosotros... 5 a 3", respondió mientras se cogía su paquete con la mano. ¡Y vaya que se notaba un considerable paquete!
"¿Me prestas tu baño un toque?", dijo. "¿O ya te vas a bañar?"
"no, entra, normal".
Le indiqué y regresé a mi cuarto. Me pareció que no había cerrado la puerta porque escuché un sonoro chorro que caía al inodoro. Recordé lo que me había dicho otro amigo, de que los pingones tienen chorros más potentes cuando orinaban. Entonces, pensé, la razón por la que Fico había llegado a mi casa era una especie de respuesta a mi negativa para salir. ¿Por qué seguir siendo frío? Me gustaba, mejor dicho, me gusta. Fico regresó.
"Así que no te has bañado aún", cambié mi tono. "¿quieres bañarte acá? Puedes usar la ducha si deseas".
Noté que Fico tragó saliva.
"No, Rubén, cómo se te ocurre, no quiero causar molestias".
¡Carajo!, pensé. ¿Y entonces por qué me lo dijo? Yo seguía allí con la toalla anudada a la cintura.
"Bueno, yo sí", le dije algo frustrado. "espérame un toque". Así que fui a la ducha.

estaba cubierto de jabón escuchando música de mi celular.
"¿Y están vendiendo la casa?", me preguntaron.
"¡Mierda! No asustes así, Fico", reaccioné.
"Perdona", me dijo casi riendo. "Es que tú dejaste la puerta abierta".
Bueno, sí, confieso que lo hice a propósito.
"Sí, la estamos vendiendo, pero la gente que la quiere comprar me está ofreciendo miserias; esta casa vale más", le dije, al fin, recuperándome.
"¿Qué jabón usas, Rubén?"
La pregunta me dio una pista: no había entrado para preguntar el valor de la casa, evidentemente.
"No sé, lo encontré acá todo duro", le respondí, acentuando lo de duro.
"Huele rico", me comentó.
"¿Sacas la marca por el olor?"
"No, quizás por el color, pero tendría que verlo".
A la mierda, dije. Abrí la cortina y... ¡Dios mío! Fico estaba calatito, desnudito, sin su uniforme. Quedé boquiabierto viendo su cuerpo marcado. Él se dio cuenta.
"Perdona, es que... como dijiste que podía bañarme acá". Ahora yo fui quien tragó saliva.
"entra a la ducha", me animé a decirle.

Fico tomó el jabón, lo olió con los ojos cerrados, abrió la llave de la ducha, dejó que el agua recorriera su cuerpo desnudo, y me dejó ver su espalda no tan ancha, sus glúteos como burbujas, algo de vello en sus nalgas, muy fino, y esas piernas de campeonato. Giró. Pectorales no tan inflados, abdominales marcados, cintura pequeñita, y debajo de su vello púbico evidentemente afeitado hace unos días, un largo pene descansando encima de un buen par de bolas. Se untó el jabón lentamente. Mi pinga, casi sin darme cuenta, se puso al palo.
"¿Ya sabes qué marca de jabón es?", le pregunté para liberar tensiones.
"No importa", me replicó. "Huele de la puta madre".
Dejó el jabón en la jabonera de la ducha y comenzó a masajearse el cuerpo tratando de hacer espuma.
"Sóbate el jabón", me pidió. "Se te va a resecar la piel", aconsejó a continuación sonriendo.
Yo no reaccioné. Ya tenía mi verga bien parada. él sonrió, me tomó de los brazos, me puso frente a frente con él y comenzó a sobármelos, haciendo espuma.
"Sóbame", me pidió.
Yo solo atiné a acariciarle la cintura.
"Todo el cuerpo, Rubén", me sonrió, y tomó mis manos y me las pasó por sus pectorales, su cadera y la parte exterior de sus dos nalgas.
"Sin miedo, Rubén, hazlo sin miedo".
Poco a poco fui paseando mi mano por todas esas partes. Me animé a sobarle el centro de sus nalgas, lo que hizo que le acercara mi verga a la suya. La sentí semierecta. También le sobé los muslos. Él sí no se amilanó y me acarició la espalda, mis nalgas, incluso mi pene y mis huevos.
"¿Puedo jabonarte en la raja de tu culo?", me consultó.
"Sí", le permití.
""OK, también sóbame la mía".
Juntamos nuestras pingas ahora duras y usamos la yema de nuestros dedos para pasarnos el jabón por en medio de nuestras nalgas y, cuando menos nos dimos cuenta, o quizás sí, estábamos masajeando el agujero de nuestros anos. Comencé a jadear y a disfrutar.

