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viernes, 18 de noviembre de 2022

ASS (53): Somos hombres, ¿no?

    

    


Tras su jornada de prácticas, Pedro descansa totalmente desnudo en el dormitorio de la casa que ocupa Eliezer en Castilla. Tocan su puerta. Despierta y lo primero que nota es que su pene está duro como piedra.

No siente roche de taparse la erección así que se levanta y abre la puerta; total, allí solo viven Eliezer y él…

¿qué tal susto!

“Bu-bu-bue…”, dice un chico fornido cubierto por un un uniforme de sereno.

Pedro se queda congelado allí, con la puerta abierta, y el pene duro.

“Su-su-su… don Eliezer me mandó para ver si necesita ir a alguna parte”.

Pedro lleva una de sus manos hacia su miembro erecto para cubrirlo, sin mucho éxito.

“No”, responde tragando saliva y aliviándose del susto. “Me quedaré aquí”.

“Ah, entonces… puedo retirarme, si gusta”.

“¿Qué hora es?”, se pregunta Pedro, ya con su pene semi-erecto. Voltea hacia la mesa de noche.

El sereno le mira las nalgas lampiñas y redondas, firmes y bien formadas. Ahora su pene es el que comienza a ponerse duro.

“Va a ser las cinco”, reacciona Pedro, ensimismado.

“entonces, me regreso a la base, si usted no tiene problemas”.

Pedro se pasa la mano por la cara. Su pene ya no está erecto ahora, pero una gota de líquido preseminal rueda por su muslo derecho, producto de la lubricación interna de su miembro.

“¿qué harás en la base?”

“Aburrirme esperando órdenes”, responde el sereno, con una ligera sonrisa.

“Ah, perdona que esté calato y…”

“No, joven, no se preocupe… es normal… somos hombres”.

“Pero estaba con la… con el… ufff”.

“Seguro estaba durmiendo rico, digo, profundo, y a lo mejor estaba soñando algo… ya sabe”.

Pedro sonríe:

“Mejor entra y cierra la puerta; no quiero que llegue mi tío y crea que tú y yo hemos…”

“¿Tenido relaciones?”

Pedro vuelve a sonreír:

“No es mi intención ofenderte”.

El sereno entra al cuarto y cierra la puerta tras de sí.

“No se preocupe, joven”, tranquiliza. ”yo sé que si entrara y sospechara eso, usted lo negaría totalmente”.

“¿Por qué estás tan seguro de eso…? ¿Me dijiste tu nombre?”

“Huamán. Todos me dicen Huamán en el serenazgo”.

Pedro se sonríe otra vez:

“¿Por qué estás tan seguro de que yo negaría que tú y yo tuvimos relaciones sexuales, Huamán?”

“Porque se nota que usted es legal, joven…”

“Pedro… Mi nombre es Pedro”.

“Usted es legal, joven Pedro… y… si hubiese sido verdad, yo no me avergonzaría… Por lo menos me culparían de haber tenido relaciones con un joven tan legal y… guapo, como usted, y no con alguno de esos choros y gente de mal vivir que capturamos”.

“Debería tomarlo como un piropo, ¿no?”

“Usted vea, joven Pedro”.

Entonces el sereno le mira la entrepierna. Pedro se da cuenta y baja su mirada también: su pene está erecto otra vez. A continuación, mira de nuevo a Huamán.

“Mejor voy a ducharme”, avisa Pedro con una media sonrisa.

“yo lo espero, joven. Con su permiso, me retiro”.

“Hazme conversación al menos… mientras me ducho… si mi tío llega, le diré la verdad”.

“¿También le dirá que lo vi con la pinga al palo?”, Huamán baja un poco el tono de su voz.

“A la mierda con eso… Tú estás en ventaja: estás vestido”.

“¿Quiere verme calato, joven?”, se arriesga Huamán.

Pedro lo piensa unos segundos.

“No sería mala idea”, responde.

El sereno sonríe y, sin esperar confirmación, se saca el polo entallado, revelando un pecho fuerte y masivo, quizás no con un abdomen definido pero sí plano, sin llantitas. Se desabrocha la correa de tela y se inclina a sacarse las botas. Entonces, se desabrocha el pantalón, se baja la cremallera. Al bajarse el pantalón, un coqueto micro-bóxer cachetero color blanco contrasta con la piel cobriza del muchacho. Y esas piernas, son simplemente dos troncos de árbol añejo, fuertes, anchos, velludos.

Aunque lo que llama la atención de Pedro es lo que aparenta ser un pequeño tronco que se marca en la tela blanca de la ropa interior.

Huamán se saca las medias, por fin.

“¿¡Sigo, joven Pedro?”

“Somos hombres… ¿no?”, sonríe el aludido.

Huamán se baja el micro-bóxer: efectivamente su pene está erecto… y no es tan pequeño como parecía. Mas bien es gordito y parece lubricar mucho a juzgar por el brillo del glande. Quizás necesita un poco de recorte en el vello púbico. Quizás no.

“ya estamos calatos los dos”, anuncia el sereno con una sonrisa cachonda.

“y con el pene erecto”, agrega Pedro.

“Somos hombres”, reitera Huamán.

El joven anfitrión vuelve a sonreír:

“Solo falta que tengamos relaciones sexuales”.

Huamán sonríe también:

“No me jodería”.

Ambos jóvenes se miran fijamente a los ojos. Entonces, Pedro ya no puede más con la excitación. Se acerca a Huamán, pega su cuerpo y lo acaricia:

“Tienes la piel suave”, le susurra.

“Tú también”.

Pedro, entonces, aproxima su cara a la de Huamán. Lo besa en la boca. Mientras las lenguas de ambos  combaten golosamente, sus manos recorren las espaldas y los culos mientras sus penes erectos se refriegan uno contra el otro.

Huamán, entonces, toma la iniciativa y empuja a Pedro a la cama logrando acostarlo boca arriba. Luego, descansa toda su humanidad encima de ese terso cuerpo.  Pedro abre sus piernas y está dispuesto a sentir cómo la masculinidad del sereno se puede hundir en su culo, cuando…

“¡ya vine!”, se oye desde el pasadizo.

Pedro y Huamán se dejan de besar y se miran sudorosos y estupefactos.

Y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


sábado, 23 de octubre de 2021

La hermandad de la luna 6.9

En la casa de Tito, en Santa Cruz, Frank se ha vuelto a acostar con Flor, quien permanece bajo su cuerpo. La sábana y la colcha están sobre el suelo. Tras el coito frustrado por la puerta que se había golpeado al costado, más temprano, los dos jóvenes pudieron encender su líbido de nuevo y disfrutar de una larga sesión de sexo sin mayores pretensiones más que disfrutar. El clímax ha ocurrido hace segundos.

“Sácate el condón antes que tu pene se ponga blando”, pide Flor.

“Primero tengo que sacarte mi… bueno, mi….”

“¿Tu pene de mi vagina, Frank?”

“Qué poco romántica eres, ¿no?”, sonríe él.

“Las cosas por su nombre, querido mío”.

Frank se incorpora hasta quedarse de rodillas y saca el preservativo de su pene aún duro, le hace un nudito, y, bajándose de la cama, primero prende la luz, y luego lo coloca en el cesto de la basura.

“Si hiciera esto en mi casa, mi vieja ya estaría agarrándome a escobazos”, comenta el muchacho, quien luce su espectacular figura sin nada que lo tape.

Flor, quien tampoco se queda atrás, hablando en términos de anatomía llevada a la perfección, se le acerca, también desnuda y le besa la espalda salada debido al sudor.

“Vamos a bañarnos y luego a preparar la cena, si no, tío Adán se terminará comiendo la mesa”.

Frank ríe y gira para darle un beso en la boca.

“Oye, ¿y Owen nos habrá escuchado?”

“¿Por qué te preocupa si nos escuchó Owen?”, se extraña Flor.

“Mmmm. No sé. Tu viejo, fijo, nos vio”.

“Y siendo mi papi, no hizo nada; menos Owen”.

“Igual, no lo he escuchado toda la tarde desde que vinieron del gimnasio”.

Quizás esté ahí descansando. Bañémonos, hagamos la cena, y lo buscamos para comer”.

Frank la besa de nuevo.

