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sábado, 5 de marzo de 2016

La Agencia (12)

Por Hunk01

Por Hunk01

ese nuevo fin de semana, Rodrigo, Santiago y su productor fueron a Colán. Andrés los condujo.

A diferencia de los dos fines de semana previos, esta vez fueron a una casa de playa que santiago había conseguido. (“Es un lugar donde grabé una porno para una distribuidora colombiana”, contó el fortachón durante el camino). La casa tenía dos habitaciones, una sala amplia y todos los servicios. A Andrés le dieron una de las habitaciones, aunque Rodrigo le encargó algunas cosas. Los otros tres fueron a la que tenía la cama más grande.

Andrés se quitó la ropa y decidió descansar, pues sabía que el trabajo fuerte vendría toda la noche y toda la madrugada, pero no podía quejarse: las propinas eran buenas.

 No había transcurrido ni diez minutos, cuando tocaron su puerta. Reconoció la voz y, sin cubrirse, abrió a confianza. Rodrigo entró, desnudo, con el pene semierecto. Se sentó en la cama y pidió a Andrés que hiciera lo mismo. Le contó lo que el chofer ya suponía: en la otra habitación, santiago, el productor y él estaban desnudos, iniciando un trío, hasta que el productor preguntó si acaso andrés era de confianza, a lo que Rodrigo asintió; entonces, el productor quiso saber si el chofer le entraba a la vaina para ver si se podía hacer un cuarteto. Rodrigo fue franco y abierto con Andrés, pero también consciente.

-          Si no quieres, no pasa nada. Total, todo esto lo pago yo, y tú te has portado de la reconchasumadre conmigo; entonces, tú elige.

-           Jov… digo, Rodrigo, yo siempre he cachado con jermas. Tú me viste la vez pasada. Además, capaz ese negro me la va a querer meter.

Rodrigo sonrió.

-           Nuestro objetivo es el productor. Me quiere botar de la novela, así que si no hago este sacrificio, es posible que deje de ser tu cliente.

Andrés lo pensó unos segundos.

-           Pero, ¿cachar con patas es igual que cachar con jermas?

-           Yo creo que sí, Andrés. Igual se te para, la metes, te vienes y ya. La diferencia es que no los embarazas.

-           ¿Rodrigo, ¿y el SIDA?

-           Pa’eso usamos condones, pe, huevón. Tenemos como mierda, especialmente pa tu talla.

-           ¿Pa’ mi talla?

Rodrigo rió y tomó el pene de Andrés en sus manos. Andrés sonrió nerviosamente.

-           Pero, Rodrigo. Jamás he estado con un pata. ¿Qué me aconsejas?

-           solo alucina que es una jerma. La diferencia es que, en vez de chucha, te rozarás con una pinga.

-           ¿No es incómodo eso?

-           Al inicio es extraño, pero luego te dejas llevar y es como masturbarse mutuamente, sin usar la mano.

-           ¿Y si las cago? ¿Tú ya has cachado con patas?

-           Recién. También estoy aprendiendo.

-           ¿Y qué has aprendido hasta ahora? O sea, ¿puedes enseñarme?

-           ¿Teoría o práctica?

-           Mmmmm… No sé. ¿Práctica?

Rodrigo rió. Se acercó a Andrés y comenzó a besarle las mejillas y el cuello mientras le acariciaba los brazos y el pecho. Sintió las tetillas del chofer duritas, y fue cuando comenzó a insinuar un beso en la boca, entrelazó sus labios. Mientras se acostaban juntos, sus lenguas ya estaban explorando el interior de sus bocas. Finalmente, el chofer se acostó encima de Rodrigo y comenzó a rozar su pene contra el del actor.

-           Andrés, lo haces perfecto. Me arrechaste. ¿Vamos donde los chicos?

Al entrar al cuarto grande, vieron a Santiago meter y sacar su enorme polla del culo del producttor, quien la recibía en cuatro patas. Rodrigo acercó su pene a la boca del ejecutivo y dejó que se lo chupe. Cuando estuvo erecto, hizo que se lo chupara a Andrés, quien reemplazó a Santiago en el sexo anal. Rodrigo seguía ofreciendo su pene a la boca del productor, mientras el moreno musculoso besaba la espalda y las nalgas de su compañero de cámaras.

Andrés duró diez minutos y fue reemplazado por Rodrigo.

Santiago vio al chofer descansando y se le acercó al oído.

-           ¿Sabes hacer el beso negro?

-           ¿Cómo?

-           Lamer el ojo del culo, pues.

-           No, me da asco.

Santiago sonrió.

-           Entonces, masajéame el culo con tu dedo, pero despacio.

Santiago se agachó un poco ofreciendo sus abultadas nalgas al chofer, se pasó saliva y llevó la temblorosa mano del empleado. Andrés sintió que su pene se llenaba de sangre otra vez hasta erectarse de nuevo. Sin previo aviso, reemplazó el dedo por el pene, mientras Santiago no dejaba de gemir. Entonces, Rodrigo se vació.

Solo salieron para almorzar y cenar. El resto del tiempo lo pasaron en la casa probando todas las formas de agasajar al productor. Incluso Rodrigo y Santiago le metieron sus pingas al mismo tiempo, mientras andrés recibía sexo oral.

Para Andrés, la orgía terminó a la una de la mañana. Se fue a su cuarto a descansar pues al día siguiente tenía que llevarlos seguros a Piura. estaba mareado del trago y asqueado por el olor a marihuana que Rodrigo y el productor no dejaban de pitar. Estaba agarrando sueño, cuando tocaron su puerta. Se levantó a abrir. Era santiago, quien seguía sobrio.

-          ¿Quiere que compre algo?

-           No. Quiero dormir acá, contigo.

-           ¿Por qué?

-           El que va a perder su chamba es Rodrigo. Lo dejé allí que se entienda con el otro pata. ¿Podemos compartir la cama?

-           Normal, joven.

Ambos se acostaron. Apenas pasaron un par de minutos, cuando oyeron gemidos ahogados. Andrés rió disimuladamente.

-           Están clavando de lo lindo.

-           ¿El joven Rodrigo a su jefe?

