martes, 10 de enero de 2012
Athreesome after dinner, including my young leader
domingo, 31 de octubre de 2021
ASS (01): La linterna de Juan
El padre Alberto descubre a Juan cachando con Pedro y termina convirtiendo el dúo en trío.
Es sábado, diez
de la noche en Artesanos y el padre Alberto se siente algo picado. Tras el
matrimonio que consagró, participó de la recepción y tragos van, tragos vienen.
Imposible decir no. Delante suyo, Juan ilumina el camino de greda con una
linterna. Al lado va Pedro, quien esa noche fue el acólito y está muy sobrio.
“Ya casi
llegamos”, avisa Juan con la voz claramente tocada por el licor. “Veinte pasos
y llegamos”.
En un minuto ya están
en la puerta de la construcción de adobe. Al entrar, Juan pprende la luz eléctrica
e indica un cuarto grande al padre Alberto:
“Aquí va a pasar
la noche”.
“Gracias, Juan.
¿Antes no podría usar tu ducha un rato? Mañana no quiero amanecer con resaca”.
“Claro, Padre”.
Alberto entra a
la pieza que le señala, la que solo tiene una cortina de separación.
“Nosotros vamos a
mi cuarto”, avisa Juan a Pedro indicándole otra cortina. Ambos entran. “Acomódate:
voy a sacarle una toalla al Padre”.
Pedro se sienta
sobre la cama y comienza a quitarse los zapatos y las medias.
Cuando Juan
ingresa al otro cuarto, Alberto ya se ha quitado la camisa revelando un par de
bien formados pectorales, unos abdominales incipientes y brazos bien torneados.
“Es la puerta del
fondo y luego cruza derechito al otro lado del patio”, indica al sacerdote
dándole la linterna.
“Mostro”,
confirma Alberto sacándose el pantalón y revelando unas piernas de futbolista y
un culo bien redondo que se oculta muy mal bajo el bóxer gris.
Juan regresa a su
cuarto y al pararse junto a la cama, se quita toda la ropa.
“¿Ya te dormiste,
Pedro?”
“No, aún no”.
Juan escucha que
la puerta del fondo se abre. Él, entonces, se mete a la cama, y sin pensarlo
dos veces aproxima su piel a la del invitado.
“Ya estás
calatito, Pedrito”.
“Creo que por eso
te ofreciste muy amable a que pasemos la noche aquí, ¿no?”
Juan sonríe en la
oscuridad y se acuesta encima de Pedro.
“Ya la tienes
parada, pendejo”.
“Tú igual: ya
estás al palo”.
Juan besa en la
boca a Pedro, quien acaricia la suave aunque no tan amplia espalda de su amante
hasta llegar a sus redondos glúteos; comienza a masajearlos.
“Aguarda con el
culo, huevón. Mejor chúpamela”.
Juan se arrodilla
sobre el duro colchón y destapa a ambos. Pedro se pone en cuatro y comienza a
mamarle el pene de unos 17 centímetros.
“Así… qué rico…
trágate mi pichula”.
Juan está en lo
mejor del sexo oral cuando siente un resplandor en su izquierda.
“Perdona que no
encue…”
`´el, Pedro y el
recién llegado se quedan de una pieza.
“¡Padre
Alberto!”, exclama el acólito con sorpresa y miedo.
En segundos, los
dos chicos sobre la cama sienten que el sacerdote se les aproxima y también se
sube al colchón.
“Hagan de cuenta
que no vi nada, pero déjenme participar”.
Juan no lo duda
mucho.
“Chúpasela”, le
pide a Pedro, quien tampoco parece dudarlo. Con cierto recato, toma la pinga de
Alberto y se la mete a la boca. Aún está blandita… pero no tarda en ponerse
dura.
“Chúpasela a Juan
también”.
Pedro hace caso y
termina alternando ambas pichulas en su boca, las succiona, las compara. La del
Padre es casi tan grande como la de su amigo aunque un poco más gruesa… y
lubrica como mierda.
Alberto siente
que es hora de dar un nivel más arriba y se coloca detrás de su monaguillo, se
inclina, le abre las dos redondas y duras nalgas y comienza a chuparle el culo.
Mientras Pedro chupa la pinga a Juan, comienza a gemir. No tarda mucho tiempo
cuando el trozo de carne duro e hinchado se mete poco a poco en las entrañas
del chibolo a través de su ano dilatado. El Padre Alberto comienza a bombear
hasta hacer sonar su ingle contra el culo de Pedro, quien continúa succionando
la verga de Juan.
Al poco tiempo,
el Padre saca con cuidado su miembro.
“Gózalo, Juan”.
El aludido entiende
que es hora de meter su verga al interior de su amigo, mientras el sacerdote
toma su lugar, y así sucede. La ronda ocurre por diez minutos más.
“Las voy a dar,
las voy a dar”, avisa Juan mientras culea a Pedro, y sin más, suelta su leche
dentro del acólito. Incluso luego de botar todo su semen, se mueve un poco más
antes de sacar su pija algo morcillona.
“es mi turno”,
anuncia el Padre Alberto, quien rápidamente (y casi atropellando a un
satisfecho Juan) se coloca tras el culo de Pedro y le clava su pene erecto; se
mueve con firmeza y ternura hasta que
siente el orgasmo inundar su bajo vientre.
“Me vengo, me
vengo, cabrón”.
