viernes, 11 de marzo de 2022

La hermandad de la luna 9.4

Christian llega hasta la plaza principal de Santa Cruz y se estaciona cerca de la comisaría. Al alcanzar la puerta se queda de una pieza, pero se repone casi instantáneamente.

“Pablito, dichosos los ojos que te ven”.

El guardia intenta conservar la serenidad, casi sin éxito:

“Buenos días, licenciado. ¿Cómo le puedo ayudar?”

“Venía a ver al inútil de tu jefe, pero creo que tú me serás más eficaz. ¿A qué hora termina tu turno?”

“Mediodía, licenciado”.

“Búscame en Collique; sabes de sobra dónde vivo”.

“Tengo que regresar a las cuatro, licenciado”.

“Vas a tener tiempo de sobra, suboficial Chira; además, yo invito el almuerzo y el postre… o al revés”. Christian guiña un ojo.

“Yo lo llamo, licenciado”, responde el aturdido policía.

“Ni se te ocurra fallarme”.

Christian regresa a la camioneta. Apenas abre la puerta, una llamada entra a su celular.

“Buenos días, Nava. Dígame”.

“¿Por dónde estás, Esteves?”

“Pues… aquí, en Collique haciendo unas diligencias. ¿quiere verme?”

“Ya te estoy viendo, Esteves, y solo tengo algo que decirte: aléjate de donde estás porque si la cagas, olvídate de nuestro convenio”.

Nava le corta la llamada y Christian se pone a ver a todos lados, especialmente a la puerta de la comisaría: Chira parece mirar y tocar algo en su celular.

Mira un video aquí. 

Bordeando el mediodía, el abogado llega al departamento que pertenecía a Manolo en el sector sur de Collique, va al escritorio y revuelve papeles; luego abre un estante donde hay más de ellos. Revisa algunas carpetas hasta que se topa con una de color lila. La abre y su rostro se ilumina psicóticamente.

“No, Nava, el que te va a cagar soy yo”, maldice.

Toma su celular y busca un contacto; lo llama.

“Doctor Esteves, ¿qué pasó?”

“Juan, necesito verte urgente: necesito tu ayuda”.

“ehhh… Estoy en una diligencia ahora mismo”.

“Juancho, no te niegues, por favor”.

“Perdone, doctor Esteves, le llamo luego”.

Juan le corta la llamada.

“¡Maldito hijo de puta!”, se enfurece el abogado.

Su celular vuelve a sonar.

“Ya estoy libre, licenciado; me baño, cambio y vo…”

“No te molestes en venir, traidor de mierda. ¡No te molestes en venir, carajo!”

Christian corta la llamada. Lo rellaman, pero él no responde. Piensa, y piensa mucho. Toma su celular y busca a otro contacto.

“¡Chris de mi vida! ¿Cómo estás, amigo?”

“Bien, Saulito”, disimula. “¿Qué haces, amigo?”

“Nada, amiguis”.

“Ah, qué bueno, porque quería proponerte algo, Saulito”.

“Mmmm… ¿Qué será?”

Mira otro video aquí. 

En la finca, los tres peones tratan de relajarse trabajando entre los limoneros.

“está echando más flor tu tamarindo, primo”, comenta Adán.

“Bien raro porque está haciendo frío”, observa Tito.

Frank sonríe solamente, cuando el radio de los tres suena.

“Sobrino, la señora Elga te necesita urgente; con La Estirpe, vamos donde Yup”.

“No son buenas noticias”, comenta Tito. “Bueno, para Frank sí”.

“Para algunos no serán buenas noticias”, añade Adán.

Frank llega hasta el despacho e ingresa.

“¿Mandaste llamarme?”

Elga luce algo sombría:

“¿A qué hora sales hoy?”

“Apenas termine de almorzar, antes de las dos”.

“¿¿qué tal es la comida en Santa Cruz?”

“Más o menos. ¿Por qué?””

“Quiero que me lleves a almorzar fuera”.

Frank piensa que elga se acaba de volver loca.

Tito y Adán llegan hasta los algarrobos junto a la laguna y comienzan a desvestirse.

“Parece que serán los últimos ritos”, dice el primero.

Adán prefiere no confundir más a su primo con la propia confusión que no le permite ver nada claro en su mente. Entonces, Carlos llega con una mochila vieja.

“¿Y la que te regaló Manolo?”, le pregunta Tito, ya desnudo.

“La lavé y todavía no se seca”, sonríe el capataz mientras comienza a quitarse la ropa.

Una vez frente a la laguna, los tres varones se inclinan respetuosamente hasta que sus frentes tocan el césped que rodea la fuente.

“Senos propicia, Yup”, ora Carlos.

Los tres se ponen de pie. El capataz se calza su especie de mitra en forma de media luna, mientras Adán y Tito se colocan sus cascos. Carlos les unta resina aromática de palo santo, a la vez que ambos se toman de las manos y piden mentalmente que el ritual atraiga algo de buena suerte a sus vidas y al lugar por el que han trabajado por más de una década.

“Ahora”, indica Carlos.

Tito y Adán se ponen en guardia, se rodean; al mismo tiempo ambos se asaltan y comienza la lucha cuerpo a cuerpo. Cruzan sus brazos, juntan sus pechos, se apoyan tensando todos los músculos de sus piernas y traseros. Rugen tratando de derrotarse pero el combate está muy parejo. Por momentos, sus penes flácidos se rozan. Entonces, Tito logra que Adán pierda el equilibrio y logra hacerlo caer de espaldas sobre el césped; se acuesta encima tratando de someterlo, peroAdán consigue abrir sus piernas e intenta una llave que le permite rodar y ponerse sobre su primo. Se sienta en su pene y le inmoviliza los brazos con sus manos; comienza a mover sus posaderas, logrando que Tito erecte. Éste abre sus piernas también y vuelve a poner a Adán bajo su cuerpo para continuar frotando su miembro contra el del otro hombre, inmovilizándolo. Poco a poco, el pene de Tito va ingresando en el ano de Adán. LA cópula ritual comienza. Pasados varios minutos, el gladiador ruge.

“Las di”, anuncia entre jadeos. Es cuando Adán comienza a masturbarse hasta disparar su semen sobre su bien trabajado vientre. Entonces, Carlos se arrodilla dejando la cabeza de Adán entre sus piernas y también se masturba hasta eyacular. Como ai apaec mira las ráfagas blancas sobre el torso del guerrero vencido.