-           Me imagino. Oír a dos personas cachar así me arrecha. ¿A ti no?

-           Algo.

-           Oe, hoy me rozaste tu verga, pata. La tienes grande. ¿No has pensado en ser actor porno?

-           No, joven. Mucho roche.

Santiago se acostó boca abajo, y exploró el cuerpo de Andrés hasta tocar su pene. De semierecto lo puso duro. Entonces, santiago se lo comenzó a chupar.

-           Acuéstate sobre mí. Rózame el culo con tu verga.

Andrés hizo como le pidieron. Santiago paró las nalgas y el chofer comenzó a cimbrarse.

En medio de la excitación, el glande de Andrés comenzó a entrar en el ano de santiago, y sucedió lo inesperado: la leche del chofer inundaba la entrada del recto del actor.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2016 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares y situaciones es pura coincidencia.

viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


domingo, 17 de julio de 2022

ASS (37): Los ángeles también hacen orgías

el increíble show de sexo en vivo protagonizado por Flavio, Miguel, Alejo y Marcano.

 


Apenas pasada la medianoche, en el escenario de la discoteca, Flavio, con un vaporoso disfraz de ángel comienza

a danzar elegantemente evolucionando en giros. El traje es una ancha túnica con mangas largas y unas alas cuyas plumas son rretazos de liviana tela blanca. A pesar de la holgura, la inercia y la ligereza del material, hace que de todas maneras se pegue a su atlético cuerpo marcándole los pectorales, el abdomen plano o los muslos.

Entonces, del otro lado del escenario, Miguel también sale y comienza a revolotear junto a Flavio. Viste exactamente igual y los bien estudiados movimientos hacen que la tela reaccione del mismo modo marcando su hermoso y simétrico cuerpo. Parecen mariposas en medio de un jardín. Se toman de la mano y así comienzan a danzar suavemente hasta que la música se atenúa.

Entonces, ambos se miran frente a frente, se toman las túnicas, y cuando la música vuelve con energía, se las despojan. Quedan totalmente desnudos, y lo que antes la ropa sugería, ahora sí que no deja lugar a dudas: musculaturas muy bien trabajadas de pies a cabeza y despojadas de cualquier pilosidad para acentuar la estética. Encima, su piel está pintada con un barniz especial que les da un brillo como si fuesen de un frágil material.

Comienzan a besarse en la boca y a acariciarse con mucha intensidad. Giran. Es un espectáculo ver sus cuerpos atléticos y sus hinchados culos, lo mismo que sus penes semierectos. Vuelven a verse frente a frente y a besarse intensamente en la boca, abriéndola todo lo que pueden, dejando que sus lenguas se entrelacen aunque de lejos no se note muy bien. Sus manos tienen el privilegio de acariciar tan espectaculares físicos.

Flavio se arrodilla, toma el pene semierecto de Miguel y lo comienza a chupar. No tarda mucho en ponerlo duro hasta que alcanza sus 18 centímetros. Entonces, la música se detiene. Alejo aparece por el fondo, también disfrazado de ángel. Flavio y Miguel lo miran con cierto temor.

Alejo se les acerca acusándolos con el dedo. Flavio y Miguel se le aproximan pidiéndo indulgencia, lo acarician en el pecho, los brazos y las caderas. Los dos chicos vuelven a besarse en la boca y lo miran como probándole que no están haciendo nada malo.

Vuelven a girar hacia él y con mucha sutileza lo despojan de su túnica, dejándolo completamente desnudo: al descubierto queda un hermoso cuerpo musculoso también pintado con ese extraño brillo, libre de vellos, su pene aún dormido sobre sus grandes bolas.

Flavio y Miguel se arrodillan y toman el pene de Alejo, acariciándolo y comenzando a chuparlo alternadamente. El gran falo del muchacho comienza a desplegarse y ponerse brillante debido a la saliva de sus dos compañeros y el flujo de líquido preseminal conforme crece hasta sus gruesos 18 centímetros. El pre-cum no deja de manar desde el glande.

Están en lo mejor cuando desde el fondo aparece Marcano también vestido como un ángel quien se les acerca y los asusta. Los tres calatos dejan de hacer lo que estaban haciendo pero no cambian sus posiciones. Aunque Marcano parece que no viene a condenarlos. Los mira, sonríe, y sin más preámbulo se quita su túnica.

También se queda totalmente desnudo exponiendo su maravilloso trabajo muscular con volumen y definición que se magnifica gracias a ese brillo corporal mientras su pene más largo, aunque está dormido sobre otro par de enormes bolas, se balancea a medida que se mueve. Alejo, Flavio y Miguel se le acercan y comienzan a acariciarlo.

Poco a poco se besan entre todos. Entonces, Alejo y Marcano se paran firmes uno al lado del otro mientras Flavio se la chupa al primero y Miguel al segundo. Cuando los dos penes están duros del todo, Flavio y Miguel giran y se ponen en cuatro patas para dejar que Alejo y Marcano les coman el culo respectivamente.

Luego de varios minutos de beso negro, Alejo mete su pene al ano de Flavio y Marcano hace lo mismo con sus 21 centímetros de virilidad en el de Miguel. Los dos activos comienzan moviéndose despacio, con mucha delicadeza. Poco a poco van incrementando la fuerza de las acometidas hasta que sus penes pueden verse como pistones activando el motor del erotismo sin culpas ni límites.

El sexo anal se prolonga por casi diez minutos hasta que Alejo y Marcano sacan sus penes y Flavio y Miguel se arrodillan a masturbarlos. Alejo eyacula en la boca de Flavio y Marcano en la boca de Miguel. Los dos pasivos se ponen de pie. Todos se besan en la boca.

Como broche de oro, Miguel va donde Flavio, hace que se arrodille de nuevo y comienza a masturbarse hasta eyacular en la boca de su compañero. Finalmente, Miguel se arrodilla y Flavio se masturba en su boca hasta eyacular dentro de ella. Todos se besan en la boca por última vez, miran al público, hacen una venia y se retiran del escenario. El aplauso es cerrado.

En uno de los privados, el Padre Albertto, quien ha llegado de incógnito, y Pedro también se maravillan ante el espectáculo.