Mira un video 

En el dormitorio junto a la caseta de vigilancia en La Luna, Owen está acostado sobre la cama y la ocupa toda irremediablemente; Carlos está sentado sobre su pubis, con todo su pene erecto metido en su ano sin hacer más nada que tomarse de las manos y mirarse a los ojos, sonriendo, iluminado por la pequeña lámpara de emergencia que está sobre el suelo. Ambos acompasan su respiración tratando de sincronizarla, sintiendo como una especie de corriente fluye deliberadamente en todo el medio de sus cuerpos. El pene de Carlos está erecto y goteando el coloide líquido preseminal sobre el liso y suave vientre de Owen. Gimen muy despacio, casi imperceptiblemente cuando espiran.

Mira otro video. 

En la salita del G4G, Joey prueba una variante, sentándose con la espalda algo arqueada pero apoyada en el sofá, y Saúl sentado sobre su miembro erecto, también en silencio, tratando de controlar la respiración, aunque aún no consigue poner duro su miembro.

“No siento nada”, reclama Saúl con cierta dulzura.

“Shhh. Concéntrate”, le pide Joey.

Mira otro video más.

En la finca, Owen se pone en cuatro patas manteniendo su espalda en una horizontal lo más perfecta posible mientras Carlos le mete la lengua entre  los glúteos y le lame el ano, con los dedos medio e índice izquierdos le masajea el perineo, y con la mano derecha hace suavemente lo mismo con su pene duro. Los dos respiran despacio y profundo procurando conservar la misma energía que fluye por el medio de sus cuerpos físicos. Luego, Carlos levanta su tronco y con toda la paciencia del mundo, lo penetra mientras le acaricia las caderas y la espalda como si en sus dedos tuviese plumas muy suaves. No hace el baile pélvico, pero siente cómo conecta con la otra persona. Es un increíble intercambio de placer, felicidad y plenitud.

viernes, 27 de enero de 2023

ASS (63): “Méteme tu verga”

Julián pide ser pasivo otra vez, y ahora aguantándose la gran verga de Marcano.


A la mañana siguiente, jueves, Julián está en el vestuario de la Piscina Comunitaria totalmente desnudo, revisando la tanga que lucirá ese día para la grabación.  Esta vez es una de color naranja casi fosforescente.

Alguien ingresa. Julián no hace esfuerzo alguno por cubrir su pinga, sus huevos o su culo. Más bien, le llama la atención el muchacho alto y corpulento que acaba de entrar. ¡Qué hermosa anatomía! Además, ese rostro es guapísimo.

“Hola”, saluda el recién llegado blandiendo una sonrisa magnética.

“Hola”, responde Julián, algo fascinado.

“¿Tú eres el nadador?”

“Eso dicen”, sonríe Julián.

El otro muchacho ríe.

“Yo soy Marcano, pana; mucho gusto”.

“¿Eres… venezolano?”

Marcano comienza a desnudarse y descubrir su cuerpo de revista fisicoculturista poco a poco.

“Sí… haremos las escenas sexuales de esta mañana juntos. ¿Has pensado cómo?”

Marcano queda completamente desnudo. Julián no evita verle el pene largo, aunque dormido. Supone que al ponerse erecto va a ser una herramienta de dimensiones colosales.

“La verdad no tengo idea”, responde el nadador.

Marcano revisa la prenda que le han asignado. Sonríe. Es un hilo dental blanco. Comienza a ponérselo.

“Se me ocurre… que… nos dejemos llevar… ¿eres activo, pasivo, versátil?”

“Aún no lo tengo claro”, dice Julián. “Pero creo que tu sugerencia es válida… dejémonos llevar”.

La sorpresa para todos es que Marcano nada a nivel experto. Así que se les ocurre hacer una competencia de estilos con Julián.

Willy, como siempre, graba todo desde todos los costados de la piscina.

Ambos chicos llegan a los podios, emergen y se quitan las gafas de natación.

“¿Quién ganó?”, pregunta Julián muy contento.

“Creo que ninguno… llegamos empates”, responde Marcano.

“¿Desempatamos o qué?”

“Tengo una mejor idea”.

Ambos se meten bajo la ducha del vestuario. La abren. Mientras el agua recorre sus cuerpos, se acarician mutuamente, se abrazan, no tardan en besarse. Separan sus bocas por un instante:

“¿esto es premio o castigo?”, sonríe Julián.

“Es la gloria completa”, susurra Marcano.

Ambos siguen amándose con pasión.

Marcano, entonces, comienza a besarlo por el cuello y bajando hacia cada tetilla, el vientre, hasta que, arrodillado, comienza a mamar el pene de Julián. Con qué maestría Marcano se mete y saca el miembro ya duro de su nuevo amante.

El nadador no puede disimular el placer que le provoca esa fellatio.

Marcano deja de mamar la pinga, acaricia la cadera de Julián, y lo hace girar amigablemente.

Cuando el musculoso tiene ante sí el culo del nadador, no espera más y le separa las nalgas a la vez que dirige su lengua a toda la raja y después a todo el ano. Julián se siente en la gloria. Hace minutos que espera esa sensación.

Willy no deja de seguir toda la acción mediante su cámara.

Varios minutos después, Marcano deja de hacer el beso negro y se pone en pie:

“Chúpamela”, pide.

Julián, aún extasiado por la caricia que ha recibido el ojo de su culo, gira, se arrodilla, toma el pene de Marcano y se lo mete a la boca con ansiedad. A cada nueva succión, ese pedazo de carne crece hasta sus enormes proporciones.

Lo que al inicio parecía tarea fácil con un pene morcillón suma grados de dificultad conforme se engrosa y se extiende hasta sus 21 centímetros. La boca de Julián no está acostumbrada y siente arcadas por más que trata de mentalizarse.

“Lo haces riquísimo, pana”, lo anima Marcano. “La chupas delicioso”.

Es como un interruptor: Julián fluye mejor con la mamada y comienza a disfrutarla más. Lo mismo Marcano.

“¿Quieres lamerme el culo?”,consulta Marcano.

“¡Me encantaría!”

El venezolano gira y pone sus enormes y firmes nalgas al alcance de la boca de Julián, quien ya aprendió que, en esos casos, no debe pedir permiso, solo proceder. Lame los dos glúteos, lame la raja, saborea el ojo de ese culo. Marcano también experimenta esas deliciosas cosquillas:

“Así, pana. AAsí. Cómete bien mi ano”.

Ese beso negro también dura varios minutos hasta que Julián cesa, palmea una de las nalgas y lanza un pedido inesperado:

“Méteme tu verga”.

Marcano gira, duda un poco. Sonríe nervioso:

“¿En serio quieres sentir mi verga?”

“Confío en ti”.

Marcano desea hacerlo, pero no tiene lubricante a mano y él sabe lo que significa meter su pene erecto en ese culo que, evidentemente, no está entrenado para ese tipo de dimensión y acometida. . entonces ve algo y lo toma: una barrita de jabón que hay cerca de una de las regaderas.

Como ambos tienen sus cuerpos húmedos, la soba entre sus manos, hace espuma, la frota contra el ano de Julián y luego la frota en su pene, de paso que lo pone más duro.

Ubica el glande en el esfínter y comienza a empujar. Julián aplica las lecciones que aprendió cuando Miguel se la metió el día anterior: se relaja, respira profundo y despacio, trata de expandir su ano y permite que el glande de Marcano ingrese poco a poco. Obviamente, Marcano sabe que la paciencia es la clave.

Conforme le va introduciendo un centímetro más, va bombeando despacito. Julián siente que esa pinga duele más pero trata de resistir hasta que un súbito hincón viene de su ano.

“Au”, susurra mientras hace un gesto de dolor.

“¿Sigo?”

Julián respira un poco, se tranquiliza:

“Sigue”.

Marcano juzga que no debe meter todo su falo. Cuando llega a la mitad, comienza a bombear despacio mientras acaricia el atlético cuerpo de su amante, quien siente que le succionan todo el cuerpo por el ano.

“así, pata, qué rico”, suspira.

A Marcano le encanta meter su pene dentro de un agujero apretadito. Eso lo excita más. Mucho, más bien. Cuando menos se da cuenta, gran parte de su miembro ya está dentro de las entrañas del nadador.

