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viernes, 3 de febrero de 2023

ASS (64): ¿Su dinero será tan limpio como su culo?

Enrique entrega primero un chequezote a José Luis, y luego ambos entregan sus nalgas a Eliezer y Salaverry.

 


“No puedo creer que finalmente lo hicieron”, reacciona Salaverry.

en la casa de campo que posee José Luis cerca de Piura están reunidos su asesor principal, Eliezer y Enrique, quien entrega un pequeño sobre al dueño de casa. José Luis lo abre y los ojos casi se le desorbitan. Mira a Salaverry y Eliezer:

“¿Y esto?”

“La historia porno gay del campeón latinoamericano de natación censurado por dopaje va a tener millones de vistas, así que el estudio se convenció de adelantar algunos pagos”.

“Pero esto es un culo”, comenta algo desconcertado, José Luis.

“Y es solo el inicio”, sella Enrique.

Salaverry carraspea:

“Va a perdonarme la pregunta, pero creo que en este punto debo hacerla: ¿el origen de ese dinero… es lícito?”

Enrique sonríe:

“Las drogas, las armas de fuego y el sexo son los negocios que mueven fortunas que escandalizan a Forbes, pero que nunca las consideran en sus conteos anuales”.

“Las drogas y las armas no tienen fuentes legales de financiamiento”, observa Salaverry. “No sé si el sexo también”.

“Casi nada tiene una fuente legal de financiamiento, pero tranquilícese: recuerde que mucha gente precompra contenido, y son millones de gays alrededor del mundo”.

Salaverry no sabe qué replicar.

“¿Y luego?”, interviene Eliezer.  “Cuando el video porno salga y la gente note que es en la Piscina Comunitaria, y lo conecte con los días que cerramos, quizás cuestionen a José Luis”.

”Todo está bajo control”, sonríe Enrique. “Mientras no se reprima a la comunidad gay o bi, será la misma comunidad la que proteja a José Luis, y vote por él”.

Eliezer y Salaverry se miran algo escépticos, pero el cheque de cinco dígitos –cuatro ceros—parece tranquilizarlos por ahora.

“Celebremos, ¿no?”, anima José Luis, quien se levanta, se acerca a enrique, lo abraza y le da un beso en la boca; le hace una seña para que lo siga.

Cuando ambos se ponen en camino, Salaverry mira a Eliezer quien le contesta con una sonrisa, un guiño de ojo y la misma seña para seguir a los dos primeros amantes.

Ya en el cuarto de José Luis, los cuatro varones se desnudan por completo. Se arrodillan en el centro de la cama haciendo una cruz con sus piernas. Se abrazan, se acarician las espaldas y los culos, se besan en la boca. Sus cuatro penes comienzan a ponerse duros, y aunque no son iguales en tamaño, se hacen contacto. Los de enrique y de Salaverry brotan mucho líquido preseminal.

“Hagamos ronda”, propone el mexicano.

Enrique besa el cuello a Salaverry, éste hace lo mismo con el de José Luis, éste con el de Eliezer y finalmente este último con el de Enrique. Así se cierra todo el circuito.

A continuación, enrique  y José Luis se ponen en cuatro patas abriendo bien las nalgas. Salaverry lame el ano a su jefe, José Luis;Eliezer vuelve a disfrutar del trasero azteca de Enrique. Los dos beneficiarios del beso negro juntan sus labios y sus lenguas.

Cuando los anos de esos dos hombres están dilatados, Salaverry unta con su líquido preseminal el agujero de José Luis, mientras Eliezer se coloca un condón y le unta mucho lubricante; lo coloca y comienza a empujar. Salaverry también se protege con un condón y comienza a meter sus 18 centímetros gruesos y venudos dentro del culo de su jefe.

En un par de minutos, el sexo anal comienza a calentar motores. Bombeos lentos que poco a poco se irán incrementando hasta el clásico chasquido de las caderas contra las nalgas de los pasivos, quienes ahora gimen y jadean como condenados.

Salaverry disfruta viendo cómo su pinga entra y sale del culo de José Luis; eliezer se solaza viendo el gesto del otro asesor, casi no toma atención de cómo sodomiza a Enrique. Entonces, Salaverry forma en su rostro ese rictus característico de que la eyaculación está cerca:

“Las voy a dar, mierda”, avisa.

Salaverry ruge: es evidente que ya llegó al orgasmo. Eliezer lo comprueba porque deja de moverse, saca su pene con el condón manchado de blanco, signo inequívoco que ya expulsó su semen. Recupera el aliento y se relaja.

José Luis se levanta:

“Luces intelectual y todo eso, pero a la hora de cachar, eres arrechísimo”, le dice.

Salaverry solo sonríe mientras se seca una gotita de sudor que cae por su frente, y se soba su pene semi-flácido.

Eliezer tiene para rato aún, pero sabe que el culo de Enrique es aguantador.

José Luis hace otra seña a Salaverry. Ambos se van a la ducha.

Ya dentro, bajo el agua, el dueño de casa acaricia el velludo cuerpo de su asesor mientras le unta el jabón.

“Me encanta cómo me cachas… ¿por qué preguntaste a Enrique si su dinero es limpio?”

“Me gusta  tu culo porque sigue bien firme, pelu; pero… ¿acaso no viste la cantidad de ceros que tenía ese cheque? Encima, son dólares. ¿Cómo vamos a justificar eso ante la Onpe?”

José Luis da un beso en la boca a salaverry, a la vez que le acaricia la pinga y las bolas:

“Lo pitufeamos como hacen todos… Para eso contraté al hijo del Capi. Enrique tiene a sus chicos. Ya he pensado en eso”.

“¿en serio no te preocupa que pueda ser plata de narcos? Es cuerpón, vergón, hermoso culo, se nota que aguanta bien la pinga; pero también es mexicano, joven, con plata suficiente para comprarse de un sopapo una casa en Los ejidos. ¿en serio crees que la pornografía gay dé tanto?”

“Si fuera narco, alguno de nuestros amigos policías nos hubiera dicho algo, en especial esos que les gusta meter pinga y que les metan bien la pinga”.

“¿Y si quizás no nos dicen nada porque… también te están investigando? Recuerda que fui policía, trabajé en Inteligencia. Si debemos dejar que nos metan un dildo por el culo con tal de conseguir información valiosa, nos abrimos de nalgas”.

José Luis mira a Salaverry con cierta perplejidad mientras le sigue acariciando el pene y los testículos, tanto, que otra vez hay una erección.

Afuera, Eliezer sigue cachando con intensidad el culo de Enrique.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

domingo, 29 de enero de 2023

Gozando nuestros culos en simultáneo

Si su cuerpazo ya me había sorprendido, me sorprendió mucho más la pose que hicimos para disfrutar de nuestros anos.

 


Hola. De nuevo soy Gonzalo. Con esto de las protestas, la empresa para la que trabajo ya no nos está enviando al sur ni a la selva del Perú, así que ha decidido reforzar la chamba en el norte.

Mis jefes me comisionaron para ver unas vainas y yo acepté gustoso. Con un poco de suerte, podría darme un salto a esa playa solitaria, si seguía solitaria, para estar un rato cachando a ese pescador que conocí la vez anterior.

Lo primero que hice fue mensajearlo. Al responder me dijo que esos días estaba en alta mar, en plena faena, y que era complicado que nos reunamos. Ni modo, dije. No tiene sentido ir a la playa. Encima, llegando a Piura, mis jefes me escribieron que esté atento porque deseaban cerrar negocios con un cliente, así que no podía moverme de la ciudad. Y tal cliente no tardó en aparecer. Me llamó al celular y me pidió que me reúna con él.

Como para mí el calor acá está fuerte, me puse una camisa delgada y un pantalón delgado muy fresco. Me presenté a la oficina del cliente: un pata casi de mi edad, guapo, en una oficina muy ventilada y vestido en polo. Me recibió.

Cuando se levantó para saludarme, me percaté que vestía una bermuda. Mi ojo clínico al toque se dio cuenta que el pata tiraba su gym.

Hablamos del negocio, llegamos a buen trato; me ofreció celebrarlo:

“Te invito a comer a mi casa”, me dijo.

Como supondrán, yo no podía negarme porque acabábamos de cerrar parte de un trato. Así que me subí a su camioneta. Allí dentro pude confirmar que sus brazos y piernas eran puro gym. Lo mismo su torso. No pregunté. Cuando entrenas también, desarrollas un ojo clínico. Procuré ser discreto y comenzamos a hablar de otras huevadas.

