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viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


sábado, 31 de diciembre de 2022

ASS (59): el ‘remember’ de Damián y Sandro

A veces, los policías obtienen información sensible de la forma más inesperada; por ejemplo, tras hacer el amor.



A las 11 de la mañana, bajo el inclemente sol de San Sebastián, Sandro llega a su pensión montado en su bicicleta. Luce un gorro, lentes de sol, camiseta, malla y zapatillas. Se le aprecia en forma. Al aproximarse a la vereda, nota a alguien que mira hacia ambos lados de la pista; su figura le es familiar.

“¡Damiancito! ¡Dichosos los ojos!”

El policía reacciona y sonríe:

“¡Hola Sandrito! ¿Llegando de entrenar?”

“Más o menos… ¡¿y qué milagro tú sin tu moto?”

“Le está fallando el carburador y tuve que dejarla en el mecánico… estoy esperando mototaxi”.

“Ah, entonces estás ocupado”.

“No mucho, ¿por qué?”

Los dos varones suben las escaleras de la pensión.

“Bienvenido a tu primer hogar en San Sebastián”, adula Sandro.

“No ha cambiado mucho, quizás la pintura”, comenta Damián de manera aparentemente despreocupada.

Ambos suben las escaleras y entran al cuarto de Sandro.

“Mucho calor, ¿cierto?”, seduce el anfitrión.

“Si pretendes que me meta a la ducha contigo… la respuesta es sí”.

Sandro sonríe. No espera mucho tiempo y comienza a desnudarse por completo.

“No te pones calzón, ¿ah, vagabunda?”, bromea Damián al ver a sandro sacarse la malla bajo la que carece de ropa interior.

“Si pudiera andar calato sintiendo el asiento en la raja de mi culo, créeme que lo haría”.

Damián también se quita la ropa y se abraza con Sandro. Ambos se besan apasionadamente.

“¿Quién te chapa mejor: ella o yo?”

“ya, Sandrito, no comiences; ¿vamos a ducharnos?”

La pasión continúa bajo el agua. Damián no deja de acariciar las nalgas duras de su amante; mete su mano entre ellas. Logra introducir su dedo medio dentro del ano del ciclista.

“Vamos rápido, mi amor”, sonríe Sandro.

“Quiero meterte mi pinga como lo hacíamos antes”.

Sobre la cama, Sandro se acuesta boca abajo y levanta el culo. Damián se pone el condón, le abre las piernas, le zampa poco a poco su pene erecto.

“Ay, bebe. Despacio”.

Damián se acuesta encima y comienza a bombearle el ano con firmeza. Ambos gimen y jadean sinparar. No cambian de posición. Comienzan a sudar copiosamente.

“Ah, mierda. Me vengo”.

“Dame tu leche, mi amor. Así, dame tu leche, papi”.

Damián se incorpora, se saca el condón:

“Voltéate”.

Sandro gira

Damián casi ahorca a Sandro con sus piernas, le pone el pene en la boca:

“Chupa, mierda”.

En realidad, Damián bombea la boca de Sandro hasta que eyacula:

“Mierda,carajo… ¡la puta!”

Sandro se traga el semen. Damián se acuesta al lado aún desnudo.

“qué rico”, reacciona Sandro.

“No importa cuánto tiempo pase, siempre es un deleite cacharte ese culo”, replica Damián.

“Pero desde que te fuiste de aquí, parece que ya no tienes tiempo para mí”.

“Ese trabajo con la Fiscalía quita tiempo; encima mi señora, mi chibolo. Ya no es igual. Hasta me estoy poniendo panzón, carajo”.

“Pero sigues siendo lindo para mí”.

Damián sonríe, se incorpora y le clava un besito en los labios a Sandro.

“Gracias… Oí por ahí que vas a postular por San Sebastián”.

“Me invitaron. No pude resistir. Si me eligen, te llamo como mi seguridad personal. O mejor, como mi jefe de Seguridad Ciudadana”.

Damián sonríe:

“Con seguir siendo tu cacherazo me conformo”.

“¿y no estás cachando con nadie más? Pensé que tú y Paco… ya sabes… “

“¿Por ese trío que hicimos contigo? Bueno. No te negaré que caché con Paco una vez más, pero me jode que sangre como mierda. Tuve que lavar toda una ropa de cama una vez que lo hicimos”.

“Igual yo. Lástima lo que le pasó. Eso de irse a cachar en el campo, encima en la parcela de ese huevón de Julio”.

“¿Cómo sabes eso?”

“Ay, Dami. No me digas que no lo sabes siendo policía”.

“No. Fue un accidente, según entiendo, pero esos detalles, ni enterado. ¿Paco te dijo algo antes de eso?”

“No… digamos que… hay fuentes, señor poli”.

Damián sonríe otra vez, gira hacia Sandro, se acuesta encima suyo y lo besa de nuevo en la boca:

“quiero cacharte de nuevo… a pelo”

“¿estás sanito?”

“Totalmente. ¿Tú?”

“No sé. No me hice la prueba”.

Damián sonríe otra vez. Lo besa de nuevo apasionadamente en la boca para luego estimular el cuello, luego las tetillas. Toma el pene semierecto de Sandro, se lo mete a la boca y comienza a chuparlo diligentemente mientras con uno de sus dedos le masajea el orificio del ano.

“Ah, ah, Damiancito. Así, chúpamela rico, papi”.

El policía sigue haciendo lo que le piden por largo rato.

“Las voy a dar”, avisa Sandro.

Damián deja de mamar el pene, lo masturba y hace que toda la leche se dispare sobre el abdomen de su amigo.

“Ambos necesitamos otra ducha, creo”, sonríe el invitado.

