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viernes, 28 de abril de 2023

Me folló rico tras rescatarlo de la lluvia torrencial


Mi nombre es elton, vivo en Fort Lauderdale, Florida, y trabajo como voluntario en una ONG que proporciona ayudas aquí en Piura. Me especializo en zonas de desastre. Fui asignado por mis superiores a trabajar en los apoyos para damnificados por las lluvias.




 

Personalmente gusto de la lluvia. Me encanta sentir las gotas en mi cara y en todo mi cuerpo. Es relajante. Como la casa donde vivo tiene un pequeño patio, cada vez que llovía fuerte, quedaba desnudo y salía con los brazos abiertos a recibir el agua. De vez en cuando el destello de los relámpagos me iluminaba por segundos.

 

Como me gusta hacer deporte, a cada destello se me veía como en una breve fotografía luciendo mi cuerpo bien entrenado cual estatua clásica.

 

Cierta tarde, cuando ya terminaba de trabajar en la oficina, comenzó la lluvia fuerte. De inmediato entendí que duraría mucho tiempo. Terminé de arreglar los papeles que estaba organizando, los guardé, y aseguré todo. Di un último vistazo por la ventana: seguía lloviendo duro. Pero algo más llamó mi atención. En un poste de la esquina, una persona estaba de pie mojándose y mirando a ambos lados.

 

Salí de mi oficina, y me fui hasta esa esquina. El hombre giró su cabeza hacia mí. Se le notaba aturdido, extraviado. Era un chico negro de rostro agradable.

“¿estás bien?”, le pregunté.

“No hablo español”, alcanzó a decirme.

“¿qué tú hablas?”

“Francés”.

Con lo poco que sabía de ese idioma, le dije que entrara a donde yo trabajaba. Él se negó.

“¿Tú policía?”

“¿No! No soy policía”.

“yo sin hogar”.

“Espérame aquí”, le dije.

Saqué mi motocicleta y fui a donde había dejado al chico.

“Sube… te llevaré a casa”.

“No tengo casa”, me repitió.

“No… A mi casa”.

Le hice una seña con la mano para que se siente y le señalé el cielo dándole a entender que el aguacero iba a continuar. Aceptó.





 

Mientras avanzábamos por las calles de Piura hechas un río, cada vez que frenaba en seco, pude sentir su recio cuerpo chocando contra mi espalda.

 

Llegamos a la casa que alquilo. Lo hice pasar de inmediato al mismo tiempo que metía mi motocicleta.

Merci”, me dijo con su voz áspera.

“quítate la ropa”, le aconsejé. “Ponte ropa seca”, proseguí señalando su mochila.

“Oh… ropa sucia”, me respondió.

“Quítate la ropa de todas maneras porque vas a enfermar”.

“Quiero cargar celular”, me dijo más bien.

Le indiqué dónde estaba el tomacorriente. Él sacó su móvil y lo conectó. Me acerqué y tomé su mochila.

“Vamos a lavar tu ropa”.

Vi algunas lágrimas formándose en sus ojos. Me le acerqué y sin más protocolo le di un abrazo.

“Tranquilo, ami. Estarás seguro aquí”.

Merci, ami”, me respondió abrazado y casi sollozando.

Me separé.

“Quitémonos la ropa, nos vamos a enfermar”.

Comencé a desnudarme, y cuando me quedé sin ropa, la sacudí y caminé hacia mi dormitorio. Con la otra mano, cargué su mochila. Fui hasta la lavandería y conecté la lavadora. Recé para que la electricidad no se cortara debido a la tormenta.

“Mi ropa”, escuché que me dijeron a mi espalda. Volteé. El chico estaba desnudo. No podrías imaginar qué hermoso y perfecto cuerpo de ébano estaba frente a mí, tal como Dios lo trajo al mundo: musculoso, lampiño, larga verga, voluminosas bolas. Eso sí, su vello púbico estaba crecido. Tomé su ropa y la metí a la lavadora.

“Vamos adentro… ¿quieres café o vino?”

“Café”, me dijo sin dudar.

Sonreí. Le presté un par de sandalias que le quedaron muy chicas. Preparé café.

“¿Cómo te llamas?”

“Michel”.

“¿De dónde vienes?”

Cafou”.

“¿Dónde está eso?”

Port-au-Prince”.

“Oh, Haití”… ¡Estás migrando solo?”

“No. Con mis amigos, pero mi móvil descargó. No puedo comunicarme”.

“Diles que estás seguro y que pueden buscarte cuando acabe la tormenta”.

“Ropa lavando”, sonrió. “yo… desnudo”.

Sonreí. Nos sentamos a tomar café.

“eres guapo”, me animé a decirle.

Merci, moma mi. Tú también eres guapo… y generoso”.

Merci”, sonreí.

“¿Cómo te pago esto?”

“No tienes que pagarme”.

“Estoy agradecido”.

“eso es suficiente”.

Me abrazó de nuevo y aproveché a ponerle mi mano sobre su enorme muslo. Hizo que me acurrucara en él.

“¿te parezco atractivo, no?”, me susurró.

Me tomó por sorpresa. No supe qué responder.

“Tú también me pareces atractivo”, continuó.

Entonces, Michel comenzó a acariciarme el hombro y luego el brazo. Yo comencé a acariciar más su muslo y rocé sus bolas. Esperaba encontrar su pene flácido, pero ya no estaba allí. Mejor dicho, estaba comenzando a erguirse y ponerse duro. Disfruté viendo cómo ese trozo de carne se hacía gordo, largo y se elevaba a medida que latía. Mi pene también se puso duro y comenzó a surgir mucho precum.

“¿Puedes chupármelo?”, me consultó.

“Por supuesto”, accedí.

Me incliné, abrí mi boca, comencé a succionar su pinga. Obviamente, no me la pude tragar toda completa, pero a Michel pareció importarle poco si yo soy un garganta profunda o no. Me tomó mi rostro, me lo levantó y me besó profundo en la boca, muy apasionado.






 

Continuamos en mi dormitorio. me besó y lamió bien el culo. Yo me sentía en las nubes. Le di un condón y se lo puso. El pedazo de látex no pudo cubrir toda su hombría. Volvió a lamerme bien el ano y fue metiéndome su verga poco a poco. No niego que me dolió, pero el fue muy paciente tratando de que al taladrarme, todo no fuese violento, como dándole tiempo a mi recto para que se expanda.

 

Cuando logró meter toda esa manguera, comenzó a moverse despacio y apasionado. Fue increíble cómo Michel me hacía el amor. Primero hicimos piernas al hombro, luego me puse en perrito. Finalicé cabalgándolo. Cuando estaba en esa posición, él tomó mi pene erecto y comenzó a masturbarme. No resistí más y eyaculé sobre su vientre firme y sus pectorales.