Conforme avanzamos, me di cuenta que salíamos de la ciudad. En cuestión de media hora, o más, llegamos como a un fundo lleno de algarrobos. Y, escondida entre ellos, una linda casa con su jardín. Bajamos.

La sombra de los árboles atenuaron el calor un poco a la vez que refrescaban el aire. De más está decir que me sentía complacido respirando aire puro. El pata regresó:

“Mira, van a demorarse una media hora en traer el almuerzo… ¿estás apurado?”

“No”, le respondí. “Para nada”.

“Mostro”, me dijo. Se fue por ahí hablando por su celular.

Si hubiese estado solo, hacía rato que me hubiese calateado y recorrido ese fundo a mis anchas, pero… era solo un invitado.

El pata regresó:

“Adelante, por favor. ¿Quieres tomarte algo helado mientras nos traen la comida?”

“Claro, por qué no”.

Dentro de su sala hacía un poco de calor, hasta que viendo a la mampara del fondo creí notar algo parecido a una piscina o una fuente. Asumo que el pata se dio cuenta.

“¿Quieres darte un chapuzón?”, me dijo.

Yo me avergoncé un poco.

“No traje ropa de baño”, me justifiqué.

“Yo menos”, dijo el pata. “¿Si quieres, báñate calato”.

“Pero, ¿y tu familia?”

“Mi esposa está trabajando en Piura, mis hijos están en vacaciones útiles, esto solo lo ocupamos los fines de semana… salvo que te paltee estar calato; entonces, lo entendería”.

“No… no me paltea estar calato en una piscina”.

No quise ser majadero. Levanté mi culo de ese sofá y seguí al pata. Por cierto, tiene un hermoso culo, o al menos eso traslucía la bermuda que se puso.

Abrió la mampara. No era una piscina propiamente dicha, pero esa agua cristalina que brillaba al sol no podía desaprovecharse. Me quité mi camisa, mis zapatos frescos, mi pantalón y mi bóxer. Me metí al agua: estaba tibia.

La fuente no era profunda. Me senté y solo me cubría hasta el pecho. Qué rico sentir el agua cubriendo mi cuerpo desnudo. Cerré los ojos. Disfruté el momento.

“Tu trago”, me dijo el pata sacándome de mi meditación.

Estaba calato también. No me había equivocado: su cuerpo era puro músculo magro, bien esculpido en el gym con ese tono trigueño oscuro que resaltaba sus formas. Su pene parecía normal. Su vello púbico parecía recortado. Era más lampiño que otra cosa.

Se metió a la fuente junto a mí. Chocamos los vasos.

“Por el inicio de una fructífera relación… de negocios”.

“Porque todo salga bien… en los negocios, quiero decir”, respondí sonriendo.

Me preguntó qué me parecía la jato; le dije que bravaza.

“Vas al gym, ¿no?”, me lanzó.

“Sí”, le respondí extrañado. “Tú… también, ¿no?”

“Sí… algo”.

“Tienes un cculazo... ¡perdón! Un cuerpa…”

El pata se carcajeó. Yo me arroché más.

“No eres el primer pata que me lo dice”, me tranquilizó palmeándome el hombro. “Lástima que no pueda devolverte el cumplido”.

“¿Por qué?”, pregunté aún arrochado.

“No he visto tu culo aún”.

“¿Quieres verlo?”

“Si deseas”.

Yo sonreí y, sin tanto roche, me puse de pie dándole la espalda.

“Redondito, blanquito y lampiño… ¿puedo tocarlo?”, me dijo el pata.

“Sí, creo”.

Sentí sus suaves manos  primero tanteando, luego sobando, finalmente acariciando. Mi pinga se estaba poniendo dura. Entonces sentí  que con dos de sus dedos me separaba mis nalgas justo a la altura de mi agujero.

“Estás pito”, me dijo.

“¿Tú también estás pito?”, le devolví.

“A ver… mira”.

Giré. Él se había puesto de pie y se había apoyado en el filo de la fuente. Separó sus piernas, como en las cárceles gringas, y me miró sonriendo. Yo, ya sin roche y con mi pinga bien dura, me agaché a verlo. Le separé sus nalgas.

“Creo que también estás pito”, le observé.

“Bien pito”, me confirmó. “pero creo que tú te mueres por clavarme esa pinga en mi culo, ¿o no?”

“¿Por qué dices eso?”, me palteé.

“Porque la tienes bien al palo, y seguro con la leche a punto de derramarse”.

Yo me quedé helado.

“Ven, hagamos algo”, me invitó.

Fuimos hasta uno de los dormitorios, y así calatos nos echamos frente a frente. Nos revolcamos abrazados en la cama mientras nos besábamos en la boca. Nuestras pingas duras se presionaban una contra la otra. No saben lo rico que se sentía todo eso. Entonces dejó de besarme:

“Déjame hacerte un beso negro, y tú me lo haces a mí también”.

“si solo es beso negro, chévere; pero, ¿quién comienza?”

“Hagámoslo al mismo tiempo”.

Yo me quedé idiota. ¿Cómo iba a hacerse eso? Sin embargo, ese piurano tenía un método: haciendo el clásico 69, comprimiendo un poco los abdominales, era posible que nuestras lenguas pudieran alcanzar los anos y las nalgas del compañero mientras nuestras pingas se frotaban contra nuestros pechos y nuestras bolas bailaban en nuestros cuellos. Las caricias de su lengua en mi ano eran por demás placenteras; imagino que las mías en el suyo lo eran igual.

Ni en mis más arrechos sueños húmedos hubiera pensado en ese modo de darnos placer al mismo tiempo, mucho más cuando comenzamos a pajear nuestros penes a puro movimiento de cadera. Sudábamos, pero, qué mierda, esto era mil veces mejor que meterla en su ano.

Y así, entre lamida, caricia y frotación, no pude más y le solté todo mi semen en su pecho. Me prendí a su ano y sus nalgas como si fuese mi más querido muñeco de peluche.  Yo solo jadeaba.

Minutos después, pude sentir su eyaculación caliente en mi pecho. Él siguió haciéndome el beso negro.

Entonces sonó su celular. Se levantó y lo contestó. Pude ver toda su espalda, culo y piernas bien formados. ¡Qué cuerpazo me había comido esa mañana! Cortó.

“Bañémonos en la ducha: el almuerzo está por llegar”, me avisó.

“Oye… ¿te gustó?”

El pata me sonrió:

“¡Me encantó! Y ahora que vamos a estar haciendo negocios, lo vamos a repetir. ¿No crees?”

Yo sonreí. Definitivamente esa era una buena idea.

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viernes, 27 de enero de 2023

ASS (63): “Méteme tu verga”

Julián pide ser pasivo otra vez, y ahora aguantándose la gran verga de Marcano.


A la mañana siguiente, jueves, Julián está en el vestuario de la Piscina Comunitaria totalmente desnudo, revisando la tanga que lucirá ese día para la grabación.  Esta vez es una de color naranja casi fosforescente.

Alguien ingresa. Julián no hace esfuerzo alguno por cubrir su pinga, sus huevos o su culo. Más bien, le llama la atención el muchacho alto y corpulento que acaba de entrar. ¡Qué hermosa anatomía! Además, ese rostro es guapísimo.

“Hola”, saluda el recién llegado blandiendo una sonrisa magnética.

“Hola”, responde Julián, algo fascinado.

“¿Tú eres el nadador?”

“Eso dicen”, sonríe Julián.

El otro muchacho ríe.

“Yo soy Marcano, pana; mucho gusto”.

“¿Eres… venezolano?”

Marcano comienza a desnudarse y descubrir su cuerpo de revista fisicoculturista poco a poco.

“Sí… haremos las escenas sexuales de esta mañana juntos. ¿Has pensado cómo?”

Marcano queda completamente desnudo. Julián no evita verle el pene largo, aunque dormido. Supone que al ponerse erecto va a ser una herramienta de dimensiones colosales.

“La verdad no tengo idea”, responde el nadador.

Marcano revisa la prenda que le han asignado. Sonríe. Es un hilo dental blanco. Comienza a ponérselo.

“Se me ocurre… que… nos dejemos llevar… ¿eres activo, pasivo, versátil?”

“Aún no lo tengo claro”, dice Julián. “Pero creo que tu sugerencia es válida… dejémonos llevar”.

