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sábado, 12 de agosto de 2023

Un café al desnudo con Elías Velasco

¿qué hay detrás del nuevo encueramiento del conductor de Café & Conversa?

 








Elías Velasco
(nacido en Lima el 21 de noviembre de 1974, donde reside) estaba encerrado en el baño vestido únicamente con un sacón verde. Respiró profundo. Debió pensar que ésta era la cuarta vez en su vida que lo hacía. “Voy a interpretar a un personaje”, se repitió. Logró tranquilizarse, abrió la puerta, salió hacia la sala, se despojó de la prenda. Estaba completamente desnudo.

 

Afuera lo esperaban dos miembros de su equipo de producción, el artista plástico Miguel Rosas y sus tres aprendices. Todo el mundo entendió que estaba listo. elías se sentó como el pintor le pidió y posó como Dios –aunque no crea en Él—lo trajo a este mundo.

 

“Me sentí nervioso, un poco ansioso, muy observado en general”, cuenta el creador, director y conductor de su show en YouTube, el amenísimo e inspirador Café & Conversa, un espacio donde Elías se sienta a charlar en profundidad con invitados muy diversos.

 

Para el episodio dedicado a Miguel Rosas, su productor sugirió que no solo converse ante cámara o que muestre parte del desnudo masculino que el artista plástico pinta. Pidió a Elías que sea uno de los modelos: “Me pareció una idea bastante arriesgada, polémica, pero muy artística”.

 

No podía echarse para atrás porque cree que si un periodista tiene que narrar bien una crónica, en cierto modo debe convertirse en parte de ella. O sea, si tenía que hablar de hombres pintados completamente desnudos, pues… tenía que ser uno de ellos. Para evadir la censura de YouTube, que prohíbe mostrar explícitamente la pinga, las bolas o todo el culo, su producción eligió ángulos que no mostraran nada más que sus hermosos torso y piernas.

 

Hoy, por primera vez, Elías Velasco cuenta en exclusiva para Hunks of Piura esos detalles y secretos que ni siquiera confesó en aquel comentado episodio.

 







Grandes músculos, pequeño autoestima

En 1993, Elías era otro chico limeño flaco que se sentía demasiado pequeño psicológicamente hablando. Acababa de salir de una relación que de tóxica pasó a violenta. Su pareja se emborrachaba, se desaparecía del mapa; y cuando reaparecía, lo que debía ser un reencuentro romántico se volvió discusiones cada vez más crispadas. Entonces, llegaron los golpes. En algún momento, Elías fue violado sexualmente por ese chico totalmente drogado.

 

“Tener sexo forzado con una persona es violación”, afirma hoy. “Eso me deprimió mucho. Me encerré. Estaba muy delgado”, recuerda.

 

Recapacitó  cuando pidió trabajo en una galería de ropa. el dueño era un miembro de la comunidad LGTBIQ+: “¿cómo un feo va a vender ropa bonita?”, le encaró.

 

Cierta tarde, un amigo pidió que lo acompañara a ver un partido de básquet en el colegio Guadalupe, en el centro de Lima, y cuando menos se dio cuenta, estaba metido en el gimnasio: “en un año cambió mi cuerpo, comencé a arreglarme más”. Su musculatura causó furor e inquietud, lo que Elías usó para cobrarse revancha: “si me maltrataron, yo tenía que maltratar”.

 

Echó para adelante, y en 2004 comenzó a estudiar los secretos de esos físicos que despiertan nuestros deseos prohibidos. Para entonces, estaba en una segunda relación. “Mi pareja me pagó el curso”.

 

En 2007, Elías salió al público vistiendo una tanga bajo la que ya destacaba un hermoso culo y un delicioso paquete. Llegó al Mister Perú y se codeó con las mayores figuras del fisicoculturismo y el fitness; de hecho, obtuvo el tercer lugar en la categoría de culturismo clásico. Previamente, había quedado en segundo lugar en el Mister Lima en la misma categoría, y había ganado el Mister Verano. Tenía 33 años.

 

El problema fue que esa hermosa figura necesitaba que consuma anabólicos. Una enfermedad en sus huesos se activó y lo postró en cama. “Bajé hasta los 49 kilos.”. Como referencia, Elías mide metro 68, así que su peso ideal tenía que estar entre 67 y 70 kilos. “Traté de suicidarme, pero algo impidió que me lanzara al vacío… ¿qué fue? Ni yo mismo lo tengo claro”.

 

Los siguientes doce meses fueron de tratamiento psiquiátrico intensivo. El deseo de matarse fue desapareciendo poco a poco, pero su propio concepto seguía muy devaluado: “Yo me sentía una persona pobre en todos los aspectos”.