La escena de sexo nada simulado continúa dentro de esa ducha donde un insólito Julián vuelve a ser pasivo mientras un musculoso y aventajado Marcano lo sigue poseyendo con gentileza y sensualidad. Ambos gimen y jadean.

Cuando la gran verga del venezolano ya está toda enterrada dentro del culo del nadador, y su cadera empieza a chocar contra esas firmes nalgas, el orgasmo se hace inevitable:

“Me vengo, pana. ¡Me vengo!”

“Dame tu leche, quiero tu leche”.

Marcano saca su pene, se pajea duro y eyacula sobre la nalga derecha de Julián. Una densa mancha blanca se desliza por toda la pierna del pasivo, quien gira, se abraza a su cachero, y sobándole el pene aún duro, lo besa en la boca.

“¿Te gustó?”, pregunta el sonriente venezolano.

“Bravazo”, responde el peruano, también sonriendo.

Se siguen besando. Willy corta la escena. Ambos actores descansan, por fin.

“¿Te sientes bien, pana? ¿Te hice daño?”, averigua Marcano.

“Me arde un poco”.

“a ver, gira”.

Julián hace lo que le dicen. Marcano se arrodilla, abre las nalgas y revisa el ano. Solo está rojo de la penetración, pero NO SE OBSERVAN OTRAS LESIONES.

“Todo parece estar en orden”.

“Gracias”, responde Julián.

Marcano abre la ducha y se asea:

“Tienes lindo cuerpo… y lindo culo, pana”.

“Gracias. Tú tienes un cuerpazo, Y UN CULAZO… y una pingaza”.

“¿ya te has comido vergas como la mía?”

“No… es la segunda verga que me como, y en solo veinticuatro horas”.

Marcano sonríe:

“Tenía miedo de romperte ese culo apretado; menos mal que aguantaste”.

Julián ríe.

“¿también vives en San Sebastián?”

“Sí, y también conozco a alejo y Miguel; de hecho, entrenamos juntos”.

“Me gustaría verlos de nuevo; son buenos patas”.

“si tienes libre, ¿por qué no nos visitas? A los chicos les va a encantar, creo”.

“No sería mala idea”, responde Julián. “¿estarán libres el sábado?”

Y para terminar, mira un video porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 


viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


sábado, 27 de abril de 2019

Por mirón me pasó algo alucinante

Mi nombre es Roger y tengo 30 años. Junto con mi hermano mayor tenemos un fundo dedicado a producir limones en el Alto Piura. Mientras yo veo lo relacionado con bancos y el personal, mi hermano ve todo lo referente a insumos y se encarga de las compras. Para mí, éso es muy conveniente puesto que puedo supervisar a los 4 peones que tenemos a cargo. En general, la gente del campo es muy amistosa, honrada y chambera a full, así que estos hombres no son la excepción. El mayor tiene 38 años, luego viene uno de 32, otro de 30 y el menor de 22, hermano del primero.

La jhjornada comienza temprano, bien temprano, a las 5 o 6 de la mañana. Usualmente mi hermano y yo llegamos en la camioneta a éso de las 8 y nos regresamos a casa a éso de las 3 o 4. Nuestros peones suelen retirarse entre 1 a 2 de la tarde, dependiendo de la carga de trabajo para el día.

Una de sus costumbres al final de la jornada es ir a un rincón del canal que nos sirve de lindero para tomar un baño. Es un sitio donde tres algarrobos enormes dan buena sombra, y varios arbustos altos han creado una especie de cortina natural tras la que los peones se quitan toda su ropa y se meten al agua. Siempre los cuatro van a bañarse juntos. Lo sé porque casi todos los días los espío desde unos matorrales bien tupidos. Como ellos me tienen que reportar el término de sus labores para incluírlos en la planilla, sé exactamente a qué hora van al canal. Entonces, cuando mi hermano se queda dormido, no está, o tiene mucho trabajo, yo me escabullo y voy por otro caminito, con mucho cuidado para que no me vean y disfruto el show.

No son cuerpos de gimnasio, pero imaginen a la gente del campo cuyos músculos están más que todo marcados por el trabajo duro. Encima, como los cuatro juegan al fútbol, tienen unas hermosas piernas y unos culitos bien paraditos, en especial el de 30 y el de 22, aunque el de 38 tampoco anda mal.

Cuando ese espectáculo me pone bien hot, aprovecho que nadie me ve, y me bajo mi jean y mi boxer para corrérmela. Siempre termino tirando mi leche entre los arbusstos y tengo que morderme la lengua para no gemir.



Una de las personas que viene frecuentemente al fundo es Isma, un agrónomo de 27 años, alto, fornido, evidentemente trabajado con pesas y barras. Su labor es verificar que las plantas estén bien de salud y recomendar algún agroquímico que hiciera falta. Por cierto, es guapo, pero tiene un señor defecto: cuando se junta a hablar con mi hermano, es el tipo más machista que puedan imaginarse. Los dos hablan huevadas de las chicas y encima hablan mal de los gays. ¿De qué me sirve tanto músculo y tanta belleza si es un huevón que ni siquiera respeta a las mujeres? Entonces, yo prefiero irme hacia la plantación o me voy a espiar a mis peones cuando se bañan.

Un día que, para variar, mi hermano e Isma se pusieron a hablar estupidez y media de las mujeres y los gays, salí de la casa de campo que usamos como oficina y depósito. Como apenas hacía quince minutos había dado las conformidades a mis peones, decidí irlos a espiar. Anduve sigilosamente por el camino que ya conocía y llegué hasta el matorral tupido, teniendo cuidado de verificar que no hubiera alguna serpiente escondida por ahí. Me coloqué y me puse a mirarlos. Curiosamente, solo estaban el chico de 22 y el otro de 30. Acababan de desnudarse y se metían al agua. Ambos se sumergieron por completo aprovechando que habían soltado el agua y emergieron con sus cuerpos húmedos. El de 30 sacó un jaboncillo de las cosas en la orilla y se puso a recorrerse el cuerpo: su pecho, sus brazos, sus axilas, su cintura, la cadera, el pene, los huevos, la espalda, las nalgas. Apenas dejó de usarlo, se lo pasó al de 22, quien repitió el mismo recorrido. Estaban hablando de fútbol, según pude oír. El de 22 dejó de untarse con el jaboncillo y lo dejó en la orilla. ¡Qué ricas nalgas, por Dios! Ambos comenzaron a sobarse sus cuerpos: pecho, axilas, brazos, cinturas, caderas, pene, huevos, espalda, el culo, y hasta al medio del culo, en especial el de 22. Por cierto, aunque son marcados, sus penes lucen algo largos para estar dormidos y con el vello púbico sin recortar. Yo me bajé el pantalón y el boxer otra vez. Comencé a estimularme mi pene con una mano mientras que con la otra hacía lo mismo con una de mis nalgas.

Estaba absorto viendo a los dos peones cuando siento una palmada en la nalga que no me estaba estimulando. Sudé helado. Me subí el pantalón y el boxer como pude y giré. Me quedé petrificado tapándome la boca para no gritar del susto.
- Así que a ésto te vienes, ¿no, degenerado?
No supe qué hacer. Era Isma con una sonrisa del tipo "ya te pesqué, mierda". Las piernas me temblaban como para salir corriendo. Solo atiné a taparme bien la boca con mis dos manos.
- Tranquilo, Rogercito, no soy tu hermano. ¿Pero te imaginas lo que hubiera pasado si él te descubría?
Isma me tomó los codos con sus manazos. No me apretó. Solo me sujetó.
- ¿Te imaginas si tus peones se enteran que los espías, Roger? Estás en serios problemas, huevón. Y todo depende de que yo abra la boca.
Isma tomó suavemente mis manos y me las sacó de mi boca.
- P-p-por fa-fa-favor. No digas. Te lo suplico, Isma.
- Claro que no diré nada, huevón... pero tú tienes que hacer algo por mí.
- Claro, Isma. Lo que sea.
El agrónomo sonrió.