 

Me tiró suavemente sobre la cama, se sacó el pene y el condón y el se pajeó también. Disparó su leche sobre mi atlético cuerpo. Mi leche se deslizaba por sus muslos y tocó los míos. Estábamos sudados al extremo. Se inclinó a darme otro beso largo y profundo en la boca.

Merci”, repitió.

Merci”, le repliqué.








 

Tras bañarnos, saqué su ropa de la lavadora y la colgué en un espacio bajo techo donde puse deshumidificadores. Él se contactó con sus amigos cuando su celular se recargó.

“me estaban buscando”, me dijo. “Les avisé que estoy en lugar seguro”.

“entonces, ¿irás a verlos?”

“No esta noche. Voulez vous couché avec moi?”

Le sonreí. Es un verso de mi canción favorita.

Follamos dos veces más y nos quedamos dormidos.

Temprano al día siguiente se fue. No aceptó que le diera dinero. Sé que está siguiendo su camino y cuando llegue a donde está migrando, me avisará. Quizás lo visite en mis próximas vacaciones.

Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

domingo, 29 de enero de 2023

Gozando nuestros culos en simultáneo

Si su cuerpazo ya me había sorprendido, me sorprendió mucho más la pose que hicimos para disfrutar de nuestros anos.

 


Hola. De nuevo soy Gonzalo. Con esto de las protestas, la empresa para la que trabajo ya no nos está enviando al sur ni a la selva del Perú, así que ha decidido reforzar la chamba en el norte.

Mis jefes me comisionaron para ver unas vainas y yo acepté gustoso. Con un poco de suerte, podría darme un salto a esa playa solitaria, si seguía solitaria, para estar un rato cachando a ese pescador que conocí la vez anterior.

Lo primero que hice fue mensajearlo. Al responder me dijo que esos días estaba en alta mar, en plena faena, y que era complicado que nos reunamos. Ni modo, dije. No tiene sentido ir a la playa. Encima, llegando a Piura, mis jefes me escribieron que esté atento porque deseaban cerrar negocios con un cliente, así que no podía moverme de la ciudad. Y tal cliente no tardó en aparecer. Me llamó al celular y me pidió que me reúna con él.

Como para mí el calor acá está fuerte, me puse una camisa delgada y un pantalón delgado muy fresco. Me presenté a la oficina del cliente: un pata casi de mi edad, guapo, en una oficina muy ventilada y vestido en polo. Me recibió.

Cuando se levantó para saludarme, me percaté que vestía una bermuda. Mi ojo clínico al toque se dio cuenta que el pata tiraba su gym.

Hablamos del negocio, llegamos a buen trato; me ofreció celebrarlo:

“Te invito a comer a mi casa”, me dijo.

Como supondrán, yo no podía negarme porque acabábamos de cerrar parte de un trato. Así que me subí a su camioneta. Allí dentro pude confirmar que sus brazos y piernas eran puro gym. Lo mismo su torso. No pregunté. Cuando entrenas también, desarrollas un ojo clínico. Procuré ser discreto y comenzamos a hablar de otras huevadas.

Conforme avanzamos, me di cuenta que salíamos de la ciudad. En cuestión de media hora, o más, llegamos como a un fundo lleno de algarrobos. Y, escondida entre ellos, una linda casa con su jardín. Bajamos.

La sombra de los árboles atenuaron el calor un poco a la vez que refrescaban el aire. De más está decir que me sentía complacido respirando aire puro. El pata regresó:

“Mira, van a demorarse una media hora en traer el almuerzo… ¿estás apurado?”

“No”, le respondí. “Para nada”.

“Mostro”, me dijo. Se fue por ahí hablando por su celular.

Si hubiese estado solo, hacía rato que me hubiese calateado y recorrido ese fundo a mis anchas, pero… era solo un invitado.

El pata regresó:

“Adelante, por favor. ¿Quieres tomarte algo helado mientras nos traen la comida?”

“Claro, por qué no”.

Dentro de su sala hacía un poco de calor, hasta que viendo a la mampara del fondo creí notar algo parecido a una piscina o una fuente. Asumo que el pata se dio cuenta.

“¿Quieres darte un chapuzón?”, me dijo.

Yo me avergoncé un poco.

“No traje ropa de baño”, me justifiqué.

“Yo menos”, dijo el pata. “¿Si quieres, báñate calato”.

“Pero, ¿y tu familia?”

“Mi esposa está trabajando en Piura, mis hijos están en vacaciones útiles, esto solo lo ocupamos los fines de semana… salvo que te paltee estar calato; entonces, lo entendería”.

“No… no me paltea estar calato en una piscina”.

No quise ser majadero. Levanté mi culo de ese sofá y seguí al pata. Por cierto, tiene un hermoso culo, o al menos eso traslucía la bermuda que se puso.

Abrió la mampara. No era una piscina propiamente dicha, pero esa agua cristalina que brillaba al sol no podía desaprovecharse. Me quité mi camisa, mis zapatos frescos, mi pantalón y mi bóxer. Me metí al agua: estaba tibia.

La fuente no era profunda. Me senté y solo me cubría hasta el pecho. Qué rico sentir el agua cubriendo mi cuerpo desnudo. Cerré los ojos. Disfruté el momento.

“Tu trago”, me dijo el pata sacándome de mi meditación.

Estaba calato también. No me había equivocado: su cuerpo era puro músculo magro, bien esculpido en el gym con ese tono trigueño oscuro que resaltaba sus formas. Su pene parecía normal. Su vello púbico parecía recortado. Era más lampiño que otra cosa.

Se metió a la fuente junto a mí. Chocamos los vasos.

“Por el inicio de una fructífera relación… de negocios”.

“Porque todo salga bien… en los negocios, quiero decir”, respondí sonriendo.

Me preguntó qué me parecía la jato; le dije que bravaza.

“Vas al gym, ¿no?”, me lanzó.

“Sí”, le respondí extrañado. “Tú… también, ¿no?”

“Sí… algo”.

“Tienes un cculazo... ¡perdón! Un cuerpa…”

El pata se carcajeó. Yo me arroché más.

“No eres el primer pata que me lo dice”, me tranquilizó palmeándome el hombro. “Lástima que no pueda devolverte el cumplido”.

“¿Por qué?”, pregunté aún arrochado.

“No he visto tu culo aún”.

“¿Quieres verlo?”

“Si deseas”.

Yo sonreí y, sin tanto roche, me puse de pie dándole la espalda.

“Redondito, blanquito y lampiño… ¿puedo tocarlo?”, me dijo el pata.

“Sí, creo”.

