Mostrando las entradas para la consulta chupando su rico pene ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta chupando su rico pene ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de febrero de 2023

Lucas: Un ron por ese chibolo

Soy Lucas, vivo en Piura,  y tengo 38 años. Mi obsesión son los chibolos de 22 años, delgados pero formaditos. ¿Por qué?

 


Hace un tiempo yo chambeaba en Chiclayo. Un miércoles me encontré en un grupo de contactos gay a un chibolo de 20 años. Le mandé solicitud, me aceptó, chateamos buen rato, me cayó simpático, quedamos para vernos el sábado. Esa noche y las siguientes hasta el viernes, aluciné follando sin control con él en mi cama, inundando su ano con mi semen.

 

No había momento en que me quedara calato en la cama, pusiera dura mi verga de 15 centímetros y la frotara contra la almohada hasta que se me saliera la leche imaginando que perforaba su sabroso culito. Ni las duchas frías que tomaba me bajaban la calentura. ¡a la mierda! Cuánto esperma me hizo botar ese conchesumare.

 

Llegó el sábado. Como le dije que tenía sitio, organicé mi cuarto para que la cita fuese lo más placentera posible. Me fui bien animado a chambear.

 

A eso del mediodía, el huevón me pasó un mensaje: “No creo que la haga, causa… tengo un culo de trabajos de la universidad por entregar” ¡Carajo!, me dije. ¡Y qué iba hacerme esa noche? Porque si él tenía un culo de trabajos, yo no había dejado de alucinar cómo sería probar su culo mientras le hacía el amor. Ni modo. Me resigné. Algo haría. Quizás… pajearme como loco.

 

Salí de la chamba a eso de las seis y media de la tarde cuando otro mensaje me entró. Era el mismo chibolo. Yo estaba desganado, así que no le di bola. Pero el chico insistió. “Al diablo mis trabajos… ¿dónde nos vemos?” Puta madre. De solo pensarlo, se me fue el cansancio y hasta mi verga se puso dura bajo mi ropa. Y ya sentía el bóxer húmedo porque cuando se me para, lubrico como mierda.

 

Quedamos de vernos en el Paseo de las Musas. A pesar que yo había deseado ese momento, estaba medio nervioso. Me compré un roncito y me puse a tomar un poco como para darme valor. La huevada es que el chibolo no aparecía por ningún lado. Decidí acabarme la chata e irme a joder a otra parte.

 

Ya estaba tomando el último vaso cuando él apareció.

“Disculpa, brother”, me dijo todo humilde. “traté de zafarme, pero una vaina y otra…”

¿De qué vainas habla este huevón? Mejor estaba mi vaina, otra vez al palo, lubricando, especialmente con esa ropa entallada que le marcaba su físico, y ese pitillo que le destacaba su culito bien redondito y sus piernas gruesitas y firmes.

“Practico fútbol”, me contó cuando se sentó a conversar.

Compré otro ron y comenzamos a hablar. Le invité pero no quiso. Nos caímos en gracia. Cuando se acabó la segunda chata, llegó la duda:

“¿Dónde la seguimos?”, le dije, con la esperanza de que ya quisiera que cachemos.

“Vamos a la disco”, me propuso. No era precisamente lo que tenía en mente, primero porque ya le tenía hambre a ese culito y segundo porque no soy bueno bailando. Obvio, no le dije eso.

“OK… vamos”, le dije.

 

La pasamos bien en la disco. Como ya la había comenzado con ron, la seguí con ron. Quizás eso me dio valor para bailar. No sé ni cómo lo hice, o si hice el ridículo, pero el caso fue que también el chibolo aceptó tomar unos vasitos. Aprovechando la penumbra, me le acerqué y mi mano traviesa le acarició una nalga: estaba durita. Imagínense cuando nos tocó perrear, ahora era mi pinga la que se había puesto no durita al rozar su trasero… ¿estaba duraza!

“¿La seguimos en otro lado?”, le consulté.

“¿Dónde?”

 

En veinte minutos ya estábamos en mi cuarto. Apenas cerramos la puerta, nos besamos en la boca como locos. Qué rico sentir su lengua. Me imagino que le excitó mi aliento a ron. Comenzamos a quitarnos la ropa.

 

Ya calatos, nos abrazamos fuerte y dejamos que nuestras pingas duras se frotaran y rozaran. La suya también lubricaba un montón. Mientras nos besábamos, subimos a la cama.

 

Acaricié su culo de futbolista. Obviamente que así sin ropa era más redondito y firme que con ella. Aparte que esas nalgas lampiñas hacían que las caricias fuesen como pasar seda sobre porcelana.

 

Mis labios dejaron los suyos y comencé a besar suavemente su cuello con aroma de rico perfume varonil. ¿Bien!, dije yo. Él comenzó a gemir y jadear con tono de macho. ¿Bien, carajo!, dije yo. Los patas que se comportan como mujeres en la intimidad no me ponen nada.

 

Bajé a chuparle las tetillas. El chibolo se alocó más y acariciaba mi cabello. En realidad, me despeinaba. Seguí bajando. No tuve problema en chuparle su pene. No era largo o grueso, pero estaba ahí, levantado y duro como un gancho del que debía colgar toda mi boca caliente.

“Así, pata… la mamas bien rico”.

Succioné bien su pichula para ordeñarle un poco de precum y luego lo guardé en mi boca para buscar la suya e intercambiarlo junto a nuestras salivas mientras nos besábamos otra vez. Volví a bajar a seguirle chupando su rico pene.

 

Solito se fue acostando sobre mi cama. Abrió sus piernas para que le lama los testículos. ¿Requetebién!, dije yo. Solito levantó las piernas. Obviamente, ambos sabíamos qué queríamos.

 

Separé sus nalgas, saqué mi lengua, y, sin perder tiempo, fui a conquistar su anito cerradito. En mi excitación, quería penetrarlo solo con mi lengua. Él me agarró fuerte del cabello y quería que no deje de hacerle el beso negro. Miré un toque: ya estaba dilatándose. Decidí sopearlo más.

 

Me incorporé. Aprovechando mi saliva y mi líquido preseminal, le fui metiendo mi pene. El chibolo era tan estrecho que incluso para meterle la cabecita fue un poquito trabajoso. Así que me estiré, saqué el condón que había separado para esa noche especial, me lo puse, y luego saqué el lubricante y lo embadurné bien. Puse algo del gel en el ano de ese hermoso chico.

 

Empecé a empujarle mi pinga. Logró entrar todita poco a poco, pero, como era tan estrecho, me apretaba como mierda, y sentía que en cualquier momento ese ano iba a succionar mi falo arrancándolo de mi cuerpo. Comencé a mecerme. ¿Puta madre, por Dios! ¡qué hermosa sensación bombear ese agujero!

¡así,papito”, susurraba el chibolo. “Cáchame rico así”.

Ese pedido con voz de macho me calentó más, por lo tanto le di con todo y me moví como loco. El chibolo se quejaba medio rugiendo, como macho. Eso para mí era combustible. Le di más fuerte aún. Ambos estábamos fuera de nuestros seres entregándonos al sexo más rico que nunca antes nadie haya sentido.

