domingo, 10 de noviembre de 2013

Sexo Mandamiento (4)

No sé si fue mi impresión, pero estaba más guapo que la última vez que nos vimos. Se había cortado el cabello, y la ropa formal que llevaba, ligeramente ceñida a su cuerpo, lo hacían lucir aún más varonil.

“Hola”, me dijo y de inmediato me abrazó, yo de inmediato respondí el abrazo. Por alguna razón, ese abrazo me brindó una sensación de protección y de cariño que, sinceramente, no había sentido hasta ese momento. “¿Cómo has estado? ¿Te pasó el susto?” Me preguntó preocupado. “Sí, ya fue esa huevada. Créeme que si puedes sobrevivir a mi vieja, puedes sobrevivir a cualquier susto”, le dije riendo. “A la mierda, ¿tan jodida es tu vieja?” me preguntó riéndose. “Sí créeme”, le respondí.

Una vez dentro del departamento, conversamos de muchas cosas, me contó cosas de su trabajo. Yo le comenté ciertos problemas en casa, como las peleas con mi vieja, le conté el incidente con la profesora en la mañana. “¡Ta’ huevona esa vieja! Eso solo tiene un nombre: falta de huevo, como no tiene quien se la cache, le jode que el resto del mundo disfrute su vida como se debe”, me dijo y dicho esto se paró y movió sus caderas como loco como si estuviese bailando negroide. Yo me reí, me pareció gracioso. “Sí, yo también creo que es una vieja aguantada que habla así porque no hay quien se la cache”, le dije. “Sí, tienes razón y me parece paja que la hayas puesto en su lugar, a eso yo le llamo tener huevos”, me dijo.

Me pidió que lo esperara, que se iba a duchar porque venía cansado de la chamba. Me dejó en la sala del pequeño departamento y se dirigió a su cuarto. Yo me quedé ahí sentado mirando televisión. Me aburrí y me paré. Comprendí por fin por qué me pidió disculpas, la primera vez que nos vimos, por su “desorden”. Esta vez todo se encontraba mucho más pulcro que la vez anterior. El departamento, parecía sacado de uno de esos comerciales de desinfectantes.

De repente, el silencio producido por la televisión apagada, se vio interrumpido por un, desafinado, pero alegre, canto. Sonreí y dispuesto a tomar la iniciativa esta vez, me dirigí al cuarto. Una vez en él, me desnudé y me dirigí a la ducha. Ahí en la ducha, Adríán se encontraba desnudo y cubierto enteramente por espuma. Me metí a la ducha en silencio aprovechando que se encontraba con los ojos cerrados y  lo abrazé por detrás. Se sobresaltó.

Lentamente empecé a masajear la espuma en su cuerpo. Abrió la ducha y poco a poco su cuerpo empezó a quedar descubierto. Se volteó y puso sus brazos alrededor de mi nuca y yo aproveché para descender las mías hasta su cintura. Me miró, y juntó su nariz a la mía. “Te he extrañado, me susurró”. Yo también, le respondí.

Nos besamos, bajo el chorro tibio de la ducha. Nuestros cuerpos se unieron en un abrazo fuerte. Nuestros miembros chocaban con cada movimiento nuestro. Con rudeza, me tiró contra la pared lateral de la ducha y bajó suavemente por mi cuello, deslizándose por mis tetillas y mi abdomen, jugó un momento en mi ombligo hasta que finalmente llegó a mi miembro. Suavemente, tomó mi miembro en su boca, provocando en mí un leve gemido y una acelerada respiración. El movimiento de su boca introduciéndose mi miembro cada vez más, me estaba volviendo loco, yo solo optaba por gemir y respirar fuerte. Mis manos estaban sujetadas fuertemente a su cabeza. Él se puso de pie y tomó mis hombros jalándolos hacia abajo. Yo bajé a su miembro de inmediato. Me puse de rodillas e introduje su pene en mi boca. Una sensación indescriptible me invadió. Al levantar la mirada, me encontré con la mirada de Adrián, llena de placer. Sus caderas se movían duramente, como si me estuviese “cachando por la boca”. En un momento determinado mientras me enloquecía succionando el miembro de él, se volteó dejando delante de mí su hermoso culo, era algo velludo, pero eran unos vellos preciosamente ordenados, finos, delicados. Mordí suavemente sus nalgas. Él parecía enloquecer, Poco a poco fui introduciéndome entre ellas  hasta tener mi lengua entera lamiendo su ano. Poco a poco y con un deleite jamás experimentado, empecé a introducir mi lengua dentro de su ano. Él por su cuenta, empezó a gemir fuertemente.

