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viernes, 3 de febrero de 2023

ASS (64): ¿Su dinero será tan limpio como su culo?

Enrique entrega primero un chequezote a José Luis, y luego ambos entregan sus nalgas a Eliezer y Salaverry.

 


“No puedo creer que finalmente lo hicieron”, reacciona Salaverry.

en la casa de campo que posee José Luis cerca de Piura están reunidos su asesor principal, Eliezer y Enrique, quien entrega un pequeño sobre al dueño de casa. José Luis lo abre y los ojos casi se le desorbitan. Mira a Salaverry y Eliezer:

“¿Y esto?”

“La historia porno gay del campeón latinoamericano de natación censurado por dopaje va a tener millones de vistas, así que el estudio se convenció de adelantar algunos pagos”.

“Pero esto es un culo”, comenta algo desconcertado, José Luis.

“Y es solo el inicio”, sella Enrique.

Salaverry carraspea:

“Va a perdonarme la pregunta, pero creo que en este punto debo hacerla: ¿el origen de ese dinero… es lícito?”

Enrique sonríe:

“Las drogas, las armas de fuego y el sexo son los negocios que mueven fortunas que escandalizan a Forbes, pero que nunca las consideran en sus conteos anuales”.

“Las drogas y las armas no tienen fuentes legales de financiamiento”, observa Salaverry. “No sé si el sexo también”.

“Casi nada tiene una fuente legal de financiamiento, pero tranquilícese: recuerde que mucha gente precompra contenido, y son millones de gays alrededor del mundo”.

Salaverry no sabe qué replicar.

“¿Y luego?”, interviene Eliezer.  “Cuando el video porno salga y la gente note que es en la Piscina Comunitaria, y lo conecte con los días que cerramos, quizás cuestionen a José Luis”.

”Todo está bajo control”, sonríe Enrique. “Mientras no se reprima a la comunidad gay o bi, será la misma comunidad la que proteja a José Luis, y vote por él”.

Eliezer y Salaverry se miran algo escépticos, pero el cheque de cinco dígitos –cuatro ceros—parece tranquilizarlos por ahora.

“Celebremos, ¿no?”, anima José Luis, quien se levanta, se acerca a enrique, lo abraza y le da un beso en la boca; le hace una seña para que lo siga.

Cuando ambos se ponen en camino, Salaverry mira a Eliezer quien le contesta con una sonrisa, un guiño de ojo y la misma seña para seguir a los dos primeros amantes.

Ya en el cuarto de José Luis, los cuatro varones se desnudan por completo. Se arrodillan en el centro de la cama haciendo una cruz con sus piernas. Se abrazan, se acarician las espaldas y los culos, se besan en la boca. Sus cuatro penes comienzan a ponerse duros, y aunque no son iguales en tamaño, se hacen contacto. Los de enrique y de Salaverry brotan mucho líquido preseminal.

“Hagamos ronda”, propone el mexicano.

Enrique besa el cuello a Salaverry, éste hace lo mismo con el de José Luis, éste con el de Eliezer y finalmente este último con el de Enrique. Así se cierra todo el circuito.

A continuación, enrique  y José Luis se ponen en cuatro patas abriendo bien las nalgas. Salaverry lame el ano a su jefe, José Luis;Eliezer vuelve a disfrutar del trasero azteca de Enrique. Los dos beneficiarios del beso negro juntan sus labios y sus lenguas.

Cuando los anos de esos dos hombres están dilatados, Salaverry unta con su líquido preseminal el agujero de José Luis, mientras Eliezer se coloca un condón y le unta mucho lubricante; lo coloca y comienza a empujar. Salaverry también se protege con un condón y comienza a meter sus 18 centímetros gruesos y venudos dentro del culo de su jefe.

En un par de minutos, el sexo anal comienza a calentar motores. Bombeos lentos que poco a poco se irán incrementando hasta el clásico chasquido de las caderas contra las nalgas de los pasivos, quienes ahora gimen y jadean como condenados.

Salaverry disfruta viendo cómo su pinga entra y sale del culo de José Luis; eliezer se solaza viendo el gesto del otro asesor, casi no toma atención de cómo sodomiza a Enrique. Entonces, Salaverry forma en su rostro ese rictus característico de que la eyaculación está cerca:

“Las voy a dar, mierda”, avisa.