La sorpresa para todos es que Marcano nada a nivel experto. Así que se les ocurre hacer una competencia de estilos con Julián.

Willy, como siempre, graba todo desde todos los costados de la piscina.

Ambos chicos llegan a los podios, emergen y se quitan las gafas de natación.

“¿Quién ganó?”, pregunta Julián muy contento.

“Creo que ninguno… llegamos empates”, responde Marcano.

“¿Desempatamos o qué?”

“Tengo una mejor idea”.

Ambos se meten bajo la ducha del vestuario. La abren. Mientras el agua recorre sus cuerpos, se acarician mutuamente, se abrazan, no tardan en besarse. Separan sus bocas por un instante:

“¿esto es premio o castigo?”, sonríe Julián.

“Es la gloria completa”, susurra Marcano.

Ambos siguen amándose con pasión.

Marcano, entonces, comienza a besarlo por el cuello y bajando hacia cada tetilla, el vientre, hasta que, arrodillado, comienza a mamar el pene de Julián. Con qué maestría Marcano se mete y saca el miembro ya duro de su nuevo amante.

El nadador no puede disimular el placer que le provoca esa fellatio.

Marcano deja de mamar la pinga, acaricia la cadera de Julián, y lo hace girar amigablemente.

Cuando el musculoso tiene ante sí el culo del nadador, no espera más y le separa las nalgas a la vez que dirige su lengua a toda la raja y después a todo el ano. Julián se siente en la gloria. Hace minutos que espera esa sensación.

Willy no deja de seguir toda la acción mediante su cámara.

Varios minutos después, Marcano deja de hacer el beso negro y se pone en pie:

“Chúpamela”, pide.

Julián, aún extasiado por la caricia que ha recibido el ojo de su culo, gira, se arrodilla, toma el pene de Marcano y se lo mete a la boca con ansiedad. A cada nueva succión, ese pedazo de carne crece hasta sus enormes proporciones.

Lo que al inicio parecía tarea fácil con un pene morcillón suma grados de dificultad conforme se engrosa y se extiende hasta sus 21 centímetros. La boca de Julián no está acostumbrada y siente arcadas por más que trata de mentalizarse.

“Lo haces riquísimo, pana”, lo anima Marcano. “La chupas delicioso”.

Es como un interruptor: Julián fluye mejor con la mamada y comienza a disfrutarla más. Lo mismo Marcano.

“¿Quieres lamerme el culo?”,consulta Marcano.

“¡Me encantaría!”

El venezolano gira y pone sus enormes y firmes nalgas al alcance de la boca de Julián, quien ya aprendió que, en esos casos, no debe pedir permiso, solo proceder. Lame los dos glúteos, lame la raja, saborea el ojo de ese culo. Marcano también experimenta esas deliciosas cosquillas:

“Así, pana. AAsí. Cómete bien mi ano”.

Ese beso negro también dura varios minutos hasta que Julián cesa, palmea una de las nalgas y lanza un pedido inesperado:

“Méteme tu verga”.

Marcano gira, duda un poco. Sonríe nervioso:

“¿En serio quieres sentir mi verga?”

“Confío en ti”.

Marcano desea hacerlo, pero no tiene lubricante a mano y él sabe lo que significa meter su pene erecto en ese culo que, evidentemente, no está entrenado para ese tipo de dimensión y acometida. . entonces ve algo y lo toma: una barrita de jabón que hay cerca de una de las regaderas.

Como ambos tienen sus cuerpos húmedos, la soba entre sus manos, hace espuma, la frota contra el ano de Julián y luego la frota en su pene, de paso que lo pone más duro.

Ubica el glande en el esfínter y comienza a empujar. Julián aplica las lecciones que aprendió cuando Miguel se la metió el día anterior: se relaja, respira profundo y despacio, trata de expandir su ano y permite que el glande de Marcano ingrese poco a poco. Obviamente, Marcano sabe que la paciencia es la clave.

Conforme le va introduciendo un centímetro más, va bombeando despacito. Julián siente que esa pinga duele más pero trata de resistir hasta que un súbito hincón viene de su ano.

“Au”, susurra mientras hace un gesto de dolor.

“¿Sigo?”

Julián respira un poco, se tranquiliza:

“Sigue”.

Marcano juzga que no debe meter todo su falo. Cuando llega a la mitad, comienza a bombear despacio mientras acaricia el atlético cuerpo de su amante, quien siente que le succionan todo el cuerpo por el ano.

“así, pata, qué rico”, suspira.

A Marcano le encanta meter su pene dentro de un agujero apretadito. Eso lo excita más. Mucho, más bien. Cuando menos se da cuenta, gran parte de su miembro ya está dentro de las entrañas del nadador.

La escena de sexo nada simulado continúa dentro de esa ducha donde un insólito Julián vuelve a ser pasivo mientras un musculoso y aventajado Marcano lo sigue poseyendo con gentileza y sensualidad. Ambos gimen y jadean.

Cuando la gran verga del venezolano ya está toda enterrada dentro del culo del nadador, y su cadera empieza a chocar contra esas firmes nalgas, el orgasmo se hace inevitable:

“Me vengo, pana. ¡Me vengo!”

“Dame tu leche, quiero tu leche”.

Marcano saca su pene, se pajea duro y eyacula sobre la nalga derecha de Julián. Una densa mancha blanca se desliza por toda la pierna del pasivo, quien gira, se abraza a su cachero, y sobándole el pene aún duro, lo besa en la boca.

“¿Te gustó?”, pregunta el sonriente venezolano.

“Bravazo”, responde el peruano, también sonriendo.

Se siguen besando. Willy corta la escena. Ambos actores descansan, por fin.

“¿Te sientes bien, pana? ¿Te hice daño?”, averigua Marcano.

“Me arde un poco”.

“a ver, gira”.

Julián hace lo que le dicen. Marcano se arrodilla, abre las nalgas y revisa el ano. Solo está rojo de la penetración, pero NO SE OBSERVAN OTRAS LESIONES.

“Todo parece estar en orden”.

“Gracias”, responde Julián.

Marcano abre la ducha y se asea:

“Tienes lindo cuerpo… y lindo culo, pana”.

“Gracias. Tú tienes un cuerpazo, Y UN CULAZO… y una pingaza”.

“¿ya te has comido vergas como la mía?”

“No… es la segunda verga que me como, y en solo veinticuatro horas”.

Marcano sonríe:

“Tenía miedo de romperte ese culo apretado; menos mal que aguantaste”.

Julián ríe.

“¿también vives en San Sebastián?”

“Sí, y también conozco a alejo y Miguel; de hecho, entrenamos juntos”.

“Me gustaría verlos de nuevo; son buenos patas”.

“si tienes libre, ¿por qué no nos visitas? A los chicos les va a encantar, creo”.

“No sería mala idea”, responde Julián. “¿estarán libres el sábado?”

Y para terminar, mira un video porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 


viernes, 6 de enero de 2023

ASS (60): Miguel es un maestro

Willy mira por primera vez cómo otro pata saca de pito a otro pata metiéndosela por el culo.



Las grabaciones en la Piscina Comunitaria se retoman a las tres de la tarde de ese miércoles. Miguel y Julián nadan un largo completo.  Willy no los pierde de vista a través de la cámara.

Los dos muchachos llegan a los podios.

“Nadas muy bien”, califica Julián.

“Gracias... y eso que le he perdido la práctica”.

“Si lo aprendes una vez, no se te olvida nunca”.

“Eso es cierto”, apoya Miguel. “Como cuando aprendes a bailar y eso no se te olvida nunca”.

“O cuando aprendes a cachar rico”, replica Julián, sonriendo pícaramente. “Me pregunto qué se siente ser pasivo”.

“¿Quieres aprender cómo ser un pasivo?”

“Me llama la atención, pero me jode el que pueda dolerme si me meten la pinga por el culo”.

“Bueno, no voy a negarte que duele al inicio, pero si sabes la técnica correcta, lo puedes convertir en una experiencia muy placentera”.

“Hablas como todo un experto”, sigue sonriendo Julián. “¿Qué tal eres como maestro?”

Willy se sorprende al escuchar este diálogo pero no dice nada. Se supone que esta producción no tiene guión, debe fluir orgánicamente, así que solo se dedica a grabar y vigilar que el audio sea comprensible. Pero un presentimiento comienza a ponerle el pene duro a su máxima expresión. Corta.