“Tengo la verga durísima”, dice el sacerdote.

“No pensarás que te la chupe aquí mismo”, responde su monaguillo.

“Está oscuro. ¿Quién va a vernos”.

“Mejor vamos a la casa de tu amigo… también estoy arrecho”.

“Me parece buena idea. Igual tenemos que acostarnos ya porque mañana llega el Padre David con ese chico misterioso…”.

Cuando ambos se ponen de pie, Alberto mete su mano al culo de Pedro, que se ha puesto un jean ceñido. Luego se le arrima por detrás y simula cacharlo. Pedro gira y estampa un beso en la boca del cura. Apenas salen del privado al pasillo casi se chocan con un moreno alto y fornido.

“Disculpa”, le dice.

“No, disculpa tú más bien”, contestta el moreno y de pronto abre sus ojazos. “¿Pedrito?”

“¿Tío eli?”, atina a preguntar el muchacho desconcertado.

En la base del escenario, Willy termina de desmontar la cámara de su trípode, lo repliega y camina a un lado donde está enrique.

“¿Qué tal salió?”, consulta el artista.

“Recontra cañón”, contesta el empresario. “Debiste ver cuánto morro se chaqueteaba la verga en el público”.

“Con esto ya tenemos el 90 por ciento de la película; falta el remate”.

“Déjalos descansar. Eso lo grabamos mañana luego que reciba al morro que viene de Lima”.

Willy asiente. Ambos se meten a la oficina para guardar las cosas mientras los modelos de la noche están en la ducha de los camerinos quitándoseel barniz que usaron como maquillaje corporal.

“Puta madre, salió perfecto”, se alegra Flavio.

Yo pensé que no se me iba a parar el huevo”, al fin reacciona Alejo. “Estaba casi lleno de gente”.

“Coño, vale”, reacciona Marcano. “Si yo estaba también cagado de miedo”.

“A mí lo único que me preocupa es que cuando comience a crecerme el vello, va a picarme el cuerpo como mierda”, añade Miguel.

“¿No te hice daño?”, le pregunta Marcano.

“No, pata. Estaba bien dilatado… y arrecho”.

Marcano sonríe:

“Ayúdame con mi culo”, pide a Miguel. “No me sale el barniz”.

Miguel y Alejo se miran.

“Una sola mano no será suficiente”, anuncia el segundo.

Marcano sonríe mientras gira:

“Todos metan su mano”.

Alejo y Miguel comienzan a sobar las nalgas del venezolano. Flavio gira, mira la escena, sonríe, mete sus manos en los culos de sus dos compañeros:

“Guarden energía… más tarde tenemos una orgía”. 

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.

sábado, 20 de febrero de 2021

La hermandad de la luna 1.2

Cuando Carlos está regresando al despacho, Frank sale del mismo.

“¿Firmaste?”

“Claro que sí, tío. ¿Tanto te hice buscar la chamba pa’ quedarte mal?”

Carlos respira con cierto alivio.

“Mas bien”, continúa su sobrino, “medio loco el señor Manolo”.

Carlos carraspea un poco:

“Bueno, sí, a veces nos gasta cada broma pesada. Mas bien, discúlpalo”.

“Así son todos los militares, tío. A mí no me llama la atención”.

“Pensé que iba a obligarte a quedarte calato frente a nosotros”.

Frank se toma varios segundos.

“¿Sabes qué, tío? Si era por tener la chamba, sí lo hubiese hecho. Como que no hay mucho para elegir ahora porque en todos lados están los venezolanos”.

“¿en serio lo hubieses hecho?”

“Sí; además son solo tres meses, ¿no? Tengo hasta fines de setiembre para encontrar otra chamba, o si no, me voy de Collique”.

“Pensé que ibas a quedarte hasta marzo, cuando acabe la temporada de mangos”.

“También pensé lo mismo, tío, pero no sé aún”.

Carlos sonríe y despide a su sobrino con un apretón de manos, lo ve montarse en su motocicleta e irse por el camino asfaltado al lado del canal Taymi. El esbelto y espigado Adán, Orejón para los amigos, ojos verdes y cabello castaño bien crespo, ha estado viendo la escena.

“Seguro que él es quien te dijo Oj?”

Carlos sonríe:

“Tú lo viste hablar igual que yo, igual que todos; tú viste que esa noche dejó de ser amarillo y cambió a verde, y tú viste que cuando le preguntamos por Christian se puso azul. Tú viste”.

“Sí, yo vi”, sentencia Adán. “Pero también vi el cielo nublarse cuando Oj se puso verde, y no sabemos si eso es una buena señal”.

“Frank es parte de la estirpe”, replica Carlos.

“Tú eres parte de la estirpe”, interrumpe Adán. “No me queda claro si tu sobrino lo es… no aún”.


 

Por su parte, todavía dentro de la casa grande, Christian toca la puerta del dormitorio de Manolo, el más grande del segundo piso. Espera. Cuando al fin la abren, el dueño de toda la propiedad está desnudo y acabado de bañar, se le acerca y lo abraza, besándolo profundamente en la boca.

“Quién como tú que ya estás fresco”, le dice el recién llegado.

Manolo le sonríe y piensa que Christian, su joven abogado, se ve más sensual sin sus anteojos, que mas bien le dan un aire intelectual.

“Date un duchazo”.

“¿Llegó Tito?”

“Averígualo tú mismo”, incita Manolo.

Christian va a un extremo del dormitorio, resopla, y comienza a desabrochahrse la camisa, quitarse los zapatos, los calcetines, sacarse el apretado jean de tela delgada, su microbóxer, y revelar una anatomía que bien pudo inspirar al David de Bounarotti, con ccada músculo firme y puesto donde debe estar, incluso ése que ahora se luce en su mínima expresión sobre sus grandes testículos y bajo sus pendejos recortados, que destacan en medio de toda su anatomía lampiña. El muchacho desnudo entra al baño, y tras el vidrio que protege la ducha mira a Tito refrescándose. Ese otro hombre, desnudo, luce como un gladiador medio vikingo, apariencia de fisicoculturista, vellos por todas partes, enorme paquete. Tito termina de ducharse, se pasa las enormes manos para sacarse las gotas de agua que tapizan su cuerpo, y abre el vidrio de la ducha:

“Te toca, doctor”.