Salaverry ruge: es evidente que ya llegó al orgasmo. Eliezer lo comprueba porque deja de moverse, saca su pene con el condón manchado de blanco, signo inequívoco que ya expulsó su semen. Recupera el aliento y se relaja.

José Luis se levanta:

“Luces intelectual y todo eso, pero a la hora de cachar, eres arrechísimo”, le dice.

Salaverry solo sonríe mientras se seca una gotita de sudor que cae por su frente, y se soba su pene semi-flácido.

Eliezer tiene para rato aún, pero sabe que el culo de Enrique es aguantador.

José Luis hace otra seña a Salaverry. Ambos se van a la ducha.

Ya dentro, bajo el agua, el dueño de casa acaricia el velludo cuerpo de su asesor mientras le unta el jabón.

“Me encanta cómo me cachas… ¿por qué preguntaste a Enrique si su dinero es limpio?”

“Me gusta  tu culo porque sigue bien firme, pelu; pero… ¿acaso no viste la cantidad de ceros que tenía ese cheque? Encima, son dólares. ¿Cómo vamos a justificar eso ante la Onpe?”

José Luis da un beso en la boca a salaverry, a la vez que le acaricia la pinga y las bolas:

“Lo pitufeamos como hacen todos… Para eso contraté al hijo del Capi. Enrique tiene a sus chicos. Ya he pensado en eso”.

“¿en serio no te preocupa que pueda ser plata de narcos? Es cuerpón, vergón, hermoso culo, se nota que aguanta bien la pinga; pero también es mexicano, joven, con plata suficiente para comprarse de un sopapo una casa en Los ejidos. ¿en serio crees que la pornografía gay dé tanto?”

“Si fuera narco, alguno de nuestros amigos policías nos hubiera dicho algo, en especial esos que les gusta meter pinga y que les metan bien la pinga”.

“¿Y si quizás no nos dicen nada porque… también te están investigando? Recuerda que fui policía, trabajé en Inteligencia. Si debemos dejar que nos metan un dildo por el culo con tal de conseguir información valiosa, nos abrimos de nalgas”.

José Luis mira a Salaverry con cierta perplejidad mientras le sigue acariciando el pene y los testículos, tanto, que otra vez hay una erección.

Afuera, Eliezer sigue cachando con intensidad el culo de Enrique.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

domingo, 3 de julio de 2022

ASS (35): La libido insaciable del candidato

El sexo con patas es una buena forma de dar y recibir favores políticos también.


 

Sobre una cama, un chico trigueño fornido y lampiño, no más de 20 años, mete pinga al culo de otro hombre de contextura normal aunque con piernas y culo musculosos, no más de 45 años, quien lo recibe en un cómodo misionero. Ambos gimen mientras la penetración es intensa sin llegar a lo brutal. El más joven levanta el rostro, frunce placenteramente el ceño y jadea profundo. Da unas cuantas embestidas más a ese culo y se detiene poco a poco.

“Ya la di”.

“Follas riquísimo”.

El joven se incorpora, saca su pene, se quita el condón y se baja de la cama.

“¿Dónde boto el forro?”

“En el water”, le dice el que aún sigue acostado. “Si quieres, dúchate”.

El chico sonríe y se va a la pieza ccontigua. El que sigue acostado y desnudo piensa que meter su pinga en ese culito redondo y aferrarse a esas piernas gruesas debe ser tan excitante como a ver estado bajo sus brazos también gruesos. Mejor se levanta y también se dirige a la ducha. Adentro el chico ya se está jabonando.

“Ahorita acabo, don José Luis”.

“Normal, podemos bañarnos juntos. ¿ya tiraste el condón donde te dije?”

“Sí, don José Luis. Disculpe más bien si le hice doler”.

“No,descuida. Recuerda que tienes que presentar tu expediente en un fólder pasado mañana directo a Salaverry y él se encarga de todo”.

El chico asiente. Minutos después, cuando ambos ya están vestidos, José Luis le entrega una tarjeta de presentación con su nombre. Se le acerca tocándole el bulto.