 






Las mejores nalgas

Antes del desnudo integral que hizo para su programa, Elías Velasco ya se había quitado toda la ropa en tres ocasiones: en 2008 para una campaña orientada a escorts de Panamá y para el Ministerio de Salud (Minsa); en 2011, nuevamente para el Minsa esta vez en alianza con el Movimiento de Homosexuales y Lesbianas, dentro de una campaña que se llamó Úsame; en 2012 para un fotógrafo francés, que las publicó en una revista para chicos;.

 

La segunda sesión fue especial porque se trató de despertar conciencia sobre el uso del condón y porque Elías compartió el set con otros dos modelos de hermosos cuerpos con quienes simuló poses sexuales pero cubierto por látex de pies a cabeza. Pudo lidiar con el hecho de posar solo, pero hacerlo con otros dos modelos lo intimidó: “Sentí un poco de pudor y nervios”, cuenta.

 

El fotógrafo tuvo tino para romper el hielo, y la sesión se hizo, aunque duró siete horas. Una de las estrategias fue alabando el culo de Elías: “Son las mejores nalgas que he visto”, le dijo, y se lo explicó: estaban bien trabajadas y lucían bien masculinas. Tratamos de vérselas nuevamente, y las tiene riquísimas, aunque de inmediato nos pide orden: “Me gusta  cómo han quedado mis nalgas, pero más me gustan mis ojos… como que hablan mirando.”

 

La campaña Úsame fue un éxito en todo el Perú, aunque a la mamá de Elías no le hizo gracia que el cuerpo desnudo de su hijo se exhibiera en bares y discos de ambiente: “Lo hice porque había un tema de fondo.”.

 

Tener un hermoso cuerpo también lo hizo atractivo para el negocio de los escorts. Ocurrió en 2007. No aceptó. También le propusieron actuar teniendo sexo con otros culturistas peruanos y extranjeros pagándole de 1000 a 1500 dólares por sesión. Volvió a negarse.

 

“No lo acepté porque no lo consideraba estratégico”, explica. Un árbitro argentino era el reclutador de los modelos. Poco después, el escándalo de los culturistas peruanos calatos estalló con fuerza por los medios.

 






Primero, belleza interior

Tener un hermoso cuerpo es ahora un estilo de vida para Elías, pero el físico no es lo primero en que se enfoca. El primer entrenamiento es mental: “como vas a estar por dentro, vas a estar por fuera”. El comunicador se reconoce como un paciente que ha tratado su depresión y su ansiedad. Su búsqueda mental ha entendido que la raíz del problema comenzó desde el mismo momento cuando fue concebido.

 

¿Pareja? No. Ya aprendió que es mejor tomarse el tiempo necesario para elegir mejor; más bien, está enamorado de sí mismo. “Me está resultando enfocarme en cosas concretas y no rodearme de personas que no me aportan nada”, afirma. Su consigna es la empatía o ponerse en los zapatos del otro. Así puede tomar mejores decisiones. “Me siento libre, cicatrizado”, sonríe.

 

Elías asegura que el mejor regalo que te puedes hacer es cambiar porque es tu propia postura, no porque te lo dice la gente: “Mi vida no se maneja por una aceptación colectiva sino por una aceptación interna”.

 

¿Y su pasado? “No puedo renegar de las experiencias de mi vida porque me permiten estar más cuajado”. Y parte de ese crecimiento ha sido crear Café & Conversa. “El programa ha salido más por un tema catártico, debido a una segunda ruptura amorosa”, revela.

 






Y la erección comenzó

Como parte de esa nueva aventura, llegamos a la mañana cuando Elías posó completamente desnudo frente a Miguel Rosas. Tras liberarse del sacón, el siguiente reto fue mantenerse quieto. Y si Elías tiene un pequeñito problema es que suele moverse mucho.

 

Estuvo sentado por tres horas: “Tuve calambres en nalgas, pantorrillas y pies”. Eso le activó la ansiedad y los nervios… y ambas le activaron su pene de 17 centímetros de largo. “Miguel, creo que esa parte se quiere levantar un poco”, le dijo al artista plástico. “eso es normal”, le respondió Rosas con naturalidad. Dicho eso, su verga se volvió a dormir.

 

Lucir su metro 68 y sus actuales 72 kilos requirió alguna preparación corporal: se recortó un poco los vellos del pubis y las piernas. Para sus dos primeros desnudos, sí se depiló completo.

 

Cuando terminó de posar y vio su cuerpo desnudo pintado en el lienzo, quedó muy satisfecho. “Me impresionó el color que le plasmó… Me sentí muy cuidado y protegido por Miguel… Me sentí muy pleno.

 

Elías cree ser una persona bastante normal. “No me considero guapo”, pero “yo me siento atractivo”. A pesar del desnudo y de su físico, tampoco se siente un símbolo sexual. “Me considero una persona en pleno proceso de crecimiento, que busca la belleza interna,” afirma. Eso no lo desenfoca de su físico, del que, dice, no cambiaría nada a estas alturas de su vida.