Me levanté y lo abrazé por detrás. Nos empezamos a besar locamente, y mientras lo hacíamos, empezé a rozar mi miembro en la entrada de su ano. Él gemía sin control. “Creo que hoy me toca chantarme a mi” me dijo riéndose, “así parece” le dije. Tomé una toalla, me sequé y me dirigí a la cama. Me acosté y unos minutos después salió él. Por su corpulento, cubierto de vellos, aun corrían algunas gotas de agua, lo cual a mí me pareció sexy. Su mirada se clavó en mi erecto miembro. De inmediato se acostó en la cama y con las piernas abiertas, se posó sobre mí. Me besó, sus besos eran apasionados, fuertes, calientes, eran una mezcla perfecta entre lo rudo y lo dulce. Poco a poco, descendió por mi abdomen hasta llegar a mi pene, el cual se tragó en un solo acto. Hizo que me retorciera de placer. Sin duda era la mejor mamada que me habían dado jamás. Subió nuevamente a besarme y luego empezó a rozar su culo con mi durísima verga. Poco a poco el fuego se iba incrementando. Nuestros besos, nuestras lamidas y caricias iban aumentando su intensidad. Hasta que el momento propicio se dio y él exclamó: “¡métemela huevón, métemela!”. Él mismo tomó un preservativo y me lo colocó. Yo estaba extasiado. Yo recostado en la cama y él sentado sobre mí con sus rodillas flexionadas. Me besó, lamió mis orejas, mi cuello, mis axilas. Y fue el mismo quien se introdujo mi miembro, poco a poco, con paciencia. Su cara denotaba dolor y placer. Yo por mi parte, sentía como mi miembro se habría paso en sus entrañas. “¡Estás bien apretadito!” le dije y reí, “Sí, solo hice de pasivo una vez, tu eres la segunda, tienes un no sé qué que me llevó  a animarme” me dijo y me besó. Por fin estuve dentro de él completamente. Me aferré a su cuerpo y él al mío. El determinaba el ritmo. Yo no me movía, pero el sí ¡y de qué manera!

“¡Que rico es cachar contigo!” me dijo, “Tas’ huevón, que rico es hacerlo contigo mierda”, le dije poniendo blancos los ojos de placer. Sin sacarla y en una muestra de flexibilidad, se reclinó y yo me puse sobre él. Ahora quien dirigía el movimiento era yo. “Asu mare, que rico te mueves huevón” exclamó, “y eso que aún estoy calentando” le respondí. Nuestros gemidos y rugidos invadían la habitación entera.

Cambiamos de pose, ahora él se colocó a cuatro patas en el borde de la cama y yo detrás suyo, de pie. Introduje suavemente mi miembro en él. Gimió y se estremeció. Su fuerte espalda quebrándose para mí, y su cintura apretada, que no había visto tanto en la primera cita, me volvían loco. Bombeé con más fuerza, con más rapidez. Tomé su corto cabello y lo jalé fuerte hacia atrás mientras mi otra mano sujetaba fuertemente su cintura. “¡Ah mierda! ¡Qué rico!” exclamé y el solo se limitó a gemir. Era increíble la sensación de placer que sentía al poseerlo, no sé si era su apretado ano, o la sensación de poseer a un machote como él, o los gestos de placer que él tenía. Mis caderas se movían rápidamente, pero alternaban lo rápido con lo lento. Lo sacaba completamente y lo volvía a meter. Adrián se retorcía de placer. Era excitante ver mi miembro entrar y salir de su ano.

Él se acostó suavemente y yo me puse sobre él sin dejar de penetrarlo, sujetando con mi brazo su cuello y con la otra mano, dando nalgadas y amasando sus nalgas. Sentí de repente  que una explosión se expandía en mi cuerpo. “¡Me vengo!”, exclamé. Retiré mi miembro y me quité el preservativo, poniéndome de pie sobre la cama, él se dio vuelta y esperó mi leche. Pronto un chorro de semen salió disparado de mi verga, en dirección al pecho de Adrián.  Descendí hacia él, que me esperaba con las piernas abiertas. Me coloqué sobre él y lo besé. Él se masturbaba, así que metí dos dedos en su dilatado ano, mientras le besaba las tetillas. El no dejó de masturbarse y retorcerse de placer, hasta que finalmente se vino, lanzando contra mi abdomen  sus masculinos fluidos.