El Padre Alberto
expulsa como medio litro de semen dentro del recto de Pedro, quien ahora yace
en medio de sus dos cacheros de turno.
“¿Qué te pareció
el trío?”, pregunta el sacerdote.
“Locazo”,
responde el joven.
“Y pensar que yo
venía a decirle a Juan que me indique bien dónde queda el baño”.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Cuaderno de Obra (35)
Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.
A las tres de la tarde, en el terminal, Dante espera a Tito, pero no aparece. Tiene los dos pasajes a mano, con destino a Lima. Al fin, llaman por los altavoces para abordar. Nada con Tito. Dante sube al autobús asumiendo que tendrá que viajar solo.
El vehículo comienza a rodar. Dante prefiere cerrar la cortinilla. No vale la pena ver afuera. Pone música en su celular, se aísla mediante sus audífonos, cierra sus ojos.
El autobús se detiene, pues le tienen que abrir el portón del terminal. Entonces, Dante siente que alguien ocupa el asiento vacío del costado. Abre los ojos, incómodo.
- Disculpa. Mamá me tenía loco dándome recomendaciones.
- El compañero de viaje es Tito.
Al finalizar la jornada de ese lunes, Ya la estructura de la escuela está lista para el techado. Para Juan, ahora sí parece un laberinto completo. Pero, ¿dónde estará escondido el minotauro?
Como es su costumbre, con la poca agua que hay en los tanques, se da un baño, como que evita ocupar el de su casa innecesariamente para no molestar a su mujer. Se desnuda por comppleto, y se deja refrescar por un grueso chorro del líquido.
- Don Juan.
- El aludido se voltea. Robin, el obrero joven, está en la puerta. Tiene su camiseta al hombro y sólo viste su short, revelando su esbelto y trigueño cuerpo.
- ¿Qué hubo?
- Ya aseguré todo como me lo ordenó… ¿puedo bañarme aquí?
- Juan duda.
- ¿Hay alguien por ahí?
- No. Todos se fueron ya. Estamos… solos.
- Juan le hace ademán. Robin se quita toda la ropa, y se ubica a pocos centímetros, de quien ahora se echa el jabón.
- Don Juan, quería agradecerle por haberme aceptado en su cuadrilla.
- De nada. Trabajas bien. Gracias a ti mas bien.
- ¿Sabe algo? Hoy será mi último día aquí.
- Juan se voltea a ver al muchacho, quien ya tiene el cuerpo húmedo, y busca su propio jabón.
- ¿Pasó algo?
- Es que se llevan a mi viejita a Lima, porque está mal, y alguien debe cuidarla.
- Entiendo. ¿Ya hablaste con los ingenieros?
- Sí, ya arreglaron mi liquidación. ¿sabe? Nunca olvidaré lo que aprendí acá. Tampoco lo olvidaré a usted.
- Gracias. Me alagas. ¿Y qué aprendiste?
- Mucho… especialmente esto.
- Robin se acerca a Juan y lo besa en la boca.
- El dirigente no sabe cómo reaccionar, se queda estático. Robin no espera y lo vuelve a besar. Juan lo rodea por la cintura. Ahora sí, nada impide que sus cuerpos se estrechen. Sus penes no tardan en ponerse duros y largos.
- Tiernamente, Robin acaricia la verga de Juan, y besándole las tetillas, se pone en cuclillas. La fellatio es inminente. Juan siente cómo la boca del muchacho le cosquillea su miembro.
- Robin también le lame las bolas y pasea sus manos por la espalda baja, las nalgas y las piernas de su amante. Entonces se pone en pie, va a buscar algo en su ropa, regresa.
- Métamela por el culo.
- Robin le deja un paquetito metálico en la mano a Juan, y de inmediato se apoya en el tanque, parando su culo. Juan está a mil…
Lucas entrega los reportes que Renzo espera. Los revisa.
- Vaya. Todo está en orden. Felicitaciones.
- Gracias, ingeniero.
- Lucas sonríe ampliamente, habla con afabilidad. En eso entra Gustavo. Renzo le sonríe, le presenta a su nuevo asistente.
- Él es Gustavo, mi pareja.
- Mucho gusto.
En el interior de la escuela en construcción, Juan por fin le mete sus 19 centímetros de verga protegida por el condón dentro del culo de Robin. Lo hace poco a poco, dejando que se dilate. Le interesa que su amante goce tanto como él. Logra entrar toda.
Juan se aferra de las caderas de Robin y comienza a cimbrarse. Ambos gimen. Ambos se dicen cosas sucias.
- Qué rico se mueve… ábrame bien el culito… ahhh…
- Eso, qué rico… ¿te gusta mi pinga?
- Varios minutos después, El semen de Juan se esparce por una de las nalgas de Robin, pues le pidió que las dé fuera.
- Ambos se enjuagan.
- Jamás lo olvidaré. Cuidese.
- Robin vuelve a besar a Juan, se viste. Se va.
- Juan se queda allí, solo, en medio del laberinto sin minotauro… o quizás sí.
Dos días después, Eduardo manda a llamar a Juan.
- Ingeniero, ¿para qué soy bueno?
- Bueeeno…. Creo que para más de lo que sospechaba. Mire esto.
- Eduardo coloca un disco en su lap-top, gira la pantalla, cierra la puerta de su oficina.