 

“El cuadro que me hizo Miguel es una piel que expresa colores a través del lienzo, que ha sabido posicionar lo que más me gusta de mí, que son mis ojos”. El cómo lo tome la gente, para bien, para mal, o para fantasear sexualmente lo tiene sin cuidado.

 

Elías piensa que la sesión que hizo para Miguel Rosas ha beneficiado su trabajo como comunicador; de hecho, cree que el cuerpo “es un templo o un lienzo que habla”. “Si me proponen un desnudo y siento que va a aportar a mi vida profesional, sí lo aceptaría”, asegura.

 

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martes, 6 de diciembre de 2022

El precio de Leandro 16.2: No fueron negocios limpios


A ciento cincuenta metros de ahí, en el estacionamiento subterráneo de la Corporación, el auto de Baldo Pérez toma su lugar. El abogado baja, mira a los cuatro lados y va a la cajuela trasera; la abre y sale Darío sobándose la cintura.

“Ya no hagas tonterías, hijo”.

“Tranquilo, doc. Quizás sea la última”.

El supermodelo llama el ascensor y espera pacientemente llegar al quinto piso. Cuando la puerta al fin se abre al término de la subida, una de las secretarias lo reconoce y recibe. Al muchacho no le gusta el semblante de la empleada.

“Su padre lo está esperando, joven”, le anuncia con voz temblorosa a la vez que le abre la puerta de Presidencia, un amplio despacho alfombrado, vista a la calle, paredes enchapadas en fino roble, aire acondicionado, una artística mesa de madera, sillas con forro de terciopelo, cuadros, fotos, medallas, plantas y, al fondo, el escritorio de José Miguel Echenique, el heredero de un imperio que incluye bienes raíces, participación en banca y algunos medios de comunicación, dos minas de oro, una de cobre, nuevas tecnologías, administración de dos puertos de gran calado y tres aeropuertos domésticos, y quizás la franquicia estrella de todo el conglomerado, el cuarenta y dos por ciento de participación en National Retailers, la razón social detrás de Lawrence’s. Tras el escritorio y delante de las fotografías de su padre y su abuelo, los fundadores de la pequeña empresa que comenzó exportando artesanía de madera, el padre de Darío lo espera con una mirada tensa y serena. El supermodelo se da cuenta, conforme se acerca, que en la mesa hay una laptop cerrada, dos celulares y unas carpetas cuyo color le es familiar. Comienza a sudar frío.

“Papá”, al fin se anima a hablar.

“Hijo”, se quiebra José Miguel.

Darío mira mejor la laptop, las carpetas y los celulares, y ahora no tiene duda. Se abre una puerta lateral, y entra Mauricio, apuntando a José Miguel con la misma pistola que el menor de los Echenique guardaba en el penthouse, el mismo arma con el que disparó a Rico, la misma con la que creyó haberse desecho de su amante más reciente la noche anterior.

“¿Quién te dijo que el glutamato monosódico es efervescente, querido Darío?”, ironiza el pistolero.

“No entiendo lo que dices”.

“Pretendiste dormirme para asesinarme como lo hiciste con ese migrante de mierda, pero nunca te diste cuenta que los sobres que habías comprado cuando huíamos a la finca, de pronto se convirtieron en bicarbonato de sodio”.

Darío no tiene tiempo para pensar en qué momento se hizo el cambiazo.

“Señor Estrada, diga de una vez qué pide y terminemos con esto”, demanda José Miguel.

“Soy cómplice de asesinato por seguir las locuras de su hijo. ¿Diez mil a mi cuenta ahora mismo y otros diez mil todos los meses durante diez años, Echenique; yo me iré lejísimos, y me olvidaré que ustedes existen”.

“eso es sencillo y lo aceptaré si deja de apuntarme y me asegura que estos documentos no han sido copiados”, trata de ser estoico el empresario.

“Apenas salga del país le envío las copias, pero antes, deshágase de la Policía”.

“No la llamó mi papá”, interviene Darío. “La llamé yo porque voy a entregarme”.

“¿Cómo dices, imbécil?”, reacciona Mauricio, y gira disparando.

Darío cae al suelo y se queda inmóvil sumido en llanto.

De pronto, una puerta se abre de golpe, y cuando Mauricio reacciona… se oye otro disparo.

 

Una ambulancia llega al edificio de la Corporación. Leandro y Elías se miran desesperados. Ambos están detenidos en el auto patrullero a la entrada de la propiedad. Los dos policías que los intervinieron se montan en los asientos delanteros y dan arranque. Leandro logra ver tras el cristal trasero que otros autos patrulleros se acercan al edificio corporativo. Gira la cabeza otra vez.

“Perdóname por meterte en esto”, le dice a Elías en voz baja.

“No es tu culpa, no es mi culpa; somos… un efecto colateral”.

El auto continúa abriéndose paso por la avenida hasta llegar a la comisaría del distrito.