Tras asearse de nuevo, Damián baja solo hacia la calle otra vez, toma sucelular y marca. Le contestan:

“Tiene que ser esta noche sí o sí. Este huevón sabe más de lo que dice…”

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.  | Tuitéanos ahora

  

martes, 16 de agosto de 2022

el precio de Leandro 1.4: El modelo al desnudo


Cinco minutos después, los tres ingresan al seis cero dos. Al encender la luz, Leandro se encuentra con una sala enorme, de paredes blancas, piso de parquet, gruesas cortinas blancas de techo a suelo donde se supone que está la ventana. Por muebles, un sofá sin tanto estilo, un par de modulares, una enorme tele plana, un par de cuadros con floreros de estilo algo impresionista tirando para un expresionismo que bien hubiese representado Van Gogh de no ser por su esquizofrenia, una luminaria triple de apariencia abstracta.

“Qué lindo”, califica Leandro, boquiabierto, no tanto por cortesía sino por contraste a su propia casa.

“Toma asiento”, invita el novio, jalando al chico hasta el sofá.

“¿Quieren tomar algo?”, consulta la novia.

“Vino tinto frío”, ordena el novio. “¿Tú, Leandro?”

“ehhh, no, yo… estoy bien, gracias”.

La novia pide permiso y se va sonriendo hacia la cocina. El novio y Leandro se sientan sobre el sofá.

Una vez que la mujer desaparece, el novio recuerda que debe cerrar un trato. Lleva su mano derecha a su bolsillo trasero derecho y extrae su billetera; saca tres billetes de cien y se los entrega a un sorprendido Leandro.

“No fue lo que acordamos”, le observa el muchacho, luciendo un enorme signo de exclamación solo visible para un historietista.

“Lo sé”, asiente el novio. “Solo tómalo”.

“Pero no tengo vuelto”, aclara Leandro.

“No te estoy pidiendo vuelto… Yo sé cómo puede acabar esto así que… te pago por el servicio y por tu silencio”.

El chico trata de pensar rápido.

“Yo solo hago de activo”, dispara.

“Yo también”, sonríe el novio.

Leandro regresa los billetes.

“No puedo”.

“No seas cojudo: ni te la voy a meter ni me la vas a meter. Ya sabes cuál fue nuestro trato y así quedará”.

“Aún así es mucho”, dice el joven separando un billete de cien.

El novio le contiene la mano.

“Tómalo como mi donativo al fútbol de segunda división”.

La puerta de la cocina se abre y Leandro esconde como puede los tres billetes en su bolsillo, asegurándolo con la cremallera de plástico. La novia sale con una artística copa servida hasta poco por encima de la mitad con un tinto que estaba enfriándose en la refrigeradora desde la última Navidad, y se lo ofrece al novio, quien le agradece. De inmediato, ella se sienta al costado de él teniendo al modelo justo enfrente, quien termina de programar sesenta… no, mejor noventa minutos en el temporizador de su celular inteligente.

“Quién lo diría”, interviene ella. “El galán de época Semanal en persona y en mi sala”.

“en nuestra sala”, añade el novio.

“Así que te gustaron las fotos”, trata de tomar el control Leandro.

“Bueno, no te negaré que las de la ducha estaban fabulosas”, sonríe ella comenzando a salivar.

“¿Y puedo saber por qué?, sorbe un poco de vino el novio.

“Por ese cuerpo marcado, esas piernas gruesas, esas nalgas… sexys”, deja de disimular la mujer.

“¿Quieres verlas en vivo?”, maniobra Leandro de nuevo.

“No solo tus nalgas… Las que subieron a Internet no dejaron nada a la imaginación… ¡Y sí que Dios fue bueno contigo!”, la novia se pasa la lengua por el labio superior, mientras se le humedecen otros labios.

Leandro sonríe muy seductor, se pone de pie y, sin pedir permiso alguno, se quita la chaqueta deportiva, luego las zapatillas; con un poco más de lentitud, la camiseta. Ahí está otra vez su cuerpo marcado aunque no hinchado. Entonces se desamarra la pantaloneta y se la baja hasta el suelo lentamente también. Luego, la camiseta de algodón caerá al piso.

“¿Lista?”, consulta el modelo.

“¡Más que lista!”, afirma la novia.

Leandro gira hasta darle la espalda y mucho más lentamente se saca el bóxer hasta que éste cae poco a poco al suelo. Al fin están allí las dos redondas y lampiñas nalgas que la novia solo pudo acariciar con su dedo sobre el tóxico papel couché.

“¿qué opinas ahora?”, seduce Leandro.

“¿Puedo… acariciarlas?”, consulta ella.

“Claro”.

Mientras la novia acerca sus manos temblorosas a los glúteos del joven, el novio mira la escena sin dejar de sorber su vino, que ahora apenas ocupa la cuarta parte de la copa. Mira cómo las yemas suaves de su futura esposa dibujan circunferencias imperfectas y espirales sobre esas medias esferas firmes, también suaves al tacto. Leandro jadea levemente al sentir las manos femeninas sobre su culo, el que aprieta más y más. La novia al fin se pone de pie y se acerca a la espalda superior del chico, que es lo más alto que puede, y empieza a besarlo por la hendidura de la espina cuesta abajo hasta llegar al trasero, al que sigue agasajando con besos cada vez más sonoros. El novio al fin acaba su vino, deja la copa sobre la mesa de centro, se pone de pie, y tira el respaldo del sofá hacia atrás; se quita la chompa, la camisa, la camiseta… en fin, todo lo necesario hasta quedarse a sola piel desnuda. Mientras tanto, Leandro juzga que es hora de dar media vuelta, y al hacerlo, pone su pene semierecto a la altura de la boca de la novia. Ella acaricia todo el cuerpo, el escroto, el pubis rasurado. El novio se acerca tras ella, y comienza a quitarle toda la ropa (a como puede). Cuando la erección de Leandro es patente, la novia no tiene problemas en abrir su boca y succionar, recorrer, lamer, besar esos gruesos diecinueve centímetros, mientras el novio pega su torso y su pelvis a la espalda y nalgas de su prometida, comenzando a besarle por detrás. En compensación, ella retrocede un poco, gira, besa al novio en la boca y hace que se ponga de pie para repetir la mamada, mientras Leandro se arrodilla a cubrirle la espalda, rozándole su masculinidad allí, en la no tan pronunciada cola.

