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viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


miércoles, 10 de agosto de 2022

Ser Rafael 1.2: Su mano dentro de mi calzoncillo


“¿Vienes seguido?”.

“No. Una vez a las quinientas”. ¿Y tú?”

“Una vez al mes, o a los dos meses”, me dijo sin vacilar.

“O sea, medio caserito”, me sonreí en la oscuridad.

“Ni tanto”.

En la pantalla, T.T.Boyd probaba todas las poses que podía entre indistintos gemidos suyos y de la rubia, hasta que la acostó boca arriba, ubicó su falo sobre los enormes senos de la modelo, se masturbó y eyaculó fuerte y profusamente dando un rugido.

“¿Te estabas pajeando, no?”

La pregunta de Juan me sacó de cuadro, otra vez.

“¿Cómo?”

“Cuando vine del baño, me di cuenta que te estabas pajeando”.

Yo dudé qué decir. O sea, ni en mi casa había pasado por eso, y ahora tenía que rendir cuentas a un extraño, quien encima parecía tener ojos de gato.

“Como las huevas, Paúl… Todo el mundo aquí busca sexo”.

Traté de mirarlo en la oscuridad. Apenas distinguí un perfil, cabello corto, camiseta, jeans. Por el pasillo del fondo, sombras que pasaban y repasaban.

Me lo tomé con calma.

En el fondo, Juan tenía razón: todo el mundo que viene al cine triple X busca sexo. Quien no se está masturbando en las butacas, deja que lo masturben y hasta que le den sexo oral; en los baños, la gente practica el coito a vista y paciencia de quien sea. Con

suerte puedes unirte a la acción; o si no algo más conservador como mostrar tu pene erecto en el urinario a quien venga.

“Oye… Juan…. Tú… ¿también buscas sexo?”

“Sí”.

“¿Y qué… qué tipo de sexo?”

“sexo tranqui”.

“¿Tranqui?”

“Sí, tranqui. Lo normal”.

Regresé a ver la acción en la pantalla. Un pata con pinta de universitario musculoso besaba y desnudaba a una morena. Nuevamente, sentí cómo la sangre fluía a los cuerpos cavernosos de mi miembro.

La erección fue patente en menos de un minuto.

Suspiré un poco.

“¿Qué pasó”, me preguntó Juan.

“Nada. Creo que… se me paró”.

“Alucina”.

No transcurrieron ni diez segundos, cuando sentí que una mano subducía mi antebrazo. Recogí toda mi extremidad por detrás del asiento. Muy poco después, sentí unos dedos sobre mi muslo, hasta llegar a mi pubis. Los dedos se hicieron palma. La palma comenzó a masajearme la erección por encima del short. Respiré rítmicamente, como cuando alzas pesas en el gimnasio. La mano se deslizó hasta el elástico de mi short. Y lentamente se metió dentro de él. Fue cuando Juan me acarició el bulto duro sobre el calzoncillo. Otro minuto más, y por fin sentí la suave palma haciendo contacto directo con ‘mi amigo de toda la vida’, congestionado al máximo por la irrigación vascular.

“Parece grueso”, me dijo.

“Es grueso”, le respondí.

Lo miré. Pude percibir que me miró en la oscuridad.

No era ni las nueve de la noche.

    

domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

SOT-2013-012: Pedro regresa

Escrito por SOT

 

9MAR2013

22:05

Recibimos órdenes de iniciar un operativo preventivo en las calles de Piura. Yo haré pareja con uno de mis colegas, a quien conozco porque solemos jugar pelota los fines de semana. Tiene unos 28 años, pero es de contextura normal, trigueño.

 

23:14

Llegamos a un hostal. Lo que buscamos es prevenir la práctica del meretricio con menores de edad, que es ilegal, así como verificar que las condiciones de salubridad sean las adecuadas.

Entramos de improviso. El dueño nos jura que allí todo está en orden, y me saca sus papeles.

