Mostrando las entradas para la consulta sentó sobre mi verga ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta sentó sobre mi verga ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de agosto de 2023

Un café al desnudo con Elías Velasco

¿qué hay detrás del nuevo encueramiento del conductor de Café & Conversa?

 








Elías Velasco
(nacido en Lima el 21 de noviembre de 1974, donde reside) estaba encerrado en el baño vestido únicamente con un sacón verde. Respiró profundo. Debió pensar que ésta era la cuarta vez en su vida que lo hacía. “Voy a interpretar a un personaje”, se repitió. Logró tranquilizarse, abrió la puerta, salió hacia la sala, se despojó de la prenda. Estaba completamente desnudo.

 

Afuera lo esperaban dos miembros de su equipo de producción, el artista plástico Miguel Rosas y sus tres aprendices. Todo el mundo entendió que estaba listo. elías se sentó como el pintor le pidió y posó como Dios –aunque no crea en Él—lo trajo a este mundo.

 

“Me sentí nervioso, un poco ansioso, muy observado en general”, cuenta el creador, director y conductor de su show en YouTube, el amenísimo e inspirador Café & Conversa, un espacio donde Elías se sienta a charlar en profundidad con invitados muy diversos.

 

Para el episodio dedicado a Miguel Rosas, su productor sugirió que no solo converse ante cámara o que muestre parte del desnudo masculino que el artista plástico pinta. Pidió a Elías que sea uno de los modelos: “Me pareció una idea bastante arriesgada, polémica, pero muy artística”.

 

No podía echarse para atrás porque cree que si un periodista tiene que narrar bien una crónica, en cierto modo debe convertirse en parte de ella. O sea, si tenía que hablar de hombres pintados completamente desnudos, pues… tenía que ser uno de ellos. Para evadir la censura de YouTube, que prohíbe mostrar explícitamente la pinga, las bolas o todo el culo, su producción eligió ángulos que no mostraran nada más que sus hermosos torso y piernas.

 

Hoy, por primera vez, Elías Velasco cuenta en exclusiva para Hunks of Piura esos detalles y secretos que ni siquiera confesó en aquel comentado episodio.

 







Grandes músculos, pequeño autoestima

En 1993, Elías era otro chico limeño flaco que se sentía demasiado pequeño psicológicamente hablando. Acababa de salir de una relación que de tóxica pasó a violenta. Su pareja se emborrachaba, se desaparecía del mapa; y cuando reaparecía, lo que debía ser un reencuentro romántico se volvió discusiones cada vez más crispadas. Entonces, llegaron los golpes. En algún momento, Elías fue violado sexualmente por ese chico totalmente drogado.

 

“Tener sexo forzado con una persona es violación”, afirma hoy. “Eso me deprimió mucho. Me encerré. Estaba muy delgado”, recuerda.

 

Recapacitó  cuando pidió trabajo en una galería de ropa. el dueño era un miembro de la comunidad LGTBIQ+: “¿cómo un feo va a vender ropa bonita?”, le encaró.

 

Cierta tarde, un amigo pidió que lo acompañara a ver un partido de básquet en el colegio Guadalupe, en el centro de Lima, y cuando menos se dio cuenta, estaba metido en el gimnasio: “en un año cambió mi cuerpo, comencé a arreglarme más”. Su musculatura causó furor e inquietud, lo que Elías usó para cobrarse revancha: “si me maltrataron, yo tenía que maltratar”.

 

Echó para adelante, y en 2004 comenzó a estudiar los secretos de esos físicos que despiertan nuestros deseos prohibidos. Para entonces, estaba en una segunda relación. “Mi pareja me pagó el curso”.

 

En 2007, Elías salió al público vistiendo una tanga bajo la que ya destacaba un hermoso culo y un delicioso paquete. Llegó al Mister Perú y se codeó con las mayores figuras del fisicoculturismo y el fitness; de hecho, obtuvo el tercer lugar en la categoría de culturismo clásico. Previamente, había quedado en segundo lugar en el Mister Lima en la misma categoría, y había ganado el Mister Verano. Tenía 33 años.

 

El problema fue que esa hermosa figura necesitaba que consuma anabólicos. Una enfermedad en sus huesos se activó y lo postró en cama. “Bajé hasta los 49 kilos.”. Como referencia, Elías mide metro 68, así que su peso ideal tenía que estar entre 67 y 70 kilos. “Traté de suicidarme, pero algo impidió que me lanzara al vacío… ¿qué fue? Ni yo mismo lo tengo claro”.

 

Los siguientes doce meses fueron de tratamiento psiquiátrico intensivo. El deseo de matarse fue desapareciendo poco a poco, pero su propio concepto seguía muy devaluado: “Yo me sentía una persona pobre en todos los aspectos”.

