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viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


sábado, 31 de diciembre de 2022

ASS (59): el ‘remember’ de Damián y Sandro

A veces, los policías obtienen información sensible de la forma más inesperada; por ejemplo, tras hacer el amor.



A las 11 de la mañana, bajo el inclemente sol de San Sebastián, Sandro llega a su pensión montado en su bicicleta. Luce un gorro, lentes de sol, camiseta, malla y zapatillas. Se le aprecia en forma. Al aproximarse a la vereda, nota a alguien que mira hacia ambos lados de la pista; su figura le es familiar.

“¡Damiancito! ¡Dichosos los ojos!”

El policía reacciona y sonríe:

“¡Hola Sandrito! ¿Llegando de entrenar?”

“Más o menos… ¡¿y qué milagro tú sin tu moto?”

“Le está fallando el carburador y tuve que dejarla en el mecánico… estoy esperando mototaxi”.

“Ah, entonces estás ocupado”.

“No mucho, ¿por qué?”

Los dos varones suben las escaleras de la pensión.

“Bienvenido a tu primer hogar en San Sebastián”, adula Sandro.

“No ha cambiado mucho, quizás la pintura”, comenta Damián de manera aparentemente despreocupada.

Ambos suben las escaleras y entran al cuarto de Sandro.

“Mucho calor, ¿cierto?”, seduce el anfitrión.

“Si pretendes que me meta a la ducha contigo… la respuesta es sí”.

Sandro sonríe. No espera mucho tiempo y comienza a desnudarse por completo.

“No te pones calzón, ¿ah, vagabunda?”, bromea Damián al ver a sandro sacarse la malla bajo la que carece de ropa interior.

“Si pudiera andar calato sintiendo el asiento en la raja de mi culo, créeme que lo haría”.

Damián también se quita la ropa y se abraza con Sandro. Ambos se besan apasionadamente.

“¿Quién te chapa mejor: ella o yo?”

“ya, Sandrito, no comiences; ¿vamos a ducharnos?”

La pasión continúa bajo el agua. Damián no deja de acariciar las nalgas duras de su amante; mete su mano entre ellas. Logra introducir su dedo medio dentro del ano del ciclista.

“Vamos rápido, mi amor”, sonríe Sandro.

“Quiero meterte mi pinga como lo hacíamos antes”.

Sobre la cama, Sandro se acuesta boca abajo y levanta el culo. Damián se pone el condón, le abre las piernas, le zampa poco a poco su pene erecto.

“Ay, bebe. Despacio”.

Damián se acuesta encima y comienza a bombearle el ano con firmeza. Ambos gimen y jadean sinparar. No cambian de posición. Comienzan a sudar copiosamente.

“Ah, mierda. Me vengo”.

“Dame tu leche, mi amor. Así, dame tu leche, papi”.

Damián se incorpora, se saca el condón:

“Voltéate”.

Sandro gira

Damián casi ahorca a Sandro con sus piernas, le pone el pene en la boca:

“Chupa, mierda”.

En realidad, Damián bombea la boca de Sandro hasta que eyacula:

“Mierda,carajo… ¡la puta!”

Sandro se traga el semen. Damián se acuesta al lado aún desnudo.

“qué rico”, reacciona Sandro.

“No importa cuánto tiempo pase, siempre es un deleite cacharte ese culo”, replica Damián.

“Pero desde que te fuiste de aquí, parece que ya no tienes tiempo para mí”.

“Ese trabajo con la Fiscalía quita tiempo; encima mi señora, mi chibolo. Ya no es igual. Hasta me estoy poniendo panzón, carajo”.

“Pero sigues siendo lindo para mí”.

Damián sonríe, se incorpora y le clava un besito en los labios a Sandro.

“Gracias… Oí por ahí que vas a postular por San Sebastián”.

“Me invitaron. No pude resistir. Si me eligen, te llamo como mi seguridad personal. O mejor, como mi jefe de Seguridad Ciudadana”.

Damián sonríe:

“Con seguir siendo tu cacherazo me conformo”.

“¿y no estás cachando con nadie más? Pensé que tú y Paco… ya sabes… “

“¿Por ese trío que hicimos contigo? Bueno. No te negaré que caché con Paco una vez más, pero me jode que sangre como mierda. Tuve que lavar toda una ropa de cama una vez que lo hicimos”.

“Igual yo. Lástima lo que le pasó. Eso de irse a cachar en el campo, encima en la parcela de ese huevón de Julio”.

“¿Cómo sabes eso?”

“Ay, Dami. No me digas que no lo sabes siendo policía”.

“No. Fue un accidente, según entiendo, pero esos detalles, ni enterado. ¿Paco te dijo algo antes de eso?”

“No… digamos que… hay fuentes, señor poli”.

Damián sonríe otra vez, gira hacia Sandro, se acuesta encima suyo y lo besa de nuevo en la boca:

“quiero cacharte de nuevo… a pelo”

“¿estás sanito?”

“Totalmente. ¿Tú?”

“No sé. No me hice la prueba”.

Damián sonríe otra vez. Lo besa de nuevo apasionadamente en la boca para luego estimular el cuello, luego las tetillas. Toma el pene semierecto de Sandro, se lo mete a la boca y comienza a chuparlo diligentemente mientras con uno de sus dedos le masajea el orificio del ano.

“Ah, ah, Damiancito. Así, chúpamela rico, papi”.

El policía sigue haciendo lo que le piden por largo rato.

“Las voy a dar”, avisa Sandro.