  

domingo, 17 de julio de 2022

ASS (37): Los ángeles también hacen orgías

el increíble show de sexo en vivo protagonizado por Flavio, Miguel, Alejo y Marcano.

 


Apenas pasada la medianoche, en el escenario de la discoteca, Flavio, con un vaporoso disfraz de ángel comienza

a danzar elegantemente evolucionando en giros. El traje es una ancha túnica con mangas largas y unas alas cuyas plumas son rretazos de liviana tela blanca. A pesar de la holgura, la inercia y la ligereza del material, hace que de todas maneras se pegue a su atlético cuerpo marcándole los pectorales, el abdomen plano o los muslos.

Entonces, del otro lado del escenario, Miguel también sale y comienza a revolotear junto a Flavio. Viste exactamente igual y los bien estudiados movimientos hacen que la tela reaccione del mismo modo marcando su hermoso y simétrico cuerpo. Parecen mariposas en medio de un jardín. Se toman de la mano y así comienzan a danzar suavemente hasta que la música se atenúa.

Entonces, ambos se miran frente a frente, se toman las túnicas, y cuando la música vuelve con energía, se las despojan. Quedan totalmente desnudos, y lo que antes la ropa sugería, ahora sí que no deja lugar a dudas: musculaturas muy bien trabajadas de pies a cabeza y despojadas de cualquier pilosidad para acentuar la estética. Encima, su piel está pintada con un barniz especial que les da un brillo como si fuesen de un frágil material.

Comienzan a besarse en la boca y a acariciarse con mucha intensidad. Giran. Es un espectáculo ver sus cuerpos atléticos y sus hinchados culos, lo mismo que sus penes semierectos. Vuelven a verse frente a frente y a besarse intensamente en la boca, abriéndola todo lo que pueden, dejando que sus lenguas se entrelacen aunque de lejos no se note muy bien. Sus manos tienen el privilegio de acariciar tan espectaculares físicos.

Flavio se arrodilla, toma el pene semierecto de Miguel y lo comienza a chupar. No tarda mucho en ponerlo duro hasta que alcanza sus 18 centímetros. Entonces, la música se detiene. Alejo aparece por el fondo, también disfrazado de ángel. Flavio y Miguel lo miran con cierto temor.

Alejo se les acerca acusándolos con el dedo. Flavio y Miguel se le aproximan pidiéndo indulgencia, lo acarician en el pecho, los brazos y las caderas. Los dos chicos vuelven a besarse en la boca y lo miran como probándole que no están haciendo nada malo.

Vuelven a girar hacia él y con mucha sutileza lo despojan de su túnica, dejándolo completamente desnudo: al descubierto queda un hermoso cuerpo musculoso también pintado con ese extraño brillo, libre de vellos, su pene aún dormido sobre sus grandes bolas.

Flavio y Miguel se arrodillan y toman el pene de Alejo, acariciándolo y comenzando a chuparlo alternadamente. El gran falo del muchacho comienza a desplegarse y ponerse brillante debido a la saliva de sus dos compañeros y el flujo de líquido preseminal conforme crece hasta sus gruesos 18 centímetros. El pre-cum no deja de manar desde el glande.

Están en lo mejor cuando desde el fondo aparece Marcano también vestido como un ángel quien se les acerca y los asusta. Los tres calatos dejan de hacer lo que estaban haciendo pero no cambian sus posiciones. Aunque Marcano parece que no viene a condenarlos. Los mira, sonríe, y sin más preámbulo se quita su túnica.

También se queda totalmente desnudo exponiendo su maravilloso trabajo muscular con volumen y definición que se magnifica gracias a ese brillo corporal mientras su pene más largo, aunque está dormido sobre otro par de enormes bolas, se balancea a medida que se mueve. Alejo, Flavio y Miguel se le acercan y comienzan a acariciarlo.

Poco a poco se besan entre todos. Entonces, Alejo y Marcano se paran firmes uno al lado del otro mientras Flavio se la chupa al primero y Miguel al segundo. Cuando los dos penes están duros del todo, Flavio y Miguel giran y se ponen en cuatro patas para dejar que Alejo y Marcano les coman el culo respectivamente.

Luego de varios minutos de beso negro, Alejo mete su pene al ano de Flavio y Marcano hace lo mismo con sus 21 centímetros de virilidad en el de Miguel. Los dos activos comienzan moviéndose despacio, con mucha delicadeza. Poco a poco van incrementando la fuerza de las acometidas hasta que sus penes pueden verse como pistones activando el motor del erotismo sin culpas ni límites.

El sexo anal se prolonga por casi diez minutos hasta que Alejo y Marcano sacan sus penes y Flavio y Miguel se arrodillan a masturbarlos. Alejo eyacula en la boca de Flavio y Marcano en la boca de Miguel. Los dos pasivos se ponen de pie. Todos se besan en la boca.

