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lunes, 27 de febrero de 2023

Lucas: Un ron por ese chibolo

Soy Lucas, vivo en Piura,  y tengo 38 años. Mi obsesión son los chibolos de 22 años, delgados pero formaditos. ¿Por qué?

 


Hace un tiempo yo chambeaba en Chiclayo. Un miércoles me encontré en un grupo de contactos gay a un chibolo de 20 años. Le mandé solicitud, me aceptó, chateamos buen rato, me cayó simpático, quedamos para vernos el sábado. Esa noche y las siguientes hasta el viernes, aluciné follando sin control con él en mi cama, inundando su ano con mi semen.

 

No había momento en que me quedara calato en la cama, pusiera dura mi verga de 15 centímetros y la frotara contra la almohada hasta que se me saliera la leche imaginando que perforaba su sabroso culito. Ni las duchas frías que tomaba me bajaban la calentura. ¡a la mierda! Cuánto esperma me hizo botar ese conchesumare.

 

Llegó el sábado. Como le dije que tenía sitio, organicé mi cuarto para que la cita fuese lo más placentera posible. Me fui bien animado a chambear.

 

A eso del mediodía, el huevón me pasó un mensaje: “No creo que la haga, causa… tengo un culo de trabajos de la universidad por entregar” ¡Carajo!, me dije. ¡Y qué iba hacerme esa noche? Porque si él tenía un culo de trabajos, yo no había dejado de alucinar cómo sería probar su culo mientras le hacía el amor. Ni modo. Me resigné. Algo haría. Quizás… pajearme como loco.

 

Salí de la chamba a eso de las seis y media de la tarde cuando otro mensaje me entró. Era el mismo chibolo. Yo estaba desganado, así que no le di bola. Pero el chico insistió. “Al diablo mis trabajos… ¿dónde nos vemos?” Puta madre. De solo pensarlo, se me fue el cansancio y hasta mi verga se puso dura bajo mi ropa. Y ya sentía el bóxer húmedo porque cuando se me para, lubrico como mierda.

 

Quedamos de vernos en el Paseo de las Musas. A pesar que yo había deseado ese momento, estaba medio nervioso. Me compré un roncito y me puse a tomar un poco como para darme valor. La huevada es que el chibolo no aparecía por ningún lado. Decidí acabarme la chata e irme a joder a otra parte.

 

Ya estaba tomando el último vaso cuando él apareció.

“Disculpa, brother”, me dijo todo humilde. “traté de zafarme, pero una vaina y otra…”

¿De qué vainas habla este huevón? Mejor estaba mi vaina, otra vez al palo, lubricando, especialmente con esa ropa entallada que le marcaba su físico, y ese pitillo que le destacaba su culito bien redondito y sus piernas gruesitas y firmes.

“Practico fútbol”, me contó cuando se sentó a conversar.

Compré otro ron y comenzamos a hablar. Le invité pero no quiso. Nos caímos en gracia. Cuando se acabó la segunda chata, llegó la duda:

“¿Dónde la seguimos?”, le dije, con la esperanza de que ya quisiera que cachemos.

“Vamos a la disco”, me propuso. No era precisamente lo que tenía en mente, primero porque ya le tenía hambre a ese culito y segundo porque no soy bueno bailando. Obvio, no le dije eso.

“OK… vamos”, le dije.

 

La pasamos bien en la disco. Como ya la había comenzado con ron, la seguí con ron. Quizás eso me dio valor para bailar. No sé ni cómo lo hice, o si hice el ridículo, pero el caso fue que también el chibolo aceptó tomar unos vasitos. Aprovechando la penumbra, me le acerqué y mi mano traviesa le acarició una nalga: estaba durita. Imagínense cuando nos tocó perrear, ahora era mi pinga la que se había puesto no durita al rozar su trasero… ¿estaba duraza!

“¿La seguimos en otro lado?”, le consulté.

“¿Dónde?”

 

En veinte minutos ya estábamos en mi cuarto. Apenas cerramos la puerta, nos besamos en la boca como locos. Qué rico sentir su lengua. Me imagino que le excitó mi aliento a ron. Comenzamos a quitarnos la ropa.

 

Ya calatos, nos abrazamos fuerte y dejamos que nuestras pingas duras se frotaran y rozaran. La suya también lubricaba un montón. Mientras nos besábamos, subimos a la cama.

 

Acaricié su culo de futbolista. Obviamente que así sin ropa era más redondito y firme que con ella. Aparte que esas nalgas lampiñas hacían que las caricias fuesen como pasar seda sobre porcelana.

 

Mis labios dejaron los suyos y comencé a besar suavemente su cuello con aroma de rico perfume varonil. ¿Bien!, dije yo. Él comenzó a gemir y jadear con tono de macho. ¿Bien, carajo!, dije yo. Los patas que se comportan como mujeres en la intimidad no me ponen nada.

 

Bajé a chuparle las tetillas. El chibolo se alocó más y acariciaba mi cabello. En realidad, me despeinaba. Seguí bajando. No tuve problema en chuparle su pene. No era largo o grueso, pero estaba ahí, levantado y duro como un gancho del que debía colgar toda mi boca caliente.

“Así, pata… la mamas bien rico”.

Succioné bien su pichula para ordeñarle un poco de precum y luego lo guardé en mi boca para buscar la suya e intercambiarlo junto a nuestras salivas mientras nos besábamos otra vez. Volví a bajar a seguirle chupando su rico pene.

 

Solito se fue acostando sobre mi cama. Abrió sus piernas para que le lama los testículos. ¿Requetebién!, dije yo. Solito levantó las piernas. Obviamente, ambos sabíamos qué queríamos.

 

Separé sus nalgas, saqué mi lengua, y, sin perder tiempo, fui a conquistar su anito cerradito. En mi excitación, quería penetrarlo solo con mi lengua. Él me agarró fuerte del cabello y quería que no deje de hacerle el beso negro. Miré un toque: ya estaba dilatándose. Decidí sopearlo más.

 

Me incorporé. Aprovechando mi saliva y mi líquido preseminal, le fui metiendo mi pene. El chibolo era tan estrecho que incluso para meterle la cabecita fue un poquito trabajoso. Así que me estiré, saqué el condón que había separado para esa noche especial, me lo puse, y luego saqué el lubricante y lo embadurné bien. Puse algo del gel en el ano de ese hermoso chico.

 

Empecé a empujarle mi pinga. Logró entrar todita poco a poco, pero, como era tan estrecho, me apretaba como mierda, y sentía que en cualquier momento ese ano iba a succionar mi falo arrancándolo de mi cuerpo. Comencé a mecerme. ¿Puta madre, por Dios! ¡qué hermosa sensación bombear ese agujero!

¡así,papito”, susurraba el chibolo. “Cáchame rico así”.

Ese pedido con voz de macho me calentó más, por lo tanto le di con todo y me moví como loco. El chibolo se quejaba medio rugiendo, como macho. Eso para mí era combustible. Le di más fuerte aún. Ambos estábamos fuera de nuestros seres entregándonos al sexo más rico que nunca antes nadie haya sentido.

 

Como me lo agarré piernas al hombro, mi pubis y mis bolas azotaban sus nalgas como un castigo placentero, que nunca desearía que acabe.

 

En un momento que tomé aliento para volverlo a cachar fuerte, él puso sus manos en mi pecho y me hizo entender que quería que me acostara. Lo hice. Ese hermoso nene se sentó sobre mi verga, se abrió bien sus nalgas y se dejó clavar por mi herramienta sexual. Comenzó a cabalgar como loco. Ahora era su hermoso culo de futbolista el que azotaba mi piel. Siguió gimiendo y jadeando. Por ratos se inclinaba y me besaba en la boca sin dejar de mover ese fabuloso trasero.

 

Estuvimos buen rato así hasta que…

“Ya las voy a dar”, le dije.