Sentí sus suaves manos  primero tanteando, luego sobando, finalmente acariciando. Mi pinga se estaba poniendo dura. Entonces sentí  que con dos de sus dedos me separaba mis nalgas justo a la altura de mi agujero.

“Estás pito”, me dijo.

“¿Tú también estás pito?”, le devolví.

“A ver… mira”.

Giré. Él se había puesto de pie y se había apoyado en el filo de la fuente. Separó sus piernas, como en las cárceles gringas, y me miró sonriendo. Yo, ya sin roche y con mi pinga bien dura, me agaché a verlo. Le separé sus nalgas.

“Creo que también estás pito”, le observé.

“Bien pito”, me confirmó. “pero creo que tú te mueres por clavarme esa pinga en mi culo, ¿o no?”

“¿Por qué dices eso?”, me palteé.

“Porque la tienes bien al palo, y seguro con la leche a punto de derramarse”.

Yo me quedé helado.

“Ven, hagamos algo”, me invitó.

Fuimos hasta uno de los dormitorios, y así calatos nos echamos frente a frente. Nos revolcamos abrazados en la cama mientras nos besábamos en la boca. Nuestras pingas duras se presionaban una contra la otra. No saben lo rico que se sentía todo eso. Entonces dejó de besarme:

“Déjame hacerte un beso negro, y tú me lo haces a mí también”.

“si solo es beso negro, chévere; pero, ¿quién comienza?”

“Hagámoslo al mismo tiempo”.

Yo me quedé idiota. ¿Cómo iba a hacerse eso? Sin embargo, ese piurano tenía un método: haciendo el clásico 69, comprimiendo un poco los abdominales, era posible que nuestras lenguas pudieran alcanzar los anos y las nalgas del compañero mientras nuestras pingas se frotaban contra nuestros pechos y nuestras bolas bailaban en nuestros cuellos. Las caricias de su lengua en mi ano eran por demás placenteras; imagino que las mías en el suyo lo eran igual.

Ni en mis más arrechos sueños húmedos hubiera pensado en ese modo de darnos placer al mismo tiempo, mucho más cuando comenzamos a pajear nuestros penes a puro movimiento de cadera. Sudábamos, pero, qué mierda, esto era mil veces mejor que meterla en su ano.

Y así, entre lamida, caricia y frotación, no pude más y le solté todo mi semen en su pecho. Me prendí a su ano y sus nalgas como si fuese mi más querido muñeco de peluche.  Yo solo jadeaba.

Minutos después, pude sentir su eyaculación caliente en mi pecho. Él siguió haciéndome el beso negro.

Entonces sonó su celular. Se levantó y lo contestó. Pude ver toda su espalda, culo y piernas bien formados. ¡Qué cuerpazo me había comido esa mañana! Cortó.

“Bañémonos en la ducha: el almuerzo está por llegar”, me avisó.

“Oye… ¿te gustó?”

El pata me sonrió:

“¡Me encantó! Y ahora que vamos a estar haciendo negocios, lo vamos a repetir. ¿No crees?”

Yo sonreí. Definitivamente esa era una buena idea.

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sábado, 24 de diciembre de 2022

ASS (58): el primer facial de Julián

Mientras alejo le enseña al nadador cómo chupar bien el pene, el hombre que espiaba todo en la piscina resulta tener su nivel de arrechura.



Enrique escribe en el cheque, lo desglosa del talonario y se lo da al hombre delgado, joven, que está parado frente a él en el vestuario de la Piscina Comunitaria. El hombre, cabello negro crespo y barba en el rostro no rasurado hace un par de días,  se sorprende al leer la cifra:

“¿tanto, míster?”

“Creo que es suficiente, carnal, para que no le digas a nadie lo que estamos haciendo aquí”.

“Pero yo no pensaba contarle a nadie que están haciendo porno entre patas”, se ruboriza el hombre. “ya le dije que vine a ver mi cargador y cuando me di cuenta… pues… ese chico se estaba cachando al otro joven…”

“¡Estás seguro que no te mandaron Eliezer o José Luis?”

“No, señor, ya le dije que me olvidé mi cargador, vine y no pensé que iba a encontrarme…”

En eso entra Flavio con su escultural cuerpo cubierto por la bata de baño. El hombre delgado calla por vergüenza.

“¿ya arreglaron?”, pregunta a enrique.

“ya, aunque dice que no pensaba echar aguas”.

Flavio mira al hombre, aún aturdido; le sonríe.

“No le veo pinta de querer delatarnos”. Entonces, se dirige a Enrique: “¿Te contó Alejo que lo descubrió pajeándose mientras veía a lo lejos cómo yo cachaba con Julián?”

“Eso es lo que le conté al señor aquí”, se defiende el hombre.

“Además, Alejo me contó que parece tener un buen pene”, agrega Flavio.

Enrique sonríe:

“No pretenderás hacer lo que estoy sospechando”.

Flavio habla nuevamente con el hombre:

“¿¿me permites un momento?”

“¿Qué?”, reacciona el varón, todavía aturdido.

“Confía en mí”.

Flavio toma la camiseta del hombre y se la quita. Su cuerpo delgado es en realidad marcado de músculos con algo de vello en pecho y abdomen. Entonces, Flavio afloja el cinturón, desabotona el pantalón y baja la cremallera, y hala el pantalón hasta las rodillas.

“Lindas piernas”, comenta Flavio.

“Juego fútbol en segunda división… los fines de semana”.

”ah, eso explica tu culo redondo y durito”, comenta Flavio mientras palmea levemente el trasero del hombre, quien parece no estar incómodo. “ahora, la prueba de fuego”.

Flavio baja el bóxer medio raído, igual, hasta las rodillas, y puede ver un pene más o menos largo debajo de una abundante mata de vello púbico.

“¿¿Cuánto te mide?”

“No lo sé, joven”.

“¿Puedo?”, susurra Flavio en su clásico tono seductor.

“Claro… si desea”.

El actor y modelo porno comienza a chupar el pene al varón, quien mira el sexo oral mientras siente cómo esa lengua y esos labios le masajean la virilidad de forma magistral. La erección se produce en cuestión de un minuto.

Enrique no pierde detalle; se acomoda su pene ya duro dentro de su pantalón.

Afuera en la alberca, se supone que Julián ha desafiado a Alejo para hacer un largo de ida y vuelta.

“el perdedor mama el pene al ganador”, retó ante cámara antes de lanzarse al agua.

“Trato hecho”, le respondió a Alejo.

Adrede, Julián llega a décimas de segundo después que su contrincante.

“Puta madre… tendré que tragarme esa pija”.

“Te va a gustar mi pija”, responde Alejo, sonriendo.

Ambos salen del agua, van a la banca donde antes Julián se estaba pajeando. Willy los sigue con la cámara. Los dos talentos llegan aún en su tanga de natación, sus gorras y sus gafas para el agua.

