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viernes, 24 de marzo de 2023

¿eres heterocurioso y te jode un cuerpo musculoso?







En Perú decimos heterocuriosos a los chicos que se identifican como abiertamente heterosexuales pero que, así, como quien no quiere la cosa, tienen sus encuentros con chicos del mismo sexo.  ¿Eres uno de ellos?

 

Si no te defines como bisexual o gay reprimido (que no es lo mismo que gay de clóset), sientes la curiosidad por el morbo de tener una sesión íntima con otro chico, lo experimentas y ya, ahí queda todo, no te embarcas en una doble vida (o no, al menos, de forma permanente), y defiendes tu relación heterosexual por encima de todo, definitivamente eres un heterocurioso.

 

No hay nada que criticarte. Si exigimos que se respete la diversidad en nuestras identidades de género  (cómo nos consideramos incluyendo o excluyendo nuestro sexo anatómico), lo primero a lo que debes restar importancia es cuando alguien te pide que “te definas”. Total, para gustos y colores, han escrito los autores.

 







Si no lo has notado, eres atractivo para los gays y bi porque eres el morbo en persona. Es más, a ti no te jode tanto lo gay o lo bi. Tu rollo es tener una buena experiencia sexual con alguien de tu mismo sexo. Ésa es tu principal ventaja. Claro que si tienes buena verga o buen culo, eso suma pero no determina.

 

Pero, ¿qué pasa cuando tienes enfrente a un musculoso, sea en foto, video… o en persona? ¿Sientes que dejas de ser el centro de la atención?  ¿Repites ésa de “qué tiene él que no tenga yo”? ¿Te incomodas hasta la molestia? ¿Mandas a la mierda tu lado amable y dejas aflorar tu grinch? ¿Te cuesta trabajo evitarlo? ¡Tranquilo! Aquí vamos a darte algunas ideas que pueden servirte.

 

  1. Dale al musculoso la importancia que le das a todas las personas de tu entorno cercano. Ni mucha ni poca. En tanto lo acojas de forma natural, su presencia no molestará pero tampoco será un mal necesario.
  2. No cometas el error de matricularte en el primer gym que encuentres para “ser como”. Eso significaría vivir “a la sombra de”. Si te metes a entrenar, hazlo porque sientes que lo quieres y necesitas, no porque las circunstancias externas te obligan.
  3. Métete en la cabeza que un musculoso no es una amenaza; es una oportunidad: hazte su amigo, claro si merece ser tu amigo… pero en general, las asperezas suelen limarse cuando conoces y entiendes a la persona… y llegas a descubrir que a lo mejor, tú vas a serle de más ayuda que él a ti.
  4. Si te preguntan por el musculoso a sus espaldas, tú no digas nada. Un “no opino de gente que no conozco” dicho de manera tranquila va a funcionar mucho.
  5. Por encima de todo, se tú mismo. Recuerda que tu atractivo radica en tu esencia, no necesariamente en tu apariencia. Así que… ¿no te estás molestando innecesariamente?

 












Por cierto, el musculoso de esta entrada es el brasileño Evandro Silveira.

 

Mira porno de heterocuriosos con gays | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

domingo, 13 de noviembre de 2022

Ser Rafael 13.1: ¿Eres gay?


La semana de capacitación en el banco me reveló dos cosas: mi competencia profesional era mejor de lo que esperaba, lo que me hizo dominar la herramienta que nos estaban enseñando casi al momento; lo otro era que Al no era tan ignorante del español como pretendía, aunque tampoco lo dominaba del todo; pero hablando en infinitivos podía defenderse perfectamente. Mismo Tarzán.

Así que aprovechábamos todos los descansos para conversar algo, que no necesariamente fuera del trabajo.

Me enteré que, aunque nacido en el centro de los estados Unidos, se mudó a la Florida porque llegó a odiar el frío extremo y porque amaba la playa al punto de tener una casa en un lugar algo aislado, donde, de vez en cuando, practicaba el nudismo.

“¿Y nunca te han dicho nada por andar desnudo?”

“Mi propiedad privada. Mía. Nadie poder entrar. Yo poder hacer yo querer”.

“estabas solo?”

“Muchas veces. Yo también invitar amigos”.

“Y todos estaban desnudos”.

“Sí”.

Esa noche lo llevé al mismo gimnasio donde yo entrenaba, y causó la sensación entre todo el mundo por su físico y por la ropa deportiva entalladísima y brevísima que lucía (sin ropa interior, según noté en el vestuario).

Tras tomar una ducha allí mismo, íbamos a cenar; luego lo iba a dejar a su hotel, pues, según me dijo, gustaba dormir temprano para levantarse al día siguiente “con mucha energía”.

como ya teníamos confianza desde la Internet, el martes lo invité a cenar en mi casa.

Mi madre, obviamente encantada y honrada, se desbarató conversándole.

Al, educadamente, le sonreía, aunque luego confirmé que entendía poco o muy poco de lo que ella le hablaba.

Mis compañeros de trabajo y hasta mi jefa se sorprendieron de la amistad que se había desarrollado entre los dos. Aunque tampoco les parecía fuera de lo común, ya que, como me dijo uno de mis colegas, “te haces amigo hasta de las piedras, huevón”.

    


El miércoles por la noche, estábamos comiendo en un restaurante vegetariano del centro.

“¿Rafo, ¿tú ser gay?”

La pregunta a quemarropa me dejó turulato. Casi me atraganto con la carne de soya.

“No… no sé”.

Al sonrió.

“OK”.

“¿Y tú?”

“Sí. Yo ser gay”.

Miré a ambos lados temiendo que alguien nos escuchara. Él pareció no tomarle importancia.

Más tarde, en mi cama, la vendita pregunta me dio vueltas en la cabeza.

Era un hecho que sobre ese mueble de descanso funcionaba perfectamente con mujeres y varones, aunque la mayor parte de mis experiencias sexuales hayan sido con mujeres. Ahora bien, ¿en qué momento eres heterosexual, homosexual o bisexual? ¿Hay algún número? Quiero decir, como los tests, donde del cero al diez, eres más lo uno pero no tanto lo otro; de diez a treinta, eres de ambos; de treinta a más, ya luces la pluma en tu cabeza, aunque tengas apariencia de machito.

Todo iba bien en mi proceso de silogismos y falacias hasta que mi celular sonó. Era la alarma de mensajes de texto.

“Debes extrañar tu reloj. Puedes verme para recogerlo. ¿Lo quieres?”

Ignoré el recado de Eduardo. Ignoré la pregunta de Al. Ignoré todo. Me acurruqué y me quedé dormido.

El jueves llegó Laura.

Luego de dejar a Al en su hotel, fui a verla a su casa.