Él me sonrió.

“Quiero quitarme el condón y llenarte el culo con mi leche”, le dije.

Volvió a sonreír y me señaló su boca lo más pendejamente que puedas imaginar.

 

Cuando sentí que ya no iba a aguantar más, le dí unas nalgaditas y él se desconectó de mi pene, se arrodilló sobre mi cama y yo me puse de pie sobre ella. Me hice una paja que era capaz de arrancarme mi pinga y le di toda mi leche en su boca. Él no solo la saboreó; se la ttragó como quien traga el licor más rico del mundo.

 

Me incliné a besarlo en la boca nuevamente.

“La pasé de la puta madre”, le dije.

“Yo igual”, me respondió.

Para entonces, el efecto del ron se nos había pasado. Nos quedamos conversando un rato y cuando nos dimos cuenta, ya casi estaba amaneciendo.

 

Tuitea a Lucas | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

viernes, 10 de febrero de 2023

ASS (65): “Me la metiste a pelo”

Alejo y Miguel comienzan a hacer planes futuros, como si fuesen una pareja de enamorados, cachan rico… entonces, una inesperada visita les llega.

 



Anteriormente en ASS…

A la una de la tarde de ese jueves, Alejo termina su rutina de entrenamiento en el AS de San Sebastián. Está sudado de pies a cabeza. Solo viste su pantaloncillo de lycra, sin ropa interior (lo que le marca su generoso paquete y hace que la tela se le meta por la raja de su gran culo), calcetines y zapatillas. Miguel se le acerca:

“la ducha ya está limpia, así que puedes usarla ahora mismo”.

Alejo sonríe:

“¿Sabes qué he estado pensando, Miguel? Vamos a darle duro un año entero al porno gay, reunamos suficiente plata, ahorremos, la juntamos y la invertimos en comprar el AS. Si no nos alcanza, lo alquilamos; el hecho es que lo sigamos trabajando”.

“¿Y Alberto ya sabe eso?”

Alejo toma un poco de agua:

“Una vez cuando estábamos cachando lo conversamos. Lo que nos dijo Pedro alguna vez es cierto: en algún momento se va a saber cuál era la real intención de fundar el gimnasio, y ahora que ya la sabemos, lo mejor sería que lo protejamos. Entonces, si la propiedad pasa a nosotros, él queda limpio. Sería lo más justo”.

“Espera… ¿de dónde sacaste esa idea?”

“Marcano me estuvo explicando”.

“¿Y dejaremos de hacer porno gay por completo?”

Alejo se lo piensa un poco:

“Quizás ya no con la presión de ahora”.

“¿Marcano también dejará de hacer porno?”

“Dice que cuando pueda crecer su negocio y se pague solo”.

Ambos caminan hacia la puerta que lleva al baño:

“Pero, Alejo, también sabemos que Beto no puso la inversión del AS; que, en realidad, fue…”

“Entonces se lo planteamos, Migue… total, estamos trabajando para él, ¿no?”

“¿y si nos dicen que no?”

“Ponemos un hostal para encuentros gay… o yo pongo mi taller mecánico y tú… lo que tengas pensado”.

Miguel sonríe:

“Por ahora pienso que debes quitarte el sudor de todo el cuerpo, en especial de tu culo y tus bolas”.

“Y… ¿si nos duchamos juntos? No hay alumnos”.

Los dos musculosos entran totalmente desnudos al baño y comparten la hora del aseo. Aprovechan el jabón para acariciarse sus firmes músculos: pectorales, brazos, culos, piernas. Un beso en la boca, seguido de otros tantos, no tardan en aparecer.

Cuando se han enjuagado el jabón, y aún con el cuerpo húmedo, Miguel besa toda la espalda hasta llegar al culo de Alejo. Le separa ambas nalgas, y, mientras el segundo se inclina,el primero aprovecha para lamer cada glúteo y el ano cerradito al medio.

“Puta madre, qué rico lo haces, huevón”, reacciona alejo muy excitado.

Miguel sigue estimulando el esfínter hasta que nota una dilatación en el agujero.

“¿Estás listo, ale?”

Alejo respira profundo:

“Listo”.

Miguel se pone de pie, y con la verga ya dura, comienza a penetrarlo lentamente. La sensación que tiene Alejo ahora ya no es la incomodidad de aquella primera vez cuando probó pinga y quedó adolorido, menos de esa segunda vez cuando ya se había entrenado un poco más. Por otro lado, Miguel es un amante consciente, interesado en que ambos gocen el momento por igual.

“Lo tienes cerradito, so carajo”, comenta Miguel con toda la calentura encima.

“Muévete rico, papá… lo haces bien”.

Miguel comienza a bombear poco a poco hasta que sus 18 centímetros pueden trabajar como un pistón dispuesto a dar todo el placer que ambos puedan imaginar. Alejo comienza a pajearse, al mismo tiempo.

Lo que sí Miguel aún no logra controlar la duración del acto cuando hace de penetrador. No pasan ni diez minutos cuando expulsa todo su semen dentro del recto de su mejor amigo.

“A la mierda”, gruñe el activo.

Alejo, quien no ha dejado de pajearse, gira:

“Arrodíllate”.

Miguel obedece.

“Abre la boca y saca la lengua”.

Miguel hace lo que su amante le pide. Alejo se pajea más fuerte aún, haciendo que su mano golpee contra su afeitado pubis, que suena como si chasqueara un culo. Jadea cada vez más fuerte. Su rostro revela que el orgasmo es inminente.

“¡Mierda! ¡Las doy, carajo!”

Alejo dispara su semen en la boca de Miguel, con la misma masividad de siempre. Se inclina a besarlo en la boca y saborear su propio esperma mezclado con la saliva de su amigo. El fluido viril se pega entre la lengua y los dientes de ambos. Se separan y sonríen.

“Creo que te pediré que seamos pareja”, susurra Alejo entre broma y serio.

“Creo que diría que sí”.

Entonces el timbre de la puerta suena. Ambos se miran extrañados.

“¿Hay alumno programado para esta hora?”, pregunta Miguel.

“No que yo sepa”, responde Alejo.

Ambos ingresan rápidamente al dormitorio. Miguel se pone la ropa que ya se había quitado y va a abrir la puerta de la calle. Queda de una pieza.

“¿edú?”, se extraña. “¿Hombre! ¿Dónde te habías metido?”

“¿Puedo entrar?”, consulta el futbolista, quien luce tan guapo como el día que llegó a San Sebastián; de hecho, luce un ceñido traje deportivo: camiseta y short que le marcan su cuerpo fibroso.

Miguel le da paso, y detrás de él, otro chico tan guapo como él, también vestido deportivamente, lo que revela un cuerpo más o menos atlético.

“Es Bartolomé”, explica Edú. “Trabaja en el seguro”.

Miguel no entiende nada, pero confía en su amigo.

“¿Podemos conversar un ratito? Es importante”.

“Claro, Edú”.

Pasan a la sala de recepción que también se usa para los ejercicios de calentamiento y se sientan alrededor del escritorio.

“No voy a dar rodeos”, anuncia edú. “Tengo VIH”.

Miguel se sorprende, pero entiende que debe ser empático:

“Edú: si el médico te dice que puedes entrenar sin problemas, por lo menos yo no me hago ninguna palta en que…”

“Gracias, la verdad te agradezco eso, pero… no fue por eso que vine a verte”.

Miguel pone cara de intriga.

“¿Recuerdas esa vez que me hiciste el masaje, el primer día que vine?”

Miguel traga saliva, mira un poco avergonzado a Bartolo.

“Claro”, al fin responde.

“Me la metiste a pelo”.

Miguel hace memoria rápidamente, comienza a sudar frío. Por el pasillo al fondo, Alejo aparece serio.