Damián deja de mamar el pene, lo masturba y hace que toda la leche se dispare sobre el abdomen de su amigo.

“Ambos necesitamos otra ducha, creo”, sonríe el invitado.

Tras asearse de nuevo, Damián baja solo hacia la calle otra vez, toma sucelular y marca. Le contestan:

“Tiene que ser esta noche sí o sí. Este huevón sabe más de lo que dice…”

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.  | Tuitéanos ahora

  

sábado, 3 de diciembre de 2022

ASS (55): Todos tus secretos están seguros

Un policía se ofrece a cubrir las espaldas de Julio.



Solo para relajarse, Julio emplea las últimas horas de ese martes para jugarse un partido de fulbito con algunos amigos de san Sebastián. Sabe que nunca es bueno irse a la cama de mal humor. Mete un par de goles y queda satisfecho. Termina el encuentro. Está sudoroso y más oxigenado.

“50 años y como si nada”, le comenta alguien”.

“¡Damián!”, se regocija Julio al voltear y ver al hombre en sus 30, algo cuerpón pero evidentemente fuera de forma, quien jugó en el equipo opuesto aquella noche. El short que se puso no disimula su redondo culo ni sus gruesotas piernas. “¿Cómo va la comisaría?”, le pregunta.

“Bien, aunque hay una nota que te quiero comentar”.

“Hablemos”, sonríe Julio.

“No aquí”.

En menos de diez minutos, ambos llegan al departamento de Damián, en el centro de san Sebastián.

“¿Agua, jugo, chela?”, ofrece el anfitrión.

“Agüita nada más… Aunque ahorita lo que extraño es la ducha de mi casa”.

“Si quieres, puedes ducharte aquí”, ofrece Damián. “Mi señora no está, por si acaso; recién esta noche regresa de Trujillo”.

Julio se lo piensa: ¿será buena idea ducharse en el departamento del policía? Por otro lado,le incomoda su cuerpo pegajoso debido al sudor.

“espero que no te asustes de verme calato”, bromea como sondeando al efectivo, quien se sonríe.

“No sería mala idea verte calato, así sé qué marcas ocultas tienes si debo identificar tu cadáver”.

“Pues… una vergota”, responde Julio.

Ambos ríen.

Pasan al dormitorio y se quitan toda la ropa.

“La fiscal le tomó declaración al mototaxista que se accidentó el lunes de mañanita y el pata  le dijo que había recogido al tal Paco en tu parcela. Tranquilo. Esto no es un interrogatorio ni quiero sacar provecho, capitán. Simplemente quiero anticiparme  a lo que la fiscal pueda hacer mañana porque quiere investigar la ruta”.

“Y habiendo tanto caso por resolver acá, ¿por qué la fiscal quiere investigar ese caso en particular?”

Damián ya se ha quedado desnudo del todo: su cuerpo tiene un fino tapiz de vellitos en el pecho y el culo; las piernas y en especial la zona púbica sí parecen un bosque sin podar. Julio también ya se ha quedado en cueros, mostrando su cuerpo atlético, aún en forma, y su largo pene dormido descansando sobre sus grandes huevos.

“Ni idea, capi… me dijeron algunos colegas que ella y el tal Paco son amigos pero no me consta”.

Damián entrega una toalla a Julio.

“Tú primero”.

“Y… ¿por qué no los dos juntos? Digo… como que seguimos conversando”.

Damián sonríe:

“Por mí no hay problema”

Revisa aquí qué le pasó a Paco.


 La ducha es estrecha, pero tiene algo que no tiene Julio en casa: agua caliente. Los dos disfrutan el baño con el inevitable roce de pieles como consecuencia. Julio trata de concentrarse en otra cosa para evitar que se le pare el pene; ya intuye en qué va a terminar esa vaina.

“¿Cómo crees que el tal Paco fue a dar a tu parcela?”

“Ni idea, Damián; yo no tengo confianza con él”.

“¿Y no tendrá confianza con el tal edú, que es tu amigo? Para nadie es secreto que Paco tira con todos los patas de San Sebastián y que Edú también ha sido medio promiscuo”.

Julio medio sonríe:

“¿Tú también te has cachado a Paco?”

Damián no se anda con complejos:

“sí, y casi me descubre la mujer. El huevón debe tener las paredes del ano muy débiles porque aguanta bien, disfruta, pero sangra como mierda”.

Esa confesión pone a Julio menos tenso:

“¿en serio sangra por el culo?”

“Pensé que lo había sacado de pito, pero recordé que cuando le sopeé el ano, noté que ya tenía su uso; entonces me dije que yo no le había ‘quitado la virginidad’”.

Ambos ríen.

“¿Qué hiciste?”, pregunta Julio simulando ignorancia.

“Caballero, a lavar la sábana a las doce de la noche y rogar que se secara para la mañana siguiente… pero, no me has respondido: ¿será que conocía al tal edú?”

“No sé… Edú ya no trabaja conmigo; se fue hace un par de semanas; no me dijo por qué, solo que se iba y desde entonces no sé nada de él”.

“Puta madre”, reacciona Damián. “Porque Edú era la mejor explicación de que Paco haya aparecido en tu parcela”.

“¿Seguro que no me estás jalando la lengua, Damián?”

El policía sonríe:

“Nada que ver; ya te dije: quiero minimizar impactos. Como tú pienso que el caso no da para tanto, pero no quiero que esto termine siendo un lío para ti”.

“¿Y por qué tu interés en que no me perjudique?”

Damián suspira, pone su mano en el pene de Julio y comienza a masajearlo.

“Porque no te lo mereces”, responde Damián con seguridad.