Como toda su familia, ella seguía triste, pero no tanto como su madre y su padre.

Estuve conversando un rato con ella.

Mientras me contaba las novedades del funeral de su abuela, yo hacía lo mismo con la capacitación en el banco, y la sorpresa que resultó tener a Al como nuestro capacitador o trainer, como les dicen en esa jerga que confunde el idioma… tanto como yo estaba confundido respecto a esa pregunta que ya me habían lanzado: ¿quién soy yo?.

Un mensaje de texto me ingresó.

“¿No recogerás tu reloj?”

Me incomodé.

Laura trató de tomar mi celular y ver mi mensaje.

“¿quién es? ¿Por qué te molestas?”

“Es la operadora con sus promociones. Voy a borrarlo”.

“Pero, dámelo. ¿Por qué no me lo quieres dar?”

Retuve como pude mi teléfono, y borré el mensaje.

“Porque ya te dije que es un mensaje publicitario. No tiene importancia, Laura”.

Ella se puso seria.

“Rafo, espero que no estés volviendo a las andadas. Mira que esta vez no te voy a tolerar cosas”.

“Mi amor, confía en mí, ¿sí?” Sonreí pícaramente. “Mañana salimos para distraernos”.

“estoy de duelo, Rafo”.

“Por eso mismo. Solo saldremos. Le diré a Al. Solo conversar. No disco, no baile”.

Laura hizo un gesto de duda, y como que preaceptó mi idea.

Camino de mi casa, llamé a Eduardo.

“¡Rafo, al fin!”

“Oye, so mierda. ¿Quieres dejar de joder con esa huevada del reloj? Por mí, métetelo al culo y no jodas más

Quiso replicarme, pero le corté. 

jueves, 10 de noviembre de 2022

Ser Rafael 12.3: Un rico trasero


Nos besamos en la boca.

El aliento a alcohol me excitó más.

“Quiero”, rematé.

Me saqué la camisa y la dejé en el suelo.

Volvimos a besarnos, esta vez con abrazo incluido. Y así seguimos hasta desnudarnos por completo.

Me alocó con una magistral fellatio, rodamos un poco en la cama, y se acomodó para que lo penetrara, levantando sus piernas tanto como pudo.

“¿Tienes forros?”, consulté muy cariñoso y ardiente.

“esta vez sí”.

Abrió una gaveta de la mesita de noche.

Lo hicimos.

Tengo que reconocer que Eduardo era muy creativo a la hora de desplegar su repertorio de posiciones sexuales. A lo mejor era experto en Kamasutra gay, un título, o al menos un diploma, que difícilmente podrías ostentar en la pared de tu casa pero que sí podías acreditar dentro de las paredes de una habitación, o quién sabe dónde.

Era casi las dos de la mañana.

Ahí estaba yo otra vez, acostado junto al chico que alguna vez había conocido en un cine triple X, solo que ahora sí éramos Eduardo y Rafael.

Lo tenía abrazado por la espalda, sin ropa.

“Fue lo máximo”, me susurró.

“Qué bueno”, le dije también susurrando.

Me quedé dormido.

Cuando abrí los ojos, la televisión seguía prendida, esta vez con una clásica historia porno heterosexual. Afuera seguía oscuro.

Muy despacio, deshice el abrazo a Eduardo. Mi pecho estaba sudoroso.

Rodé hasta el filo de la cama sigilosamente, fui al otro lado y recogí mi ropa.

Tras vestirme, esculqué el bolsillo del jean de Eduardo.

Encontré las llaves.

Salí con cuidado del dormitorio, bajé, destrabé la puerta de la calle, subí de nuevo, dejé las llaves, cerré la puerta del dormitorio sin hacer bulla, bajé con cuidado otra vez, cerré la puerta de la calle. Me sentía un perfecto ladrón.

Vi mi reloj.

¡Maldita sea! ¡No tenía reloj!

¡Puta madre! ¡Lo había dejado en la mesita de noche!

No. Regresar no era una opción (tampoco podía).

Vi mi celular.

Era las cuatro y cincuenta de la mañana.

No circulaba un mísero taxi, por lo que llamé un remisse.

Mientras lo esperaba, varios chicos ebrios pasaban. Algunas caras me eran conocidas. Un hombre gordo, ya cuarentón, me guiñó un ojo. Lo ignoré. Oriné por allí, en un jardín, vigilando a ambos lados, porque no aguantaba.

El auto llegó a las cinco y diez.

Camino a casa, otra vez esa bachata de moda sonaba en la radio.

Ahora sí, dormí hasta que me dio la gana, o sea, mediodía.


En ese momento, prendí mi teléfono un instante para llamar a mi mamá, y confirmar la hora de regreso y la hora que tenía que recogerla.

Tras ello, iba a apagarlo cuando entró un mensaje de texto.

“Pudiste dejar tu reloj aquí… Si lo quieres, debes buscarme”.

Apagué el celular, y ese día decidí dejarme de cosas. Limpié mi habitación, la ordené, me preparé almuerzo. Más tarde, recogí a mi mamá, y lo que me restaba del domingo, me propuse ser un hijo ejemplar. Por supuesto, le conté sobre el fallecimiento de la abuela de Laura.


Al día siguiente, fui a trabajar como de costumbre.

Dejé todo listo para la capacitación, pero un proceso de última hora requirió mi atención.

Llegué tarde a la sala de juntas y ubiqué mi lugar, previas disculpas.

¡Vaya! el capacitador tenía un buen trasero.

Ni modo, como él estaba de espaldas, fue lo primero que llamó mi vista.

Entonces, él se volteó a vernos con un rostro sonriente.

Me quedé helado.

Era Al.


jueves, 20 de octubre de 2022

Ser Rafael 9.2: Acarícialo ahora que puedes


Llegamos a la calle donde estaba el dormitorio de Antonio. Miré a todos los lados: cero gente.

Sin vergüenza alguna y mostrando la reacción de mi falo bajo la ropa ajustada, bajé y me metí en la casa.

Como la escalera para llegar al dormitorio era independiente, me daba lo mismo que se me viera o no; total, nadie estaba allí. Incluso el propio Eduardo pareció no advertir el cuadro porque siempre estaba delante de mí.

Al llegar a la habitación, traté de sacarme el traje.

“¿No te meterás al baño?, me preguntó Eduardo.

“Sí, una vez que consiga quitarme esto”, le respondí.

El muchacho se me aproximó y ayudó a deshacerme de la tela que el sudor había pegado a mi piel.

Cuando por fin yo estaba con todo el torso desnudo, le detuve sus manos.

“Gracias. Esta parte será sencilla”.

Él se retiró y se sentó en la cama.