Mi compañero ya ha subido a las habitaciones a verificarlas una por una.

Los papeles del dueño, efectivamente, parecen no tener problema. Cuando creo que la intervención ha finalizado allí, mi compañero me llama al celular. “Indocumentados”, me dice.

 

23:26

Subo al tercer piso. En una habitación, mi compañero tiene a dos varones desnudos. Logro ver al primero. Es un abogado que siempre encuentro en la corte, y con el que tuve una aventura hace unas semanas, cuando regresé a Piura, y que se los conté por aquí.

Entro al dormitorio para ver al otro… ¡es Pedro!

Pedro fue el muchacho que me sacó de la selva, allá en Cusco, quien viajó conmigo, y me llevó hasta Lima.

Cuando le menciono a mi compañero sobre la identidad del abogado, decide dejarlo ir.  El abogado se viste, me mira como agradeciendo y sale a toda prisa. Mas tarde, me enviará un mensaje dándome a entender que guarde el secreto.

Trato de abogar por Pedro, pero mi compañero se resiste: “Puedes conocerlo, huevón; pero si los jefes saben que no atrapamos a nadie, nos cagan”.

El muchacho está ahí, sin ropa, acostado sobre la cama, luciendo toda su musculatura bien trabajada, como si nada le importara.

 

10mar2013

00:06

Trasladamos a Pedro a la comisaría. Juzgo que no es el momento para hablar con él, porque puedo empeorar su situación. Sin embargo, consigo que no lo internen con los otros detenidos, sino en un espacio algo más cómodo, dentro de la incomodidad de la comisaría.

 

00:18

Por fin consigo hablar con Pedro.

“Como te dije, quería ir a Máncora. Pero el negocio está cayendo. Fin del verano”, me cuenta. Además me dice que estuvo buscándome por Piura durante una semana, pero que no dio conmigo, y, como se le estaba acabando la plata, comenzó a buscar clientes en discotecas. Así se pudo mantener.

“Yo tampoco tengo casa acá. Estoy viviendo en la Jefatura”, le digo.

“Incluso estoy tirando con el instructor de mi gimnasio, para que no me lo cobre”, me cuenta.

Salgo y le traigo una botella con agua. Me lo agradece.

Prometo verlo dentro de un rato, y le digo que se sienta seguro en esa habitación.

 

02:10

Luego de hacer el papeleo de la intervención, regreso a ver a Pedro. Miro a ambos costados, y abro la puerta con cuidado de no hacer ruido. Adentro escucho gemidos, y me digo a mí mismo que espero que Pedro no se esté masturbando allí dentro.

Cuando consigo abrir la puerta, me quedo sorprendido.

En el escritorio del fondo, Pedro está completamente desnudo, apoyado sobre este mueble. Detrás, mi compañero lo penetra, también completamente desnudo. Pedro mueve su trasero con destreza. En realidad, quien gime es mi compañero.

Cierro la puerta de inmediato, lo que llama la atención de ambos. Pedro se asusta un poco, pero mi compañero me mira, sonríe, y me hace una seña para que me acerque.

Sólo atino a coger una silla, ponerla a cierta distancia y a ver la escena.

Entonces Pedro se separa un poco de mi compañero, me da la espalda y se acuesta boca arriba sobre el escritorio, de tal modo que mi compañero lo vuelve a penetrar. Mi compañero no será musculoso, pero se maneja un pene grande. Quizás 20 cm.

Mi compañero agarra a Pedro de sus amplias y marcadas piernas y lo bombea con fuerza. El bombeo hace que las dos pieles chasqueen rítmicamente.

Por un momento, mi pene se pone rígido. Sólo me lo acaricio, pero no lo saco, como podría ser costumbre.

De pronto, mi compañero arquea su cuerpo hacia atrás y gruñe con rapidez. Se queda moviéndose un poco más hasta que saca su pene ya flácido, se quita el condón, se pone su ropa y se va sin despedirse.