Como broche de oro, Miguel va donde Flavio, hace que se arrodille de nuevo y comienza a masturbarse hasta eyacular en la boca de su compañero. Finalmente, Miguel se arrodilla y Flavio se masturba en su boca hasta eyacular dentro de ella. Todos se besan en la boca por última vez, miran al público, hacen una venia y se retiran del escenario. El aplauso es cerrado.

En uno de los privados, el Padre Albertto, quien ha llegado de incógnito, y Pedro también se maravillan ante el espectáculo.

“Tengo la verga durísima”, dice el sacerdote.

“No pensarás que te la chupe aquí mismo”, responde su monaguillo.

“Está oscuro. ¿Quién va a vernos”.

“Mejor vamos a la casa de tu amigo… también estoy arrecho”.

“Me parece buena idea. Igual tenemos que acostarnos ya porque mañana llega el Padre David con ese chico misterioso…”.

Cuando ambos se ponen de pie, Alberto mete su mano al culo de Pedro, que se ha puesto un jean ceñido. Luego se le arrima por detrás y simula cacharlo. Pedro gira y estampa un beso en la boca del cura. Apenas salen del privado al pasillo casi se chocan con un moreno alto y fornido.

“Disculpa”, le dice.

“No, disculpa tú más bien”, contestta el moreno y de pronto abre sus ojazos. “¿Pedrito?”

“¿Tío eli?”, atina a preguntar el muchacho desconcertado.

En la base del escenario, Willy termina de desmontar la cámara de su trípode, lo repliega y camina a un lado donde está enrique.

“¿Qué tal salió?”, consulta el artista.

“Recontra cañón”, contesta el empresario. “Debiste ver cuánto morro se chaqueteaba la verga en el público”.

“Con esto ya tenemos el 90 por ciento de la película; falta el remate”.

“Déjalos descansar. Eso lo grabamos mañana luego que reciba al morro que viene de Lima”.

Willy asiente. Ambos se meten a la oficina para guardar las cosas mientras los modelos de la noche están en la ducha de los camerinos quitándoseel barniz que usaron como maquillaje corporal.

“Puta madre, salió perfecto”, se alegra Flavio.

Yo pensé que no se me iba a parar el huevo”, al fin reacciona Alejo. “Estaba casi lleno de gente”.

“Coño, vale”, reacciona Marcano. “Si yo estaba también cagado de miedo”.

“A mí lo único que me preocupa es que cuando comience a crecerme el vello, va a picarme el cuerpo como mierda”, añade Miguel.

“¿No te hice daño?”, le pregunta Marcano.

“No, pata. Estaba bien dilatado… y arrecho”.

Marcano sonríe:

“Ayúdame con mi culo”, pide a Miguel. “No me sale el barniz”.

Miguel y Alejo se miran.

“Una sola mano no será suficiente”, anuncia el segundo.

Marcano sonríe mientras gira:

“Todos metan su mano”.

Alejo y Miguel comienzan a sobar las nalgas del venezolano. Flavio gira, mira la escena, sonríe, mete sus manos en los culos de sus dos compañeros:

“Guarden energía… más tarde tenemos una orgía”. 

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.

domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

sábado, 19 de febrero de 2022

proyecto Lujuria 5.2: Sexo gay real sobre el escenario


Más de ochocientos kilómetros al sur, en Miraflores, Lima, Evandro y Alexis están en el teatro revisando el escenario para ver si se requieren ajustes en el decorado, las luces, la tramoya.

“¿Cómo te diste cuenta, huevón?”

“No jodas, Evan. El chamo está solo aquí, siente nostalgia, de pronto le das la mano, te vuelves su amigo, le das trabajo, le consigues el papel en el montaje, le consigues hogar, compartes sus ratos de melancolía. ¿Te das cuenta que ha pasado a depender emotivamente de ti?”

“No sé si halagarme o preocuparme, Alex. Me parece que le crucé los chicotes esa noche”.

“Lo que sí, eres un arrecho de mierda. ¿Qué habrías hecho si alguien los descubría? Y no me vengas con que ya era muy tarde, que nadie iba a entrar, que ya lo habías calculado. ¿Te has puesto a pensar en la reacción de Laura?”

“Me botaría del edificio con todas mis cosas y sería una masa sanguinolienta en la zona residencial de Jesús María… Actor controvertido y odiado muere por crimen pasional. Ya lo veo”.

Alexis ríe:

“Claro que desde el infierno porque al cielo no creo que te vayas”.

“Bueno, tampoco tú eres un angelito. A ver, ¿qué necesidad de cachar con ese Gibrán?”

“Solo aseguraba nuestros intereses, querido Cruzado”.

“Aunque entre su culo y el del Os, obvio que el del Os, querido Rodríguez”.

“Eso me alivia; pensé que te habías obsesionado con mi culo porque hasta ahora no consigues controlar tu erección cuando hacemos las escenas”.

Evandro se para en seco y mira a Alexis sonriendo pendejamente:

“No me digas que te jode”.

“Me paltea el público, y peor aún me paltea Zaira”.

“Huevón, ¿no recuerdas cuando bailábamos y hacíamos esos sows en Santa Anita, Comas, Los Olivos, Lince, San Borja?”

“Pero no vas a comparar, pues, Evan: esa gente iba a ver sexo en vivo; esta gente viene a ver arte”.

Evandro mira a Alexis y de pronto no puede contener la carcajada.

“¿De qué te ríes?

“Que este teatro esté en Miraflores, no significa que no quieran ver sexo. ¿Acaso no sabías que en 1992 hubo un show de strippers a media cuadra del óvalo en plena avenida Ricardo Palma? ‘Striptamente femenino’ decía el aviso. ¿O qué me dices del show de strippers más famoso del país? ¿No se daba aquí en Miraflores, en lo alto de un edificio?”