 

“¿Tú crees que los negocios de los Echenique han sido limpios como dice su sitio web? ¡Por favor! Hay que ser muy ingenuo. Por debajo de toda esa lista, lo que nunca dijeron al público y ahora están comenzando a cantar en el tribunal es que traficaban con terrenos y propiedades. Fraguaban títulos, subvaluaban compras, estafaban gente, revendían mediante testaferros, compraban silencios con casas y departamentos. ¿Quién te regala una torre de diez pisos, casi a todo lujo, como adelanto de herencia?”

Es la fiesta que marca el fin de un nuevo verano y la mezcla de muchas músicas es el telón de la noche fresca a orillas del mar. Alberto Madero bebe su segundo escocés metido en la piscina en la naked party organizada por UnderMale, una marca de ropa interior masculina que está introuduciéndose en mercado nacional.

“Por qué no lo denunciaste antes?”, pregunta Leandro a su lado y también sumergido en el agua.

“Obviamente, porque me faltaban los documentos; lástima que en el proceso, perdimos a Pepe”.

“Perdimos suena a manada; lo que no me pareció es que desaparecieras por una semana”.

“Ay, Leo Leandro, ¿ibas a esperar que me salga la detención provisional para recién levantar vuelo? Menos mal que el finado tuvo la precaución de pasarme las fotos de todos los papeles, y últimamente el Ministerio Público solo se mueve si la prensa presiona”.

“Pero, el celular de Rico te incrimina”, le observa el futbolista.

“A lo más me darán suspendida con reglas de conducta; lo que me preocupa es lo que va a pedirme la mujer en la demanda de divorcio, especialmente ahora que conocemos lo que conocemos”.

“¿Sabes? Extraño a Rico y extraño a Roberth. A los dos por igual”.

Madero abraza a Leandro , le toma la mejilla con la otra mano y le da un beso leve en la boca.

“También los extraño, Leo Leandro. Desde el lunes vamos a reorganizar Tirador Films. No he creado una marca para que esté como un peso muerto. ¿Te sientes listo?”

“Uff, Beto, me jode no ser parte de la temporada del San Lázaro, pero espero que lo otro me compense”.

“Ya escuchaste lo que dijo el médico: actividad física sí, esfuerzo extenuante no. Una vez que Sparking cierre trato con el laboratorio, vamos a darle PREP a todo el talento. Grabamos la primera película y de inmediato comenzamos con tu tratamiento”.

Alguien se les acerca nadando cual delfín, y justo cuando va a alcanzarlos, se sumerge.

“Guau, qué rico se siente esa boca bajo el agua”, comenta Alberto excitado.

“La chupa bien este conchesumadre”, suscribe Leandro.

Entonces, el chico, de hermoso cuerpo, emerge frente a ellos y los abraza de la cintura.

“Um cara no outro lado quer foder comeu e Leandjo”.

“¿Le dijiste cuánto es, Gerson?”

“Sí, ele aceitó. ¿Vao Leo?”

“¿Quiere completo o cómo?”

“Seiscentos p’ra os dois”.

“No lo hagamos esperar, entonces. ¿Quién tiene las llaves del cuarto, Beto?”

“El bartender. Por cierto, a él debes pedirle los condones. ¡Ah! Dile que se quede… Tienen que ver ese par de… ufff, ya las verán”.

Leandro y Gerson sonríen y van nadando hasta el otro lado de la piscina.

  

lunes, 7 de noviembre de 2022

Ser Rafael 12.1: Ganando puntos


La reverenda gana se me quitó a las seis y cuarto de la mañana, demasiado temprano para un sábado.

Tras ducharme y vestirme, fui a la cocina, cual ratoncillo atraído por el queso.

“Buenos días, joven”.

“¡Camuchita! ¿qué delicias nos tienes para hoy”?

Carmen me miró cariñosamente con rabiecita.

“No soy Camuchita, jovencito. Car-men-ci-ta”.

“Por eso. Camuchita”.

A la mujer no le quedó otra que reírse, lo que premié con un cálido beso en su frente.

¿Qué desayuné? Pues… café, claras de huevo, un rico trozo de papaya, y tostadas… con queso… Éso explica por qué llegué cual ratoncillo.

Carmen y yo desayunamos juntos. Le conté lo de la abuela de Laura.

“¿está lejos el pueblo de la finada?”

“Como a hora y media, dos horas quizás”.

“¿Por qué no va a verla?”

La idea no sonaba mal.


A las ocho estaba tomando el bus para Chulucanas, como una hora al este. Un cuarto para las diez estaba en Santa Rosa de la Quebrada, un caserío perdido en un algarrobal, flanqueado por dos arroyos que, en verano, son imposibles de cruzar debido a las lluvias torrenciales.

en menos de cinco minutos di con la casa.

Ya sabes: pueblo chico… y todo el mundo termina soñando lo mismo.