Christian avanza y cuando va a entrar a la ducha, siente que Tito le da una cariñosa nalgada.

“Durito tu culo, como siempre”.

Christian, entrando a sus treinta, espera que cuando esté a mitad de los cuarenta, como Tito, siga conservando cada músculo firme en su lugar.


 

Cuando sale de darse el duchazo, encuentra a Manolo acostado desnudo sobre Tito, quien usa sus piernas abiertas para meter alguno de sus talones entre la raja de las nalgas, en tanto el dueño de casa acomoda su pene ya erecto intentando conquistar el velludo ano de su compañero, subordinado y amigo. Mientras se abrazan, se dan un beso a todo lo que pueden sus bocas abiertas.

“Ustedes sí que no saben esperar, ¿no?”, sonríe el abogado.

Manolo y Tito se separan sonrientes, y revelan sus largos, gruesos y lubricados falos. El de Christian también comienza a erectarse en tanto avanza hasta el lecho y busca un espacio. Se abraza a Tito y lo besa en la boca mientras Manolo le cubre la espalda. Bueno, en realidad, mientras Manolo le soba su pene duro en esas redondas y firmes corvas. De inmediato Christian gira para darle a Tito el turno del rol que ocupaba a Manolo, quien lo ubica bajo su cuerpo y comienza a besarle el cuello, para irlo recorriendo con sus labios a lo largo del torso hasta llegar al miembro viril, el que lame, emboca y succiona con mucho cuidado y esmero.

“Qué rico se siente”, suspira Christian.

“¿Y crees que tu boca va a estar ociosa?”, interviene Tito.

“¿Qué tienes para mí?”, seduce el abogado.

Tito  se incorpora y como puede se pone de cuclillas sobre la cara de Christian.

“A ver, muéstrame el poder de tu lengua”, invita el peón.

El chico no defrauda. Sopea el ano de Tito y poco a poco lleva esa lengua por el perineo hasta llegar a las bolas del gladiador. No le jode el hecho de que con cada embocada, quizás arranque vellos que se quedan sobre sus papilas. Finalmente, chupa la cabeza del pene semierecto. Para ese momento, Manolo levanta las piernas a Christian y luego de agasajarle los testículos, mete la lengua en el recto, para luego arrodillarse.

“¿Como en las ceremonias a Nii?”, consulta.

“Igualito”, suspira Tito.

Manolo se chaquetea el pene para ponerlo más duro y asegurar lubricación, lo coloca a la entrada del esfínter y comienza a empujar poco a poco, dando tiempo para que ese delicado músculo vaya acostumbrándose. Con paciencia, los dieciocho centímetros rectos logran entrar en esa caliente oquedad. Tito, por su parte, se inclina hasta el pene de Christian de tal manera que ambos hagan un sesenta y nueve. El bombeo de Manolo continúa hasta que Tito decide terminar la fellatio de manera unilateral.

“Me toca a mí”, pide.

Con sumo cuidado, Manolo saca su pene y se sienta sobre el de Christian, lo pone en su propio ano y comienza a meterse diecinueve centímetros de masculinidad; mientras tanto, Tito mete sus veinte centímetros en el ano del abogado. Las cosas continúan así hasta que el más joven siente llegar el orgasmo.

“Las voy a dar”, y dispara su semen dentro del recto de Manolo, contrayendo involuntariamente su hueco y forzando a que Tito le saque su miembro. El dueño de casa se adelanta hasta la cara del primer satisfecho y le mete su pene a la boca.

“Sácame la leche”, le ordena.

Mientras tanto, Tito se arrodilla sobre el vientre de Christian y conecta su verga aún dura al culo de Manolo, quien demora en venirse, pero termina haciéndolo.

“Tómate mi leche”, le dice a Christian.

La contracción del recto termina provocando que Tito dispare la suya dentro de Manolo.

“Lo máximo”, califica el peón.

domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

jueves, 21 de febrero de 2013

SOT-2013-008: Noche serena

Hunks of Piura

Recopilado por: SOT

 

13FEB2013

21:03

Esta es mi primera semana en el Serenazgo. Conseguí el trabajo gracias a un amigo que se retiró, aunque no supo explicarme por qué.

Tengo 26 años, mido más de metro 70, soy agarradazo, trigueño, pelo corto. Estuve trabajando un tiempo como vigilante, pero el salario era poco y esporádico.

Recibimos una llamada de un vecindario donde hay unos fumones que están obligando a que la gente se encierre temprano en su casa, y con este calor de verano, eso es una tortura.

 

22:14

Voy en una de las camionetas con uno de mis compañeros. Se trata de un sereno, ya de 32 años, casado, y también tan agarrado como yo.

Llegamos al sitio de la denuncia. Aparentemente la calle está vacía.

Mi compañero estaciona la camioneta junto a una pared, y me advierte que esté alerta, que él hará una ronda. Me ofrezco a acompañarlo, pero él se niega, y me recomienda que si necesito ayuda, que lo llame al rpm.

 

22:32

Hace algo de calor en la camioneta, y me incomoda estar solo largo tiempo. De vez en cuando aparecen unos vagos, que miran de reojo a donde estoy yo, y regresan.

Abro la puerta, y bajo para orinar. No hay nadie en la calle. De pronto, escucho unos gemidos y unos jadeos.

Me deslizo lentamente por la pared, y me topo con la ventana de una casa sin construir. Me asomo con cuidado.

Veo cuatro siluetas: tres de pie, una agachada. De las tres siluetas de pie, una está justo detrás de la persona agachada, a la que agarra por las caderas, mientras mueve la suya como bombeando. De ahí vienen los gemidos y jadeos. Si no me equivoco, está teniendo relaciones anales.

Afinando más mi vista, confirmo que la silueta que está detrás de la persona agachada tiene los pantalones abajo, igual los de la silueta agachada.

Las otras dos siluetas parecen estarse masturbando. Una de ellas se coloca frente a la cabeza de la persona agachada: “Mámala”. Logro ver un gran miembro. Poco a poco, los pantalones de esta tercera silueta se van deslizando.