- Juan se queda de una pieza. Es él cachando con Robin. Mira al ingeniero, quien está sereno. Cuando al fin se cruzan miradas, le entrega un papel.
- Llegó con esto.
- Juan lo lee: “Dígale a su obrero que no se haga el héroe. A mucha gente le gustará ver este video en Internet”.
- ¿Y esto, ingeniero?
- Es una amenaza. Y para mí está claro lo que le piden.
- ¿Qué?
- Renuncie de inmediato a su puesto en la obra para que esto no se publique.
(CONTINUARÁ)
© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.
domingo, 22 de mayo de 2022
ASS (29): El nuevo peón promete silencio
Juan consigue trabajo en la parcela de Julio, y su bienvenida incluye un trío con el Padre Alberto.
Una diligencia ha
llevado al Padre Alberto muy temprano, la mañana de ese jueves, hacia
Artesanos, donde había celebrado un matrimonio hace dos fines de semana. Al
terminar, pasa por la casa de Juan, quien sale vestido con un polo de
camuflaje, recuerdo de su paso por el servicio militar, una pantaloneta
deportiva y zapatillas. el sacerdote no puede evitar solazarse con la esbeltez marcial
del muchacho quien, además, lleva una mochila al hombro. Le abre la puerta de
la camioneta y lo invita a subir.
“¿Listo, Juan?”
“Recontra listo,
Padre”.
El vehículo
emprende la marcha.
“Gracias por
llevarme”, se adelanta el muchacho.
“Cuando quieras”,
sonríe el cura posando su mano en el paquete aún blandito del ex soldado.
Tras veinte
minutos de viaje, la camioneta de la parroquia llega hasta la parcela de Julio,
quien los recibe muy contento. Les hace un recorrido por toda la propiedad.
Pasan por el noque revestido que refulge con la luz del sol.
“Perfecto para
encuerarse y darse un chapuzón”, comenta el Padre.
“¿Sí se baña
calato en el campo?”, sonríe Julio.
“Que te cuente
Juan”, guiña un ojo Alberto.
“Si fuese noche
de verano, sí podríamos; ahorita de día, a veces los vecinos… usted sabe”.
“en Artesanos hay
una parte de la quebrada que está bien caleta”, interviene Juan. “Ahí siempre
nos bañamos calatos y nadie jode”.
“A mí no me jode
bañarme calato”, aclara Julio, “es más, si les contara lo que pasaba en los camerinos
y hoteles cuando íbamos a jugar fútbol, al Padre le da un infarto”.
“Si vas a decirme
que hacían orgías, ya estoy curado del susto”, ríe Alberto.
“¿Incluso si le
digo orgías entre patas?”, reta Julio, también sonriendo.
A Juan, la
conversación ya le puso el pene más que duro… y la pantaloneta no lo disimula.
“No me
escandaliza en absoluto que dos o más hombres tengan sexo”, replica el cura.
Julio sonríe y se
comienza a sobar la bragueta ya sin roche: “estoy bien al palo”.
“También la tengo
bien parada”, confirma Alberto sin hacer más gestos.
Ya sin roche, los
tres van a la casa, entran al dormitorio principal, se quitan toda la ropa y
arrodillados en la cama, comienzan a besarse en la boca al mismo tiempo que se
acarician la espalda y los redondos culos (en especial el del Padre) mientras
sus largos y gruesos penes erectos se rozan y humedecen gracias al líquido
pre-seminal que fluye del falo del cura.
El Padre Alberto
los hace ponerse de pie y comienza a chuparles la verga alternadamente mientras
les acaricia las nalgas. Julio y Juan siguen besándose en la boca.
“Cógeme, Juan”,
pide el cura.
Mientras Alberto
se pone en cuatro patas, el ex soldado se arrodilla y se inclina a palmearle
los glúteos, masajearlos, abrirlos y hundir su cara en medio de tan generoso
trasero.
“Ven para
seguírtela mamando”, le indica a Julio mientras tanto, y él acata ofreciendo
sus jugosos 18 centímetros poniéndolos en la boca del religioso quien la
succiona de inmediato.
Mientras tanto,
Juan se incorpora otra vez, separa las grandes nalgas de Alberto con sus manos
y comienza a meter su verga de 17 centímetros poco a poco hasta que puede pegar
sus bolas al perineo del cura. Con la
claridad del cuarto, ahora sí puede ver cómo su pene entra y sale de ese ano
rodeado de vellos. Julio también puede ver con mucha claridad cómo su pene
erecto entra y sale de la boca del Padre Alberto aunque miles de preguntas
llegan a su cabeza amenazando con romper el disfrute del momento.
Tras pasar largo
rato meciéndose cada cual sin cambiar de posición, Juan hace un gesto que
inequívocamente anuncia que su orgasmo se aproxima. Y lo hace con un gemido más
largo que todos los que dio durante el trío: eyacula dentro del ano del cura.
Julio, que ha estado más distraído que otra cosa, saca su pinga de la boca del
sacerdote.
“Suficiente”,
dice un poco seco.
Cuando la
camioneta deja la parcela ni siquiera son las 11 de la mañana. Juan termina de
ponerse su ropa de faena y va al encuentro de Julio quien está revisando las
palas, siempre al lado de la puerta trasera de la casa.
“Ya estoy listo”,
avisa.
Julio le sonríe
algo protocolar pero no entusiasta como al inicio.