Entonces, Isma miró a ambos lados, se acurrucó conmigo en el matorral, se aflojó la correa y se desabrochó su jean. Se lo bajó. Yo no podía creer lo que estaba pasando. En su boxer se notaba un abultado paquete.
- Arrodíllate.
Lo hice.
- Acarícialo.
Comencé a sobar su paquete aún aprisionado en el boxer. Estaba dormido aún, pero sí podía percibir que lo que estaba dentro era realmente grande. Así que lo fui acariciando. Conforme lo hacía, notaba que se ponía más duro hasta que no cupo duda de que debajo había una enorme erección. Isma se bajó el boxer y un pene largo y grueso saltó debajo de un vello púbico que tendría un par de días sin afeitar.
- Chúpala.
Tomé el pene erecto de Isma e hice lo que me dijo.  Como era enorme, con una mano lo masturbaba mientras que lo que sobraba estaba dentro de mi boca. Su glande ocupaba casi toda mi boca.
- Así, huevón. Así, Rogercito. Mámala rico.
Obviamente, ya no podía ver qué pasaba en el canal.
- Ponte de pie, Rogercito.
Lo hice.
- Da media vuelta y agáchate. Mira a tus peones.
Lo hice. Ahora estaban los cuatro, bañándose y conversando como cada término de jornada.
Sentí que Isma me desabrochó mi pantalón y boxer y me lo bajó hasta las rodillas.
- Separa las piernas.
Lo hice, dentro de lo difícil que era. Entonces sentí que Isma me estimulaba el ano. Y por la humedad, era obvio que con su boca.
En el canal, mis peones parecían estar ajenos a mi experiencia. Mi pene erectó. Vi que los peones de 30 y 22 salían del canal y se vestían, dejando al de 38 y el de 32. Pero algo raro hacían al vestirse. Solo se ponían sus jeans y sus zapatos. Sus camisas y sus calzoncillos los llevaban en la mano. Jamás hacían éso, pero quién sabe.
- Hace tiempo que no te la meten, ¿cierto? Lo tienes cerrado, Rogercito.
Isma terminaba de decir éso cuandosentí que algo duro se colocaba en la entrada de mi ano y poco a poco entraba dentro de mí. Respiré hondo porque me dolía, pero Isma parecía entender que no podía ser brusco. Se le resbaló así que con mi mano y un poco de mi saliva en su glande, lo ayudé. Ahora sí, su pene fue entrando poco a poco dentro de mi ano, mi recto, y seguía perforándome. Isma me bombeaba despacio, dándome tiempo a acostumbrarme a su pedazo de músculo duro metido en mi culo. Mientras tanto, seguía viendo a mis dos peones mayores bañándose. Comencé a pajearme, además.
Estábamos en lo mejor de todo, cuando noté pasos, y luego a dos personas acercándose. ¡No podía ser!
- Tranquilo.
Isma hablaba con mucha seguridad.
quienes venían eran mis peones de 30 y 22, con una sonrisa en la boca. Me di por perdido porque se supone que para ellos soy el patrón. Pero, ¿después de éso?
Los dos chicos se detuvieron con cuidado a nuestro lado.
- Sáquense el pantalón.
Al pedido de Isma, los dos peones volvieron a quedarse desnudos del todo. Ahora sus vergas estaban al alcance de mi boca. Isma me giró con cuidado hacia ellos.
- Chúpaselas, Rogercito.
Yo dudé.
- Chúpaselas, huevón. No los hagas esperar.
Tomé la pinga del de 22 y me la puse en la boca.
- Éso, don Roger. qué rico.
Se puso dura en mi boca. Era de tamaño promedio. Luego tomé la del peón de 30, que ya la tenía dura y lubricando. Era un poco más grande. Mientras la chupaba, se la corría al de 22. Y así fui alternando mientras Isma seguía metiéndomela por el culo, esta vez bombeando con un poco más de fuerza.
A los cinco minutos,sentí que el agrónomo suspiraba hondo y luego que su pene latía allí dentro. Bombeó un par de veces más y poco a poco me la fue sacando.
En éso, mi peón de 30 caminó a mi lado. De inmediato sentí que me tocó mis nalgas y me metía su pene.
- Qué rico culo, don Roger. Entra facilito.
Mi peón de 30 comenzó a bombear algo más fuerte mientras que yo seguía chupándosela al de 22, quien comenzó a tomarme la cabeza y luego a cacharme la boca. En un par de minutos, sentí su semen dentro de mi boca. Dejó que lo mamara bien, me la sacó y se puso su pantalón. Avanzó unos pasos a donde estaba el agrónomo, quien se había quedado todo el tiempo estático delante nuestro pero dándonos la espalda, como vigilando. No pude creer cuando mi peón, le dio una nalgada al agrónomo y luego le agarró bien el medio del culo en medio del jean. Ambos se sonrieron.
Mi peón de 30, mientras tanto, seguía metiendo y sacando, jadeando y suspirando.
Diez minutos más tarde...
- Las doy, don Roger. Las doy.
Mi peón dejó de moverse.
Mientras se ponía su pantalón, yo aproveché para corrérmela, mirando al canal; pero los dos peones mayores ya no estaban allí. ¿También estarán en camino?
No lo pensé más y eyaculé en los arbustos.
Me subí mi boxer y mi pantalón.



Le di alcance a Isma, quien seguía estático en el mismo punto. Ya había despachado a los dos peones. Me miró sonriendo.
- No me digas que te disgustó, Rogercito.
- Obvio que no... pero....
- Pero, tranquilo, amigo. Solo los cuatro sabemos ésto y el secreto se queda entre nosotros.
- Pero tú, cuando conversas con mi hermano....
- No seas cojudo, Roger. Si no hago éso, al toque tu hermano sospecharía. Mas bien, tú no seas tan evidente yéndote cuando comentamos esas cosas. Hazte el que no escuchas y listo.
- Eres un pendejo, Isma. ¿Cómo sabías que ellos dos...?
- Solo lo sé. Y ellos ya se habían dado cuenta de que los espiabas, sino que se hacían los cojudos y te cubrían para que los otros dos no se dieran cuenta.
- ¿entonces, los otros dos?
- No sé. Ellos dicen que no... pero yo tengo mis dudas.
- Tengo miedo que ahora me miren distinto.
Isma se sonrió. Miró al frente, me miró de nuevo.
- Tú confía en mí. La próxima será mejor.
Isma me guiñó un ojo y luego me dio una nalgadita.

¿Te pasó lo mismo? Cuéntanos aquí abajo o en el Twitter.

domingo, 20 de marzo de 2022

ASS (20): el gimnasio de la parroquia sirve para hacer fotos al desnudo

Miguel posa desnudo, luego hace el amor con el fotógrafo.


 

A un cuarto para las 2 de la tarde, el miércoles, en el gimnasio AS no queda gente excepto Miguel terminando de entrenar. Solo viste una pantaloneta de licra celeste encendida, medias y zapatillas. el sudor le da un brillo especial a su cuerpo atlético velludo. Por la puerta entra Alejo con un visitante esperado.

“¡Willy!”, se acerca a saludar. “Gracias por venir”.

“Menos mal que terminé de editar las fotos de… Santi”, ríe el fotógrafo mirando a Alejo mientras deja una mochila sobre una de las bancas.

“No sabía que editar demorara un culo de tiempo”, se disculpa el aludido musculoso.

“Tú dirás”, avisa Willy a Miguel.

“De una vez, aprovechando que no hay alumnos”.

“¿Y Marcano, y Paco?”, se extraña Alejo.

“Paco tiene clases hasta las dos”, responde Miguel. “Y Marcano, ni idea”.

Willy saca su cámara fotográfica de la mochila y comienza a mirar el patio techado.

“Hay buena luz aquí. ¿Podemos hacerlas en este lugar?”

“Claro”, responde Miguel.

El fotógrafo comienza a captar con su cámara al atleta y bailarín mientras entrena, y una vez que acaba, apoyado en las bancas, arreglando pesas. Alejo mira todo desde la puerta cubierta por el biombo con pinturas.

“¿qué ropa interior te pusiste?”, consulta Willy.

“Ninguna”, responde Miguel. “¿Hacemos los desnudos?”

“Sí, de arranque”.