“Mucho poder en camino como un río fuera de control en verano”, pronostica.

Tras el baño ritual en la laguna, Carlos llega a la casa grande: Frank está calentando la motocicleta en el patio principal y Elga baja las escaleras con una mochila llena.

“Organiza los tiempos para que los chicos no se recarguen de trabajo”, instruye la mujer.

Carlos asiente.

“No sé qué harás, pero ten muchísimo cuidado”.

Elga no le responde; solo se le acerca y le da un beso cariñoso en la mejilla. Se va.

“Shi te bendiga”, el capataz dice cuando ella está ausente.

  

domingo, 6 de marzo de 2022

ASS (18): Las dudas de Alejo al desnudo

Hacer porno en exclusiva trae mucha plata, pero hay un detalle jodido.


 

A eso de las 10 de la mañana del miércoles, Alejo vuelve a estar sentado en la sala de la casa de Enrique. Viste polo, bermuda y zapatillas mientras el anfitrión apenas anda en bóxer y sandalias. En la mesita de centro, papeles impresos que el visitante lee sin entender mucho.

“Básicamente la exclusividad te amarra a que por un año no podrás aparecer en producciones porno tanto de foto como video de otra empresa, y que actividades como presentaciones en discotecas o entrevistas siempre se harán con conocimiento y autorización de ASS,” explica enrique. “Claro que yo siempre te voy a autorizar… en todo caso, la idea es ser formales… tu pago mensual está garantizado, y ahora que tienes esa cuenta en el banco, yo solo te transfiero y ya”.

Alejo carraspea:

“Dijiste que ese porno solo se verá en países gringos, ¿nno? Y… ¿si se llegan a ver acá? ¿Cómo es?”

Enrique suspira y se sienta al lado de Alejo: “Me imagino que te referirás a este caso”. Busca en su celular y se lo da: un culturista aparece en pantalla calateándose.

Mira el video queestá viendo alejo.

“¿quién es?”

“¿No lo conoces? Es unpopular culturista peruano; incluso ganó concursos afuera. Yo lo vi en Tampa, Estados Unidos. Hermoso cuerpo. Cuando lo vi en el escenario, lo reconocí”.

“¿¿Tú le hiciste el video?”

“No. Parece que fue muy anterior…. El caso es que yo no creo que él haya autorizado que lo publiquen. Yo lo hallé en redes, le escribí un mensaje a ver si se animaba a hacer más porno… nunca me respondió. Quizás superó esa etapa o quién sabe”.

Alejo sigue viendo el video del musculoso, más que él, pajeándose y gimiendo arrecho.

“Tiene rico culo… casi se le ve el ojete”.

“Y buena verga”.

“Mi verga es más grande”, sonríe Alejo.

“No lo dudo, cabrón”, también sonríe Enrique sobándo el paquete del chico sobre la bermuda. “Dáme el celu que quiero mostrarte otra porno”.

Alejo devuelve el móvil y enrique pone su dedo en la pantalla; lo regresa y otro musculoso aparece con claras intenciones de calatearse… como que sucede.

Mira el segundovideo que ve Alejo.

“Asu… qué tal cuerpo”, comenta Alejo. “Buen culo también”.

“Y también es peruano, y tampoco creo que haya autorizado a que ese video se publique”.

El culturista en pantalla queda desnudo y comienza a pajearse.

“Y si no lo autorizaron, ¿por qué sus videos están aquí”.

“Ahí es donde quiero llegar, cabrón. Yo sospecho que ellos también autorizaron a que su porno solo se publicara en el mercado gringo, pero alguien que los conoce o que les gustó, o quién sabe, los bajó y los subió ahí. ¿Culpa de la productora? No. En ttodo caso, los administradores del sitio verán qué hacen”.

“¿Qué quieres decir, enrique?”

“mira, Alejo… Lo único que yo puedo garantizarte bajo contrato es que el porno que hagas para ASS se verá en mercado gringo porque son nuestros principales compradores… pero si alguno de ellos lo pone en un sitio como éste, la verdad, cabrón, yo no puedo hacer nada más. Entonces, es un riesgo que tanto tú como yo corremos, porque mientras tú y yo recibimos dinero por porno vendido, si se publica en un sitio como ése, ni tú ni yo ganamos nada”.

“¿entonces?”, duda Alejo.

“entonces, si vamos a pensar en lo que perdemos, vamos a perder; pero si vamos a pensar en lo que ganamos, vamos a ganar mucho más”.

“Pero… ¿y si alguien de acá ve ese porno?”

“en el caso de los dos que te mostré, yo calculo que de la fecha en que posaron hasta el momento en que los filtraron, pasó tranquilamente un año, quizás dos. ¿ganaron su lana? ¡Claro que sí! Pero, ¿dónde está su error? Solo hicieron poco porno. Es probable que entre gimnasio y suplementos, esa lana se haya evaporado en medio año siendo bien conservador… Lo que trato de decir, cabrón, es que en este negocio, uno es ninguno. Dos, en un segundo, adiós. Tres, en dos meses ya no lo ves. Pero si hacemos al menos una escena cada semana, tú vas a ganar suficiente lana para hacer lo que quieras”.

“Pero, ¿y si alguien acá los ve?”

“¿No me escuchaste? Vas a ganar 1000 dólares mensuales y quizás otros 1000 por escena. Haz aritmética, carnal. Al año podrías ganar hasta 65 mil dólares”.

Alejo se queda perplejo.

“¿Cuántoes eso en soles?”

“uff, cabrón. A ver… como casi un cuarto de millón de soles al cambio actual”.

Alejo trata de comprender la cifra mientras la mano de Enrique sigue acariciándole el bulto aún blandito.

“Esta casa cuesta unos… 800 mil soles al cambio actual, y los bienes raíces siempre son inversiones que aumentan su valor… o a lo mejor creas tu propio negocio”.

Alejo recibe como ráfaga un sueño que tiene desde chibolo.

“¿Me alcanzará para poner un taller mecánico de carros, motos y mototaxis?”