Iba con un ramo de flores típicas de funeral que compré en el mercado de Chulucanas, tras asesorarme con la veterana vendedora, pues en estos menesteres póstumos era más torpe que elefante bailando sobre lago congelado al inicio de la primavera. Claro, como en Piura hay elefantes y temperaturas bajo cero, la figura se entiende perfecta.

Me perdonarás, pero dormir mal siempre me pone de un humor insoportable.

Apenas Laura me vio, vino hacia mí. Me abrazó triste.

“Mi amor, ¿cómo llegaste?”

Ehhh… Lo siento. No pienso explicártelo de nuevo.

Como siguiente número tenemos: conocer a toda la familia:

Algo de veinte tíos y tías, como 50 primos y primas, y eso que no agrego esposas, esposos, hijos, hijas y demás relacionados de la que en vida fue.

Faltó poco para que también me presentaran al resto de la población.

Me quedé idiota cuando conocí a una prima de Laura que no pasaba de los veinte, porque ya tenía esposo y tres hijitos. Creía entender el por qué la idea de la descendencia en que se empecinó mi enamorada por algún tiempo.

En la sala de la vivienda, estaba el cajón de madera, pintado de plomo, con una puertecilla abierta donde podía verse el rostro de la difunta. Toda persona que llegaba, tras dar el pésame de rigor, iba a contemplar la faz inerte de la señora.

A mí, la verdad, la idea me aterraba, así que me las ingenié para no honrar la invitación de la familia. De hecho, si soporté ver la cara de mi padre ya fallecido fue por el amor que le tengo, y porque me resistía a creer que jamás volvería a gozarlo. No fue fácil para mí estar en ese velorio, menos en éste.

El resto de asistentes estaba sentado en la sala alrededor de la capilla ardiente, conversando. Igual afuera, donde habían sillas y una banca.

Por allí circulaba una jarra blanca de aluminio y vasitos pequeños: trago corto. La evadí como pude.

Decidí estar un rato con los papás de Laura, quienes se deshicieron en agradecimientos por asistir a momento tan luctuoso. Honestamente, no pretendía ganar puntos con la familia, sino evitar morir de aburrimiento sin nadie en mi casa. El gran problema es que, si seguía aquí, iba a contraer depresión.

Igual gané puntos con la familia. Efectos colaterales, les llaman.

Me pareció que ya era suficiente. Estaba listo para fugar a Chulucanas.

“Jovencito”, dijo una de las tías de Laura. “Venga para que se sirva un almuercito”.

Detengámonos aquí a revisar un capítulo de la enciclopedia ilustrada de la idiosincrasia piurana: Jamás desprecies la comida que te ofrecen, aunque tenga diez mil calorías, pues el o la oferente pueden sentirse desairados. Mucho peor: nunca desaires a la familia de tu enamorada.

Me aparté un poco, fui a la cocina y me senté frente a mi plato.

¿Quién dijo que hay hambre en el campo? Con esta porción podía cubrir mis tres comidas del día, incluyendo bocadillos.

Laura se sentó a mi costado izquierdo, y todo el tiempo mantuvo su rostro apoyado EN mi hombro.


A las tres de la tarde, inicié la ruta de vuelta a casa.

El calor era inclemente, así que lo que más deseaba era llegar, ducharme y dormir hasta el día siguiente… o hasta las ocho de la noche.

Me despertó la alarma de redes sociales en mi celular. Era Al.

Y no era la única persona interesada en contactarme. Había un mensaje de texto que entró mientras dormía.

“Debo decir que mi sábado está abu. ¿Puedo saber qué tal el tuyo?”.

Sí. Era Eduardo. No le di importancia.

Por su parte, Al se pasó contándome de su estancia en la playa, de su paseo en moto acuática, y de cómo tuvo la suerte de encontrarse delfines nadando cerca de la orilla.

Era las nueve de la noche.

Una llamada entró a mi celular. El número me era desconocido.

Imaginé que Eduardo estaba comunicándose de otro aparato… telefónico, aclaro.

“¡¿qué quieres?!”, contesté molesto.

“Perdona… ¿Rafael?”

¡Momento! Esa voz asustada no era la de Eduardo. 

el precio de Leandro 12.1: Me estoy volviendo versátil


Darío sale de circulación por un mes. Por primera vez en muchos años, su padre le da cara, aunque sea para enviarlo a una clínica cerca de Vancouver, donde recibe terapia y algo de medicina alternativa. Cuando regresa a la Torre Echenique, encuentra a Pepe como administrador.

“Tu papá consideró que era el elemento más confiable, y, tratándose de ti, no pude negarme”, le explica.

Darío no quiere contradecir a nadie. En la clínica le repitieron mil y una veces el verbo “to release”, mil y una vez “to set free”, otro tantos “to take easy”, y para variar “to heal”. Pepe le entrega las cuentas de esos treinta y tantos días, pero Darío casi no revisa el detalle:

“Gracias. Hiciste bien en aceptar”.