En el camerino, Julián abre las piernas dejando la banca en medio de ellas y apoya sus antebrazos en la tabla para sentarse. Miguel  se agacha tras él, masajea las nalgas lampiñas y comienza a lamerlas tiernamente. Julián no disimula el placer que le produce esa caricia en su trasero.

Poco a poco, Miguel va paseando su lengua hasta llegar al ano del nadador, que luce cerradito y rosado. Comienza a lamerlo. Para Julián, sentir nuevamente, por segunda vez en ese día, aquella experiencia es alucinante. Esas cosquillas se sienten tan bien que solo queda jadear y gemir.

“Voy a poner mi dedo, Julián; confía en mí”, anuncia Miguel.

“OK”, responde el nadador.

Miguel toma un tubito de lubricante, lo esparce generosamente  por su dedo índice (previamente ha llegado con las uñas bien recortadas) y comienza a masajear el ano de Julián. Nota que comienza a relajarse. Miguel prueba metiendo la punta de su dedo índice.

“¿Cómo te sientes?”, consulta.

“Normal”, susurra Julián.

Miguel prueba a meter un poco más su dedo dentro del ano de su amante y a moverlo un poco. El Lubricante en exceso evita cualquier laceración involuntaria en la delicada piel interna del fundillo.

“¿y ahora cómo te sientes?”

“Bien… se siente rico”

Miguel intenta ahora meter su dedo medio del mismo modo como lo hizo con su dedo índice, lentamente, sin apuro. Julián siente un pequeño escozor que estremece todo su cuerpo.

“Respira hondo y lento, Julián”, recomienda Miguel. “Hondo y lento”.

El deportista sigue la recomendación. Se estremece  un poco más. Siente cómo cierta energía se despierta en todo su vientre. Miguel mete y saca sus dos  dedos y percibe que el músculo anal se relaja mucho más. Ir lento es la clave.

Con su otra mano, Miguel comienza a masajearse el pene para lograr su erección.

“¿estás listo para recibir mi verga?”, consulta.

“¿No me dolerá?”, pregunta entre temeroso y excitado, Julián.

“Trataré que no mucho… confía en mí”.

Miguel hace que Julián levante su culo y él se pone en pie. Unta mucho lubricante a su pene ya erecto y coloca el glande en la entrada del ano. Por ahora, solo mete lentamente la cabeza de su falo y puntea procurando que no se salga. Julián comienza a gemir tratando de controlar el dolor leve y buscando maximizar el placer: respira hondo y lento.

Miguel trata de meter un poco más, y lentamente el resto de sus 18 centímetros van ingresando. Se toma todo el tiempo del mundo hasta que su pubis por fin toca las dos nalgas duras del nadador. Comienza a bombear lentamente.

Miguel sabe lo que significa aguantarse una verga en el culo, por eso es gentil. La idea es que la sensación de placer que producen las terminales nerviosas en el esfínter se transmitan a todo el cuerpo, entonces, no tiene sentido ser rudo, especialmente si jamás en tu vida te la han metido por atrás.

A Willy le parece surrealista asistir y filmar lo que parece ser la primera vez de un pata. El pene dentro de su pantalón sigue durísimo y pugnando por salir.

Miguel no aguanta más y siente la inminencia del orgasmo.

“¿Telas doy dentro?”, pregunta muy excitado.

“Sí… quiero sentir eso”, responde Julián en el mismo tono.

Miguel eyacula dentro del culo de Julián, aunque éste último solo siente cómo late el miembro aprisionado por su recto. Miguel deja de moverse y, de paso, deja su pene dentro  de allí hasta que solito se vaya poniendo blando. Recién entonces lo retira todo flácido y con algunas trazas de semen; le tranquiliza que no haya sangrado.

Willy dirige la cámara hacia el ano de Julián. Aún está dilatado y húmedo debido al lubricante. Además está un poco rojo, con algunas manchitas de semen.

“¿Cómo te sientes?”, pregunta Miguel.

“Chévere”, susurra Julián, quien se incorpora, gira, busca la boca de su amante y lo besa. “Eres un gran maestro”.

Willy anuncia que ya ha cortado. Miguel se le acerca y le toca la bragueta.

“La tienes durísima”.

Miguel se arrodilla, abre el cierre al camarógrafo y le saca la picha; se la comienza a chupar. Julián decide que lo mejor será ducharse. Antes se toca el ano. Lo siente aún húmedo.

Entonces siente que algo caliente comienza a fluir desde allí hacia sus piernas. Se asusta:

“Chicos… ¿qué es?”

Miguel se aproxima y sonríe:

“Tranquilo, es solo mi leche saliendo de tu culo”.

“¿Nada más?”

Willy se acerca también:

“No, nada más. Miguel fue magistral sacándote ese culo de pito”.

“Y ahora seré magistral mamándote la verga”, le indica.

Cuando enrique entra, Willy ya ha llenado la boca de Miguel con su semen. Sonríe y mueve la cabeza.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

sábado, 24 de diciembre de 2022

ASS (58): el primer facial de Julián

Mientras alejo le enseña al nadador cómo chupar bien el pene, el hombre que espiaba todo en la piscina resulta tener su nivel de arrechura.



Enrique escribe en el cheque, lo desglosa del talonario y se lo da al hombre delgado, joven, que está parado frente a él en el vestuario de la Piscina Comunitaria. El hombre, cabello negro crespo y barba en el rostro no rasurado hace un par de días,  se sorprende al leer la cifra:

“¿tanto, míster?”

“Creo que es suficiente, carnal, para que no le digas a nadie lo que estamos haciendo aquí”.

“Pero yo no pensaba contarle a nadie que están haciendo porno entre patas”, se ruboriza el hombre. “ya le dije que vine a ver mi cargador y cuando me di cuenta… pues… ese chico se estaba cachando al otro joven…”

“¡Estás seguro que no te mandaron Eliezer o José Luis?”

“No, señor, ya le dije que me olvidé mi cargador, vine y no pensé que iba a encontrarme…”

En eso entra Flavio con su escultural cuerpo cubierto por la bata de baño. El hombre delgado calla por vergüenza.

“¿ya arreglaron?”, pregunta a enrique.

“ya, aunque dice que no pensaba echar aguas”.

Flavio mira al hombre, aún aturdido; le sonríe.

“No le veo pinta de querer delatarnos”. Entonces, se dirige a Enrique: “¿Te contó Alejo que lo descubrió pajeándose mientras veía a lo lejos cómo yo cachaba con Julián?”

“Eso es lo que le conté al señor aquí”, se defiende el hombre.

“Además, Alejo me contó que parece tener un buen pene”, agrega Flavio.

Enrique sonríe:

“No pretenderás hacer lo que estoy sospechando”.

Flavio habla nuevamente con el hombre:

“¿¿me permites un momento?”

“¿Qué?”, reacciona el varón, todavía aturdido.

“Confía en mí”.

Flavio toma la camiseta del hombre y se la quita. Su cuerpo delgado es en realidad marcado de músculos con algo de vello en pecho y abdomen. Entonces, Flavio afloja el cinturón, desabotona el pantalón y baja la cremallera, y hala el pantalón hasta las rodillas.

“Lindas piernas”, comenta Flavio.

“Juego fútbol en segunda división… los fines de semana”.

”ah, eso explica tu culo redondo y durito”, comenta Flavio mientras palmea levemente el trasero del hombre, quien parece no estar incómodo. “ahora, la prueba de fuego”.

Flavio baja el bóxer medio raído, igual, hasta las rodillas, y puede ver un pene más o menos largo debajo de una abundante mata de vello púbico.

“¿¿Cuánto te mide?”

“No lo sé, joven”.

“¿Puedo?”, susurra Flavio en su clásico tono seductor.

“Claro… si desea”.

El actor y modelo porno comienza a chupar el pene al varón, quien mira el sexo oral mientras siente cómo esa lengua y esos labios le masajean la virilidad de forma magistral. La erección se produce en cuestión de un minuto.

Enrique no pierde detalle; se acomoda su pene ya duro dentro de su pantalón.

Afuera en la alberca, se supone que Julián ha desafiado a Alejo para hacer un largo de ida y vuelta.

“el perdedor mama el pene al ganador”, retó ante cámara antes de lanzarse al agua.

“Trato hecho”, le respondió a Alejo.

Adrede, Julián llega a décimas de segundo después que su contrincante.

“Puta madre… tendré que tragarme esa pija”.

“Te va a gustar mi pija”, responde Alejo, sonriendo.