“Tienes 21 años, cabrón. Puedes dedicarte al porno, reinvertirlo en negocios que hagan crecer tu dinero… Y si alguien llega a filtrar o ver el porno, mira… ¿viste esos chavos chaqueteándose? Ahora son famosos, tienen auspiciadores, negocios propios. Aunque hicieron poco, ¿perdieron?”

“Habla bien”.

“Ahí tienes sus nombres: búscalos en internet. Y como ellos, muchos chavos que hicieron porno, o que no hicieron porno pero que se les filtró el porno, ¿acaso son pobres? Que no sepan decidir parejas, o no sepan invertir, ya es otro problema. Mírame a mí, cabrón: yo vengo haciendo porno desde los 19, ahora tengo 32. ¿Te gusta mi residencia?”

Alejo mueve la cabeza haciendo sí: “Está mostra”.

Enrique quita el celular de las manos al muchacho y parece buscar algo más.

“A los tres años de que comencé, cuando tenía 22 o 23, mi porno se filtró y un pendejo se lo mostró a mis jefes. Fue horrible. Me corrieron de la casa. Y eso que yo aportaba, y aportaba bien. Pero, ¿sabes qué? Para entonces yo ya tenía ahorrado como 100 mil dólares. ¡100 mil dólares, cabrón! A la chingada, dije. Me independicé, lo invertí, gané, seguí trabajando en porno. Y mírame dónde estoy. Con mis ahorros compré este lugar y tengo a ASS”.

“¿Ahí se fue toda tu plata?”

“No, tengo buenos ahorros. Estoy reinvirtiendo, y sigo ganando”. Si me quedaba en casa de mis jefes, quizás seguiría en mi pueblo. Pero arriesgué…”

Enrique regresa el celular a Alejo y otro pata, esta vez más arrecho, se pajea en pantalla. El modelo gime en el video mucho más rico que el primero que vio.

“A la mierda… dame el lapicero”.

Alejo deja el celular en la mesa y estampa su firma en el papel.

“Y, si llegara a pasar esa posibilidad extrema, ya te dije que en esta casa hay espacio para ti”.

“Gracias, enrique… Ah, ¿y ese pata de ahorita?” Vuelve a coger el celular y ve la pajeada. “¿De dónde es?”

“Un campeón argentino, si no me equivoco… y hay colombianos, mexicanos, brasileños a montones, españoles… Faltan peruanos”.

Alejo sonríe, se afloja la bermuda y se la baja: su pinga aún flácida queda al descubierto.

“Chúpammela, enrique. Esos videos me pusieron arrecho”.

“¿Puedo grabar cómo te la mamo? Te pago otros mil, claro, si nos encueramos, ¿no…”?”

“¡Claro!”, sonríe Alejo, y comienza a calatearse para que lo graben dejándose chupar la pinga. Luego se la meterá por el culo a enrique y finalmente le dará su leche en la boca. Y otros mil soles se suman a su cuenta bancaria.

Mira el tercervideo que está viendo Alejo. 

sábado, 5 de marzo de 2022

Proyecto Lujuria 5.4: Sé que te amaré, Osmar


Osmar, Escalante y César llegan al Aeropuerto Jorge Chávez a un cuarto para las ocho de la noche. Tras recoger sus maletas y equipos, el director y el camarógrafo-fotógrafo se encuentran con un sujeto alto, trigueño, vistiendo una polera y un jean muy anchos, quien les ayuda con el equipaje. Invitan a Osmar para llevarlo, pero Evandro ya está en la puerta de salidas nacionales esperando:

“¿Cómo les fue?”

“Mejor que bien”, sonríe Osmar.

Los dos actores y modelos se van en el Yaris.

“Parecen pareja”, comenta César mientras caminan hacia un Corolla station wagon blanco que Escalante ha contratado con antelación, en el que ponen todas sus cosas.

“A ver cuánto les dura”, replica el director. “Laura es condescendiente pero no estúpida”.

 


Lo bueno del domingo entre Callao y Lima es que el tráfico no es pesado. Yuri suena dentro del carro con un clásico: sé que te amaré como ave un día…

“¿Está todo bien?”, se anima a preguntar Osmar.

“¿Mmm?”, reacciona Evandro.

“Has estado callado todo el trayecto”.

“No”, miente Evandro. “Estaba… estaba escuchando la letra…” Entonces, con su tono más desafinado: “Yo sé quién eres tú, nunca te olvidé, nunca te dejé de luchar por tu amor…”



“Así no va la letra”.

“El que tiene plata, canta como quiere”, sonríe Evandro.

“¿No es un mensaje en clave, cierto?”

“Os, ya te dije que te amo en toda la amplitud del verbo”.

“Yo no sé si te amo aún”.

Evandro sonríe:

“No me importa. No me importa nada”.

Osmar siente que esa declaración no está dirigida hacia él, pero recuerda su promesa y prefiere restarle importancia. Hasta aquel día, y ese día es hoy, entona Yuri en los parlantes del auto que ha salvado cuatro distritos en menos de veinte minutos

 


A César y Escalante les toma todavía media hora llegar hasta el departamento del segundo al lado de un parque lleno de muchos árboles en Miraflores. Se trata de una zona residencial mayormente habitada por extranjeros.

Tras descargar todo y subir, los dos toman una ducha caliente juntos. César y Escalante se besan en la boca mientras se untan el jabón líquido por todas partes del cuerpo. El camarógrafo-fotógrafo aprovecha la textura de la glicerina para meter sus dedos entre las nalgas.

“Sabes que no me gusta el fisting”, susurra Escalante.

“Pero sí el  rimmin”.

César se arrodilla y hace que Arnold gire, lo hace apoyar en la pared de mayólica, le separa las piernas y le da un sonoro beso negro. Mientras Escalante gime, su compañero sexual goza más el aroma del jabón que cualquier otra cosa.

La sesión sexual continúa sobre la cama matrimonial del director de reparto: piernas al hombro, caballito, perrito, cucharita.

“¿Quieres mi leche dentro de tu culo?”, pregunta César altamente excitado.

“Dámela todita, papito”, suplica el otro.

La eyaculación no tarda en producirse en la entraña del artista.

“Eres un arrecho de la puta madre”, suspira. “¿Cuántas veces metiste pinga anoche?”

“Ya ni recuerdo… Cuando se me pasó la borrachera, el veneco y yo lo teníamos bien atorado a tu pata al mismo tiempo”.