 






Las mejores nalgas

Antes del desnudo integral que hizo para su programa, Elías Velasco ya se había quitado toda la ropa en tres ocasiones: en 2008 para una campaña orientada a escorts de Panamá y para el Ministerio de Salud (Minsa); en 2011, nuevamente para el Minsa esta vez en alianza con el Movimiento de Homosexuales y Lesbianas, dentro de una campaña que se llamó Úsame; en 2012 para un fotógrafo francés, que las publicó en una revista para chicos;.

 

La segunda sesión fue especial porque se trató de despertar conciencia sobre el uso del condón y porque Elías compartió el set con otros dos modelos de hermosos cuerpos con quienes simuló poses sexuales pero cubierto por látex de pies a cabeza. Pudo lidiar con el hecho de posar solo, pero hacerlo con otros dos modelos lo intimidó: “Sentí un poco de pudor y nervios”, cuenta.

 

El fotógrafo tuvo tino para romper el hielo, y la sesión se hizo, aunque duró siete horas. Una de las estrategias fue alabando el culo de Elías: “Son las mejores nalgas que he visto”, le dijo, y se lo explicó: estaban bien trabajadas y lucían bien masculinas. Tratamos de vérselas nuevamente, y las tiene riquísimas, aunque de inmediato nos pide orden: “Me gusta  cómo han quedado mis nalgas, pero más me gustan mis ojos… como que hablan mirando.”

 

La campaña Úsame fue un éxito en todo el Perú, aunque a la mamá de Elías no le hizo gracia que el cuerpo desnudo de su hijo se exhibiera en bares y discos de ambiente: “Lo hice porque había un tema de fondo.”.

 

Tener un hermoso cuerpo también lo hizo atractivo para el negocio de los escorts. Ocurrió en 2007. No aceptó. También le propusieron actuar teniendo sexo con otros culturistas peruanos y extranjeros pagándole de 1000 a 1500 dólares por sesión. Volvió a negarse.

 

“No lo acepté porque no lo consideraba estratégico”, explica. Un árbitro argentino era el reclutador de los modelos. Poco después, el escándalo de los culturistas peruanos calatos estalló con fuerza por los medios.

 






Primero, belleza interior

Tener un hermoso cuerpo es ahora un estilo de vida para Elías, pero el físico no es lo primero en que se enfoca. El primer entrenamiento es mental: “como vas a estar por dentro, vas a estar por fuera”. El comunicador se reconoce como un paciente que ha tratado su depresión y su ansiedad. Su búsqueda mental ha entendido que la raíz del problema comenzó desde el mismo momento cuando fue concebido.

 

¿Pareja? No. Ya aprendió que es mejor tomarse el tiempo necesario para elegir mejor; más bien, está enamorado de sí mismo. “Me está resultando enfocarme en cosas concretas y no rodearme de personas que no me aportan nada”, afirma. Su consigna es la empatía o ponerse en los zapatos del otro. Así puede tomar mejores decisiones. “Me siento libre, cicatrizado”, sonríe.

 

Elías asegura que el mejor regalo que te puedes hacer es cambiar porque es tu propia postura, no porque te lo dice la gente: “Mi vida no se maneja por una aceptación colectiva sino por una aceptación interna”.

 

¿Y su pasado? “No puedo renegar de las experiencias de mi vida porque me permiten estar más cuajado”. Y parte de ese crecimiento ha sido crear Café & Conversa. “El programa ha salido más por un tema catártico, debido a una segunda ruptura amorosa”, revela.

 






Y la erección comenzó

Como parte de esa nueva aventura, llegamos a la mañana cuando Elías posó completamente desnudo frente a Miguel Rosas. Tras liberarse del sacón, el siguiente reto fue mantenerse quieto. Y si Elías tiene un pequeñito problema es que suele moverse mucho.

 

Estuvo sentado por tres horas: “Tuve calambres en nalgas, pantorrillas y pies”. Eso le activó la ansiedad y los nervios… y ambas le activaron su pene de 17 centímetros de largo. “Miguel, creo que esa parte se quiere levantar un poco”, le dijo al artista plástico. “eso es normal”, le respondió Rosas con naturalidad. Dicho eso, su verga se volvió a dormir.

 

Lucir su metro 68 y sus actuales 72 kilos requirió alguna preparación corporal: se recortó un poco los vellos del pubis y las piernas. Para sus dos primeros desnudos, sí se depiló completo.

 

Cuando terminó de posar y vio su cuerpo desnudo pintado en el lienzo, quedó muy satisfecho. “Me impresionó el color que le plasmó… Me sentí muy cuidado y protegido por Miguel… Me sentí muy pleno.

 

Elías cree ser una persona bastante normal. “No me considero guapo”, pero “yo me siento atractivo”. A pesar del desnudo y de su físico, tampoco se siente un símbolo sexual. “Me considero una persona en pleno proceso de crecimiento, que busca la belleza interna,” afirma. Eso no lo desenfoca de su físico, del que, dice, no cambiaría nada a estas alturas de su vida.

