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domingo, 21 de noviembre de 2021

ASS (04): Muéstrame tu pinga erecta

Alejo posa en una sesión de fotos al desnudo y al palo.

 


A las 9:30 de ese domingo por la mañana, el atlético Alejo llega a una de las casas de Los Ejidos. Toca el timbre. Viste un polo, short y unas zapatillas de tela. El polo y el short disimulan mal el simétrico trabajo que las pesas han forjado en su cuerpo: espalda ancha, pectorales y brazos hinchados y formados, cintura estrechita, buen par de nalgas y buen paquete, grandes y formados muslos y ni qué hablar de sus pantorrillas. Hermoso ejemplar de varón en sus 22 años, quien además tiene un rostro muy agradable y un cabello negro ensortijado algo desordenado. Saca su celular del bolsillo delantero y comienza a escribir un mensaje cuando la puerta se abre y un hombre en sus 30 le sonríe.

“Pensé que ya no ibas a venir, cabrón”.

“Hay poca movilidad”.

Enrique le da la mano y lo invita a entrar. Tiene rostro agradable, ojos algo claros, un poco alto, y ese polo y esa bermuda que se puso esa mañana también disimula mal un físico típico de gimnasio. Cruzan el jardín que rodea una casa de dos pisos. 

Al ingresar a la amplia sala, en la escalera un hermoso y atlético chico, totalmente desnudo, lo ve llegar. Avanza un poco más y al pie de las gradas, un pata aparentemente flaco y formado, vestido con polo y buzola, manipula una cámara fotográfica profesional.

“Te presento a Willy”, le indica Enrique.

“Mucho gusto”, intercambian ambos.

“Y ese cuate allá arriba es el gran Flavio”.

Alejo le lanza un tímido hola que el modelo le responde con una amplia y seductora sonrisa.

“Acompáñame”, indica el anfitrión hastallevarlo a unos modulares donde hay unos papeles. “Tómalos y fírmalos con tu nombre y DNI. Uno es el contrato y el otro es la autorización de uso. ¿Sí tienes claro qqué vamos a hacer hoy, no?”

“Posar desnudo”, responde Alejo con mucha seguridad.

“Y mostrando la verga erecta”, agrega enrique.

“Sí, normal. ¿Tienes lapicero?”

“¿No vas a leerlo antes?”

“No vas a ratearte, ¿o sí? Ya me dijiste que las fotos son para México, ¡no?”

“Sí. Para una revista que publica desnudo masculino erótico”.

“Normal”, reitera Alejo, y firma.

“encuérate que voy a ponerte el óleo. Apenas Willy termine de trabajar con Flavio, comienza a trabajar contigo; luego con ambos”.

Alejo se quita el polo y las zapatillas. Ya descalzo, se para sobre la alfombra de la sala y se quita el sshort. Queda calato.

“Uff. Te ves más mamey que en las fotos que me mandaste, cabrón”, le comenta enrique.

El muchacho sonríe.

Enrique toma un frasco de un aceite oscuro y comienza a pasárselo por todo el cuerpo, desde la cara, luego el cuello, los pectorales, los brazos, los costados, el abdomen, la cintura.

“Voltéate. ¿entrenas duro, no?”

“Eso y el trabajo en la chacra”.

“Sí, me contaste”, menciona enrique, quien está untando toda la espalda y se arrodilla para hacer lo mismo con las nalgas. Entre ellas, asoma uno que otro vello.

“Me estás metiendo la mano al culo”, sonríe alejo medio en son de reclamo.

“Tranquilo, cabrón. No quiero que salgan zonas claras”.

Continúa con las piernas y pantorrillas.

“Voltéate”, pide.

Alejo gira, y ahora enrique le pasa el aceite por el pubis y la ingle incluyendo el pene y los testículos. El pene comienza a reaccionar y crecer.

“Te pones erecto de plano”.

Alejo sonríe.

Enrique termina de untarlo.

“Que se absorba un poco y te traigo el vestuario… debiste podarte un poco el arbusto”.

“No tengo tijera para los pendejos”.

“Ahora traigo una”, sonríe enrique.

“Necesito ayuda con el pene de Flavio”, llama Willy desde la escalera.

“Voy”, responde Enrique. “Ya vengo”, le dice a Alejo.

El anfitrión va hasta donde está el otro modelo, se arrodilla en una grada y evidentemente comienza a chuparle la pinga a Flavio, quien mira la escena, igual que Alejo, pero a la distancia. Su pinga también se pone dura y recta: 18 centímetros, gruesa, botando líquido preseminal ya en la punta.

Enrique saca un frasquito de su bolsillo y echa un líquido transparente, como gel, sobre el miembro de Flavio.

“espárcelo”.

Flavio distribuye el lubricante por su pene y reanuda la sesión de fotos. Enrique regresa donde Alejo, y se percata de su pene erecto.

“Chinga tu madre, cabrón. Qué buena verga tienes”.

Alejo sonríe y distribuye su líquido preseminal por toda su pieza a manera de lubricante.

Cuando Willy acaba la sesión con Flavio, el aceite ya se ha absorbido sobre la piel de Alejo dándole un tono bronceado uniforme y natural y Enrique ya le ha recortado el vello púbico para que se luzca mucho más su pinga y sus grandes bolas.

“Contigo vamos a trabajar en la columna que está en el jardín”, indica el fotógrafo, a la vez que apunta el dedo a una rara y solitaria decoración de mármol blanco de contorno acanalado.

Alejo camina y coloca en su marca; no se pone nervioso frente a la cámara. Ejecuta todas las poses que le piden. Su cuerpo hermoso no solo se luce bien en las fotos que aparecen chiquitas en el visor. También llama la atención de Enrique, y especialmente de Flavio.

”¿De dónde sacaste a ese churro?”

“De un rancho”.

“Qué rico”.

“enrique, ya sabes qué hacer”, pide Willy, quien está arrodillado sobre el piso del jardín al lado de la piscina y con la cámara en ristre.

“Si quieres lo hago yo”, murmura Flavio.

”Ya tendrás tu turno”, sonríe el anfitrión. “No me asustes al morro”.

Enrique va hasta donde Alejo se arrodilla y comienza a mamarle la verga hasta ponérsela dura. Repite la aplicación del lubricante. Con eso, Alejo tiene lo necesario para seguir haciendo la sesión con el pene erecto.