Julián se sienta en la banca mientras Alejo permanece de pie para bajarse la tanga. Lo hace.

“Trágate  toda mi pija”, pide.

Julián, en realidad,  traga un poco de saliva, abre la boca y se dispone a pagar el reto. Jamás en su vida ha chupado pinga. Le dijeron que eso no se hace porque ‘eso no es de hombres’; pero hay algo en la verga de este hombre que le hace imposible dejar de succionar y succionar hasta que consigue hacerla crecer hasta sus 18 centímetros.

Para Julián es raro y nuevo el sabor del líquido pre-seminal, algo salado pero tampoco desagradable. Dicho sea de paso que alejo aprendió con esto de hacer porno lo importante que es tener la pinga y los huevos bien perfumados y limpios.

“Trágate toda mi pija”, insiste Alejo muy cariñosamente, mientras acaricia la cabeza a Julián, pero el novato mamapenes apenas si consigue meterse la tercera parte del falo erecto.

“No es fácil”, sonríe algo frustrado.

Alejo entiende que esto puede estropear la toma, así que hace algo que no debería estar en el guión… aparte que no hay un guión concreto.

“Ponte de pie… yo te enseño”.

Julián se sorprende un poco pero acepta; toma el lugar de Alejo quien ahora le baja la tanga:

“Se hace así”.

Alejo, por primera vez ante cámara, abre su boca y mama el pene del nadador con una maestría que deja a Willy como estúpido por lo que aprecia en el viewfinder de la cámara.

Los 16 centímetros de Julián ya están duros, entrando y saliendo de la boca de Alejo, quien la mama por algunos minutos más hasta que se detiene:

“¿ya sabes cómo hacerlo?”, se pone de pie. “Ahora es tu turno”.

Julián se arrodilla y trata de imitar la lección. Lo consigue en parte. Tácitamente, los talentos y el camarógrafo entienden que esa escena será un toma y dame.

“Así, Julián, la mamas rico”, dice alejo excitado, aunque en realidad su compañero sexual aún tiene problemas para embocarse todo su miembro. “¿Te la vuelvo a chupar?”, le consulta luego de unos minutos.

Julián acepta y vuelve a ponerse de pie; Alejo se la vuelve a chupar mientras le acaricia el redondo y firme culo.

“También quisiera mamarte el orto”, le dice al nadador.

“Claro”, susurra su compañero girando y agachándose sobre la banca.

Alejo le separa las nalgas y descubre el ano cerradito y rosado a Julián. Besa cada cachete, los lame; al fin se lanza a la conquista del agujero rectal.

Al experimentar esas placenteras cosquillas, Julián se siente en la gloria, tanto que comienza a pajearse.

Willy hace verdaderos malabares para lograr una toma perfecta porque la acción se da por ambos lados.

“Las voy a dar, las voy a dar, carajo”, susurra Julián muy excitado. “¡Ohhh!”

Ráfagas de su semen caen sobre la mayólica especial de la alberca.

“Arrodíllate”, pide Alejo.

Julián lo hace.

Alejo pone su pene a la altura de la boca de Julián, se masturba tan fuerte como puede. El nadador no sabe si abrir o cerrar los labios.

Tras unos minutos, Alejo eyacula sobre  el rostro de Julián dando un suspiro fuerte y viril.

Hace que el nadador se ponga de pie y comienza a lamerle el rostro limpiando su propia leche. Julián trata de disimular su desconcierto.

“Gracias”, le dice alejo, sonriendo en voz baja cuando termina de limpiarle la cara de su propio semen. Sella todo con un besito en la boca.

Willy corta la grabación.

“De la puta madre”, califica asombrado.

Adentro en el vestuario, Flavio también recibe el semen del hombre que estaba espiando toda la escena; se lo traga.

“Rico; yo creo que sí califica”, dice a Enrique.

El hombre está sudando del puro orgasmo; también mira a Enrique:

“¿ya me puedo ir?”

Enrique sonríe:

“¿y si te propongo otro trato?”

    

sábado, 17 de diciembre de 2022

ASS (57): ¿No crees que es…. Pecado?

Santos es enviado a recoger unas cosas en el cuarto de Marcano, donde tendrá la oportunidad sde ver y probar su enorme taladro.



A eso de las nueve menos cuarto, el guapo Santos está revisando unas listas que el Padre David le encargó. En el Centro de Acogida a Migrantes, también conocido como CAMI, no solo se los registra; también se trata de conocer sus historias y se busca darles un techo dónde guarecerse, servicios higiénicos decentes y tres comidas básicas. Para santos esto no es nuevo. Antes de iniciar su noviciado, trabajó largo tiempo como voluntario en las organizaciones de acogida de migrantes que llegaban a España por cuanto medio fuese posible. Allí creyó sentir su vocación religiosa.

“Hola”.

Santos se sobresalta, levanta la mirada. ¡qué tal sorpresa! Un chico trigueño moreno, fornido, vestido en mono o mameluco azul y con un pequeño maletín metálico aparece en la puerta de la recepción. La cara le es familiar.

“¡Hola!”, reacciona el novicio. “Anoche te vi…”

“Cuando salía de ducharme en el AS”, contesta el joven muy sonriente. “Vine porque el Padre David me mandó llamar”.

“Ah, cierto. Tú eres el electricista, ¿no?”

“Handy-man, más bien”, guiña un ojo. “Me llamo Marcano”.

El chico da la mano y guapo rubio se la corresponde:

“Santos, mucho gusto. Ahora lo busco y…”

“¡Marcano! Llegaste, che”, se oye desde el pasadizo. “Vení a ver la conexión”.

“Permiso”, pide Marcano a Santos, quien se queda medio ensoñado. Ese mameluco cubre demasiado el hermoso cuerpo bien esculpido que vio la noche anterior. Lo que no recuerda si llegó a ver sus genitales. Quizás sí, pero en medio del desconcierto es complicado tener memoria clara. Al menos, sí nota que lo ancho de la prenda no disimula su enorme culo.

En poco tiempo, el Padre David regresa a la oficina:

“Che, necesito que vos vayás con Marcano a recoger unas cosas para la instalación que falta”.

“¿Yo, Padre?”

“Sí, vos. Creo que hay cosas pesadas y tú eres algo fornido. Andá con él”.

A Santos le parece un sueño estar sentado en la misma motocicleta tras el portentoso cuerpo de Marcano recorriendo las soleadas calles de San Sebastián. Queriendo y no queriendo, choca sus grandes pectorales contra la amplia espalda del Handy-man.

“¿Así que vienes de España?”

“De Barcelona”, responde Santos.

“Interesante”.