“¿1992, Evan? Tú no tenías ni dos años de edad. ¿Cómo sabías?”

“¿En 1992, Arnold Escalante tenía veinte años y un físico envidiable para la época, y conserva todas las fotos del evento”.

“Y te las mostró”.

“Toditas”.

Evandro baja la palanca de las luces y el escenario queda en penumbra.

“Arnold no tiene un gran culo pero se mueve bien”, comenta Alexis.

“Tú no tienes nada que envidiarle a Escalante, Alex. Lo tienes mejor en todo el sentido de la palabra”.

“Muy velludo para ciertos estándares”.

“No para los míos”.

Evandro se acerca a Alexis, lo abraza y le planta un beso francés en la boca que es correspondido mientras le acaricia las nalgas encima de su pantaloneta deportiva que eligió como atuendo esa mañana .

“Me encanta cuando Zaira me hace el beso negro”, susurra el velludo actor.

“¿Mejor que los míos?”

Evandro busca el nudo de la pantaloneta de Alexis y lo desata; baja la prenda. Hace que su compañero gire, le baja el bóxer, y mientras éste se apoya sobre la cama y separa sus piernas, Evandro le besa las nalgas peludas y luego mete su lengua en el ano caliente dejándolo mojado con su saliva. Alexis gime y no tarda en dilatar su esfínter:

“No has perdido el toque. Sigue. Sigue””.

Las manos de Evandro bajan más la pantaloneta y el bóxer y comienzan a manosear el largo grueso y lubricado pene ya erecto y las grandes y peludas bolas de su amigo.

“¿quieres chupármela?”

Evandro deja de hacer el beso negro:

“Voltéate”.

Alexis se incorpora, gira, y deja que Evandro le mame la pinga con mucha fruición mientras su dedo índice masajea el ojo del culo y su otra mano, el resto de las velludas nalgas. Poco a poco, ese dedo va metiéndose en ese hueco aprovechando la lubricación que dejó la saliva. Alexis jadea y gime.

“Quiero chupártela, Evan”.

El actor que está arrodillado se pone en pie, se desabotona su jean y se lo baja con todo y bóxer hasta los muslos. Alexis toma el pene semierecto de Evandro, se lo mete a la boca y comienza a succionarlo. ¿Hace cuánto que no prueba ese extraño salado del líquido preseminal de su amigo? Sus manos acarician las nalgas lampiñas y suaves.

“Voltéate”, pide a Evandro.

Alexis devuelve el beso negro combinado con un rico masaje de pinga y bolas, tanto que Evandro tampoco evita gemir,jadear y desear algo más, aunque no sabe si pedirlo.

Ambos hombres están en lo mejor de ese toma y dame cuando una voz los deja helados:

“¿Amorcito?” 

viernes, 31 de diciembre de 2021

Proyecto Lujuria 2.3: Un trío por tu cumple


A la noche siguiente, mejor dicho al filo de que el sábado se transforme en domingo, el auto de Evandro se estaciona en un condominio de cuatro pisos que más tiene facha de clínica aunque pintada de rojo ladrillo, no muy lejos del edificio donde suele aparcar.

“¿Y por qué no buscas cuarto alrededor de la residencial?”, pregunta mientras se saca el cinturón de seguridad.

“La verdad no he visto, aunque dicen que los domingos salen buenas ofertas en los clasificados”, contesta Osmar.

“Sí, en especial una que dice: vaquero, policía, bombero, marino o beisbolista… secciónrelax

Osmar sonríe y se desabrocha el cinturón de seguridad:

“Por cierto, deberías arreglar el de marino que tiene un hilito suelto que no me da confianza”.

“Si te va bien con ese contrato y haces lo que te aconsejé, quizás ya no debas preocuparte por esos disfraces”.

Evandro abre la puerta y sale del auto; Osmar hace lo mismo. El conductor se da la vuelta y se acerca a su amigo hasta palmearle el hombro.

“¿qué harás con esos disfraces si me va bien con… Lust?”, pregunta Osmar sarcásticamente.

“Alexis ya no es mi opción porque Zaira lo marca bien, así que entraré en modo Escalante: full casting”.

“¿Sabes, Evan? Me encantaría alquilar algo como el depa donde vives, donde haya todo ese espacio como para dar shows sin sobresalto, con mucha privacidad, dormir más abrigado, recibir a los amigos cuando me dé la gana, ofrecer un café, una limonada, un trago”.

Osmar siente el brazo de su amigo y compañero alrededor del cuello:

“Te ayudaré a buscar y mudarte; ahora, vamos donde…”

Evandro vuelve a juntar su índice y su pulgar izquierdos y los hace latir. Osmar se ríe.

Al llegar al tablero de timbres, el primero mira al cuarto piso mientras el segundo busca la dirección en su celular para asegurarse de presionar el botón correcto.

“Demasiado silencio para ser una fiesta”, observa Evandro.

“Quizás sean las reglas del condominio”, supone Osmar mientras presiona el cuatro cero tres. Suena una campanilla electrónica.

“Ya sabes: llegamos, cumplimos, departimos y nos regresamos al toque a la residencial”, recuerda Evandro.

“No me digas que este coño y sus amigos se fueron a una disco”.

“¿Te dejó algún mensaje?”

“Nada”.

Osmar vuelve a presionar el botón y de nuevo suena el ding-dong-dang electrónico.

“Vamos pa’ la casa mejor”, se desanima Evandro.

“Bueno… llegamos, cumplimos, nos vamos”.

No acaban de dar media vuelta el par de galanes cuando se oye una voz como aletargada en el intercomunicador. Ambos se miran. Osmar se acerca:

“¿Gi… brán?”

“¿quién es?”, responden por el pequeño altavoz.