Ambos se miran directo a los ojos. Se sonríen. Julio se deja de cosas, estrecha al policía con un abrazo y le aproxima su boca. Se besan. Luego de eso, Damián se las ingenia para arrodillarse en la estrecha ducha y comienza a mamar la verga a Julio. Qué rico es chupar esos 18 centímetros que se vuelven a poner duros como roca.

¿es cierto que el culo de Paco sangra mucho cuandole meten pene?


Sin secarse, ambos se tiran a la cama. Se revuelcan. Julio besa el cuello, las tetillas, levanta las piernas a Damián y revisa entre las nalgas.

“Tampoco eres virgen, carajo”.

“¿Te jode?”

“No… me excita más”.

Julio se agacha y comienza a hacer un beso negro que arranca suspiros viriles a Damián, quien comienza a autocomplacerse masajeando su pinga gorda y venuda, unos 16 centímetros quizás, que elimina líquido preseminal en cantidad.

“¿Tienes condones?”, consulta Julio.

Damián abre como puede un cajón de su mesita de noche, le alcanza un paquetito a Julio, y con esa misma mano, trata de ordeñar un poco de su precum para untarlo en su ano.

Julio, con su pene ya forrado por el látex, comienza a penetrarlo. La entrada es sencilla. Damián sigue gimiendo y gruñendo virilmente mientras siente que se lo cachan por el culo.

Julio se apoya encima del policía y le hace el amor de una forma gentil. Ambos se besan en la boca. El ex futbolista no entiende por qué esta sesión de coito anal parece ser diferente a las otras que ha vivido, siempre como el activo. Así que solo disfruta.

A los cinco minutos cambian de pose: esta vez Damián cabalga a Julio. El policía también es cuidadoso para que su sobrepeso no mate toda la pasión, y se mueve rico, aparte que pone un rostro de arrecho, nada que ver con su gesto duro de policía.

“Tírame tu leche en la cara”, pide Damián.

“Todavía no las voy a dar”, sonríe julio.

“No importa”, suspira el policía, quien comienza a masturbarse cada vez más fuerte, más fuerte, más fuerte. “¡A la mierda!”, ruge. Su semen se dispara sobre el abdomen de Julio.

el ex futbolista siente que el ano de Damián comienza a oprimirle el pene, así que se lo saca y le cumple la fantasía. Se pajea y dispara todo su esperma en el rostro de Damián, quien se lo saborea.

Ambos vuelven a ducharse.

“espero que esto no trascienda de tu depa”, advierte Julio.

“Todos tus secretos están a salvo conmigo”, tranquiliza Damián. “A mí tampoco me conviene que se sepa que recibo pene como si nada”.

Julio sonríe:

“entonces… te contaré toda la historia…”

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.


viernes, 11 de noviembre de 2022

ASS (52): ¿Puedes hacerme un favor?

tras cachar un rato, Bartolo cuenta a Sandro que Dago ya despertó.



Con muchas preguntas en la cabeza, Sandro aprovecha esa mañana para coger su bicicleta y emprender una de esas rutas de hora y media que terminan dejándole el culo y las piernas bien hinchados y duros. Llega a la pensión donde vive antes del mediodía. En la puerta se encuentra de pechito con Bartolo, vestido en su bata de personal de salud.

“¿Llegas o te vas?”, le pregunta Sandro.

“Llego”, le responde Bartolo.

“Perfecto: necesito un masaje”, le pide el primero acercándose discretamente.

“OK.. pero yo antes necesito una ducha”.

“Yo tengo una”, sonríe Sandro pícaramente.

Los dos atletas comparten el baño y aprovechan para pasarse el jabón por sus pechos, sus espaldas, sus abdómenes, sus culos y al medio de ellos, sus pingas, sus bolas, sus piernas.

“qué rico me tocas”, susurra Sandro mientras busca la boca de Bartolo. Lo besa profundo.

Ya secos, ambos se olvidan del masaje y se revuelcan en la cama. Bartolo le chupa ambas tetillas, también la pinga y las bolas; le levanta las piernas y le mete lengua en su ano liso y ancho, signo inequívoco que un pene, o varios penes, ya entró ahí más de una lujuriosa vez.

“¿te masajeo primero y te cacho después?”, propone Bartolo.

“Mientras me hagas llegar al clímax, haz lo que quieras, mi vida”.

Bartolo sonríe. Pone a Sandro boca abajo y comienza a sobarle la nuca, luego los hombros, toda la espalda superior de arriba abajo y de los lados al centro. No olvida los brazos, sigue con la espalda media y baja. Da algunos golpecitos con la yema de sus dedos. Continnúa con las musculosas nalgas, de arriba abajo, de la cadera a la raja. Con uno de sus pulgares, le soba sutilmente el ano. Luego deja que su pene semi-erecto se pose encima de esa profunda división del culo.

Sigue con las piernas, y luego lo pone boca arriba. Ahora es el trasero de bartolo el que se posa encima del pene erecto de Sandro mientras le soba el pecho.

“¿Quieres que te la meta, Bartolito?”.

“Si quieres… ¿por qué no?”

Sandro sonríe. Saca un condón y lubricante. Bartolo se encarga de proteger el pene y untarlo del coloide. Luego, comienza a insertarse ese pedazo de carne, engulléndolo con su ano. Gime y jadea. Posteriormente, comienza a rebotar sobre él.

La sensación de placer que experimenta Sandro es indescriptible. El problema, quizás, es que no está tan habituado a ser activo: siete u ocho minutos después, eyacula dentro del condón.