Ambos llegan a la pensión y suben al cuarto de Marcano donde tiene un mini almacén con accesorios eléctricos: alambre, interruptores, tomacorrientes. El venezolano se baja la cremallera y se quita la mitad superior del mameluco; debajo tiene una camiseta ceñida al cuerpo que no deja mucho a la imaginación. Voltea a ver a Santos y se ssonríe al notar su cara de asombro:

“Perdona, vale. Suelo estar solo aquí, así que cuando hago mis cosas, incluso me quedo desnudo”.

“No tienes que disculparte. Yo también estoy en pelotas cuando me encierro en mi recámara”.

“¡en serio? Si tuviera más confianza contigo, me quedaría en pelotas, como dices”.

“yo no tendría problemas… de hecho, anoche… te vi en pelotas”.

Marcano se detiene, recuerda en segundos y cae en la cuenta:

“¡Naguará, chamo! ¿Tienes toda la razón!”

Santos se sonríe ya menos tenso. Entonces, Marcano se detiene en su búsqueda:

“¿Te incomoda si me desnudo?”

“ya te dije: no. Si te apetece, yo también puedo desnudarme”.

“No suena mala idea”.

Marcano se quita los zapatos y los calcetines, se baja el mameluco, luego se retira la camiseta (con cierta dificultad), y está a punto de quitarse el bóxer:

“Tú también, pana”.

Santos, siempre sonriendo entre nervioso y excitado, se quita la camisa, los zapatos, los calcetines, el jean y también se queda en un colorido bóxer.

Marcano le sonríe:

“¿Desnudos del todo?”

“Desnudos del todo”, responde Santos.

“A la cuenta de tres… uno, dos, tres”.

Ambos se retiran la ropa interior y se quedan en pelotas.

“La tienes parada”, le observa Marcano señalando la entrepierna de Santos con la mirada.

El novicio se pone rojo de vergüenza.

“Perdona”, susurra.

“No… no hay nada que perdonar”.

Marcano gira un poco y muestra su largo pene aún dormido:

“Tu polla parece grande”, comenta Santos.

“y eso que está dormida aún”.

“¿Quieres decir que cuando te empalmas…?”

Marcano se sonríe más con cariño que con picardía como leyendo los narvios del otro mancebo:

“¿Me lo pongo duro, me lo pones duro? ¿Cómo prefieres?”

Santos se sorprende ante el ofrecimiento.

“Estamos solos tú y yo, agrega Marcano. “Nadie va a enterarse, vale”.

“Pero… sería… pecado”.

“Si me dices que es pecado hacer el amor… ¿no estás contradiciendo tu fe?”

Santos se queda ahí, inmóvil, con su pene erecto bajo su abundante vello púbico rubio. Los 23 ccentímetros de masculinidad de Marcano también comienzan a erguirse y engrosarse.

Entonces, Santos se olvida de todo. Se acerca a Marcano, le toca el pene semi-erecto con una mano mientras la otra es posada en uno de los grandes pectorales; le acerca su cara y lo besa en la boca. Marcano lo toca de la cadera y luego lleva sus manos hacia las velludas nalgas para acariciárselas. Se separan.

“¿La puedo chupar?”, consulta tímidamente.

“Todo lo que quieras”, le responde Marcano igual.

Santos se arrodilla, mira el falo, lo masajea un poco, se lo mete a la boca. Comienza a succionarlo. Poco a poco sus labios, su lengua y su paladar se van adaptando a la gruesa forma y sabor de ese pene caribeño.

Entonces, suena un celular.

    


 

sábado, 26 de noviembre de 2022

ASS (54): Puertas abiertas

Santos tiene una especie de revelación respecto a su homosexualidad.



Esa tarde de martes, en la casa parroquial de San Sebastián, Santos termina de ducharse. Tras secar su velludo y bien esculpido cuerpo, se anuda la toalla a la cintura. Al salir y andar a pie seguro por el pasillo, encuentra la puerta del dormitorio del Padre Alberto abierta.

De reojo mira al cura: está desnudo, de espaldas. Santos traga saliva al ver en esa fracción de segundos, un cuerpo finamente entrenado: ancha espalda, cintura estrecha, culo grande y redondo, gruesas y bien definidas piernas. Es obvio que va al AS, piensa. Prefiere seguir avanzando hasta su habitación.

“¿Santos?”

El aludido se detiene y gira. Nuevamente la toalla está a punto de deslizarse hacia el suelo, acariciando su cuerpo blanco lleno de vellos rubios.

“¿Sí, Padre?”

“¿Qué pasó con David?”

“Ah… dijo que había de resolver un tema en el refugio de migrantes, que iba a tomarle tiempo, y que apenas terminara, venía para acá”.

“Perfecto. avanzaremos sin él, entonces”.

“Como diga, Padre”.

Santos tiene muchas preguntas y temores en su cabeza, especialmente tras lo que le había pasado la noche anterior en el gimnasio, luego que Alejo le mostrara aquella foto de él desnudo, una imagen que él pensaba se había perdido en algún lugar de la red.

Pero también tiene curiosidad por lo que acaba de ver en esa puerta, aunque conscientemente se lo esté negando. Retrocede sus pasos hacia ella. Adentro, Alberto sigue desnudo: imposible ignorar esa ancha espalda, esos gruesos brazos, ese redondo culo, esas poderosas piernas. El sacerdote extiende su ropa sobre su cama, y cuando se inclina, los vellitos que rodean su ano, asoman entre sus dos nalgas.

“Padre, disculpe”, reacciona santos antes de que su polla comience a engordar y alargarse.

“Dime”, sonríe Alberto, tomándoselo todo como la cosa más natural del mundo.

“¿Usted… usted también va al AS, cierto?”

Alberto se extraña por la pregunta, pero se lo toma como si nada:

“Sí, Santos, a primer hora de la mañana, antes de la primer misa, ¿por qué?”

“No… por nada… gilipolleces mías”.

Alberto sonríe, toma una toalla. Ahora Santos puede contemplar sus pectorales bien esculpidos, su abdomen de tabla de lavar, su vello púbico evidentemente recortado, su verga aún dormida descansando sobre ese par de generosas bolas.

Le dijeron que solazarse de esa forma es pecado; pero, si la otra persona muestra su cuerpo desnudo como si se tratara de algo totalmente normal, ¿dónde está el pecado: en quien lo muestra o quien lo mira?

“¿y cómo te fue con Alejo anoche?”

“¿Anoche?”,reacciona Santos.

“Claro. ¿qué tal la rutina?”

“Ah… me dejó hacer la que ya llevo hace meses”.

“Tienes bonito cuerpo”, le califica Alberto, sonriendo.

“eh, gracias. Solo una pregunta, Padre… ¿Cuánto usted confía en Alejo?”