 

Como me lo agarré piernas al hombro, mi pubis y mis bolas azotaban sus nalgas como un castigo placentero, que nunca desearía que acabe.

 

En un momento que tomé aliento para volverlo a cachar fuerte, él puso sus manos en mi pecho y me hizo entender que quería que me acostara. Lo hice. Ese hermoso nene se sentó sobre mi verga, se abrió bien sus nalgas y se dejó clavar por mi herramienta sexual. Comenzó a cabalgar como loco. Ahora era su hermoso culo de futbolista el que azotaba mi piel. Siguió gimiendo y jadeando. Por ratos se inclinaba y me besaba en la boca sin dejar de mover ese fabuloso trasero.

 

Estuvimos buen rato así hasta que…

“Ya las voy a dar”, le dije.

Él me sonrió.

“Quiero quitarme el condón y llenarte el culo con mi leche”, le dije.

Volvió a sonreír y me señaló su boca lo más pendejamente que puedas imaginar.

 

Cuando sentí que ya no iba a aguantar más, le dí unas nalgaditas y él se desconectó de mi pene, se arrodilló sobre mi cama y yo me puse de pie sobre ella. Me hice una paja que era capaz de arrancarme mi pinga y le di toda mi leche en su boca. Él no solo la saboreó; se la ttragó como quien traga el licor más rico del mundo.

 

Me incliné a besarlo en la boca nuevamente.

“La pasé de la puta madre”, le dije.

“Yo igual”, me respondió.

Para entonces, el efecto del ron se nos había pasado. Nos quedamos conversando un rato y cuando nos dimos cuenta, ya casi estaba amaneciendo.

 

Tuitea a Lucas | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

sábado, 27 de agosto de 2022

ASS (43): Trío dominical tras la ducha

Luego de un trío con Sandro, Bartolo pide a Marcano que haga algo por Edú.



Hacia las 5 de la tarde, Marcano abre la puerta de la pensión donde vive en San Sebastián. Mientras sube las escaleras, va imaginando mentalmente que las buenas noticias no podían llegar en mejor momento. De la nada, hay 3000 dólares en su cuenta bancaria, y solo en una semana. Desde que llegó al Perú escapando de la crisis en Venezuela nunca había visto cuatro dígitos en su estado.

“Hola, chamo”, le saluda una voz medio aflautada. Marcano gira: es Sandro.

“Qué haces, vale”.

“¿qué haces tú más bien? Te desapareciste desde ayer por la tarde. ¿Dónde has estado?”

“Trabajando”, dice sseguro y sonriente el venezolano fortachón.

“Luces cansado… ¿no querrás tomar una ducha?”

La puerta de la calle suena. Ambos varones giran a ver de quién se trata: Bartolo va subiendo las escaleras.

“Hola gente. ¿Qué dicen?”

“Nada, Bartolito, que Marcano dice que sería una buena idea si compartimos una buena ducha vespertina”.

El aludido se sorprende; Bartolo sonríe.

Diez minutos después, Sandro, Bartolo y Marcano entran como pueden en el estrecho espacio. Rozarse es inevitable. El anfitrión se termina poniendo al centro como si fuera la carne del sánguche. El jabón da el argumento perfecto para que los tres se acaricien el cuerpo. Los besos no tardan en llegar.

Sobre la cama, el trío comienza a orquestarse. Sandro y Bartolo comparten mamar los 21 centímetros de verga que se maneja Marcano, aunque Bartolo aprovecha y acaricia la lampiña, redonda y dura nalga del venezolano, y uno de sus dedos explora sin roche por la raja hasta meterse al medio.

“¿A quién me cacho primero?”, consulta el caribeño musculoso usando la típica jerga criolla peruana.

“¿Podrán cacharme los dos a mí?”, invita Sandro muy coquetamente.

Bartolo es el primero en ponerse un condón y meter su pene dentro del ano del dueño del cuarto mientras éste continúa chupando el gran falo de Marcano. Como activo, el fisioterapeuta profesional tiende a ser más acompasado, no tan rudo. Por experiencia sabe de más que meter un pedazo duro de carne en el esfínter tan delicado puede no ser placentero si se hace bruscamente.

“embadúrnate de lubricante”, le dijo uno de sus maestros del instituto superior tecnológico la primera noche que probó a ser gay activo a cambio de mejorar la nota en un parcial. “Métela despacio… disfrutando”. Desde entonces, nunca ha dejado de aplicar tal consejo.

El asunto es que el ano de Sandro ya está bien usado, así que meter y sacar, bombear y parar, es casi pan comido.

Bartolo demora unos diez minutos en el baile pélvico hasta que eyacula dentro del condón. Mira a Marcano.

“Ponte más lubricante”, aconseja.

Mientras el musculoso se pone el forro y unta casi todo el cojincito, Sandro aprovecha para cambiar de postura. Se acuesta boca arriba y levanta sus piernas mostrando su agujero rectal ya dilatado.

Marcano va metiendo centímetro por centímetro, con sumo cuidado, mirando más la cara del pasivo que su miembro ingresando. Sandro trata de aguantar el escozor, así que el potro procura ser lo más gentil que su anatomía le permite.

“Acuéstate encima mío y hazme tuyo”, pide el anfitrión, sin embargo.

Marcano accede.

Sentado en un mueble al lado de la cama, Bartolo mira la escena como si se tratase de una película porno en 3D. Y de hecho lo es porque su amigo ahora va camino a ser la estrella del video adulto gay que alguna vez soñó ser.

“qué rico”, no deja de decir Sandro.

Marcano sigue moviéndose más por compromiso que por afán de conseguir placer; entonces, agarra el pene del pasivo y lo comienza a masturbar.

“¿Qué haces, papi?”

“Goza, vale”.

El miembro se pone duro debido a la estimulación. Sandro no puede más y se vacía en su propio abdomen.

“Eso fue trampa”, sonríe. “No vale”.

“Ah, no tengo la culpa que no sepas aguantarte”, sonríe el venezolano.

Ya de noche, en el cuarto de Bartolo, Marcano termina de desnudarse para compartir la cama con su amigo:

“¿Qué es eso que querías conversar conmigo, vale?”

“es sobre Edú, Marcano. Tú sabes que es seropositivo”.

“¿Sero qué…?”, trata de disimular el aludido.

“Él me contó lo de la prueba en Piura”.

Marcano comprende que Bartolo no  está sonsacándolo:

“¿Qué pasa con edú?”

“Necesito tu ayuda… él tiene que meterse a tratamiento ya”.

Y para terminar,un video porno gay.


domingo, 20 de marzo de 2022

ASS (20): el gimnasio de la parroquia sirve para hacer fotos al desnudo

Miguel posa desnudo, luego hace el amor con el fotógrafo.


 

A un cuarto para las 2 de la tarde, el miércoles, en el gimnasio AS no queda gente excepto Miguel terminando de entrenar. Solo viste una pantaloneta de licra celeste encendida, medias y zapatillas. el sudor le da un brillo especial a su cuerpo atlético velludo. Por la puerta entra Alejo con un visitante esperado.

“¡Willy!”, se acerca a saludar. “Gracias por venir”.

“Menos mal que terminé de editar las fotos de… Santi”, ríe el fotógrafo mirando a Alejo mientras deja una mochila sobre una de las bancas.