“No vayas a eyacular”, pide Willy.

“Demoro mucho”, presume Alejo.

“Qué bueno, peoncito”, susurra Flavio a la distancia, cuya pinga vuelve a ponerse al palo.

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

viernes, 3 de febrero de 2023

ASS (64): ¿Su dinero será tan limpio como su culo?

Enrique entrega primero un chequezote a José Luis, y luego ambos entregan sus nalgas a Eliezer y Salaverry.

 


“No puedo creer que finalmente lo hicieron”, reacciona Salaverry.

en la casa de campo que posee José Luis cerca de Piura están reunidos su asesor principal, Eliezer y Enrique, quien entrega un pequeño sobre al dueño de casa. José Luis lo abre y los ojos casi se le desorbitan. Mira a Salaverry y Eliezer:

“¿Y esto?”

“La historia porno gay del campeón latinoamericano de natación censurado por dopaje va a tener millones de vistas, así que el estudio se convenció de adelantar algunos pagos”.

“Pero esto es un culo”, comenta algo desconcertado, José Luis.

“Y es solo el inicio”, sella Enrique.

Salaverry carraspea:

“Va a perdonarme la pregunta, pero creo que en este punto debo hacerla: ¿el origen de ese dinero… es lícito?”

Enrique sonríe:

“Las drogas, las armas de fuego y el sexo son los negocios que mueven fortunas que escandalizan a Forbes, pero que nunca las consideran en sus conteos anuales”.

“Las drogas y las armas no tienen fuentes legales de financiamiento”, observa Salaverry. “No sé si el sexo también”.

“Casi nada tiene una fuente legal de financiamiento, pero tranquilícese: recuerde que mucha gente precompra contenido, y son millones de gays alrededor del mundo”.

Salaverry no sabe qué replicar.

“¿Y luego?”, interviene Eliezer.  “Cuando el video porno salga y la gente note que es en la Piscina Comunitaria, y lo conecte con los días que cerramos, quizás cuestionen a José Luis”.

”Todo está bajo control”, sonríe Enrique. “Mientras no se reprima a la comunidad gay o bi, será la misma comunidad la que proteja a José Luis, y vote por él”.

Eliezer y Salaverry se miran algo escépticos, pero el cheque de cinco dígitos –cuatro ceros—parece tranquilizarlos por ahora.

“Celebremos, ¿no?”, anima José Luis, quien se levanta, se acerca a enrique, lo abraza y le da un beso en la boca; le hace una seña para que lo siga.

Cuando ambos se ponen en camino, Salaverry mira a Eliezer quien le contesta con una sonrisa, un guiño de ojo y la misma seña para seguir a los dos primeros amantes.

Ya en el cuarto de José Luis, los cuatro varones se desnudan por completo. Se arrodillan en el centro de la cama haciendo una cruz con sus piernas. Se abrazan, se acarician las espaldas y los culos, se besan en la boca. Sus cuatro penes comienzan a ponerse duros, y aunque no son iguales en tamaño, se hacen contacto. Los de enrique y de Salaverry brotan mucho líquido preseminal.

“Hagamos ronda”, propone el mexicano.

Enrique besa el cuello a Salaverry, éste hace lo mismo con el de José Luis, éste con el de Eliezer y finalmente este último con el de Enrique. Así se cierra todo el circuito.

A continuación, enrique  y José Luis se ponen en cuatro patas abriendo bien las nalgas. Salaverry lame el ano a su jefe, José Luis;Eliezer vuelve a disfrutar del trasero azteca de Enrique. Los dos beneficiarios del beso negro juntan sus labios y sus lenguas.

Cuando los anos de esos dos hombres están dilatados, Salaverry unta con su líquido preseminal el agujero de José Luis, mientras Eliezer se coloca un condón y le unta mucho lubricante; lo coloca y comienza a empujar. Salaverry también se protege con un condón y comienza a meter sus 18 centímetros gruesos y venudos dentro del culo de su jefe.

En un par de minutos, el sexo anal comienza a calentar motores. Bombeos lentos que poco a poco se irán incrementando hasta el clásico chasquido de las caderas contra las nalgas de los pasivos, quienes ahora gimen y jadean como condenados.

Salaverry disfruta viendo cómo su pinga entra y sale del culo de José Luis; eliezer se solaza viendo el gesto del otro asesor, casi no toma atención de cómo sodomiza a Enrique. Entonces, Salaverry forma en su rostro ese rictus característico de que la eyaculación está cerca:

“Las voy a dar, mierda”, avisa.

Salaverry ruge: es evidente que ya llegó al orgasmo. Eliezer lo comprueba porque deja de moverse, saca su pene con el condón manchado de blanco, signo inequívoco que ya expulsó su semen. Recupera el aliento y se relaja.

José Luis se levanta:

“Luces intelectual y todo eso, pero a la hora de cachar, eres arrechísimo”, le dice.

Salaverry solo sonríe mientras se seca una gotita de sudor que cae por su frente, y se soba su pene semi-flácido.

Eliezer tiene para rato aún, pero sabe que el culo de Enrique es aguantador.

José Luis hace otra seña a Salaverry. Ambos se van a la ducha.

Ya dentro, bajo el agua, el dueño de casa acaricia el velludo cuerpo de su asesor mientras le unta el jabón.

“Me encanta cómo me cachas… ¿por qué preguntaste a Enrique si su dinero es limpio?”

“Me gusta  tu culo porque sigue bien firme, pelu; pero… ¿acaso no viste la cantidad de ceros que tenía ese cheque? Encima, son dólares. ¿Cómo vamos a justificar eso ante la Onpe?”

José Luis da un beso en la boca a salaverry, a la vez que le acaricia la pinga y las bolas:

“Lo pitufeamos como hacen todos… Para eso contraté al hijo del Capi. Enrique tiene a sus chicos. Ya he pensado en eso”.

“¿en serio no te preocupa que pueda ser plata de narcos? Es cuerpón, vergón, hermoso culo, se nota que aguanta bien la pinga; pero también es mexicano, joven, con plata suficiente para comprarse de un sopapo una casa en Los ejidos. ¿en serio crees que la pornografía gay dé tanto?”

“Si fuera narco, alguno de nuestros amigos policías nos hubiera dicho algo, en especial esos que les gusta meter pinga y que les metan bien la pinga”.