Miguel se saca la licra yqueda totalmente calato. Luce su esbelta figura: lindos pectorales, buenos brazos, torneadas piernas, cintura delgadísima, redondas nalgas, su pinga dormida descansando sobre sus grandes testículos y todo eso bajo un recortado vello púbico. El modelo lo luce todo sin complejos. En la Escuela de Bellas Artes le dijeron que la primera obra maestra es el propio cuerpo humano, así que lo esculpido en el gimnasio y las horas de ensayo bailando, se debe mostrar.

“¿Pones tu pene erecto?”, pregunta Willy.

“Claro, pero con el biombo de fondo”,acepta Miguel.

“¿Y no es el mismo fondo en el que me hiciste las fotos?”, observa Alejo.

“Recuerda que son solo pruebas, no son las fotos oficiales”, aclara su amigo, quien comienza a estimularse los genitales. “¿No quieres ayudarme?”, pregunta simulando seducción a Willy, quien lo mira sonriendo. “No te ahueves: Alejo es de toda mi confianza, ya debes haberte dado cuenta”.

Willy mira al musculoso, quien mas bien está solazando su vista con el culo de Miguel.

“¿Y… no viene nadie?”, duda .

“Tienen que tocar el timbre antes de entrar”, reacciona Alejo.

Willy lo piensa un poco:

“Ni una palabra a Enrique”, le pide.

“Tranquilo, causa”, sonríe el musculoso. “Aquí todos somos una tumba”.

Willy devuelve la sonrisa, se aproxima a Miguel, se arrodilla y comienza a chuparle el pene. Alejo ni se inmuta. Los 18 centímetros de Miguel crecen y se ponen duros con la mamada. Willy lo deja:

“Pajéate”, le dice.

Se aleja un poco y sigue haciéndole fotos. Entonces se escuchan los tres toques de timbre.

“Mierda”, masculla el modelo.

Alejo le alcanza su pantaloneta:

“Comenzaron a llegar”.

“¿Y ahora?”, consulta Willy.

“Tranquilo”, sonríe Miguel.

Tras darse una ducha, la sesión continúa en el estrecho dormitorio. No es que fotográficamente sea una gran locación pero la cama permitirá que Miguel muestre todo su cuerpo desnudo, y esta vez absolutamente desnudo.

“Chúpamela otra vez”, pide a Willy.

“Y pensar que me la comenzaste chupando ”, sonríe Willy mientras se arrodilla.

“Y me gustaría hacerlo de nuevo”.

Willy le pone el pene duro otra vez y vuelve a fotografiarlo.

“Pajéate”, pide a Miguel.

El modelo comienza a masajear su miembro mientras su rostro refleja placer y arrechura.

“Voy a eyacular”, avisa el modelo.

Willy se prepara con la cámara, esta vez con un flash  listo para encandilar. El rostro del chico y un jadeo que ya conoce le advierte que debe presionar el disparador ya. Y sucede: tres chorros de semen saltan del pene de Miguel hacia su abdomen y aterrizan sobre sus vellos.

Tras limpiarse, el modelo revisa las imágenes en la pantallita de la cámara. Willy se acuesta a su lado, totalmente desnudo. Le pone el brazo bajo su cabeza y le da un besito en la boca:

“Me has puesto caliente, Miguel”.

“Las fotos han quedado de la puta madre”.

“Eso me ha puesto caliente, en efecto”.

Miguel deja la cámara sobre su mesa y abraza por completo al fotógrafo.

“Lástima que ya no vivas solo”.

“Ya, no me hagas recordar que debí utilizar condón esa noche de borrachera”.

Ambos se besan en la boca.

“Nunca terminaré de agradecerte cómo te la jugaste por mí”.

“Gracias a ti tengo un trabajo extra, así que cuenta como agradecimiento”, sonríe Willy.

Miguel también sonríe y gira hasta que Willy se acuesta encima suyo. Se besan en la boca.

“Hazme el amor”, susurra Miguel.

Willy se arrodilla en la cama, levanta las piernas al chico y le hace un beso negro. Miguel lo disfruta a tope y jadea arrechamente. Entonces, cuando Willy ya tiene el pene duro, se lo mete todo, despacio, y se acuesta encima moviéndose con mucha ternura.

“Así, rico, así hazme el amor”.

En cinco minutos Willy expulsa toda su leche dentro del culo de Miguel.

“No soiy un gran cachero”, se justifica el fotógrafo.

“Te equivocas… eres el más romántico”.

“¿estás seguro que quieres entrar al negocio?”

“Si alejo ya es un ASS sin dejar de ser un AS, ¿por qué no yo?”

Willy vuelve a besar en la boca a Miguel.

“Reclutador, artista plástico, coreógrafo, y ahora modelo: vas a forrarte bien”.

“Me mandaron a la mierda, Willy; ahora es mi turno”.

A veinticinco para las 4, Willy sale del dormitorio solo cubierto con una toalla que Miguel le prestó para ducharse y en pleno pasillo se choca de pechito con el Padre Alberto quien llega a entrenar. Ambos se sonríen.

Y para finalizar,mira un video porno aquí. 

domingo, 29 de mayo de 2022

ASS (30): Un nuevo actor porno exclusivo

Marcano llega a grabar su escena porno con Flavio y Enrique, a quien ya conoce de mucho tiempo atrás.

 


Marcano llega a la discoteca en la ciudad de Piura donde lo citaron para grabar su escena en la película porno que produce Enrique… con la producción asociada de Flavio. Un vigilante le da acceso junto a su vehículo. Sin necesidad de preguntarle, a leguas reconoce que este chico no es peruano como él. Al entrar, Willy está calibrando la cámara con las luces del escenario en el salón principal.

“Vengo a…”, anuncia.

“Claro”, sonríe el camarógrafo. “Te llevo”.

Si el rostro hermoso que puede ver y la anatomía perfecta que intuye lo han impresionado, el culo del chico le jala la vista mientras caminan por el pasillo hasta la oficina de la administración. Como resultado, Willy siente que su pinga comienza a ponerse dura dentro de su pantalón. Al ingresar a la oficina, Enrique está sentado viendo algo en su laptop mientras Flavio se termina de poner el short sexy que usará en la escena.

“Hola de nuevo…chamo”, sonríe Enrique. “Ya sabes cómo es el protocolo”.

Marcano le devuelve la sonrisa y comienza a desnudarse todo. Conforme va descubriendo su torso perfecto, sus piernas fuertes, su culo enorme, su gran verga y huevos, Flavio queda tan boquiabierto que olvida asegurar la trampilla del short y se le cae al suelo: su pene erecto queda al descubierto y sus mejillas enrojecen.

Esta escena será un poco diferente a las anteriores: Marcano encarna a un conserje que barre el escenario mientras el personaje de Flavio ensaya su coreografía.

“¿Un venezolano que no sabe bailar?”, pregunta el actor a Enrique mientras le ponen aceite.

“Y qué tiene, cabrón. Tú eres piurano y no sabes bailar ese… tendero, rondero, tontero, o como se llame ese baile que intentó enseñarte ese chico que te cogió en esa orgía”.

“Ah, el campeón nacional de tondero”, ríe Flavio. “El baile se llama tondero, ton-de-ro”.

Willy por su parte también coloca aceite a Marcano.

“Cuando me toque dar clases de figura humana, te contrataré como modelo”, le dice.

“¿Pagan bien?”

“No tanto como hacer porno, pero tu canon puede abrirte muchas puertas”, Willy le guiña un ojo.

Enrique grita acción, y Flavio comienza a bailar en el escenario mientras Marcano finge barrer en un costado. Entonces Flavio lo mira y lo seduce con su baile hasta conseguir llamar la atención del otro muchacho. Se le acerca, le sigue bailando, y mientras lo hace se va quitando el polo y luego el short. Entonces, toma el polo a Marcano, se lo arranca, literalmente, le baja la pantaloneta y se arrodilla a chuparle la verga.

A Flavio le cuesta trabajo lograr que esos gruesos 21 centímetros se metan todos en su boca pero la escena lo amerita.

“Chúpame el culo”, pide el bailarín.

Flavio se pone en cuatro sobre el suelo y Marcano se agacha a practicarle el beso negro. Willy aprovecha para captar la escena desde varios ángulos, como de costumbre, y de vez en cuando acomoda su erección. La forma cómo Marcano sopea a a Flavio es diferente, con más pasión, y la imagen lo capta fielmente.