Alberto se extraña por la cuestión:

“¿Por qué? ¿Acaso hizo algo que…?”

“No, Padre”, se apresura Santos. “Es solo… solo que me… gustaría conocerle más”.

Justo en ese momento, sin que medie acción alguna… la toalla que cubre a santos cae al suelo. Sus mejillas enrojecen casi de inmediato.  Otra vez el novicio queda completamente desnudo enfrente de Alberto, quien nota un detalle adicional: el pene del chico está tterminándose de poner erecto. Santos nota que le están mirando el miembro y se pone más rojo aún, ya sudando frío.

Alberto controla la situación con una sonrisa:

“Alejo, Miguel… son mis chavos de confianza. No tengas miedo: también hazlos tus chavos de confianza”.

Santos guarda silencio, y mas bien mira sin tanto remilgo hacia la entrepierna de su superior: el pene de Alberto también comienza a ponerse erecto.

“es obvio, Padre, que debo comenzar confiando por usted”, concluye Santos.

“Absolutamente”, confirma Alberto.

“Buscaré el momento, Padre, porque tengo una larga historia que contaros”.

Alberto sonríe mientras muestra sin complejo alguno su pene totalmente erecto y con el líquido preseminal comenzando a gotear desde su cabecita rosada. El de Santos también está erecto y palpitando.

Alberto , entonces, hace algo arriesgado. Se aproxima ante Santos, lo atrae del dintel de la puerta hacia el interior de su dormitorio y lo abraza así desnudo, juntando su verga a la polla del muchacho, ambas duras. Para Santos, el gesto lo libera, y a la vez le gusta.

No es un sueño ni una fantasía; está pasando en ese mismo instante.

“Cuando desees platicamos, Santos… ahora vístete que tenemos una misa por celebrar”.

Santos siente que la humedad del precum comienza a mojarle la punta de su pene.

“Claro, Padre”, le responde.

Unos quince minutos después, Santos entra por la puerta de servicio al AS y toca la puerta del dormitorio. Mientras espera que le respondan, se abre la puerta del baño. Marcano aparece totalmente desnudo terminando de secarse el cuerpo.

“Buenas tardes”, saluda el venezolano.

“Buenas… buenas tardes”, balbucea el español, sorprendido de ver ese otro monumento de carne masculina.

Es cuando le abren la puerta del dormitorio. Es Miguel. También está desnudo. ¿Qué mierda está pasando en este lugar donde los chicos parecen emular al paraíso terrenal pero solo compuesto por las mitades masculinas?

“Me cambio al toque y voy para allá”, le avisa el otro muchacho.

“Perdona, ¿puedo hablaros un segundo?”, pide Santos.

“Claro”.

Miguel hace pasar a Santos y cierra la puerta mientras busca ropa limpia para ponerse encima.

“Es sobre la foto de anoche… ¿se la habéis mostrado a alguien más?”

Miguel se detiene en su búsqueda y mira a Santos con una sonrisa.

“¿Estás loco? No, para nada. Eso solo lo sabemos Alejo, tú y yo”.

“O sea… ¿eso está seguro entre nosotros?”

“Por supuesto, Santos. Puedes confiar al ciento por ciento en nosotros”.

“¿y también en el Padre Alberto?”

Miguel se extraña por la inquietud, pero tiene una respuesta inmediata:

“También en el Padre: es nuestro mayor aliado”.

Como resorte, Santos se aproxima a Miguel, quien sigue desnudo, y lo abraza fuerte.

“Necesito confiar en vosotros”, le dice.

Miguel le corresponde el abrazo y comienza a acariciarle la recia espalda de arriba abajo.

“Confía”, le replica.

Ahora la  mano de Miguel comienza a palmear una de las nalgas duras de Santos. El novicio parece estar cómodo con la caricia.

 

y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


viernes, 18 de noviembre de 2022

ASS (53): Somos hombres, ¿no?

    

    


Tras su jornada de prácticas, Pedro descansa totalmente desnudo en el dormitorio de la casa que ocupa Eliezer en Castilla. Tocan su puerta. Despierta y lo primero que nota es que su pene está duro como piedra.

No siente roche de taparse la erección así que se levanta y abre la puerta; total, allí solo viven Eliezer y él…

¿qué tal susto!

“Bu-bu-bue…”, dice un chico fornido cubierto por un un uniforme de sereno.

Pedro se queda congelado allí, con la puerta abierta, y el pene duro.

“Su-su-su… don Eliezer me mandó para ver si necesita ir a alguna parte”.

Pedro lleva una de sus manos hacia su miembro erecto para cubrirlo, sin mucho éxito.

“No”, responde tragando saliva y aliviándose del susto. “Me quedaré aquí”.

“Ah, entonces… puedo retirarme, si gusta”.

“¿Qué hora es?”, se pregunta Pedro, ya con su pene semi-erecto. Voltea hacia la mesa de noche.

El sereno le mira las nalgas lampiñas y redondas, firmes y bien formadas. Ahora su pene es el que comienza a ponerse duro.

“Va a ser las cinco”, reacciona Pedro, ensimismado.

“entonces, me regreso a la base, si usted no tiene problemas”.

Pedro se pasa la mano por la cara. Su pene ya no está erecto ahora, pero una gota de líquido preseminal rueda por su muslo derecho, producto de la lubricación interna de su miembro.

“¿qué harás en la base?”

“Aburrirme esperando órdenes”, responde el sereno, con una ligera sonrisa.

“Ah, perdona que esté calato y…”

“No, joven, no se preocupe… es normal… somos hombres”.

“Pero estaba con la… con el… ufff”.

“Seguro estaba durmiendo rico, digo, profundo, y a lo mejor estaba soñando algo… ya sabe”.

Pedro sonríe:

“Mejor entra y cierra la puerta; no quiero que llegue mi tío y crea que tú y yo hemos…”

“¿Tenido relaciones?”

Pedro vuelve a sonreír:

“No es mi intención ofenderte”.

El sereno entra al cuarto y cierra la puerta tras de sí.

“No se preocupe, joven”, tranquiliza. ”yo sé que si entrara y sospechara eso, usted lo negaría totalmente”.

“¿Por qué estás tan seguro de eso…? ¿Me dijiste tu nombre?”

“Huamán. Todos me dicen Huamán en el serenazgo”.

Pedro se sonríe otra vez:

“¿Por qué estás tan seguro de que yo negaría que tú y yo tuvimos relaciones sexuales, Huamán?”

“Porque se nota que usted es legal, joven…”

“Pedro… Mi nombre es Pedro”.