En medio de la adrenalina, mi pene se pone duro bajo mi apretado pantalón de drill. Y sucede algo impensado: mi celular vibra.

Tal como avancé, regreso sigilosamente a la camioneta. Veo la llamada: es la central.

Tras darles un reporte falso, diciendo que estamos rondando, me quedo inmóvil en la camioneta. Mi pene vuelve a erectarse recordando esa imagen. Los patas de pie eran vagos, evidentemente. ¿Y el agachado? ¿Dónde está mi compañero?

Me bajo el cierre, me saco mi miembro y comienzo a corrérmelo.

 

23:28

Mi compañero regresa. “Ya todo está bajo control. No joderán más”, me dice.

Le pregunto qué hizo, pero me dice que tranquilo, que fue a convencerlos de que no se metan en problemas.

 

14FEB2013

05:02

Saliendo del turno, voy a tomar una ducha. Estoy desvistiéndome cuando entra mi compañero. Al darme la espalda, noto una mancha rara en la parte posterior de su pierna derecha.

Le pido que se acerque para verla mejor. Es blanquecina y está algo seca y dura. No recuerdo haber visto esa mancha cuando comenzamos el turno.

Me dice que me deje de huevadas, pero si algo aprendí en mi trabajo de vigilante es a tener mucha memoria visual.

 

16FEB2013

23:15

Regresamos al mismo punto de la noche cuando recibimos la llamada de emergencia. Del mismo modo, mi compañero se baja y me hace las mismas recomendaciones.

Decido esperar en la camioneta. Entonces, alguien me golpea el vidrio. Es un chico, como de mi edad, algo delgado, y con una cara que revela que es medio amaneradito. Abro la puerta y bajo del vehículo. Sus primeras palabras confirman mis sospechas.

“¿Tú eres el amigo del otro sereno, cierto?”. Se lo confirmo, y le pregunto por qué. “¿sabías que tu amigo mantiene tranquilos a los vaguitos, dándoles lo que ellos realmente quieren?”

No entiendo lo que trata de decir, y le pido que me explique mejor. “Tu amigo mantiene controlados a los vaguitos dándoles el culo. Vamos a ver, si quieres”.

Sigo al chico por otro lado, de forma sigilosa. Me hace un gesto de silencio. Esta vez, estamos a escasos metros de los cuatro: tres de pie, uno agachado, y de los tres, uno que mece su cadera en el trasero del agachado.

“El que está agachado es tu amigo”, me dice el chico amanerado, casi al oído. “Yo quiero denunciar esto, porque no puede ser que mientras nos cagamos de miedo en nuestras jatos, ese huevón viene para que se lo cachen”.

Estimo mucho a mi compañero. Él fue quien me pasó la voz del trabajo. ¿Cómo puedo evitar que lo denuncien?

Entonces, siento una mano sobre mi pene semierecto.

“Dame tu pinga, y me olvido de la denuncia”, me dice.

Sin dejar de ver a las siluetas, dejo que el chico me baje el cierre y comience a hacerme sexo oral.

Tras varios minutos, me pone un condón, y siento que me arrima su trasero a mi pene erecto. “Métemela”, me dice.

En segundos, mi falo se hunde en su ano. Me desabrocho mi pantalón, me bajo un poco mi boxer, y, agarrándolo de las caderas, lo bombeo.

Eyaculo en unos minutos más.

 

17FEB2013

05:06

Terminado el turno, vamos a bañarnos. Estoy desconcertado. Mi compañero se acerca: “¿Qué te pareció el turno?” no sé qué responderle. “¿Y esa mancha?” aproxima su mano a mi cierre. Efectivamente: la misma mancha blanca y seca. “Ahora ya conoces el secreto”, me dice.

 

05:42

Mi compañero y yo nos vamos a un hostal en Ignacio Merino. Entramos a la habitación, nos quitamos la ropa, y nos vamos directo a la ducha.

Allí, él me da la espalda, y hace que lo penetre por el ano, bajo el agua de la ducha.

Tras eyacular, nos vamos a descansar. Antes de quedarnos dormidos, de nuevo me acuesto encima suyo y tengo relaciones. Yo soy el activo. Él parece gozar, porque escucho los mismos gemidos que oí en la casa abandonada.

 

12:02

Despierto en la habitación del hostal.

“¿Un cebichito?”, me dice mi compañero. Acepto.

Antes de salir, nos bañamos de nuevo y tengo sexo con él por tercera vez.

“De ahora en adelante, vamos a ser más cuidadosos, y a no dejar que nos dejen manchas en el uniforme, en la ropa, ni en nada”, me advierte.

 

©2013 Hunks of Piura Entertainment. Contacta al autor:  hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

sábado, 31 de diciembre de 2022

ASS (59): el ‘remember’ de Damián y Sandro

A veces, los policías obtienen información sensible de la forma más inesperada; por ejemplo, tras hacer el amor.



A las 11 de la mañana, bajo el inclemente sol de San Sebastián, Sandro llega a su pensión montado en su bicicleta. Luce un gorro, lentes de sol, camiseta, malla y zapatillas. Se le aprecia en forma. Al aproximarse a la vereda, nota a alguien que mira hacia ambos lados de la pista; su figura le es familiar.

“¡Damiancito! ¡Dichosos los ojos!”

El policía reacciona y sonríe:

“¡Hola Sandrito! ¿Llegando de entrenar?”

“Más o menos… ¡¿y qué milagro tú sin tu moto?”

“Le está fallando el carburador y tuve que dejarla en el mecánico… estoy esperando mototaxi”.

“Ah, entonces estás ocupado”.

“No mucho, ¿por qué?”

Los dos varones suben las escaleras de la pensión.

“Bienvenido a tu primer hogar en San Sebastián”, adula Sandro.

“No ha cambiado mucho, quizás la pintura”, comenta Damián de manera aparentemente despreocupada.

Ambos suben las escaleras y entran al cuarto de Sandro.

“Mucho calor, ¿cierto?”, seduce el anfitrión.