“Evandro y Osmar”.

“Un toque”, responden.

Evandro topa la firme cintura de su amigo:

“Este huevón ya está avanzadito; mejor nos vamos”.

La cerradura electrónica de la puerta suena. Osmar vuelve a mirar a su amigo:

“Entremos a averiguar”, propone. “Si no hay nada, nos vamos”.

En dos minutos, o menos, los dos chicos ya están en el pasillo del cuarto piso y frente al cuatro cero tres. Osmar toca la puerta. Ésta se abre. La cabeza de Gibrán se asoma; su hombro está desnudo:

“Chicos, vinieron”, sonríe el anfitrión.

 


Gibrán sirve un vaso de cola negra a Evandro (sin trago, tengo que conducir) y un cuba libre a Osmar. Viste un bóxer opaco de adelante, transparente en la otra mitad. Mientras está de espaldas preparando el trago, Evandro vuelve a hacer a Osmar la seña con sus índice y pulgar izquierdos.

“Después de la chamba, mis amigos me llevaron a comer cebiche a Chorrillos, y chela como mierda”, explica Gibrán. “Solo recuerdo que llegué a casa de noche, me duché y me eché a dormir”.

Se prepara un segundo vaso de cuba, se sienta junto a sus dos invitados y brinda.

“Por tu cumple”, anuncia Evandro. “Y yo que venía a bailar”.

“Puedes bailar si quieres”, sonríe Gibrán, “aunque sin pareja o…”

“¿O como qué?”

“¿Es cierto que tienes un negocio de strippers?”

Osmar tose atorándose con el sorbo que acaba de dar; Evandro se lo toma como si nada.

“Sí, es cierto, pero el negocio ha decaído un poco estas semanas”, explica el aludido.

“Deben ser muy caros”, continúa Gibrán”.

“Somos exclusivos más bien”, sonríe Evandro.

“¿De cuánto hablamos?”

“Treinta y cinco dólares por veinte minutos por mitra”.

Osmar solo carraspea en silencio mientras degusta su trago.

“¿En qué terminan: hilo, bóxer, o… calatos”.

“Hilo son cuarenta; calatos, cincuenta más diez minutos extra”, sigue haciendo negocios Evandro. “Eso sí: no fotos, no video; ahí el precio se dobla”.

“¿Alguna vez se han dejado grabar o fotografiar?”

“Cuando lo intentan y no pagan, paramos el show: business are business”.

“¿Y qué pasa si alguien quiere un strip-show completo de los dos? ¿Setenta dólares?”

“No, pues. Te dejamos a sesenta”.

“¿Y alguna vez han hecho un show con final feliz?”

“Alguna vez me lo pidieron: cobré diez dólares más y lo hice”.

“¿Tú también has hecho algún show con final feliz, Osmar?”

El susodicho va casi por la mitad de su trago:

“Aún no”, sonríe desmotivadamente y mirando el líquido oscuro en su vaso sobre el que flota un gajito de limón.

“Interesante, chicos”, comenta Gibrán sorbiendo otro poco de su cuba.

Evandro apura su cola negra y deja el vaso en la mesa de centro:

“Bueno, perdona por levantarte de tu sueño, nos alegramos que hayas pasado un cumpleaños divertido y… nos vemos en el gym, ¿no, Os?”

Osmar entiende el mensaje, deja su vaso sin concluir sobre la mesa de centro, carraspea:

“Si, nos vemos el…”

“¿Cuánto me cobran ambos por un show al rojo vivo… pero bien al rojo vivo?

Osmar mira algo alarmado a Evandro, quien no está sorprendido; está haciendo aritmética.

 


En menos de diez minutos, los tres varones están a luz de lámpara de mesa en el dormitorio de Gibrán bailando pegados al ritmo de un reggaetón lento, sensual más bien. Aunque el anfitrión tiene músculos marcados, no posee el volumen de sus dos visitantes: Evandro lo abraza desde atrás y con las manos sobre las filudas caderas; Osmar delante con las manos de su alumno rodeándole la estrecha cintura en tanto las suyas acarician los dorsales, o la evidencia de que allí podrían estar.

“Puedes comenzar cuando quieras”, susurra Evandro al tiempo que muerde muy despacio el lóbulo de la oreja derecha de Gibrán.

El chico toma la camiseta alicrada de Osmar y comienza a sacársela entre lento y rápido. El torso de dios griego no solo aparece ante sus ojos sino que lo puede acariciar a voluntad. Prueba a masajear las dos tetillas del hombre y los pezones se ponen duros. Afloja el cinturón, desabotona el jean, trata de bajarlo con cierta dificultad. Se arrodilla para concretar la tarea, y Osmar gentilmente flexiona las piernas para dejar que cada manga se despegue de sus poderosas piernas (previamente, ya se había quedado descalzo). Así, arrodillado, Gibrán le baja el bóxer: el pene flácido y los grandes cojones bajo el rasurado vello púbico de su instructor están frente a su cara. Los acaricia. Son suaves al tacto. No reaccionan. Entonces, toca ambas caderas y luego el enorme culo.

Gibrán sonríe, se pone de pie, da media vuelta y pega sus pequeñas pero firmes nalgas a la entrepierna de Osmar, la que parece seguir sin reacción; toma la camisa de Evandro y la desabotona de arriba abajo; la saca del todo y la tira al suelo. Afloja el cinturón, desabotona el jean, corre la cremallera, lo comienza a bajar y repite la operación de arrodillarse para que la prenda se libere de las extremidades inferiores del artista. Finalmente, baja la tanga blanca de angostas tiras y ante su cara, salta un pene que bajo la tela hacía un gran bulto, pero que ahora se extiende de frente, aparentemente erecto. Una gotita de líquido preseminal se queda en la mejilla de Gibrán conforme el glande la golpea.