Descansa sobre su cama con Bartolo al lado.

“¿Y cómo va la campaña?”,le pregunta.

“Ahí… más o menos. Ayer estuve con el candidato regional, Pelu”.

“Ah,el que fue futbolista o algo así”.

“Sí,ése. Rico culo y rica verga tiene ese man”.

“¿También cachas con él”.

“Yo quiero cachar con todos los hombres guapos y masculinos que conozca, Bartolito, y tú eres uno de esos privilegiados”.

Sandro se aproxima a dar un beso a su amante de turno.

“¿Y tú qué novedades? ¿algo interesante en el hospital?”

“nada en especial. Los pacientes de siempre, aunque hoy me dijeron que evalúe a un pata que se accidentó ayer temprano acá cerca de san Sebastián”.

“¿Quién es?”

“Dagoberto… algo… no recuerdo el apellido. El caso que venía con un pasajero que había recogido,un camión salió de sorpresa de una parcela, él perdió el control y cayó con todo y pasajero al canal que hay al lado”.

“¿No será Dago, un pata que hace mototaxi?”

“Ni idea, Sandro. Es un pata gruesito, más o menos agraciado. Buenas piernas”.

“¿quién era el pasajero?”

“Un tal Francisco, creo que es profesor de aula. Me parece haberlo visto en el AS alguna vez. Creo que es amigo del instructor o algo así”.

La curiosidad de Sandro se activa.

“¿No será un tal Paco? Es una locaza”.

“Ni idea, Sandro. El mototaxista despertó hoy. Milagrosamente ssolo tiene contusiones, una luxación de hombro y codo, pero ningún hueso roto”.

“¿Y Paco está despierto?”

“No, aún no”.

“¿Y qué cuenta el mototaxista?”

“Muy poco. Lo que te dije. Fue a recoger a ese profe a una parcela como a las cinco de la mañana y pasó todo lo que te dije”.

Sandro se extraña. ¿en qué parcela podría haber estado Paco?

“Se me paró la pinga”, avisa Bartolo. “¿Te cacho al toque?”

Sandro sonríe. Hace que su amante se acueste sobre él.

“Claro… ¿Puedo pedirte un favor?”

“Mientras no sea plata…”

“No, algo más fácil”.

Bartolo sonríe. Se incorpora , levanta las piernas al ciclista, vuelve a hacerle un beso negro, y, al ver que ese ano ya está bien dilatado, pide un condón, se lo pone, unta lubricante y mete su pedazo de masculinidaden ese ccálido y gentil agujero.

Bartolo bombea gentilmente, controlando su respiración, transmitiendo energía erótica en cada movimiento que devuelve la excitación a Sandro, quienluego se pone en cuatro patas y deja que el fisioterapéuta le azote las nalgas con su ingle. Bartolo prueba a tener un orgasmo sin eyacular, y consigue tener dos. Ni una gota de leche fuera. Nno es necesario. Sí es posible llegar al éxtasis sin desperdiciar ese precioso fluido blanco.

Se acuesta sobre Sandro.

“Qué rico es cachar contigo, carajo”, le dice.

“¿Y podrás hacerme el favor?”

“Claro… cuenta con eso, Sandrito”.

Dos horas después, el ciclista llega a la ssala donde Dago se recupera. El mmototaxista se sorprende.

“Yo sé que me conoces de vista, pero me gustaría ayudarte”. Sandro saca varios billetes y se los deja discretamente debajo de un teléfono celular. “¿Puedes contarme detalles del accidente?

Dago mira los billetes, luego mira a Sandro. Está desconcertado.

“¿Por qué quiere saber detalles?”

“Confía en mí… ¿aceptas la oferta?”

Dago se lo piensa. Sandro espera con paciencia. Mientras tanto, en Cuidados Intensivos, Paco sigue inconsciente.

 

Y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


domingo, 16 de octubre de 2022

ASS (48): Tres gotas de prueba

Juan prefiere entregarse a un trío con Marcano y Julio, como queriendo ignorar algo.



Pasadas las diez de la mañana, Julio llega a su parcela a las afueras de San Sebastián. Encuentra a Juan, vestido solo con un short ceñido,  qquitando maleza de una acequia que lleva agua a los mangos. Por unos segundos, el ex futbolista se enfoca en el pequeño y firme culo de su peón y su cuerpo atlético en general, hasta que recuerda que el chico es gay activo.

“¿Ya te enteraste del accidente?”

Juan casi no reacciona.

“Oe”, insiste Julio sonriendo y palmeándole levemente una nalga. “¿Te enteraste o no?”

Juan reacciona como si recién despertara:

“¿Cuál accidente?”

“Acá cerca. Una mototaxi. Dicen que el chofer y el pasajero se sacaron la mierda”.

“Ah, ¿sí? Algo oí”.

Julio percibe algo, pero no atina a entender de qué se trata. Tampoco quiere preguntar. Entonces suena su celular. Contesta:

“Dime, chamo”.

“¿Siempre quiere que le haga la conexión que me pidió?”

“Si es ahorita, sí; justo estoy en la parcela”.

“Estoy en camino, entonces”.

Media hora después, Marcano llega. Julio va a buscarlo a la puerta de la propiedad y lo lleva hasta un lado de la casa. Ya sin roche, el ex futbolista mete la mano al culo del venezolano, quien solo sonríe.

“Rico y durito”, celebra Julio.

“Oiga, ¿y ya supo del accidente acá cerca?”

“Fueron dos, ¿no? ¿Tú sabes algo?”