“No sabía que editar demorara un culo de tiempo”, se disculpa el aludido musculoso.

“Tú dirás”, avisa Willy a Miguel.

“De una vez, aprovechando que no hay alumnos”.

“¿Y Marcano, y Paco?”, se extraña Alejo.

“Paco tiene clases hasta las dos”, responde Miguel. “Y Marcano, ni idea”.

Willy saca su cámara fotográfica de la mochila y comienza a mirar el patio techado.

“Hay buena luz aquí. ¿Podemos hacerlas en este lugar?”

“Claro”, responde Miguel.

El fotógrafo comienza a captar con su cámara al atleta y bailarín mientras entrena, y una vez que acaba, apoyado en las bancas, arreglando pesas. Alejo mira todo desde la puerta cubierta por el biombo con pinturas.

“¿qué ropa interior te pusiste?”, consulta Willy.

“Ninguna”, responde Miguel. “¿Hacemos los desnudos?”

“Sí, de arranque”.

Miguel se saca la licra yqueda totalmente calato. Luce su esbelta figura: lindos pectorales, buenos brazos, torneadas piernas, cintura delgadísima, redondas nalgas, su pinga dormida descansando sobre sus grandes testículos y todo eso bajo un recortado vello púbico. El modelo lo luce todo sin complejos. En la Escuela de Bellas Artes le dijeron que la primera obra maestra es el propio cuerpo humano, así que lo esculpido en el gimnasio y las horas de ensayo bailando, se debe mostrar.

“¿Pones tu pene erecto?”, pregunta Willy.

“Claro, pero con el biombo de fondo”,acepta Miguel.

“¿Y no es el mismo fondo en el que me hiciste las fotos?”, observa Alejo.

“Recuerda que son solo pruebas, no son las fotos oficiales”, aclara su amigo, quien comienza a estimularse los genitales. “¿No quieres ayudarme?”, pregunta simulando seducción a Willy, quien lo mira sonriendo. “No te ahueves: Alejo es de toda mi confianza, ya debes haberte dado cuenta”.

Willy mira al musculoso, quien mas bien está solazando su vista con el culo de Miguel.

“¿Y… no viene nadie?”, duda .

“Tienen que tocar el timbre antes de entrar”, reacciona Alejo.

Willy lo piensa un poco:

“Ni una palabra a Enrique”, le pide.

“Tranquilo, causa”, sonríe el musculoso. “Aquí todos somos una tumba”.

Willy devuelve la sonrisa, se aproxima a Miguel, se arrodilla y comienza a chuparle el pene. Alejo ni se inmuta. Los 18 centímetros de Miguel crecen y se ponen duros con la mamada. Willy lo deja:

“Pajéate”, le dice.

Se aleja un poco y sigue haciéndole fotos. Entonces se escuchan los tres toques de timbre.

“Mierda”, masculla el modelo.

Alejo le alcanza su pantaloneta:

“Comenzaron a llegar”.

“¿Y ahora?”, consulta Willy.

“Tranquilo”, sonríe Miguel.

Tras darse una ducha, la sesión continúa en el estrecho dormitorio. No es que fotográficamente sea una gran locación pero la cama permitirá que Miguel muestre todo su cuerpo desnudo, y esta vez absolutamente desnudo.

“Chúpamela otra vez”, pide a Willy.

“Y pensar que me la comenzaste chupando ”, sonríe Willy mientras se arrodilla.

“Y me gustaría hacerlo de nuevo”.

Willy le pone el pene duro otra vez y vuelve a fotografiarlo.

“Pajéate”, pide a Miguel.

El modelo comienza a masajear su miembro mientras su rostro refleja placer y arrechura.

“Voy a eyacular”, avisa el modelo.

Willy se prepara con la cámara, esta vez con un flash  listo para encandilar. El rostro del chico y un jadeo que ya conoce le advierte que debe presionar el disparador ya. Y sucede: tres chorros de semen saltan del pene de Miguel hacia su abdomen y aterrizan sobre sus vellos.

Tras limpiarse, el modelo revisa las imágenes en la pantallita de la cámara. Willy se acuesta a su lado, totalmente desnudo. Le pone el brazo bajo su cabeza y le da un besito en la boca:

“Me has puesto caliente, Miguel”.

“Las fotos han quedado de la puta madre”.

“Eso me ha puesto caliente, en efecto”.

Miguel deja la cámara sobre su mesa y abraza por completo al fotógrafo.

“Lástima que ya no vivas solo”.

“Ya, no me hagas recordar que debí utilizar condón esa noche de borrachera”.

Ambos se besan en la boca.

“Nunca terminaré de agradecerte cómo te la jugaste por mí”.

“Gracias a ti tengo un trabajo extra, así que cuenta como agradecimiento”, sonríe Willy.

Miguel también sonríe y gira hasta que Willy se acuesta encima suyo. Se besan en la boca.

“Hazme el amor”, susurra Miguel.

Willy se arrodilla en la cama, levanta las piernas al chico y le hace un beso negro. Miguel lo disfruta a tope y jadea arrechamente. Entonces, cuando Willy ya tiene el pene duro, se lo mete todo, despacio, y se acuesta encima moviéndose con mucha ternura.

“Así, rico, así hazme el amor”.

En cinco minutos Willy expulsa toda su leche dentro del culo de Miguel.

“No soiy un gran cachero”, se justifica el fotógrafo.

“Te equivocas… eres el más romántico”.

“¿estás seguro que quieres entrar al negocio?”

“Si alejo ya es un ASS sin dejar de ser un AS, ¿por qué no yo?”

Willy vuelve a besar en la boca a Miguel.

“Reclutador, artista plástico, coreógrafo, y ahora modelo: vas a forrarte bien”.

“Me mandaron a la mierda, Willy; ahora es mi turno”.

A veinticinco para las 4, Willy sale del dormitorio solo cubierto con una toalla que Miguel le prestó para ducharse y en pleno pasillo se choca de pechito con el Padre Alberto quien llega a entrenar. Ambos se sonríen.

Y para finalizar,mira un video porno aquí. 

martes, 11 de junio de 2019

La gente que pide ser violada habla huevadas

Soy un pata de 26 años y hace un par que me asumí como gay. Me costó trabajo, ya saben, por la huevada de cómo va a reaccionar tu familia, la sociedad, esas cosas. Al final entendí que la decisión es solo mía y que el resto no debe importarme. Con mi aceptación también dejé de incursionar en el mundo gay con recelo, y poco a poco he ido socializando con otros patas, e incluso haciendo citas con algunos de ellos. En general la he pasado bien. No podría decir si soy activo o pasivo o no sé. Finalmente más que el rol, lo que yo siempre cuido es que ambos disfrutemos. Por ahí me han dicho para hacer tríos pero aún no me animo.

Como decía, en estos últimos dos años he socializado con mayor naturalidad. Obvio que éso significa que navego en las redes sociales y contacto a ciertos chicos que dejan mensajes, y leo de todo. Y en ese proceso en que leo de todo, me encuentro con ciertos avisos a los que miro con cierto temor. "Quiero que me violen", "Busco un macho que me viole", "Busco un pingón que me dé duro hasta sangrar".