“¿Puedes decirme
algo, Juan, y hablarme con la verdad?”
“Claro, don
Julio. Mande usted”.
“¿Tú… es la
primera vez que cachas con ese cura?”
Juan se queda
frío ante la pregunta a quemarropa, pero entiende que es palabra comprometida,
así que se toma solo unos segundos.
“No, señor. No es
la primera vez”.
“¿Y siempre
cachas sin forro?”
“Yo estoy sano,
señor”.
“¿Y crees que ese
cura solo cacha contigo?Dicen los rumores que cacha con otros chicos de su
grupo de la parroquia”.
Juan traga
ssaliva:
“Yo no sé si el
Padre cacha con otros chicos de la parroquia, señor, pero conmigo ésta ha sido
la segunda vez en toda mi vida”.
“¿Y no tienes
miedo del SIDA, esas enfermedades? Deberías cachar con forro”.
Juan baja la
cabeza y se sonroja.
“Ah… Juan, algo
más… ¿también has cachado con… con mi hijo?”
Juan levanta la
cabeza, se llena de fortaleza como le enseñaron en el servicio militar:
“Sí, señor. Una
sola vez en mi vida, pero… sí… señor”.
“¿Y cachaste con
alguien más de ese grupo parroquial?”
“La verdad,
señor, solo con uno, pero… mucho antes de estar en AS”.
“Ya me imagino
con quién cachaste… Mira, Juan, me tranquiliza que mi hijo y ese cura te
respalden y el empleo ya es tuyo pero… ahora que también sabes de qué pie
cojeo, así estés bien arrecho, ni una palabra a mi hijo… ni a nadie.
¿Quedamos?”
“Quedamos, señor”, asegura Juan.
sábado, 17 de septiembre de 2022
ASS (46): Juan y Paco cachan en la parcela
Tras una noche de algunas copas, una noche de rico sexo termina de mala manera.
Casi a las once
de la noche del domingo, Paco sale de un barcito de poca monta en una calle
céntrica de San Sebastián. Se llama El Cimarrón y es punto fijo de levante gay.
Pero esa noche no fue muy propicia que digamos. Con tres copas de vino encima,
lo único que ha conseguido el docente es aplacar un poco su sensación de frío.
Al llegar a la esquina para tomar el mototaxi, cruzando la acera viene andando
un chico que no había visto antes en la ciudad. Se le nota delgado pero no
escurrido, algo atlético. Paco no lo pierde de vista; de hecho, cruza y se le
coloca muy al alcance. Nota que el muchacho parece estar buscando algo.
“Hola”, al fin le
lanza cuando lo tiene muy cerca.
“Hola”, le
responde el chico pero pasa de largo. O casi. “Perdona, busco la calle Los
Cardos, ¿sabes dónde está?”
“Te puedo
llevar”, le responde Paco con cierto gesto coqueto.
El muchacho sonríe,
agradece y accede.
Al llegar a la
calle indicada, el paseo a dúo parece finalizar.
“Ya, aquí me
oriento al paradero de mototaxis”.
“Pero esas
mototaxis van al campo”.
“es que cuido una
parcela acá cerca de la ciudad”.
Paco se
desilusiona un poco:
“Ah, tienes que
regresar a ver a tu familia…”
“No, yo la cuido
solo. El dueño es de aquí, pero vine a cenar donde unos familiares y me hice
tarde”
“¿Quién es el
dueño?”
“Un señor llamado
Julio… ha sido futbolista”
El cerebro de
Paco parece despertar. Finge buscarse algo en el bolsillo y poner cara de
preocupación.
“¿Qué te pasa,
pata?”, pregunta el joven.
“Mierda… no
saqqué las llaves de mi casa, ya a esta hora mi vieja no me abre la puerta ni
cagando”.
“¿Qué harás?”
“Pasar la noche
en la calle, pues… ¿cómo me dijiste que te llamas?”
“Juan… mucho
gusto”.
“Yo soy Paco…
Tendré que buscarme una cómoda banca en un parque y pasar la noche ahí”.
“Pero… hace mucho
frío, es peligroso”. El muchacho parece reflexionar algo. “Tengo una idea,
Paco”.
Veinte minutos
después, una mototaxi los deja en la puerta de madera que accede a la parcela
de Julio, y cinco minutos después, en el cuarto que ocupa Juan.
“Hace más
calorcito aquí”, comenta Paco sonriendo.
“Sí, de hecho yo
duermo calato… como nadie entra aquí”.
“Ah, que
coincidencia”, finge Paco. “Yo también duermo calato en mi casa”.
“Durmamos
calatos, entonces”, invita Juan. “Total, somos hombres, ¿no?”
No pasan ni dos
minutos, y ambos varones ya están desnudos dentro de la cama, tapados con esa
gruesa colcha de alpaca.
“¿Se siente rico dormir
calato, no?”, prosigue Paco.
“Sí”, confirma
Juan. “Y más cuando se te para la verga”.
“¿Tienes la verga
al palo?”, pregunta Paco fingiendo inocencia.
“Duraza”, sonríe
Juan en la oscuridad.
“No te creo”,
finge refutar el docente.
“Tócala… si
quieres”, dice el otro chico, pero la invitación viene con cogidita de mano
bajo la colcha a lo que Paco no se hace de rogar: efectivamente, el pene del
muchacho está duro y grueso. Paco lo
toma y comienza a explorarlo.