“Si pretendes que me meta a la ducha contigo… la respuesta es sí”.

Sandro sonríe. No espera mucho tiempo y comienza a desnudarse por completo.

“No te pones calzón, ¿ah, vagabunda?”, bromea Damián al ver a sandro sacarse la malla bajo la que carece de ropa interior.

“Si pudiera andar calato sintiendo el asiento en la raja de mi culo, créeme que lo haría”.

Damián también se quita la ropa y se abraza con Sandro. Ambos se besan apasionadamente.

“¿Quién te chapa mejor: ella o yo?”

“ya, Sandrito, no comiences; ¿vamos a ducharnos?”

La pasión continúa bajo el agua. Damián no deja de acariciar las nalgas duras de su amante; mete su mano entre ellas. Logra introducir su dedo medio dentro del ano del ciclista.

“Vamos rápido, mi amor”, sonríe Sandro.

“Quiero meterte mi pinga como lo hacíamos antes”.

Sobre la cama, Sandro se acuesta boca abajo y levanta el culo. Damián se pone el condón, le abre las piernas, le zampa poco a poco su pene erecto.

“Ay, bebe. Despacio”.

Damián se acuesta encima y comienza a bombearle el ano con firmeza. Ambos gimen y jadean sinparar. No cambian de posición. Comienzan a sudar copiosamente.

“Ah, mierda. Me vengo”.

“Dame tu leche, mi amor. Así, dame tu leche, papi”.

Damián se incorpora, se saca el condón:

“Voltéate”.

Sandro gira

Damián casi ahorca a Sandro con sus piernas, le pone el pene en la boca:

“Chupa, mierda”.

En realidad, Damián bombea la boca de Sandro hasta que eyacula:

“Mierda,carajo… ¡la puta!”

Sandro se traga el semen. Damián se acuesta al lado aún desnudo.

“qué rico”, reacciona Sandro.

“No importa cuánto tiempo pase, siempre es un deleite cacharte ese culo”, replica Damián.

“Pero desde que te fuiste de aquí, parece que ya no tienes tiempo para mí”.

“Ese trabajo con la Fiscalía quita tiempo; encima mi señora, mi chibolo. Ya no es igual. Hasta me estoy poniendo panzón, carajo”.

“Pero sigues siendo lindo para mí”.

Damián sonríe, se incorpora y le clava un besito en los labios a Sandro.

“Gracias… Oí por ahí que vas a postular por San Sebastián”.

“Me invitaron. No pude resistir. Si me eligen, te llamo como mi seguridad personal. O mejor, como mi jefe de Seguridad Ciudadana”.

Damián sonríe:

“Con seguir siendo tu cacherazo me conformo”.

“¿y no estás cachando con nadie más? Pensé que tú y Paco… ya sabes… “

“¿Por ese trío que hicimos contigo? Bueno. No te negaré que caché con Paco una vez más, pero me jode que sangre como mierda. Tuve que lavar toda una ropa de cama una vez que lo hicimos”.

“Igual yo. Lástima lo que le pasó. Eso de irse a cachar en el campo, encima en la parcela de ese huevón de Julio”.

“¿Cómo sabes eso?”

“Ay, Dami. No me digas que no lo sabes siendo policía”.

“No. Fue un accidente, según entiendo, pero esos detalles, ni enterado. ¿Paco te dijo algo antes de eso?”

“No… digamos que… hay fuentes, señor poli”.

Damián sonríe otra vez, gira hacia Sandro, se acuesta encima suyo y lo besa de nuevo en la boca:

“quiero cacharte de nuevo… a pelo”

“¿estás sanito?”

“Totalmente. ¿Tú?”

“No sé. No me hice la prueba”.

Damián sonríe otra vez. Lo besa de nuevo apasionadamente en la boca para luego estimular el cuello, luego las tetillas. Toma el pene semierecto de Sandro, se lo mete a la boca y comienza a chuparlo diligentemente mientras con uno de sus dedos le masajea el orificio del ano.

“Ah, ah, Damiancito. Así, chúpamela rico, papi”.

El policía sigue haciendo lo que le piden por largo rato.

“Las voy a dar”, avisa Sandro.

Damián deja de mamar el pene, lo masturba y hace que toda la leche se dispare sobre el abdomen de su amigo.

“Ambos necesitamos otra ducha, creo”, sonríe el invitado.

Tras asearse de nuevo, Damián baja solo hacia la calle otra vez, toma sucelular y marca. Le contestan:

“Tiene que ser esta noche sí o sí. Este huevón sabe más de lo que dice…”

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.  | Tuitéanos ahora

  

sábado, 19 de febrero de 2022

proyecto Lujuria 5.2: Sexo gay real sobre el escenario


Más de ochocientos kilómetros al sur, en Miraflores, Lima, Evandro y Alexis están en el teatro revisando el escenario para ver si se requieren ajustes en el decorado, las luces, la tramoya.

“¿Cómo te diste cuenta, huevón?”

“No jodas, Evan. El chamo está solo aquí, siente nostalgia, de pronto le das la mano, te vuelves su amigo, le das trabajo, le consigues el papel en el montaje, le consigues hogar, compartes sus ratos de melancolía. ¿Te das cuenta que ha pasado a depender emotivamente de ti?”

“No sé si halagarme o preocuparme, Alex. Me parece que le crucé los chicotes esa noche”.

“Lo que sí, eres un arrecho de mierda. ¿Qué habrías hecho si alguien los descubría? Y no me vengas con que ya era muy tarde, que nadie iba a entrar, que ya lo habías calculado. ¿Te has puesto a pensar en la reacción de Laura?”

“Me botaría del edificio con todas mis cosas y sería una masa sanguinolienta en la zona residencial de Jesús María… Actor controvertido y odiado muere por crimen pasional. Ya lo veo”.

Alexis ríe:

“Claro que desde el infierno porque al cielo no creo que te vayas”.

“Bueno, tampoco tú eres un angelito. A ver, ¿qué necesidad de cachar con ese Gibrán?”

“Solo aseguraba nuestros intereses, querido Cruzado”.

“Aunque entre su culo y el del Os, obvio que el del Os, querido Rodríguez”.