 

“El cuadro que me hizo Miguel es una piel que expresa colores a través del lienzo, que ha sabido posicionar lo que más me gusta de mí, que son mis ojos”. El cómo lo tome la gente, para bien, para mal, o para fantasear sexualmente lo tiene sin cuidado.

 

Elías piensa que la sesión que hizo para Miguel Rosas ha beneficiado su trabajo como comunicador; de hecho, cree que el cuerpo “es un templo o un lienzo que habla”. “Si me proponen un desnudo y siento que va a aportar a mi vida profesional, sí lo aceptaría”, asegura.

 

Sigue a Café & Conversa | Sigue a Elías Velasco | Hablemos en X | Promociona tu emprendimiento | hunks.piura@gmail.com

 



  

lunes, 27 de febrero de 2023

Lucas: Un ron por ese chibolo

Soy Lucas, vivo en Piura,  y tengo 38 años. Mi obsesión son los chibolos de 22 años, delgados pero formaditos. ¿Por qué?

 


Hace un tiempo yo chambeaba en Chiclayo. Un miércoles me encontré en un grupo de contactos gay a un chibolo de 20 años. Le mandé solicitud, me aceptó, chateamos buen rato, me cayó simpático, quedamos para vernos el sábado. Esa noche y las siguientes hasta el viernes, aluciné follando sin control con él en mi cama, inundando su ano con mi semen.

 

No había momento en que me quedara calato en la cama, pusiera dura mi verga de 15 centímetros y la frotara contra la almohada hasta que se me saliera la leche imaginando que perforaba su sabroso culito. Ni las duchas frías que tomaba me bajaban la calentura. ¡a la mierda! Cuánto esperma me hizo botar ese conchesumare.

 

Llegó el sábado. Como le dije que tenía sitio, organicé mi cuarto para que la cita fuese lo más placentera posible. Me fui bien animado a chambear.

 

A eso del mediodía, el huevón me pasó un mensaje: “No creo que la haga, causa… tengo un culo de trabajos de la universidad por entregar” ¡Carajo!, me dije. ¡Y qué iba hacerme esa noche? Porque si él tenía un culo de trabajos, yo no había dejado de alucinar cómo sería probar su culo mientras le hacía el amor. Ni modo. Me resigné. Algo haría. Quizás… pajearme como loco.

 

Salí de la chamba a eso de las seis y media de la tarde cuando otro mensaje me entró. Era el mismo chibolo. Yo estaba desganado, así que no le di bola. Pero el chico insistió. “Al diablo mis trabajos… ¿dónde nos vemos?” Puta madre. De solo pensarlo, se me fue el cansancio y hasta mi verga se puso dura bajo mi ropa. Y ya sentía el bóxer húmedo porque cuando se me para, lubrico como mierda.

 

Quedamos de vernos en el Paseo de las Musas. A pesar que yo había deseado ese momento, estaba medio nervioso. Me compré un roncito y me puse a tomar un poco como para darme valor. La huevada es que el chibolo no aparecía por ningún lado. Decidí acabarme la chata e irme a joder a otra parte.

 

Ya estaba tomando el último vaso cuando él apareció.

“Disculpa, brother”, me dijo todo humilde. “traté de zafarme, pero una vaina y otra…”

¿De qué vainas habla este huevón? Mejor estaba mi vaina, otra vez al palo, lubricando, especialmente con esa ropa entallada que le marcaba su físico, y ese pitillo que le destacaba su culito bien redondito y sus piernas gruesitas y firmes.

“Practico fútbol”, me contó cuando se sentó a conversar.

Compré otro ron y comenzamos a hablar. Le invité pero no quiso. Nos caímos en gracia. Cuando se acabó la segunda chata, llegó la duda:

“¿Dónde la seguimos?”, le dije, con la esperanza de que ya quisiera que cachemos.

“Vamos a la disco”, me propuso. No era precisamente lo que tenía en mente, primero porque ya le tenía hambre a ese culito y segundo porque no soy bueno bailando. Obvio, no le dije eso.

“OK… vamos”, le dije.

 

La pasamos bien en la disco. Como ya la había comenzado con ron, la seguí con ron. Quizás eso me dio valor para bailar. No sé ni cómo lo hice, o si hice el ridículo, pero el caso fue que también el chibolo aceptó tomar unos vasitos. Aprovechando la penumbra, me le acerqué y mi mano traviesa le acarició una nalga: estaba durita. Imagínense cuando nos tocó perrear, ahora era mi pinga la que se había puesto no durita al rozar su trasero… ¿estaba duraza!

“¿La seguimos en otro lado?”, le consulté.

“¿Dónde?”

 

En veinte minutos ya estábamos en mi cuarto. Apenas cerramos la puerta, nos besamos en la boca como locos. Qué rico sentir su lengua. Me imagino que le excitó mi aliento a ron. Comenzamos a quitarnos la ropa.