“¿Cuánto mide?”
“No sé. ¿Por
qué?”
“Es grandecito”.
“¿Tú crees?”
“Sí”, responde
paco.
“¿Quieres…
chupármelo?”
Paco entiende que
hace rato le han sacado línea y que no vale seguirse con rremilgos. Sonríe en
la oscuridad. Se interna bajo la colcha, recorre con su mano libre el marcado
cuerpo de Juan y llega a su falo. Lo huele un poco. Parece limpio. Abre la boca
y le lame la cabecita en círculos.
“Rico, carajo”,
suspira Juan.
Poco a poco, Paco
se va metiendo un ttrozo más del pene erecto dentro de su boca hasta tragárselo
todo. Como su culo está a la altura de la cara de Juan, éste último se moja el
índice derecho con su saliva y le va acariciando las lampiñas y firmes nalgas
hasta dar con su ano. Comienza a meterle el dedo poco a poco. Paco comienza a
gemir mientras sigue tragándose ese sable de 17 centímetros.
“La chupas rico,
pata, y tu culo está sabroso”.
Tras varios
minutos de la maniobra, paco deja de mamar la verga, y destapando a ambos, gira
y se sienta sobre el pene de Juan:
“Ahora vas a
gozar rico, papito”.
Paco coge el falo
y lo calibra dentro de su ano. Comienza a metérselo con facilidad debido a la
saliva que le ha dejado y a que el dedo de su amante lo ha dilatado lo
suficiente… aunque ese ano tiene cierta lubricación extra.
Paco cabalga el
pene de Juan por largo rato mientras se apoya en los marcados pectorales del
otro chico, quien no deja de acariciarle las nalgas.
“Te cacho en
cuatro”, propone Juan.
Paco acepta,
adopta la posición y ahora deja que el mancebo lo bombee con cierta firmeza.
Paco gime de placer. Definitivamente, ese chico sabe cómo penetrar el ano de
otro hombre. La ingle del activo chasquea al chocar con las nalgas del pasivo.
“las voy a dar”,
anuncia Juan.
“Dame tu leche, papito”…
dame toda tu leche”.
“Ahhh”, gruñe Juan, y
eyacula dentro del recto de Paco.
Juan sigue gruñendo de
placer por algún tiempo más hasta que saca su miembro, y se baja de la cama.
Luego que ambos se
limpian, regresan al lecho. Vuelven a cubrirse bajo la colcha.
“Sabes que tu cara me
es conocida de algún lado”, le lanza Juan.
“¿Sí? ¿de dónde?”
“Eso es lo que trato
de recordar, pero ya te he visto antes”.
“San Sebastián no es
grande; quizás de ahí”.
“Quizás”, reflexiona
Juan.
Ambos se quedan profundamente
dormidos.
A las cinco de la
mañana, Paco despierta y tras esperar a Rodo, el mototaxista, regresa a casa. Antes
de salir, se despide de Juan con un profundo beso en la boca.
“¿Volveremos a vernos?”,
le consulta.
“Ya tienes mi número”,
le sonríe Juan. “Coordinamos”.
Paco sonríe.
Durante el trayecto de
regreso, Rodo no se aguanta el comentario:
“Ya se te hizo
costumbre venir a esta parcela, no?”
“Te la perdiste”, le
dice el docente muy suelto de huesos.
De pronto, algo
inesperado. Una camioneta sale de una parcela justo antes del puente que
conecta con las primeras casas de la ciudad. Rodo trata de evadirlo.
La mototaxi maniobra
mal y cae al canal que está al lado de la carretera, quedando llantas arriba.
Rodo y Paco quedan
inconscientes.
Y para terminar, tedejamos con una porno gay.
viernes, 20 de enero de 2023
ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico
Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.
“Nos cruzamos esa noche
en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que
en el semental, o algo así”, relata Juan.
“¿Será el Cimarrón?”,
interrumpe Damián.
“Sí, creo que sí”,
replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si
se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien.
Total, ¿quién iba a enterarse?”
el peón y el policía
están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su
parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente
ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.
“¿Te sirve esa
información?”, pregunta Julio.
“va a cobrar
relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al
mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.
“¿encontrar al
mototaxista?”, se extraña Julio.
“Pidió su alta desde
ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde
Damián.
“Lo que les digo es la
pura verdad”, reclama Juan.
Damián estudia las
agradables facciones del chico y le palmea el hombro:
“Mira, muchacho, aquí
entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va
a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos
para que Julio sepa cómo lo puede joder”.
“Perdone, don Julio”,
baja la voz Juan.
“No es tu culpa”,
responde el aludido, de manera tranquila.
“Lo que no entiendo es
por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.
El ex futbolista
suspira y se estira sobre su silla.
“Cuando Sandro se hizo
adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los
partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro
tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto
noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de
ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y
no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que
nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde
allí me cogió fastidio”.
“¿Y nunca lo pudo
superar?”, inquiere Damián.
“No lo sé. Cuando
Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue
siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo
socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle
pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a
sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás
cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos
pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su
mierda”.
“¿Le pegaste?”
“Ya me había sacado de
mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que
todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó
diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es
que eso te explica por qué me tiene cólera”.
“Ahora me quedan las
cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué
pasó esa noche que viniste con Paco?”