“¿Y si quizás no nos dicen nada porque… también te están investigando? Recuerda que fui policía, trabajé en Inteligencia. Si debemos dejar que nos metan un dildo por el culo con tal de conseguir información valiosa, nos abrimos de nalgas”.

José Luis mira a Salaverry con cierta perplejidad mientras le sigue acariciando el pene y los testículos, tanto, que otra vez hay una erección.

Afuera, Eliezer sigue cachando con intensidad el culo de Enrique.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

miércoles, 4 de agosto de 2021

Balto, El SuperZambo

Narración e ilustración originales de Iván.pe

 






Hace unos años estaba pintando unos carteles cuando se me acabó el material y tuve que conseguir más para entregarlo a tiempo. Yo solía comprar en una papelería del centro de Piura, y ahí estaba Balto, un hermoso negro, alto, rico pecho, amplia espalda, cintura finita, culo redondito y unas piernas de futbolista. Si supieran cómo se me hacía agua la boca cuando lo veía en sus shortcitos de deporte que no podían disimular su gran bulto.

¿De cara? Muy guapo el huevón, de esos que llaman ‘negros finos’, pelo zambo ni corto ni largo, muy amable, sonriente, servicial, aunque mayormente callado. Con decirles que me enteré su nombre de casualidad, porque una de las vendedoras le pidió que despache un pedido: “Balto, anda a tal sitio”, “Balto, lleva tal cosa”. Su trabajo consistía en cargar la pappelería o los útiles de escritorio que le encargaran dentro de la misma tienda o en las oficinas que hay en todo el centro de la ciudad, a donde iba en su carretilla o su furgoneta.

No es que la papelería donde Balto trabajaba fuese la más baratta para comprar el material que me faltaba. La verdad es que cada que podía, me daba una vuelta por ella aunque sea para preguntar huevadas y poder ver al negro, y a veces me lo encontraba con su short, o a veces con su pantaloneta que peor le marcaba las piernas, el bulto y las nalgas. Sí, yo estaba enamorado de ese tipo.

 






Una mañana que entré por huevear, pregunté por una plancha de tecnopor a sabiendas que allí no la venden. Ahí estaba Balto cargando unos paquetes de papel. La vendedora, como es lógico, me dijo que no tenían. Me quedé un rato haciendo como que veía otras cosas aunque en realidad lo que quería era solazarme con la estampa del negro. Entonces se me perdió de vista. Decidí que ya era suficiente por ese día, encima sentía que mi calzoncillo estaba mojadísimo, porque cuando se me para la pinga, boto líquido preseminal como mierda.

No había dado dos pasos fuera de la tienda cuando en plena avenida Balto me dio alcance. “Aquí no venden las planchas de tecnopor”, me dijo. “Las venden en el mercado”. Me quedé cojudo. ¿Cómo sabía él por lo que había preguntado si no estaba cerca? Me quedé mudo, idiotamente mudo. “Gracias”, solo le respondí casi tartamudeando. “Pero te las puedo conseguir si deseas”, me ofreció.

Mi corazón latía a dos mil. No mil; era poco. Mi pinga bajo mi jean se había puesto dura, especialmente al verlo en su polo y su clásico short de deportes. Tenía que reaccionar como sea. “Ya”, le dije aún tartamudeando. “Necesito unas diez”. Balto me dijo que ya, le di la plata, uno de los últimos billetes que me quedaba. “¿Y dónde te las llevo?” ¡Mierda! No había reparado en ese detalle: en mi casa estaban mis viejos. ¿Hacerlo ir para que solo conozca mi dirección?

Providencialmente, sonó mi celular. “espérame un toquecito”, le dije”. Él solo sonrió. Era un amigo de Talara que estaba en una pensión por el Cementerio San Teodoro, relativamente cerca, quien me quería consultar unos detalles técnicos de una pintura que estaba haciendo. ¡Piensa rápido, Iván, ! ¿Y si le das la dirección de tu amigo? Su cuarto tiene entrada independiente, la zona es tranquila, no tenía nada que hacer ese día. A la mierda. Arriesguemos, me dije…

 






Tras aburrirme analizando un lindo bodegón que había pintado mi amigo, consulta que bajo otras circunstancias le habría costado otra cosa, me lancé con la más absoluta desvergüenza: “Quiero hacer un casting aquí”. Su cuarto era amplio, como un cinco por cinco, baño propio, y la mayor parte del espacio estaba libre. Incluso su cama, su caballete, sus lienzos y sus materiales no ocupaban ni la mitad del espacio.

Mi pata dudó. “¿Necesitas mi ayuda?”, me preguntó sorprendido.

“No. Necesito tu cuarto… pero en privado”.

Mi amigo me medio sonrió. Aceptó.

Un cuarto de hora después, Balto estaba tocando en la reja de la casa con las planchas de tecnopor. Mi amigo bajó a abrirle y dejó que el negro suba. Yo estaba en la ducha tratando de tranquilizarme, pero el solo hecho de saber que estaba subiendo me había puesto la pinga al palo otra vez. Tocaron la puerta. Me puse la toalla en mi cintura. Balto estaba ya arriba sonriendo: “su pedido, señor”. Intenté ver detrás del cuerpón. Mi amigo no estaba. “Gracias”, le dije. “entra”, lo invité. “Salvo que estés… apurado”.

“No”, me sonrió Balto. Pasó. Cerré la puerta. “¿Aquí vives?”

“No”, le dije. “en realidad es el cuarto de mi amigo, y estamos… estamos proyectando unas obras”.

“¿Esas frutas?”, preguntó Balto señalando el bodegón en el caballete.

“Eh, es otro proyecto… unos… superhéroes”.

Balto sonrió.

“Estábamos hablando sobre cómo debía lucir el superhéroe y… estábamos revisando figuras de hombres”.

“Pero no tienes cuerpo de superhéroe”, dijo mirando mi contextura ligeramente marcada bajo la toalla.

“No, yo no soy parte del casting”, le confirmé. “en todo caso, tú podrías servir como modelo”.

Balto rió. “Pero no hay superhéroes negros, todos son blancos, rubios”.

“¿quién dice que no? Uno de los Linterna Verde fue negro”.

“¿Y qué superhéroe sería yo? ¿Superzambo?”

Ambos reímos. El rostro de Balto estaba más brillante que nunca debido al sudor.

“¿Y por qué no un Superzambo?”, lo traté de seducir.

“¿qué debo hacer?”