“Las paredes tienen oídos, así que no se lo comentes ni a tu almohada. Cuando te toque renovar contrato, volvemos a follar, ¿entendido?”

“Entendido, don José Luis. Tiene un culo riquísimo”.

El hombre más adulto sonríe y despide al muchacho. Apenas abandona el dormitorio, entra un hombre más bajo y guapo, cabello peinado a lo Elvis, delgado aunque evidentemente atlético, quizás 35 años aunque en realidad tiene cinco más. Se despide del chico que sale con la cabeza baja y cierra la puerta con seguro.

“?Tenemos nuevo sereno, Josélu?”

“Sí, querido Salaverry. Nada que hacer que estos chibolos heterocuriosos follan riquísimo”.

“Hablando de follar, llegó tu… bueno, tu gestor de campaña”.

José Luis sonríe sarcásticamente. Salaverry vuelve a abrir la puerta, llama a alguien y entra Eliezer.

“¡Pelu! Vine a la hora que me dijiste pero tu… edecán me dijo que estabas probando pinga”.

“José Luis, Eli. José Luis. ¿Cómo te fue por San Sebastián?”

“El alcalde, ni mierda; pero te conseguía Sandro y al capi”.

“No me digas que hiciste un trío con esos dos rechuchas”.

“Sí, pero mejor estuvo el trío con el capi y ese chibolo de administración de empresas, el hijo rebelde de ese empresario amigo tuyo, el de la fábrica de…”

“¿le metiste pene a Julio o a Flavio?”, se sorprende José Luis.

“Se la metimos al tal Flavio… Prometió votos si lo dejamos hacer porno gay”.

Salaverry se intriga:  “¿Porno gay en Piura? ¿Quién es el osado?”

“¿Recuerdas a ese chico que posó desnudo para esa expo en Bellas Artes?”

“Ah ya, el gogo atlético”, recuerda Salaverry. “¿Y cómo nos dará votos haciendo porno gay?”

“Pide inmunidad, que nadie lo joda, y a cambio mueve a sus seguidores para votar por Pelu”.

“Mientras no me pida follármelo en cámara, sí nos conviene”, reflexiona José Luis.

“Pero casi linchan a ese profesor por mostrar el pene flácido de ese chico”, objeta Salaverry.

José Luis se le acerca y le da un beso en la boca:

“Tampoco podemos despreciar la oferta, Aníbal: los LGTBIQ y demás están ganando espacio. Pelearse con ellos sería una estupidez política”.

“Pero el obispo, Josélu…”

“¿Acaso no son los gays quienes más follan con gente de su mismo sexo, querido Salaverry?”

“Y hay gays evangélicos, y budistas, y agnósticos, y ateos”, agrega Eliezer.

José Luis vuelve a besar en la boca a Salaverry. Hace una seña a Eliezer quien se acerca y también besa al edecán. Luego, los tres al mismo tiempo. Para ser todo formalito, Salaverry tiene unos labios y una lengua que se ajustan perfecto a la de sus otros dos compañeros. Mientras tanto, los tres se van sacando la ropa.

Ya desnudos y subidos en la cama, José Luis mama la gran verga de Eliezer mientras masturba la de Salaverry, recta, gorda, emanando mucho líquido preseminal, 18 centímetros destacando en medio de un cuerpo muy velludo. Al igual que Eliezer, el edecán no se corta o rasura el vello púbico, pero en relación a su armonioso cuerpo, tampoco se ve mal.

Puesto en posición de pollito tomando agua, Eliezer separa las grandes nalgas de José Luis y comienza a hacerle un beso negro mientras Salaverry entrega su pene erecto para que su jefe se lo mame todo. Luego,los dos subordinados se turnan para meter y bombear sus grandes penes dentro del ano de su jefe. El que no lo penetra por atrás, lo hace por la boca.

En ese trance, cuando a Salaverry le toca meter su pene al culo de José Luis, termina expulsando todo su semen allí dentro. Resopla, gime profundo, se aferra a las grandes nalgas de su jefe mientras deja que su orgasmo fluya. Eliezer lo mira sonriendo.

Ya relajados, los tres descansan desnudos en la cama.