“Eso me alivia; pensé que te habías obsesionado con mi culo porque hasta ahora no consigues controlar tu erección cuando hacemos las escenas”.

Evandro se para en seco y mira a Alexis sonriendo pendejamente:

“No me digas que te jode”.

“Me paltea el público, y peor aún me paltea Zaira”.

“Huevón, ¿no recuerdas cuando bailábamos y hacíamos esos sows en Santa Anita, Comas, Los Olivos, Lince, San Borja?”

“Pero no vas a comparar, pues, Evan: esa gente iba a ver sexo en vivo; esta gente viene a ver arte”.

Evandro mira a Alexis y de pronto no puede contener la carcajada.

“¿De qué te ríes?

“Que este teatro esté en Miraflores, no significa que no quieran ver sexo. ¿Acaso no sabías que en 1992 hubo un show de strippers a media cuadra del óvalo en plena avenida Ricardo Palma? ‘Striptamente femenino’ decía el aviso. ¿O qué me dices del show de strippers más famoso del país? ¿No se daba aquí en Miraflores, en lo alto de un edificio?”

“¿1992, Evan? Tú no tenías ni dos años de edad. ¿Cómo sabías?”

“¿En 1992, Arnold Escalante tenía veinte años y un físico envidiable para la época, y conserva todas las fotos del evento”.

“Y te las mostró”.

“Toditas”.

Evandro baja la palanca de las luces y el escenario queda en penumbra.

“Arnold no tiene un gran culo pero se mueve bien”, comenta Alexis.

“Tú no tienes nada que envidiarle a Escalante, Alex. Lo tienes mejor en todo el sentido de la palabra”.

“Muy velludo para ciertos estándares”.

“No para los míos”.

Evandro se acerca a Alexis, lo abraza y le planta un beso francés en la boca que es correspondido mientras le acaricia las nalgas encima de su pantaloneta deportiva que eligió como atuendo esa mañana .

“Me encanta cuando Zaira me hace el beso negro”, susurra el velludo actor.

“¿Mejor que los míos?”

Evandro busca el nudo de la pantaloneta de Alexis y lo desata; baja la prenda. Hace que su compañero gire, le baja el bóxer, y mientras éste se apoya sobre la cama y separa sus piernas, Evandro le besa las nalgas peludas y luego mete su lengua en el ano caliente dejándolo mojado con su saliva. Alexis gime y no tarda en dilatar su esfínter:

“No has perdido el toque. Sigue. Sigue””.

Las manos de Evandro bajan más la pantaloneta y el bóxer y comienzan a manosear el largo grueso y lubricado pene ya erecto y las grandes y peludas bolas de su amigo.

“¿quieres chupármela?”

Evandro deja de hacer el beso negro:

“Voltéate”.

Alexis se incorpora, gira, y deja que Evandro le mame la pinga con mucha fruición mientras su dedo índice masajea el ojo del culo y su otra mano, el resto de las velludas nalgas. Poco a poco, ese dedo va metiéndose en ese hueco aprovechando la lubricación que dejó la saliva. Alexis jadea y gime.

“Quiero chupártela, Evan”.

El actor que está arrodillado se pone en pie, se desabotona su jean y se lo baja con todo y bóxer hasta los muslos. Alexis toma el pene semierecto de Evandro, se lo mete a la boca y comienza a succionarlo. ¿Hace cuánto que no prueba ese extraño salado del líquido preseminal de su amigo? Sus manos acarician las nalgas lampiñas y suaves.

“Voltéate”, pide a Evandro.

Alexis devuelve el beso negro combinado con un rico masaje de pinga y bolas, tanto que Evandro tampoco evita gemir,jadear y desear algo más, aunque no sabe si pedirlo.

Ambos hombres están en lo mejor de ese toma y dame cuando una voz los deja helados:

“¿Amorcito?” 

sábado, 7 de agosto de 2021

La hermandad de la luna 5.4

Contra su propio pronóstico, Christian llega al G4G. Aunque no viste llamativo como en otras ocasiones, eso no le impide voltear cabezas apreciando su rostro de niño bueno y su físico de dios griego; pero él lo ignora todo, incluso una mano que subrepticiamente le han metido en medio de sus dos nalgas.

“¡Chris!”, le pasan la voz, a la vez que siente lo cogen fuerte de la cintura; se da la vuelta y se alegra, en cierto modo.

“¡Juanchito! Pensé que hoy sería sábado familiar”.

“Problemitas que nunca faltan; ya sabes cómo son las mujeres”.

Ambos van a un privado y prefieren beber una limonada frozen “con harto jarabe”, debido a que cada cuál tendrá que salir conduciendo más tarde, si es que los planes no varían.

“Pensé que no ibas a venir, como dijiste esa noche”, le observa García.

“Nada, doctor; estaba aburrido en casa, el gym no me agotó… mejor me vine a mi ex hogar”.

García ríe.

“¿Y cómo va el caso del finado?”

“Ay, Juanito, no vine al club para hablar de trabajo; mejor otro tema, ¿te parece?”

“Ya, ya, disculpa; no quería remover tu… duelo”.

Christian prefiere ignorar también la ironía con que ese comentario estuvo cargado, y contrataca:

“¿Y esta vez por qué fue la pelea con la mujer?”

“Dice que paro más tiempo en la red que ocupándome de ella. Está loca. Trabajo duro, pago casi todos los servicios de esa casa, le compro ropa, salimos de viaje fuera del país en vacaciones, vamos a las recepciones sociales, ayudo a hacer las tareas a mis cachorros. Ya pues, ¿qué más quiere? ¿Que me quede encerrado todo el día a ver las mismas huevadas en la televisión? ¡Que no joda!”

“¿Y no será que ella huele algo? Recuerda que vas a un gimnasio que tiene cierta famita”.

“Tengo derecho a mi espacio y ella lo sabe muy bien, así como yo le dejo el suyo”.


 

Muy ajenos, en el CAMERINO, Frank y César ensayan su coreografía por tercera o cuarta vez. Los otros dos chicos que comparten el cuarto los miran maravillados por la flexibilidad.

“¿Qué les parece?”, consulta Frank.