Y para terminar, te dejamos una porno gay |Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

sábado, 3 de diciembre de 2022

ASS (55): Todos tus secretos están seguros

Un policía se ofrece a cubrir las espaldas de Julio.



Solo para relajarse, Julio emplea las últimas horas de ese martes para jugarse un partido de fulbito con algunos amigos de san Sebastián. Sabe que nunca es bueno irse a la cama de mal humor. Mete un par de goles y queda satisfecho. Termina el encuentro. Está sudoroso y más oxigenado.

“50 años y como si nada”, le comenta alguien”.

“¡Damián!”, se regocija Julio al voltear y ver al hombre en sus 30, algo cuerpón pero evidentemente fuera de forma, quien jugó en el equipo opuesto aquella noche. El short que se puso no disimula su redondo culo ni sus gruesotas piernas. “¿Cómo va la comisaría?”, le pregunta.

“Bien, aunque hay una nota que te quiero comentar”.

“Hablemos”, sonríe Julio.

“No aquí”.

En menos de diez minutos, ambos llegan al departamento de Damián, en el centro de san Sebastián.

“¿Agua, jugo, chela?”, ofrece el anfitrión.

“Agüita nada más… Aunque ahorita lo que extraño es la ducha de mi casa”.

“Si quieres, puedes ducharte aquí”, ofrece Damián. “Mi señora no está, por si acaso; recién esta noche regresa de Trujillo”.

Julio se lo piensa: ¿será buena idea ducharse en el departamento del policía? Por otro lado,le incomoda su cuerpo pegajoso debido al sudor.

“espero que no te asustes de verme calato”, bromea como sondeando al efectivo, quien se sonríe.

“No sería mala idea verte calato, así sé qué marcas ocultas tienes si debo identificar tu cadáver”.

“Pues… una vergota”, responde Julio.

Ambos ríen.

Pasan al dormitorio y se quitan toda la ropa.

“La fiscal le tomó declaración al mototaxista que se accidentó el lunes de mañanita y el pata  le dijo que había recogido al tal Paco en tu parcela. Tranquilo. Esto no es un interrogatorio ni quiero sacar provecho, capitán. Simplemente quiero anticiparme  a lo que la fiscal pueda hacer mañana porque quiere investigar la ruta”.

“Y habiendo tanto caso por resolver acá, ¿por qué la fiscal quiere investigar ese caso en particular?”

Damián ya se ha quedado desnudo del todo: su cuerpo tiene un fino tapiz de vellitos en el pecho y el culo; las piernas y en especial la zona púbica sí parecen un bosque sin podar. Julio también ya se ha quedado en cueros, mostrando su cuerpo atlético, aún en forma, y su largo pene dormido descansando sobre sus grandes huevos.

“Ni idea, capi… me dijeron algunos colegas que ella y el tal Paco son amigos pero no me consta”.

Damián entrega una toalla a Julio.

“Tú primero”.

“Y… ¿por qué no los dos juntos? Digo… como que seguimos conversando”.

Damián sonríe:

“Por mí no hay problema”

Revisa aquí qué le pasó a Paco.


 La ducha es estrecha, pero tiene algo que no tiene Julio en casa: agua caliente. Los dos disfrutan el baño con el inevitable roce de pieles como consecuencia. Julio trata de concentrarse en otra cosa para evitar que se le pare el pene; ya intuye en qué va a terminar esa vaina.

“¿Cómo crees que el tal Paco fue a dar a tu parcela?”

“Ni idea, Damián; yo no tengo confianza con él”.

“¿Y no tendrá confianza con el tal edú, que es tu amigo? Para nadie es secreto que Paco tira con todos los patas de San Sebastián y que Edú también ha sido medio promiscuo”.

Julio medio sonríe:

“¿Tú también te has cachado a Paco?”

Damián no se anda con complejos:

“sí, y casi me descubre la mujer. El huevón debe tener las paredes del ano muy débiles porque aguanta bien, disfruta, pero sangra como mierda”.

Esa confesión pone a Julio menos tenso:

“¿en serio sangra por el culo?”

“Pensé que lo había sacado de pito, pero recordé que cuando le sopeé el ano, noté que ya tenía su uso; entonces me dije que yo no le había ‘quitado la virginidad’”.

Ambos ríen.

“¿Qué hiciste?”, pregunta Julio simulando ignorancia.

“Caballero, a lavar la sábana a las doce de la noche y rogar que se secara para la mañana siguiente… pero, no me has respondido: ¿será que conocía al tal edú?”

“No sé… Edú ya no trabaja conmigo; se fue hace un par de semanas; no me dijo por qué, solo que se iba y desde entonces no sé nada de él”.

“Puta madre”, reacciona Damián. “Porque Edú era la mejor explicación de que Paco haya aparecido en tu parcela”.

“¿Seguro que no me estás jalando la lengua, Damián?”

El policía sonríe:

“Nada que ver; ya te dije: quiero minimizar impactos. Como tú pienso que el caso no da para tanto, pero no quiero que esto termine siendo un lío para ti”.

“¿Y por qué tu interés en que no me perjudique?”

Damián suspira, pone su mano en el pene de Julio y comienza a masajearlo.

“Porque no te lo mereces”, responde Damián con seguridad.

Ambos se miran directo a los ojos. Se sonríen. Julio se deja de cosas, estrecha al policía con un abrazo y le aproxima su boca. Se besan. Luego de eso, Damián se las ingenia para arrodillarse en la estrecha ducha y comienza a mamar la verga a Julio. Qué rico es chupar esos 18 centímetros que se vuelven a poner duros como roca.

¿es cierto que el culo de Paco sangra mucho cuandole meten pene?


Sin secarse, ambos se tiran a la cama. Se revuelcan. Julio besa el cuello, las tetillas, levanta las piernas a Damián y revisa entre las nalgas.

“Tampoco eres virgen, carajo”.

“¿Te jode?”

“No… me excita más”.

Julio se agacha y comienza a hacer un beso negro que arranca suspiros viriles a Damián, quien comienza a autocomplacerse masajeando su pinga gorda y venuda, unos 16 centímetros quizás, que elimina líquido preseminal en cantidad.

“¿Tienes condones?”, consulta Julio.

Damián abre como puede un cajón de su mesita de noche, le alcanza un paquetito a Julio, y con esa misma mano, trata de ordeñar un poco de su precum para untarlo en su ano.

Julio, con su pene ya forrado por el látex, comienza a penetrarlo. La entrada es sencilla. Damián sigue gimiendo y gruñendo virilmente mientras siente que se lo cachan por el culo.

Julio se apoya encima del policía y le hace el amor de una forma gentil. Ambos se besan en la boca. El ex futbolista no entiende por qué esta sesión de coito anal parece ser diferente a las otras que ha vivido, siempre como el activo. Así que solo disfruta.

A los cinco minutos cambian de pose: esta vez Damián cabalga a Julio. El policía también es cuidadoso para que su sobrepeso no mate toda la pasión, y se mueve rico, aparte que pone un rostro de arrecho, nada que ver con su gesto duro de policía.

“Tírame tu leche en la cara”, pide Damián.

“Todavía no las voy a dar”, sonríe julio.

“No importa”, suspira el policía, quien comienza a masturbarse cada vez más fuerte, más fuerte, más fuerte. “¡A la mierda!”, ruge. Su semen se dispara sobre el abdomen de Julio.

el ex futbolista siente que el ano de Damián comienza a oprimirle el pene, así que se lo saca y le cumple la fantasía. Se pajea y dispara todo su esperma en el rostro de Damián, quien se lo saborea.

Ambos vuelven a ducharse.

“espero que esto no trascienda de tu depa”, advierte Julio.

“Todos tus secretos están a salvo conmigo”, tranquiliza Damián. “A mí tampoco me conviene que se sepa que recibo pene como si nada”.