“Usted es legal, joven Pedro… y… si hubiese sido verdad, yo no me avergonzaría… Por lo menos me culparían de haber tenido relaciones con un joven tan legal y… guapo, como usted, y no con alguno de esos choros y gente de mal vivir que capturamos”.

“Debería tomarlo como un piropo, ¿no?”

“Usted vea, joven Pedro”.

Entonces el sereno le mira la entrepierna. Pedro se da cuenta y baja su mirada también: su pene está erecto otra vez. A continuación, mira de nuevo a Huamán.

“Mejor voy a ducharme”, avisa Pedro con una media sonrisa.

“yo lo espero, joven. Con su permiso, me retiro”.

“Hazme conversación al menos… mientras me ducho… si mi tío llega, le diré la verdad”.

“¿También le dirá que lo vi con la pinga al palo?”, Huamán baja un poco el tono de su voz.

“A la mierda con eso… Tú estás en ventaja: estás vestido”.

“¿Quiere verme calato, joven?”, se arriesga Huamán.

Pedro lo piensa unos segundos.

“No sería mala idea”, responde.

El sereno sonríe y, sin esperar confirmación, se saca el polo entallado, revelando un pecho fuerte y masivo, quizás no con un abdomen definido pero sí plano, sin llantitas. Se desabrocha la correa de tela y se inclina a sacarse las botas. Entonces, se desabrocha el pantalón, se baja la cremallera. Al bajarse el pantalón, un coqueto micro-bóxer cachetero color blanco contrasta con la piel cobriza del muchacho. Y esas piernas, son simplemente dos troncos de árbol añejo, fuertes, anchos, velludos.

Aunque lo que llama la atención de Pedro es lo que aparenta ser un pequeño tronco que se marca en la tela blanca de la ropa interior.

Huamán se saca las medias, por fin.

“¿¡Sigo, joven Pedro?”

“Somos hombres… ¿no?”, sonríe el aludido.

Huamán se baja el micro-bóxer: efectivamente su pene está erecto… y no es tan pequeño como parecía. Mas bien es gordito y parece lubricar mucho a juzgar por el brillo del glande. Quizás necesita un poco de recorte en el vello púbico. Quizás no.

“ya estamos calatos los dos”, anuncia el sereno con una sonrisa cachonda.

“y con el pene erecto”, agrega Pedro.

“Somos hombres”, reitera Huamán.

El joven anfitrión vuelve a sonreír:

“Solo falta que tengamos relaciones sexuales”.

Huamán sonríe también:

“No me jodería”.

Ambos jóvenes se miran fijamente a los ojos. Entonces, Pedro ya no puede más con la excitación. Se acerca a Huamán, pega su cuerpo y lo acaricia:

“Tienes la piel suave”, le susurra.

“Tú también”.

Pedro, entonces, aproxima su cara a la de Huamán. Lo besa en la boca. Mientras las lenguas de ambos  combaten golosamente, sus manos recorren las espaldas y los culos mientras sus penes erectos se refriegan uno contra el otro.

Huamán, entonces, toma la iniciativa y empuja a Pedro a la cama logrando acostarlo boca arriba. Luego, descansa toda su humanidad encima de ese terso cuerpo.  Pedro abre sus piernas y está dispuesto a sentir cómo la masculinidad del sereno se puede hundir en su culo, cuando…

“¡ya vine!”, se oye desde el pasadizo.

Pedro y Huamán se dejan de besar y se miran sudorosos y estupefactos.

Y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


jueves, 20 de octubre de 2022

Ser Rafael 9.2: Acarícialo ahora que puedes


Llegamos a la calle donde estaba el dormitorio de Antonio. Miré a todos los lados: cero gente.

Sin vergüenza alguna y mostrando la reacción de mi falo bajo la ropa ajustada, bajé y me metí en la casa.

Como la escalera para llegar al dormitorio era independiente, me daba lo mismo que se me viera o no; total, nadie estaba allí. Incluso el propio Eduardo pareció no advertir el cuadro porque siempre estaba delante de mí.

Al llegar a la habitación, traté de sacarme el traje.

“¿No te meterás al baño?, me preguntó Eduardo.

“Sí, una vez que consiga quitarme esto”, le respondí.

El muchacho se me aproximó y ayudó a deshacerme de la tela que el sudor había pegado a mi piel.

Cuando por fin yo estaba con todo el torso desnudo, le detuve sus manos.

“Gracias. Esta parte será sencilla”.

Él se retiró y se sentó en la cama.

Al quitarme las mangas de las piernas, saltó mi erección.

Traté de no darle importancia, de no mirar los ojos de Eduardo. Tomé una toalla y me metí brevemente a la ducha para limpiarme la capa pegajosa a lo largo de toda mi piel.

En un par de minutos estaba fuera.

Eduardo miraba la televisión. Tenía la pantalla sintonizada en una película pornográfica heterosexual que daban en el canal para adultos.

Tomé mayor atención a lo que veía: el actor era T.T.Boyd.

Me quedé desnudo contemplando la escena, y la excitación, que había decrecido con el agua fría, retornó.

“Bonito discurso de cumpleaños”, me dijo Eduardo.

“¿Tú crees?”

Mi miembro ahora estaba totalmente congestionado de sangre y casi palpitando.

Él volteó a mirarlo.

Entonces, buscó MIS OJOS.

“No voy a hacerlo, Rafael… No puedo, no debo… No quiero”.

Nos miramos unos segundos más.

Él se levantó y vino hacia mí.

Puso su mano derecha sobre mis pectorales y comenzó a bajar lentamente.

“Al final sí quieres”, le dije en voz baja.

Su cabeza se fue aproximando a la mía. Su mano ya estaba en mi abdomen.

“No debo, pero sí quiero”, dijo él casi susurrando.

Su mano ya estaba en mi recortado vello púbico. Su cabeza estaba demasiado cerca a la mía.

“Hazlo ahora que puedes”, asentí.

Por fin, sus suaves dedos comenzaban a acariciarlo, a sujetarlo, a masajearlo.

Su boca estaba a milímetros de la mía.

De pronto, Mi celular sonó…

“Espera”, le dije.

Era Sonia pidiendo que, al regresar, compráramos una botella de vino en la estación de servicio cercana.

Mi erección decayó un poco. Busqué mi boxer, mi pantalón y mi camisa.

Eduardo seguía inmóvil donde lo había dejado, a mitad del dormitorio.

“¡Vamos! El trago se les está acabando”, le avisé.

Eduardo caminó hacia la puerta. Yo también.

Cuando él iba a abrirla, se detuvo.

“Queríamos pero no pudimos”.

“Tampoco debíamos”, repliqué.

Eduardo demoró otro par de segundos. Al fin abrió la puerta.

Bajamos.