“Por nada. Cuando necesites un amigo, aquí me tienes. Ahora tú te quedas a cargo y yo regresaré a lo mío”.

Darío piensa un par de segundos:

“no. Quédate. Aún te necesito”.

Desde esa mañana, ambos comparten la administración de la torre, las tareas en el penthouse y hasta la cama. El plan de Pepe para su amigo es simple y saludable: ejercicio. Poco a poco, va metiéndolo en el mundo del fisicoculturismo, al punto que cuando dos meses después Darío establece DE Management, su propia firma de representación para talentos, Pepe pasa a ser uno de los fichados. Casi al mismo tiempo también registra DE Real estate para aislar la administración de la Torre, dos fincas camino a la sierra y una casa de playa que su familia posee. Ni una palabra sobre la promesa de venganza que se hizo; no al menos que lo hubiese mencionado.

 


Por esos mismos días, el San Lázaro se queda a dos escasos puntos de ascender a primera división. Leandro está muy disconforme, y comienza a planificar una escuela de verano para futbolistas mientras espera el reinicio de la temporada al año siguiente; pero, cuando está en plenos preparativos, Alberto Madero decide adelantarle su regalo navideño: un contrato de tiempo completo como asistente administrativo en Sparking Advertising.

“Pero, ¿y el equipo?”, duda el futbolista.

“Cuando comience la temporada, lo decidirás”, le responde su jefe guiñando un ojo.

 


Ya un par de semanas antes se había lanzado el comercial que se filmó en Playa Norte tanto en la señal abierta como los canales de paga y servidores de video en línea… en todo el continente. Leandro no es consciente de lo que eso significa hasta que comienza a frecuentar lugares públicos donde antes pasaba como un chico guapo pero no tan conocido, a ser el “tú eres el del catálogo” o “tú eres el del comercial”; quizás un “te vi en Época Semanal” seguido de una especie de escaneo que suele terminar en sus nalgas.

“Menos mal que aún no detectan que también soy el chico del videoclip, porque ahí sí mi madre me cuelga de los huevos”, le comenta a Rico cuando van a comprar lo necesario para cenar en Nochebuena.

“Si no me reconocen a mí, peor van a reconocerte a ti, hermano”, le responde el muchacho.

Por supuesto que mucho contribuye el silencio pagado y bajo advertencia de Luna Estrella. “Tienes cuentas no muy claras con Impuestos”, le dijo una voz en el teléfono, “así que lo mejor será que sigas instrucciones”.

Aunque siempre existe cierto margen de error, como les pasa a Leandro y Rico cuando una semana después están tomando sol en Playa Norte justo a vísperas de Año Nuevo, y notan que dos chicas cuchichean. Las miran y les sonríen hasta que se les acercan y les preguntan de frente por el videoclip. Ambos chicos solo se sonríen mientras no muy lejos, Cintia mira la escena.

“¿Cuándo Leíto te dará tu lugar, hijita?”, reniega Adela, bajo un enorme sombrero y gafas oscuras.

“Son solo admiradoras, doña”, minimiza la chica. Aunque súbitamente, unas dos semanas después, Leandro se le declara, y ella casi termina desvanecida.

“Perfecto”, califica Madero. “Si vas a estar en este medio y la gente te ve sin pareja, te seguirá relacionando con Echenique, y… no es buena referencia”.

“¿Aunque no sienta nada?”, replica Leandro.

“Recuerda que en el mundo de la publicidad, lo cierto es falso y lo falso es cierto”, sentencia su jefe, mientras descansa a su lado tras uno de tantos encuentros secretos en el Condominio Las Flores, como corolario a la fiesta de cumpleaños del director creativo: treinta y seis velas había soplado. “La gente cree con facilidad lo fantástico, y nunca da por cierto lo real”.

“Lo real es que me estoy convirtiendo en versátil”, remata el chico.

“¿Y lo fantástico?”

“Que no lo hago nada mal”.

 

“Entonces quédate con él”. 

miércoles, 12 de octubre de 2022

el precio de Leandro 8.3: evadiendo a Darío


En la casa de Adela, el cuarto del futbolista es una revolución.

“Casi no tengo ropa de verano”, observa el muchacho.

“Ay, hijo, ¿pero así de pronto te contrataron?”

“¿Lo puedes creer?”, reacciona el chico, muy entusiasmado.

Un auto se estaciona en la puerta de la casa. Adela y Leandro casi no lo oyen. Medio minuto después, golpean la puerta.

“¿Esperas a Rico?”, averigua la madre mientras ayuda a su hijo a doblar alguna ropa.

“No, para nada. Voy a ver”.

Leandro camina hacia la puerta, pero justo a mitad de sala, su teléfono vibra. Es Alberto Madero. Regresa a su dormitorio.

“Mamá, ¿puedes abrir tú, por favor? Me llaman por mi número de reserva”.

Mientras tocan la puerta por segunda vez, Adela camina hacia la sala, y al abrirla.