Julio sonríe:

“entonces… te contaré toda la historia…”

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.


domingo, 28 de agosto de 2022

Otra fantasía gay con Fernando Carrillo

Este actor venezolano, al margen de si lo deseas o no, bien puede anotarse un récord: ser el objeto de deseo masculino que no ha perdido vigencia por más de 30 años.


Dicen que el buen vino es más rico cuanto más añejo, y parece que eso también sucede con el actor venezolano Fernando Carrillo (Caracas, 6 de enero de 1966) , quien con los años no se desluce sino todo lo contrario: además de su hermoso rostro, ese esculpido cuerpo en el que destacan esos increíbles abdominales y ese glorioso culo, lo hacen absolutamente irresistible.

El gran aporte de Fernando Carrillo a la comunidad gay y bi de Latinoamérica es haber sido uno de los protagonistas de sus más húmedas y pegajosas fantasías  por más de tres décadas desde que apareció en las pantallas de su país hasta que poco a poco se hizo más internacional, especialmente cuando llegó a radicarse en México.

Cómo olvidarlo cuando  lucía su cuerpo apenas cubierto con una tanga que solo consiguió parar penes y salivar a los amantes del beso negro, o más aún verlo en aquella emblemática foto filtrada de cuando grababa un duchazo totalmente desnudo. ¿Por Dios! ¿Qué jugosa retaguardia!


Pero si hablamos de fantasías eróticas con el buen Fer, ¿a cuáles nos referimos? Pensemos en su actitud de galán caballero e impetuoso a la vez, todo un monumento de carne al deseo sexual más cachondo. Así que desde Hunks of Piura  se nos ha ocurrido algo.

Como a Carrillo le encanta la vida en el campo, imagina que lo llevas a una cabaña para que descanse y lo acuestas en una cama muy cómoda. El actor se va quitando la ropa con esa sensualidad natural que lo caracteriza y una vez que está bien desnudo se echa boca arriba sobre el lecho.

Lo que Fernando ignora es que en las cuatro esquinas de la cama hay suaves cuerdas que nos servirán para atarle ambas manos y ambos pies. Ya bien sujeto, tú te desnudas por completo, tomas una pluma y comienzas a pasearla por toda su hermosa anatomía hasta detenerte en su bien cincelado abdomen. Paseas la pluma de lado a lado mientras él gime y pide que te detengas, pero tú no le harás caso.

entonces, te sientas sobre su pene semi-erecto, y con un suave masaje de tu raja del culo comenzarás a ponérselo duro y palpitante. Cuando lo consigas, sin dejar de pasear la pluma, te reclinarás hasta que le chupes y lamas sus tetillas. Él te pedirá que pares, que ya no más. Tú continuarás. No olvides seguir moviendo tu culo sobre su pene ahora ya erecto del todo. El actor jadeará y gemirá de placer, ya sin articular más palabra.

En ese momento dejas de besarle las tetillas y sin dejar de pasarle la pluma por el abdomen, le mamas bien su verga y le lames sus huevos con ahínco. Usa los dedos de tu otra mano para masajearle el ano gentilmente aprovechando que está amarrado con las piernas abiertas.

Entonces, te incorporarás, volverás a sentarte sobre su verga  y aumentarás elmovimiento de tu culo mientras sigues trabajándole el abdomen con la pluma, y te moverás tanto hasta que sientas que su semen fluye caliente entre tu ano y su pubis. Será el turno para que tú tomes tu verga y te la frotes hasta que tu leche se dispare sobre su abdomen esculpido como tabla de lavar.

Como acto final, te volverás a inclinar a lamer y tragar tu propio esperma… y el suyo, si es posible. Esa es nuestra fantasía. ¿Cuál es la tuya? Cuéntala en la caja de comentarios aquí debajo. Y si no te gusta Carrillo, dinos a quién y qué le harías. ¡Nunca dejemos de fantasear!

Mira también actorvenezolano, fantasía gay y actor desnudo.


viernes, 5 de agosto de 2022

Proyecto Lujuria 10.5: Ese día es hoy









Voto de Silencio
se estrena medio año después mediante streaming. Para la promoción, Alexis y Osmar regresan de Los Ángeles, y junto a Evandro, Keith y Giaccomo comienzan una gira por algunas discotecas de ambiente exclusivas en Lima, Arequipa, Trujillo, Cusco e Iquitos. Por las mañanas, se la pasan dando entrevistas a muy pocos medios, y aceptando sesiones de fotos alguna más osada que otra hasta que se concreta la oferta de la revista brasileña para hacer una sin censura con los cuatro actores al desnudo y al palo… y por el doble de pago que se había negociado antes del escándalo.

La producción es rápidamente etiquetada como pornográfica, aunque “de cierto buen gusto en la fotografía y la dirección” según la crítica especializada peruana; pero en Europa, las reseñas son mucho más entusiastas.

Al término de la promoción, Evandro y Osmar deciden borrarse del mapa y hacerse el amor en un dormitorio sencillo pero abrigado, donde el primero prueba después de muchos años qué se siente recibir un pene erecto en el ano, especialmente si es cabezón. Osmar se mueve con mucha delicadeza, aferrándose tanto como puede al cuerpo de ese encantador ser que levanta las piernas y el culo para entregarse, para saborear el fresco aliento de su boca al besarlo, para experimentar una indescriptible plenitud al momento de eyacular dentro de su ser.

“Te amo, Evandro”, suspira.

“Yo te amo más… Déjala adentro otro rato”.

“Como desees”, sonríe Osmar, besándolo de nuevo. “Espero que ésta también haya sido una buena decisión”.

“La tomamos por partes iguales, ¿recuerdas?”

Osmar sigue sonriendo, saca con cuidado su pene aún erecto, se retira el condón lleno de esperma, lo bota al suelo, y se incorpora tomando de la mano a Evandro.

“Te quiero mostrar algo”.

Así, desnudos, ambos caminan a la ventana. Osmar no solo abre la cortina, sino que deja penetrar al aire fresco de la mañana. Evandro sonríe y se emociona:

“Menos mal que no es Los Ángeles”.

“Menos mal que no es Lima”, le replican.

“Menos mal que no es Homestead”.

“Menos mal que no es una metrópoli”.

“Menos mal que eres tú”.

Osmar responde besando muy adentro en la boca a Evandro. Allá afuera, el sol comienza a despuntar tras la colina llena de vegetación en el valle de San Lorenzo. Parece que ese día es hoy.

 

FIN         

miércoles, 3 de agosto de 2022

Lo que pesqué trotando calato en la playa

Mi meta era llegar hasta una chalana y regresar al toque a la jato que estaba alquilando, pero alguien me hizo cambiar de planes.


Mi nombre es Gonzalo y me encanta salir a correr un rato por el parque de mi barrio. Lo hago para relajarme y tener mi cuerpo en forma, especialmente mis piernas y mi culo. Trabajo como abogado y mi chamba es demasiado absorbente, llena de estrés.

Aprovechando el feriado largo, decidí desconectarme en una playa. Alquilé una jato a unos patas y me quedé allí.

Dormir calato y arrullado por las olas del mar norteño es lo máximo, ddespertarse con ellas es lo mismo. Me da la sensación de libertad y relax. Se los recomiendo.

Apenas despuntó el día, me levanté. Tenía mi pija bien al palo, pero aún así me asomé a la puerta para ver las olas romper. Considerando la temporada, suponía que nadie más caminaba o trotaba por esa arena. Así fue. El mar reventaba hermoso,la playa estaba desierta. Serían como las 6 y cuarto o por ahí cuando decidí algo inusual para cualquiera pero no para mí: trotar calato.

Qué sensación para más mostra sentir la arena bajo mis pies ejercitando mis piernas y mis nalgas mientras mi pinga, ya baja, saltaba de aquí para allá. Mi meta era llegar hasta unas lanchas o chalanas que estaban, a mi juicio, unos 200 o 300 metros más adelante, tocarlas, regresar, hacer una rutina de jercicios, bañarme y pasar el día rascándome las bolas.