“¿Podrás… quitarte la ropa… si no… si no te molesta?”

Quedarme calato?”, sonrió Balto.

“No Necesariamente… puedes quedarte en ropa interior nomás”.

“Yo no tengo problema en estar calato”, siguió sonriéndome”. “Tus amigos me han dicho que así se quedan los patas en la Escuela de Arte”.

Tragué saliva. Balto dio un paso hacia mí, ttomó la toalla en mi cintura y la desató. Quise atraparla para que no vea mi pinga erecta, pero cuando reaccioné, él había ttirado la toalla a la cama. Entonces, se qquitó el polo: ¡Dios mío! ¡Qué rico par de pectorales lampiños, moldeados cual cojines, pezones duritos, abdomen algo afirmado con casi nada de vello, la cintura delgadita.

De inmediato, tomó su short y se lo bajó con todo y ropa interior: vello púbico tupido, una manguerita negra descansando encima de un par de generosas bolas. Ya ni les hablo de las piernas. Imaginen las de Érick Delgado. Algo así. “¿Me quito las zapatillas también?”

No había reparado en su par de calzado de lona azul. “Yo lo hago”, le dije casi al borde de la estupidez. Me arrodillé, desaté los pasadores y lo descalzé. ¡Que ricos pies! Me quedé así arrodillado con su pene a la altura de mi boca. Entonces me acarició la cabeza, me volvió a sonreír, se inclinó hasta que su cara dio con la mía. ¿Les detallo el beso que me dio o solo bastará si les digo que su boca sabía a gloria y que nuestras lenguas danzaron a un ritmo frenético?

Se irguió de nuevo, tomó su pene con una mano y con la otraacercó mi cabeza. “Chúpamela”. Detalle: su aroma no era el de macho sudado, solo el de macho. Comencé a mamarle su miembro con dulzura aferrándome primero de sus caderas y poco a poco de su enorme, lampiño y suave culo. Sentía cómo ese falo iba creciendo poco a poco entre mi paladar y mi lengua y quería tragármelo. Traté que su glande llegara a mi garganta. Comenzó a cacharme la cara muy suavemente.

“Levántate”, me dijo, entonces. Caminamos a la cama, hizo que me arrodille en ella, me abrió mis nalgas con sus manotas. Lo siguiente que sentí fue su lengua lamiéndome los glúteos y luego el agujero de mi ano. No pude contener mis gemidos.

Tras varios minutos, vino lo bueno. Puso la cabeza de su pene en mi hueco y comenzó a meterlo poco a poco. Debí estar muy dilatado o su miembro botaba tanto o más líquido preseminal que el mío. El caso es que fue penetrándome con facilidad.  Me bombeó firme pero gentilmente. Balto comenzó a jadear y su tono de voz cambió un poco. “Eso querías, ¿no?”, me encaró. “¿Te gusta mi verga?”

“Sí”, respondía extasiado y masajeando mi propio pene.

Entonces me cambió de posición: boca arriba, me levantó las piernas y me la siguió metiendo. Yo me seguí pajeando ya sin complejos. Entonces me la sacó, se acostó boca arriba y se la pajeaba con fuerza.

“Siéntate encima”, me dijo.

Yo me levanté y abrí mis piernas tanto como pude, separé mis nalgas con mis manos y la penetración fue instantánea. Toda su verga estaba nuevamente dentro de mi recto caliente. Lo cabalgué como loco, como si se tratase de un galope por un camino accidentado.

“Así trágate mi pinga, goloso”, me dijo.

“Así, hazme tuyo, mi superzambo”, le gemí.

Nuestros jadeos aumentaban. Mis glúteos sonaban como aplausos rrítmicos al chocar ccon su ingle. Era el éxtasis completo.

“¿Te la doy dentro?”, me preguntó.

Asentí. Unos minutos más tarde, experimenté cómo su leche caliente se disparaba al interior de mi recto en medio de un gruñido. Segundos después, mi semen se proyectaba en rráfagas sobre su abdomen. Me agaché y nos volvimos a besar en la boca. Mi esperma estaba untando nuestros  vientres, mientras su pinga aún seguía dura dentro de mi ano. Fue un rico beso.

“¿Sí la hago de Superzambo?”

“Aún me falta dibujarte”, le alcancé a responder, acariciando su intrincado cabello.

“¿Tu amigo podrá prestarte el cuarto otra vez… o también le entra?”

“Ya veremos”, le dije.

Volvió a besarme. Su pinga seguía dura dentro de mi ano.

 






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viernes, 18 de noviembre de 2022

ASS (53): Somos hombres, ¿no?

    

    


Tras su jornada de prácticas, Pedro descansa totalmente desnudo en el dormitorio de la casa que ocupa Eliezer en Castilla. Tocan su puerta. Despierta y lo primero que nota es que su pene está duro como piedra.

No siente roche de taparse la erección así que se levanta y abre la puerta; total, allí solo viven Eliezer y él…

¿qué tal susto!

“Bu-bu-bue…”, dice un chico fornido cubierto por un un uniforme de sereno.

Pedro se queda congelado allí, con la puerta abierta, y el pene duro.

“Su-su-su… don Eliezer me mandó para ver si necesita ir a alguna parte”.

Pedro lleva una de sus manos hacia su miembro erecto para cubrirlo, sin mucho éxito.

“No”, responde tragando saliva y aliviándose del susto. “Me quedaré aquí”.

“Ah, entonces… puedo retirarme, si gusta”.

“¿Qué hora es?”, se pregunta Pedro, ya con su pene semi-erecto. Voltea hacia la mesa de noche.

El sereno le mira las nalgas lampiñas y redondas, firmes y bien formadas. Ahora su pene es el que comienza a ponerse duro.

“Va a ser las cinco”, reacciona Pedro, ensimismado.

“entonces, me regreso a la base, si usted no tiene problemas”.

Pedro se pasa la mano por la cara. Su pene ya no está erecto ahora, pero una gota de líquido preseminal rueda por su muslo derecho, producto de la lubricación interna de su miembro.

“¿qué harás en la base?”

“Aburrirme esperando órdenes”, responde el sereno, con una ligera sonrisa.

“Ah, perdona que esté calato y…”

“No, joven, no se preocupe… es normal… somos hombres”.

“Pero estaba con la… con el… ufff”.

“Seguro estaba durmiendo rico, digo, profundo, y a lo mejor estaba soñando algo… ya sabe”.