“Buenas noches, Adela”.

La mujer se queda de una pieza: es Darío.

“¿Está Leandro en casa?”

La mujer suda frío y hace esfuerzos para no desvanecerse.

“No… No está”, tartamudea.

“¿Y te dejó sola?”

“Cintia ya viene en camino”.

Darío nota que Adela palidece.

“Vamos a sentarnos. Llamaré a Leandro”.

“¡No! No es necesario”.

“No estás bien, Adela”.

“Es solo el frío”.

Darío cierra la puerta; entonces, la mujer se da cuenta que el muchacho lleva un sobre cerrado.

“¿A qué hora regresa Leo?”

“Mi hijo salió de viaje, Darío”.

“¿Cuándo regresa?”

“No lo sé”.

“¿Y estás quedándote sola aquí?”

“Darío, te agradezco mucho tu preocupación, pero mi hijo y yo hemos decidido resolver nuestros problemas únicamente en familia. Entonces, si me disculpas”.

“Perdóname, Adela, no fue mi intención inmiscuirme. Es que se fueron de la Torre, así nomás”.

“Te dijimos que no me acostumbraba; no es mi barrio”.

“¿eso lo entiendo, pero podríamos haberlo arreglado. No sé. Arreglar esta casa”.

“Darío, por favor. Mira, a nombre de mi hijo, te agradezco todo lo bueno que has hecho por nosotros. Pero… creemos que ya fue suficiente”.

Se oye que algo suena adentro.

“¿qué fue eso?”, Darío alarga el cuello tratando de ver hacia el pasadizo.

“Algo que dejé mal puesto. Mira, no quiero ser maleducada, pero quiero preparar algo para Cintia, quien vendrá a acompañarme”.

“Podría ayudart…”

“¡Darío, ya basta, por favor! ¡Ésta es mi casa!”

“Es la casa de tu primo, Adela”.

“¿Qué importa eso ahora?”

En el cuarto, Leandro entiende que su torpeza al descuidar su billetera, que acaba de caer al suelo, está a punto de quebrar la mentira que su mamá ha armado; pero la impertinencia de Darío ya llegó a todo límite. Manda todo al diablo y se dispone a salir de su escondite cuando la puerta suena de nuevo. Escucha que abren.

“Hola, doña Adela”. Es Cintia. Leandro respira aliviado. “Hola Darío”.

“Hola”, le responde el supermodelo, dándole un beso.

“Gracias por venir, hijita”.

“Bueno, yo me voy. Adela, dile a Leandro que… se le extraña y se le quiere en la Torre. Que él lo sabe muy bien”.

Adentro, el futbolista sigue inmóvil, esperando lo inesperado. Se recrimina a sí mismo no haber tenido la valentía de confrontar a su aún auspiciador y dejar que su madre se encargue del trance. Su cerebro despierta cuando oye que la puerta de la calle se cierra. Por fin puede respirar a todo pulmón.

“Así que aquí estabas”.

Leandro casi salta hasta el techo. Mira a su costado: es Cintia.

“Ya decía yo que esa voz era muy fina para ser la de Darío”, alcanza a reaccionar.

  

martes, 4 de octubre de 2022

Hunks Shopping Online: Catálogo Octubre 2022

¿Buscas ropa de baño atractiva y accesorios para un sexo anal sin accidentes desagradables? Has llegado al lugar correcto.

La canción dice que “para hacer bien el amor hay que venir al sur”… al sur del planeta, por supuesto, pero donde se goza mejor es definitivamente aquí en el norte. Si tienes la posibilidad de venir a tomarte unos días, eres bienvenido; pero si no, ¿por qué no llevar un poco del calor norteño allí donde estés?

Y como ya viene el verano, antes de hacer el amor, primero tienes que seducir en la playa o la piscina. Por eso, aquí tenemos la mejor ropa de baño para que te luzcas este verano. Más adelante te explicaremos cómo adquirirla antes que se agote.

Y como sabemos que esas prendas te van a marcar bien el culo o el paquete, o ambos, será sencillo que conquistes al chico de tus sueños, o al menos de tus fantasías. Y como queremos que tu experiencia sexual sea altamente placentera, también te ofrecemos accesorios ideales para que el sexo anal (independientemente de que tú metas pinga, te metan la pinga, o ambas) no tenga accidentes desagradables. O sea, al mismo estilo de tu película porno gay favorita. Más adelante te explicaremos cómo adquirirlo todo discretamente.

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viernes, 10 de junio de 2022

La hermandad de la luna (epílogo)

En Fogatas, la playa por donde pasa la línea que permite dividir a la Tierra en dos mitades perfectamente iguales, un ansioso Ismael Nava se sienta en una mesa al interior de un restaurante de hamburguesas. Es mediodía, el tiempo está templado, y poco o nada le importa que donde él está sentado es invierno pero saliendo por la puerta principal, a unos diez metros de distancia, es verano. Chiquito se le aproxima y sienta al frente.