Ambos salen del agua, van a la banca donde antes Julián se estaba pajeando. Willy los sigue con la cámara. Los dos talentos llegan aún en su tanga de natación, sus gorras y sus gafas para el agua.

Julián se sienta en la banca mientras Alejo permanece de pie para bajarse la tanga. Lo hace.

“Trágate  toda mi pija”, pide.

Julián, en realidad,  traga un poco de saliva, abre la boca y se dispone a pagar el reto. Jamás en su vida ha chupado pinga. Le dijeron que eso no se hace porque ‘eso no es de hombres’; pero hay algo en la verga de este hombre que le hace imposible dejar de succionar y succionar hasta que consigue hacerla crecer hasta sus 18 centímetros.

Para Julián es raro y nuevo el sabor del líquido pre-seminal, algo salado pero tampoco desagradable. Dicho sea de paso que alejo aprendió con esto de hacer porno lo importante que es tener la pinga y los huevos bien perfumados y limpios.

“Trágate toda mi pija”, insiste Alejo muy cariñosamente, mientras acaricia la cabeza a Julián, pero el novato mamapenes apenas si consigue meterse la tercera parte del falo erecto.

“No es fácil”, sonríe algo frustrado.

Alejo entiende que esto puede estropear la toma, así que hace algo que no debería estar en el guión… aparte que no hay un guión concreto.

“Ponte de pie… yo te enseño”.

Julián se sorprende un poco pero acepta; toma el lugar de Alejo quien ahora le baja la tanga:

“Se hace así”.

Alejo, por primera vez ante cámara, abre su boca y mama el pene del nadador con una maestría que deja a Willy como estúpido por lo que aprecia en el viewfinder de la cámara.

Los 16 centímetros de Julián ya están duros, entrando y saliendo de la boca de Alejo, quien la mama por algunos minutos más hasta que se detiene:

“¿ya sabes cómo hacerlo?”, se pone de pie. “Ahora es tu turno”.

Julián se arrodilla y trata de imitar la lección. Lo consigue en parte. Tácitamente, los talentos y el camarógrafo entienden que esa escena será un toma y dame.

“Así, Julián, la mamas rico”, dice alejo excitado, aunque en realidad su compañero sexual aún tiene problemas para embocarse todo su miembro. “¿Te la vuelvo a chupar?”, le consulta luego de unos minutos.

Julián acepta y vuelve a ponerse de pie; Alejo se la vuelve a chupar mientras le acaricia el redondo y firme culo.

“También quisiera mamarte el orto”, le dice al nadador.

“Claro”, susurra su compañero girando y agachándose sobre la banca.

Alejo le separa las nalgas y descubre el ano cerradito y rosado a Julián. Besa cada cachete, los lame; al fin se lanza a la conquista del agujero rectal.

Al experimentar esas placenteras cosquillas, Julián se siente en la gloria, tanto que comienza a pajearse.

Willy hace verdaderos malabares para lograr una toma perfecta porque la acción se da por ambos lados.

“Las voy a dar, las voy a dar, carajo”, susurra Julián muy excitado. “¡Ohhh!”

Ráfagas de su semen caen sobre la mayólica especial de la alberca.

“Arrodíllate”, pide Alejo.

Julián lo hace.

Alejo pone su pene a la altura de la boca de Julián, se masturba tan fuerte como puede. El nadador no sabe si abrir o cerrar los labios.

Tras unos minutos, Alejo eyacula sobre  el rostro de Julián dando un suspiro fuerte y viril.

Hace que el nadador se ponga de pie y comienza a lamerle el rostro limpiando su propia leche. Julián trata de disimular su desconcierto.

“Gracias”, le dice alejo, sonriendo en voz baja cuando termina de limpiarle la cara de su propio semen. Sella todo con un besito en la boca.

Willy corta la grabación.

“De la puta madre”, califica asombrado.

Adentro en el vestuario, Flavio también recibe el semen del hombre que estaba espiando toda la escena; se lo traga.

“Rico; yo creo que sí califica”, dice a Enrique.

El hombre está sudando del puro orgasmo; también mira a Enrique:

“¿ya me puedo ir?”

Enrique sonríe:

“¿y si te propongo otro trato?”

    

lunes, 12 de diciembre de 2022

Ser Rafael 17.1: Perdón al desnudo


el lunes, justo un día después de regresar del viaje relámpago a la sierra, salí del trabajo poco después de las cinco de la tarde, como era mi costumbre.

Apenas llegué a la calle, lo encontré allí parado como si nada.

“¿Listo, Rafo?”

Me alegré de verlo.

“Claro, Tuco. Pensé… pensé que no ibas a venir”.

No me respondió. Me palmeó en el hombro y caminamos hasta el gimnasio.

No hablamos más que de los planes del negocio y de las cosas del trabajo. No se mencionó más que eso ni al entrenar, ni cuando nos bañamos, y menos cuando regresamos a casa con Laura. Bueno, la razón es obvia.

Esa noche, los tres pusimos en blanco y negro todos los pasos que tomaríamos para que la creación de Josué se fuera concretando.

“Hoy me vieron la taleguita en el trabajo, y por lo menos dos patas se acercaron a preguntarme dónde la había comprado”, relaté.

“Hablas huevadas”, desconfió el Tuco.

“¡Verídico, hermano! Les dije que les podía conseguir, si deseaban”.

“Ay, claro. Ustedes viajan, compran cosas y a mí no me consiguen nada”, reclamó Laura.

Me levanté de la mesa, fui a mi cuarto y regresé con el tapete multicolor. Laura abrió la boca de asombro y se acercó para colgarse de mi cuello y darme muchos besos.

Josué siguió viendo los papeles que había llevado en tanto que mamá salió con tazas de café que trajimos de la sierra. El aroma era deliciosamente penetrante.

Mi madre también se sentó con nosotros, miraba cómo trabajábamos y de vez en cuando nos lanzaba ideas. Buenísimas, por cierto.

Terminamos casi a medianoche.


el resto de esos días, tras el gimnasio, Laura y yo regresábamos a mi casa y nos poníamos a trabajar en el proyecto de automatización del negocio. Decidimos tomarnos, incluso, los fines de semana. Era una curiosa manera de pasarnos el tiempo juntos, sin necesidad de terminar en sexo.

Precisamente, no recuerdo si fue viernes o sábado, cuando estábamos programando en silencio y Laura se levantó, caminó varias veces por la sala. Vio el tapete que mamá puso sobre el sofá, probó algo de café, y me quedó mirando fijamente.

“Piura’s Switzerland”

“¿qué?”

“La suiza piurana, Rafo. ¡el nombre del negocio! ¿Te imaginas? Todos los productos de la sierra de Piura en su hogar, no importa el lugar del mundo dónde esté”.

Realmente mi enamorada estaba inspirada. Llamamos al Tuco, le contamos la idea pero no sonaba muy convencido.

Aún así, seguimos trabajando.

Ese domingo fuimos a jugar pelota en uno de esos recreos campestres con piscina, cerca de la ciudad.

Estaba a punto de meter un gol, cuando nuevamente tuve esa sensación de ser observado por alguien desde algún punto. Me desconcentré, miré a los lados, y recibí un empujón de otro muchacho que jugaba.

“estás boca abierta, Rafo”, me pasó la voz.

Yo sonreí.

Esa noche, mientras estaba en redes sociales, se abrió una ventana de chat. Era al.

“Tus fotos ser muy bonitas”, escribió.

Comencé a explicarle del proyecto que estaba trabajando, y pareció muy interesado.

Al día siguiente, cuando Josué y yo íbamos al gimnasio, se lo conté.

“Al dice que puede ser nuestro concesionario en la Florida”, le anuncié.

“Suena bien. ¿Y qué le gustó más?”

“Los tejidos. Parece que la artesanía podría ser lo máximo allá afuera”.

“Excelente”.

Fuera de eso, aquel día el Tuco estaba mayormente callado.

Tras entrenar, nos duchamos. Justo acababa de cerrar la llave, cuando Josué se puso a la entrada de mi cubículo, e ingresó. Ambos estábamos mojados y desnudos.

“Rafo, sobre lo que pasó esa vez en el viaje, quería pedirte perdón. No debí hacerlo porque somos amigos, porque nos queremos, nos respetamos y porque no me parece, considerando que Laura es tu enamorada, y mi amiga”.

Quedé confundido.

“Pero, no creo que fue culpa tuya solamente. Yo te correspondí, Tuco”.