Él se recostó a un lado de la cama y yo me recosté sobre su pecho abrazándolo, él también me abrazó. “Wow” me dijo, besándome la frente. “Eres bien rico” le dije y lo besé. Permanecimos abrazados por largo tiempo en la cama. “Me gustaría verte más seguido y no precisamente para tirar. Me gustaría empezar a salir contigo” me dijo. Algo dentro de mí se puso en alerta. Adrián me gustaba y mucho, pero ¿salir? Eso no estaba en mis planes. Me separé de él y me senté en el borde de la cama. Nuevamente ese bochorno se apoderó de mí y mi cabeza empezó a girar como dentro de una licuadora. “¿Qué pasa dije algo malo? Me preguntó algo alarmado, “No, no es nada” le respondí.

 

Continuará…

 

© 2013 Gonzalo Martínez. © 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.  Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.

 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Crónicas de un moderno (1)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: Frank

 

TRACK 01: CREÍ QUE SOLO ERAN JUEGOS

Es así como empieza un nuevo año escolar esperando que… - Y mientras el director seguía dando su discurso por la apertura de un nuevo curso. Yo estaba muy emocionado como cada abril, sin saber las cosas que descubriría a mi corta edad.

A los 7 años experimentaba una sensación de querer tener tocamientos pero con un chico, pues pensaba que eran más aventados que una chica, ya que eran más reservadas.

Todo empezó con un niño a quien llamaremos Jefry, de piel morena, mas alto que yo, algo inquieto y juguetón, la verdad no era simpático pero creo que como para experimentar no había de otra opción, es mas no tenía mucho conocimiento de lo que hacía, pensé que esos juegos terminarían mientras vaya creciendo... Todo se producía como cuestión de juegos de niños, tocamientos pero nada más allá.

Los tocamientos fueron una etapa que se olvidó tan pronto cambiaron de aula a Jefry. La etapa de primaria la viví como todo niño de mi entorno.

Así como las cosas van también vienen y más aún si marcan algo en tu vida, se recuerdan con mayor exactitud.  Al ingresar a primero de secundaria, tenía 12 años, los primeros meses me dediqué a estudiar y empezar en la búsqueda de amistades heterosexuales. Recuerdo que una flaquita  con quien siempre compartía muchas cosas  me mandó una carta diciéndome que quería tener algo conmigo.

¡¡¡¡ ¿QUEEEEE? éramos amigos bueno al menos yo la trataba como amiga ,si por esos tiempos hubiese sido un pendejo hubiese estado con ella . La verdad yo hasta ahí no sabía "nada", era una mansa paloma, jeje, pues pensaba a la antigua, quería que el primer beso fuese especial, jaja ya hasta parece una telenovela mexicana.

 

Una tarde me tocaba el curso de  educación física y como no sé si el profesor o creo yo que el curso  no me gustaba, le engañé al tío que estaba enfermo y me creyó. Entonces me quedé en mi aula solito.

Como arte de magia apareció Jefri asomándose a la ventana, estuvimos conversando un largo rato, ambos estábamos junto a la ventana, él en una carpeta que estaba muy cerca a la mía, por ende a lo lejos se veía nuestros hombros.

Después de largo rato de conversación Jefri empezó a calentarse y por encima del pantalón me cogió el pene, lo sacó y empezó a frotármelo.

Mi pene era blanco, aún no se desarrollaba del todo, no obstante él se sacó su pene y yo se lo cogí y también se lo frotaba.

 Su pene a diferencia del mío, era oscuro pero del mismo tamaño.

Entre roses y palabras excitantes, nos mantuvimos buen rato. Me había concentrado tanto en mirar nuestros penes que, cuando le miré noté su cara de arrecho. Entonces yo proseguí a  frotarle cada vez más y él en respuesta hacía lo mismo.

Había silencio en esa escena hasta que con voz un poco quebradiza, me supongo por la excitación que emanaba, me dijo:

-Anda chúpamela no seas malo, pon tu rica boquita y mámamela.

Yo quedé un poco atónito pues hasta entonces no sabía qué era eso, no sabía que existía ese rico arte del "sexo oral”, era la primera vez que escuchaba eso "mámamela". Solo atiné a responderle

-Hazlo tú primero.