“Pues… a uno lo conozco. Entrena con nosotros en el AS: Paco”.

Julio reacciona:

“Ah, mierda, ¡la Paco? ¿Hablas del profe?”

Marcano sonríe:

“Lo conoce?”

“Cuando edú cuidaba la parcela, un día se lo trajo para cachárselo; parece que hicieron un trío, pero no recuerdo con qué otro pata”.

Marcano traga saliva y usa su voltímetro para revisar una línea eléctrica. Julio vuelve a meterle la mano al culo:

“¿Tú ya has cachado con paco?”

Marcano piensa en milisegundos lo que va a decir. Regresa a su memoria aquella orgía en el bañodel AS. Aunque Pedro, el hijo de Julio, no estuvo presente aquella ocasión, sabe que la sola mención del gimnasio podría traer muchas preguntas incómodas.

“A decir verdad, una vez en mi cuarto”, miente el musculoso.

“¿No te dejó sangrando el colchón?”

Marcano se extraña y mira a Julio como resorte. Juan justo aparece en ese momento.

“Ya terminé”, avisa.

“Ayúdanos un toque acá”, pide Julio.

Juan deja la pala en su sitio y acude donde están realizando la instalación. Media hora después, ya está lista. . Los tres varones sudan.

“Pruébemelo”, bromea Marcano.

“Adentro en la ducha te lo pruebo rico”, responde sonriendo Julio.

Los tres varones sonríen. Julio acciona un interruptor y se encienden un par de focos en lo que sería el patio trasero de la casa de campo.

“Todo conforme, como siempre”, dice el dueño de la propiedad. “¿Pasamos?”

Ya desnudos, los tres se meten en la estrecha y rudimentaria ducha, que ahora ya puede utilizarse aprovechando el agua que se acumula en la lagunita existente al centro de la parcela. El líquido cae caliente debido al sol inclemente del norte peruano. Acarician sus cuerpos mientras se jabonan. Julio ahora sí puede meter su mano en medio de esas dos abultadas nalgas y explorar hasta que su dedo encuentra el ano de Marcano, quien no deja de besar la boca de Juan mientras acaricia su pene con una mano y con la otra masturba el suyo.

Julio arrima sus 18 centímetros a la raja del culo de Marcano:

“Quiero metértela, chamito”.

Sin secarse, los tres van al dormitorio. Sobre la colcha tendida encima de la cama, Marcano se pone en cuatro patas y se abre de nalgas. Julio le hace un apasionado beso negro. Juan está del otro lado dejando que el venezolano le chupe el pene.

Julio ssaca un condón, se lo coloca, escupe en el agujero y comienza a meterla poco a poco hasta que la conecta toda dentro de las entrañas del musculoso ahora en su faceta de electricista. Comienza a bombear.

Juan por su parte disfruta viendo cómo su pene erecto entra y sale de la cálida boca de Marcano.

Los dos activos casi eyaculan simultáneamente. Marcano paladea el semen de Juan: un poco ácido, pero rico dentro de su rango de sabores masculinos. Proteína al fin y al cabo. Él prefiere no eyacular; sabe que su leche debe guardarla para el examen médico que pasará más tarde.

Como nunca, Julio despide a Marcano con un apasionado beso en la boca.

“Si estuviera soltero…”

“Fresco”, susurra Marcano sonriendo. “Gracias por todo y por elsexo… Y si hay problemas con la conexión, me llamas, vale”.

Julio acompaña al venezolano a la salida mientras Juan se queda en el cuarto poniéndose ropa limpia. Va a la cocina a ver qué hay para preparar el almuerzo. Después de esa faena, alimentarse es importante.

Está en esa tarea cuando Julio lo llama con un tono distinto, como de alarma.

Al entrar al dormitorio, halla al dueño de la parcela con un gesto muy serio, casi enojado, y la cama con la colcha removida.

“¿Estuvo aquí, no, mierda?”, inquiere Julio. “Estuvo aquí, ¿no, carajo?”

Juan se asusta. Sobre la sábana, tres gotas rojas secas destacan en el blanco de la tela.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.



sábado, 17 de septiembre de 2022

ASS (46): Juan y Paco cachan en la parcela

Tras una noche de algunas copas, una noche de rico sexo termina de mala manera.



Casi a las once de la noche del domingo, Paco sale de un barcito de poca monta en una calle céntrica de San Sebastián. Se llama El Cimarrón y es punto fijo de levante gay. Pero esa noche no fue muy propicia que digamos. Con tres copas de vino encima, lo único que ha conseguido el docente es aplacar un poco su sensación de frío. Al llegar a la esquina para tomar el mototaxi, cruzando la acera viene andando un chico que no había visto antes en la ciudad. Se le nota delgado pero no escurrido, algo atlético. Paco no lo pierde de vista; de hecho, cruza y se le coloca muy al alcance. Nota que el muchacho parece estar buscando algo.

“Hola”, al fin le lanza cuando lo tiene muy cerca.

“Hola”, le responde el chico pero pasa de largo. O casi. “Perdona, busco la calle Los Cardos, ¿sabes dónde está?”

“Te puedo llevar”, le responde Paco con cierto gesto coqueto.

El muchacho sonríe, agradece y accede.

Al llegar a la calle indicada, el paseo a dúo parece finalizar.

“Ya, aquí me oriento al paradero de mototaxis”.

“Pero esas mototaxis van al campo”.

“es que cuido una parcela acá cerca de la ciudad”.