 

Ya calatos, nos abrazamos fuerte y dejamos que nuestras pingas duras se frotaran y rozaran. La suya también lubricaba un montón. Mientras nos besábamos, subimos a la cama.

 

Acaricié su culo de futbolista. Obviamente que así sin ropa era más redondito y firme que con ella. Aparte que esas nalgas lampiñas hacían que las caricias fuesen como pasar seda sobre porcelana.

 

Mis labios dejaron los suyos y comencé a besar suavemente su cuello con aroma de rico perfume varonil. ¿Bien!, dije yo. Él comenzó a gemir y jadear con tono de macho. ¿Bien, carajo!, dije yo. Los patas que se comportan como mujeres en la intimidad no me ponen nada.

 

Bajé a chuparle las tetillas. El chibolo se alocó más y acariciaba mi cabello. En realidad, me despeinaba. Seguí bajando. No tuve problema en chuparle su pene. No era largo o grueso, pero estaba ahí, levantado y duro como un gancho del que debía colgar toda mi boca caliente.

“Así, pata… la mamas bien rico”.

Succioné bien su pichula para ordeñarle un poco de precum y luego lo guardé en mi boca para buscar la suya e intercambiarlo junto a nuestras salivas mientras nos besábamos otra vez. Volví a bajar a seguirle chupando su rico pene.

 

Solito se fue acostando sobre mi cama. Abrió sus piernas para que le lama los testículos. ¿Requetebién!, dije yo. Solito levantó las piernas. Obviamente, ambos sabíamos qué queríamos.

 

Separé sus nalgas, saqué mi lengua, y, sin perder tiempo, fui a conquistar su anito cerradito. En mi excitación, quería penetrarlo solo con mi lengua. Él me agarró fuerte del cabello y quería que no deje de hacerle el beso negro. Miré un toque: ya estaba dilatándose. Decidí sopearlo más.

 

Me incorporé. Aprovechando mi saliva y mi líquido preseminal, le fui metiendo mi pene. El chibolo era tan estrecho que incluso para meterle la cabecita fue un poquito trabajoso. Así que me estiré, saqué el condón que había separado para esa noche especial, me lo puse, y luego saqué el lubricante y lo embadurné bien. Puse algo del gel en el ano de ese hermoso chico.

 

Empecé a empujarle mi pinga. Logró entrar todita poco a poco, pero, como era tan estrecho, me apretaba como mierda, y sentía que en cualquier momento ese ano iba a succionar mi falo arrancándolo de mi cuerpo. Comencé a mecerme. ¿Puta madre, por Dios! ¡qué hermosa sensación bombear ese agujero!

¡así,papito”, susurraba el chibolo. “Cáchame rico así”.

Ese pedido con voz de macho me calentó más, por lo tanto le di con todo y me moví como loco. El chibolo se quejaba medio rugiendo, como macho. Eso para mí era combustible. Le di más fuerte aún. Ambos estábamos fuera de nuestros seres entregándonos al sexo más rico que nunca antes nadie haya sentido.

 

Como me lo agarré piernas al hombro, mi pubis y mis bolas azotaban sus nalgas como un castigo placentero, que nunca desearía que acabe.

 

En un momento que tomé aliento para volverlo a cachar fuerte, él puso sus manos en mi pecho y me hizo entender que quería que me acostara. Lo hice. Ese hermoso nene se sentó sobre mi verga, se abrió bien sus nalgas y se dejó clavar por mi herramienta sexual. Comenzó a cabalgar como loco. Ahora era su hermoso culo de futbolista el que azotaba mi piel. Siguió gimiendo y jadeando. Por ratos se inclinaba y me besaba en la boca sin dejar de mover ese fabuloso trasero.

 

Estuvimos buen rato así hasta que…

“Ya las voy a dar”, le dije.

Él me sonrió.

“Quiero quitarme el condón y llenarte el culo con mi leche”, le dije.

Volvió a sonreír y me señaló su boca lo más pendejamente que puedas imaginar.

 

Cuando sentí que ya no iba a aguantar más, le dí unas nalgaditas y él se desconectó de mi pene, se arrodilló sobre mi cama y yo me puse de pie sobre ella. Me hice una paja que era capaz de arrancarme mi pinga y le di toda mi leche en su boca. Él no solo la saboreó; se la ttragó como quien traga el licor más rico del mundo.

 

Me incliné a besarlo en la boca nuevamente.

“La pasé de la puta madre”, le dije.

“Yo igual”, me respondió.

Para entonces, el efecto del ron se nos había pasado. Nos quedamos conversando un rato y cuando nos dimos cuenta, ya casi estaba amaneciendo.