-El sonrió y me dijo: Ya pues no te hagas de rogar, tú primero y después te lo hago yo.

No sabía qué hacer, me encontraba ante esa disyuntiva: hacerlo o no; pero, y si después el no me lo hacía.

Yo miraba su pene  y lo miraba a él y en su cara se le veía suplicante por que le haga sexo oral, la verdad. ¿Qué creen que hice?

Pensaba que mi boca nada más es para comer no para otra cosa jaja.

- Le dije que no

-Me dijo: Entonces hay que seguir sobando nuestros penes un rato mas¡¡

Seguíamos con esa plática, la que se vio interrumpida cuando de pronto vimos que a la puerta se asomó una compañera, Milagros.

Ella empezaba a abrir la puerta. ¿Qué hacen? Preguntó, Mierdaaa¡¡¡¡¡¡

 

CONTINUARÁ

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres fueron cambiados. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

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Crónicas de un moderno (1)

martes, 5 de noviembre de 2013

Anselmo (5)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Anselmo  regresó tras regar unas plantas de maíz en plena floración como a las tres, dispuesto a pasar la última  tarde junto a su padre. Ya nada los conectaba. Ya sabía trabajar en la chacra, y podía adaptarse a la de Elías, que era más grande.

La ayuda en el campo y en la casa sería apreciada. A la mierda con la escuela. Su padre se había desentendido por completo de ello.

Anselmo asumió que su vida estaba junto a Elías. Además, ya le había dicho que se moría por vivir junto a él, y si su padre quería cagarlos, ¿quién le haría caso a un borracho?

Al dar la última curva quedó desconcertado.

Un autoblanco humo, ni grande ni pequeño, como los que usava alguna gente para viajar a la ciudad, estava estacionado frente a su casa. ¿Havrá pasado algo?

Se acercó despacio, y a través del vidrio de los asientos traseros, vio a un joven dormido. Era delgado, pero debido a la ropa ajustada que lucía, se le marcaban sus músculos. No era cuerpo de campo. El cabello tenía un raro arreglo que terminaba en un copete, y las muñecas estaban decoradas con cintas de colores. Su antebrazo derecho tapaba su cara, así que no pudo ver ningún rasgo.

“¡Anselmo, hijo!”. Gritó alguien en la puerta de su casa.

Era el padrino Martín, quien le salió al encuentro, y lo abrazó con fuerza. “Lo siento, hijo. Todo esto va a cambiar”.

El padrino Martín no era ni delgado ni gordo. Conservado para sus 37 años, la misma edad de su padre. Su rostro mestizo claro era agradable, con la barba algo crecida, el cabello corto, camisa y jean de marca, lindos zapatos de cuero, un gran reloj y dos pulseras metálicas en la muñeca izquierda, además de anillos en ambas manos.

El ruido de las brillantes pulseras despertó al durmiente del auto, quien vio la escena a través del cristal, restregándose los ojos.

Anselmo estaba más desconcertado aún.

Su padre apareció en la puerta, con un gesto sobrio no visto en meses: alegría.

El joven del auto abrió la puerta y se calzó unas caprichosas zapatillas.

“Él es Zack”, le indicó su padrino, mientras el adormilado joven le daba la mano y le mostraba una bella sonrisa que hacía juego con un rostro agradable, nada hosco, sino como los de algunos chicos que vio en las series de televisión nacional. “Mucho gusto”.

Un signo de interrogación invadía el cerebro de Anselmo.

“Tu padrino vino a darnos el pésame porque no pudo venir al sepelio”, explicó Agapito. Probablemente no al funeral, pero era puntual en todas las fiestas patronales al inicio de cada año… y para la próxima faltaban tres meses. Pero, hay que agradecer el gesto.

Todos ingresaron a la casa.

“¿Cómo estás, hijo? Tu papá me cuenta que tú has asumido la chacra porque él no puede con su dolor”. Ahora sí que Anselmo no entendía ni una jota, pero no era el momento de poner en evidencia irresponsabilidades presentes. Su madre habría buscado una gallina, paraprepararla en el acto; sin embargo, desde que Agapito cambió las aves por cañazo, lo único que se ofrecía en casa era asiento.

Anselmo reaccionó y pensó correr donde Elías para pedirle algunos choclos en préstamo, pero cuando acababa de decir “Ya bengo”, Martín lo retuvo. “Hijo, no es necesario. En el carro tengo víveres. Lo que sí te agradeceremos es agua pa’bañarnos”.