“¿Por el culo?”

“es un puto aguantador”.

“De toda la vida, Cesítar. De toda la vida”.

“¿Y cuál será tu plan con el otro veneco?”

“Con él, su compatriota, esos otros dos putos que trabajan con él… y, claro, la estrella principal: yo”.

César se ríe:

“Mejor cenamos, ¿no?”

 


No muy lejos de ahí, pero a eso de nueve y cuarto, Osmar y Evandro llegan al teatro y entran de inmediato a prepararse para otra función de la obra. En el vestuario, Alexis ya está vestido como Juan, limpiándose la cara.

“¿Cómo te fue en Piura?”, pregunta a Osmar.

“Bien”. El modelo comienza a desnudarse y camina al armario buscando la ropa de Mateo. “Se supone que la campaña sale en tres semanas”.

“¿Ya te pagaron?”

“La mitad; el miércoles iré por la otra”.

“Qué bueno, hermano. Usualmente esas campañas chiquitas demoran un culo para pagarte si quiera la primera armada”.

“Como ustedes dicen: la mitad al cerrar trato, la mitad antes de trepar a la tarima”.

Al escucharlo, Alexis sonríe sinceramente pero sin mucho brillo. Evandro se desnuda al lado de Osmar en silencio. Zaira entra:

“Pen´sé que iban a desertar”, saluda irónicamente.

Osmar se extraña y busca entender si se trata de un nuevo tipo de humor negro que la directora de escena está ensayando. Alexis sale de inmediato; Zaira va tras él.

Evandro, terminando de ajustarse el cuello del clergyman, mira a Osmar de una forma que él solo puede traducir como tensión; sin embargo, cree que lo impertinente sería agregarle más en ese momento.

Al terminar la función, Osmar siente que Evandro se ha convertido en algo parecido a su sombra pues camina o a su costado o a sus espaldas. Al llegar al vestuario, Zaira está al lado de Alexis cuando se desmaquilla; incluso cuando vuelve a ponerse su ropa y se despide con un frío “nos vemos mañana, chicos”.

Osmar, quien ya está desnudo listo para ponerse su ropa, vuelve a notar el rostro desencajado de Evandro, quien hace contacto visual en el espejo y sonríe tristemente:

“¿Qué carajos está pasando, Evan?”

Evandro se incorpora, camina hasta la puerta y la cierra, apaga la luz del techo dejando al vestuario iluminado solo con los focos de los espejos, se quita la bata y junta su cuerpo desnudo al de Osmar entre un romántico beso en la boca y un  abrazo que acaricia la espalda y las nalgas:

“Pasa que la cagué, Os. Para variar, la cagué”.

Con el contacto, los penes de ambos actores se ponen duros, y el de Evandro comienza a lubricar profusamente.


  

viernes, 4 de marzo de 2022

La hermandad de la luna 9.4

La siguiente escala de Christian es el AMW en Santa Cruz. Encuentra la puerta abierta, así que baja de la camioneta e ingresa. Adentro está Owen entrenando a dos chicos y una chica. El instructor le sonríe y se le acerca a solo centímetros, como para tener una conversación más íntima.

“Welcome, dude – what can I do for ya?”

“No, sir”, rebate Christian. “What can I do for you, instead? And I can do a lot of things for you, Owen.”

El instructor invita al abogado a sentarse en el escritorio de la entrada.

“Get me on the spot, please, cuz I don’t get ya.”

“You know those accusations are so embarrassing for you, embarrassing for this business, embarrassing for your new friends. The next’s gonna happen is Migrations Police will come here to detain you. If that happens, you’ll be expulsed to South Africa, and everything you’re building here to become shit.”

“So, what’s your deal, Christian?”

“I’m a lawyer, Owen. I can block that detention. I can make your time here to be better. I can give you three pretty things you need: advice, defense, and protection. So, quit this. Come with me. I have a house, I have connections, I have all you need to avoid you go to the jail.”

“In exchange of what? My long, bold cock into your warm  ass?”

Christian se toma unos segundos para responder a eso.

“I don’t deny I like you, and I loved the way you fucked me that night. You know? I got at a strange jungle. I didn’t feel your strong and huge cock into my ass. I didn’t feel pain but pleasure, pleasure and peace – love, Owen! We made love!”

Owen no ha perdido su sonrisa desde que la conversación en voz baja comenzó.

“Yes, we made it. I made it ynto ya, actually, because I thought it could work to change your mind, but I’m giving you up.”

Christian sonríe extrañado:

What… do you mean?”

“You know who’s behind you, Christian Esteves. You know who killed Monolo Rodríguez. And now, you know who I am, an anticorp activist. I tried to change you with the power of love, but you are too dirty and polluted to understand you have to give up after all those years somebody gave you a hand to survive. What did you do? Betraying him. And you’re gonna betray her. And you’re gonna betray me.”

La expresión de Owen cambia. Christian puede ver la rabia en sus ojos, como si aquella selva se encendiera en llamas. Siente, además, que está a punto de perder el sentido. Un portazo lo interrumpe todo.

“¿Buenos días, doctor Christian”, saluda Flor tragando saliva y con su celular en la mano.

El abogado reacciona como si hubiese regresado de un sueño que lo sorprende y lo asusta. Al frente, Owen sigue con su rostro serio. Christian se pone de pie y retrocede un poco.

“That’s my fucking last offer, Mgombo. Then, nobody’s gonna save you.”

El instructor no reacciona y permanece sentado, mientras sus tres alumnos miran la escena asustados. Frustrado, Christian da media vuelta y sale del gimnasio. Todavía turulato, se sienta en la camioneta, bebe un poco de agua. Siente que recupera el control de sus sentidos.

“I’m sorry, Owen. Tú y todos tus amigos se irán a la misma mierda”, le dice al retrovisor.

Christian arranca la camioneta y se va pueblo adentro.

 Mira un video aquí.

En el gimnasio, Owen se tranquiliza progresivamente.

“Excuse me”, se disculpa ante Flor.

“I don’t mind, Owen. There’s something most important than this.”

Flor le extiende su celular.

“César found something, didn’t he?”, se anticipa el instructor. “Ya already have a Rosetta’s Stone, so ya need a Champollion.”