Al quitarme las mangas de las piernas, saltó mi erección.

Traté de no darle importancia, de no mirar los ojos de Eduardo. Tomé una toalla y me metí brevemente a la ducha para limpiarme la capa pegajosa a lo largo de toda mi piel.

En un par de minutos estaba fuera.

Eduardo miraba la televisión. Tenía la pantalla sintonizada en una película pornográfica heterosexual que daban en el canal para adultos.

Tomé mayor atención a lo que veía: el actor era T.T.Boyd.

Me quedé desnudo contemplando la escena, y la excitación, que había decrecido con el agua fría, retornó.

“Bonito discurso de cumpleaños”, me dijo Eduardo.

“¿Tú crees?”

Mi miembro ahora estaba totalmente congestionado de sangre y casi palpitando.

Él volteó a mirarlo.

Entonces, buscó MIS OJOS.

“No voy a hacerlo, Rafael… No puedo, no debo… No quiero”.

Nos miramos unos segundos más.

Él se levantó y vino hacia mí.

Puso su mano derecha sobre mis pectorales y comenzó a bajar lentamente.

“Al final sí quieres”, le dije en voz baja.

Su cabeza se fue aproximando a la mía. Su mano ya estaba en mi abdomen.

“No debo, pero sí quiero”, dijo él casi susurrando.

Su mano ya estaba en mi recortado vello púbico. Su cabeza estaba demasiado cerca a la mía.

“Hazlo ahora que puedes”, asentí.

Por fin, sus suaves dedos comenzaban a acariciarlo, a sujetarlo, a masajearlo.

Su boca estaba a milímetros de la mía.

De pronto, Mi celular sonó…

“Espera”, le dije.

Era Sonia pidiendo que, al regresar, compráramos una botella de vino en la estación de servicio cercana.

Mi erección decayó un poco. Busqué mi boxer, mi pantalón y mi camisa.

Eduardo seguía inmóvil donde lo había dejado, a mitad del dormitorio.

“¡Vamos! El trago se les está acabando”, le avisé.

Eduardo caminó hacia la puerta. Yo también.

Cuando él iba a abrirla, se detuvo.

“Queríamos pero no pudimos”.

“Tampoco debíamos”, repliqué.

Eduardo demoró otro par de segundos. Al fin abrió la puerta.

Bajamos.

Al regresar a la casa de Laura, la reunión estaba en su apogeo.


viernes, 7 de octubre de 2022

Ser Rafael 7.1: ¿Cómo te defines?




“La primera vez que estuve con un chico tenía catorce años; era de noche durante unas vacaciones. Fuimos a visitar a una tía a Paita, y esa noche daban una fiesta. Como uno de mis primos tenía uno de esos juegos por computadora, quiso mostrárnoslo y enseñarnos a jugar. Éramos cuatro primos, todos varones: el menor de trece, yo de catorce, y otros dos primos de dieciséis. el dueño del equipo era hijo único así que sus padres le consentían en todo. Cuando nos aburrimos de jugar, él nos preguntó si queríamos ver el secreto de un tío de veintisiete años, que guardaba celosamente en su cuarto. Se trataba de un caserón, así que había muchos tíos instalados con su familia”.

“¿Era droga o qué?”, interrumpí.

“No. Era un disco de video. Mi primo de dieciséis lo puso en el reproductor y todos nos quedamos pasmados: era una porno gay. Vimos de todo, hasta una orgía de patas, y terminamos medio locos… Tú entiendes”.

“¿Qué hicieron?”

“Nos comenzamos a pajear mutuamente. Nos calateamos. Luego mi primo se agarró a mi otro primo, y el que restaba me la metió a mí”.

“El de dieciséis?”

“No. El de trece”.

Eduardo sonrió ruborizado tras hacer esta revelación.

“¿Te dolió?”, seguí.

“Un poco. Para tener trece años, la de mi primo ya estaba más o menos desarrollada”.

“¿Y sus viejos?”

“Entretenidos en la fiesta. Nunca se dieron cuenta”.

Era tarde de sábado, a menos de cuatro días de la fiesta sorpresa para Laura.

Era un caserío cercano a la ciudad, donde varios universitarios suelen ir para comer cebiche y beber chicha.

Temprano esa mañana, yo había contactado a Eduardo por teléfono, y le propuse reunirnos allí después de su trabajo para charlar mientras comíamos algo típico –un chavelito- y tomábamos algo suave. Obviamente, accedió.

Mi condición fue que no se lo comentara a nadie.

Tras esa primera conversación en buenos términos que ambos tuvimos en ese café del centro, yo sentía que necesitaba comprender muchas cosas que no tenía claras… aunque tampoco tenía claro cuáles eran esas cosas.

Quizás al conversar de todo podía descubrirlas.

Y así, de trabajo pasamos a música, de allí a ropa. Y de allí terminamos removiendo nuestro historial sexual.

Aunque me sentía raro por terminar conversando con la persona a la que días antes quería borrar de la faz del planeta, me di cuenta que tal charla era liberadora.

No me sentía bien hacía mucho tiempo. De hecho, solo me sentía bien cuando me confesaba ante mi amigo Josué.

Tras comer, en vez de tomar un carro para regresar a la civilización, decidimos hacer el trayecto a pie. Tampoco era lejos, y la actividad física nos oxigenaría tras el clarito que nos bebimos.

“Y sigues viendo a tus primos?”

“El hijo de mis tíos ahora vive en el extranjero, el otro primo mayor se casó hace un año, y al menor lo veo cada vez que viene para la ciudad pero ya no pasa nada”

“¿No hablan sobre eso?”

“No. Para nada… Rafael, ¿te has vuelto a ver con alguno de los chicos con quienes te acostaste?”

“Solo con el capitán del equipo de básquet. Tiene una tienda de ropa deportiva, y lo saludo cuando necesito algo para el gym. Pero no ha vuelto a pasar nada”.

Los algarrobos nos hacían sombra y los cercos de púas nos exponían a que, cada vez que pasaba un vehículo, recibiéramos un baño de polvo ocre, pues no podíamos ir más allá, dentro de los campos de cultivo, para protegernos.

“¿Cuándo te definiste como gay, Eduardo?”

“Al salir del colegio. Me di cuenta que lo mío no eran las mujeres, a pesar que tuve dos enamoradas. Cuando cumplí diecisiete tuve también mi primer enamorado. Comenzó en el pre-universitario y duró hasta el primer ciclo de la universidad”.

“¿Por qué se acabó?”

“Al mismo tiempo que conmigo, él salía con una chica. Lo enfrenté, y me dijo que prefería la chica, que todo el mundo lo miraría mal si lo veían con un maricón”.

No tuve comentarios al respecto.