 

05:10

Acompaño a Pedro a que tome su ómnibus a Máncora. Le doy referencias de unos amigos que tengo allá para que lo ubiquen en un lugar seguro. Verifico que tiene sus documentos a mano.

“¿Por qué no me cachaste?”, me pregunta confidencialmente.

“Porque no tenía ganas”, le respondo. “¿Por qué cachaste con mi compañero?”

“Fue negocio”, me dice. “Mi libertad a cambio de que botara su leche”.

“Yo no te hubiera hecho o pedido eso”, le replico.

Pedro se queda en silencio, viéndome a los ojos.

Se anuncia la salida.

Lo despido con un abrazo.

Me siento raro.

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Contacta a SOT:: hunks.piura@gmail.com

jueves, 21 de febrero de 2013

SOT-2013-008: Noche serena

Hunks of Piura

Recopilado por: SOT

 

13FEB2013

21:03

Esta es mi primera semana en el Serenazgo. Conseguí el trabajo gracias a un amigo que se retiró, aunque no supo explicarme por qué.

Tengo 26 años, mido más de metro 70, soy agarradazo, trigueño, pelo corto. Estuve trabajando un tiempo como vigilante, pero el salario era poco y esporádico.

Recibimos una llamada de un vecindario donde hay unos fumones que están obligando a que la gente se encierre temprano en su casa, y con este calor de verano, eso es una tortura.

 

22:14

Voy en una de las camionetas con uno de mis compañeros. Se trata de un sereno, ya de 32 años, casado, y también tan agarrado como yo.

Llegamos al sitio de la denuncia. Aparentemente la calle está vacía.

Mi compañero estaciona la camioneta junto a una pared, y me advierte que esté alerta, que él hará una ronda. Me ofrezco a acompañarlo, pero él se niega, y me recomienda que si necesito ayuda, que lo llame al rpm.

 

22:32

Hace algo de calor en la camioneta, y me incomoda estar solo largo tiempo. De vez en cuando aparecen unos vagos, que miran de reojo a donde estoy yo, y regresan.

Abro la puerta, y bajo para orinar. No hay nadie en la calle. De pronto, escucho unos gemidos y unos jadeos.

Me deslizo lentamente por la pared, y me topo con la ventana de una casa sin construir. Me asomo con cuidado.

Veo cuatro siluetas: tres de pie, una agachada. De las tres siluetas de pie, una está justo detrás de la persona agachada, a la que agarra por las caderas, mientras mueve la suya como bombeando. De ahí vienen los gemidos y jadeos. Si no me equivoco, está teniendo relaciones anales.

Afinando más mi vista, confirmo que la silueta que está detrás de la persona agachada tiene los pantalones abajo, igual los de la silueta agachada.

Las otras dos siluetas parecen estarse masturbando. Una de ellas se coloca frente a la cabeza de la persona agachada: “Mámala”. Logro ver un gran miembro. Poco a poco, los pantalones de esta tercera silueta se van deslizando.

En medio de la adrenalina, mi pene se pone duro bajo mi apretado pantalón de drill. Y sucede algo impensado: mi celular vibra.

Tal como avancé, regreso sigilosamente a la camioneta. Veo la llamada: es la central.

Tras darles un reporte falso, diciendo que estamos rondando, me quedo inmóvil en la camioneta. Mi pene vuelve a erectarse recordando esa imagen. Los patas de pie eran vagos, evidentemente. ¿Y el agachado? ¿Dónde está mi compañero?

Me bajo el cierre, me saco mi miembro y comienzo a corrérmelo.

 

23:28

Mi compañero regresa. “Ya todo está bajo control. No joderán más”, me dice.

Le pregunto qué hizo, pero me dice que tranquilo, que fue a convencerlos de que no se metan en problemas.