“¿Dónde dices que harán ese show porno gay?”, pregunta José Luis fingiendo desinterés.

“Zona Industrial. ¿Quieres ir?”

“Aunque quiera, hoy me toca ser esposo modelo. ¿Y… Julio no pidió nada?”

“Darle chamba a su hijo. Parece que hay un roche con el cura de San Sebastián y el capi prefiere que trabaje para ti”.

“¿Qué roche tiene el cura de san Sebastián?”, curiosea Salaverry.

“Que es más cachero que todos nosotros juntos, o eso me insinuó”.

“Aguanta”, reacciona José Luis. “¿No es el hijo del capi que…?”

“Sí, Pelu. Creo que es el que te cachaste hace años”.

“Puta madre”.

“¿Por qué? ¿qué pasa?”, se extraña Salaverry.

“Q        ue cuando eso pasó, ese chibolo tenía… 14 años”. 

    

sábado, 14 de mayo de 2022

Proyecto Lujuria 8.3: ¿Alejandro es tan confiable como su verga y culo?


Cuando acaba la función de ese domingo, Evandro y Alexis ya están vestidos para dejar el teatro mientras Osmar recién está en bata de baño tras demorarse atendiendo a algunos espectadores que le pidieron fotos.

“¿Te esperamos o te vas con tu… fotógrafo?”, ironiza Evandro.

“Avancen, chicos. Termino esa cosa hoy”.

“Ten mucho cuidado, Os. Ya sabes qué sospecho”.

“Tranquilo, Evan”, sonríe Osmar. “Ya sé qué pasa si meto los dedos al tomacorriente”.

Alexis y Evandro salen del vestuario. En menos de veinte segundos entra Zaira. Cierra la puerta.

“¿Lleno total?”, sonríe Osmar.

“Sí… seguimos con gente comprando entradas para mañana y pasado mañana”.

“Son buenas noticias, ¿no?”

“Para todos, creo… aunque…”

Osmar recién se percata de que Zaira lo mira con mucha seriedad.

“Lo que tengas que decirme, dilo, Zai”.

La directora se tira su cabello tras los hombros, busca una silla, se sienta:

“Osmar… ¿es cierto que Alex y tú… ahora son… amantes?”

El actor deja de limpiarse la cara y la mira desconcertado.

 


“Ah, esas bolas son frecuentes en este mundo”, tranquiliza Alejandro mientras Abraza a Osmar en la cama.

Tras la función en el teatro, el fotógrafo ha recogido al actor y han vuelto al condominio.

“¿en serio no te importa?”, pregunta Osmar.

“Desgraciadamente en esta industria, el chisme es parte del negocio. O lo aceptas y lidias con él, o te cagas en un vaso con agua. Tienes que bañarte en aceite, no distraerte, agarrar tu ola y surfear. Además, si fuese cierto, ¿por qué me traerías justo aquí? Encima, ya sé que tu supuesto ‘amante’ en realidad cacha con el otro chico”.

“Lo estás trivializando, Ale”.

“Y tú le estás dando mucha importancia. Por último, si fuese cierto, ¿qué tiene que meterse Zaira banquells en tu vida? Todos son adultos, ¿no?”

Osmar guarda silencio, como procesando toda la información.

“Antes de conocerte, se rumoraba que tú eras amante de Evandro Cruzado, pero ya te das cuenta que es falso”.

Osmar mira a los ojos de Alejandro:

“¿Dónde escuchaste ese rumor?”

Alejandro duda, se traba:

“Por… por ahí”.

“¿Por ahí, Alejandro…? ¿Por ahí…? Evan está casado, tiene dos hijos…”

“Alexis Rodríguez igual, y se separó y está rehaciendo su vida. Y también vas a oír de mí que anduve con fulana, con zutano, qué se yo. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, Osmar”.

Alejandro le da un beso en la boca.

“¿Tienes ganas de hacer el amor…? Traje la vaselina”.

Osmar se queda pensativo varios segundos:

“Mejor durmamos… Mañana tengo que madrugar al gym”.

Ambos se desnudan y se meten bajo las cobijas. Alejandro abraza a Osmar por la espalda:

“Mañana será mi primer día de re-entrenamiento, sonríe mientras da un beso en el cuello a su amante.