“¿Puedo?, consulta a Evandro con timidez hipócrita.

“Claro”, le sonríe el varón.

Gibrán abre la boca y deja que el falo entre en ella y lo comienza a succionar con cierto chasquido. Logra tragárselo hasta que su nariz perfecta toca el recortado vello púbico

Y su mentón puede palpar el gran escroto donde parecen guardarse dos poderosos testículos. Aunque desde su perspectiva, Osmar no puede distinguir muy bien la acción, pues la cabeza de Gibrán lo tapa, inexplicablemente también siente que su pene comienza a ponerse erecto en menos de un minuto. Y bien erecto, aunque sin la lubricación que ostenta su amigo.

“Así chúpame la pinga”, seduce Evandro, quien mira a Osmar en la semipenumbra y le sonríe. “Chúpasela a Os también”.

Gibrán gira, y antes de meterse la pinga de su instructor a la boca, nota que es cabezona, medio incircuncisa, y con la base más delgada, quizás no tan larga y recta como la del otro muchacho; más bien, una del tipo hongo.

Osmar siente la humedad caliente y cierra los ojos intentando hallar disfrute en el sexo oral pero no lo consigue; de hecho, su erección va desvaneciéndose.

“¿No te gusta cómo lo hago?”, susurra Gibrán separando sus labios de la pija por un momento.

“Chupas el huevo como los dioses”, miente Osmar; pero la verdad es que su pene está semierecto otra vez.

“Chúpamela de nuevo”, sugiere Evandro (cuyo miembro se ha puesto semiflácido), y cuando Gibrán gira sobre el suelo para practicar la fellatio, Osmar vuelve a sentir que su erección retorna. Prefiere no razonarlo en ese momento.

Poco después, Evandro mete su pinga en el ano del cumpleañero, previamente protegido por un condón, él arrodillado sobre la cama, el chico boca arriba y con las manos del activo presionando sus piernas contra su abdomen y pecho. Al mismo tiempo, Gibrán mama el miembro de Osmar, arrodillado en la cabecera y con el rostro de su alumno prácticamente bajo su perineo, quien ni siquiera mira lo que hacen con su órgano sexual sino que no pierde detalle de lo que pasa justo frente a sus narices: la penetración anal en todo su esplendor.

A la una de la mañana, los tres comparten la ducha. Gibrán insiste en extraer el semen de la verga de Evandro y lo consigue. Sabe neutra, simple. Prueba entonces con la de Osmar, que a mantenido masturbada y dura, pero al metérsela a la boca, otra vez pierde rigidez.

“Perdona, estoy algo cansado”, se justifica el instructor.

Gibrán lo entiende y prefiere masturbarse sobre el piso de mayólica. Las ráfagas de semen caen a los pies de Osmar.

  

sábado, 7 de agosto de 2021

La hermandad de la luna 5.4

Contra su propio pronóstico, Christian llega al G4G. Aunque no viste llamativo como en otras ocasiones, eso no le impide voltear cabezas apreciando su rostro de niño bueno y su físico de dios griego; pero él lo ignora todo, incluso una mano que subrepticiamente le han metido en medio de sus dos nalgas.

“¡Chris!”, le pasan la voz, a la vez que siente lo cogen fuerte de la cintura; se da la vuelta y se alegra, en cierto modo.

“¡Juanchito! Pensé que hoy sería sábado familiar”.

“Problemitas que nunca faltan; ya sabes cómo son las mujeres”.

Ambos van a un privado y prefieren beber una limonada frozen “con harto jarabe”, debido a que cada cuál tendrá que salir conduciendo más tarde, si es que los planes no varían.

“Pensé que no ibas a venir, como dijiste esa noche”, le observa García.

“Nada, doctor; estaba aburrido en casa, el gym no me agotó… mejor me vine a mi ex hogar”.

García ríe.

“¿Y cómo va el caso del finado?”

“Ay, Juanito, no vine al club para hablar de trabajo; mejor otro tema, ¿te parece?”

“Ya, ya, disculpa; no quería remover tu… duelo”.

Christian prefiere ignorar también la ironía con que ese comentario estuvo cargado, y contrataca:

“¿Y esta vez por qué fue la pelea con la mujer?”

“Dice que paro más tiempo en la red que ocupándome de ella. Está loca. Trabajo duro, pago casi todos los servicios de esa casa, le compro ropa, salimos de viaje fuera del país en vacaciones, vamos a las recepciones sociales, ayudo a hacer las tareas a mis cachorros. Ya pues, ¿qué más quiere? ¿Que me quede encerrado todo el día a ver las mismas huevadas en la televisión? ¡Que no joda!”

“¿Y no será que ella huele algo? Recuerda que vas a un gimnasio que tiene cierta famita”.

“Tengo derecho a mi espacio y ella lo sabe muy bien, así como yo le dejo el suyo”.


 

Muy ajenos, en el CAMERINO, Frank y César ensayan su coreografía por tercera o cuarta vez. Los otros dos chicos que comparten el cuarto los miran maravillados por la flexibilidad.

“¿Qué les parece?”, consulta Frank.

“¿Son karatecas de verdad?”, le repregunta uno de ellos.

“Más o menos”, presume Frank.

Los otros dos strippers se miran.

“Pero… ¿y la parte sexual?”

Ahora Frank y César se miran.

“ehhh… ya improvisaremos en el escenario”, responde César.

“¿Por qué?”, se intriga Frank. “¿Qué harán ustedes?”

“Cacharemos en vivo frente a todos”, responde el otro stripper muy suelto de huesos.