“How do you know that?,” se sorprende Flor.

“I’m not that Champollion, pretty lady, but that one was here last night. Call him right now before they attack.”

  

domingo, 27 de febrero de 2022

ASS (17): ¡Edú es moderno!

Pedro pide a Alejo que no involucre al Padre en su carrera de actor porno gay.

 


La rutina nocturna de Pedro los días de semana es ir al AS a leso de 9 de la noche para revisar las cuentas del día, y una vez que termina, ponerse a entrenar. De ser un chico flaco durante su adolescencia, ahora luce un envidiable cuerpo atlético, muy simétrico. Fue su mejor terapia contra la depresión. Usualmente se ducha en el gimnasio y luego entra en la habitación de Miguel.

Esta noche de martes no es la excepción, y ahí está echado sobre la cama boca abajo, totalmente calatito (sus nalgas se marcan como dos pequeñas burbujas) leyendo unos papeles impresos. El reloj marca las 11. De pronto ssiente un cuerpo desnudo acostándose sobre el suyo. Lo sabe porque siente una pinga blandita sobre su culo. Se asusta:

“Aguarda, Ale. ¿Ya limpiaste todo?”

“Sí. ¿Tú ya leíste todo?”

“Lo clave: es la típica cuenta de ahorros, la tasa de interés es la de mercado, te deja hacer 4 retiros mensuales sin cobrarte comisión pero solo si usas ventanilla o cajero de donde sacaste la cuenta, por lo que vas a tener que hacerte un presupuesto mensual o quincenal; si no, vas a perder antes que ganar”.

“A mí me dijeron que mi plata iba a crecer mes a mes”.

“En realidad, el truco de estas cuentas es meter más que sacar. Así es como crece. Lo bueno es que vas a tener ese contrato, tus clientes, tus actuaciones…”

Ah”, recapitula Alejo. “entonces, crece si la meto más” –mueve su pelvis sobre las nalgas de Pedro—“y la saco menos”.

“Sí, pendejo. Y ahora salte de encima que ya me quiero vestir”.

“Quédate un poco más, Pedrito…”, Alejo comienza a besar el cuello a su amigo. “No cachamos desde la semana pasada”. Alejo sigue moviendo su pelvis y su pija comienza a ponerse dura, además de engrosar y crecer. Pedro siente la humedad del líquido preseminal entre sus nalgas y comienza a moverlas como queriéndose liberar del portento masculino que sigue acostado encima suyo, pero Alejo sigue besándole la nuca y la espalda superior.

El musculoso no tarda en recorrer toda la espina arrancando gemidos y jadeos al atlético, hasta que llega al trasero y él mismo lame su saladito fluído transparente. De inmediato,  abre los dos glúteos a Pedro y comienza a estimularle el ano mientras que con sus manos masajea y palmea las nalgas. Luego de un par de minutos, Alejo revisa: el agujero ya está dilatado, bien rosadito. Regresa besando la espina hasta alcanzar la nuca otra vez:

“Párame el culo: esta noche quiero hacerte el amor, Pedrito”.

La instrucción es acatada sin reclamos. Poco a poco, el pene del adonis va ingresando por el esfínter, el recto, hasta que los 18 centímetros llegan a las entrañas de Pedro. Mientras el musculoso entrenador masajea su picha dentro del ano, el atlético huésped intenta un baile de cadera que termina por alocar a ambos.

“Ponte en cuatro”, pide Alejo.

Pedro adopta la pose de perrito, y ahora siente cómo el cuerpo de otro hombre no solo lo posee sino que lo azota viril y cariñosamente por detrás.

“¿Te gusta cómo hacemos el amor?”

“Me encanta, Ale. Hazme tuyo”.

Alejo aumenta un poco la velocidad tratando de no ser rudo y se deja de huevadas. Mira su pene entrando en el ano de su amigo, se siente dichoso y satisfecho. ¡Esto sí es cachar!

“Las quiero dar en tu boca”.

“Cuando quieras”, acepta Pedro.

“Ahorita… ahorita”.

Alejo saca su miembro, espera a que Pedro gire en la cama, se lo enchufa en la boca y comienza a pajearse hasta que su leche salta hasta la garganta del chico:

“Proteína purita”, le dice mientras eyacula.

Pedro termina de chupar el semen restante y se incorpora, mira a su cachero y va a besarlo en la boca:

“¿Ya te la tragaste?”, se detiene Alejo.

“Hace rato”.

Ambos se besan profundo.

“¿A qué sabe la leche?”

“Depende del chico. La tuya es un poco simple”.

Alejo sonríe cariñoso:

“¿Sabes que mientras cachábamos alucinaba que nos filmaban?”

“Pensé que estábamos haciendo el amor, no cachando”, sonríe Pedro.

“Bueno… hacer el amor… Pero en serio: alucinaba que nos filmaban”.

“Suena chévere, Ale, pero ni loco me pongo frente a una ccámara… Mi viejo se entera y me saca la mierda a patadas. Más bien, ¿qué fue de esa chamba?”

“Mañana voy a Piura a firmarle la exclusividad: mil verdes al mes… solo tengo que estar en forma y cachar bien en cámara”.

Pedro levanta las cejas.

“¿Y no te paltea que esas fotos o esos videos los vea la gente de acá?”

“El pata me dijo que solo es para venderlo a los países gringos”.

Pedro ahora levanta una ceja y Alejo se da cuenta:

“¿Y eso?”

“Alejo… ¿tú sabes que con internet ahora ya no hay fronteras y que esas imágenes se pueden filtrar en cualquier lugar?”

“¿Pero no hay sitios que los prohíben acá?”

“Mmm… pueden prohibir el acceso a los sitios,pero esos videos o esas fotos se pueden publicar en un culo de sitios, y pueden estar allí hasta que alguien los borre… y vuelvan a aparecer en otros sitios… ¿Te has puesto a pensar qué harás si eso llega a suceder? ¿qué tal si te vinculan al Padre? O sea, una cosa es ser escort, stripper, pero fotos y videos… no sé… al menos yo no… yo ni cagando lo haría, Alejo”.

El aludido piensa por un rato, suspira y palmea las nalgas a Pedro.