Osmar sigue procesando toda la información. Casi ni se percata que una pinga dura se acomoda en medio de sus dos enormes nalgas.

 


A las cinco y media de la mañana, el instructor llega, como de costumbre, al Steel Fit Gym. Lo acompaña Alejandro. Evandro llega unos minutos después tras trotar desde la residencial.

“No me digas que por fin te mudaste a Jesús María”, celebra el actor.

“Podría ser”, sonríe el fotógrafo. “¿Conocerás de un minidepa, con un cuarto, su cocina, acá cerca?”

“Pensé que estabas más cómodo en Lince por eso de irte lateando al diario”.

“Por acá me sale más cerca porque la redacción está tirando más a Santa Beatriz”.

“Prueba por san Felipe, Olavegoya; aquí en el mismo Salaverry hay pero deben estar carísimos”.

Ambos continúan su entrenamiento y el instructor no pierde de vista la forma cómo ambos interactúan.

La rutina de Alejandro acaba a un cuarto para las siete, tras la que se va a la ducha. Osmar se da un salto y lo alcanza. Para su buena suerte, no hay nadie más cerca.

“No me contaste que te conoces con Evandro, vale”.

“Ah”, duda un poco el fotógrafo. “¿Nunca te conté?”

El agua fría y el jabón dan un brillo especial a su marcada piel trigueña desnuda.

“No. No me has contado”.

“Lo conozco de años… de… de las comisiones… él trabajó en novelas… de ahí… ¿Por qué?

“Por nada, chamo. Curiosidad”.

Osmar da media vuelta:

“Oye, ¿te recojo esta… noche?”

Osmar vuelve a girar sobre sus talones:

“Yo te aviso, vale”.

El instructor regresa a la sala de máquinas mientras Alejandro resopla bajo el agua de la ducha, y no de frío. Entonces, se percata que no está solo.

“Hola”, dice sorprendido.

Gibrán está contemplándolo en el pasadizo de las duchas:

“Así que tú eres la nueva conquista de Osmar”.

Alejandro se enjuaga bien, cierra la ducha, se seca y sale:

“Permiso”.

Gibrán se queda salivando viéndole el cuerpo marcado y el culo redondito, mucho, mucho, mucho más que el suyo. La pinga se le para bajo el short.

Cuando regresa al vestidor, Gibrán se encuentra con el fotógrafo poniéndose la ropa; pasa de largo lanzándole una sonrisa coqueta. Alejandro prefiere darle la espalda.

“Cabro de mierda”, susurra el surfista, quien en ese momento decide que llegó la hora de una reunión de emergencia.

 

sábado, 2 de abril de 2022

Proyecto Lujuria 6.4: ¿Evandro celoso?


La siguiente nota se hace dos días después, el sábado, en el teatro, con la participación de Evandro y Alexis, la supervisión de Zaira, y la mirada lejana de Escalante. Esta vez el motivo es la obra. Las preguntas son triviales, y lo que parece importar a los reporteros es que posen con el vestuario de clergymen y que poco a poco se despojen de la camisa, el pantalón, la ropa interior, y que luzcan desnudos y en poses muy sugestivas sobre la cama que está en el escenario del teatro. en una de ellas, Alexis está al centro orientado hacia su izquierda, a su frente está Evandro un poco girado hacia su derecha, y detrás suyo está Osmar girado hacia su izquierda de tal manera que se le luzcan las nalgas. El actor al medio está nervioso no por la foto (no es la primera vez que posa en cueros) sino por la consabida erección de su compañero de delante, la que Evandro contiene apretando su ingle contra el muslo de Alexis.

“Es todo”, dice el segundo fotógrafo. “Gracias”.

Osmar se retira pero Evandro no sabe qué hacer mientras Alexis siente la humedad en su pierna.

“Ya pueden bajar”, insiste el fotógrafo.

Osmar mira a los chicos y se topa con Evandro que tiene el SOS titilando en los ojos.