”Quizás es difícil para un maricón como yo poder tener algo serio con alguien”.

“Ya aparecerá, Eduardo. Paciencia que ya aparecerá”.

Le sonreí amistosa y compasivamente.

Él me devolvió el gesto.

“Oye, Rafael, ¿y cómo te defines?”

“¿Quién soy?”

“No. Me refiero a tu orientación sexual”.

“¿Orientación?”

“¿Gay, bi, hetero?”

Llegamos, al fin, a los límites de la ciudad.

“Creo que heterosexual. ¿sabes que tu pregunta me sigue dando vueltas en la cabeza? Ésa de ‘quién soy’”.

“¿Aún no te la respondes, Rafael?”

“Me cuesta. No tengo muchas cosas claras, en realidad”.

“¿sobre tu sexualidad?”

“Sobre todo, mas bien”.

“Mmm. Podría enseñarte una técnica que amí me sirvió. Solo necesitamos un espejo, y mientras más grande, mejor”.

Me reí por la expresión.

“Puede ser, pero mejor otro día. Quiero regresar a casa, descansar un rato y salir más tarde con Laura. Mas bien, gracias por la conversa.

Eduardo me sonrió de nuevo.

“Ah, antes de que me olvide: Laura nunca debe enterarse de que nos encontramos y mucho menos de esto que hemos conversado. es más, hagamos de cuenta que eso que pasó nunca pasó”, le advertí.

“Descuida… Ella nunca lo sabrá”, contestó Eduardo poniéndose serio.

“Solo tengo el temor que te dije; pero, aparte de eso, mientras más lo olvide, mucho mejor”.

Nos estrechamos la mano y me fui.

jueves, 25 de agosto de 2022

Ser Rafael 3.2: Un pasado no tan heterosexual


Caté un poco del licor. La verdad es que el sauco es delicioso.

“Porque quiero dejarme de huevadas. Quiero sentar cabeza”. Además, quiero olvidarme de lo otro”.

Josué probó el vino.

“¿Has vuelto a tirar con algún pata?”

“La noche antes de estar con Laura”.

Le conté toda la experiencia con Juan, desde dónde lo encontré hasta la madrugada que pasamos juntos en el Dreams. Josué me miraba sorprendido.

“¿Cómo mierda se te ocurre metérsela a pelo a un huevón que te encuentras en el cine?”

“La arrechura, huevón. Digamos que el patita tenía lo suyo”.

“Ojalá que no tenga nada, como te dijo”.

“Ya ni me lo recuerdes”.

Josué iba por la mitad de su primera copa. Encendí algo de rock noventero.

“Oe, Rafo, ¿has estado más con patas o con jermas?”

“Más con jermas. Casi una por mes. Patas, a veces”.

En efecto, me fui a la cama con el que me hizo la entrevista para entrar al banco y que me sacó la cita disimuladamente cuando tocó mi turno. Antes que él, el instructor de aeróbicos del gimnasio donde voy. Antes, un primo de Laura que vive en los estados Unidos. Antes, un desconocido que me abordó en la playa y que tenía su pareja, y con

quienes terminé haciendo un trío. Antes, un primo mío de la capital, justo después de ingresar a la universidad. Antes, con Josué durante el viaje de promoción de mi colegio.

“¡Aguarda, tío. Ésa no cuenta”.

“¿Por qué no cuenta, Tuco?”

“Estábamos borrachísimos. Además, solo fue un beso”.

“Pero la tenías bien dura…”

“Sí… pero no pasó nada más. No cuenta”.

Bueno, la descartamos. Y la primera vez fue con el capitán del equipo de básquet de mi colegio, quien me enseñó cómo usar un condón cuando tenía escasos 15 años.

Cuando más joven, después de cada encuentro me sentía fatal, sucio: una mierda. ¿Cómo era posible que hiciera esas tonterías si, además, ya tenía una enamorada, o pequeños romances con varias chicas?

Con el tiempo fui superando esa sensación, aunque no la pude erradicar del todo.

“¿Te sientes bisexual, Rafo?”

Ambos íbamos por nuestra segunda copa de vino.

“No lo sé. Lo único que sé es que ya no quiero tirar con ningún hombre. Nunca más. Tampoco quiero serle infiel a Laura con otra mujer”.

Josué sonrió.

“Dependerá de ti”. 

miércoles, 20 de julio de 2022

¿entonces por qué Frota su boca con otro hombre?

Éste podría ser uno de los ejemplos perfectos de qué pasa cuando eres famoso, te catalogas como heterosexual, pero comienzas a trabajar para el público gay y te vuelves popular en medio de él hasta que tus propios conflictos personales terminan dderrumbando tu imagen pública no por quien eres realmente sino por quien crees que el resto cree que tú crees que cree. Así de enredado.

 


El brasileño Alexandre Frota (Río de Janeiro, 14 de octubre de 1963), también conocido como el Pitbull o el Bad Boy (Chico Malo), ahora es el diputado federal Alexandre Frota, investido con ese cargo desde 2019. De ser un luchador profesional a modelo recurrente de G Magazine, el musculoso inició una carrera no tan fugaz en el porno hetero que incluyó una participación muy criticada en un video porno gay.


En el rodaje, Frota debía besar a otro actor en la boca y agarrarle bien el culo mientras ambos están desnudos; pero lo que pasó en escena fue que el Bad Boy apenas si posó sus labios sobre su compañero y prácticamente le acarició una de las nalgas. No pasó nada más. Su delgada piroca de tamaño promedio no se paró, menos entró a ser mamada por boca alguna, ni qué decir que se introdujo dentro de un ano goloso hasta botar toda su leitinhna. Los gays que vieron el video lo consideran una pérdida de tiempo. Corte a la siguiente escena donde sí se ve penetración y eyaculación pero por otros actores.

Alexandre Frota en la Casa dos Artistas.

Pero en sus videos hétero, Frota no se guarda nada: lame vulvas, deja que le chupen su pica, fode muito gostoso (cacha bien arrecho) a la actriz y le deja su semen encima como símbolo de conquista. “evidentemente lo hizo por dinero”, nos comenta un seguidor de Hunks of Piura radicado en Londonia, estado de Paraná.

A pesar de esto, lo que la comunidad gay brasileña esperaba era que o deputado federal si no iba a abogar por los derechos de esta comunidad, como un acto de respeto a los tiempos en que posó pelado y cubierto de mostaza y hasta calzando tacos de mujer en una cocina, al menos no votara contra iniciativas que les recortan derechos. Pero no solo hizo eso. Frota incluso se declaró… homofóbico. Y eso que ha sido parte de la Comisión de derechos Humanos y Minorías de la Cámara de Diputados del Brasil.