Frank y César comienzan a sudar frío.

 


Desde su privado y prottegidos por la penumbra que se interrumpe de vez en cuando por los haces de luces psicodélicas, Christian y César miran cómo el resto de la gente baila sin importarle si son parejas de hombres, de mujeres, si son hombres vestidos de mujer, mujeres vestidos de hombre…

“No hay buen material esta noche”, comenta Christian. “Lo mismo de siempre”.

Juan mira su reloj: once y media de la noche.

“Veamos si el panorama mejora a continuación”, pronostica.

Christian no toma importancia a las palabras de su colega. Entonces, las luces de la pista de baile se apagan y se encienden las del escenario. Una salpimentada mezcla de música urbana comienza a sonar por los parlantes del G4G, y dos jóvenes con anteojos, camisas, pantalones de tela y zapatos negros aparecen en el escenario. Comienzan a ejecutar la coreografía que consiste en varios movimientos acrobáticos individuales y apoyándose en el cuerpo del compañero, hasta que la mezcla se hace lenta y sensual; comienzan a desabotonarse las camisas.

“¿Tanto cuesta mandar a reemplazar los botones por tiritas de velcro?”, se queja Christian en el privado.

“¿Velcro?”, consulta García.

“Esa tela que le dicen pega-pega”.

Los torsos de los bailarines son dignos de escuela de artes plásticas. Mayor perfección no se podía pedir.

“Esos chibolos no son de Collique, ¿no?”, comenta García.

“Por lo menos al Extreme no van… bueno, tampoco creo que puedan pagarlo”, sentencia Christian.

Los muchachos en el escenario se deshacen de sus zapatos y comienzan a jugar con la idea de desabotonarse sus pantalones; por lo menos, ya desajustaron sus cinturones. Por fin deciden bajarse las prendas cuando la música da un giro a un ritmo algo más lento, más hip-hop, revelando unos bóxers semitransparentes negros.

“Quieren lucirse como ese actor cubano”, comenta García.

“Solo que el actor cubano debe tener como diez centímetros más de estatura, cinco más de pinga y huevos, y… como diez kilos más”.

La mezcla de música ahora se centra en una percusión donde los bajos hacen retumbar todo, y los dos strippers se miran frente a frente, se abrazan y comienzan a acariciarse el cuerpo de arriba abajo; se juntan y se dan un beso.

“Por fin comenzó la acción”, se excita García.

El de la derecha baja totalmente el bóxer al otro y se queda de rodillas, lo que aprovecha para tomar en su boca el pene semierecto y comenzarlo a chupar. Algunos grititos se escapan del público.

Desde el CAMERINO, que está conectado al escenario por un breve pasillo, Frank y César se asoman.

“A la puta”, dice el primero. “Una cosa es que me la chupen, pero chuparla…”

“Te dije que era una mala idea”, se queja el musculoso.

“¿Chicos?”, alguien los llama a sus espaldas, y los dos machotes se asustan.

El pene del primer stripper está evidentemente duro, señal que le dice al segundo que es tiempo de levantarse y darse la vuelta. Ahora el primero se arrodilla para bajarle el bóxer, ponerlo en veinte dedos e iniciar un gran beso negro.

“¿Cómo que cambio de planes?”, se extraña Frank en el camerino.

“Ya no saldrán a escena”, anuncia Saúl, “porque… no están tan dotados como ellos”.

“¿Dotados?”, se extraña César.

“Su… picha… es… ustedes saben”, se justifica Saúl haciendo una señal con sus dedos.

Frank y César no saben si mirarse con alivio o con preocupación.

“¿Ehh… ¿entonces nos vamos?”, consulta el fisicoculturista.

“Me temo que sí, chicos; discúlpenme”.

Saúl sale del camerino.

“Caballero, nomás”, farfulla Frank.

En el escenario, ha comenzado un coito sin protección que ha puesto a toda la concurrencia boquiabierta, como siempre musicalizada con el hip-hop.

“Y yo que pensaba iba a aburrirme esta noche”, suspira Christian.

“¿Cuánto le medirá a ese chico?”, reacciona lo mismo, García.

“Fácil sus veinte”.

Mientras tanto, Frank y César terminan de vestirse para irse del local, cuando la puerta del camerino se abre: los dos muchachos se quedan estupefactos.

“Hola, chicos”, saluda Adán llevando una mochila en uno de sus hombros.

El coito en el escenario ha tomado ribetes casi salvajes hasta que el activo saca su largo y grueso miembro y hace que el pasivo gire a chupárselo.

En el camerino, Adán se acerca a Frank, mete la mano a su bolsillo y saca un llavero:

“Regresen a Santa Cruz tan pronto puedan y quédense en casa de Tito hasta que yo regrese”.

“Pero…”, objeta Frank.

“Hazme caso: Christian está en el público y, si los ve, su plan puede venirse a la mierda”.

Afuera, uno de los strippers eyacula en la boca de su compañero, quien se pone de pie y comienza a masturbarse. Quien lo penetró ahora se pone de rodillas y abre su boca.

En el camerino, Frank duda. Tras unos segundos toma la llave.

“Estaré bien”, tranquiliza Adán. “Regresen a casa”.

“¿Y Owen?”, pregunta Frank.

“No sé. ¡Regresen ya!”

Aplausos y gritos se oyen desde afuera. Es la señal inesperada para que Frank y César cojan sus mochilas y salgan, pero del local. Adán queda solo en el vestidor y comienza a quitarse la ropa, cuando da media vuelta de pronto.

“Pensé que no ibas a venir”.

“Perdona la demora”, contesta Owen aparecido de la nada y totalmente desnudo, aunque luciendo brazaletes dorados en sus muñecas.