“¿Me toman una foto con Zaira?”, explota el actor, y así desnudo camina hacia una sorprendida directora y la voltea hacia la platea mientras posa de lado con ella. Zaira, para disimular, pone su antebrazo a lo largo del abdomen de su talento. Detrás, evandro y Alexis no solo salen disparados del lecho, sino que buscan sus ropas de inmediato.

 


“Te la debo, amor”, sonríe Evandro a Osmar mientras regressan en el Yaris al terminar la función.

“Otra vez lleno y con gente esperando una entrada”, comenta Alexis, en el asiento posterior.

“Chicos, aceptemos las funciones dobles los fines de semana, ¿qué dicen?”

Evandro y Alexis se miran por el retrovisor central. Se levantan las cejas como diciendo OK. El conductor mira a su copiloto:

“Tú eres el más juicioso de los tres. ¿Por qué no hacerte caso?”

Osmar sonríe. Evandro le palmea el hombro y le estruja levemente el paquete.

“Evan, esa mano”.

Osmar siente que le estrujan el paquete otra vez y que se va poniendo duro.

“No hagan provocar”, reclama Alexis desde el asiento posterior.

“Chicos…”, Evandro cambia de tono. “¿Y si hacemos un trío?”

Osmar se sorprende. Alexis no se lo espera. Evandro sonríe. El Yaris avanza por toda la avenida José Pardo. Entonces, el celular de Osmar vibra. Lo saca. Es un mensaje de Alejandro: “Te vi en la función… estuviste bárbaro… quería invitarte unos tragos pero te perdí de vista… ¿aún estás despierto?” Osmar responde. Evandro trata de adivinar quién escribe. Vibra el celular otra vez. Ya están para doblar a la Avenida del Ejército.

“Yo me bajo, panas”.

“¿Qué?”, se sorprende Evandro. “¿Estás loco o qué?”

“Dije que me bajo. Detén el auto”.

“¿Quién te está escribiendo?”

Osmar sonríe:

“No me hagas esas escenas. Detén el auto y ya”.

Evandro toma la palanca decambios, y en lugar de detenerse,continúa.

“¡¡qué pasa, chico?!”

“No te irás a ninguna parte. Te llevaré a casa”.

Osmar mira a Evandro indignado. Alexis no sabe qué hacer ante tal situación tensa. El Yaris sigue su marcha camino hacia la avenida Salaverry.


 

sábado, 8 de enero de 2022

Proyecto Lujuria 3.1: Remordimiento tras el trío


A la una y cuarto de la madrugada, los dos invitados salen del condominio.

“Y nuestro concursante Osmar, de Caracas”, se lleva cien dólares a su marcador”, anuncia Evandro en voz baja y casi burlonamente. “¿quiere mandar saludos a alguien?”

“Ya, no jodas”, sonríe el otro galán.

“No entiendo”, comenta Evandro ya dentro del auto, resoplando antes de abrocharse el cinturón de seguridad. “Decías que ni el culo de Alexis te para la pinga, pero se te paró con ese chibolo”.

“Prefiero no hablar de eso, Evan”.

“Perdona por sacarte de libreto”.

“Fresco, pana”.

Evandro mira el rostro algo desencajado de Osmar:

“Algo no está bien”.

“Pana, vamos a la residencial… de veras, me cago de sueño”.

“¿qué harás por la mañana”.

“es domingo…” Osmar mira sonriendo tristemente a Evandro: “Dormiré hasta tarde”.

Su amigo sonríe también. Vuelve a resoplar. Tiene la sensación que algo o bien se cagó entre ambos, o… mejor ni pensar en eso. Gira la llave. El auto arranca. Acelera. Diez minutos después, ambos por fin llegan a casa.

 


Cuando Osmar despierta en su cuarto, lo primero que hace es ver su celular: diez y media de la mañana. Sí ha podido dormir sus ocho horas reglamentarias pero luego  de pasar sesenta minutos revolcándose sobre la cama tratando de digerir el trío de esa madrugada.