Nadie sabe qué pasará con Frota cuando su culo deje la curul que actualmente ocupa. Quizás regrese a la lucha libre, quizás regrese al fútbol americano que lo había atraído hace poco, quizás vuelva a alguna novela, o quizás termine posando desnudo o regresando a las porno… pero, ¿atraer nuevamente al público gay brasileño? Está por verse.

Encuentra más sobre político gay culturista gay y actor gay. 

miércoles, 29 de junio de 2022

Qué hacer cuando conoces a un “se mira pero no se toca”

Hay chicos que te lo muestran todo, absolutamente todo,  y parecen ser una invitación a un sinfín de caricias y hasta un momento de buen sexo; pero cuando te les acercas, no solo se niegan sino que pueden rechazarte de la peor manera.


Mario suele compartir sus fotografías a torso desnudo, o con poca ropa, y con mirada o sonrisa seductora a través de su cuenta de Facebook. No luce mal. Se nota que su esfuerzo físico ha dado resultados y se siente orgulloso en mostrarlos. Bien por él.

Pero cuando un chico le chatea y le alaba ese desarrollo físico, Mario reacciona preguntándole si es gay, y subrayando a continuación que él es homofóbico.

Hay que recordar aquí un detalle: el que un chico luzca con poca ropa, sin ropa, e incluso con el pene erecto o abriendo las nalgas, no significa que sea gay o bi. Simplemente podríamos estar ante el caso de un chico exhibicionista, es decir uno que se complace mostrándo las maravillas que Dios y su esfuerzo le han merecido, pero que no busca ir más allá, es decir, no quiere que lo toques, menos que le propongas irte a la cama (aunque le pagues).

Lo que debes hacer en estos casos es admirar, aplaudir y pasar al siguiente. Suena a conformismo, pero tienes que aprender algo sobre la forma de pensarde un exhibicionista: existe en la medida en que lo veas; si dejas de verlo, muere socialmente.

Y si es un exhibicionista con evidentes traumas en torno a su orientación sexual (puedes ser heterosexual y perfectamente dejarse acariciar por alguien de su mismo sexo sin que eso signifique que le excita), entonces no pierdas tiempo y déjale de hablar, no lo frecuentes, no le hagas caso, deja que se muerda la cola (al margen de si tiene una rica cola), y sigue tu camino. Es obvio que el pata desea estar solo y tú no eres nadie para resolverle su conflicto sexual. Que se busque un psicólogo y lo trate con él, en todo caso.

Recuerda darte tu lugar y no estar rogando porque te presten atención, así que cuando te topes con un exhibicionista que prefiere ser mirado de lejos, dale el gusto como quien mira una pintura, una foto o una estatua, y listo, hasta nunca. ¿Qué piensas al respecto? Deja tus comentarios abajo, en nuestro Twitter o en hunks.piura@gmail.com

Mira más sobre culturista calato modelo calato heterosexual y homofóbico 

miércoles, 13 de octubre de 2021

¿Qué te parece un Superman bisexual?

Aunque varios digan que es un truco de publicidad, lo cierto es que Superman se declara bisexual. ¿Qué le pasó a Clark Kent? ¿Ya no se satisface solo con Lois Lane?



No se trata del tradicional Hombre de Acero que por más de 80 años ha acompañado a nuestros abuelos y padres despertando su admiración, y, por qué no, quizás hasta cierta envidia. ¿Quién no ha querido tener la pinta o el físico de Kal-el? Pero pensemos en ti, ¿nunca has querido saber qqué tesoros se esconden detrás de ese traje pegadito? ¿Qué tal la tiene Superman? ¿Tendrá pendejos? Y si los tiene, ¿se los rasura?

Bueno, regresando al asunto. El caso es que Clark y Lois tuvieron un hijo al que llamaron Jonathan, John en versión corta, quien anda con un estrés de los mil diablos y en eso termina conociendo a Jay Nakamura, un reportero gráfico quien lo cuida, y con quien aparentemente surge una relación, al menos, erótica. ¿Bien conveniente que sea un fotógrafo, no?

Según la editorial DC Comics, dueña de los derechos de Superman y la Liga de la Justicia, la historia está disponible en los Estados Unidos desde noviembre de 2021 y es un esfuerzo de uno de sus desarrolladores de personaje por buscar que los superhéroes no solo representen valores como la justicia y la esperanza para toda la humanidad sino que también se conviertan en espejos donde toda la fanaticada nos podamos mirar.

No es el primer personaje de DC que sale del molde heterosexual equivocadamente asociado a virilidad. Hace unos años, Robin, el compañero de Batman, también se declaró bisexual (a pesar que muchos apuestan todas sus fichas a que entre ambos, por lo menos, hubo una tocadita de paquete) y su competencia, Marvel, también está apostando a personajes que son o bisexuales, o gays o lesbianas.

A nosotros nos parece excelente que bajo estos puntos de vista, el Superman Junior se plantee como bisexual o gay y rompa de una buena vez ese estereotipo estúpido de que para ser un gran héroe o heroína tienes que ser exclusivamente heterosexual. ¿Acaso no hay héroes homosexuales o bisexuales en nuestras comunidades que son ejemplos de valor y fortaleza?

Pero, ¿qué te parece a ti? Algunos de nuestros usuarios piensan también que es una buena noticia, y ya hay uno que se ha apuntado a probarle el culo al hijo de Clark y Lois. ¿Será suavecito, será de acero? Definitivamente esas nalgas sí deben sser duritas, ¿no? Entonces, ¿qué opinas tú? Comenta en la caja de comentarios, en nuestro Twitter o a hunks.piura@gmail.com

            Ah, y te dejamoscon una fantasía porno alusiva. 

domingo, 5 de julio de 2020

Ideas para tu próxima película erótica o porno gay



Mucha gente sigue pensando que la fórmula del porno o el erotismo gay en cámara consiste en conseguirte chicos guapos de buen cuerpo que se quiten la ropa, se les pare la verga y comiencen a chuparla, meterla en el culo y eyacular mientras disfrutan el orgasmo. Pero olvidan que hay un público que también quiere ver historia, y una buena historia. Por éso parte de nuestro equipo se pasó esta cuarentena creando algunas historias que podrían interesarte poner en pantalla si lo tuyo es producir entretenimiento para adultos gays o bi. A continuación te presentamos algunas sinopsis:

  1. Beto y Juan se refugian en un dormitorio para protegerse de una amenaza que está exterminando a todo el mundo afuera, pero Juan no soporta el encierro. Beto hará lo que tiene a su alcance para evitar que salga; pero, uno de ambos no soportará más la reclusión.
  2. Tommy es reclutado por su viejo amigo Andy para un proyecto ultraconfidencial del Ejército, por lo que convoca a cuatro jóvenes fisicoculturistas para que participen del mismo; en medio del tren sexual, los chicos descubren un aparente montaje.
  3. El mundo heterosexual de Abel se tambalea cuando descubre que algunos de sus compañeros de trabajo tienen relaciones homosexuales, alterando por completo su propia identidad, su relación con su pareja y su familia, su entorno laboral y hasta su futuro; aunque también le muestra ciertas ventajas que puede tomar a su favor para superar su propia situación personal rompiendo muchos convencionalismos sociales.
  4. Miguel Ángel Roca es un destacado rreportero quien viaja a cubrir la investigación de David Torres, un viejo compañero y mentor universitario. La ocasión permitirá renacer una antigua atracción sexual entre ambos, a la que terminará involucrando al camarógrafo que ha viajado con él y un joven campesino quien vive en la zona.
  5. La carrera de  Leandro Pérez como modelo puede despegar si se acuesta con Darío Echenique, uno de los más importantes del medio: lo que para el primero significa una mejor calidad de vida, para el segundo significa acabar con su soledad. Y ambos querrán pagar el precio sin importar las consecuencias.




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jueves, 13 de febrero de 2020

Ningún caramelo sabe mejor que mi mejor amigo

   ¿Cuándo mi mejor amigo se convirtió en uno de mis objetos sexuales? No sé si desde la primera vez cuando lo conocí hace unos seis años. Casi de inmediato me comenzó a gustar todo de él, y conforme han pasado los meses, y el tiempo nos ha comenzado a maltratar tanto como  hemos entrado o vamos rumbo a los cuarenta, muchas cosas suyas me gustan, desde lo intelectual hasta lo físico, aunque intelectualmente no es Platón pero tiene muchos menos traumas, ni aunque físicamente sea un Bob Paris aunque abiertamente haya defendido al colectivo gay y salir casi sin rasguños.


Y en ese caso, no sé si también me gusta el hecho de que aunque siempre se ha definido como heterosexual, nunca ha cerrado la puerta a las experiencias homosexuales (que no le signifiquen sentir dolor, como que le metan el pene por el culo), algo que otros hombres, especialmente quienes ya cruzaron la línea cuando el alcohol les ha jugado malas pasadas, jamás de los jamases darían por probable aunque hace rato ya fue posible.


Lo que sí tengo claro es que en nuestro caso, lo sexual puede ser muy carnal en lo teórico, pero en la práctica, está altamente cargado de simbolismos enmarcados por  el cariño o la lealtad que nos profesamos. Sin embargo, ¿desde cuándo la probabilidad de un acercamiento sexual comenzó a transformarse en posibilidad? Yo diría desde los pocos meses después de conocernos, cuando él tenía un juego que externamente me daba terror porque podríamos terminar desplomados en el suelo, pero que internamente me encantaba mucho. 

Aprovechando que soy más bajo que él en estatura, me levantaba en peso pegándome a su cuerpo por unos segundos. Aparte de terminar como dos sacos de papas en el piso, mi otro temor es que alguien subiera (porque siempre sucedía en el segundo piso de mi casa, donde acostumbro estar solo) y viera la escena. ¿qué habríamos dicho? ¿Una nueva forma de pesar a la persona? ¡Qué ingenuo!


En una ocasión, una de esas cargadas terminó con él dejándome echado sobre el sofá de mi sala, con su cuerpo casi encima del mío y nuestras caras muy cerca. ¿Robarle un beso? Me hubiese gustado, pero estaba lidiando con la impresión, porque siempre era todo repentino, y su reacción. Eventualmente me dijo que era un juego, y a veces ahora lo repetimos aunque con una connotación mucho más erótica. ¿Lo del beso? Por lo menos yo, es una probabilidad que no descarto: él sabe bien que para mí, el beso es el prólogo y letra capital de cualquier encuentro sexual, aunque, claro, depende mucho de quién te lo dé, cómo te lo dé y por qué te lo da.


Si bien solemos hablar de sexo más a un nivel puramente teórico, casi enciclopédico, ha sido apenas en los últimos tres o cuatro años cuando hemos comenzado a hablar de qué pasaría si ambos se nos ocurriera ir a la cama no en plan descanso, como ya había pasado antes, sino a tirar. Siempre hemos evadido la escena con bromas y hasta yo llegué a decirle que lo más que pasaría es que terminemos desnudos chismeando de todo el mundo o haciendo chistes de las cosas  más estúpidas solo como para no hacer brumosa la atmósfera del momento. Mas, como ambos decimos, nunca hay que decir nunca.


Una vez que salimos de viaje, yo me sentí mal por algo que comí y que me hizo mala interacción con una medicina. Parecía tener fiebre, así que me quité la ropa y me acosté en la cama. Él insistía que quería salir a bailar, pero honestamente yo no tenía ánimos, así que asumo pensó que me hacía el enfermo porque, súbitamente, sentí todo su peso encima de mi cuerpo. ¡No jodas! Intenté abrazarlo pero me dijo que no porque tenía una máquina deafeitar y podía cortarme accidentalmente. Se levantó y se metió al baño. Estaba en calzoncillo.


Cierta tarde que vino de hacer unos papeleos, se sentó conmigo a conversar en el mueble, y por joderlo comencé a palmearle la espalda baja burlándome de un polo chiquito que se había puesto. Cuando se sentaba y se inclinaba hacia adelante, el polo se le recogía y revelaba su lampiña y tersa –porque tiene una piel tersa—zona lumbar. Entonces noté algo inusual: donde debía estar la pretina de su ropa interior, no había nada. Se lo observé y me admitió lo increiblemente cachondo: no llevaba ninguna.


Por joder, comencé a darle manacitos en la cadera, la espalda baja y amenazaba con meter mi mano dentro de su jean apretado, como suele usarlos. Cuando se despidió, como siempre por iniciativa mía, solemos abrazarnos. Mientras me pegaba a su cuerpo, se me ocurrió darle una nalgada. Él me lo reclamó sin agresividad, pero hizo algo que a mí me sorprendió y excitó al mismo tiempo: tomó mis manos, se las metió dentro de la pretina de su pantalón e hizo que le acariciara sus nalgas.


¡No jodas! No es el culo formado de algún chico de gimnasio, como los que he tenido suerte de ver o tocar; es mas bien redondito, suave, lampiño en principio. Casi jadeando, tuve mis manos ahí. Él se sonreía pendejamente, no sé si por su acción o por mi cara de arrecho.


Yo, de puro pendejo, saqué una de mis manos y le toqué la braguetta. Él entonces se aflojó un poco el pantalón e hizo que le tocara su pene. Estaba más flácido que erecto. Claro que en ese momento asumí que ése era su tamaño mínimo ya que no tenía más referencias sobre él, excepto por su testimonio verbal y lo que una vez pude sentir cuando ocurrían las cargadas.