Tras enjuagarnos y secarnos, volvimos al cuarto y caímos sobre el colchón. Fico me besó profundamente en la boca. Nuestras lenguas más que combatir, se acariciaron. Sus manos y las mías no hicieron más que acariciarnos nuestros cuerpos a todo lo que se podía mientras nos revolcábamos no solo sobre el colchón, sino que nos desbordábamos al piso frío. Me besó el cuello, dejándome gemir Me puse encima suyo y ahora a mí me tocó hacerlo gemir mientras le succionaba las tetillas.
"Rico, Rubencito, sigue", me animó. Y así lo hice.
Pasé mi lengua sobre sus abdominales y llegué a su vello púbico que me raspó la cara. Tomé su pinga de unos 18 o 19 centímetros (parece que mis amigos tenían razón con lo del tamaño y el chorro), y comencé a chuparla a lo que podía porque es gruesa.
"Así, Rubencito, oh, qué rico", me suspiraba. Bueno, mas bien gemía.
Como toda su pinga no me cabía en la boca, , usé mi lengua para lamerle el resto de su falo hasta llegar a sus huevos y succionarlos mientras le pajeaba el pájaro. Fico convulsionaba. entonces, me puso sus poderosas piernas en mi espalda.
"Lámeme el culo, Rubencito, lámemelo", me pidió.
Le levanté las piernas, él me ayudó abriendo sus nalgas con sus manos y fui a la conquista de su ano. Lo lamí, lo punteé con mi lengua. Mi nariz aspiraba el aroma del jabón que habíamos usado poco antes. Sentí cómo su agujero se comenzaba a dilatar.
"Métemela, Rubén", me rogó. Y yo no esperé mucho, me arrodillé, me puse saliva en mi cabecita y puse mi huevo a la entrada de su culo. Empujé suavemente. Qué rica sensación, carajo, sentir cómo me abría paso por ese hoyo caliente. Me tomé mi tiempo porque tiempo era lo que me sobraba. En esa pose, metía y sacaba, metía y sacaba. Fico gemía extasiado, tomando su enorme pene y pajeándose sin violencia. Cuando creí que iba a explotar, me pidió lo insospechado.
"Sácamela, Rubén".
"¿Te duele?", pregunté.
"No, solo sácamela, no seas malito".
Lo hice.

Apenas le saqué mi pinga a Fico, cerró sus piernas y se arrodilló frente a mí para besarme en la boca otra vez.
"Acuéstate boca abajo, Rubencito", me pidió.
Le obedecí. Lo siguiente fue sentir su lengua en mi nuca, luego a lo largo de toda mi espina y finalmente haciendo circulitos en mis nalgas.
"Tienes rico culo", me dijo Fico.
"¿Te gusta?"
"¡Me encanta!"
Entonces me hizo el beso negro. Tampoco me contuve y gemí. Qué mierda. La casa eestaba vacía. Quién podía joder. Nadie. Así que gemía y jadeaba. Estuvo largo rato ahí. Hizo que levantara mis nalgas, casi poniéndome en perrito, y me colocó su cabeza en mi ano. Me la fue metiendo de a pocos. Aunque yo estaba recontraexcitado, me dolió un poco cuando me la metió, pero me acordé de respirar hondo, de relajarme, y el pene de Fico me penetró con facilidad. Se movió con gentileza, como entendiendo que cualquier movimiento brusco podría generarme mucho dolor, me acariciaba con mucha seguridad.
"Hace tiempo que quería cacharte", repetía. "Por fin eres mío".
"Cáchame, Fico".
De pronto me la sacó.
"¿Pasó algo?", quise saber.
"Está a punto de pasar", me dijo.
Me puso boca arriba y se acostó sobre mi. Comenzó a mover su cadera mientras yo le habría las piernas. Nos besamos y aproveché para agarrarle las nalgas con fuerza. Entonces sentí una humedad caliente en mi vientre.
"Las di", me confirmó Fico.
Se arrodilló, tomó mi pene con su mano y comenzó a masturbarme. En cuestión de minutos, disparé todo mi semen sobre mi abdomen y mi pecho.
"Vamos a lavarnos", me dijo.

Tras secarnos, vi mi celular. Eran casi las ocho y cuarenta y estaba cargado de mensajes de mis patas. Fico se echó sobre el colchón, aún desnudo.
"Ojalá que mi mujer ya no esté asada", comentó.
"No creo", le observé. "Aunque quizás es muy pronto".
"Sí, pero a lo mejor tú quieres salir: es viernes por la noche".
"No, prefiero quedarme aquí".
"¿En serio?"
"Sí, Fico; prefiero quedarme aquí".
Se mantuvo en silencio buen rato.
"¿Puedo quedarme aquí contigo?", me pidió.
"Claro", le sonreí.
"Ven", me tomó del brazo e hizo que me acostara encima suyo. Nos besamos en la boca de nuevo.
"¿Cómo es éso que hace tiempo querías cacharme?", le pregunté cuando nos separamos.
"Es una larga historia, desde que mi cuñado nos presentó".
"¿Una larga historia como tu pinga?"
"¿Te gusta mi pinga?"
"Me gustas, Fico".
"Tú también, Rubén".
Nos volvimos a besar.
El cuñado de mi amigo y yo nos quedamos a pasar esa noche y cachamos dos veces más. ¿Mis patas? Bueno, se cansaron de mandarme mensajes para chelear. Que sigan mandando. Que no nos jodan.