Corrí así, calato, sin problemas hasta llegar a una de las chalanas. Cuando mi mano iba a tocar la punta de una de ellas, de la nada apareció un chibolo. Sus 25 años le calculé, cuerpo recio a pesar de que estaba bien abrigado con su gorrito, chompa, jean y botas de plástico. Ambos nos sorprendimos al vernos así. Mi vergüenza inicial cedió ante mi desinhibición.

“Buenos días”, le dije. “¿qué tal la pesca?”

“Más o menos, míster”, me respondió. “No tanta como quisiera pero ya la mandé al terminal pesquero”.

“Lástima”, le dije sonriendo. “Yo que quería comerme un pescadito para el desayuno”.

“Pero si quiere, puede meterse al mar”, me bromeó. “Tiene buena carnada si quiere pescar alguna otra cosa”, me señaló mi paquete con sus ojos.

Yo me miré mi verga. Comenzaba a ponerse dura.

“Ésta no es carnada”, le dije. “es mi anzuelo. ¿Qué pescado crees que me lo pueda picar?”.

“Suba, yo le enseño”, me invittó el chibolo.

Trepé la chalana (menos mal que no había gente en la playa si no iban a verme el agujero del culo mientras subía), y entré junto a él.

“¿Qué pescado crees que pueda picar mi anzuelo?”, le reiteré.

El pescador, sin más roche ni tiempo que perder, se arrodilló, se puso frente a mi ‘anzuelo’, lo acarició y lo terminó de poner duro.

“A lo mejor un hermoso pescadito norteño”, dijo. Y se zampó mi falo dentro de su boca. Me la comenzó a chupar mientras sus gruesas manos me acariciaban mi redondo culo.

“Mierda”, dije. “Sí que piqué una buena cachemita”.

El chibolo estuvo tragándose todo mi miembro por buen rato mientras se quedaba calato también. Y no me equivoqué respecto a su físico: cuerpo bien en forma no tanto por el gimnasio o el ejercicio físico, sino por la vida dura de la pesca en los fríos mares peruanos. Entonces, me la dejó de chupar y sacó un condón de su ropa, me lo ofreció.

“¿Sabes ensartar pescados?”

“No sé”, le dije. “Pero puedes enseñarme”.

El chibolo giró y me ofreció su lampiño y gordo culo. Ricas y duritas nalgas tenía. Me arrodillé. Me puse el forro y lentamente lo fui ensartando. ¡Vaya! Ese pescadito sí que fue fácil de enganchar.

Me lo caché rico por buen rato hasta que sentí que las iba a dar.

“Se me viene la leche de tigre”, le dije bien arrecho.

El patita se separó de mi ‘anzuelo’, se volteó, me sacó el condón, me pajeó fuerte y dejó que mi semen se disparara en su cara. Jadeé de placer, carajo.

El sol ya comenzaba a salir en esa playa solitaria.

“¿Quieres desayunar? Estoy solo en la jato que alquilé”.

“¿Te podré pescar yo?”, me dijo limpiándose mi esperma aún en su cara. “Tienes un rico culo”.

“Ya veremos”, le dije. “Si sabes sopearme bien, ya veremos”.

Como contagiado de mi desnudez, se puso de pie y bajamos así de la chalana.

El huevón tenía un buen ‘anzuelo’ entre sus piernas y me supo besar bien el ano, pero no me la supo clavar. Entonces lo volví a cachar.

En vez de desayunar, nos quedamos bien jato.

Hoy mientras escribía esto lo wasapeé. Le pregunté si le jodía que cuente esta historia.

“Si no dices quién soy ni dónde estoy, claro”.

Así que, así me pasó a mí. Y de algo estoy bien seguro: la próxima vez ya no tendré que ver en qué playa me quedo ni dónde puedo correr calato, ni tampoco a quién buscar. Ese hermoso ‘pescadito’ que supo atrapar mi garfio me esperan el próximo feriado largo.

Cuéntanos tu relato y mándanos tus fotos discretamente a hunks.piura@gmail.com (solo para adultos).

Mira más sobre playa aire libre atleta y viaje. 

domingo, 10 de julio de 2022

ASS (36): Confiesa tus pecados más íntimos

Los secretos sexuales de Alberto y edú les permiten tejer nuevas alianzas.


 

“¿Cómo dices, pá?” Pedro abre sus dulces ojos con incredulidad.

“Ya te dije: el lunes vas a Piura apenas tengas tiempo y le presentas tus papeles a ese…”

“Papá,¿y por qué no me consultaste antes?”

Julio se para en seco y sonríe cachosamente a su hijo: “Oe, huevón: ¿y desde cuándo tengo que consultarte cosas? Si vives en esta casa, tienes que hacer lo que diga y punto, ¿entendido?”

Pedro lanza una mirada de impotencia y desafío: “entendido, pá”.

Pasando las once de esa noche, el muchacho está sentado como copiloto en la camioneta parroquial rumbo a Piura. Conduce el Padre Alberto. En el asiento trasero, Alejo le acaricia los enormes muslos a Marcano y a Miguel aprovechando la oscuridad.

“No puedo creer que Julio te haya pedido eso”, menea la cabeza el sacerdote.

“Lo que más me jode es que ahora me saque las reglas de la casa”.

“Oe, Pedro”, interviene Miguel, “ya tienes DNI azul: independízate”.

“Si tuviera de qué vivir, lo haría corriendo”, responde el chico.

“A ver, muchachos, no lancemos consejos precipitados”, aclara el Padre. “Pensemos fríamente las cosas y veamos salidas… Yo quiero a Pedro dentro del AS, pero tampoco puedo ofrecerle más…”

“¿Y dentro de ASs?”, pregunta Alejo al descuido.

Miguel le aprieta la pierna.

“¡Au, mierda! Mejor mámame el huevo, cojudo”, reacciona el musculoso en son de broma.

“¿Qué es ASS?”, curiosea Miguel.

“No es nada”, se entromete Miguel. “Es lo que le sobra a Alejo y que se lo voy a cachar hoy”.

Una cuadra antes de la discoteca donde esa noche darán el show porno, la camioneta se para.

“Bajen chicos”, avisa el sacerdote. “Aguas con los chismosos”.

Marcano, Alejo y Miguel descienden y caminan hacia el antro.

“Casi la cagas”, dice el último de ellos al musculoso.

“Puta madre”, reacciona Alejo. “¿Por cuánto tiempo más le piensan ocultar la vaina?”

“Vaina es la que te voy a meter por el culo, huevón”, sonríe Miguel.

La camioneta sigue su camino.

“Alberto”, inquiere Pedro. “¿Hay algo que debo enterarme y no sé?”

El Padre mira a su monaguillo: “Algo no; mucho más bien”.

La mano del sacerdote acaricia el muslo de Pedro.

En el camerino de la discoteca, Miguel está calato y dejándose untar crema depiladora en su pecho, axilas, culo y piernas.

“Solo te recortaré el vello púbico y te afeitaré las bolas”, avisa Flavio.

A su lado, Marcano y alejo tampoco tienen ropa; se depilan también pero solo en piernas y axilas.

“Sigo sin entender por qué tanto secretismo con Pedro sobre ASS”, comenta el venezolano.

“Porque piensa que estamos afectando al Padre Alberto”, responde Miguel.

“Pero si lo afecta que hagamos porno, ¿por qué nos ttrajo en la camioneta?”

“Porque el Padre Alberto es parte de ASS”, al fin se suelta Flavio.

Marcano se sorprende. Mira a Alejo quien evidentemente se avergüenza y a Miguel quien evidentemente se incomoda. La puerta se abre. Entra Willy.

“No saben a quién acabo de encontrarme mientras calibraba las cámaras”, informa sonriendo.

“¿A mi viejo con una escopeta?”, bromea Flavio.