Marcano se incorpora luego, disimuladamente se unta mucho lubricante en su pene erecto y lo va introduciendo en el ano ya dilatado de Flavio. Se supone que el actor debe fingir placer a través del dolor, pero esos gestos no son actuados. Bajo otras circunstancias, quizás le habría pedido a su compañero que detenga todo pero hay una cámara delante y mil soles más en su cuenta.

“Corten”, indica Enrique. “Vamos a grabar contraplanos y el fin de la escena”.

Marcano se detiene por un momento pero no saca su pene del ano de Flavio. Willy acomoda la cámara y Enrique se coloca en una puerta a espaldas de los actores. “Acción”, ordena.

Marcano vuelve a meter y sacar su verga del culo de Flavio mientras, al fondo, enrique hace el ademán de pasar y quedarse sorprendido viendo el coito en el centro del escenario. Entonces se apoya en la puerta y comienza a sobarse el paquete hasta ponerse el pene duro, sacárselo y comenzar a masturbarse mientras, supuestamente espía a los dos amantes; pero, en el proceso mueve tanto su mano que topa el escobillón que estaba arrimado al filo, hace que se caiga, y los dos chicos se asustan al ser descubiertos.

Primer plano a la cara de enrique, evidentemente excitado; corte en el mismo plano a su pinga erecta fuera de su pantalón. Tras un corte, Enrique, ya desnudo, se arrodilla delante de Flavio y le ofrece su pene para que se lo chupe mientras Marcano lo sigue haciendo sufrir al penetrarlo. Willy, como siempre, revoloteando mientras busca el mejor ángulo.

Tras cierto tiempo, Enrique cambia de lugar y se coloca detrás de Marcano. Le introduce su pene. Sabiéndose al medio del trenecito, Marcano comienza a mover su cadera tratando de estimular el ano de Flavio (sin conseguirlo) y estimulando el pene de Enrique con su ano (lográndolo por completo). Tras otro rato, Marcano y Enrique se paran dejando a Flavio al medio y arrodillado, se masturban y disparan su semen casi al mismo tiempo sobre las mejillas del modelo quien también masturba su miembro hasta eyacular sobre el suelo del proscenio. Corte y queda.

“Entonces… ustedes ya se conocían”, conecta Flavio.

“es una larga historia, cuate, como mi verga… y la suya”, se acaricia el pene Enrique.

Willy entra también desnudo y secándose con una toalla.

“El venezolano ya está listo para hacer la sesión en tu casa”, avisa a Enrique.

“Genial. Que salga, nos duchamos de inmediato y nos vamos”.

Marcano no demora mucho y aparece aún desnudo y también secándose.

“Por fin te taladré ese ojete”, sonríe el productor.

“¿¡Por qué no me metiste huevo esa vez en Maracaibo?”

“Me dio pena tu… novio. ¿Cuento contigo para la escena de mañana?”.

Marcano se sienta en una silla buscando su ropa:

“Mi ex novio. Y sobre mañana, siempre que haya dinero, cuentas conmigo”.

“Genial porque tengo una propuesta adicional: un contrato deexclusividad con ASS”.

Esa noche, Miguel masajea el cuerpo perfecto y desnudo de Marcano en el cuartito del AS.

“¿Y aceptaste ser su actor porno exclusivo?”

“Tengo buen cuerpo, tengo buena verga, tengo buen culo, soy versátil, me pagan por lo menos un 25 por ciento más de lo que saco en un mes. ¿Tengo más opciones?”

Miguel sonríe mientras le masajea las nalgas a a lo ancho y largo, y vaya que si son anchas y largas.

“Yo también lo acepté pero seguiré con el gimnasio, los masajes, el grupo de danzas. A ver si con lo que ahorro por fin puedo dedicarme a hacer mis cuadros y mis fotos de desnudos”.

“Con lo que ahorre primero validaré mi título de ingeniero, luego pondré una empresa de servicios, y si no, me iré a Buenos Aires, o Río, o México, o Miami… o Madrid”.

Miguel termina de masajear la parte posterior de piernas y hace que Marcano se ponga boca arriba en la camilla: su pinga está casi erecta.

“Primero tendremos que sobrevivir el primer año”.

“Gracias por reconectarme con el charro”.

“Por nada”, sonríe Miguel, acaricia la verga de Marcano, y se inclina a mamarla para terminarla de poner dura. Marcano disfruta esa boca tibia y húmeda hasta que súbitamente siente que le dejan de chupar el cipote.

“Oye, ¿y qué sabes de Edú? Alejo dice que no lo ve desde hace un par de días. ¿No fue contigo?”

“No”, dice Marcano. “Tampoco sé nada de él”.

“Raro, ¿no?”

“Sí… raro”, miente Marcano. Ya empeñó su palabra en no decir nada a nadie. 

            

domingo, 14 de noviembre de 2021

ASS (03): El regreso del cachero

Pedro regresa a casa y se encuentra con Edú, su primer marido, en su propio cuarto.

 


A quince minutos para las nueve de la mañana, Pedro entra a su casa. Hace solo unos segundos, la camioneta de la parroquia lo ha dejado en su propia puerta.

“Pedrito, te esperábamos para ir al mercado”, avisa su mamá llevando una bolsa de pajarrafia en la mano.

“Ya regresamos, hijo”, le dice su papá, y ya con la mano en la chapa de la puerta: “Por si acaso ha llegado Edú; por ahora lo hemos dejado en tu cuarto hasta ver qué decide tu hermana”.

Pedro, quien está a punto de subir la escalera al segundo piso, se queda helado.

Mientras sus papás salen, el chico, nervioso, se acerca a su dormitorio. Al abrir la puerta, en una de las dos camas que hay en la habitación, un hombre delgado, marcado, trigueño oscuro, parece despertarse debajo de las sábanas. Tiene el torso y las pantorrillas desnudas. Quizá esté en ropa interior, piensa Pedro.

“¿Campeón!”

Edú se levanta de la cama; no tiene ropa interior: está calato. Abraza a Pedro, quien sigue desconcertado.

“Te extrañé”, susurra el visitante. “¿Tus viejos?”

“Al… mercado”, alcanza a responder Pedro.

Edú se adelanta un poco y cierra la puerta que estaba entreabierta. Regresa a abrazar a Pedro, lo mira con cariño.

“Por fin, después de seis años”, le dice con ternura y de inmediato lo besa en la boca, y un beso profundo, con lengua. Pedro corresponde. “quítate la ropa”.

“Pero…”

“Aprovechemos que tus viejos no están… estoy aguantadazo”.

Edú no espera que Pedro se desnude,así que lo hace él. El chico ni se opone ni colabora.

Cuando edú logra echar a Pedro sobre la cama ya tiene su pinga parada, y Pedro sigue en bóxer viendo el pene de 19 o 20 centímetros, grueso, que late enfrente suyo.

“¿No lo has olvidado, ¿o sí?”

Edú quita el bóxer al chico y se acuesta sobre él. Pedro también tiene su pene erecto. Edú vuelve a besar en la boca al chico.

“¿Ya te olvidaste cómo cachábamos, campeón?”

Pedro sigue sin responder. Aparentemente nunca responde. Edú sonríe y, sin perder el tiempo, se incorpora, levanta las piernas y las medio eleva. En poco rato, edú hunde su cara entre las dos nalgas de Pedro, le chupa el ano. Pedro vuelve a experimentar las mismas sensaciones placenteras que aquella primera vez hace seis años, y que la noche anterior, allá arriba en Artesanos.

“Chúpamela, campeón, como te enseñé”, pide edú, quien se para sobre el tapete a los pies de ambas camas. Pedro se sienta, abre de piernas, toma a edú por las nalgas y se aproxima a su pene. Comienza a succionarlo suavemente. “Así, campeón, saboréalo”.

El pene duro de Edú se vuelve más duro aún dentro de la boca de Pedro.

“Ponte en cuatro”.

Pedro obedece y edú vuelve a humedecer el ano del muchacho. Coloca su glande en la entrada del orto y empuja poco a poco.

“Así, campeón, qué rico está tu culo”.