Paco se desilusiona un poco:

“Ah, tienes que regresar a ver a tu familia…”

“No, yo la cuido solo. El dueño es de aquí, pero vine a cenar donde unos familiares y me hice tarde”

“¿Quién es el dueño?”

“Un señor llamado  Julio… ha sido futbolista”

El cerebro de Paco parece despertar. Finge buscarse algo en el bolsillo y poner cara de preocupación.

“¿Qué te pasa, pata?”, pregunta el joven.

“Mierda… no saqqué las llaves de mi casa, ya a esta hora mi vieja no me abre la puerta ni cagando”.

“¿Qué harás?”

“Pasar la noche en la calle, pues… ¿cómo me dijiste que te llamas?”

“Juan… mucho gusto”.

“Yo soy Paco… Tendré que buscarme una cómoda banca en un parque y pasar la noche ahí”.

“Pero… hace mucho frío, es peligroso”. El muchacho parece reflexionar algo. “Tengo una idea, Paco”.

Veinte minutos después, una mototaxi los deja en la puerta de madera que accede a la parcela de Julio, y cinco minutos después, en el cuarto que ocupa Juan.

“Hace más calorcito aquí”, comenta Paco sonriendo.

“Sí, de hecho yo duermo calato… como nadie entra aquí”.

“Ah, que coincidencia”, finge Paco. “Yo también duermo calato en mi casa”.

“Durmamos calatos, entonces”, invita Juan. “Total, somos hombres, ¿no?”

No pasan ni dos minutos, y ambos varones ya están desnudos dentro de la cama, tapados con esa gruesa colcha de alpaca.

“¿Se siente rico dormir calato, no?”, prosigue Paco.

“Sí”, confirma Juan. “Y más cuando se te para la verga”.

“¿Tienes la verga al palo?”, pregunta Paco fingiendo inocencia.

“Duraza”, sonríe Juan en la oscuridad.

“No te creo”, finge refutar el docente.

“Tócala… si quieres”, dice el otro chico, pero la invitación viene con cogidita de mano bajo la colcha a lo que Paco no se hace de rogar: efectivamente, el pene del muchacho está duro y grueso.  Paco lo toma y comienza a explorarlo.

“¿Cuánto mide?”

“No sé. ¿Por qué?”

“Es grandecito”.

“¿Tú crees?”

“Sí”, responde paco.

“¿Quieres… chupármelo?”

Paco entiende que hace rato le han sacado línea y que no vale seguirse con rremilgos. Sonríe en la oscuridad. Se interna bajo la colcha, recorre con su mano libre el marcado cuerpo de Juan y llega a su falo. Lo huele un poco. Parece limpio. Abre la boca y le lame la cabecita en círculos.

“Rico, carajo”, suspira Juan.

Poco a poco, Paco se va metiendo un ttrozo más del pene erecto dentro de su boca hasta tragárselo todo. Como su culo está a la altura de la cara de Juan, éste último se moja el índice derecho con su saliva y le va acariciando las lampiñas y firmes nalgas hasta dar con su ano. Comienza a meterle el dedo poco a poco. Paco comienza a gemir mientras sigue tragándose ese sable de 17 centímetros.

“La chupas rico, pata, y tu culo está sabroso”.

Tras varios minutos de la maniobra, paco deja de mamar la verga, y destapando a ambos, gira y se sienta sobre el pene de Juan:

“Ahora vas a gozar rico, papito”.

Paco coge el falo y lo calibra dentro de su ano. Comienza a metérselo con facilidad debido a la saliva que le ha dejado y a que el dedo de su amante lo ha dilatado lo suficiente… aunque ese ano tiene cierta lubricación extra.

Paco cabalga el pene de Juan por largo rato mientras se apoya en los marcados pectorales del otro chico, quien no deja de acariciarle las nalgas.

“Te cacho en cuatro”, propone Juan.

Paco acepta, adopta la posición y ahora deja que el mancebo lo bombee con cierta firmeza. Paco gime de placer. Definitivamente, ese chico sabe cómo penetrar el ano de otro hombre. La ingle del activo chasquea al chocar con las nalgas del pasivo.

“las voy a dar”, anuncia Juan.

“Dame tu leche, papito”… dame toda tu leche”.

“Ahhh”, gruñe Juan, y eyacula dentro del recto de Paco.

Juan sigue gruñendo de placer por algún tiempo más hasta que saca su miembro, y se baja de la cama.

Luego que ambos se limpian, regresan al lecho. Vuelven a cubrirse bajo la colcha.

“Sabes que tu cara me es conocida de algún lado”, le lanza Juan.

“¿Sí? ¿de dónde?”

“Eso es lo que trato de recordar, pero ya te he visto antes”.

“San Sebastián no es grande; quizás de ahí”.

“Quizás”, reflexiona Juan.

Ambos se quedan profundamente dormidos.

A las cinco de la mañana, Paco despierta y tras esperar a Rodo, el mototaxista, regresa a casa. Antes de salir, se despide de Juan con un profundo beso en la boca.

“¿Volveremos a vernos?”, le consulta.

“Ya tienes mi número”, le sonríe Juan. “Coordinamos”.

Paco sonríe.

Durante el trayecto de regreso, Rodo no se aguanta el comentario:

“Ya se te hizo costumbre venir a esta parcela, no?”

“Te la perdiste”, le dice el docente muy suelto de huesos.

De pronto, algo inesperado. Una camioneta sale de una parcela justo antes del puente que conecta con las primeras casas de la ciudad. Rodo trata de evadirlo.

La mototaxi maniobra mal y cae al canal que está al lado de la carretera, quedando llantas arriba.