Al regresar a la casa de Laura, la reunión estaba en su apogeo.


sábado, 10 de septiembre de 2022

ASS (45): La declaración

Miguel y Alejo vuelven a cachar invirtiendo sus roles usuales, pero algo sale inesperado y sorpresivo.



Miguel está desnudo, acostado en la cama dentro del dormitorio que hay en el AS de San Sebastián, revisando su celular. Es raro verlo sin los vellos que le cubren todo el cuerpo, luego de la depilación a la que se sometió para participar en el video porno. Se echa un gel con base de sábila para que no pique ni irrite. En esso,Alejo entra también desnudo y secándose. Se acuesta al lado.

“¿Así que ahora lo tendrán controladito a Beto?”

“la verdad no lo sé porque ese pendejo es experto en robarte un chocolate de tu propia mano”.

“¿Y así es cura?”

“Ay, huevón; los curas son unos pendejos de mierda”.

Alejo sonríe, gira y se acuesta encima de Miguel. Le da un beso en la boca. Miguel le corresponde.

“Pensé que estabas templado de Pedro”.

“Me gusta Pedro, pero ya veo que su caso está jodido con eso de que su viejo lo mandó a Piura”.

“Aunque creo que Enrique lo va a tener a cargo, según entendí a Flavio”.

“Con mayor razón… mejor cachemos tú y yo un rato”.

Alejo y Miguel se besan de nuevo.

“Tengo el ano algo irritado: Marcano tiene rica verga pero es un monstruo”.

“Así nomás, mi Miki, rozadita”.

Un nuevo beso. Ambos giran en la cama.

“¿Sabías que ese novicio español tiene toda la traza de gay de gym?”

“¿Ya lo perfilaste, mierda?”, sonríe Alejo.

“Hace ratón”, replica Miguel, quien comienza a besar suavemente el cuello de su amigo y lo recorre hasta el surco entre ambos pectorales; entonces va a la tetilla derecha. La chupa levemente. Alejo jadea y disfruta.

“Me aloca cuando haces eso, mierda”, le dice.

Miguel ahora va a la tetilla izquierda. Repite la operación. Sigue por los abdominales de tabla de lavar, lame el espacio donde antes había vello púbico y que ahora apenas si tiene unas puntitas luego de la rasurada que Alejo se dio. De inmediato, mete a su boca la pinga entre flácida y erecta que comienza a crecer y engrosarse ahí en toda la entrepierna.

“Así, huevón… así me gusta… toda, chúpamela toda”.

La fellatio dura varios minutos y se alterna con la succión de testículos con la suavidad y paciencia que solo Miguel sabe aplicar. Entonces, el compañero sexual toma las enormes piernas de Alejo y las eleva. El musculoso no protesta. Su ano rosado y cerradito está ahí listo para que Miguel lo acaricie con su lengua.

“¡Carajo, Mi…! ¿sí!”

Alejo deja que el placer se proyecte desde su culo, su bien formado culo al resto de su ser mientras toma su pene aún erecto y comienza a pajearlo suavemente, no sin antes lamerse la mano para que su propia saliva lubrique el masaje. Alejo gime despacio.

Entonces Miguel deja de lamer el ano:

“¿Recuerdas la otra vez cuando solo te entró la cabecita?”

“¿Quieres metérmela, pendejo?”

“¿Qué dices? ¿Te la meto?”

Alejo abre el cajón de la mesita de noche a un lado de la cama, hurga un poco y encuentra el frasquito de lubricante. Se lo da a Miguel quien se arrodilla: ya tiene su verga al palo.

“Será al toque”, avisa Miguel mientras se esparce el coloide por todo su pene erecto. “Tú sabes que no duro mucho como activo”.

Alejo no dice nada, solo trata de relajarse respirando hondo, pensando en que esta vez sí será placentero.

Miguel resopla y pone su glande en la entrada de todo el ano. Comienza a empujar muy lentamente. El beso negro que le aplicó minutos antes no lo ha dilatado como hubiese querido, así que tendrá que ser paciente. Mientras tanto, la cabecita comienza a ingresar.

Alejo siente un ligero escozor en su esfínter, pero trata de controlarlo respirando hondo, como cuando lo vacunaron y no sintió que le metían la agujita.

“Continúo?”, consulta Miguel.

“Dale”, susurra Alejo mientras se toca su miembro y comienza a estimularlo hasta ponerlo duro otra vez.

La cara de su compañero, casi en trance, convence a Miguel que todo parece estar en orden. Baja la mirada: su glande ya está por completo dentro del ano. Aún falta el resto de su más o menos grueso tronco. El chisguete de lubricante está al lado por si acaso. Hasta donde vamos, Miguel piensa que es un progreso; su amigo y compañero aún no ha gritado ni rechazado la penetración. Mete un poquito más. Alejo gime. Le arde un poco.

“sigue”, vuelve a gemir a Miguel.

Otro poquito más. A este ritmo, la mitad del pene de Miguel ya está dentro del recto de Alejo. Y entonces… sucede lo inesperado.

“Mierda”, susurra el ex velludo. Gime. Inconteniblemente vacía su semen dentro. Jadea.

“¿qué pasó?”, pregunta Alejo comprensivamente.

“No pude… no pude aguantar”.

El pene de Miguel comienza a perder rigidez, aunque aún sigue dentro del ano de Alejo.

“Podemos intentarlo después”, propone el fortachón.

El pene de Miguel sale de las entrañas de Alejo sin hacer nada más; está completamente blando.

“Perdóname”, dice el activo ad-hoc.

Alejo sonríe, toma de las manos a su amigo y hace que se acueste encima suyo. Lo besa en la boca casi a la fuerza.

“Perdonarte, ¿qué, huevón? No hay nada que perdonar. Ambos lo quisimos. No salió hoy. Saldrá otro día”.

“Me puse nervioso, Alejo”.

“Te entiendo… quizás me preparé yo,pero olvidé prepararte a ti”.

Miguel sonríe algo descontento:

“Aluciné que al menos iban a ser un par de minutos de placer”.

“Creo que fue mejor así… Creo que de ahora en adelante, ambos… ambos seremos amigos con derecho”.

Miguel se sorprende.

“¿Qué estás diciendo,Alejo? Y tu promesa de…”

“Tengo que desterrar lo que pasó esa vez en el cuartel… Y si no lo hago hoy, no lo haré nunca…. Éste ha sido el primer paso… Sí… el primer… paso”.

Miguel comienza a sollozar y se abraza fuerte a Alejo.

“Te amo”, musita el amigo.

“Yo también”, susurra el musculoso.

Entre las nalgas de éste, el semen que se quedó en la primera porción del recto comienza a sentirse como una capa aceitosa que parece suavizarlo todo. Incluso esa súbita declaración.

Y para terminar,te dejamos con un video porno gay.