“Cuando le llevé esos víveres a mi viejita el domingo, se puso contenta. Ahora ella alucina que estoy en Las Compuertas haciendo plata con un amigo trabajando su chacra; pero ni cagando haría 2 mil soles manejando tractor, Pedro. ¿No te pondría feliz ver a tu vieja sonriendo?”

“Quizás esa es la diferencia de ti o de Miguel conmigo: ustedes ya son independientes. En mi caso, aún dependo de mis viejos”.

“Vente a hacer plata conmigo un domingo… ¿O cuánto sacas con el Padre? Ese pata de los videos y las fotos, Enrique, dijo que está buscando chicos”.

Pedro suspira, palmea el enorme culo de burbuja de Alejo y se baja de la cama buscando su mochila:

“Yo te voy a apoyar siempre, pero no cuentes conmigo. En todo caso dile a Miguel, que tiene físico, cara, pinga, culo…”

“Miguel irá el domingo”.

Pedro se comienza a vestir con ropa limpia sacada de su mochila.

“Igual, vean ese tema de dónde distribuirán el material y procuren que no afecte al Padre: mira todo lo que ha hecho por ustedes”.

“Oye… ¿y ese Edú que está de posada en tu jato?”

Pedro mira extrañado a Alejo:

“¿Qué tiene Edú?

“¿Ya te cachó ese pata?”

Pedro termina de vestirse.

“No quiero hablar de eso”.

“Ayer lo tasé. Dice que es activo. Tiene buena verga. Podría…”

“Alejo”, Pedro se acerca y besa los labios de su cachero. “Te dije que no quiero hablar de eso. Nos vemos mañana” a a la misma hora. Y ya sabes: usa bien esa cuenta de ahorros.

El chico camina a abrir la puerta del dormitorio cuando entra Miguel; se despide también de él con un beso en la boca. El recién llegado espera a que Pedro abra y cierre la puerta de la calle:

“¿Cacharon?”

“Sí. Ya tocaba. Pero parece que no le gustó que hablara de Edú. Solo le pregunté si ya cachó con él”.

Miguel comienza a desvestirse para entrar a la ducha.

“Ay, Alejo. Es que haces unas preguntas tan obvias. Claro que ya deben haber cachado a estas alturas, y fácil que Pedro se lo comió”.

“No creo. Ayer me dijo cuando hicimos la guerra de espadas que es activo”.

Miguel mira a Alejo y ríe compasivamente:

“¿Activo? Si ayer le metí pinga”.

Entonces los dos galanes desnudos se miran y chasquean los dedos: “¡Edú es moderno!”, exclaman a coro.

 

Y para finalizar,te dejamos con un video porno. 

sábado, 26 de febrero de 2022

Proyecto Lujuria 5.3: El peón tiene buenos pene y culo


Muy al norte, por insistencia de Abelardo Sosa, se sirve un almuerzo a los visitantes. Osmar se hidrata sentado más allá viendo el paisaje rural iluminado por la luz solar que cae de manera perpendicular, mientras que mucho más allá César muestra a Escalante las fotos de prueba que tomó a Fernando el día anterior.

“Estos venezolanos siempre se destacan por su culo”, comenta el director de reparto y escena.

“No sabes qué ganas tenía de meterle pinga”, agrega César.

“¿Y Abe no se dio cuenta?”

“Hicimos un trío anoche”.

Escalante se sorprende:

“¡No me jodas! ¿Y su esposa, sus hijos?”

“Los fines de semana van a Piura, así que la casa quedó solita para los tres”.

“¿Y qué tal pinga tiene ese venezolano?”

“Larga y gruesa: como te gustan, Arnold”.

El anfitrión y Fernando salen con unas fuentes de ceviche de caballa. Todos se arremolinan, excepto Osmar.

“Sí puedes comer esto”, le indica Escalante.

El modelo se acerca, toma su tenedor y se sirve. Realmente está delicioso.

“¿A qué hora sale su vuelo?”, consulta Sosa.

“Seis; tenemos que estar cinco en el aeropuerto”, responde Osmar.

“Qué lástima porque ya había separado una habitación para ustedes”.

“Solo haremos una toma extra, recogemos todo y partimos para Piura”, agrega Escalante. “Pero, cuando lancemos la campaña, o ustedes viajan o venimos a darnos una vuelta”.

“A mí me gustaría regresar”. Reflexiona Osmar. “Esto es casi como Venezuela”.

“Cuando quieras”, invita Sosa.

“Cuando llueve fuerte se parece a Venezuela”, sonríe Fernando.

“Quisiera regresar”, repite Osmar.

La toma faltante es un nuevo desnudo de espaldas parecido al que se hizo por la mañana. La intención de los productores es ver qué luz vende mejor todo. De paso que harán imágenes en video y foto de la línea Lust sobre el tronco caído de un faique. El sol de Piura tiene una mágica peculiaridad que para los amantes de la fotografía abre muchas posibilidades creativas, y casi sin usar filtros.

“Ni se te ocurra comentar de las fotos a su patrón”, advierte César.

Escalante mira a Fernando, quien está recogiendo la ropa de Osmar, nuevamente en su marca y totalmente desnudo para repetir la escena de la jarra y el agua sobre su cuerpo.

“Son amantes, ¿no?”

“Lo comparte bajo supervisión, pero no sabe nada de los desnudos que hicimos ayer por la tarde”

“”Lo despediría”.

“Del país”, asevera César.

Las dos escenas que faltaban grabar y fotografiar se concretan sin mayor problema. Ahora sí Osmar puede disfrutar su seco de cabrito con su jarrita de clarito helado.

“Exquisito”, califica.

“¿Y qué pasa si comías antes de la foto?”, sigue curioseando Sosa.

“Se me notaría un poco de panza… es la maldición de los modelos, especialmente si posamos desnudos”, sonríe el muchacho.

“Me disculpas lo que voy a decirte pero… tienes un hermoso culo”, se atreve el dueño de casa.

Osmar lo mira y sonríe sonrojándose:

“Gracias”.

Aprovechando la distracción de Sosa, y con el pretexto de ayudar con el orden de las cosas mientras llega la camioneta que va a regresarlos a la ciudad, Escalante tiene una breve reunión con Fernando.

“sí, César me explicó tu situación migratoria, pero esas fotos están muy buenas así que yo sí quisiera ofrecerte dinero no solo por publicar esas sino hacerte una sesión más producida”.