“Como sea. No debió pasar y no debe pasar de nuevo”.

“¿Crees que pueda pasar de nuevo?”

“Tenemos que evitar que pase, Rafo. Sí podemos”.

“¿quieres decir que?”

“No quiero decir nada, Rafo. Solo quiero que me perdones, y que jamás pasará de nuevo”.

¡Vaya! Un nuevo enfoque para esa rara trilogía –deber, poder, querer- que me pareció lógica, aunque no me dejó del todo satisfecho, ni convencido por lo menos.

“Tuco, no quiero perder tu amistad. ¡eres mi mejor amigo! No quiero que esa huevada nos aleje. Quiero que me trates como siempre lo has hecho”.

“Sí. Perdona. Pero estaba incómodo. Yo sé que me quieres, y precisamente por eso, vamos a hacer las cosas bien”.

“De acuerdo”.

Nos dimos un cordial abrazo, donde fue imposible evitar el contacto de las pieles. Aunque, honestamente, eso fue lo último que me preocupó, pues no quería escatimar mi afecto a esta persona. No es bueno escatimar el afecto. No es bueno guardarse nada especialmente si es verdadero y puro, como la amistad.

Cuando nos separamos, Jaime estaba en el estrecho pasillo entre las dos duchas, mirándonos con rabia.

“Ahora entiendo todo”, espetó con ridículo despecho.

El Tuco y yo lo miramos y nos carcajeamos. Jaime salió muy molesto. 

domingo, 11 de diciembre de 2022

ASS (56): A pro hot swimmer

Julián sorprende durante su primer día como actor porno gay.


“hello – This is Julian. I’m a pro swimmer who won international titles. But trusting in wrong people put me in trouble. I have no title anymore, but I have all what I learned of swimming. So, I’m gonna meet some buddies to know how they swim, teach ’em how to improve, and make something hot… and you’re invited too.”

Julián se queda sonriendo a la cámara mientras ha terminado de hacer una especie de strip-tease que comenzó con un abrigador calentador de dos piezas, casaca y pantaloneta, y ahora lo deja en una tanga de baño turquesa que hace lindo juego con el blanco de su bien esculpida piel.

“y… corten”, dice Willy. “Vamos a las tomas en el podio”.

Él y Julián van hasta la marca mientras en un lado cerca de la piscina olímpica, enrique y Flavio, cubierto con una bata de baño,  miran la escena.

“No entiendo por qué este video va a ser en inglés cuando los otros chicos apenas hablan castellano”.

“Ay, carnal”, sonríe Enrique. “Son exigencias de Los ángeles”. ¿estás listo para tus tomas?”

“Sí”, asiente Flavio. “Todo tiene que parecer como una de esas series documentales del cable, ¿estoy en lo cierto?”

“Solo que al final, él te cogerá ese culote y te lo va a preñar con sus mecos”.

“Agradece que sé tu dialecto mexicano”, sonríe Flavio.

Mientras tanto, Julián se ha nadado un largo completo enseñando el estilo mariposa y ahora se dispone a mostrar cómo se hace el estilo espalda. El agua sobre su piel le define cada músculo. Willy lo sigue desde un lado de la piscina con la cámara cargada sobre un estabilizador, el nuevo juguete comprado para producir porno gay.

“¿y lo del estanozolol?”, pregunta Flavio en voz baja.

Enrique hace un gesto en el rostro que puede interpretarse como que no importa o como que no es relevante. Flavio voltea a ver a la piscina y se sorprende de ver que Julián ya está haciendo el largo de espalda, pero de regreso.

“Ese conchasumadre es un torpedo en el agua”, murmura.

Cuando Julián ha terminado de demostrar los tres estilos, va a una esquina de la piscina  donde hay una banca protegida por dos tabiques de madera en ambos lados; la cámara lo sigue. Se sienta y toma una toalla mientras se saca el gorro y se sacude el cabello, además de sacarse los lentes subacuáticos. Se sienta sobre la banca.

“After that, I got a little tired… and wet.”

Julián se saca lentamente la tanga, le escurre el agua y la deja a un lado. Así, desnudo, mira seductoramente a la cámara.

“And now, I’m becoming hot.”

Julián comienza a masajearse el pene y los testículos: la erección se da en cuestión de segundos. Su miembro tiene unos 16 centímetros más o menos; es cabezón, venudo. Se masturba un rato mientras jadea y lo disfruta.

Willy no escatima encuadres de la cara arrecha, el sexo crecido, y, como el nadador ha levantado una pierna y la ha apoyado sobre la banca, por ratos puede ver el ano cerradito y rosado.

Julián jadea cada vez más fuerte y comienza a gemir, hasta que su cara revela que llega al éxtasis:

“I’m cumming. Oh, shit. I’m cumming now!”

Ráfagas de su semen se comienzan a disparar salpicando de blanco su vientre como tabla de lavar. Cuando termina de  eyacular, soba su aún duro pene contra su abdomen y pubis totalmente depilados.

“I need a shower.”

Julián sonríe a la cámara. Su rostro agradable convierte una escena tensa en una secuencia realmente cachonda. Willy deja de grabar:

“y… corten. Vamos a la ducha”.

La indicación es el aviso que Flavio espera para iniciar su secuencia. En ese momento, vibra el celular de Enrique; mira la pantalla, responde:

“Claro, carnal. Ahora voy a abrirte”.

Dentro del vestidor, mientras Julián se ducha, llega Flavio ya listo con su tanga roja:

“Good morning, coach. I’m ready for my class.”

“Oh, how are you doing, Flavio?”

“Very well. Beautiful body, you have.”

“So do you… Let’s go to the class!”

Y todo queda registrado por la cámara.

Tras grabar la presentación de Flavio, él y Julián escenifican una clase privada de natación. En un lado de la piscina enrique supervisa todo; a su lado, Alejo aún está vestido con su ropa de calle: polo, jean ceñido, zapatillas.

“Sí lo vi de pasada en el consultorio. ¡él es el que salió en las noticias?”

“él mismo, pero eso aquí no se comenta.

“Oye, Enrique… yo quería preguntarte algo… ¿qué pasaría si yo…. Si yo… también la hago de pasivo?”

Enrique voltea a ver a Alejo sin ocultar sorpresa.

En la piscina, la fingida clase de Julián a Flavio ha terminado, y el primero se ha lanzado al agua para felicitarlo. Nadan hasta la parte poco profunda, cerca de los podios, y en una esquina comienzan a abrazarse:

“you really did it good, Flavio.”

“you’re the best and most handsome coach.”

Julián y Flavio comienzan a besarse y acariciarse con la mitad de sus cuerpos fuera del agua. Los dos se quitan las tangas, y así desnudos continúan el juego sexual previo.

Julián sube un poco por la escalerilla en uno de los costados y se sienta en uno de los pasos:

“Now, suck my cock.”

Flavio comienza a chuparle el pene, el que se pone duro de forma casi inmediata.

Alejo decide entrar al vestidor. Se desnuda por completo y abre el casillero que le indicaron: encuentra una bata, sandalias y la tanga de baño que debe usar, de color blanco. Se sonríe.

Cuando sale del vestidor y se asoma por un costado de la piscina, Alejo nota que ahora Flavio está apoyado en el borde con las piernas abiertas dentro del agua; Julián  aprovecha para practicarle un beso negro. Sabe que el siguiente paso es el sexo anal; pero, ¿dónde lo harán considerando que el espacio es demasiado abierto?

La respuesta no tarda en llegar: sobre una toalla al borde de la piscina, Flavio se pone en cuatro y Julián, quien en el entretiempo ya se ha untado su pene con lubricante, lo mete y saca del ano del experimentado modelo y actor porno.

“Oh, coach, fuck me. Fuck that hot ass, coach.”

“yeah. I’m fucking your tight ass, bro.”

Aunque, desde la respetable distancia que ocupa para evitar aparecer en el encuadre, a Alejo le sorprende ver que Julián, para ser un completo novato en el porno, y más aún el porno gay, tiene un dominio escénico bárbaro. Se mueve rápido y sensual, su cara demuestra que se está gozando el sexo, su cuerpo atlético brilla de manera divina.

“you like my dick, Flavio?”

“yeah, coach. I love your hard dick in my ass.”

La imagen de Santos viene a la cabeza de Alejo, y por un momento cree que sería el compañero de escena sexual perfecto para Julián.

“Oh, God. What a tasty ass you have, bro.”