Pedro siente que edú se mueve con firmeza y gentileza. Después de seis años, siente de nuevo esa pingaza deslizándose en su interior. Ya no es asunto de creer sino de disfrutar.

Edú hace chocar su pelvis, acelera, jadea, gime.

“Ponte piernas al hombro”.

Pedro obedece y deja que Edú coloque su peso liviano sobre él. El bombeo de la penetración se combina con los besos que ambos se dan en la boca. Casi involuntariamente, Pedro contrae los músculos de su recto, agregando una sensación placentera al miembro de su cachero.

“Voy a acabar”, avisa edú.

Súbitamente, se arrodilla sobre el colchón y hace que Pedro se ponga en cuatro patas pero mirándolo.

“Saca la lengua, campeón… como te enseñé”.

Edú se masturba y cinco potentes ráfagas de semen se disparan dentro de la boca de Pedro.

“Trágatela, campeón. Es proteína pura”.

Pedro prueba el sabor neutro con un sutil toquecito ácido del semen, y se lo pasa. Edú vuelve a besarle en la boca (llegando a probar los residuos de su propia leche) y se acuesta en la cama; jala a Pedro para que se acueste en su pecho.

“¿Y de dónde me sacaste ese físico, campeón? Cuando me fui a Chile, eras un palo de escoba”.

“Entreno pesas”, por fin reacciona Pedro. “¡Cuándo regresaste?”

“Anoche. Vine directo acá y tu viejo me dijo que saliste por un tema de parroquia. Entonces, me instaló acá”.

Pedro se incorpora un poco para ver a los ojos de Edú.

“Me dejaste por Pierina”.

Edú se siente cuestionado, pero no le incomoda.

“Era un huevón. Tuve miedo. Algunos patas comenzaron a sospechar que tú y yo cachábamos, y… recién terminabas la secundaria”.

“Fue el qué dirán, entonces. ¿Por qué regresaste ahora a San Sebastián?”

Edú respira un poco.

“Oye, ¿te imaginas si tus viejos descubrían que cachábamos?”

“Pudiste esperarme a que cumpliera 18, pero te fuiste con Pierina”.

Edú se toma su tiempo. Sostiene el contacto visual con Pedro mientras le acaricia su cadera y su nalga izquierda.

“Dos volcanes estallaron en mi vida y se vino mi mundo a la mierda”.

“¿Dos volcanes? No me digas que vivías en ese lugar…”

“Sí, la Araucanía. Hubo un culo de temblores hasta que un buen día la tierra se abrió y… todo lo que construí se lo tragó… ya ni quiero acordarme”.

“Pero ese fue un volcán… ¿Dónde apareció el otro?”

Edú se toma su tiempo, traga saliva.

“Pierina me… me encontró con otro cabro en la cama”.

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

domingo, 9 de octubre de 2022

ASS (47): Un nadador en toda su plenitud

El doctor Talledo, olvidándose de cualquier principio ético, acaricia el pene de Julián.



El cuerpo desnudo de Julián sobre la camilla del doctor Talledo parece un regalo de los dioses del Olimpo: enormes pectorales a juego con una gran espalda y unos brazos bien moldeados, una cintura muy pequeña, grandes piernas torneadas, y en medio de ellas, un pene flácido de dimensiones promedio descansando sobre un par de generosas bolas. De reojo, Talledo ha notado que el culo de su nuevo paciente no es enorme como el de Flavio o Marcano, pero redondito y cumplidor como el de Alejo, Miguel, o el propio Enrique.

“Tu examen externo parece normal: no veo nada excepto el cuerpo de un nadador en toda su plenitud, pero…”

“¿Pero qué pasa, doctor?”

“El PREP es una droga relativamente fuerte; de hehcho podrías sentir alguna incomodidad los primeros días que la tomas, pero nada del otro mundo hasta que te adaptas… Mi problema es que no haga interacción con… con los que tomas para recuperar masa muscular”.

“Doctor, si se refiere a lo del estanozolol, es falso: no he perdido cabello, como dentro de mi régimen, duermo ocho horas corridas sin sobresaltos… mis huevos no se achicaron, se me para el pene con normalidad y firmeza”.

“¿En serio?”, averigua Talledo más por curiosidad personal que por preocupación médica.

“Claro… Si me estimulo, puede notarlo”.

“¿Cómo te estimulas, Julián?”

“Bueno… Me lo toco, o si veo a dos personas teniendo sexo, o cuando tengo sexo… usted sabe, lo normal… Usted me dice y yo se lo puedo comprobar ahorita”.

“Haremos una pequeña prueba”, avisa el médico, quien, olvidándose de cualquier principio ético, acaricia suavemente el pene de Julián. “Relájate”.

Poco a poco, el miembro del nadador va alargándose aunque aún sigue flácido. Julián cierra los ojos.

“Anoche me lo chuparon rico”, comenta el atleta.

“¿Te gusta que te la chupen?”

“Me encanta”, suspira el chico sonriendo y con los ojos cerrados.

Talledo no espera más. Se inclina. Él mismo mama la picha de Julián.

“Wow… Qué rico”, sigue susurrando Julián. “Qué rico”.

Efectivamente, el pene se pone duro y grueso.

“Qué rico la chupa, doc”.

“¿Quieres eyacular ya?”, consulta el médico en un descanso.

“Me contengo, pero… siga, siga”.

Talledo sonríe. Detiene la fellatio, va a su escritorio y saca un frasquito. Se lo pone en la mano al nadador.

“Entra al baño, lávate bien la pinga y luego te pajeas pensando en cómo te la chupé. Quiero que eyacules aquí dentro”.

“¿qé va a hacer con mi semen?”

“Exámenes de rutina… confía en mí”.

Julián se desconcierta un poco, pero… acata. Dentro del baño, será fácil elegir alguno de sus recuerdos más recientes: aquella mañana con el español velludo en su departamento de Lima, la escena de la orgía que vio apenas llegado a casa de Enrique en Los Ejidos, la prueba que le hicieron con Flavio la noche anterior. Pasa todas esas imágenes en su cabeza como si fuese una película. Su pene se pone duro. Se pajea. Cinco minutos después, eyacula dentro del frasco. No lo profuso que quisiera, pero hay una buena cantidad.

Aún desnudo, Julián sale del baño y entrega el frasquito cerrado al doctor Talledo.

“¿Cuánto tiempo tomarán los resultados?”

“Para mañana a esta hora ya debemos tener datos, querido Julián”.

El nadador sonríe y busca su ropa. Encuentra su slip y justo al ponérselo, se queda viendo al médico:

“¿Puedo decirle algo, doc, pero no se ofende?”

“En absoluto, Julián; puedes confiar en mí”.

“La chupa riquísimo”.

Talledo sonríe. Mientras rotula la calcomanía que pondrá como sello en la tapa, se pregunta a qué sabrá la leche del nuevo talento de ASS.

Cuando Julián regresa a la sala de espera, nota que en el asiento hay un chico guapo, musculoso, viendo su celular. Se detiene unos segundos. Entonces, la puerta del consultorio médico se abre.

“Pasa, Alejo”, anuncia Talledo.

El chico se levanta y entra.

“Alejo, Alejo”, se repite Julián en voz baja para no olvidarse. Entonces, su cerebro hace sinapsis.

Al bajar a la calle, donde enrique lo espera en la SUV que está aparcada en la vereda del consultorio, y acomodarse, no espera mucho.

“¿Tendré escenas con el tal Alejo?”.

“Ah, ya lo cachaste al güey”, responde enrique despreocupadamente.

“No, aún no me lo cacho pero… si se presenta”.

Enrique sonríe y entiende que usó la jerga desacertadamente:

“Que ya lo viste al güey”.

“Ah, sí, y me pone para una escena”.

“Podría ser una escena de guerra de espadas en la piscina: Alejo es activo”.

“No importa”, dice Julián. “Si me lo pides, hasta le hago beso negro”.

“¿Y que te lo haga?”

“Déjame pensarlo… ¿de cuánto hablamos, enrique?”

El productor y actor sonríe. Tendrán que esperar a que Alejo salga de su consulta. Es probable que el viaje en la SUV pueda arribar a algunos acuerdos.