“¿Y cómo arreglamos lo de mis papeles?”

“Puedo enviarte plata. ¿Cuánto necesitas para reingresar a ecuador, ir a Guayaquil y hacer el trayecto pero por vía formal?”

“No sé… unos ciento cincuenta quizás… la vaina es cómo recibo el dinero si estoy como irregular en este país”.

César se aproxima:

“Osmar ya terminó de comer, chitón”.

Se escucha que Sosa llama a Fernando:

“¡Ya voy!”, responde el peón. “Permiso”, dice a Escalante.

“¿Arreglaron?”, casi susurra el camarógrafo.

“No”, responde Escalante.

“La cagada, no podremos hacer nada por lo de sus papeles”.

“Osmar ha congeniado con él”.

“¿Qué tratas de decir?”, sonríe César.

La camioneta llega puntual. Luego de poner y asegurar las cosas y el equipaje, Escalante, Osmar y César se despiden de Sosa y Fernando; enrumban de regreso a Piura. Patrón y peón regresan a recoger los platos y vasos del almuerzo.

“Arnold ha estado muy interesado en ti”, comenta Abelardo.

“Te parece”.

“¿Qué te ofreció?”

“Nada. Me estaba consultando unas cosas”.

“Mira, Fercho: conozco a Arnold desde el preuniversitario, y con tal de cachar con el primer muchacho que le guste, es capaz de poner su casa en hipoteca; entonces, entre gitanos no nos leemos la mano”.

El peón sonríe:

“Quiere que pose desnudo para él, pero le dije que no tengo papeles”.

“O sea que… tú quieres posarle calato, y seguro con la pingota que te manejas toda parada”.

“Yo soy pecuario, no modelo”.

“Tú eres mi toro cuando la vaca no está”.

Sosa pone su mano sin pudor sobre la bragueta de Fernando y comienza a sobarla:

“Vamos”.

En una cabañita algo cerca de la casa principal, los dos hombres se abrazan y besan apasionadamente mientras poco a poco se van quitando toda la ropa.

Sobre la cama del peón, quien está arrodillado, el patrón en cuatro patas deja que le metan una larga, gruesa y venuda verga en la boca, en tanto le mueven la cadera como queriendo horadar hasta la garganta mientras le acarician la cabeza.

Sosa tiene un par de nalgas como globos, producto de su pasado como futbolista, deporte que aún practica con la gente del pueblo todas las tardes que puede. Al medio de ellas, su ano es una especie de amplio hueco por donde una sola pinga no bastaría, pero Fernando se da maña para pasearle la lengua, chupárselo, comerle el orto por el que luego mete su falo y comienza a bombear .

“así, mi toro. Dale, mi chamo”.

Luego, Fernando se cacha a Abelardo en piernas al hombro mientras lo besa en la boca. El patrón aprovecha para acariciar los grandes glúteos de su  amante.

“Hermoso culo, quiero comérmelo”.

Fernando deja de meter pinga,baja las piernas de Abelardo y comienza a chuparle el pene y las bolas. La erección no demora mucho. El patrón también tiene un largo cipote, no tan grueso como el del otro muchacho, pero cabezón y algo curvo hacia abajo. Fernando se sienta encima de ese pene erecto y se lo mete a su ano. Comienza a rebotar. Sosa toma la pinga de Fernando y la masturba con rapidez.

“Oh”, ruge.

Toda su leche se dispara al interior del venezolano.

“Qué rica preñada”, gime el peón. “Voy a acabar”.

Fernando gruñe largo y su semen se dispara sobre el aún vientre plano y los dos formados aunque no tan masivos pectorales de su jefe. Vuelven a besarse.

“Bañémonos al toque antes que llegue mi espesa”, pide Abelardo. “Estuvo rico como anoche, como siempre”.

“Me vuelves loco”, seduce el peón. “Quiero coger otra vez”.

“Bañémonos. Quizá más tarde”.

  

viernes, 25 de febrero de 2022

La hermandad de la luna 9.3

 

Aparentemente, la noticia sobre Owen no ha afectado la concurrencia en el AMW. Si bien durante el invierno, peor aún durante la mañana de un día de semana no van más que cuatro o cinco alumnos, todavía no se ve un resentimiento que pueda afectar al negocio. Flor lo verifica y aprovecha para enseñarle un video en su celular a Owen.

“This was yesterday,” le dice en voz baja.

“D’ya suspect he’s behind that post?”

“Isn’t it too much coincidence, Owen?”

“So ya trust in me, Flor, don’t ya?”

“I’m not sure yet. What I say is this is too much coincidence.”

Entonces el celular de la chica suena.

“There’s somebody else who thinks like ya”., sonríe Owen.

Flor contesta.

“Dime, Chechi”.

“¿Viste lo que sacó Santa Cruz Directo?”

“Sí, justo aquí estoy con Owen”. (El aludido hace hola con la mano.) “Te manda saludos por cierto”.

“Tú qué piensas, Flor”.

“No sé qué pensar, Chechi. Más temprano lo hablamos y Owen dice que hay algo en la historia que no está completo”.

“¿Sigue contigo? ¿Puedes pasármelo, porfa?”

La chica entrega el celular al instructor.

“Es César”, le avisa.

Owen agradece y contesta.

“Hey, César, bro”.

“Hello Owen. ¿Cómo es eso que la historia no está completa?”

“Haber otro wwebsite pero no estar activo ya”.

“Mmmm. A ver, dame el nombre. Veré qué puedo hacer”.

Mira un video aquí. 

Juan llega a su oficina en el Ministerio Público disculpándose con medio mundo por el retraso. Llega a su escritorio y se pone a organizar papeles cuando entra su secretaria.

“Por favor, dile a la gente que haré mi hora completa de atención al público y retrasa mis diligencias treint… ¡No! Mejor cuarenta y cinco minutos. ¿Recados?”

“Hace veinte minutos lo llamó un señor… Edú; como no estaba, solo dejó un mensaje, que usted lo entendería”.

“¿Cuál?”

“La Santita”.

El fiscal García entrecierra sus ojos. Se levanta.

“Por favor, contáctame con la doctora Dolores Salvavera y… pide a Sistemas que nos envíe un escáner, y que me lo instalen aquí mismo”.

“De inmediato, doctor García”.