Pedro sonríe:

“Mejor entra y cierra la puerta; no quiero que llegue mi tío y crea que tú y yo hemos…”

“¿Tenido relaciones?”

Pedro vuelve a sonreír:

“No es mi intención ofenderte”.

El sereno entra al cuarto y cierra la puerta tras de sí.

“No se preocupe, joven”, tranquiliza. ”yo sé que si entrara y sospechara eso, usted lo negaría totalmente”.

“¿Por qué estás tan seguro de eso…? ¿Me dijiste tu nombre?”

“Huamán. Todos me dicen Huamán en el serenazgo”.

Pedro se sonríe otra vez:

“¿Por qué estás tan seguro de que yo negaría que tú y yo tuvimos relaciones sexuales, Huamán?”

“Porque se nota que usted es legal, joven…”

“Pedro… Mi nombre es Pedro”.

“Usted es legal, joven Pedro… y… si hubiese sido verdad, yo no me avergonzaría… Por lo menos me culparían de haber tenido relaciones con un joven tan legal y… guapo, como usted, y no con alguno de esos choros y gente de mal vivir que capturamos”.

“Debería tomarlo como un piropo, ¿no?”

“Usted vea, joven Pedro”.

Entonces el sereno le mira la entrepierna. Pedro se da cuenta y baja su mirada también: su pene está erecto otra vez. A continuación, mira de nuevo a Huamán.

“Mejor voy a ducharme”, avisa Pedro con una media sonrisa.

“yo lo espero, joven. Con su permiso, me retiro”.

“Hazme conversación al menos… mientras me ducho… si mi tío llega, le diré la verdad”.

“¿También le dirá que lo vi con la pinga al palo?”, Huamán baja un poco el tono de su voz.

“A la mierda con eso… Tú estás en ventaja: estás vestido”.

“¿Quiere verme calato, joven?”, se arriesga Huamán.

Pedro lo piensa unos segundos.

“No sería mala idea”, responde.

El sereno sonríe y, sin esperar confirmación, se saca el polo entallado, revelando un pecho fuerte y masivo, quizás no con un abdomen definido pero sí plano, sin llantitas. Se desabrocha la correa de tela y se inclina a sacarse las botas. Entonces, se desabrocha el pantalón, se baja la cremallera. Al bajarse el pantalón, un coqueto micro-bóxer cachetero color blanco contrasta con la piel cobriza del muchacho. Y esas piernas, son simplemente dos troncos de árbol añejo, fuertes, anchos, velludos.

Aunque lo que llama la atención de Pedro es lo que aparenta ser un pequeño tronco que se marca en la tela blanca de la ropa interior.

Huamán se saca las medias, por fin.

“¿¡Sigo, joven Pedro?”

“Somos hombres… ¿no?”, sonríe el aludido.

Huamán se baja el micro-bóxer: efectivamente su pene está erecto… y no es tan pequeño como parecía. Mas bien es gordito y parece lubricar mucho a juzgar por el brillo del glande. Quizás necesita un poco de recorte en el vello púbico. Quizás no.

“ya estamos calatos los dos”, anuncia el sereno con una sonrisa cachonda.

“y con el pene erecto”, agrega Pedro.

“Somos hombres”, reitera Huamán.

El joven anfitrión vuelve a sonreír:

“Solo falta que tengamos relaciones sexuales”.

Huamán sonríe también:

“No me jodería”.

Ambos jóvenes se miran fijamente a los ojos. Entonces, Pedro ya no puede más con la excitación. Se acerca a Huamán, pega su cuerpo y lo acaricia:

“Tienes la piel suave”, le susurra.

“Tú también”.

Pedro, entonces, aproxima su cara a la de Huamán. Lo besa en la boca. Mientras las lenguas de ambos  combaten golosamente, sus manos recorren las espaldas y los culos mientras sus penes erectos se refriegan uno contra el otro.

Huamán, entonces, toma la iniciativa y empuja a Pedro a la cama logrando acostarlo boca arriba. Luego, descansa toda su humanidad encima de ese terso cuerpo.  Pedro abre sus piernas y está dispuesto a sentir cómo la masculinidad del sereno se puede hundir en su culo, cuando…

“¡ya vine!”, se oye desde el pasadizo.

Pedro y Huamán se dejan de besar y se miran sudorosos y estupefactos.

Y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


domingo, 27 de febrero de 2022

ASS (17): ¡Edú es moderno!

Pedro pide a Alejo que no involucre al Padre en su carrera de actor porno gay.

 


La rutina nocturna de Pedro los días de semana es ir al AS a leso de 9 de la noche para revisar las cuentas del día, y una vez que termina, ponerse a entrenar. De ser un chico flaco durante su adolescencia, ahora luce un envidiable cuerpo atlético, muy simétrico. Fue su mejor terapia contra la depresión. Usualmente se ducha en el gimnasio y luego entra en la habitación de Miguel.

Esta noche de martes no es la excepción, y ahí está echado sobre la cama boca abajo, totalmente calatito (sus nalgas se marcan como dos pequeñas burbujas) leyendo unos papeles impresos. El reloj marca las 11. De pronto ssiente un cuerpo desnudo acostándose sobre el suyo. Lo sabe porque siente una pinga blandita sobre su culo. Se asusta:

“Aguarda, Ale. ¿Ya limpiaste todo?”

“Sí. ¿Tú ya leíste todo?”

“Lo clave: es la típica cuenta de ahorros, la tasa de interés es la de mercado, te deja hacer 4 retiros mensuales sin cobrarte comisión pero solo si usas ventanilla o cajero de donde sacaste la cuenta, por lo que vas a tener que hacerte un presupuesto mensual o quincenal; si no, vas a perder antes que ganar”.

“A mí me dijeron que mi plata iba a crecer mes a mes”.

“En realidad, el truco de estas cuentas es meter más que sacar. Así es como crece. Lo bueno es que vas a tener ese contrato, tus clientes, tus actuaciones…”

Ah”, recapitula Alejo. “entonces, crece si la meto más” –mueve su pelvis sobre las nalgas de Pedro—“y la saco menos”.

“Sí, pendejo. Y ahora salte de encima que ya me quiero vestir”.