Les juro que cuando leo esos avisos primero siento escalofríos, luego comienzo a sentir asco, y luego se me viene un mismo episodio a la cabeza, algo que, a pesar que he ido a terapia, todavía no puedo superar del todo.

Cuando estudiaba en el colegio, llegó en el cuarto de secundaria un chico de otra parte a estudiar con nosotros y en el corto tiempo, se me hizo pataza. Nos reuníamos para hacer las tareas, los trabajos, las expos. Era hijo de unos comerciantes y el menor de tres hermanos. Como a veces tenía que ir a su casa para hacer los trabajos porque solían dejarlo solo, ya que sus viejos solían estar de viaje y sus hermanos estudiaban en otra parte, y hacían pensión, llegó un momento en que jodiéndonos y jugándonos, terminábamos morboseándonos.

La primera vez fue en el sofá de su casa. Según nosotros, jugábamos a la lucha libre, y llaves van, llaves vienen, él terminó acostándose sobre mí. A pesar que estábamos con polo y bermuda, era evidente sentir nuestras pingas al palo. La segunda vez fue la misma rutina, jugar a la lucha libre, y cuando menos me di cuenta, terminamos en el suelo, él encima mío, pegando bien su paquete duro a mis nalgas. Como practicaba atletismo en el cole, tenía todo mi cuerpo bien trabajado y mi culo bien formado.

La tercera vez ya no guardamos tanto disimulo. Estábamos terminando de tipear un trabajo cuando se estiró en la silla y se tocó el bulto. "Estoy arrecho, huevón", me dijo.
Yo le sonreí.
"¿Y te arrechas de la nada?", le pregunté.
"Tu culo me pone arrecho", me dijo.
Le volví a sonreír.
"Ven", me dijo.
Nos pusimos de pie y nos fuimos a su cuarto. Comenzamos a acariciarnos, besarnos apasionadamente, nos calateamos mutuamente, y nos tiramos a la cama. Nos revolcamos hasta que yo quedé encima suyo y le fui besando el cuello suavemente, para no dejarle marca.
"Chúpamela", me pidió.
Yo me palteé porque jamás la había chupado, aparte que su pinga siempre estaba lubricada, entonces me daba cierto asquito probar ese líquido.
"Ahí nomás", le susurré.
"Ya, pe, no seas malito. Chúpamela", me repitió.
Hice el intento. Bajé hasta su miembro, lo tomé en mis manos, lo pajeé un poco y más líquido salía. Mi pinga se bajó.
"Ahí nomás, loco", le dije, y me bajé de la cama.
él me tomó de una de las muñecas.
"No me dejes así pues", me pidió.
"No quiero chuparla", le expliqué.
"entonces, cabálgala", dijo.
Hizo que me sentara sobre su pinga y comencé a rebotar. Hablamos de un falo de unos 16 centímetros, considerando que para entonces ya tenía 16 años. Cabezona, por cierto. Mientras lo cabalgaba, él agarraba su pene, y yo sentía que su intención era metérmela en mi ano, que para entonces, jamás había sido penetrado. Y ésa era una nota que yo evadía. Una cosa es la arrechura, estar calatos, pero nunca me gustó que me metieran la pinga y hasta ahora no me gusta que me metan la pinga ni yo meter la pinga. el caso es que él terminó pajeándose y llenándome la raja del culo con su semen.

Después de limpiarnos, me dijo que me vaya porque tenía que hacer otras cosas y no quería que su vieja se enoje con él. Luego de éso, cuando teníamos que hacer trabajos en equipo, él evitaba que nos toque juntos. Yo asumí que era porque no se la quise chupar, así que no le di importancia y seguí haciendo mi vida normal. Después de éso, ya no tuve nada con otro pata, hasta me confesé con mucho miedo y preferí estar tranquilo por el resto del año.

Llegó diciembre y con ello la fiesta de promoción. Cuando ésta acabó y una vez que dejamos a las parejas, nos reunimos en casa de uno de los chicos para seguirla. Eran como las seis de la mañana y ya estábamos bien borrachos. Como la gente se fue yendo de donde nos habíamos reunido, me pasaron la voz unos compañeros para seguirla en otra casa. Mi sorpresa fue grande cuando me dijeron que se trataba de la casa de mi amigo con quien hacía los trabajos. Ojo que estaba borracho, así que ya se imaginarán. Yo le busqué la mirada como esperando su aprobación. Se me acercó.
"Vamos, huevón. No seas monse", alcanzó a decirme, y lo primero que me llamó la atención es que parecía estar bien sobrio.
"¿Y tus viejos?", alcancé a articular.
"No están", me guiñó un ojo.
Yo seguí al grupo. eran como cinco compañeros, incluyéndolo.
Llegamos a su casa y seguimos chupando. Para las siete y media de la mañana tres de los seis ya estaban jatos en el mueble de la sala. A mí me dieron náuseas y fui al baño a vomitar. Como que se me pasó algo la borrachera. Me lavé la cara, me enjuagué bien la boca y me dije que ya estaba bueno, que era hora de regresar a casa y dormir todo el día. Ni siquiera aparecería al corte. Apenas salí del baño, mi amigo estaba en la puerta.
"Ven al cuarto", me dijo.
"Ya me voy", le informé.
"No jodas. Ven al cuarto".
"Es que ya me voy, ya no doy".
Mi amigo llamó a otro compañero, más alto y fornido, quien salió del cuarto completamente calato y con su gran verga aún dormida.
"¿Qué pasa?", le preguntó ese compañero.
"Que ya se quiere ir", le dijo mi amigo.
"¿Sin celebrar con nosotros?"
No entendí. Cuando menos me di cuenta, mi amigo y mi compañero casi me arrastraron al cuarto a pesar de mi negativa. Adentro estaba prendido el telebisor de mi amigo con lo que parecía ser una porno. Prácticamente me empujaron sobre la cama y caí tendido.
"No vas a terminar el cole sin haber sido nuestro", me dijo mi amigo.
Yo traté de levantarme, pero ambos no me dejaron. el otro compañero se me acostó encima y me anuló.
"así que te mueves rico, ¿no perrita?"
La poca borrachera que me quedaba se desvaneció, pero también estaba rendido por toda esa noche tomando. El compañero trató de besarme y traté de esquivarlo. Al mismo tiempo movía su cadera contra la mía y usaba sus poderosas piernas para abrir las mías, lo que consiguió. Mientras tanto, mi amigo se estaba quitando toda la ropa y se acostó a mi lado. Se besó en la boca con mi compañero. Se miraron y se sonrieron pendéjamente. Pude sentir que mi compañero ya estaba al palo y lo comprobé apenas se arrodilló, atenazando mis canillas con las suyas: ¡era un pene enorme, como de 19 centímetros! Al mismo tiempo, mi amigo me abría la camisa, a lo que traté de oponerme. Me dio un puñetazo en la mejilla que casi me soñó. Me sentí impotente y poca cosa, comencé a rogar al cielo que éso se acabara, pero parecía que nadie me oía allá arriba. Sentí que me bajaban el pantalón a la fuerza y luego mi bóxer. Sentí que el cuerpo de mi compañero fornido se acostaba sobre mi cuerpo ya desnudo y que me sobaba su pinga dura contra la mía, que no se paraba por nada del mundo. Sentí el cuerpo de mi amigo pugnando por  por acostarse encima. sentí mis lágrimas rodar. Sení que me levantaban las piernas y que un pene húmedo se colocaba en todo mi ano. Sentí dolor, un gran dolor cuando comenzaban a metérmelo. Sentí una gran mano tapándome la boca para evitar que gritara. Sentí dolor, mucho dolor en mi culo. Sentí que no podía hacer nada.