Tras arreglar su estrecha habitación,  en la azotea del edificio residencial, baja el ascensor y se va trotando con una mochila vacía hasta una lavandería en la avenida Salaverry, frente a una puerta lateral del hospital Rebagliati y como a media cuadra del Steel Fit Gym. Con el pretexto de hacer una limpieza a fondo, se la pasa casi todo el día en el establecimiento, ahora cerrado al público, donde se prepara almuerzo y cena, toma un baño, y tras revisar redes y hablar con su familia en Venezuela (“Me contrataron para una campaña de publicidad nacional… es un producto nuevo pero confiaron en mí”), regresa al edificio a eso de las cuatro de la tarde. Al abrir la puerta, un sobre manila pequeño queda sellado con la huella de su zapatilla. Se agacha, lo recoge y lo abre: cinco billetes de veinte dólares.

 


A la mañana siguiente, coincide con evandro en la base del edificio.

“Gracias”, le susurra.

“¿Por qué?”, consulta su amigo con un mal actuado cinismo.

“Olvídalo… hoy toca… vamos”.

El resto de la mañana ambos cruzan palabra solo lo indispensable; incluso Gibrán, quien se acerca a saludarlos con entusiasmo, respira tensión en el aire y, a pesar de la sonrisa de Osmar, prefiere portarse como un alumno más.

 


Esa tarde, el instructor, ahora enfocado en su faceta como actor, prefiere ir en taxi al teatro. ¿qué mierda está pasando en su cabeza? Al llegar, solo Alexis está preparándose.

“¿Aún no llega Evan?”

“¿No vinieron juntos?”

Osmar prefiere no dar más rollo.

Al término de la función, cuando se despide de todos, evandro lo separa a un lado:

“Te llevo”.

“evan, no es necesario…”

“Carajo, Os; dije que te llevo. No discutas”.

Osmar hace un gesto de disconformidad que Alexis detecta pero prefiere hacerse de la vista gorda.

  

sábado, 22 de octubre de 2022

ASS (49): Un trío gay desconcertante

Pedro es convocado a la casa de José Luis y se encuentra con Sandro; los tres terminan cachando al mismo tiempo.



Cuando Pedro termina de trabajar en la oficina , minutos después de las 4 de la tarde, un mensaje en su celular le llama la atención. Eliezer le pide encontrarse con un sereno en la puerta. Lo identifica y se le acerca:

“Tengo órdenes de llevarlo donde don José Luis, joven”, le dice con cierta discreción.

Pedro  va detrás del sereno y lo primero que llama su atención es la espalda ancha del efectivo, cintura aparentemente delgada, un buen par de nalgas. ¿Tendrá buenas piernas? El uniforme no le permite intuirlo. Además debe fijarse dónde pisa.

Ambos llegan a un estacionamiento donde hay motocicletas.

“Suba”, el sereno pide a Pedro mientras le alarga un casco de protección.

Un cuarto de hora después, el vehículo está a punto de dejar el área urbana de Castilla y se interna por el camino al lado de un canal y de la pared de la universidad nacional. De cuando en cuando, la inercia hace que la pelvis de Pedro tope las nalgas del sereno: son duras. El caso es que el uniformado parece no tener ese reflejo de otros motociclistas que, cuando sienten un paquete masculino en su culo ídem, tienden a sentarse milímetros más adelante.

“Si se siente más seguro, agárreme de la cintura”, alcanza a decir el sereno.

Pedro, más por morbo que por seguridad, coloca tímidamente sus manos en cada costado. La erección de su pene es inevitable. Incluso, por un momento, es capaz de jurar que el sereno le pega más el trasero.

Diez minutos después de eso, llegan a una casa de campo cercada con paredes en las que se ven cables eléctricos y cámaras de seguridad. El sereno escribe algo en la pantalla de su celular. Al ratito, se abre una de las hojas del portón. Ingresan.

“Sígame”, le dice con sigilo y vuelve a darle la espalda.

Los dos suben al segundo piso. Salaverry está en la antesala del dormitorio. El sereno se cuadra, saluda y se va.

“Entra”, instruye el asistente de José Luis a Pedro. “Desnúdate y métete al baño: tu padrino te espera allí”.

El chico se extraña pero acata. Ingresa, se quita toda la ropa, hasta el bóxer, se pone unas sandalias que parecen ser del tamaño de su pie y entra a la habitación que le señalan. Sabe bien cuál es. Ya ha entrado antes.