 

Tuitea a Lucas | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


domingo, 5 de abril de 2020

El juramento de #semen es para toda la vida

Cuando hice el servicio militar, hace ya casi 20 años, había un juego que mis promociones y yo solíamos hacer cuando dormíamos. Como éramos varios en la cuadra, teníamos que compartir camas. Como a veces hacía calor, dormíamos en calzoncillo (en esa época no estaban de moda los bóxers), y por joder, cuando el otro promoción estaba de espaldas, lo agarrabas de la cintura, le arrimabas tu paquete al medio del culo, y hacías como que te lo cachabas. Así fue como conocí a mi promoción Wálter, un pata flaquito pero marcado, metro 65, lampiño, culo normal pero bien paradito.




Una madrugada, cuando vino de una guardia, como de costumbre se sentó sobre la cama y comenzó a desvestirse. Yo estaba de espalda, durmiendo hacia la pared. Esa noche tenía un calzoncillo bien pegado. Yo soy metro 68, velludo, y en ese tiempo mi contextura era normal.
"¿Estás despierto?", me preguntó bien despacito.
De puro pendejo, no le respondí.
"Ya, oe, Pérez, habla. ¿Estás despierto?"
Y me colocó su paquete en mis nalgas. Solo que esta vez noté que su paquete estaba duro, durazo.
"Aguarda, mierda", le respondí sonriéndome y bien despacito también. "¿Qué pasó?"
"Me gané una huevada. Yo y Sánchez. En el algarrobo cerca de la esquina de la torre, notamos que dos bultos se acercaron. Activamos los largavistas de visión nocturna y... ¡dos patas cachando, huevón!"
"Hablas huevadas", le respondí.
Me narró que ambos llegaron con mucho sigilo, en una zona que en esa época era oscura, y cuando comenzaron a espiarlos vieron cómo se desvestían, y ya calatos cómo uno de ellos se arrodillaba en la arena para chupar lo que parecía ser un gran pene. Luego, cómo el activo ponía al pasivo en cuatro patas y se la clavaba hasta que luego de varias minutos, el activo sacaba su mazo, se lo pajeaba y parecía llegar al orgasmo sobre el cuerpo de su amante.
"¿Qué dijo Sánchez?"
"Ese pendejo se pajeó allí en la torre".


Sentí la mano de Wálter sobre mi cintura, como usándola para narrarme lo que vio, luego sentí su mano en mi cadera. Éso me arrechó y también se me paró.
"Ya deja dormir", pedí.
"¿Por qué?", me preguntó.
Tomé su mano y la puse sobre mi paquete duro. Él no la retiró. Mas bien metió su mano dentro de mi calzoncillo y me tocó mi verga dura.
"¿Hace cuánto que no cachas, Pérez?"
"No sé", le dije por responder cualquier huevada.
Entonces me comenzó a pajear. Yo me quedé tranquilo. Bueno, ni tan tranquilo. Con mi mano libre, le bajé el tirante de su calzoncillo, que para variar era delgado, y le toqué su paquete.


Abrí los ojos. Estaba más o menos oscuro. Tratando de no hacer ruido, me volteé en la cama hasta quedar frente a frente con él. Le bajé su calzoncillo, cosa que él me ayudó, a la vez que me bajaba el mío. Juntamos ambas vergas duras, nos abrazamos, y mientras las masajeábamos contra el cuerpo del otro, nos besamos en la boca. No era el primer pata que besaba en la boca, pero era mi pata, mi promoción. Fue una experiencia rica.
"Las voy a dar", le dije.
Él me puso mirando arriba y con cuidado de no hacer ruido, puso mi pinga en su boca, me la chupó. Le di toda mi leche en ese espacio suave, húmedo y caliente.
"También las voy a dar", me dijo.
Se puso boca arriba. Yo dudé algunos segundos. También cuidando de no hacer ruido, me incliné hasta su pinga, se la chupé y por primera vez en mi vida recibí semen de otro pata. Sabía medio raro, pero ya estaba acostumbrado: el rancho no era comida de cinco tenedores que digamos.





A la mañana siguiente, hicimos como que no pasó nada. Todo normal. Volvimos a repetir la cosa unas dos o tres veces hasta que salimos de baja. Yo me fui a trabajar a Arequipa, él se quedó acá y creo que fue a Lima. Casi había perdido el contacto con él hasta que antes de la cuarentena estaba viendo unos negocios en Canchaque a ver si iba con turistas para la Semana Santa, cuando estaba cruzando la plaza de armas y alguien me pasó la voz.
"¡Pérez!"
Volteé a ver. Un pata algo maceteado me sonreía desde una de las bancas. Me le acerqué. ¡No saben el gozo cuando reconocí a Wálter!
"¡A los años! ¿Qué haces acá, huevón?"
"Tengo un par de días libres en el trabajo y me vine a pasear".
"¿Ya conocías acá?"
"No, es mi primera vez", me guiñó un ojo.
"¿Quieres que te lo muestre?", le sonreí.
"Todito", se carcajeó él.