“Mostrarle, ¿cómo?”,
se extraña Juan.
“Hacer exactamente lo
que hicieron esa noche ”.
Minutos después, Julio
se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al
lado del otro.
“Comenzó a conversarme
y a acariciar”, cuenta Juan.
“¿Cómo te acarició?”,
averigua Damián.
“Me pasó la mano desde
la tetilla hasta mi huevo”.
“¿Así?”
Damián pasa la palma de
su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto
de Juan.
“Así, así, exacto;
entonces Paco comenzó a pajearme”.
Julio no pierde
detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le
pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.
“entonces comenzó a
chupármela”, indica Juan.
“¡Así?”
Damián se dobla como
puede para iniciar el sexo oral.
“Tienes que parar el
culo”, indica Juan.
Damián asume la
posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano
del policía.
“La chupas mejor que
ese huevón”, comenta el joven.
“¿Y solo cacharon Paco
y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.
“Sí, solo él y yo”.
Damián deja de mamar
la pinga:
“¿qué pasó luego? ¿Le
metiste tu pene?”
“Sí”, responde Juan
muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.
Damián toma un condón,
le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha
parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la
punta del glande
en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.
“Aa la mierda”,
reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.
“Métetelo despacio”,
aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”
Damián sigue el
consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.
Ya con todo el pene
dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.
“¡él cachó así?”,
pregunta excitado a Juan.
“Sí”, dice el chico,
bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.
“¡así de rico, papito?
¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”
“Claro que sí… y tu
culito… está más sabrosito”.
Ambos gimen y jadean
mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras
se sigue masturbando.
La sensación le parece
tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:
“Las voy a dar,
carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.
Damián deja de
cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.
“¿Y él se pajeó sobre
ti?”
“No”, suspira Juan,
más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.
Julio reacciona:
“¿Perrito, dijiste? O
sea que siguieron cachando”.
Damián se saca el pene
de su ano:
“¿Y cómo cacharon en
perrito?”
“mirando a esa pared”,
señala Juan hacia los pies de la cama.
“Eso lo puedo hacer
yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo
mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista
taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.
“¿Así se lo clavó?”,
pregunta excitado a Juan.
“No, pero qué rico es
verte dándole pinga a ese pata”.
Damián goza al sentir
cómo esa pija le taladra el culo. Gime.
“agárrame piernas al
hombro”, pide.
Julio se olvida de la
reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva
posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto
efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:
“¿La damos juntos? Ya
casi me vengo”.
“Yo igual”, avisa
Julio.
“Vamos”.
Los dos reanudan la acción,
solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:
“Concha su madre,
carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”
Julio eyacula dentro
del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de
su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:
“Rico, carajo”,
murmura Damián.
Tras lavarse y
secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a
punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de
la noche:
“Eres un pendejo”,
sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.
Damián no responde
nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de
la ciudad… un camión sale de la nada.
“¿¿carajo!!”, advierte
Damián tratando de controlar la motocicleta…
Para
terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com
domingo, 7 de noviembre de 2021
ASS (02): Un culo y unos labios golosos
La ducha que toman al mismo tiempo el Padre Alberto, Pedro y Juan se convierte en otro trío.
La puerta del baño se abre y se prende la luz.
Juan,el Padre Alberto y pedro entran.
“No es muy
grande, pero podemos bañarnos los tres”.
El sacerdote se quita
la toalla que lo cubre y queda totalmente calato. Juan y Pedro por fin pueden
contemplar su espalda ancha, su cintura estrecha, su culo bien pronunciado y
sus poderosas piernas. Los dos también se desnudan e ingresan mientras el Padre
saca un poco de agua con un baldecito y se lo echa al cuerpo.
“espero que no
esté tan fría”, indica Juan.
“Para quitarme
bien el trago está bien”, sonríe Alberto quien toma un jaboncillo y comienza a
untárselo. Pedro es el siguiente en echarse el agua.
El Padre Alberto
se percata mejor del físico desnudo de Juan: parece más un futbolista, es
decir, marcado y delgado de la cintura para arriba, pero algo masivo de la
cintura para abajo. Detiene su mirada en la pinga del chico debajo de un vello
púbico algo crecido.
“Así que ésa te
has aguantado, Pedrito”, comenta.
El aludido
también toma el jaboncillo y se lo pasa por la raja del culo donde unos 15
minutos antes, dos penes erectos habían penetrado y dejado una gran cantidad de
semen.
”Y eso que está
dormidita”, bromea Juan.
“¿Se la podrá
despertar otra vez?”, sonríe el Padre.
“Si me la chupan
bien, ¿por qué no?”
El Padre sonríe de
nuevo y, sin pedir permiso, se agacha hasta aferrarse de las caderas de Juan y
usar sus labios como aspiradora para succionar la picha del muchacho. La suelta
un ratito.
“Chúpame el culo,
Pedrito”, pide.
El acólito
obedece y, separando las nalgas del sacerdote, descubre el ano rodeado de
vellitos. Comienza a lamerlo y succionarlo. El aroma del jabón también está
presente ahí.
“Clávame,
Pedrito”
El monaguillo,
quien ya tiene sus 15 centímetros gruesos al palo, pone la cabecita de su pene
en todo el ano del cura y comienza la penetración. Su miembro es rápidamente
engullido. De inmediato, Pedro se mueve y hace chocar su cuerpo sobre las
nalgas de Alberto, quien no deja de mamar la verga a Juan.