En la tina de la ducha, José Luis y Sandro se han acomodado de tal forma que el segundo parece estar sentado sobre el pubis del primero. Ambos se están besando con pasión. Pedro se sorprende un poco: no esperaba encontrarse con este varón, también de San Sebastián, a quien su padre detesta. José Luis deja de besar al otro pata y sonríe al ver a su ahijado:

“Ven, te estábamos esperando”.

Sandro  se separa un poco y cede su espacio a Pedro, quien, al asentar su culo sobre el cuerpo de su padrino, percibe que, efectivamente, la pinga está dura. La suya vuelve a ponerse erecta otra vez.

José Luis abraza a Pedro y abre la boca. Le acerca la cara. Pedro no sabe si corresponder el beso. José Luis lo nota:

“Tranquilo, aquí estamos en confianza”, le sonríe.

Con cierta vergüenza, Pedro aproxima sus labios y no solo saborea el aliento de su padrino sino que usa su lengua para explorar más adentro. Sandro se aproxima más y cubre la espalda de Pedro. Ahora el joven parece estar en medio de un emparedado.

José Luis al fin se suelta y habla muy bajo, casi susurrando:

“¿Cómo te fue en tu primer día?”

“Bien, padrino; avancé las planillas que me dijo y dejé todo listo para los desembolsos”.

“Genial. ¿y con tu gente?”

“Ya envié un tutorial del aplicativo”.

“¿Tutorial?”, interviene Sandro.

“en su momento, señor candidato; por ahora, baste saber que este jovencito va a ser nuestra pieza clave para justificar nuestras cuentas, y desde ya le digo que sus instrucciones están bien claras”.

José Luis vuelve a besar a Pedro en la boca.

“Claro”, asiente Sandro.

“Ahora… cachemos”, pide José Luis.

Sandro se pega más a la espalda de Pedro y comienza a frotar su pene erecto entre la raja de las nalgas y la espalda baja del chico.

“Tienes el culo durito”, le dice.

“Tú tienes el culo más duro”, interviene José Luis. “La bici te ha formado ricas nalgas”.

“¿Me las quieres probar otra vez?”, sonríe Sandro.

José Luis hace un gesto y Pedro se levanta. Sandro se apoya en el borde de la bañera y se abre de piernas. José Luis  se acerca, le palmea las nalgas, se las abre,y de inmediato comienza a lamarle el agujero del culo. Pedro mira la escena entre desconcertado y arrecho.

“Chúpame el ano”, pide José Luis a Pedro en un breve descanso del beso negro que le practica a Sandro. Pedro se arrodilla, busca las abultadas nalgas de su padrino. En aquella estrecha bañera, ya es posible ver un tren de hombres comiéndose el culo. Sandro gime y jadea.

La acción continúa sobre la cama  de José Luis. El exfutbolista se acuesta mientras Sandro se sienta encima de su verga, protegida por un condón,  y se la mete por el culo. Casi de inmediato, Pedro se acerca por detrás y también mete su pija, inusualmente también protegida por un condón,  dentro del mismo agujero. Comienza a bombear. Sandro jadea más fuerte tratando de no hacer más ruido.

“Así, cáchenme rico”, susurra.

Cuando está en lo mejor, Sandro dispara su semen sobre el abdomen y pecho de José Luis. Le es imposible contener su gruñido conforme llega al clímax.

José Luis prefiere reír. Pedro sigue desconcertado.

“Me gustaría conocer al profe que me dijiste, a ver si nos apoya en la campaña”, al fin articula el anfitrión.

“Ojalá se pudiera, pero esta mañana lo hallaron accidentado”.

“¿Cómo dices que se llama?”, repregunta José Luis.

“Francisco, pero en San Sebastián lo conocemos como Paco, y es de la nota”, responde Sandro.

Pedro reacciona al fin.

“¿Cómo se accidentó Paco?”

“¿Lo conoces?”, pregunta José Luis.

“No sé muy bien, pero parece que venía del campo en una mototaxi y cayó al canal con elmototaxista”, relata Sandro. “Los dos están en el hospital, graves”.

Pedro tiene un mal presentimiento. Mientras tanto, Sandro y José Luis pasan a ducharse. La  pinga de Pedro hace rato que perdió toda su erección.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.