Cuando creí que la tortura se acababa, sentí un pene más grande taladrándome y otra mano en mi boca evitando que gritara. Sentí que mi amigo decía: "Con cuidado, huevón, vas a hacerlo sangrar". Sentí que era la mierda más mierda del mundo.

No recuerdo bien cómo acabó todo porque me desvanecí. Cuando desperté, mi amigo y mi compañero estaban bien dormidos flanqueándome, los tres sin ropa. Tuve miedo. Cuando me levanté, desperté a mi compañero, me miró, se dio la vuelta y se volvió a dormir. Ni siquiera me llamó la atención su enorme culo. Busqué mi ropa, salí del cuarto, de la casa. Ya era casi mediodía, y mi celular tenía varias llamadas perdidas de mi viejo que no oí porque lo había dejado en vibrador. Cuando llegué a mi casa, ni quise almorzar. Al llegar a mi cuarto, me asusté cuando vi mi bóxer manchado de mierda y sangre, mucha sangre. Me asusté mucho. Fui a bañarme como casi por una hora sobándome bien entre mis nalgas, puse mi ropa en la canasta de ropa ssucia, puse el bóxer en una bolsa plástica y lo escondí, esperando el momento de botarlo o quemarlo sin que mis viejos se dieran cuenta. Me eché a llorar y a dormir por casi dos días. Casi ni comía. "Es la pena", le decía a mi mamá.

No quise hablar con nadie del colegio y traté toda esa semana de olvidar el tema, de concentrarme en que tenía que ingresar a la universidad ese mismo verano. Cuando creía que las cosas estaban algo tranquilas, algo horroroso pasó... Mi mamá había descubierto la bolsa con el bóxer. Se sentó conmigo a conversar y a preguntarme. Me bloqueé. Cuando al fin pude hablar, le conté todo a mi mamá, quien lloró mucho. Mi papá reaccionó distinto. Denunció a mi amigo y a mi compañero y me llevó a la comisaría a que lo cuente todo. Me moría de la vergüenza, especialmente porque el policía me miraba más con cara de arrecho que de efectivo del orden. Hubo un lío bien feo. en su defensa, mi amigo dijo que no fue violación, que yo era gay y que ya lo habíamos hecho antes. Yo lo negué. Todo quedó en nada. Por último, la Policía terminó llevándose el bóxer y nunca supe qué destino le dieron.

Ingresé a la universidad y me alejé por completo de mi entorno escolar. Traté de comenzar de nuevo. Sin embargo, el nuevo entorno me fui abriendo más los ojos sobre mí mismo, sobre mi sexualidad. Me dio mucho miedo. Hablé con un psicólogo y me comenzó a tratar. Yo ya tendría como 19 años. A pesar que en las terapias me convencí que esa violación no fue mi culpa, porque no fue mi culpa, y que mi aparente homosexualidad no fue causada por esa violación, entré en modo negación. No quise saber nada con nadie. Cuando quise tener enamorada, la relación no duraba ni dos meses y siempre la cortaba. El psicólogo me dijo que no forzara las cosas, que hiciera mi proceso.

Cuando tuve 24 años, recién pude ir conciliando las cosas, acepté que soy gay, se lo conté a mi familia, me apoyan a medias porque me dijeron que no esperan verme con pareja, cosa que tampoco me interesa por ahora, aunque sí he tenido varios choques y fugas pero muy light. Llegué a aprender karate, y cuando sentía que, a pesar de que había convenido no tener penetración en algunas de mis citas, y la otra persona quería pasarse de lista, recordaba lo que pasó después de mi fiesta de promoción, y reaccionaba con un golpe o una patada.

Dos años después, me estoy tomando las cosas con más calma, aunque con el mismo cuidado. Trato de ser más firme y amable, aunque advierto que si alguien quiere propasarse, no va a irle bien. Sigo practicando karate como afición, como reencuentro conmigo mismo, aunque el sensei (instructor) me insiste que concurse. Lo que hasta ahora no he podido conciliar es cuando alguien pide que lo violen. Incluso cuando les digo que la tengo de 18 y gruesa, me lo piden y los mando a la recondchasumadre. Quizás sepas quién soy si me lo pedistealguna vez por chat y luego terminaste bloqueado. Sí, soy yo, y te digo ahora en público lo que te dije en privado: no sabes lo que estás pidiendo, no sabes lo que ser violado significa, no eres más que un pobre y triste huevón que no se quiere en absoluto y que es capaz de morir en manos de otro pobre y triste huevón por el puro hecho de sentirse sometido. Huevadas, nada más que huevadas que yo no comparto y que no creo que llegue a compartir.

viernes, 24 de agosto de 2012

La Parcela (15): Un domingo duro y desnudo

Aquel primer sábado por la mañan

En algún departamento más o menos exclusivo, cerca del río Piura, un hombre de contextura media, de unos 40 años, estaba sentado, totalmente desnudo, en el sofá de su sala chupando la pinga de un joven blanco y musculoso, velludo, de prominentes pectorales, brazos, nalgas y piernas, estrecha cintura y amplia espalda, con un par de tatuajes étnicos entre el pectoral y el hombro izquierdos.

De pronto, el hombre se recostó sobre el sofá y levantó las piernas.

-          Ahí hay condones. Cáchame.

-          El joven, que aparenta tener unos 25, se colocó el preservativo y dejó que su amante se moje la entrada del ano con su propia saliva. Colocó la punta de su miembro en el agujero y comenzó a empujar sus 18 centímetros hacia las entrañas calientes de alguien que parecía haber encontrado el mejor vacilón para pasar la mañana del domingo.

-          Cual émbolo, el pene entraba y salía, empujando y absorbiendo el esfínter.

-           Mastúrbate.

-          El hombre tomó su pene, lo comenzó a masajear y consiguió erectarse. Cerró los ojos, mientras el joven bombeaba su pene erecto haciendo chocar sus caderas contra las algo flácidas nalgas de su compañero sexual.

-          Algunos minutos después, el hombre experimentó el orgasmo y expulsó todo su esperma en su abdomen. No es mucho, considerando que toda esa semana se ha quedado sin esposa e hijos (a juzgar por las fotos de la mesa de centro).

-           Me duele, huevón.

-          El muchacho sacó su pene, se quitó el condón, y fue al baño a botarlo. Demoró un poco y regresó a ponerse su boxer.

-           ¿Tú no las vas a dar?

-           No tengo ganas ahora.

-           ¿Entonces…?

-           Normal, pata. Tú lo necesitabas más que yo.

-          El hombre se levantó con cuidado, fue al baño y regresó con el vientre limpio. Su amante ya se ha colocado una bermuda de un raro tono turquesa.

-           ¿Entonces Jano seguirá comprando en mi tienda?