 

14FEB2013

05:02

Saliendo del turno, voy a tomar una ducha. Estoy desvistiéndome cuando entra mi compañero. Al darme la espalda, noto una mancha rara en la parte posterior de su pierna derecha.

Le pido que se acerque para verla mejor. Es blanquecina y está algo seca y dura. No recuerdo haber visto esa mancha cuando comenzamos el turno.

Me dice que me deje de huevadas, pero si algo aprendí en mi trabajo de vigilante es a tener mucha memoria visual.

 

16FEB2013

23:15

Regresamos al mismo punto de la noche cuando recibimos la llamada de emergencia. Del mismo modo, mi compañero se baja y me hace las mismas recomendaciones.

Decido esperar en la camioneta. Entonces, alguien me golpea el vidrio. Es un chico, como de mi edad, algo delgado, y con una cara que revela que es medio amaneradito. Abro la puerta y bajo del vehículo. Sus primeras palabras confirman mis sospechas.

“¿Tú eres el amigo del otro sereno, cierto?”. Se lo confirmo, y le pregunto por qué. “¿sabías que tu amigo mantiene tranquilos a los vaguitos, dándoles lo que ellos realmente quieren?”

No entiendo lo que trata de decir, y le pido que me explique mejor. “Tu amigo mantiene controlados a los vaguitos dándoles el culo. Vamos a ver, si quieres”.

Sigo al chico por otro lado, de forma sigilosa. Me hace un gesto de silencio. Esta vez, estamos a escasos metros de los cuatro: tres de pie, uno agachado, y de los tres, uno que mece su cadera en el trasero del agachado.

“El que está agachado es tu amigo”, me dice el chico amanerado, casi al oído. “Yo quiero denunciar esto, porque no puede ser que mientras nos cagamos de miedo en nuestras jatos, ese huevón viene para que se lo cachen”.

Estimo mucho a mi compañero. Él fue quien me pasó la voz del trabajo. ¿Cómo puedo evitar que lo denuncien?

Entonces, siento una mano sobre mi pene semierecto.

“Dame tu pinga, y me olvido de la denuncia”, me dice.

Sin dejar de ver a las siluetas, dejo que el chico me baje el cierre y comience a hacerme sexo oral.

Tras varios minutos, me pone un condón, y siento que me arrima su trasero a mi pene erecto. “Métemela”, me dice.

En segundos, mi falo se hunde en su ano. Me desabrocho mi pantalón, me bajo un poco mi boxer, y, agarrándolo de las caderas, lo bombeo.

Eyaculo en unos minutos más.

 

17FEB2013

05:06

Terminado el turno, vamos a bañarnos. Estoy desconcertado. Mi compañero se acerca: “¿Qué te pareció el turno?” no sé qué responderle. “¿Y esa mancha?” aproxima su mano a mi cierre. Efectivamente: la misma mancha blanca y seca. “Ahora ya conoces el secreto”, me dice.

 

05:42

Mi compañero y yo nos vamos a un hostal en Ignacio Merino. Entramos a la habitación, nos quitamos la ropa, y nos vamos directo a la ducha.

Allí, él me da la espalda, y hace que lo penetre por el ano, bajo el agua de la ducha.

Tras eyacular, nos vamos a descansar. Antes de quedarnos dormidos, de nuevo me acuesto encima suyo y tengo relaciones. Yo soy el activo. Él parece gozar, porque escucho los mismos gemidos que oí en la casa abandonada.

 

12:02

Despierto en la habitación del hostal.

“¿Un cebichito?”, me dice mi compañero. Acepto.

Antes de salir, nos bañamos de nuevo y tengo sexo con él por tercera vez.

“De ahora en adelante, vamos a ser más cuidadosos, y a no dejar que nos dejen manchas en el uniforme, en la ropa, ni en nada”, me advierte.

 

©2013 Hunks of Piura Entertainment. Contacta al autor:  hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.