“No. A Eliezer, el que se cacha en secreto a José Luis”.

Marcano, Alejo y Miguel se intrigan. Flavio se pasa el índice por en medio de la raja del culo y se lo lleva a la boca: “Justo donde lo quería”, sonríe.

Ya pasada la medianoche, Enrique entra a la sala de su casa en Los ejidos e invita un vaso con agua a un desconcertado Pedro.

“Ahora ya sabes por qué Angels Corporation es donante de AS”.

“entonces, el Padre…”

Enrique acaricia el muslo de Pedro: “Es una larga historia, pero sí: es el beneficiario, pero porque este proyecto ya lo conozco de México, cuando Beto lo impulsaba hace años”.

“entonces… ustedes ya se conocían”.

“Casi 15 años. Ahora, sobre la ideota de tu padre, mi sugerencia es que le hagas caso”.

“Pero… yo…”

Enrique acerca su cara a Pedro y lo besa en la boca: “Confía en mí”, le guiña un ojo.

Justo ahí, el Padre Alberto baja las escaleras con una ropa más sexy: “Ya estoy listo”, anuncia.

A 200 kilómetros al sur, en Chiclayo, Bartolo toma un vodka con naranja en un barcito gay cerca de la avenida Balta cuando, paseando su mirada por la concurrencia, identifica a alguien que fuma un cigarro mientras ve cómo dos patas cachan en una pantalla. Se le acerca sin roche.

“¿Edú?”, le pasa la voz.

El pata voltea como resorte y lo mira medio asustado. Veinte minutos después, en un hostal cercano, ambos entran a un cuarto y comienzan a besarse en la boca en medio de abrazos y caricias. Al mismo tiempo, se van quitando la ropa. Cuando están totalmente desnudos, comienzan a revolcarse en la cama mientras sus penes ya erectos se estrujan uno contra el otro.

“Tienes rico culo y rico cuerpo, pero no tengo condones”, advierte Edú.

“Tengo uno… ¿te la meto o me la metes?”

“Puedes hacerme vaciar sin que te la meta o me la metas?”

“Corrección, Edú: ambos vamos a vaciarnos al mismo tiempo sin meternos la pinga”.

Comienzan a mover sus pingas mientras la cascada de besos y caricias se sucede una tras otra.  Entonces Bartolo se sienta sobre la verga de edú masajeándola con la raja de sus nalgas; Edú se sienta para que el falo del otro chico se roce en su abdomen. Es la pajeada mutua perfecta sin usar las manos. Bartolo mueve su culo con una rapidez de bailarín; edú, a pesar de la postura, también cimbra su cadera mientras chupa las tetillas de Bartolo.

“Voy a eyacular, mierda”.

“Yo estoy enterito”, sonríe Edú.

“Ah, mierda. Ah, se me viene la leche. Ahhh”.

Bartolo riega su esperma entre su vientre y el de Edú, y se detiene. Besa a su amante ocasional.

“Perdona por adelantarme”.

“Pierde cuidado… quizás se debe a que me pajeé antes de ir al bar”.

“¿Por qué desapareciste de San sebastián?”

“Porque… porque tengo VIH”.

Bartolo se sorprende al primer segundo, pero recuerda que está entrenado para recibir y asumir ese tipo de respuestas.

“en vez de huír, deberías estar calificando para recibir tratamiento: el que tengas VIH, no significa que dejes de tener sexo, claro,con protección”.

“Si regreso,mi único apoyo y amante serías tú”.

“Te equivocas: creo que Marcano te apoyaría también. En mi caso… no sé si quiero regresar”.

“¿Y por qué no quieres regresar a San Sebastián, donde se come y cacha rico?”

“Hoy en el bus, tempranito, se la estaba chupando a alguien y…”

“¿Te descubrieron?” Edú casi se carcajea.

“No me parece gracioso”, reclama Bartolo. “Seré la comidilla”.

“Mira: si algo estoy seguro sobre San Sebastián es que donde menos pisas, hay un gay caletaza y calatazo. Eso sin contar las declaradas, las tracas”.

Bartolo mira fijamente a Edú: “Si tú regresas, yo regreso”.

“¿En serio me apoyarás?”

“Dicen que eres el mejor cachero de la ciudad… ¿por qué no hacerlo?”

Edú sonríe, besa de nuevo los labios de Bartolo, se acuesta encima suyo: “Ahora me toca derramarte mi leche, ¿te parece?”     

                    

domingo, 5 de junio de 2022

ASS (31): Sandro, Eliezer y Bartolo

Dos amigos celebran su reencuentro cachando y reciben un invitado inesperado.

 


Un hombre alto, moreno y atlético, que disimula muy bien sus 45 años, sale de la municipalidad de San Sebastián. Camina por la vereda cuando al llegar a la esquina casi lo arrolla un ciclista vestido en mallas negras de muslo a cuello. El hombre moreno salta un paso hacia atrás rápidamente. El ciclista se detiene asustado:

“Perdo…” Esa cara le parece conocida…  “¡¿Eliezer?!”

“¿Sandro?”, lo reconoce el peatón.

Un cuarto de hora  después, ambos hombres comparten una estrecha ducha. Eso les permite abrazarse y besarse desnudos mientras el agua fresca cae encima de sus atléticos cuerpos. Eliezer toma el jabón y lo comienza a untar a Sandro por la espalda, el culo, luego el pecho, el abdomen, la pinga y los huevos. Sandro hace el mismo tramo, pero al llegar al medio del culo…

“Solo jabóname y nada más”, advierte Eliezer sonriendo.

Sandro pasa la pastilla de jabón por la raja entre las enormes y velludas nalgas de arriba abajo y luego se arrodilla para seguir con las gruesas piernas. Un largo y grueso pene baila frente a su cara aún cubierto de jabón. Lo enjuaga bien y comienza a chuparlo.

“así, Sandrito. Trágate ttoda mi verga.

Ya seco, Sandro se acuesta en la cama que hay en el cuarto. Se abre de piernas. Eliezer llega a su encuentro, se acuesta sobre él y vuelve a besarlo mientras el otro se le aferra abrazándolo. Entonces, Eliezer se incorpora, le levanta las bien formadas piernas y comienza a sobarle su vergota aún blanda en la raja del culo. La erección no tarda en producirse. Sandro alcanza un condón y un chisguete de lubricante.

“Gástalo todo si quieres”, le pide sonriendo.

Eliezer se coloca el forro en su grueso y largo trozo, 23 centímetros, se unta el gel transparente, lo aplica al ano de Sandro tratando de estimularlo con un leve masaje y comienza la penetración.

“Despacio, negro”, gime Sandro. “No me hagas doler”.

Eliezer tiene todo el tiempo del mundo para ir clavando lentamente ese culo hasta que solo puede ver su crecido vello púbico aplastándose contra el culo de su amante. Y lentamente comienza a bombearlo mientras vuelve a inclinarse para besarlo en la boca, lo que es correspondido.

“¿Te gusta la pinga, mi campeón?”, le pregunta excitado.

“Me encanta, negrito lindo”, jadea el otro pata. “me aloca”.

Los dos siguen cachando en esa posición por buen tiempo hasta que Sandro se pone en perrito y el otro hombre lo sodomiza siempre lento. El exceso de lubricante entre el pene y el ano de ambos produce un sonido bien cachondo. Eliezer prueba a aumentar la velocidad del bombeo aprovechando que ese esfínter parece haber ganado mayor flexibilidad. Sandro gime un poco más aguantando el dolor, enfocándose en cómo podría verse el sexo si alguien más los estuviese mirando. Y a esa velocidad, Eliezer ya va durando casi tres cuartos de hora.