“Quédate un poco más, Pedrito…”, Alejo comienza a besar el cuello a su amigo. “No cachamos desde la semana pasada”. Alejo sigue moviendo su pelvis y su pija comienza a ponerse dura, además de engrosar y crecer. Pedro siente la humedad del líquido preseminal entre sus nalgas y comienza a moverlas como queriéndose liberar del portento masculino que sigue acostado encima suyo, pero Alejo sigue besándole la nuca y la espalda superior.

El musculoso no tarda en recorrer toda la espina arrancando gemidos y jadeos al atlético, hasta que llega al trasero y él mismo lame su saladito fluído transparente. De inmediato,  abre los dos glúteos a Pedro y comienza a estimularle el ano mientras que con sus manos masajea y palmea las nalgas. Luego de un par de minutos, Alejo revisa: el agujero ya está dilatado, bien rosadito. Regresa besando la espina hasta alcanzar la nuca otra vez:

“Párame el culo: esta noche quiero hacerte el amor, Pedrito”.

La instrucción es acatada sin reclamos. Poco a poco, el pene del adonis va ingresando por el esfínter, el recto, hasta que los 18 centímetros llegan a las entrañas de Pedro. Mientras el musculoso entrenador masajea su picha dentro del ano, el atlético huésped intenta un baile de cadera que termina por alocar a ambos.

“Ponte en cuatro”, pide Alejo.

Pedro adopta la pose de perrito, y ahora siente cómo el cuerpo de otro hombre no solo lo posee sino que lo azota viril y cariñosamente por detrás.

“¿Te gusta cómo hacemos el amor?”

“Me encanta, Ale. Hazme tuyo”.

Alejo aumenta un poco la velocidad tratando de no ser rudo y se deja de huevadas. Mira su pene entrando en el ano de su amigo, se siente dichoso y satisfecho. ¡Esto sí es cachar!

“Las quiero dar en tu boca”.

“Cuando quieras”, acepta Pedro.

“Ahorita… ahorita”.

Alejo saca su miembro, espera a que Pedro gire en la cama, se lo enchufa en la boca y comienza a pajearse hasta que su leche salta hasta la garganta del chico:

“Proteína purita”, le dice mientras eyacula.

Pedro termina de chupar el semen restante y se incorpora, mira a su cachero y va a besarlo en la boca:

“¿Ya te la tragaste?”, se detiene Alejo.

“Hace rato”.

Ambos se besan profundo.

“¿A qué sabe la leche?”

“Depende del chico. La tuya es un poco simple”.

Alejo sonríe cariñoso:

“¿Sabes que mientras cachábamos alucinaba que nos filmaban?”

“Pensé que estábamos haciendo el amor, no cachando”, sonríe Pedro.

“Bueno… hacer el amor… Pero en serio: alucinaba que nos filmaban”.

“Suena chévere, Ale, pero ni loco me pongo frente a una ccámara… Mi viejo se entera y me saca la mierda a patadas. Más bien, ¿qué fue de esa chamba?”

“Mañana voy a Piura a firmarle la exclusividad: mil verdes al mes… solo tengo que estar en forma y cachar bien en cámara”.

Pedro levanta las cejas.

“¿Y no te paltea que esas fotos o esos videos los vea la gente de acá?”

“El pata me dijo que solo es para venderlo a los países gringos”.

Pedro ahora levanta una ceja y Alejo se da cuenta:

“¿Y eso?”

“Alejo… ¿tú sabes que con internet ahora ya no hay fronteras y que esas imágenes se pueden filtrar en cualquier lugar?”

“¿Pero no hay sitios que los prohíben acá?”

“Mmm… pueden prohibir el acceso a los sitios,pero esos videos o esas fotos se pueden publicar en un culo de sitios, y pueden estar allí hasta que alguien los borre… y vuelvan a aparecer en otros sitios… ¿Te has puesto a pensar qué harás si eso llega a suceder? ¿qué tal si te vinculan al Padre? O sea, una cosa es ser escort, stripper, pero fotos y videos… no sé… al menos yo no… yo ni cagando lo haría, Alejo”.

El aludido piensa por un rato, suspira y palmea las nalgas a Pedro.

“Cuando le llevé esos víveres a mi viejita el domingo, se puso contenta. Ahora ella alucina que estoy en Las Compuertas haciendo plata con un amigo trabajando su chacra; pero ni cagando haría 2 mil soles manejando tractor, Pedro. ¿No te pondría feliz ver a tu vieja sonriendo?”

“Quizás esa es la diferencia de ti o de Miguel conmigo: ustedes ya son independientes. En mi caso, aún dependo de mis viejos”.

“Vente a hacer plata conmigo un domingo… ¿O cuánto sacas con el Padre? Ese pata de los videos y las fotos, Enrique, dijo que está buscando chicos”.

Pedro suspira, palmea el enorme culo de burbuja de Alejo y se baja de la cama buscando su mochila:

“Yo te voy a apoyar siempre, pero no cuentes conmigo. En todo caso dile a Miguel, que tiene físico, cara, pinga, culo…”

“Miguel irá el domingo”.

Pedro se comienza a vestir con ropa limpia sacada de su mochila.

“Igual, vean ese tema de dónde distribuirán el material y procuren que no afecte al Padre: mira todo lo que ha hecho por ustedes”.

“Oye… ¿y ese Edú que está de posada en tu jato?”

Pedro mira extrañado a Alejo:

“¿Qué tiene Edú?

“¿Ya te cachó ese pata?”

Pedro termina de vestirse.

“No quiero hablar de eso”.

“Ayer lo tasé. Dice que es activo. Tiene buena verga. Podría…”

“Alejo”, Pedro se acerca y besa los labios de su cachero. “Te dije que no quiero hablar de eso. Nos vemos mañana” a a la misma hora. Y ya sabes: usa bien esa cuenta de ahorros.

El chico camina a abrir la puerta del dormitorio cuando entra Miguel; se despide también de él con un beso en la boca. El recién llegado espera a que Pedro abra y cierre la puerta de la calle:

“¿Cacharon?”

“Sí. Ya tocaba. Pero parece que no le gustó que hablara de Edú. Solo le pregunté si ya cachó con él”.

Miguel comienza a desvestirse para entrar a la ducha.

“Ay, Alejo. Es que haces unas preguntas tan obvias. Claro que ya deben haber cachado a estas alturas, y fácil que Pedro se lo comió”.

“No creo. Ayer me dijo cuando hicimos la guerra de espadas que es activo”.