Por lo menos, en ese momento, lo asumimos como otro jueguito, aunque luego, entre broma y serio, me dijo por chat que yo era un aprovechado. Momento, le dije. Yo admito que estaba jodiendo, pero quien me metió las manos dentro de su ropa fue él por decisión propia. Y aunque el asunto pasó por alto, lo que yo comencé a temer es que él comenzara a alejarse, más aún sabiendo que lo que no tiene en físico, le sobra en coquetería y seducción. Ahí lo dejo.





Las cosas siguieron mejorando entre ambos, como amigos quiero decir, hasta que fuimos de campamento y entre las cervezas y el vino que nos tomamos, decidimos darnos un baño en la quebrada que corría al lado nuestro. Como era medianoche, por seguridad, nadé abrazado junto a él. Y como era medianoche, nos bañamos desnudos. Por un momento, nadar rozando su cadera desnuda con la mía, o anclando mis piernas con las suyas mientras por ratos sentía su pene fue una experiencia por demás alucinante.


Al año siguiente, justo el pasado, mientras lo ayudaba a hacer unas tareas en mi computadora, decidimos tomar un receso y terminamos en un portal de videos porno. Le pasé los datos de unas películas antiguas, y le comencé a contar cómo era el asunto del cine porno, cómo son los códigos de comportamiento y toda la nota. Le expliqué cómo los patas comenzaban a tocarte la pinga, y eventualmente terminé tocándole la suya, pero encima de su ropa. Entonces me di cuenta que a cada intento, su miembro crecía y se ponía rígido más y más, hasta que erectó por completo. No aguanté. Casi sin su autorización, y subrayo el casi, metí mi mano y pude tocar ese pedazo de carne, ni grandote ni insignificante. Me recuerda mucho al mío en dimensiones.


Desde entonces, los tocamientos entre debidos e indebidos se fueron repitiendo más de mi parte, lo acepto. Él siempre trató de limitarme, de no ir más allá. Acepté jugar con sus reglas, pero en algún momento del partido lograba avanzar usando las mías.


Una noche que vino de estudiar, estábamos comiendo unos dulces y por casualidad unos rodaron detrás de mi espalda, en el sofá en el que estábamos sentados viendo televisión. Mi amigo, con una agilidad felina, se puso de pie, se sentó en mis muslos y prácticamente me abrazó. ¡Dios mío! ¡Eso no podía ser cierto! ¿Era lo que pensaba que era? Puso sus dos manos en mi espalda baja, y luego regresó a sentarse en su lugar: había rescatado los dulces que yo había protegido con mi cuerpo. Bueno, definitivamente parecía ser amor al chicharrón.


Otra noche después de Navidad, prácticamente terminamos sentados frente a frente haciendo una postura de sexo tántrico en la escalera externa de mi casa. Como hay rejas gruesas, y está algo oscuro, no nos palteó mucho si alguien veía desde la calle.



Una tarde que nos dejaron solos en casa y él estaba buscando unos documentos en mi máquina, nos pusimos a tomar agua y revisar el lugar. Nos metimos a uno de los cuartos y se sentó a mi lado en la cama. Como es verano, vino con short. Se acostó. Mientras hablábamos, me acosté a su lado y puse mi cabeza en su pecho, que por cierto, sin hacer tanto ejercicio lo tiene formadito. Hubiese deseado que se me acostara encima, pero no sé cómo terminé poniendo sus dos piernas sobre las mías. Me preguntó por qué hice eso y mas bien le pregunté si le incomodaba; me dijo que no. No sé cómo, la vaina es que luego yo terminé simulando un piernas al hombro sobre esa cama, ambos con ropa, con él empujando mi cabeza como para que le chupara el pene mientras simulaba meterle el mío.  Yo no erecté en ese momento, pero juraría que cuando él me dijo que parara porque le dolían sus pantorrillas, le toqué el paquete: estaba duro.


Luego, volvió a mi máquina y cuando estaba sentado, simulamos que yo se la chupaba. A propósito, choqué mi cara contra su miembro, bueno, contra la tela de su shortt en todo caso.


Otra tarde que vino a pasar el tiempo,, estábamos en la azotea. Como hay un muro de seguridad, mientras probábamos un equipo y él se hacía una selfie, me arrodillé detrás suyo, y rocé mi cara con el medio de sus dos nalgas luego de un intento frustrado de simular una fellatio. No me aguanté, y antes de irse, le besé su pene, siempre protegido con su ropa, tras una sesión de “acaríciame mis piernas”, que a mi opinión parecen de futbolista esporádico, ya saben, ni tan masivo que cada músculo necesite dos manos para ser acariciado, ni tan pequeño que todo se pierda en una sola superficie.





Lo último que pasó ayer simplemente sobrepasó incluso mis propias fantasías con él, en las que estamos abrazados y desnudos bajo una fina sábana mientras nos rozamos y besamos, pero no llegamos a más.


Como siempre, vino por la tarde a ver unos formatos. Honestamente yo traté de controlarme, traté de distraerme hablando de cosas que son más útiles y que sí nos importan, pero entre puñetitos y palmaditas, no pude. Entonces, él se despidió. Nos pusimos de pie, y lo abracé como suelo hacer, aunque deliberadamente traté de que nuestros penes se juntaran. Estaban flácidos. Él me observó que ese rroce lo hacía sentir raro, no mal pero raro. Entonces de pronto me preguntó cómo era una guerra de espadas, y comenzó a menear su cadera: nuestros paquetes estaban golpeándose con cierto cuidado. Pero como yo soy más bajo que él, como que no sentía el punto de contacto justo en el propio miembro, hasta que graciosamente se agachó un poco y comenzó a hacerlo. Me excité. Y como yo estaba sin ropa interior, ya pues, se me notó.


No sé por qué me separé de él, pero cuando regresé, se había bajado su short y calzoncillo hasta medio muslo… aguanta… yo me bajé mi bermuda, e intenté reahcer la guerra de espadas, pero él no me permitió. A cambio, dejó sus nalgas al descubierto, e hizo que se las acariciara. Me apoyé en su cuerpo y aprovechando que ya estaba oscuro, comencé a hacerlo en círculos con las yemas de mis dedos, pero con una torpeza única, como si estuviese acariciando un material demasiado delicado, no con rudeza, no con seguridad. Fue la primera vez que me percaté que en la base de sus dos glúteos, es apenas velludito.


Estuvimos así unos segundos, y luego se levantó el short.
“¿Sigues erecto?”, curioseó al sentir mi entrepierna en su muslo.
“No, ya no”. Efectivamente, se me había bajado un poco.