Rodo y Paco quedan inconscientes.

Y para terminar, tedejamos con una porno gay.


miércoles, 6 de julio de 2022

La pinga del campesino

La sexualidad entre hombres no conoce límites, y gracias a la tecnología los gays y bi campesinos se están integrando cada vez más y mejor.

 


Tenemos un prejuicio equivocado sobre el sexo gay o bi. Pensamos que solo ocurre en la ciudad. Mentira. En el campo ocurre en la misma proporción. Quizás no tenga lo sofisticado de una ciudad pero a los varones del campo también les excita ver un buen culo, quizás una verga, quizás ambas, pero lo cierto es que se les pone dura y jugosa o se les dilata del mismo modo.

Y ahora que los servicios de internet también han penetrado entre plantaciones y granjas, los varones del campo tienen el mismo acceso que cualquiera en la ciudad para sextear desde la intimidad de su cuarto o mandarte gloriosas fotos hot, como las que ilustran este post y que son 100% reales. Esa pinga pertenece a un chico campesino de Piura.

Dicho sea de paso, ¿quién dijo que un chico del campo no disfruta igual del sexo que un chico de la ciudad. Igual te mete la pinga, le puedes meter pinga, te la mama, se la mamas, lo puedes besar, masajear, acariciar, amar. En fin, todo lo que el sexo entre dos patas adultos te permita. Incluso hasta hacer una sesiónde fotos al desnudo o una buena escena sexual que no deje espacio a la imaginación, final feliz incluido.

 


Así que te animamos a explorar el campo como otro lugar donde puedes buscar contactos para chatear, intercambiar material, visitar, tener sexo, o hasta encontrar el amor de tu vida. Bueno, o a lo mejor un buen ejemplar masculino que pueda ilustrar nuestras páginas. Si conoces a alguno, o vives en el campo, te invitamos a ser parte de la experiencia gay y bi de nuestra comunidad. Escríbenos a hunks.piura@gmail.com para enterarte qué debes hacer, o deja tu mensaje aquí abajo en los comentarios. Recuerda que esto es solo para mayores de edad. Y, como siempre, seguimos hablando en nuestro Twitter.

Encuentra más sobre campesino gay parcela gay y sexo gay en el campo. 

domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

domingo, 28 de octubre de 2012

"El Vigilante",nuestra nueva novela

Hunks of Piura

No tiene que ver nada con la serie de TV, pero también tiene a un guardia particular como protagonista. Se trata de la nueva novela que publicaremos en este blog.

El Vigilante cuenta la historia de Marcos, un joven campesino, quien se acaba de licenciar del ejército, y tiene que defenderse en la vida.

Tras una decepción con su primera pareja gay, decide dejar el campo y comenzar una nueva vida en la ciudad, y en su esfuerzo por ganarse el pan, comenzará una serie de aventuras con diferentes patas que lo emplean o están relacionados con sus empleadores.

Debido a su experiencia y su apariencia, la única chamba que consigue es la de vigilante, aunque su sueño es convertirse en un destacado deportista de las pesas, pero le falta dinero.

¿Y qué sentido tiene todo eso? Bueno, tendrás que seguir la historia, que se comenzará a publicar desde esta semana aquí.

La novela, fruto de la más completa ficción, está escrita por Hunk01, el mismo de La Parcela.

Como siempre, tus aportes en la historia son claves. Déjalos en hunks.piura@gmail.com, o en nuestra cuenta en Facebook, buscando con ese correo electrónico, o comentando aquí.

sábado, 15 de septiembre de 2012

15000 HITS!

Hunks of Piura

Como siempre, gracias a ustedes, hoy hemos superado esta nueva marca. Por ello, queremos agradecerles invitándoles a que visiten el canal de video de Zev Atlas, el hunk gay más sexy que se haya desnudado. Claro que para ver muchos de los videos, requieren perfil adulto. Pero, podemos regalarte  un video suyo que podrás ver en la discreción de tu computadora, si adivinas dos cuestiones:

Primero, en La Parcela, Jano asiste a una cita misteriosa. ¿Quién crees que lo citó? ¿Lo aceptará?

Segundo, En Casa De-Formación, el Reverendo Alexander sorprende al Reverendo Rafael viendo un video porno gay. ¿qué crees que pasará con el Reverendo Rafael?

Envía tus respuestas a hunks.piura@gmail.com (se garantiza confidencialidad), y entre quienes acierten, les regalaremos este video de Zev atlas. Usuarios de Facebook, tendrán un premio adicional. El sorteo se hará el 23 de setiembre, y los resultados se anunciarán por aquí (en clave) y directamente al interesado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

La Parcela (18): Mensajes misteriosos

Hunks of Piura

A pesar del calor de esa mañana, David se quedó frío. Cuando abrió su correo  electrónico, vio un mensaje inusual. El remitente era un tal “Tu hombre”. ¿será un virus? El asunto decía: “Una imagen que no te puedes perder”, y traía un archivo adjunto. Dudó algunos segundos, hasta que llevó el cursor e hizo click.

Quedó helado –lo dicho- cuando identificó a los dos chicos de la foto: él y Gabo teniendo sexo anal en la oficina, tal como había sucedido unas tardes antes. “Toma la decisión correcta, o esta foto se hará pública”, decía el mensaje que acompañaba el inesperado cuadro, donde se veía a Gabo inclinado sobre el escritorio y él, detrás suyo, dándole por el culo, ambos desnudos de la cintura para abajo.