El nadador está llegando al orgasmo por segunda vez en menos de una hora:

“I’m Cumming. Shit. I’m Cumming!”

“Breed my ass, coach!”

Julián al fin eyacula dando un par de sordos jadeos. Se deja de mover progresivamente, saca su pene aún duro. Flavio trata de dilatar su contraído ano para convencer a la cámara que dentro de su recto está el semen caliente de su ‘entrenador’.

Entonces Alejo se voltea pues siente que alguien más está mirando la escena. No es enrique. En una esquina tras una puerta, descubre a a un extraño, quizás un empleado municipal, que parece haber visto todo. Cuando éste se da cuenta que Alejo ya lo descubrió, se asusta, y mucho más cuando el actor y modelo porno le mira la entrepierna: por la cremallera se asoma un pene largo y moreno. Evidentemente, el empleado municipal se ha estado pajeando .

    Y para terminar, tedejamos con una #porno gay.



jueves, 8 de diciembre de 2022

Ser Rafael 16.1: La persona correcta


Ese sábado me desperté a las cuatro y media de la mañana.

Mejor dicho, la llamada del Tuco me despertó a las cuatro y media de la mañana.

Contra mi costumbre, me había ido a la cama a las diez de la noche. ¡Ni siquiera fui a ver a Laura!

Me fascina viajar, pero esta experiencia iba a ser mucho muy distinta, definitivamente. ¡Valía la pena acostarse temprano y despertarse emocionado!

Me di un baño, di una última ojeada a mi mochila y salí a la sala a esperar a Josué. Mamá ya estaba levantada.

“¿Por qué salen tan temprano?”

“Porque nos vamos en moto”.

Mamá puso ojos de terror.

“Pero, hijito, ¿no has visto la cantidad de accidentes que hay en moto?”

El timbre de mi casa sonó. Me levanté del sofá.

“Me voy. Regreso mañana”.

“¿Y si te pasa algo, Rafo?”

“Pues… ya no regreso mañana”.

Salí de casa.

Admito que dejé a mamá angustiada, pero también admito que no quería perderme esta experiencia.

Acomodamos las mochilas en la parrilla de la motocicleta y partimos.

el amanecer nos dio al pie del cerro Vicús, donde buscamos un sitio para desayunar entre todos los restaurantes al filo de la carretera, en los que la carne seca estaba colgada como si fuera ropa acabada de lavar.

Josué se metió en una casa medio perdida entre las otras, donde lo trataron como rey y pagó como pobre. En los otros lugares hubiera sido completamente al revés.

Desayunamos plátano maduro frito, carne seca frita, algunos panes y café acabado de pasar.

En veinte minutos reemprendimos la marcha, decidiendo entre el bosque seco y el área agrícola.

el paisaje me sobrecogió.

Con mi celular comencé a tomar fotos a todo lo que veía… aunque la foto saliera movida.

“No voy en tren, voy en moto. No necesito a nadie, a nadie alrededor”. El Tuco y yo cantábamos a voz en cuello. La gente a los costados del camino nos quedaba mirando como locos. ¡Y es que estábamos locos, pero de alegría!

A las ocho y media llegamos a Canchaque, tierra de rico café y de hermosísimos paisajes. Subimos su caprichosa plaza de armas, con una curiosa pileta coronada por un ángel, y fuimos por una calle empinada. Nos detuvimos en una casa de adobe más arriba del pueblo, donde la vista era dominada por un raro cerro de laderas verdes y cumbres como olas.

“es el Mishawaka”, me explicó Josué.

Metimos la moto a una especie de sala que tenía una banca de madera como todo amoblamiento.

“Aquí vivieron mis tíos antes de mudarse a la ciudad. Ahora vienen una vez al mes, pero ya no viven. Aquí podemos montar una especie de oficina de contacto”, continuó explicándome.

“Pero hay que habilitar la conectividad”, observé.

Sonó mi celular. Era Laura.

El resto de la casa tenía una cocina a leña, un patio interior repleto de orquídeas, un baño completo y tres habitaciones. Mientras hablaba con Laura, Josué trató de abrir una de ellas, pero no pudo. Probó con otra y lo consiguió. Metió sus cosas y las mías.

Al cortarle a Laura, él salió.

“La buena noticia: tenemos dónde dormir. La mala: solo hay una cama”.

Ingresé al dormitorio. Había un lecho ancho con cobijas y algunos baúles.

“La cama es perfecta”, señalé. “No sería la primera vez”.

“¿en serio estarás cómodo durmiendo conmigo?”

“¡Bah, Tuco! No me digas que ahora me tienes miedo”

Me reí.

“OK, Rafo. Además será solo por una noche”.

esa mañana nos dedicamos a visitar a algunos caficultores cerca del pueblo.

Muchos de ellos están metidos en la producción orgánica, pero en los últimos años habían tenido caídas en las ganancias debido a plagas, y la organización que les acopiaba el grano no había sido muy eficiente en orientarlos y prevenirlos.

“el clima loco, jovencito”, nos dijo uno de los productores, un hombre de sesenta años.

saqué mi celular. Activé una aplicación para ver condiciones del tiempo.

“esta noche no lloverá”, informé.

El hombre me miró, vio al cielo.

“Parece que no, jovencito… pero ¿cómo lo sabe?”

Le mostré al campesino lo que decía mi celular. Lo comprendió a medias, pero se maravilló que un aparato pudiera predecir las lluvias, o las sequías.

También vimos sus hectáreas de cacao, y salimos con sendos saquillos de naranjas, café y maíz.

Antes de almorzar, visitamos a otra productora quien además cultivaba lindas y coloridas flores; incluso, en el patio de su casa hacía fosforescentes tejidos con una técnica milenaria: ponchos, alforjas, talegas, jergas para los bancos de madera. No resistí a comprarle uno, que, sabía, mamá lo apreciaría demasiado.

La mujer fue tan considerada que hasta me dio una taleguita como regalo.

También compré un tapetito para Laura. De hecho, le tomé una foto y la compartí en redes sociales: “Tu regalo”, le puse.

Almorzamos un clásico serrano: mote con chancho, y, como no podía ser de otra manera, café.

Luego de comer, fuimos hasta el vecino San Miguel del Faique para ver a otra persona, que no encontramos, pero a cambio fuimos a ver un poco de paisajes y unos raros petroglifos.

“¿Quieres ir a los peroles?”, me invitó el Tuco.

“¿qué es eso?”

Tras internarnos por un camino de arcilla, llegamos a una especie de piscina en la misma roca, a la falda del cerro, donde agua cristalina caía. No había gente.

“¿Nos bañamos?”, me animó el Tuco.

Se quitó toda la ropa, buscó una piedra y se dio un clavado.

También me quedé desnudo y me clavé en el agua.

¡Maldita sea!

¿el agua estaba helada, carajo!

Temiendo morirme de hipotermia, estuve un rato y salí a que me calentara el sol. Temblaba de pies a cabeza.

“¡Conchetuvida, si me muero de pulmonía será tu culpa!”, le reclamé.

Josué se reía mientras seguía nadando como si nada.

Al regresar al pueblo, nos topamos con unos primos suyos. Gente simpática, la verdad: nos invitaron a merendar.

Regresamos a tomar un baño. Primero entré yo.

“¡Mierdaaa! ¡Me voy a morir congelado acá!”, volví a reclamar, mientras el agua helada caía de la ducha artesanal.

Después, al mismo tiempo que el Tuco se bañaba, saqué mi libreta de apuntes, y comencé a garabatear unos diagramas.

Cuando Josué salió, tenía las cosas más claras.

“¿Sabes qué? Ahora que he visto a tus proveedores, me parece que lo mejor que podemos hacer es trabajar con ellos dándoles data de utilidad como condiciones del tiempo, precios en tiempo real, como una bolsa de valores pero aplicada a sus productos. Todo conectado a sus celulares. Eso también te permitirá negociar precios y seleccionar mercancías. Incluso como aquí hay señal de celular, podemos gestionarles planes de datos para que envíen fotos del producto. Así decides en tiempo real, y puedes prever tus existencias”.

“¿Y eso en cristiano, Rafo?”

“Construir el sistema me tomará no un fin de semana; quizás tres. Pero además, tenemos que capacitar a tus proveedores. Huevón, será uno de los mejores proyectos de integración de saberes tradicionales y tecnologías de la información. ¡Hasta podrías exportar, Tuco!”

“¿Tanto así?”