“¿Son karatecas de verdad?”, le repregunta uno de ellos.

“Más o menos”, presume Frank.

Los otros dos strippers se miran.

“Pero… ¿y la parte sexual?”

Ahora Frank y César se miran.

“ehhh… ya improvisaremos en el escenario”, responde César.

“¿Por qué?”, se intriga Frank. “¿Qué harán ustedes?”

“Cacharemos en vivo frente a todos”, responde el otro stripper muy suelto de huesos.

Frank y César comienzan a sudar frío.

 


Desde su privado y prottegidos por la penumbra que se interrumpe de vez en cuando por los haces de luces psicodélicas, Christian y César miran cómo el resto de la gente baila sin importarle si son parejas de hombres, de mujeres, si son hombres vestidos de mujer, mujeres vestidos de hombre…

“No hay buen material esta noche”, comenta Christian. “Lo mismo de siempre”.

Juan mira su reloj: once y media de la noche.

“Veamos si el panorama mejora a continuación”, pronostica.

Christian no toma importancia a las palabras de su colega. Entonces, las luces de la pista de baile se apagan y se encienden las del escenario. Una salpimentada mezcla de música urbana comienza a sonar por los parlantes del G4G, y dos jóvenes con anteojos, camisas, pantalones de tela y zapatos negros aparecen en el escenario. Comienzan a ejecutar la coreografía que consiste en varios movimientos acrobáticos individuales y apoyándose en el cuerpo del compañero, hasta que la mezcla se hace lenta y sensual; comienzan a desabotonarse las camisas.

“¿Tanto cuesta mandar a reemplazar los botones por tiritas de velcro?”, se queja Christian en el privado.

“¿Velcro?”, consulta García.

“Esa tela que le dicen pega-pega”.

Los torsos de los bailarines son dignos de escuela de artes plásticas. Mayor perfección no se podía pedir.

“Esos chibolos no son de Collique, ¿no?”, comenta García.

“Por lo menos al Extreme no van… bueno, tampoco creo que puedan pagarlo”, sentencia Christian.

Los muchachos en el escenario se deshacen de sus zapatos y comienzan a jugar con la idea de desabotonarse sus pantalones; por lo menos, ya desajustaron sus cinturones. Por fin deciden bajarse las prendas cuando la música da un giro a un ritmo algo más lento, más hip-hop, revelando unos bóxers semitransparentes negros.

“Quieren lucirse como ese actor cubano”, comenta García.

“Solo que el actor cubano debe tener como diez centímetros más de estatura, cinco más de pinga y huevos, y… como diez kilos más”.

La mezcla de música ahora se centra en una percusión donde los bajos hacen retumbar todo, y los dos strippers se miran frente a frente, se abrazan y comienzan a acariciarse el cuerpo de arriba abajo; se juntan y se dan un beso.

“Por fin comenzó la acción”, se excita García.

El de la derecha baja totalmente el bóxer al otro y se queda de rodillas, lo que aprovecha para tomar en su boca el pene semierecto y comenzarlo a chupar. Algunos grititos se escapan del público.

Desde el CAMERINO, que está conectado al escenario por un breve pasillo, Frank y César se asoman.

“A la puta”, dice el primero. “Una cosa es que me la chupen, pero chuparla…”

“Te dije que era una mala idea”, se queja el musculoso.

“¿Chicos?”, alguien los llama a sus espaldas, y los dos machotes se asustan.

El pene del primer stripper está evidentemente duro, señal que le dice al segundo que es tiempo de levantarse y darse la vuelta. Ahora el primero se arrodilla para bajarle el bóxer, ponerlo en veinte dedos e iniciar un gran beso negro.

“¿Cómo que cambio de planes?”, se extraña Frank en el camerino.

“Ya no saldrán a escena”, anuncia Saúl, “porque… no están tan dotados como ellos”.

“¿Dotados?”, se extraña César.

“Su… picha… es… ustedes saben”, se justifica Saúl haciendo una señal con sus dedos.

Frank y César no saben si mirarse con alivio o con preocupación.

“¿Ehh… ¿entonces nos vamos?”, consulta el fisicoculturista.

“Me temo que sí, chicos; discúlpenme”.

Saúl sale del camerino.

“Caballero, nomás”, farfulla Frank.

En el escenario, ha comenzado un coito sin protección que ha puesto a toda la concurrencia boquiabierta, como siempre musicalizada con el hip-hop.

“Y yo que pensaba iba a aburrirme esta noche”, suspira Christian.

“¿Cuánto le medirá a ese chico?”, reacciona lo mismo, García.

“Fácil sus veinte”.

Mientras tanto, Frank y César terminan de vestirse para irse del local, cuando la puerta del camerino se abre: los dos muchachos se quedan estupefactos.

“Hola, chicos”, saluda Adán llevando una mochila en uno de sus hombros.

El coito en el escenario ha tomado ribetes casi salvajes hasta que el activo saca su largo y grueso miembro y hace que el pasivo gire a chupárselo.

En el camerino, Adán se acerca a Frank, mete la mano a su bolsillo y saca un llavero:

“Regresen a Santa Cruz tan pronto puedan y quédense en casa de Tito hasta que yo regrese”.

“Pero…”, objeta Frank.

“Hazme caso: Christian está en el público y, si los ve, su plan puede venirse a la mierda”.

Afuera, uno de los strippers eyacula en la boca de su compañero, quien se pone de pie y comienza a masturbarse. Quien lo penetró ahora se pone de rodillas y abre su boca.

En el camerino, Frank duda. Tras unos segundos toma la llave.

“Estaré bien”, tranquiliza Adán. “Regresen a casa”.

“¿Y Owen?”, pregunta Frank.

“No sé. ¡Regresen ya!”

Aplausos y gritos se oyen desde afuera. Es la señal inesperada para que Frank y César cojan sus mochilas y salgan, pero del local. Adán queda solo en el vestidor y comienza a quitarse la ropa, cuando da media vuelta de pronto.

“Pensé que no ibas a venir”.

“Perdona la demora”, contesta Owen aparecido de la nada y totalmente desnudo, aunque luciendo brazaletes dorados en sus muñecas.