-           Mientras esté a cargo, así será. Claro que si es que no rompes el trato.

-           Claro que no, Nando. Haremos lo mismo que hicimos con tu profe de la facultad.

-          El hombre, aún desnudo, entró y salió con su billetera, sacó un billete grande y se lo dio al joven.

-           Tu comisión por la venta, y por el servicio de hoy.

-           El servicio cuesta 50, así que me debes.

-           Pensé que era cliente habitual.

-           OK, pata. No te preocupes que esta semana se tendrán que hacer más compras.

-          Ambos se despidieron dándose la mano. Antes de salir, Nando se colocó un polo manga cero, sus sandalias de cuero, y abrió la puerta.

 

Cerca de allí, en la residencia de Jano, el reloj marcó el mediodía. El chico saltó de la cama, como si fuera un resorte. Alguien tocó su puerta.

-          Hijito, ¿vas a almorzar?

-           Sí, mamá. Ahora bajo.

-          Se quitó su boxer, buscó la toalla y entró con dificultad al baño, orinó un potente chorro, y a medida que iba achicando bomba sentía que aparecía un dolor de cabeza.

-           Un duchazo contra la resaca.

-          Tras demorarse casi media hora bajo el agua, bajó y encontró a su madre con Raúl, sentados en la mesa, comenzando a comer, y conversando animadamente.

-           Dijiste que no demorarías. ¿A qué hora llegaste?

-           No recuerdo. Disculpa, vieja.

-          Aunque Jano se integró a la conversación, casi no miraba o miraba de reojo a Raúl. Cuando finalizaron, y aprovechando que sólo se quedaron los dos varones en la mesa, Jano intentó decirle algo. Cuando se animó a despegar los labios, apareció su madre.

-           ¡El postre!

 

En un pueblecito turístico en la ceja de sierra, en un gran dormitorio, escasamente decorado por la cama, una cómoda y una mesa donde hay un televisor y un reproductor de DVD, dos hombres yacían desnudos. El más delgado despertó, miró su reloj y zamaqueó a su compañero al costado.

-          ¡Pancho, la una y media! ¡Ay, cómo hemos dormido!

-          Pancho entreabrió los ojos.

-           ¿A qué hora baja el ómnibus?

-           ¡Ya pasó! Sólo te queda tomar las comvis. La siguiente sale a las tres y media.

-          Pancho se levantó de la cama, se dirigió a la amplia ventana y con cuidado corrió la cortina para ver hacia la calle.

-           Ay, primo. Sí que tienes un cuerpazo.

-          Pancho dió media vuelta y brindó una sonrisa.

-           Gracias, primo. Te mueves bien.

-           Así pasa cuando me emborracho.

-          El chico delgado se puso de pie, desnudo, se acercó a Pancho, lo tomó de los recios y grandes brazos y lo besó en la boca.

-           Gracias por traerme a mi casa.

-           De nada.

-          A medida que se besaban, la pinga de Pancho crecía hasta ponerse dura. Sin soltarse de los labios, caminaron hasta la cama y volvieron a retozar sobre ella. Luego, Pancho introdujo su enorme falo en el múltiplemente estrenado ano de su familiar.

-          Como al amanecer de ese día, y tras girar varias veces y probar diferentes poses, el semen del moreno fortachón se derramó en el condón que lo protege de un incierto pasado sexual. El reloj marcó las tres de la tarde.

-          Pancho se bañó apresuradamente, comió en la plaza del pueblo y a toda prisa tomó la combi. A lo largo del camino, miraba el curso del río al bajar hacia la parcela, y se preguntaba  a sí mismo si esa semana sería capaz de sincerarse con una persona.

-          Apenas le abrieron el portón, Gabo le rompió su ensimismamiento.

-           ¿Disfrutaste el fin de semana?

-           Sí. Creo que sí.

-           Mi tío no está. ¿Quieres ver la ropa que me compré?

-           Ya… ¿Tienes condones?

-           ¡Por supuesto!

-          En su dormitorio, Pancho y Gabo ignoraron la ropa nueva por completo, y gozaron del rico sexo. Durante todo el tiempo, Gabo tuvo que soportar los 95 kilos de recia musculatura del moreno, y los 19 centímetros de gruesa carne  dentro de su culo. El enlace carnal duró poco más de media hora, sin parar.

-           Rico, Panchito.

-           Sí, rico. Pero es sólo sexo, ¿OK? No quiero problemas.

-           OK. Por lo menos, tú dejas las cosas claras.

-          Pancho sonrió y se secó el sudor en su frente. Cómo quisiera que en realidad las cosas fueran claras.

-          De su primo, sólo quedó un buen recuerdo. Nada más.

 

En la residencia de Jano, Raúl miraba la televisión, cuando tocaron su puerta. Vestía apenas un calzoncillo.

-          ¿quién es?

-           Yo, Raúl.

-          Jano sólo vestía un short rojo algo ceñido.

-           No puedo dormir. Oye, quiero pedirte disculpas por lo que pasó esta madrugada.

-           Ah… normal… pero… ¿por qué lo hiciste?

-           ¿Por qué no me rechazaste?

-           No sé… Estoy algo palteado, no por lo de hoy, sino porque… no sé.

-           ¿sabes si Nando salió a trabajar anoche?

-           No sé. Me dijo que estaría en casa de su vieja. ¿Pasa algo con él?

-           Pasa de todo… Puta, Raúl. Creo que Nando me gusta.

-           ¡No jodas! ¿En serio? Bueno. Él no tiene pareja.

-           ¿eso es cierto, Raúl? En la parcela dicen que tú… andas con él.

-          ¡No, nada que ver! ¿Y tú no estás con David?

-           No. Para nada.

-          Mas bien, a mi me está gustando Pancho.

-           ¿Pancho? Es un buen chico. Pero, ¿crees que tú le gustes?

-           No sé… ¿y tú crees que le gustes a Nando?

-           Tampoco sé. Pero de que me gusta, me gusta.

-          Ambos chicos se quedaron en silencio, mirándose con compasión.

 

Al día siguiente, apenas amaneció, David, Raúl y Jano esperaban a Nando, a la altura del estadio, tal como se los pidió un día antes.

Llegó todo perfumado y con ropa evidentemente nueva. Saludó a todos y alargó un papel a Nando.

-          ¿Y esto?

-           Los requerimientos para esta semana. Te los separé para que los veas mejor.

-          Jano dió el papel a David y puso la camioneta en marcha.

-          Los cuatro completaron el trayecto hacia la parcela casi en silencio, con una pausa para desayunar.