Posteriormente, el activo se acuesta al filo de la cama mientras el pasivo, bien abierto de piernas y afirmando sus pies en el suelo, rebota haciendo gala de sus muslos bien ejercitados. Finalmente, Sandro se apoya en el filo de la ventana mientras Eliezer lo acomete de pie y desde atrás a todo lo rápido y cuidadoso que puede hasta que por fin eyacula dentro del condón. Se relaja todo al fin.

Tras el sexo, ambos descansan sobre la cama con el televisor prendido en ese programa donde los chicos reality dejan ver sus bien trabajados culos en esas mallas sin ropa interior.

“Eres la misma máquina cachera de hace 15 años, eli”.

“¿Aún te acuerdas?”, sonríe el moreno. “Fue cuando ganaste ese festival de tondero, si mal no recuerdo… Y creo que Julio todavía jugaba en el Piura”.

“Claro, Eli. Yo recién cumplía 20 añitos. Y no te olvides de Pelu. Cachamos los cuatro. No puedo olvidarme cómo ese huevón sufría con tu verga dentro del culo. ¿Sigues trabajando con él?”

“Sí, ahora le estoy preparando la candidatura al gobierno regional”.

“¿Y sigues cachando con él?”

“No tanto como antes pero a veces nos damos nuestras escapadas so pretexto de coordinar”.

Se escuchan unos pasos fuera, luego unos toques en la puerta de metal.

“¿Esperas a alguien?”, se intriga Eliezer en voz baja.

“Los únicos que me vienen a ver son el chiclayano o el venezolano del tercer piso”.

Así calato, Sandro se levanta de la cama y abre un poquito la puerta.

“Hola”, le dicen desde el corredor.

“Entra”, invita Sandro.

Un chico joven, unos 25 años, alto, cabello largo y lacio, bien peinado, vistiendo una bata blanca con el logotipo del Seguro Social en el pectoral izquierdo, el que resalta (de hecho todo su físico parece ser atlético) ingresa.

“Te venía a avisar que la campaña…” el muchacho enmudece al ver al esbelto moreno desnudo sobre la cama. “Perdona, pensé que estabass…”

Sandro sonríe y, cerrando la puerta, se le aproxima y le pone su mano en el paquete.

“Descuida, Bartolo. ¿Por qué no tomas un baño y… disfrutas con nosotros?”

El recién llegado duda un poco. Vuelve a mirar a Eliezer. Sandro toma la cremallera de su bata y, sin que oponga resistencia, se la baja y quita; luego hace lo mismo con el pantalón blanco de tela. A pesar del bibidí y del bóxer blancos, es evidente que ese chico entrena a diario.

Quién sabe qué le dijo Sandro a Bartolo en la ducha. El asunto es que el muchacho, ya desnudo, se integra a la cama. No solo es atlético y lampiño sino que tiene todo su vello púbico rasurado. Eliezer le sonríe. Los tres se funden en un abrazo y tratan de besarse al mismo tiempo.

“Chúpasela al negro”, le dice Sandro. “Te vas a volver loco”.

Bartolo toma en su mano el pene ssemierecto de Eliezer y se inclina a chuparlo; Sandro aprovecha para succionarle las nalgas y el propio ojo del culo. Bartolo intuye que ya hubo acción en ese cuarto porque ese falo sabe a látex, pero no le importa. Continúa. Además, disfruta cómo le agasajan el ano, por lo que en compensación gira y se la chupa a Sandro. Eliezer no resiste la tentación de usar su enorme pie para acariciar el rico culo de Bartolo y usar el pulgar derecho para estimularle el esfínter.

Poco después, Sandro penetra a Bartolo por el culo mientras éste sigue tratando de tragarse la gran pinga de Eliezer. Como activo, Sandro es apasionado y cariñoso sin que eso deje de probar algo tan arrecho como hacerle sonar las nalgas mientras lo bombea. Minutos después, los roles se invierten. Eliezer nota que Bartolo tiene una pinga de unos 17 centímetros, algo curva hacia abajo, medio gruesita. También se fija en los 16 centímetros gruesos de Sandro, que son pajeados mientras le llenan el culo por segunda vez esa noche. Eliezer se pajea.

“Campeón, todavía me queda leche”, le sonríe a Sandro, quien, sin dejar de masturbarse, vuelve a succionar el pene de su visitante. El dormitorio se vuelve a llenar de gemidos y jadeos hasta que los de Bartolo se hacen más fuertes.

“Voy a eyacular, mierda”. Y dando un rugido sordo, casi como un quejido, dispara todo su semen dentro del culo de Sandro, quien al sentir la palpitación, deja de chupársela a eliezer, deja que le saquen la pinga, se acuesta boca arriba y se pajea con toda su fuerza. No avisa nada. Su leche se dispara sobre su abdomen y pecho. Entre asco y fascinación, Eliezer observa cómo Sandro se soba el esperma hasta convertirlo en una capa blanca que se seca sobre la piel.

“¿Qué venías a decirme?”, al final reacciona cuando se relaja.

“Que el traumatólogo dijo que la campaña en tu pueblo sí va”, contesta Bartolo terminándose de sacar el condón.

“¿Campaña de…?”, averigua Eliezer aún con la pinga dura.

“Acción social”, sonríe Sandro. “Quiero postular a la provincial”.

Bartolo los mira en silencio.

“¿Por qué no postulas con Pelu?”, consulta Eliezer a Sandro, quien le sigue sonriendo. Eliezer sabe que eso es un sí. Bartolo y su cuerpo atlético al desnudo continúa ahí, arrodillado al pie de la cama, sintiendo que ése ya no es su asunto. Lo único que llama su atención es ver cómo Eliezer pajea su enorme falo hasta que espesas ráfagas de leche blanca se dibujan sobre su piel marrón. 

Y para finalizar, mira un video porno gay aquí.

sábado, 4 de junio de 2022

Proyecto Lujuria 8.6: el chofer también es actor porno


Esa tarde, un hombre en sus treinta llega al departamento y se lo presentan a Fernando. Reconoce al chofer del Corolla quien comienza a quitarse toda la ropa. ¿quién iba a pensar que bajo esa polera y ese jean anchos hay un cuerpo digno de campeonato de men’s physique, esa casi nueva disciplina en la que más que el volumen, importan la definición y la armonía, sin descartar las curvas propias de los músculos?. Escalante da indicaciones y se coloca detrás de César, quien ha puesto la cámara de televisión sobre un trípode entre tres reflectores. El reducido elenco y el equipo mínimo están desnudos.

“¡Acción!, indica Escalante.

Fernando y el chofer se aproximan, abrazan y besan, se rozan todo el cuerpo. Sus pingas se ponen al palo poco a poco. Fernando se arrodilla, coge la verga grande y gorda del otro modelo y comienza a mamarla con entusiasmo, se la mete toda, como un tragasables. Luego se pone de pie, practica una suculenta guerra de espadas, gira y se apoya en el sofá. El chofer ahora se arrodilla para hacerle un beso negro con las consiguientes nalgueadas. César acerca la toma con el zoom. La tiene durísima. Lo mismo Escalante, quien se la masajea con la mano.

“No paren”, pide el camarógrafo quien acerca más la lente y reacomoda las luces para que su sombra no se proyecte.

“que no se me note mucho la cara, huevón”, pide el chofer.

“No pierdas el ritmo; confía en mí”

El actor continúa metiendo su lengua al ano de Fernando. Luego se para y le comienza a clavar su verga poco a poco. Lo bombea lento y va aumentando la fuerza de las embestidas, poco a poco. Los gemidos y jadeos de ambos se incrementan, poco a poco. César aprovecha para tomar la cara de Fernando, quien no finge gozárselo: ¡lo goza!

Escalante aprovecha que su camarógrafo está agachado, mostrando su ano cerradito, le acerca su pinga y se la soba entre las nalgas, poco a poco.

El chofer no resiste más y dispara su semen dentro del ano de Fernando quien fuerza los músculos de su vientre y expulsa pedos para demostrar que el esperma estaba allí dentro. El fluido cae por sus abductores.