Anselmo fue a ver los baldes en la cocina, y salió rumbo al chorro, a menos de cien metros de su casa. Zack lo acompañó.

“Así que esto es San Jerónimo. Debí traer mi cámara porque el paisaje está bravazo”.

Anselmo no entendió la última palabra y metió el primer balde en el chorro casi helado, que no era otra cosa que uno de los tantos manantiales que afloraban del Huaynapite, la montaña tutelar del pueblo.

“¿Eres algo del padrino?”. Anselmo esperó que el balde se llenara.

“Sí, algo así como su… asistente de negocio”.

El chorro no venía con potencia, por lo  que el recipiente tardó en llenarse.

“¿Negocio?”

Los ojos claros de Zack exploraban el paisaje hasta encontrarse con la figura esbelta y varonil  de Anselmo.

“Entretenimiento. No sé si sabes en qué consiste”.

Para Anselmo, esa palabra estaba relacionada a la feria patronal de cada enero, donde había campeonatos, comida de todo tipo, los futbolines y los cohetes de colores que iluminaban cada año el cielo de aquel paraíso. “Algo, pero sólo lo vemos para Bajada de Reyes”.

Zack se rió comprendiendo que su nuevo amigo no entendía nada.

El primer balde estaba lleno. Anselmo lo puso en el borde. “Puedo ayudarte, ¿OK?” Anselmo dijo que no era necesario, pero la proactividad de Zack había dejado el espacio libre para el segundo depósito. Nada más habíia que esperar a que se llenara.

“Así que tú eres Anselmo. Martín habló mucho de ti, pero en persona eres más interesante… y guapo”.

Anselmo enrojeció.  Su bronceada piel lo disimuló bien.

“espero que podamos ser amigos, ¿OK?”, remató el citadino.

Anselmo quiso sonreír, pero de pronto recordó que tenía planes, y que estaba complicado dar prioridad a todo con los visitantes en casa. Bueno, era una tarde nada más. Mañana, las cosas…

“No te culppo si no quieres ser mi amigo. Apenas nos conocemos. Pero si deseas serlo, me llevaré bien contigo, ¿OK?”, insistió zack.

“Ya pues”, dijo Anselmo, mientras jalaba el segundo balde.

Cada quien agarró uno y regresaron a la casa.

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

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lunes, 4 de noviembre de 2013

Agárrale gusto al plátano

Por: K. Chero

 

P: ¿Hay manera de desaparecerme los barritos que me han aparecido en el brazo? (Anónimo. Paita)

 

KEVIN RESPONDE:

Sí. Pero primero debemos descartar si acaso tienes un pequeño problema con tu metabolismo; pero, si no fuera así, la causa más común y probable es la falta de actividad física.

¿Otra vez?, dirás tú, pero es cierto.

Claro que hasta que sigues un plan de entrenamiento y dieta tomará tiempo, y esos barritos en los brazos son poco estéticos, y ahora que se viene el verano, como que darán roche mostrarlos, especialmente si eres fanático de la playa o la piscina.

Para tu buena suerte, hay una solución barata, práctica y sin efectos secundarios: el plátano de seda.

No. Nadie se volvió loco.

Revisando cuidadosamente en bibliografía confiable, hemos encontrado que la resina existente en la parte interna de la cáscara del plátano tiene poderes cicatrizantes, ya que estimulan la elasticidad y la suavidad de la piel. Pero hay más.

Por alguna razón, cuando untas la cáscara sobre un barrito, haces que la piel del mismo se debilite, que la grasa se endure y que se elimine naturalmente. Luego, la resina de la cáscara permite acelerar la cicatrización de las heriditas.

Además, este truco baja las ronchas de picadura de mosquito y anula la picazón.

¿Incrédulo? OK. Ver para creer, ¿no?

Si todo esto te parece de cuento, esta resina del interior de la cáscara del plátano también es un buen tónico facial. De hecho, este autor piurano nos confesó que todas las mañanas se unta en la cara esta resina, luego de comerse dos plátanos en el desayuno, y funciona igual que los procedimientos de peeling o dermoabrasión.

Dice que se lo deja toda la mañana hasta que entrena en el gym casi a mediodía.

Y por supuesto, el plátano es un buen activador de la digestión, energético y un buen bocadillo para saciar el hambre… hasta para intentar algún juego de seducción… ya sabes, con imaginación todo es posible.