-          Al llegar, Wilfredo y Gabo abrieron el portón, y adentro Pancho estaba listo para recibir las instrucciones del día.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com

miércoles, 13 de junio de 2012

SxEC 09: Mi orto y la ducha

El chico con el que estuve mide 1m68, contextura promedio, y una polla de 16 cm. se trata de un amigo que vive cerca de mi casa.
Hace unos días llegó para joder un rato. Mi hermano había llegado mareado, y se fue a dormir la mona, en su cuarto.
- Oye, me voy a bañar.
- ¿Y por qué no nos bañamos juntos?
- Ya pues.
Nos calateamos. Lo primero que me llamó la atención fue su pinga, tan rica. Yo tuve que aguantarme para no decir ni hacer nada.
Nos metimos a la ducha. Yo comencé a enjabonarme.
- ¿Te enjabono el culo?
Los dos nos reímos. Se la pasó todo el rato jodiendo y jodiendo.
- ¿Te paso el jabón por la espalda?
- Hablas huevadas.
En ese momento me volteé de tal forma, que casi le doy un beso en la boca.
- Sorry.
- No hay problema... ¿Saves? Tienes el culo bien redondito, mejor que de una jerma.
- ¿qué?
- Tienes culito de puta.
Los dos nos reímos.
- Tienes un culo tan grande que sobrado se aguanta dos pijas.
Mientras nos seguíamos bañando, sentí como un airecito sobre mis nalgas: él me había pasado las manos rápidamente, pero sin tocármelas.
- ¿No te vas a enjabonar el culo? ¡Yo te lo enjabono!
- ¿Cómo?
- Normal. Habla.
Entonces, su verga comenzó a pararse. Yo no le dije nada. seguí bañándome, cuando sentí que me sopló el cuello. Me volteé, y mi verga chocó con la suya. Las dos estaban armadazas.
Lo quise evadir, pero él me agarró de la cintura, y pegó su cuerpo al mío. ¡qué rica sensación, por Dios!
Áún así, le quité sus manos de mi cuerpo, pero él me volvió a tomar y me arrinconó contra la pared de la ducha, rozando su pecho, su vientre, sus piernas y su verga parada contra las mías. Era definitivamente rico.
- Chúpamela.
Me arrodillé a hacerlo, mientras el agua de la ducha caía, y me suavizaba el fuerte sabor de su pinga. se la succioné con fuerza, antes de pasar a comerme sus huevos.
Él me tomó del cabello y me metía y sacaba su pinga de mi boca. Por un momento, sentí que me ahogaba, y no pude articular palabra.
- Cómetela toda. qué rico la chupas. Tienes una boquita calientita. Si así tienes la boca grande, ¿cómo tendrás el orto?
Yo paré en seco, y lo miré extrañado.
- ¿Qué es orto?
- ¡Tu ano, pues, huevón!
Nos reímos.
Se la seguí chupando y chupando, y comenzó a hacer unos gemidos bien arrechos.
- Puta madre. sigue. Sigue.
se inclinó a tocarme el culo, y aprovechando la humedad de la ducha, me metió los dedos a mi... orto.
salió un toque a ver su ropa y regresó con un condón, se lo puso. Se sentó sobre el piso de la ducha, pero debajo de la lluvia. El agua seguía cayendo.
- siéntate despacito. quiero abrirte ese... orto.
Mientras la metía y bajaba, me dio dos fuertes nalgadas. su pene entró sin problemas en mi culo, quizás por el agua que caía.
Comencé a subir y bajar, a ir para adelante y para atrás, a apretársela con mis nalgas.
- Uyyy, ¡qué rico la aprietas! ¿quieres comértela toda?
Él me acariciaba la espalda. Entonces me senté dándole la espalda, y él empezó a besármela, lo que me provocaba cosquillitas placenteras.
 
me daba besos en la espalda que sentia cosquillitas ............
- Muévete.
Lo hice con fuerza.
Luego nos pusimos de pie, y él me cachaba con fuerza. El agua caía. qué rico se sentía, era espectacular.
Mientras me follaba, me abría las nalgas.
- es para que te entre y la sientas toda.
Me agarró de los hombros para bombearme el culo con más fuerza, y lo consiguió.
- No gimas fuerte, que mi hermano te puede escuchar.
Comenzó a gemir despacio, pero se le olvidó, me sacó la pinga, casi arrancó el condón, y disparó su leche sobre mi espalda.
Terminamos de bañarnos, pero él no dejaba de acariciarme.
Antes de salir de la ducha, se arrodilló, y me dio un beso en la nalga derecha, en la izquierda, y abriéndomelas, en... el orto.
- qué rico ortazo que me he comido.
se levantó y me quiso dar un beso en la boca, pero se lo esquivé y terminó dándomelo en la mejilla.
Mi hermano seguía durmiendo la mona. Cuando pasamos y lo vimos de reojo, notamos que su verga estaba parada.
 
©2012 Hunks of Piura Entertainment. Comenta este relato aquí.

jueves, 22 de marzo de 2012

TT3: ¿Y si la hago de stripper?

Superado el incidente de las fotos, el Metro cambió su conducta a actividades, digamos, menos deportivas.
Un sábado quedamos para ir a la disco. Hasta allí nada raro,. quedamos en encontrarnos en el gym. Cuando llegué estaban la mayoría de los que saldrían esa noche viendo una porno. Me llamó la atención, no por la porno, sino por el auditorio: chicos que, supuestamente eran los cacheros del pueblo.
La cosa es que salimos, pero el grupo optó por ir a una disco de mala muerte, tanto que no me quedé mucho tiempo, y me quité, pero cuando fui el lunes me contaron que se quedaron hasta las últimas consecuencias.
Y eso se repitió todas las semanas.
Las desveladas se completaban con sesiones de sauna, los domingos por la mañana, para evitar la resaca. Y a seguir chupando al domingo siguiente.
Ese tipo de socialización hizo que el Metro comenzara a comerse las ganancias del gym, y nadie respondía por él.
Una tarde, me llamó a un costado y me dijo que tenía una idea para crear un negocio y que quería saber qué pensaba.
- Mira, con el Negro y el Gato queremos hacerla de strippers.
- Pero, ¿tienen cuerpo?
- sí. queremos que tú nos ayudes.
- ¿Cómo?
Dos tardes después, y usando el gym como locación, organizamos una sesión de fotos donde los tres culturistas posarían desnudos pero al estilo "Dioses del Estadio".
Como el Metro y el Gato eran algo blancos, decidieron maquillarse todo el cuerpo con un tono de pastel al óleo que les daba un interesante acabado color bronce. Primero posó el Gato. Se puso una mancuerna justo sobre su miembro, y sin más ropa, y mirando en tres cuartos. Luego, posó el Metro, que se había dejado crecer el cabello, y que ocultó su pene cabezón, con uno de sus muslos y antebrazos, resaltando su gran culo.
Luego el Metro y el Gato posaron en lateral, ocultando sus penes con sus mussslos, arrodillados, y viendo al suelo, como si fueran unos querubines agotados.
La nota vacilonera la puso el Negro, quien se negó a posar dando la cara , como los otros chicos. se quitó la ropa, se paseó por todo el gym cubriéndose la verga con sus manos, y ágilmente se echó boca abajo sobre una banca y así pidió que le hiciera las fotos. Este Negro era el mejor cuerpo de todos los chicos, y tenía un rico culo que hacía armonía con su espalda y sus piernas, además de unos pectorales y unn rostro varonil y hermoso.
El Negro estaba perdiendo plata como modelo, además de tener un tono moreno chévere. Lo más que se animó a posar fue en calzoncillo para una alumna de la Escuela de Arte. Incluso su cuadro estuvo por mucho tiempo coronando una sección estratégica del gym.
Revelé las fotos y quedaron de la puta madre.
Se las di al metro para que haga su catálogo.
Afortunadamente, tuvieron acogida. Casi todos los sábados les salió uno o dos contratos. Incluso me contaron que en uno de ellos les pagaron bien por hacer un desnudo integral, pero allí el Negro no participó por pudoroso.
El problema es que el Metro se chupaba la plata en la disco, y al final no tenía nada.
Debido a esa nota, el negocio fracasó.
sin embargo, el Metro no tenía ningún problema en calatearse a simple requerimiento del espectador. Incluso habló de incursionar en algo más fuerte...