Pedro acelera un
poco más su baile pélvico hasta que no puede contener su eyaculación.
“Las voy a dar,
las voy a dar”, anuncia. Y sucede. Su esperma se dispara más adentro del ano de
Alberto. Ya tenía tanta arrechura contenida que se aceleró tras el trío en el
cuarto donde va a pasar la noche con Juan.
“Clávame tú”,
dice el Padre separando sus labios del pene del anfitrión.
Juan gira y mete
su pinga casi de golpe; total, ese agujero está ya abierto. Comienza a moverse.
“Qué rico”, se
excita el cura mientras comienza a pajearse ahí, agachado, casi sosteniéndose
con las uñas de sus manos del tanque de metal en el que se acumula el agua que
viene poca y a ratos cuando la sueltan por el canal.
Pedro se queda
ahí viendo todo como si asistiera a una película porno en 3D. Juan le sonríe.
“¿Qué tal
cacho?”, le pregunta.
“Cachas rico”,
atina a responder Pedro sin quitar su mirada del pene entrando y saliendo del
ano del cura.
Pedro tampoco
luce mal así, calato: cuerpo atlético y lampiño, buenos pectorales, buenos
brazos, vientre plano y cintura estrecha, culo redondito, piernas formadas,
grandes huevos.
Juan acelera y
hace sonar sin roche su pelvis sobre las nalgas de Alberto.
“Así, rico. Dame
verga, cabrón. Dame tu rrica verga”. El Padre Alberto sí que es goloso cuando
se trata de ser pasivo.
Juan demora un
poco más el segundo orgasmo de esa noche, lo que Alberto agradece, sin duda;
pero todo tiene su final:
“Las doy de
nuevo”, avisa.
Pero esta vez,
hace algo diferente al primer trío: saca su pene aún erecto (el glande colorado
de tanta fricción), y comienza a pajearse. Su leche espesa termina disparándose
entre las nalgas del cura, quien aprovecha y dispara el suyo sobre el falso
piso de la ducha. Pedro queda allí viendo todo, casi desconcertado y con uno de
sus pies llenos de un semen que no es el suyo.
A la mañana
siguiente, de regreso a San Sebastián en la camioneta de la parroquia, solo van
el sacerdote y su acólito.
“¿Cómo sabías lo
de Juan?”
“No lo sabía; fue
casualidad… aunque ya lo sospechaba”, sonríe Alberto.
“¿Cómo lo
sospechabas?”
“Es promoción de
Alejo: ¿no te ha contado las orgías que había en ese cuartel?”
“Nunca”.
“¿Cuál será el
próximo cumpleaños? Podríamos pedirle que nos cuente alguna de sus historias
del ejército… Por cierto que Juan tiene rica pinga”.
“¿Lo convertirás
en otro ángel?”
El Padre Alberto
vuelve a sonreír mientras llegan a las primeras calles de San Sebastián, la pequeña
ciudad rodeada de campos de cultivo y algarrobales.
viernes, 3 de diciembre de 2021
Proyecto Lujuria 1.2: Esa erección no es mentira
Esa noche, en un dormitorio que apenas se ilumina por la luz azul que se cuela desde una ventana flanqueada por unas ramas secas, un hombre desnudo evidentemente atlético se sienta encogido sobre una estrecha cama. Piensa. Entonces se abre una puerta. Otro varón, vestido de camisa y pantalón, entra y cierra la puerta.
“¿Por qué no
te has cambiado aún?”, pregunta al hombre sobre la cama, quien dirige su mirada
al que acaba de entrar.
“entiendes
qué hicimos esta tarde, Lucas?”
“Ya
olvídalo”, dice el otro también sentándose en la cama, dándole la espalda.
“¿Cómo puedes
pedirme que lo olvide?”
“Juan, no
hagas esto más complicado. Mateo preguntó por qué no bajaste a cenar. No supe
qué responderle”.
“¿No supiste
o no quisiste?”
Lucas se pone
de pie impulsivamente.
“¡Por Dios,
Juan! ¿Quieres que le diga a bocajarro que rompimos el voto de castidad?”
El hombre
desnudo no sabe qué responder. Lucas pone su mano sobre el pomo de la puerta.
“entonces lo
olvidaré. Voy a ducharme”.
“¡Espera!”
Lucas bordea
la cama y alcanza a Juan quien se puso de pie en el lado opuesto. Se para
frente a él y lo toma de sus brazos. Tras unos segundos en silencio, aproxima
su rostro y lo besa en la boca. Juan no solo le corresponde sino que se
entrega. Lucas separa sus labios.
“Ya lo
hicimos una vez… Al diablo”.
Lucas se
quita la camisa, luego los zapatos, el pantalón, la ropa interior, se aproxima
a Juan, lo abraza y ambos se entregan en un romántico beso que continúa con una
lenta caída sobre la cama. Juan abre sus piernas y comienza a levantarlas
mientras la cadera de Lucas comienza a moverse entre las nalgas de su
compañero. Quizás es la poca luz, pero da la impresión de que su pene comienza
a crecer. Apenas han comenzado cuando se oyen golpes en la puerta.
“¿Juan,
Lucas? Abran”, piden desde fuera.
Los dos
amantes se asustan.