Juan toma su celular otra vez y busca en su directorio.

“Hola, doctor. ¿Ya lo vio?”

“Sí, ya tengo el dato, Joey”.

“Yo también tengo otro: Cruz Dorada está detrás de todo”.

“¿Cómo lo sabes?”

Mira otro video aquí.

A media mañana, elga sigue revisando papeles cuando oye el timbre del portón. No le da importancia hasta que oye el ruido de un motor ingresando. Sale a la puerta.

“¿Y éste?”, se pregunta.

Christian estaciona la camioneta en el centro del patio principal y baja, camina al despacho.

“¿Qué haces aquí?”, se extraña Elga.

“¿Qué pasa? ¿No puedo visitarte?”

Christian cierra la puerta y en la caseta de vigilancia, Adán y Carlos solo pueden especular sobre lo que allí se está conversando, aunque parece transcurrir en buenos términos, a juzgar por la imagen de la cámara.

“¿Tiene derecho a visitarla, no?”, trata de suavizar las sospechas el capataz.

“A mí no me parece una visita de cortesía”, afirma el cuerpo de luchador.

Dentro del despacho, Christian muestra su celular a Elga, quien lo lee.

“¿Y esto cómo nos toca?”

“Nos beneficia porque perjudica a Tito. Ese negro es su gran aliado ahora, pero con esta publicación, ya no más”.

“Insisto, Chris: ¿y eso cómo nos beneficia? Nosotros estamos aquí arreglando papeles para una venta”.

“Y esa noticia nos cae como anillo al dedo porque Tito podría responder ante las autoridades, y Tito es el mayor opositor a la venta”.

“A mí me pareció que fue Carlos”.

“Nunca subestimes a La Estirpe, Elga”.

“Claro, lo dices con conocimiento de causa, y eso me lleva a preguntarte: ¿tú le diste estos papeles a este medio?”

“Quién sabe… Mas bien, con este dato, no tiene sentido que alarguemos lo de la venta. Nava me ha preguntado si es fijo que cerremos trato esta semana y le dije que sí, el viernes; pero si podemos sorprenderlo antes…”

“Christian, fui clara cuando te dije que no me presiones, que quiero tomarme mi tiempo”.

El abogado se acerca hasta la silla donde la mujer está sentada y se agacha a darle un beso en la boca.

“¿Sabes que estuve viendo opciones en Internet? ¿Qué piensas de Europa? El pata que me hizo las fotos hace años me invita a recorrer el Mediterráneo”.

“El pata que te hizo las fotos hace años estaba enamorado de ti”.

“¿Y no crees que eso nos conviene? Cerramos la venta, recibimos nuestra plata, vamos para allá y paseamos”.

“Yo quiero ahorrar mi plata, Christian”.

“Bueno, viajo solo”.

Súbitamente, el abogado se baja la cremallera de su apretado jean y se saca el miembro aún flácido.

“Hazle cariñito”.

“Ahora no, Chris”, ruega elga.

“No seas mala: te ha echado de menos”.

En la caseta de vigilancia, corren apuestas. Finalmente, Christian se baja el pantalón y deja ver sus perfectas nalgas.

“Me debes veinte”, dice Adán. “¿Llamo a los chicos?”

“No, igual lo verán mas tarde”.

Christian se quita la camisa y la deja sobre la silla de Elga, a quien pone de pie, quita el vestido de tiritas, quita la braga, la sienta en el escritorio y le mete el pene, mientras ella cierra los ojos no tanto por la excitación. Está pensando en alguien más, y el abogado parece advertirlo.

“¿qué pasa?”

“Nada, no tengo ganas, Chris”.

“¿No estarás cachando con estos hijos de puta, no?”

“¡No! No es eso; solo que no tengo ganas”.

Christian suspira incómodo, le saca el pene, se sube el bóxer y el pantalón y busca su camisa para ponérsela.

“Me voy”, le anuncia.

Elga vuelve a vestirse también. Cuando Christian reabre la puerta del despacho, gira.

“Espero que sea pena o cansancio, porque si es traición, te juro que no te la voy a perdonar en absoluto”, le dice algo ofuscado.

“No me presiones, Chris. Tú sabes muy bien por qué no debes hacerlo”, ella le guiña un ojo.

El abogado camina a abrir la puerta de la camioneta cuando Adán sale de la caseta de vigilancia como quien no está enterado de nada.

“¡ey, tú!”

Adán no le responde.

“¡Adán!”, insiste Christian.

El cuerpo de luchador se detiene y gira; camina con demasiada autosuficiencia hacia el abogado.

“¿Me llamabas?”

“No te preguntaré si ya regaste lo del sábado porque de hecho que ya lo hiciste; solo te diré que si eso me trae consecuencias, tú me las vas a pagar”.

Adán lo mira desafiante:

“¿Acaso me vas a matar como le pasó a Manolo?”

Christian se enfurece:

“¡So reconchatumadre!”

Alza el puño para golpear al cuerpo de luchador, pero éste reacciona con suma rapidez, toma el brazo y le aplica una llave que pone el trasero del agresor pegado a la ingle del peón.

“¿Así te gusta, ¿no?”, le susurra Adán. “Mi huevo bien pegado a tu culo, ¿cierto?”

“¡So reconchatumadre, ssuéltame!”.

Carlos corre desde la caseta y Tito y Frank vienen desde el fondo a toda velocidad; los separan: el capataz y el más nuevo contienen al cuerpo de luchador, y el gladiador al abogado.

“Vete, Christian”, le sugiere Tito. “No la cagues más”.

“¡Tú no la cagues más, Tito! ¡Tú no la cagues más!”, espeta enfurecido el abogado.

El aludido le tira un rodillazo en medio de las dos nalgas.

“¡Auuuu!”, grita de dolor Christian.

“Hazme caso: ya no la cagues”, le repite Tito.

Elga sale desde la casa grande y corre hasta ponerse en medio de todos los hombres.

“¿Qué pasa aquí?”, grita enérgica.

“El insolente de su empleado, señora de Rodríg…”, se queja el abogado.

“¡Ya, Christian! ¡Basta! Vete de una vez y regresa cuando acordamos”.

Christian mira molesto a Elga, mira a todos muy furioso. Se suelta de Tito y regresa a la camioneta.