 

No fue el único. Cuando Jano despertó, vio un papel bajo la puerta de su cuarto. Al abrirlo, leyó, sorprendido, en perfectas letras de imprenta: “Me gustas. Que la parcela sea cómplice de lo que siento por ti. ¿Qué te parece esta noche entre los paltos?”

 

Y entre los paltos estaban Raúl y Pancho, haciendo unas mediciones para colocar una malla. Tras acabar con un lado, se tomaron un descanso. Entre ambos, había un tenso silencio, que terminó por incomodar a Raúl.

- Disfruté lo de anoche, Pancho. ¿Tú también?

El aludido no levantó la mirada.

- Sí. Te… mueves bien.

- ¿Sólo eso?

- Eres muy bueno en la cama. Disfruté mucho contigo. No sé qué más quieres saber.

- No. Nada más. Sigamos trabajando.

El resto de su tarea se hizo en silencio, hasta que se fueron a almorzar.

 

Al regresar del almuerzo, Jano encontró otro papel bajo la puerta de su cuarto, con las mismas características del que le dejaron más temprano: “Gracias por darme la oportunidad de estar cerca de ti. Dame la oportunidad de expresarte lo que siento, esta noche, por los paltos. No lo olvides”.

 

Cuando Gabo llegó a la oficina, llamado por David, muy disimuladamente, durante el almuerzo, supuso que se trataría de otro encuentro sexual.

Lo halló muy serio.

-          Acércate. Quiero mostrarte algo.

-          Curioso, Gabo fue hasta observar, asustado, la foto de él teniendo sexo con David.

-           Gabo, ¿puedes decirme quién tomó esa foto?

-           N-No… sé.

-           ¿quién la mandó?

-           No… sé. No sé. Te juro que yo no lo hice.

-           Si sólo estábamos los dos acá, ¿quién más sabía de que te iba a cachar?

-          Gabo enrojeció y se quedó mudo.

-           Te juro que no sé. No sé.

-          Sollozando, Gabo salió corriendo de la oficina. David se resistía a creer en algo orquestado. ¿Y si fuera una broma de los chicos, y él le estaba dando mucha importancia? ¿Acaso él no había jugado bromas pesadas también? Bueno, no como ésta, pero… Su cabeza estaba hecha una cuadrícula destruída.

 

“Soy más que un cuerpo, un color, una boca… todo un derroche de silenciosa sensualidad. Quiero demostrarte más que eso. Esta noche, en los paltos. No faltes”.

Cuando Jano terminó de leer el mensaje por cuarta vez, comenzó a atar cabos, y a negar con la cabeza. ¡No podía ser él! Era imposible.¿Será que? Claro que lo del cuerpo, los labios, la sensualidad, sólo –pensaba Jano- podía corresponder a una sola persona, sin contar la verborrea. Pero, ¿es Pancho quien lo está cortejando?

 

Gabo fue a refugiarse a la cocina, donde Jerry preparaba la cena.

-          ¿qué te pasó?

-           Ayshh. La peor desgracia del mundo mundial. Alguien nos tomó una foto a David y a mi.

-           ¿Y eso qué tiene de malo?

-           Que él… me estaba… cachando.

-           ¿Y cómo sabes que te tomaron una foto?

-           Porque me la enseñó.

-          Justo en ese momento Wilfredo entraba a la cocina. Jerry y Gabo se quedaron de una pieza.

-           ¿Quién te la enseñó, Gabo? ¿De qué fotos hablas?

 

David, por su parte, se había refugiado en su cuarto. Durante todo el día no se pudo quitar la imagen de la foto que recibió por correo electrónico, pero, curiosamente, esta vez no le preocupaba el remitente o la intención, sino la estampa.

Había visto pornografía gay desde que tenía 15 años, casi diez de su vida, pero una cosa es ver a terceros, y otra verse a sí mismo como protagonista de una escena sexual.

La imagen no se veía mal, quizá por la espontaneidad. Tanto le dio vueltas al asunto, que su verga comenzó a ponerse dura. Cuando ésta estaba como roca, se bajó su ropa interior, y comenzó a masturbarse. Cerró los ojos, como queriendo atrapar la imagen de aquella foto, y progresivamente fue masajeándose el miembro más y más fuerte.

En pocos minutos, su semen eyaculado se proyectaba sobre su torso, y una inmensa satisfacción sexual lo invadía.

 

Esa noche, y sin más accesorio que una linterna, Jano fue hacia los paltos. Estaba nervioso y ansioso a la vez. Ya sabía lo que tenía que decir.

Llegó en pocos minutos, y de inmediato le apuntó con el haz de luz de su linterna a alguien con una polera con capucha, que se hallaba de espaldas. La estampa atlética le era familiar, así como la estatura.

Jano decidió ser proactivo y tomó la palabra:

-          Hola, Pancho. Gracias por dejarme los mensajes. Vine como dijiste, pero no para aceptarte, sino para decirte que, si bien aprecio tus sentimientos, temo que no puedo corresponderlos, porque a mi me gusta otro chico. Yo creo que. Deberías conocer más a Raúl. Él se muere por ti, y parece que tú también, pero no se dan una oportunidad. En lo que a mi respecta, tengo que confesarte que a mi me pone Nando. No lo tomes a mal, por favor: tú eres un chico lindo, pero… así es el corazón.

-          El hombre, aún de espaldas, carraspeó, y lentamente comenzó a girar.

-           Aún así, gracias por venir, y por ser honesto conmigo.

-          Jano se quedó estupefacto.

-          Quien lo esperaba era… Nando.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor a hunks.piura@gmail.com, o deja tu comentario aquí.