Miguel mira a Alejo y ríe compasivamente:

“¿Activo? Si ayer le metí pinga”.

Entonces los dos galanes desnudos se miran y chasquean los dedos: “¡Edú es moderno!”, exclaman a coro.

 

Y para finalizar,te dejamos con un video porno. 

domingo, 15 de mayo de 2022

ASS (28): Nalgas que se van, nalgas que se quedan

¿Qué pasaría si Alejo se vuelve moderno? O mejor dicho, ¿qué le pasó a Alejo cuando hizo el servicio militar? Y… volverá a ver el culo de Edú?

 



Ya distendido, Pedro toma una ducha en el AS luego de su diaria jornada nocturna de entrenamiento físico. Este martes ha tocado pecho y hombros. Bajo la espuma de jabón, sus manos recorren también su abdomen plano, sus nalgas firmes y redondas y sus piernas que ya comienzan a parecerse a las de un futbolista. De pronto, la puerta se abre, y al girar, Alejo va a su encuentro totalmente desnudo.

“¿qué tal está el agua?, dice el musculoso entrenador abrazando el cuerpo húmedo de su amigo y besándolo en la boca.

“Rica como… pues, como tu… lengua”.

Alejo sonríe:

“Pensé que ibas a decir: rica como mi pinga”.

Ambos sonríen y se besan de nuevo en la boca, se acarician y comparten el baño. Las manos de ambos se exploran la espalda, el pecho, el culo, las vergass: los 18 centímetros de Alejo y los 15 de Pedro se ponen duros. Los dos chicos deciden rozarlos primero en una guerra de espadas y luego estrujándolos mientras se acarician los traseros sin dejar de besarse en la boca.

“Oye”, reacciona alejo. “¿Duele mucho cuando te meto mi huevo?”

“Al inicio”, responde Pedro. “La cosa es que desde que ustedes usan esa técnica que les enseñó el Padre Alberto, sí se siente que mi ano se expande, pero ya no hay ese dolor del inicio… aparte que tu pene bota mucho líquido preseminal y resbala más fácil”.

“¿Ttienes ganas de que te la meta ahorita?”

Pedro sonríe, besa a Alejo y gira:

“Chúpame el culo”.

Alejo se arrodilla sobre la mayólica mientras Pedro se apoya en la pared. El primero separa los glúteos y comienza a lamer el ano aromatizado por la espuma del jabón de tocador. Pedro disfruta esa lengua, y se excita más cuando siente la mano de su amigo sobándole el pene.

Poco después, Alejo se pone de pie, coloca su glande en la entrada del ano de Pedro y comienza a empujar despacio. “el truco”, les dijo ya hacía varios meses atrás el Padre Alberto, “es que ambos estén bien calientes, pero bien calientes y que estimulen bien el ojete, así se dilata, sus vergas se ponen bien al palo, y el resto es no desesperarse, es irla metiendo despacito, y todas las veces hacerlo como si fuese la primera vez, yendo de menos a más hasta donde aguanten”.

Alejo siempre lo tiene presente ya sea cachando con sus amigos, cachando con sus clientes, o cachando frente a cámaras como le está pasando recientemente. Bombea rítmicamente a la vez que sigue masajeando el pene de Pedro.

“Deja de pajearme que se me viene la leche”, pide el chico.

“Eso quiero, que se te venga la leche”, seduce Alejo.

Pedro no resiste más y dispara chorros de su semen sobre las baldosas de la ducha.

Minutos después, ambos están en la cama del dormitorio, aún desnudos.

“Qué novedad que ahora me has pajeado”, comenta Pedro.

“¡Te jode que te pajee mientras te cacho?”, sonríe Alejo.

“Para nada; me parece más excitante aún… Pero… ¿por qué me preguntabas si me duele cuando me la metes? O sea, siempre me la metes y…”

“Ah… Por nada”, sonríe Alejo. “nada. Curiosidad”.

“¿Nunca te la han metido, Alejo?”

El musculoso carraspea:

“No. Recién que me dejé chupar el culo y… bueno, es rico, pero, que me la metan… no sé”.

“Y… ¿me chuparías la pinga?”

“¿A ti, Pedro? No sé. Creo… que…no”.

Pedro sonríe y prefiere no ahondar las dudas de su amigo, se levanta y busca su ropa limpia.

“¿Qué pasaría si me vuelvo moderno?”, al fin lanza alejo.

“Nada. Para mí, no pasa nada. Sería una forma mucho más rica de gozar contigo. O sea, con Miguel me la mete y se la meto, el Padre Alberto mayormente me la mete pero también se la deja meter, y bueno, de moderno se goza más, pienso yo. ¿por qué?”

“No, nada, curiosidad. ¡Y ese edú es moderno contigo?”

“No, edú es activo, o al menos conmigo es activo. ¿Por qué? ¿Se la quieres meter?”

“edú tiene rico culo a pesar de ser delgado”.

 “Ha sido futbolista, acuérdate , aunque es delgado marcado, tampoco es huesudo”.

Alejo sonríe. Pedro ya está totalmente vestido. La puerta se abre y entra Miguel.

“¿Y qué novedades, angelitos?”

“Aquí Alejo que quiere meterle su pene al culo de Edú”.

“Tiene rico culo”, comenta Miguel mientras se quita la ropa. alejo carraspea.

“Sí”, reitera Pedro. “Tiene bonitas nalgas. Bueno, chicos, me voy a casa. Nos vemos mañana. Y, Alejo, ten cuidado al registrar esos dos alumnos que te dije”.

“Tranquilo”, sonríe el musculoso.

Pedro se va del AS. Cuando se escucha que se ha cerrado la puerta de la calle, Alejo se levanta y se acerca a Miguel, ya calato del todo, y le da un manazo en las nalgas.

“¡au, huevón! ¿Y eso?”

“Casi la cagas: casi se te suelta decir que te cachaste a Edú”.

“Ay, Alejo. ¿Y qué tiene? A Pedro ya le llega al pincho la opción sexual”.

Alejo se tranquiliza:

“¿Tú crees, Miguel, que si me vuelvo moderno, le dará lo mismo?”

“No es para darle gusto ni darme gusto, Alejo. Es para que te sientas más a gusto contigo mismo. Y para ver si, por fin, te reconcilias con eso que te pasó cuando hiciste el servicio militar”.