CONTINUARÁ...

©2012 Hunks of Piura Entertainment.
Comenta: hunks.piura@gmail.com

domingo, 26 de febrero de 2012

SOT-2012-009: La tortilla se volteó

Me animo a escribir porque me pasó algo inusual. Estoy buscando chamba porque se acabó mi contrato, y fui a presentar papeles en una empresa.
Vi la convocatoria en el periódico y fui cuanto antes pude con mi curriculum, pero como las calles están hechas una mierda por las lluvias... bueno aquí se los detallo. Ah, yo tengo 25, marcado.

17:15
Con un cuarto de hora de retraso, llego a la empresa a dejar mis papeles. La convocatoria ya había cerrado, y, a pesar que salí temprano de mi jato, me demoré porque la moto que tomé agarró otra ruta para evitar los charcos de la lluvia.
Un vigilante, a todas luces cuerpón, ya en sus 30, me recibe y me dice que ya no se reciben papeles.
A la mierda, dije.
Me quedé allí parado y no me moví. El caso es que no tenía nada que hacer.

17:25
El vigilante me llama calladito. Me dice que me recibirá los papeles, pero que yo tengo que hacerle un favor.
- ¿Qué tipo de favor?
- Ya sabes. Mira esta es la dirección del telo. Nos vemos allí en una hora.
- ¿Estás loco?
- ¿Quieres trabajar aquí o no?
- Sí, pero...
- Bueno, tú ve.
- Está bien.

18:30
Estoy en el parque frente al telo. Ya lo conozco porque aquí vine con otro pata hace como tres semanas. Me cachó bien rico. Ah, soy pasivo, por si acaso.
El vigilante llega y me saluda.
- ¿Vamos?
- OK.

18:45
Entramos al cuarto. Me siento como las chicas que deben acostarse con sus futuros jefes para tener una chamba, pero éste no será mi futuro jefe ni a palos, yo no soy una chica, y, seamos claros, el pata es tan cuerpón que no desaprovecharía la oportunidad de probarle la cuestión, y sentirla dentro.
El vigilante se quita la ropa y se queda en un calzoncillo tipo suspensor. El desgraciado tiene ¡un cuerpazo de campeonato!
Me quito la ropa hasta quedarme en boxer.
- Tienes el culo paradito. Lástima que el pantalóm no te haga lucirlo.
- Gracias. Tú tienes un cuerpo espectacular.
- Y ´´esta es pa'culear.
Se agarra el paquete, se acerca a mi, y comienza a besarme.
Alucinen ser abrazado y besado por un agarradazo, que, además, tenía un tatuaje étnico en el brazo izquierdo. Besa de la puta madre, y su barba en mi cuello me excita al máximo.
Ya en la cama, nos revolcamos, y me pide que le saque el calzoncillo.
Lo hago, y debajo tiene una dura verga de... ¿13 cm?
Bueno, tranquilidad, no todo es perfecto. Además veamos el ángulo positivo: no me dolerá mucho.
Lo que sí tiene huevos grandes, y haciendo juego con su cuerpo lampiño, están rasurados al igual que su vello púbico.
- Ahora te lo sacaré a ti.
Me quita el boxer, y salta mi verga dura de... 19 cm, gruesa y venuda.
- ¡Mierda, eres mazón!
- No, soy católico.
- No... la tienes grandota.
- Bueno sí.
¿Y así eres pasivo?
- Bueno sí. ¿Por qué?
- Con esto entre mis piernas, rompería culos.
- ¿Como cuáles?
- Como... ¿el mío?
- ¿El tuyo? ¿No eres activo?
- Sí, pero... con ésto... ¡puta!
Sus manos comenzaron a acariciarme mis grandes huevos y mi pene. Comenzó a masturbarme.
Cuando menos me di cuenta, me la estaba chupando. es la primera vez que siento una deliciosa sensación en años, desde que me di cuenta que soy gay.
A los diez minutos, me puso un condón, y comenzó a sentarse de a poquitos. Mi verga penetraba en su estrecho culo.
Le tomó un par de minutos enterrársela toda. De allí comenzó a cabalgar. Alucinen: un pata de 80 kg cabalgándome a mi, que sólo peso 70.
Sus enormes nalgas parecen estrujar mi miembro, pero no me quedo atrás y acaricio su marcada y firme anatomía, incluyendo su pene que comienza a perder dureza.
Cambiamos de posición, a un piernas al hombro luego de un acrobático volantín. Cojo sus masivas y duras piernas, mientras él comienza a gemir, cosa que me arrecha un montón.
Probamos la pose del perrito. aquí sí me siento a gusto porque puedo controlarlo todo. Lo comienzo a nalguear, y a hacer chocar mi cadera contra sus dos grandes globos traseros.
Cada vez voy agarrando más velocidad y a irme fuera de mi. Es un placer alucinante.
El pata comienza a quejarse... de dolor, supongo.
Me sigo cimbrando, como un gran bailarín afro -¿será que soy algo afro?- y mi placer se acrecienta.
Llego al tope, y finalmente tengo mi orgasmo.
A pesar que siento que ya no boto semen, mi pene sigue duro.
Al sacarlo, me doy cuenta que he botado un montón de fluído, tanto que, al sacarme el condón, éste ocupa más o menos la mitad.
Me quedo descansando un rato más.
- ¿Qué tal
- De la puta madre. ¿Y eres pasivo?
- No sé.
- Parece que no. ¿Y cómo te diste cuenta?
- ¿De que te gusta la nota? Cuando estabas esperando allá afuera, pasó un pata, te vio por el polarizado, y me dijo simplemente que le entrabas.
- Entonces, decidiste ganarte.
- Si, pero mi idea era cacharte, no al revés.
- Y me gustaría hacerlo de nuevo.
- ¡Mierda, ya te gustó! No, loco, me duele el culo como mierda. Pero, habrá otras oportunidades.

20:45
Nos bañamos y dejamos el telo. Como tiene moto lineal, me jala, y durante todo el trayecto hasta mi casa, mi pene duro estuvo rozándole sus grandes nachas.

CONCLUSIÓN
Hubo dos oportunidades más. Claro, ingresé a la empresa. El pata que supuestamente me delató hasta ahora no lo conozco, así que sospecho que este vigilante se ha ganado conmigo en otra parte.
Como dije, hubo dos oportunidades más. La última se frustró porque su esposa lo llamó ya que su hijita estaba enferma.
En lo que a mi respecta, bueno, definitivamente, pasivo no soy, sino un contento moderno. Y cuando quieras, te doy a probar mi grueso falo. No te arrepentirás. No es floro.

Recopilado y preparado por SOT para Hunks of Piura. ©2012.
Cuéntanos tus experiencias con policías, vigilantes o serenos: hunks.piura@gmail.com