César corta mientras Escalante pone un plástico que cubre el piso y el sofá; entonces, el chofer besa el cuello del otro actor ocultando su cara tras la nuca.

Fernando está de pie masturbándose cada vez más fuerte, más fuerte, más fuerte. Da un gran gemido. Dispara toda su leche. Se relaja moviendo su culo en el paquete del chofer a ver si puede estimularlo. Lo logra.

“Corten”, dice Escalante.

César apaga la cámara.

Cuidándose de no pisar el semen que ha caído en el plástico, Escalante se para sobre él, hace que Fernando se agache y que le mame la pinga erecta. El chofer, que también la tiene dura otra vez, cede el turno a César, quien no demora más tiempo e introduce todo su falo en ese hoyo goloso a pesar que ya no está tan dilatado como durante la grabación; pero así apretadito se siente más rico, piensa.

El chofer se arrodilla en el sofá de tal manera que pueda poner su miembro a la altura del ano de Escalante, echa saliva a la cabecita, hace que se incline un poco  y se la zampa pasito a paso.

Por su lado, César no aguanta y eyacula dentro del ano de Fernando.

La cosa entre Escalante y su chofer aún tiene para buen rato.

La luz de Lima tras la ventana de la sala, en aquel departamento miraflorino, comienza a pasar del blanco al negro.


  

domingo, 17 de abril de 2022

ASS (24): Bill cachando, Enrique produciendo

Tras cachar en cámara, Flavio ofrece ayudar para hacer más porno.

 


Ese domingo por la tarde, Enrique y Flavio graban la cuarta escena de la producción que fluye casi de forma improvisada pero que aún dentro de la improvisación sería la segunda del primer video porno DE ASS. La locación es una oficina de la discoteca donde se grabaron las otras tres escenas (el sábado por la noche, se había filmado a Flavio ejecutando su número de strip-tease al desnudo con alguna concurrencia real).

Se supone que en esta escena, Enrique, interpretando a Bill, plantea a Flavio, interpretándose a sí mismo, encargarse de los shows calientes de la discoteca.

“Me encantó tu número pero necesitamos más strippers”.

“¿Cuántos?”

“Los que podamos… ah, y dispuestos a todo”.

“¿A todo… como qué?”

Bill se levanta de su silla, camina hacia Flavio y se inclina a darle un beso profundo en la boca que él responde a la vez que se pone de pie. Ambos se acarician y besan mientras se van desnudando. Mejor dicho Enrique, porque se supone que en la escena anterior Flavio no solo se había quedado desnudo tras bailar sino que además se había pajeado frente al público dejándose tocar por algunos concurrentes.

Una vez que Bill queda calato, ambos se frotan los penes ya erectos.

“Chúpame la verga”, pide el empresario.

Flavio se arrodilla hasta tomar el largo y grueso pene, 18 centímetros, con sus labios y comenzarlo a succionar con mucha pasión. Alrededor de ambos, Willy no deja de buscar diversos planos con la cámara de televisión.

“Desde abajo también, cabrón”, indica Enrique.

Willy casi se tira al piso para tomar la cara de Flavio mamando el enorme pene tratando de metérselo hasta la garganta, casi a punto de vomitar. Luego ambos se ponen en pie, y Bill hace girar a su compañero sexual y apoyarse sobre el escritorio mientras para el culo. Bill se arrodilla y comienza a practicar un sonoro beso negro abriendo los grandes glúteos del pasivo con sus dos gruesas manos en tanto Flavio gime y jadea bien arrecho.

“Corta y pásame el lubricante”, pide de nuevo Enrique saliendo de personaje.

Willy saca el frasquito de su bolsillo y se lo alcanza. Enrique se lo unta generosamente a lo largo de todo su falo y del ano de Flavio, lo devuelve, se pone de pie, se pajea un poco y se pone duro el pene.

“Acción”, indica.

Cuenta mentalmente hasta tres, y Bill comienza a meter su largo pene en el ano de Flavio, quien hace gestos de dolor y placer. Poco a poco se va meciendo. Willy sigue buscando con la cámara ángulos diversos para luego mezclarlos en la edición.

“Corta”, vuelve a ordenar Enrique. “Plano general desde eje lateral”.

Willy se coloca.

“Acción”, indica Enrique.

Bill saca su pene del ano de Flavio y lo hace acostarse boca arriba sobre el escritorio, le ayuda a levantar sus piernas, y le mete nuevamente la verga. Se repite la penetración para tener diferentes planos. El coito continúa hasta una nueva orden de corte. Ahora Bill se acuesta boca arriba sobre el escritorio, y aprovechando la gruesa madera, hace que Flavio se siente encima de su pene erecto, se lo meta al culo y comience a rebotar.

“¿Cuánto tiempo vamos?”, consulta Enrique saliéndose de personaje otra vez.

“27 minutos por todo”, informa Willy.

“Avísame cuando lleguemos a 30”.

Willy nuevamente tiene su verga al palo bajo su jean; aún así mira el cronómetro hasta que se computa media hora efectiva de grabación:

“Tiempo”, indica.

“Corta. Todo en picado ahora”.

Bill se para a un lado del escritorio, hace queFlavio se arrodille:

“Abre bien la boca, puto”, le dice.

Flavio incluso saca la lengua. Bill se pajea hasta que cinco ráfagas de espeso semen se disparan sobre las papilas gustativas del pasivo, mientras elactivo ruge de placer. Flavio se termina tragando el esperma. Ambos actores esperan un momento.

“Corta”, indica Enrique. “Remate en plano americano”.

Willy se ubica e indica que está listo.

“Acción”, ordena Enrique.

Flavio termina de saborearse el semen, se pone de pie y besa en la boca a Bill.

“¿tenemos un trato, entonces?”.

“Por supuesto”, responde Flavio muy sonriente.

“Ya sabes: dispuestos a todo”.

Ambos hombres se besan otra vez en la boca por un minuto o minuto y medio.

“Corta”, indica Enrique saliendo de personaje otra vez.

Aún desnudo, y tras una hora y media de actuar, equivocarse y repetir, revisa toda la escena porno en bruto en el visor de la cámara, mientras Willy se cacha a Flavio, ambos apoyados en el escritorio.

“excelente. Hay planos padrísimos, cabrón”.

Willy preña a Flavio, y mantiene su pene dentro por algún tiempo mientras recobra el aliento.

“¿¿Sí me escuchaste o te concentraste más en coger con este cabrón?”

“Sí y gracias”, responde Willy levantándose el bóxer y el jean. “Quizás con lo que grabamos anoche y esta mañana ya tenemos para una hora o una hora 10”.

“Poco”, reflexiona Enrique. “Hora 45 debería ser lo mínimo, o sea que necesitamos tres escenas más”.

“¿Y con quién las haremos?”, intriga Flavio.  “¿Repetiremos con Alejo y su amigo?”

“Alejo me dijo que tiene dos chavos más en su pueblo”, comenta Enrique. “La vaina es que no los conozco: solo sé que uno es futbolista, el otro es venezolano”.

“Pero según entiendo, esta película es sobre strippers; entonces, ¿al menos saben bailar?”

“No lo sé”, responde secamente Enrique levantándose de su silla.

“¿Y vas a esperar a que Alejo te los traiga?”, desafía Flavio.

“Recuerda, cabrón, que no puedo aparecerme por su pueblo… nadie puede darse cuenta, cabrón”.

“Sí”, replica Flavio. “Tú no, pero… Willy… y yo sí”.

Enrique mira al chico intrigado:

“¿Qué propones, cabrón?”

“Dame el crédito de co-productor y te los consigo… y si ellos no sirven, te los consigo igual”.

“Eso significa que debo pagarte más lana”.

“Es eso… o tu video solo tendrá una hora de duración… ¿qué dices?”