Caminamos por el mirador, los peroles, vimos el paisaje, aunque hacía algo de frío, él estaba comenzando a sudar.
"¿Quieres darte un baño acá cerca?", consulté.
"Pero no he traído ropa de baño".
"Tú sígueme".
Lo llevé a un paraje del río Pusmalca donde hay unas totoras y algo de pajonal, un poco retirado del pueblo. Al llegar, me calateé todo.
"¡Qué rico cuerpo, promoción!", me alabó.
"El fitness", le sonreí.
Me metí al agua. él se calateó también.
"También tienes rico cuerpo", le observé.
"el fútbol", me sonrió, y parecía darle la razón porque el culo le había crecido lo mismo que las piernas. Se sumergió todo. Aprovechando la soledad, aprovechamos para ponernos al día de toda nuestra vida. él trabaja como ingeniero de telecomunicaciones y yo, como dije arriba, soy operador turístico.
"Esta agua sí que relaja", me dijo.
"¿Te gusta?"
"Como mierda", me dijo. "¿Te acuerdas cuando te hice masajes una vez y me dijiste que estabas bien relajado después de la sesión?"
"Bueno", recordé, "relajado y bien al palo también". Me reí.
"Estoy igual", me guiñó un ojo.
"Hablas huevadas".
Wálter tomó mi mano sumergida, y como esa vez en la cuadra hace 20 años, la puso sobre su paquete. Mas bien sobre su pinga: estaba dura, a pesar del agua fría.
"¿Qué tal?", me dijo.
"Toca la mía", le respondí.
No solo la hizo. Comenzó a pajearme dentro del agua. Yo hice lo mismo. Terminamos eyaculando allí, sin que nadie se diese cuenta. Quién sabe a dónde fluyó nuestro semen, que parecía dos pequeñas nubes blancas alejándose con rapidez.





La siguiente parada del 'tour' fue un hostal en el pueblo. No sé con qué cara nos vieron pero nos dieron una matrimonial. (Nos dijeron que las dobles estaban llenas y no había simples.) Desde que entramos y nos quitamos la ropa, lo primero que hicimos fue tirarnos sobre la cama, abrazarnos y besarnos como locos. Ahora sí podía recorrer su cuerpo bajo el mío.
"Chúpame las tetillas", me pidió, y al hacerlo el huevón comenzó a gemir como mierda, tanto que le tuve que tapar la boca. Luego le chupé la verga, unos 15 cm rectita, y tras levantarle las piernas, le hice un beso negro tierno y profundo. Dilató de inmediato, y era evidente que por ese agujero ya habían entrado varios falos, pero a la mierda... disfruté lamiendo, besando y punteando, mientras él gemía y jadeaba, pedía más, me acariciaba.


Cuando yo me puse boca arriba, él también me besó todo el cuerpo y al llegar a mi pinga, 14 cm recta, me la chupó un rato, luego los huevos. entonces, se sentó sobre mi palo, se puso saliva en el ano, y fue bajando poco a poco hasta que sus nalgas tocaron mi ingle. Rebotó algunos minutos. Luego me lo puse piernas al hombro, pero en vez de bombearlo, probé una técnica tántrica en la que él tenía que apretar el culo mientras yo activaba sus zonas erógenas y en especial su ruta de chakras. Bueno, cuando guías turistas y cachas con ellos, aprendes de todo, ¿no? Wálter disfrutó tanto la experiencia, que, tras hora y media después, eyaculó sobre su abdomen. Afuera ya era de noche.
"Lo máximo, Pérez", me dijo extasiado. "Es la primera vez en mi vida que cacho tan rico".
"Y yo también", le repliqué. "Debe ser porque nos tenemos un cariño de años".
"Debe ser".





Tras cenar algo, el resto de esa noche volvimos a cachar. Esta vez repetí la misma técnica, toda mi pinga en su orto, pero teniéndolo en perrito mientras yo le masajeaba la espalda. Wálter se contorsionaba de la pura excitación, jadeaba, me decía que era mi puta, que me amaba, que lo haga mío.  Luego lo puse boca arriba. Mientras él me pajeaba, yo lo pajeaba. Nuestro esperma se disparó en los vientres de ambos.


Al día siguiente, tomamos el ómbnibus de regreso a Piura. Nos mirábamos como idiotas y nos sonreíamos mientras veíamos la campiña pasar bajo la primera lluvia de verano. Al llegar a Piura, nos despedimos.
"¿Cuándo vuelves a tener días libres, Wálter?"
"En cualquier momento... yo te aviso".
"Ojalá sea pronto porque... es la primera vez en muchos años que hago el amor con alguien".
Pérez se emocionó y los ojos se le aguaron. Ahora nos comunicamos por chat y espero esa próxima vez, que, según me dijo, podría ser un trío. Estamos buscando candidato.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Al predicador que madruga, Nino lo ayuda (I)

Eran las ocho de la mañana y yo todavía estaba en mi cama entre dormido y despierto cuando sonó el timbre. Como es costumbre, estaba dentro de mi edredón y sábana completamente calato dispuesto a no moverme de ahí por nada del mundo. Mi pinga estaba bien al palo. El timbre sonó otra vez. ¿Mi vieja se habrá olvidado de la llave? Capaz. Esa mañana había salido a hacer gestiones.