Miguel agarra su toalla y se va a la ducha. Alejo vuelve a sentarse y el recuerdo de aquella primera semana en la cuadra de Cerritos llega a su cabeza. Quizás no sea tan cierto que el tiempo lo cura todo, como le dijeron aquella vez. Mejor se mete bien bajo las cobijas e intenta dormir.

Cuando Pedro llega a su cuarto, le llama la atención que la cama de Edú esté perfectamente tendida y vacía. A lo mejor se fue para la parcela, piensa. Se desnuda y se duerme plácidamente hasta que amanece el miércoles. Entonces, descubre que la maleta de Edú tampoco está, menos su ropa. Cuando Julio, su padre, regresa de la parcela, prefiere no preguntar lo que le parece obvio hasta que le palmea el hombro.

“¿Edú se despidió de ti?”

Pedro se extraña:

“¿A dónde se fue?”

“Se fue, hijo. Parece que le salió chamba en otro lado”.

Pedro se extraña aún más.

“¿Alguno de tus amigos no querrá chambear como peón?”, consulta Julio. 

Y para terminar, te dejamos con un video porno.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (25)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Az.

 

El musculoso Dante toma entre sus manos la verga de Miguel: un grueso y venudo trozo de carne trigueña, con algunas pequitas, de 17 centímetros. Algo de líquido preseminal aparece en la punta del glande conforme lo masturba.

El pene de Dante tampoco es pequeño. Casi como el de Miguel, y está al palo.

Dante se inclina para comenzar a chuparlo.

-          ¡No, Dante!

-          El modelo para en seco.

-           ¿Qué pasa? Pero si estás arrechísimo.

-           No. Mejor no. Es que… somos compañeros de trabajo. Aquí trabajamos.

-           Ah. Entiendo. Si quieres vaos a un telo.

-          Miguel repliega su cuerpo y se pone de pie. Su verga ahora está más cerca de la boca de Dante.

-           En otro momento. O en todo caso con Tito.

-          Dante entiende lo que Miguel le propone. Sonríe coquetamente.

 

-          Cuando la navaja está a punto de impactar en la cara de Renzo, alguien empuja a Orlando bruscamente contra la pared, estrellándolo. Ahí mismo lo contiene con el peso de su cuerpo.

-          ¡Suéltame reconchatumadre! ¡Te dije que me sueltes, hij’eputa!

-          En el forcejeo, la persona que salva a Renzo, apenas vestido con polo, short y zapatillas, se incorpora un poco y da un puñetazo a Orlando, haciendo saltar la navaja.

-          Dos obreros se apresuran a reducir a Orlando, y a separarlo del súbito salvador: es Tito.

-           ¿Estás bbien?

-           Bien, ingeniero.

-           Estás sangrando.

-          Renzo y Tito miran una mancha roja en su polo. El muchacho se arremanga, descubriendo sus formados abdominales y levantados pectorales. No hay ninguna herida.

-           Si no eres tú, ¿entonces…?

-          Los dos miran a Orlando que está detenido sobre el suelo, vociferando. Tito se le acerca: un gran tajo mana sobre la frente del peluquero.

-          A lo lejos se oye una sirena de la Policía.

 

En la oficina del Sindicato, aprovechando que no hay nadie, Vinicio toma una ducha. Para variar, no está solo. Un muchacho alto, moreno, grueso pero no obeso, está detrás suyo, clavándole su gruesa estaca de carne.

Ambos gimen, hacen sonar adrede sus cuerpos húmedos, hasta que el activo ruge y bota todo su semen dentro del culo del dirigente.

-          ¡Qué rico, huevón! Zacarías se quedó corto al recomendarte.

-           Pero a ese huevón le gustan los que duran como una hora.

-           Ah, ese mierda no sabe lo que se pierde contigo.

-          El moreno saca su pene, le quita el condón con cuidado de no ensuciarse con los rastros de caca que hay.

-           Oye, y no querrás trabajar en la obra de la escuela?

-           No, no le voy a eso. No me pagan bien en el concejo, pero mi trabajo es más descansado. Pero no me molesto si me gano algo.

-           ¿Algo por hacer nada?

-           ¿Y la leche que gasté? Tiene precio.. así como mi silencio.

 

Al anochecer, en la casa de Juan, Tito y él tratan de que Renzo se calme.

-          Así que ese señor está templado de ti. ¡Increíble!

-          Juan alcanza un vaso con agua.

-           Mire, ingeniero, no es sólo con Tito. No es por hablar mal, pero Orlando alucina con todos los chicos del barrio, y es posesivo. Menos mal que no lo cortó. Quién sabe qué tenía esa navaja.

-           ¿Como qué, don Juan?

-           No sé. ¿Ha oído de los locos que asaltan con jeringas llena de sangre con SIDA?

-          Renzo, de pronto, recuerda a Gustavo.

 

Eduardo sale de la ducha cuando su celular suena. Es Wilo, quien lo pone al corriente del incidente de esa tarde.

-          ¿Dices que ya puso la denuncia…? No hagas nada. Que se joda.

-          Entonces, su timbre suena. Sólo se cubre con la toalla y va a la puerta pensando que es Renzo.

-          Al abrir, Jonás.

-           Buenas tardes, inge. Me enteré que el ingeniero Renzo tuvo un percance.

-           ¿Tú fuiste, infeliz?

 

Renzo acaba de pedir un taxi. Tito lo acompaña.

-          Gracias, Tito. ¿Cómo agradecértelo?

-           No es nada, Renzo. Si Coco no me hubiera avisado…

-           ¿Coco? ¿Cómo lo supo?

-           Cuando salía del gym, me dijo que vio a Orlando yendo a la obra. Estaba hecho un pichín. Al toque se me puso: si él no tiene nada que hacer en la obra… Pensé en ti.

-          Los ojos de Tito se fijan en Renzo. Se humedecen.

-           Si te hubiera pasado algo… sería mi culpa, Renzo.

-           Ya. Olvídalo.

-          El taxi aparece en la puerta de la casa de Juan.

-           Debo irme. Nos vemos mañana.

 

Media hora después, el timbre del apartamento de Eduardo suena de nuevo. Va a a la puerta y la abre violentamente.

-          ¡So reconch…!

-          Reacciona. Es Renzo, quien lo mira azorado.

-           ¿Pa-pa-pasa algo, Eduardo?

-          El musculoso no sabe qué responder.

 

(CONTINUARÁ)

 

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.