“La ONG de mierda que los apoya solo los conecta con el mercado externo, pero se olvida de empoderarlos para cuando ya no tengan capacidad gerencial. Entonces, estarán a la deriva, y todo se va a la mierda”.

“Pero están asociados”.

“Pero su dirigencia está llena de pendejos. ¿Te diste cuenta que el tío de la primera chacra estaba perdido en temas gerenciales? Ya pues: su famoso empoderamiento para la asociatividad es puro floro. Sí la haces, huevón”.

Josué se emocionó; me palmeó el hombro.

“Gracias, Rafo. Sabía que eras la persona correcta”.

“¿en serio creíste eso?”

“Rafo, desde el colegio siempre hemos sido yuntas, pero con lo que me dices, creo que más que amigo, tengo también un socio”.

Me alegró escuchar éso. 

martes, 6 de diciembre de 2022

El precio de Leandro 16.2: No fueron negocios limpios


A ciento cincuenta metros de ahí, en el estacionamiento subterráneo de la Corporación, el auto de Baldo Pérez toma su lugar. El abogado baja, mira a los cuatro lados y va a la cajuela trasera; la abre y sale Darío sobándose la cintura.

“Ya no hagas tonterías, hijo”.

“Tranquilo, doc. Quizás sea la última”.

El supermodelo llama el ascensor y espera pacientemente llegar al quinto piso. Cuando la puerta al fin se abre al término de la subida, una de las secretarias lo reconoce y recibe. Al muchacho no le gusta el semblante de la empleada.

“Su padre lo está esperando, joven”, le anuncia con voz temblorosa a la vez que le abre la puerta de Presidencia, un amplio despacho alfombrado, vista a la calle, paredes enchapadas en fino roble, aire acondicionado, una artística mesa de madera, sillas con forro de terciopelo, cuadros, fotos, medallas, plantas y, al fondo, el escritorio de José Miguel Echenique, el heredero de un imperio que incluye bienes raíces, participación en banca y algunos medios de comunicación, dos minas de oro, una de cobre, nuevas tecnologías, administración de dos puertos de gran calado y tres aeropuertos domésticos, y quizás la franquicia estrella de todo el conglomerado, el cuarenta y dos por ciento de participación en National Retailers, la razón social detrás de Lawrence’s. Tras el escritorio y delante de las fotografías de su padre y su abuelo, los fundadores de la pequeña empresa que comenzó exportando artesanía de madera, el padre de Darío lo espera con una mirada tensa y serena. El supermodelo se da cuenta, conforme se acerca, que en la mesa hay una laptop cerrada, dos celulares y unas carpetas cuyo color le es familiar. Comienza a sudar frío.

“Papá”, al fin se anima a hablar.

“Hijo”, se quiebra José Miguel.

Darío mira mejor la laptop, las carpetas y los celulares, y ahora no tiene duda. Se abre una puerta lateral, y entra Mauricio, apuntando a José Miguel con la misma pistola que el menor de los Echenique guardaba en el penthouse, el mismo arma con el que disparó a Rico, la misma con la que creyó haberse desecho de su amante más reciente la noche anterior.

“¿Quién te dijo que el glutamato monosódico es efervescente, querido Darío?”, ironiza el pistolero.

“No entiendo lo que dices”.

“Pretendiste dormirme para asesinarme como lo hiciste con ese migrante de mierda, pero nunca te diste cuenta que los sobres que habías comprado cuando huíamos a la finca, de pronto se convirtieron en bicarbonato de sodio”.

Darío no tiene tiempo para pensar en qué momento se hizo el cambiazo.

“Señor Estrada, diga de una vez qué pide y terminemos con esto”, demanda José Miguel.

“Soy cómplice de asesinato por seguir las locuras de su hijo. ¿Diez mil a mi cuenta ahora mismo y otros diez mil todos los meses durante diez años, Echenique; yo me iré lejísimos, y me olvidaré que ustedes existen”.

“eso es sencillo y lo aceptaré si deja de apuntarme y me asegura que estos documentos no han sido copiados”, trata de ser estoico el empresario.

“Apenas salga del país le envío las copias, pero antes, deshágase de la Policía”.

“No la llamó mi papá”, interviene Darío. “La llamé yo porque voy a entregarme”.

“¿Cómo dices, imbécil?”, reacciona Mauricio, y gira disparando.

Darío cae al suelo y se queda inmóvil sumido en llanto.

De pronto, una puerta se abre de golpe, y cuando Mauricio reacciona… se oye otro disparo.

 

Una ambulancia llega al edificio de la Corporación. Leandro y Elías se miran desesperados. Ambos están detenidos en el auto patrullero a la entrada de la propiedad. Los dos policías que los intervinieron se montan en los asientos delanteros y dan arranque. Leandro logra ver tras el cristal trasero que otros autos patrulleros se acercan al edificio corporativo. Gira la cabeza otra vez.

“Perdóname por meterte en esto”, le dice a Elías en voz baja.

“No es tu culpa, no es mi culpa; somos… un efecto colateral”.

El auto continúa abriéndose paso por la avenida hasta llegar a la comisaría del distrito.

 

“¿Tú crees que los negocios de los Echenique han sido limpios como dice su sitio web? ¡Por favor! Hay que ser muy ingenuo. Por debajo de toda esa lista, lo que nunca dijeron al público y ahora están comenzando a cantar en el tribunal es que traficaban con terrenos y propiedades. Fraguaban títulos, subvaluaban compras, estafaban gente, revendían mediante testaferros, compraban silencios con casas y departamentos. ¿Quién te regala una torre de diez pisos, casi a todo lujo, como adelanto de herencia?”

Es la fiesta que marca el fin de un nuevo verano y la mezcla de muchas músicas es el telón de la noche fresca a orillas del mar. Alberto Madero bebe su segundo escocés metido en la piscina en la naked party organizada por UnderMale, una marca de ropa interior masculina que está introuduciéndose en mercado nacional.

“Por qué no lo denunciaste antes?”, pregunta Leandro a su lado y también sumergido en el agua.

“Obviamente, porque me faltaban los documentos; lástima que en el proceso, perdimos a Pepe”.

“Perdimos suena a manada; lo que no me pareció es que desaparecieras por una semana”.

“Ay, Leo Leandro, ¿ibas a esperar que me salga la detención provisional para recién levantar vuelo? Menos mal que el finado tuvo la precaución de pasarme las fotos de todos los papeles, y últimamente el Ministerio Público solo se mueve si la prensa presiona”.

“Pero, el celular de Rico te incrimina”, le observa el futbolista.

“A lo más me darán suspendida con reglas de conducta; lo que me preocupa es lo que va a pedirme la mujer en la demanda de divorcio, especialmente ahora que conocemos lo que conocemos”.

“¿Sabes? Extraño a Rico y extraño a Roberth. A los dos por igual”.

Madero abraza a Leandro , le toma la mejilla con la otra mano y le da un beso leve en la boca.

“También los extraño, Leo Leandro. Desde el lunes vamos a reorganizar Tirador Films. No he creado una marca para que esté como un peso muerto. ¿Te sientes listo?”

“Uff, Beto, me jode no ser parte de la temporada del San Lázaro, pero espero que lo otro me compense”.

“Ya escuchaste lo que dijo el médico: actividad física sí, esfuerzo extenuante no. Una vez que Sparking cierre trato con el laboratorio, vamos a darle PREP a todo el talento. Grabamos la primera película y de inmediato comenzamos con tu tratamiento”.

Alguien se les acerca nadando cual delfín, y justo cuando va a alcanzarlos, se sumerge.

“Guau, qué rico se siente esa boca bajo el agua”, comenta Alberto excitado.

“La chupa bien este conchesumadre”, suscribe Leandro.

Entonces, el chico, de hermoso cuerpo, emerge frente a ellos y los abraza de la cintura.

“Um cara no outro lado quer foder comeu e Leandjo”.

“¿Le dijiste cuánto es, Gerson?”

“Sí, ele aceitó. ¿Vao Leo?”

“¿Quiere completo o cómo?”

“Seiscentos p’ra os dois”.

“No lo hagamos esperar, entonces. ¿Quién tiene las llaves del cuarto, Beto?”

“El bartender. Por cierto, a él debes pedirle los condones. ¡Ah! Dile que se quede… Tienen que ver ese par de… ufff, ya las verán”.

Leandro y Gerson sonríen y van nadando hasta el otro lado de la piscina.