Yo tenía que ensayar unas coreografías, pero a última hora de la noche mi amiga me mandó un whatsapp diciendo que tenía clases en la U, y que lo dejáramos para la tarde. Yo me recurseo enseñando baile y dando clases de aeróbicos durante las noches en un gimnasio como a cinco cuadras de mi casa. Siempre voy caminando y me vacila cómo la gente se me queda mirando el físico, más aún porque siempre me gusta ir con ropa entallada, que me marque mi cuerpo atlético.


Otra vez el timbre. ¡Carajo!
Me asomé al piso, vi por ahí un short de tela blanco que estaba tirado desde la noche anterior, me senté en la cama y me lo puse al mismo tiempo que me calzaba unas babuchas viejas que tengo.


Comencé a caminar acomodándome mi verga para tratar de que no se me notara la erección. Bien tarado que soy: ¿cómo se me ocurre que en la prenda blanca y entallada no se va a notar la erección? Me asomé a la puerta.
"Buenos días, amigo. Vengo a compartirte una enseñanza de la Biblia".


Un pata moreno, evidentemente maceta, un poco más alto que yo, pelo zambo cortito, linda sonrisa y voz, vestido con camisa manga larga, corbata, pantalón y zapatos de vestir, cargando una maleta, estaba en mi puerta.
"¿Ahora mismo?", le pregunté, asomándome un poco más. ¿Y la otra persona con quien suelen venir esta gente? Siempre vienen en parejas.
"Claro", me dijo. "Si no te interrumpo".
"¿Vienes solo?", le pregunté.
"Sí", contestó medio dudando.


Cuando trabajas en el gym, y mucho más si eres instructor,aprendes a darte cuenta de los físicos a la volada, pero, ¿ de qué gym era este patita? Peor aún, ¿por qué chucha no se me bajaba la pinga?
"Entra", le dije.
Me agradeció.
Mientras él pasaba pude notar mejor su amplia espalda, brazos con buenos bíceps, rico culo redondo, piernas gruesas (su pantalón no era muy flojo que digamos). Donde sí parecía que faltaba ejercitar era la cintura. No era delgada ni gruesa. simplemente parecía que no la ejercitaba.


Yo no sabía cómo mierda poner mis manos para que no me viera mi pinga erecta, 18 centímetros, gruesa.
Lo invité a sentarse e hice lo mismo. Rápidamente me puse un cojín del mueble sobre mis piernas para que no me viera lo que ya saben. Cuando él se sentó, sus gruesas piernas parecían que iban a reventar su pantalón. Noté que me miró mi torso y brazos desnudos.
"Perdona", le dije. "Recién me despierto".
Se avergonzó un poco.
"No, perdóname tú a mí", me dijo. "No sabí..."
"No importa", le repliqué. "Tenía que levantarme sí o sí".
Él sonrió. Yo también.
"Me llamo Miguel y vengo a compartirte algo de la Palabra Divina", se presentó mientras abría su maletín y sacaba una revista a todo color.


Con el pretexto de seguir su mano, reparé en su entrepierna. Se hacía una pelota ahí. ¿Será que este huevón se maneja una trolaza o será que tiene buenos huevos?
"Tú sabes", comenzó él, "que el mundo se está perdiendo porque no ama a Dios; incluso, estamos confundiendo el significado de amor. Así nos terminamos amando demasiado..."
¡Esperen un momento? ¿Su religión, secta, grupo o lo que fuera tenía algo contra la autoestima? Aparte de mi pene duro, era lo más grande que tenía.
"Incluso estamos confundiendo las formas de amor, y ahora quieren que veamos como normales, por ejemplo, el amor entre hombres..."
"¿Te refieres al amor de hombre a hombre?", le interrumpí.
Miguel carraspeó.
"Sí... Cuando dos hombres se aman como si fueran... hombre... y mujer".
"¿Qué problema hay con el amor gay? ¿Miguel?"
"Sí... Miguel. Creo... que no me dijiste tu nombre".
"Ah, sí, disculpa. Soy Nino".
"Oh, mucho gusto. Claro, ahora el amor gay se ve como algo normal".
"¿Y por qué no lo sería, Miguel?"
"Porque viola los mandamientos de Dios, va en contra de las Escrituras... verás..."