“¿Qué hacemos
ahora?”, inquiere Juan con mucho miedo.
“Cállate”,
ordena casi susurrando Lucas. “No hagas bulla”.
Súbitamente,
se escucha que alguien mete una llave, que la puerta se abre y que alguien no
solo aparece sino que entra y la cierra a sus espaldas. Los dos chicos sobre la
cama se quedan como piedras, estupefactos tratando de ver al recién llegado.
“Ya lo
sabía”, susurra Mateo. “¿quieren tenerme como hermano o como delator?”
Segundos de
silencio.
“Haz como tu
conciencia te dicte”, le contesta Lucas con mucha humildad.
Mateo
comienza a desnudarse por completo, se mete a la cama, y Lucas decide que lo
mejor será compartir a Juan en una especie de trío que se sucede en medio de
besos, abrazos, giros, caricias, gemidos, algún suspiro, hasta formar un raro
trenecito que acaba en un orgasmo progresivo comenzando por Mateo, luego Lucas,
y finalmente Juan quien llega al clímax acurrucado por sus dos hermanos. La luz
por la ventana se apaga. Se cierra el telón.
Tras un
momentito de silencio, los aplausos en el público no solo se contagian como ola
sino que acaba en una ovación. La pequeña sala está retumbando. El telón se
vuelve a abrir y los tres protagonistas están de pie, ya cubiertos con batas de
baño agradeciendo al respetable.
“¡Soberbio!”,
grita una mujer desde el público.
Un clavel cae
a los pies de uno de ellos, quien lo recoge, le da un beso y lo devuelve a la
platea.
El telón se
vuelve a cerrar y los tres actores corren a camerinos.
“Otro
casi-lleno, chicos”, celebra Evandro, mirándose al espejo flanqueado por focos
amarillos opacos.
“Y otra
función que no controlas tu erección, carajo”, le sonríe Alexis viéndose al
espejo también.
Osmar
prefiere reírse mientras se saca la bata y busca su ropa en el armario.
“Lo siento,
Alex, trato de concentrarme pero no puedo: tienes rico culo”.
“Mira,
huevón, si se te parara hasta podría decir que es parte del papel, pero se te
para y lubricas como mierda”.
Juan se pasa
un pedazo de papel higiénico entre las nalgas.
“Menos mal
que no me tocó el papel de Juan”, ríe Osmar.
“No, huevón”,
bromea evandro. “Ahí sí no me aguanto y te taladro ese ojete”.
Todos ríen.
Zaira Banquells entra al vestuario llevando la ropa que los actores dejaron
tirada en el escenario.
“Ochenta y
dos por ciento de ocupación de butacas… A pesar del boicot del Ejército Divino,
gozamos de buena salud doce funciones después”.
“No me recuerdes
que te debo la vida, Zaira”, apunta Evandro mientras busca su ropa.
“Si te
reconciliaras ya sabes con quién, créeme que te iría mejor profesionalmente
hablando”.
Evandro no
dice nada, solo sonríe mientras se pone su ropa interior.
“Y a
propósito, ¿qué tal tu casting?”,
pregunta Zaira a Osmar.
“Traté de
hacerlo bien, aunque creo que desnudarme frente a ese Escalante era innecesario
pero… trabajo es trabajo, pues”.
“Ese
comercial era mío”, reclama fraternalmente Evandro, quien ahora se acomoda la
camisa, mientras Alexis está desnudo mostrando su cuerpo atlético y velludo por
todas partes en tanto busca su ropa.
“¿También te
vetó de las agencias de publicidad?”, averigua Osmar sin intención alguna.
“El problema
de evan”, interviene Zaira, “es que a veces se comporta más como sindicalista
que como actor, pero como sindicalista de extrema izquierda. ¿Supiste que
agarró literalmente a patadas a un director de escena que parecía estarse
propasando con una actriz revelación?”
“No jodas”,
mete su cuchara Alexis. “Estaba justificado”.
“Sí”,
prosigue Zaira, “pero no dentro del estudio y delante de todo el reparto,
equipo, prensa y encima sin tener pruebas. Primero atrapas al lobo, luego le
rajas la panza,pero evandro lo hizo al revés”.
“Me llegó al
pincho, francamente”, se justifica el aludido.
“Bueno, ya
estoy listo”, se abre paso Alexis y se acerca a Zaira a quien le estampa un
beso en los labios.
“Llegando a
casa te enjuagas bien esa boca porque recuerda que has compartido saliva con
evancito”, ríe la mujer.
“Ya se nos
acabó la soda cáustica, amor; tendrás que aguantar”.
Todos ríen.
Alexis y Zaira se van, aunque ella se detiene un poco y se dirige a Evandro:
“Trabaja lo
de esa erección… mi Alex aún es virgen”.
Todos ríen otra
vez, y los dos enamorados se van del vestuario. Osmar se aproxima a Evandro, le
da un par de palmadas en el hombro:
“Tienes que
respirar hondo y desenfocar tu mente de lo erótico pero enfocar tu…”
“Ya, Osmar,
no me recuerdes las lecciones del Actor’s Studio. ¿Estás listo?”
“Lo de Zaira
me pareció más a reclamo amigable de mujer que a advertencia de directora de
escena”.
Evandro ríe y
mira directo a los ojos de Osmar:
“¿Y tú crees
esa huevada de que su culo es virgen aún? Vamos”.