Otra despedida. Volvió a bajarse el short y pedir que le acaricie las nalgas. Volví a hacerlo con menos inseguridad pero con un temor subyacente, ya saben, ¿estaré haciendo lo correcto o estaré cagando una relación hermosa de amistad? Aunque, por otro lado, era ahora o nunca. Me arrodillé, me puse tras suyo, le dije que confiara en mí, y comencé primero a besarle las nalgas y casi en medio de ellas, donde se le concentra más vello; entonces, se las mordisqueé.
Me moría por lamérselas, por empezar en una, seguir en otra, ir por el medio de su raja. Llegar a su ano. Otros chicos me han dicho que hago buenos besos negros. ¿Cómo habría reaccionado mi amigo? ¿Se habría excitado, como lo estaba mientras le besaba sus dos cachetes traseros y le tocaba su pene? El problema era que la posición cómo se había parado, yo no podía hacer mucho.


Si él estaba sorprendido, yo estaba alucinando. Se levantó el short y me puse de pie. Volví a abrazarlo juntando nuestros paquetes suaves.
“Te haré una pregunta y quiero que seas bien sincero conmigo”, me emplazó. “¿Llegarías a tener sexo con tu amigo?”
“Solo si mi amigo me lo pide”, le respondí.
Sonrió.
“Eres un aprovechado”, me reclamó amistosamente. “Yo te dejo acariciar mis nalgas y tú te pasas: si te doy el caramelo, no quieras comerte toda la torta”.


Un chorro de lucidez llegó a mi cabeza, y comprendí el asunto de respetar las reglas, porque hasta en el juego sexual, por el puro hecho de ser juego, hay reglas.
“Te prometo que si me das el caramelo, solo me comeré el caramelo”.
“está bien”, volvió a sonreírse. Nos abrazamos. De nuevo, otra despedida.


Súbitamente, me tomó por los dorsales, me abrió de piernas y simuló tirar conmigo de pie, con gemiditos incluídos. Yo comencé a jadear. ¡Dios! Eso estaba mejor que mis fantasías. Imagínense si hubiésemos estado desnudos y él con su pene erecto. ¡Qué rico hubiese sido sentir cómo me lo metía por mi culo! ¿Qué no habría hecho yo?
“¿Qué viene luego?”, sonrió. “Ser esposos?”
“No quiero ser tu esposo”, respondí divertido… aunque… no sé si realmente sea buena idea si bien suena lógico, pero quién sabe porque nadie ha regresado del futuro para decir qué tal es.


Estuvimos abrazados, filosofando a pene pegado un ratito, y volvió a bajarse el short. Yo sentí que donde estábamos era incómodo, así que lo jalé a una pared de la sala y ahí seguimos. Como que él perdió el ritmo, pero luego hice que se apoyara en mi cuerpo, y le acaricié el culo con un poquito más de lascivia, aunque no toda la que hubiese querido. Aproveché para besarle el cuello con sumo cuidado de no dejarle marca alguna: no solo me excitaba el morbo de estar haciendo todo eso con mi mejor amigo, sino el hecho de que, al margen de la incomodidad del momento, la confianza que tenía en su propio cuerpo lo pintaba como un gran amante, uno de ésos a quien no le importa rol, orientación o lo que fuera excepto sentir, ¡y qué rico se sentía!
. Volví a jadear. Esta vez no me conformé solo con el glúteo, exploré por encima de su raja y honestamente me quedé con ganas de separárselas y jugar con su ano a ver qué pasaba; no meterle el dedo porque eso es recontraincómodo, sino masajeárselo, dilatarlo, jugar.


Luego, él me llevó mis manos hacia adelante, se bajó del todo el short y por primera vez desde que lo conozco, me pidió masturbarlo. Le acaricié las bolas, parte del vello púbico que, como nunca, se lo había dejado crecer, pero no logré que se le parara porque de pronto le entraron dos llamadas importantes. Y realmente sí que lo eran. Como que eso ya rompió la atmósfera, aunque me quedé con las ganas de volver a sentir ese rico pene erecto, recto, perfecto, y llevarlo hasta el punto de un casi orgasmo tras lo que dejaría que se le bajara y masturbarlo suavemente aprovechando el montón de líquido preseminal que emana; o quien sabe, llevarlo hasta un final feliz y probar su semen, un fetiche que a él le encanta, porque hasta de cuál es el método más adecuado para mamárselo a él, hemos hablado varias veces. Ojalá haya el momento y el espacio suficientes para hacer un taller personalizado intensivo.


. Volvimos a despedirnos, y esta vez sí fue la definitiva.
Cuando llegamos a la calle, me dijo que le encantaría ver la experiencia en una historia escrita pero no lo tomé en serio hasta que hoy volvió a insistírmelo por chat. Dice que quiere analizar las cosas desde mi experiencia, y honestamente (como sé que también leerá esto), lo que tengo que decir es que, quizás no es lo que la pornografía te muestra como una secuencia predecible de excitación-erección-eyaculación, pero el truco en estos casos es no esperar nada más que vivir el momento, la experiencia, la oportunidad, la complicidad, entender ese adagio que ambos compartimos: el sexo es otra forma de comunicación eficaz entre dos personas que, al menos, se simpatizan, y donde lo impredecible siempre será lo óptimo.


Claro que en su nomenclatura, a esto le llamó “experimentación”; pero como yo le dije, lo mejor será no etiquetar nada, y en todo caso quedarnos con el solo hecho, la sola experiencia.





¿Repetirlo? Pues… sí, ¿por qué no? No sé si de nuevo aquí, o esta vez en otra parte; pero creo que con más tiempo y menos tensión. Y definitivamente con más tiempo y menos ropa o sin ella, porque esa piel sí amerita recorrerla con manos, lengua, crema, con lo que sea. Aunque, claro, todo dependerá de que ambos así lo queramos. Por lo menos, hay algo que podría jugar a nuestro favor: mi amigo me confesó que tras esta última experiencia, definitivamente ya no puede etiquetarse como puramente heterosexual. A mí no me importa eso. A mí me importa que nos sintamos libres, plenos y sin culpa si comenzácemos a hacer el amor con todas las de la ley.


Por lo menos en mi nueva fantasía tras lo de ayer, hay muchos más recursos que el simple abrazo, beso en la boca o el roce genital; hay todo un repertorio sexual que me encantaría ambos interpretemos a discreción.


Si no llegara a pasar, permanece la amistad, y todo lo que allí he conseguido junto a él, nunca lo pondré ni en hipoteca ni en subasta. Me costó cada hora y cada día construir algo hermoso, y eso está fuera de cualquier discusión.