 

 

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© 2013 Hunks of Piura Entertainment.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Sexo Mandamiento (3)

A la mañana siguiente, me levanté temprano. Miré la imagen de la Virgen colgar en la puerta de mi habitación, me conmoví. La imagen de la virgen siempre había evocado en mí gran devoción. Me paré delante de la imagen y recité una Salve.

Me vestí con el buzo, tomé mi reproductor MP3 y coloqué música electrónica. Me eché a trotar por la manzana.

Poco a poco iba acelerando la marcha, veía a los escolares ir con sus padres a sus colegios. Recordaba el tiempo en que Papá nos había llevado a mi hermana y a mí al colegio. Realmente fueron tiempos felices. Empecé a sentir cansancio, “solo un poco más” me dije.

De regreso a casa, me topé con una compañera de universidad. “Hola Tavito” me saludó entusiasmada, también regresaba de correr. “Hola Mariana” le respondí,  sin el mismo entusiasmo que ella había mostrado al saludarme. Por alguna razón yo pensaba gustarle a Mariana, sin embargo era hasta ese momento solo un pensamiento.  Llegué a casa, tomé una ducha y bajé a desayunar listo para ir a la universidad. Salí de casa y tomé un taxi. Tenía un curso aburridísimo, la sola presencia de la profesora era aburrida, sin embargo no era aquello lo que más me aburría de su apestoso curso, sino la forma cucufata de pensar que pretendía inculcarnos. Aunque no era materia de su curso, tocaba temas referidos a la drogadicción, a la prostitución, al consumo de alcohol, y siempre nosotros, los estudiantes de mi generación, éramos unos perdidos, unos demonios, y en fin, una serie de apelativos negativos. Aquella mañana no sería la excepción.

“Hoy, mientras venía de camino a la universidad, me topé con una ingrata sorpresa”, empezó a decir la profesora, con su modo peculiar de hablar, arrastrando las palabras, en una suerte de susurro casi inaudible. “Vi a dos jovencitos – ambos varones- tomados de la mano, dispuestos a tomar un taxi” exclamó con un tono de repudio. “Esa es una de las razones por las que nuestra sociedad está como está”, seguía diciendo.  Cada vez su discurso se llenaba de más repudio, de más odio. “Son unos enfermos, eso no es normal, se nos creó hombre y mujer. Así que si alguno de ustedes atraviesa por esas confusiones, está aún a tiempo de ir a un psiquiatra para que los cure, porque ser homosexual es una enfermedad curable”. Y dicho esto clavó la mirada en un muchacho de aspecto humilde, al que todos nosotros respetábamos por ser sumamente inteligente. Que sea afeminado jamás fue un obstáculo para que la lucidez de su pensamiento se manifieste. Jerónimo, así se llamaba el chico, tomó sus cosas y se fue del salón casi corriendo. Al ver esto, la profesora esbozó una sonrisa macabra. No contuve mis impulsos y me paré, y apretando los puños dije: “Profesora”, casi gritando. La profesora regresó a mirar con un gesto desafiante, que dejaba ver que aunque no lo dijera, le sorprendía que yo gritase de esa manera. “Dígame Señor Lazarte” me dijo, a lo que sin más, y temblando de miedo por dentro, proferí: “Creo yo, que esta vez usted se ha excedido, como ya lo hace bastante. Habla usted de temas que sinceramente no le competen”. “Creo yo que usted está equivocado Sr. Lazarte, mi labor como docente no se extingue en el mero hecho de brindar conocimientos técnicos…” se defendió. “Creo que si está equivocada” dije defendiéndome, con una pasión que me embargaba cada vez más, quizá por la injusticia, quizá porque también me había sentido agredido. “Su labor es educar, y educarnos en nuestra carrera. Para saber lo que está bien y lo que está mal ya hemos tenido buen tiempo en casa y en el colegio. Si sus creencias son tales, creo que usted no debe pretender obligarnos a creer de esa manera. Yo soy católico y como tal creo en Dios y se de lo que está bien y mal, pero no por ello juzgo, que para juez nuestro, solo Dios”.

Cuando terminé tenía a la mitad del salón mirándome. Todos susurraban. Pero lo que más me impactó y hasta atemorizó fue la mirada llena de ira que la profesora tenía hacia mí. Empezó a hablar, pero los oídos me zumbaban, la vista se me nubló. Tomé mis cosas y me fui del salón.