Mientras tanto, dentro del consultorio, Talledo mama la pinga del actor y escort musculoso. Toda hasta la garganta. Se la saca de la boca:

“Tengo condones y estoy limpio: ¿me la metes al toque?”

Alejo sonríe:

“Se supone que usted…”

“Te pago tu tarifa”.

Alejo vuelve a sonreír:

“Trato hecho”.

Talledo se baja su blanco pantalón y su bóxer de licra mientras el escort se pone el forro. Meter su pinga en ese agujero casi no necesita lubricante. El médico gime ahogadamente mientras se pajea hasta venirse en otro frasquito de muestras. El espasmo del músculo anal advierte a Alejo que ya no debe mecerse más. Menos mal que solo perdió un poco de líquido preseminal. Nada más.

Y para terminar, mira un video porno gay.

medical-exam 

sábado, 20 de febrero de 2021

La hermandad de la luna 1.2

Cuando Carlos está regresando al despacho, Frank sale del mismo.

“¿Firmaste?”

“Claro que sí, tío. ¿Tanto te hice buscar la chamba pa’ quedarte mal?”

Carlos respira con cierto alivio.

“Mas bien”, continúa su sobrino, “medio loco el señor Manolo”.

Carlos carraspea un poco:

“Bueno, sí, a veces nos gasta cada broma pesada. Mas bien, discúlpalo”.

“Así son todos los militares, tío. A mí no me llama la atención”.

“Pensé que iba a obligarte a quedarte calato frente a nosotros”.

Frank se toma varios segundos.

“¿Sabes qué, tío? Si era por tener la chamba, sí lo hubiese hecho. Como que no hay mucho para elegir ahora porque en todos lados están los venezolanos”.

“¿en serio lo hubieses hecho?”

“Sí; además son solo tres meses, ¿no? Tengo hasta fines de setiembre para encontrar otra chamba, o si no, me voy de Collique”.

“Pensé que ibas a quedarte hasta marzo, cuando acabe la temporada de mangos”.

“También pensé lo mismo, tío, pero no sé aún”.

Carlos sonríe y despide a su sobrino con un apretón de manos, lo ve montarse en su motocicleta e irse por el camino asfaltado al lado del canal Taymi. El esbelto y espigado Adán, Orejón para los amigos, ojos verdes y cabello castaño bien crespo, ha estado viendo la escena.

“Seguro que él es quien te dijo Oj?”

Carlos sonríe:

“Tú lo viste hablar igual que yo, igual que todos; tú viste que esa noche dejó de ser amarillo y cambió a verde, y tú viste que cuando le preguntamos por Christian se puso azul. Tú viste”.

“Sí, yo vi”, sentencia Adán. “Pero también vi el cielo nublarse cuando Oj se puso verde, y no sabemos si eso es una buena señal”.

“Frank es parte de la estirpe”, replica Carlos.

“Tú eres parte de la estirpe”, interrumpe Adán. “No me queda claro si tu sobrino lo es… no aún”.


 

Por su parte, todavía dentro de la casa grande, Christian toca la puerta del dormitorio de Manolo, el más grande del segundo piso. Espera. Cuando al fin la abren, el dueño de toda la propiedad está desnudo y acabado de bañar, se le acerca y lo abraza, besándolo profundamente en la boca.

“Quién como tú que ya estás fresco”, le dice el recién llegado.

Manolo le sonríe y piensa que Christian, su joven abogado, se ve más sensual sin sus anteojos, que mas bien le dan un aire intelectual.

“Date un duchazo”.

“¿Llegó Tito?”

“Averígualo tú mismo”, incita Manolo.

Christian va a un extremo del dormitorio, resopla, y comienza a desabrochahrse la camisa, quitarse los zapatos, los calcetines, sacarse el apretado jean de tela delgada, su microbóxer, y revelar una anatomía que bien pudo inspirar al David de Bounarotti, con ccada músculo firme y puesto donde debe estar, incluso ése que ahora se luce en su mínima expresión sobre sus grandes testículos y bajo sus pendejos recortados, que destacan en medio de toda su anatomía lampiña. El muchacho desnudo entra al baño, y tras el vidrio que protege la ducha mira a Tito refrescándose. Ese otro hombre, desnudo, luce como un gladiador medio vikingo, apariencia de fisicoculturista, vellos por todas partes, enorme paquete. Tito termina de ducharse, se pasa las enormes manos para sacarse las gotas de agua que tapizan su cuerpo, y abre el vidrio de la ducha:

“Te toca, doctor”.

Christian avanza y cuando va a entrar a la ducha, siente que Tito le da una cariñosa nalgada.

“Durito tu culo, como siempre”.

Christian, entrando a sus treinta, espera que cuando esté a mitad de los cuarenta, como Tito, siga conservando cada músculo firme en su lugar.


 

Cuando sale de darse el duchazo, encuentra a Manolo acostado desnudo sobre Tito, quien usa sus piernas abiertas para meter alguno de sus talones entre la raja de las nalgas, en tanto el dueño de casa acomoda su pene ya erecto intentando conquistar el velludo ano de su compañero, subordinado y amigo. Mientras se abrazan, se dan un beso a todo lo que pueden sus bocas abiertas.

“Ustedes sí que no saben esperar, ¿no?”, sonríe el abogado.

Manolo y Tito se separan sonrientes, y revelan sus largos, gruesos y lubricados falos. El de Christian también comienza a erectarse en tanto avanza hasta el lecho y busca un espacio. Se abraza a Tito y lo besa en la boca mientras Manolo le cubre la espalda. Bueno, en realidad, mientras Manolo le soba su pene duro en esas redondas y firmes corvas. De inmediato Christian gira para darle a Tito el turno del rol que ocupaba a Manolo, quien lo ubica bajo su cuerpo y comienza a besarle el cuello, para irlo recorriendo con sus labios a lo largo del torso hasta llegar al miembro viril, el que lame, emboca y succiona con mucho cuidado y esmero.

“Qué rico se siente”, suspira Christian.

“¿Y crees que tu boca va a estar ociosa?”, interviene Tito.

“¿Qué tienes para mí?”, seduce el abogado.

Tito  se incorpora y como puede se pone de cuclillas sobre la cara de Christian.

“A ver, muéstrame el poder de tu lengua”, invita el peón.

El chico no defrauda. Sopea el ano de Tito y poco a poco lleva esa lengua por el perineo hasta llegar a las bolas del gladiador. No le jode el hecho de que con cada embocada, quizás arranque vellos que se quedan sobre sus papilas. Finalmente, chupa la cabeza del pene semierecto. Para ese momento, Manolo levanta las piernas a Christian y luego de agasajarle los testículos, mete la lengua en el recto, para luego arrodillarse.

“¿Como en las ceremonias a Nii?”, consulta.

“Igualito”, suspira Tito.

Manolo se chaquetea el pene para ponerlo más duro y asegurar lubricación, lo coloca a la entrada del esfínter y comienza a empujar poco a poco, dando tiempo para que ese delicado músculo vaya acostumbrándose. Con paciencia, los dieciocho centímetros rectos logran entrar en esa caliente oquedad. Tito, por su parte, se inclina hasta el pene de Christian de tal manera que ambos hagan un sesenta y nueve. El bombeo de Manolo continúa hasta que Tito decide terminar la fellatio de manera unilateral.

“Me toca a mí”, pide.

Con sumo cuidado, Manolo saca su pene y se sienta sobre el de Christian, lo pone en su propio ano y comienza a meterse diecinueve centímetros de masculinidad; mientras tanto, Tito mete sus veinte centímetros en el ano del abogado. Las cosas continúan así hasta que el más joven siente llegar el orgasmo.

“Las voy a dar”, y dispara su semen dentro del recto de Manolo, contrayendo involuntariamente su hueco y forzando a que Tito le saque su miembro. El dueño de casa se adelanta hasta la cara del primer satisfecho y le mete su pene a la boca.

“Sácame la leche”, le ordena.

Mientras tanto, Tito se arrodilla sobre el vientre de Christian y conecta su verga aún dura al culo de Manolo, quien demora en venirse, pero termina haciéndolo.

“Tómate mi leche”, le dice a Christian.

La contracción del recto termina provocando que Tito dispare la suya dentro de Manolo.

“Lo máximo”, califica el peón.