“Ya nos traen la orden, inge”.

“No me llames así, carajo”, regaña Nava en voz baja.

“Disculpe, don Mayo. ¿Cuándo tomaremos el vuelo?”

“Una semana todavía porque tienen que arreglarme lo de tu pasaporte: hacerte pasar por ciudadano de acá y sacarte papeles no se hace de un rato al otro como en Collique, pero Latinoamérica es Latinoamérica, donde sobornas a quien sea y… ya sabemos qué pasa”.

Chiquito sonríe.

“¿Y cuándo podré llamar a mi mujer y mi viejita, in… don Mayo?”

“Carajo, huevón, espera a que lleguemos a Londres y ahí nos organizamos. Le has dejado regular cantidad de plata a tu familia, así que no creo que la desaparezcan en una semana”.

De pronto, una hermosa joven vestida con breve blusa de tiritas, short y sandalias entra, observa a los lados y camina hasta sentarse en la misma mesa que los dos varones. Nava mira a Chiquito muy sorprendido; lo mismo el matón.

“Hola, caballeros”, dice con voz muy dulce y coqueta.

“Buenas tardes”, trata de ser cortés Nava. “Perdone, ¿nos conocemos?”

“No creo, pero… podríamos conocernos más”.

Nava y Chiquito vuelven a cruzar miradas. El segundo le mira los senos sin ningún disimulo pero no con afanes pecaminosos, mas bien de seguridad, detectando algún cable oculto, algo fuera de lo común.

“El reloj”, reacciona alarmándose, y levantándose de la mesa. “¡El reloj, inge!”

Todos en el restaurante voltean la cara.

“Siéntate, por favor”, advierte Nava en voz baja.

Chiquito reocupa su asiento con los ojos desorbitados, totalmente jadeante.

“Al grano, señorita”, el ingeniero se pone serio. “Su presencia nos está inquietando”.

La chica mete la mano a su bolsillo y saca un carnet con una foto.

“Prensa. Quiero que me cuente la historia de Cruz Dorada en el valle de Collique, del otro lado de la frontera”.

Chiquito se vuelve a levantar de golpe, tira la silla, se mete la mano a la cintura y saca una pistola: apunta a la chica. Nava se para con rapidez y lo encara.

“No seas imbécil”.

El matón mira con desesperación a la joven audaz y mira a Nava. Gimottea. Al instante, se lleva el cañón del arma a la boca. Los comensales gritan de espanto.

Un disparo se oye.

Todos salen despavoridos, entre ellos Nava, pero su carrera se acaba en la esquina de esa calle cuando alguien lo bloquea de un golpe y lo agarra del pecho.

“¿Pensó abandonarme, ingeniero?”

Ismael abre sus ojos y su boca: el Carnes lo tiene paralizado. A sus costados, la gente huye; la Policía está a punto de llegar.

Mira un video aquí.

Esa noche, el grandulón se cobra la victoria de una forma diferente, al menos nunca antes experimentada en toda su vida pero que nunca dejó de producirle curiosidad: con su no tan largo aunque sí grueso pene erecto metido dentro del ano de otro hombre que es la perfección física andando, o al menos la que él recientemente ha conocido. Cierra los ojos, trata de resistir pero no puede más: eyacula en el interior de ese otro varón.

“Perdona”.

“No hay problema; excelente siendo primera vez”, le dice el amante del momento, mientras su pene erecto pierde firmeza y descansa poco a poco sobre el bajo vientre del cuerpón.

“¿en serio te gustó?”, el Carnes le acaricia los bien formados glúteos, aún sobre su pubis.

“A mí sí”.

“¿Pensaste que no lo iba a lograr?”

“Yo no decir eso. Yo sentir cierta duda, entonces yo decidí reto”.

El Carnes sonríe.

“Ahora sabes que puedes confiar en mí, y tú sabes por qué debes creer en mí”.

“Sí, sí saberlo”.

“¿Y ahora qué, Owen?”

“Tú ser libre. La frontera estar a diez horas en auto. Mañana poder regresar”.

“Mi país ya no es mi casa; no tengo que hacer nada allí”.

“Entonces… mi casa ser tu casa, pero ser viaje muy largo”.

El Carnes palmea una de las nalgas.

“Será la primera vez en mi vida que un viaje tenga sentido para mí”.

Owen sonríe, se inclina y besa los labios del hombre.

“Entonces, ir a casa”.

Una alarma suena en el celular de El Carnes. Lo rescata de la mesa de noche al lado y lo revisa. Ríe.

“Ciento veinte me gusta”.

El Carnes deja el celular en la mesa otra vez, gira con Owen y se le acuesta encima. En la pantalla, brilla la foto de un iracundo Ismael Nava esposado a un poste de energía eléctrica en una calle de Fogatas con el texto: Welcome to the Middle of the World. #WhiteCross #endgame #moonbrotherhood