Caminé hasta la puerta de la universidad, y luego hasta mi casa. No podía entender por qué había actuado de esa manera, era contradictorio. Cada vez que pensaba en que yo era homosexual, la piel se me ponía de gallina, me daba miedo pensar que me fuese a condenar. Me daba miedo también la reacción de mis padres, de mi hermana al saber que yo era homosexual. A veces pensaba que todo se me pasaría algún día, que de repente a cierta edad me casaría y fundaría una familia. Pensaba que todo sería pasajero. ¡Qué equivocado estaba!

Pero la forma en como trataron a Jerónimo me pareció injusta. Él era un estudiante brillante. Yo era bueno, pero el era brillante y además era becado, y eso era realmente admirable.

Caminé hasta mi casa. Me sentía agotado. Me desnudé y al quitarme el pantalón, vi caer un papel al suelo. Lo recogí, era el correo electrónico de Adrián, sonreí.

Me senté frente a mi escritorio, abrí mi laptop y entré a mi correo electrónico. Añadí a Adrián a mis contactos y de inmediato apareció conectado. “Hola” me dijo. Ante su saludo, por alguna manera, me quedé helado, me sentí emocionado. La piel se me puso como de gallina. “Hola” le respondí.  Conversamos bastante, realmente disfrutaba mucho conversar con él. Me hacía reír con sus pavadas. Lo dejé porque tenía que ir a almorzar y luego de un rato  a entrenar en la piscina. Pero quedamos de vernos a las 7 en su departamento.

Salí de casa con un entusiasmo que pocas veces sentía. Llegué a la piscina. Me desnudé en los camerinos como de costumbre. Me coloqué el apretado slip de natación, la gorra y sobre ella los lentes. Salí a la piscina propiamente dicha. Hice calentamiento y luego me clavé en ella. Nadaba por espacio de 20 minutos y descansaba 5  y así lo hice hasta completar una hora en el agua. Salí, me sequé, me puse la misma ropa ligera con la que había ido a nadar esa tarde y regresé a mi casa.

Me sentía entusiasmado. No sé si era el solo hecho que me iba a volver a ver con Adrián, o, si era la tácita invitación a volver a tener sexo con él, lo que hacía que me entusiasme y emocione. Llegué a casa nuevamente, tiré mi mochila sobre la cama, me desnudé y me metí a la ducha. Cantaba mientras me duchaba. La verga la tenía dura a más no poder, y aunque tenía ganas, decidí no masturbarme.

Me vestí, y me marché. Tomé un taxi y me dirigí al departamento de Adrián. Me bajé del taxi y en cuestión de unos pocos minutos estuve delante de su casa. Toqué el timbre del intercomunicador y casi de inmediato una voz ronca y varonil respondió: ¿Quién es? Preguntó, “Yo, ¿quién más?, respondí riéndome. “¿Quién es yo?” Replicó, en un tono juguetón. “Adrián apúrate ¿quieres?, Soy yo, Gustavo”, respondí riéndome pero sintiéndome secretamente incomodo por su broma. “Ah, Ahora sí”, dijo, y finalmente abrió la puerta.

 

(CONTINUARÁ...)

 

 © 2013 Gonzalo Martínez. © 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.  Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

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sábado, 2 de noviembre de 2013

Crónicas de un moderno (Intro)

Es una tontería que desde niños nos narren cuentos donde existen mundos fantasiosos, personajes que viven felices para siempre, etc. Cada uno crece con esa fantasía, yo crecí creyendo que en algún momento terminaría mi propio cuento, “vivieron felices para siempre”, pero no.

 La vida no es como el cuento de hadas, ni como la típica novela mexicana, la vida es dura y más aún para alguien como yo, el que aún le quedan esperanzas de salir de la vida bisexual inclinada mas al mundo gay y llevar una vida Heterosexual, el que muchas veces quisiera despertar de este gran sueño, pero así me tocó vivir, y así como yo, a muchos nos afecta estar metidos en un mundo, al que se llega sin querer queriendo, a este mundo donde la sociedad nos ve como anormales, gente estúpida que solo critica sin conocer las verdaderas razones.

Estoy muy contento de compartir con ustedes estos relatos. Mi nombre es Frank Villanueva, y comenzaré a vivir junto a ustedes de manera intensa mi pasado, mi presente, y lo que dios quiera que venga…

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres no son reales. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

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