Se inclinó a buscar algo en su maletín. Sacó un libro de pasta negra -¿pasta negra?- con bordes rojizos. Hojeó las primeras páginas.
"Déjame buscar... por aquí..."
"La Biblia dice que Dios es amor".
Miguel me levantó la mirada; abrió sus lindos ojazos negros.
"Claro, Primera de Pablo..."
"entonces, Miguel, si Dios es amor, si Dios nos ama, si Dios es misericordioso, ¿no sería una contradicción que se opusiera a las distintas formas de amor siempre que sean legítimas?"
Miguel se quedó boquiabierto.
"Pe-pero... pero en Deutero..."
Miguel vio su Biblia (suponía que fuera éso) abierta en sus grandes y gruesas manos.
"Cierra la Biblia, Miguel. Piensa tú mismo. ¿No sería una contradicción?"
"Es queeeee... no es debido, Nino".
"¿qué es debido, Miguel?"
el chico hizo silencio.
"¿A...marnos?", dudó.
Yo le alzé mis cejas.





El momento se había puesto tenso, y no sé por qué se me ocurrió, pero lo invité a que me acompañe a la cocina. El debate ya me había bajado la pinga así que podía caminar sin temor a que se diera cuenta. Estaba calentando un poco de chocolate legítimo que mamá me había dejado para desayunar. ¡Hasta para éso me daba pereza! Miguel estaba apoyado en el marco de la puerta a mis espaldas.


"Nino, ¿puedo preguntarte algo?"
"¡Claro!", respondí animado.
"¿Por qué no te incomoda las relaciones entre hombres?"
"Porque cada uno es libre de hacer su vida sin joder a nadie más", repuse con seguridad.


Tomé la tetera con cuidado y serví una taza para Miguel y otra para mí. Volví a dejar la tetera sobre la hornilla de la cocina, tomé ambas tazas y las llevé hasta donde estaba el moreno. Bueno, trigueño oscuro.
Me agradeció y la recibió.
"Uy, olvidé ponerle azúcar", observé.
Miguel sonrió, notando que yo había reaccionado algo tarde porque había sorbido ya la taza. Entonces sus ojos se abrieron más.
"¡Delicioso!"
"¿En serio?"
"Sí. ¿Qué marca es?"
"No tiene marca. Lo traen del campo, cerca de acá".
Miguel sorbió otro poco.
"Estás en forma", me dijo.


Yo sonreí. Por alguna extraña razón, no quise presumir lo que hacía, a lo que me dedicaba.
"Entonces, ¿te gusta el chocolate?", le consulté.
"Bueno. Al menos éste, sí", se animó. Sorbió otro poco.
Yo hice lo mismo, saboreando el amargor del cacao secado, tostado y molido. Pensé que al menos ése iba a ser el único punto de encuentro con Miguel aquella mañana. Pensé que una vez que se terminara su chocolate, me agradecería, tomaría sus cosas y se iría amablemente a seguir tocando puertas.


"Nino... ehhh... ¿puedo... preguntarte otra cosa?"
"Seguro", casi susurré, casi sin despegar mis labios del borde de la taza.
"Tú..." Se tomó su tiempo. sorbió más chocolate. "Tú... ¿tú has... has estado... con otros hombres?"
Lo miré fijamente a sus lindos ojos.
"Sí", volví a susurrar.
Me bajó la mirada. Sorbió otro poco.
"¿Y has sido feliz?", me volvió a preguntar sin atreverse a levantarme la mirada.
"Sí", repetí.
"¿No sientes... que le has fallado a Dios?"
"No sé si le fallé, Miguel; pero al menos sé que he sido honesto conmigo y con las personas con las que he estado".
"¿Han sido varias?"
"Sí".
Miguel se quedó estático mirando su taza.
"¿Y éso te hace sentir bien?"
"Me sentiría peor si finjo ser quien no soy".


Ambos nos miramos fijamente a los ojos. La expresión de Miguel era la misma de quien de pronto había descubierto algo que no era como lo había pensado o se lo habían contado.
"¿Y Dios?", me insistió.
"¿Qué tal si Dios te mandó aquí?"
"Sería una herejía, Nino".
"¿Una herejía del propio Dios?"
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.


Me acerqué hacia él. No temí aproximarme. Junté mi cuerpo al suyo. Lo besé en los labios. No me correspondió, pero pude sentir que sus labios eran suaves y cálidos. Quizás por el chocolate.


Cuando me separé y abrí mis ojos, vi que los suyos aún seguían cerrados. Una lágrima corría por su mejilla derecha.


Miguel abrió sus ojos lentamente, se deslizó a mi costado y dejó su taza sobre la mesa de la cocina.


Regresó y se puso frente a mí, junto a mí. Me miró con sus ojos llorosos.
"¿Pasó?"
"Pasó, Miguel".
él tomó mis mejillas, las sujetó firmemente, aproximó su cara. Me besó profundamente. A medida que sentía su lengua explorando mi boca, saboreaba el inigualable chocolate.
Mi pinga se puso dura de nuevo.