martes, 3 de diciembre de 2013

Anselmo (9)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

En lo alto del Huaynapite, donde los vientos fríos luchaban violentamente por ver a dónde llevaban  las nubes, Elías lloraba.

 “¿Por qué  lo hiciste?”

Anselmo, quien lo miraba conmovido y angustiado, no tenía respuestas.

Elías lo miró tristemente, y volteó su cara hacia el infinito horizonte, donde había más cordillera y cielo.

“Íbamos a’star juntos. ¿Te acuerdas?”

Anselmo seguía mudo.

Elías caminó hacia el precipicio, extendió sus brazos, se volteó hacia su enamorado.

“¿Quieres que me mate?”

Anselmo reaccionó, y corrió hacia él para evitar perderlo. Abrió sus brazos.

Cuando lo iba a alcanzar, Elías lo evadió.

¡Horror!

Anselmo iba en caída libre y en curso de colisión contra unos peñascos.

Gritó de terror.

Cerró los ojos ante lo inevitable. Volvió a abrirlos con el ápice de valentía y segundos que parecían quedarle…

¡susto!

Ahora no reconocía nada. Afuera había un arenal que pasaba como película, y estaba en el mismo sitio donde la tarde anterior había descubierto a Zack.

“¿Estás bien, hijo? Ya vamos a llegar”

Anselmo se desesperó y comenzó a llorar. Esto no era familiar para él. Tampoco esta era la ropa que tenía ayer.

Martín detuvo el auto, bajó la salsa que venía escuchando e hizo una mueca.

Zack, que iba en el asiento del copiloto, se quitó el cinturón de seguridad, y pasó al asiento de atrás. Abrazó a Anselmo.

“No llores. Todo estará bien. Nosotros estamos contigo”.

Anselmo se separó y se acurrucó al otro lado del asiento.

Martín movió la cabeza en señal de disconformidad, y miró seriamente a Zack por el retrovisor. Meditó brevemente qué decir.

“Hijo, yo también soy tu familia. Pero, ¿qué querías? ¿Seguir viviendo con el borracho de tu padre?”

Anselmo bajó más la cara para que no lo vieran llorar. Sí quería dejar a su padre, pero esto no es lo que había planeado.

Martín buscó marcar más su territorio, pero no quería sonar duro.

“En San Jerónimo no ibas a lograr nada. Acá te daré lo que necesitas, y puedes tener todo lo que quieras. No seas malagradecido”.

Zack intentó abrazarlo de nuevo, sin mucho éxito.

“Confía en nosotros. Míranos. Estamos bien acá. Tú también podrías estarlo, ¿OK?”

Anselmo parecía calmarse, por lo que Martín reanudó la marcha, esta vez en silencio.

Al anochecer,entraron en una ciudad iluminada, que parecía tener desniveles como San Jerónimo.

Dieron varias vueltas en medio de autos, buses y mototaxis, flanqueados por veredas llenas de gente que iba y venía. Llegaron a una casa, bajaron y entraron.

Tres chicos salieron a recibirlos. Saludaron en coro: “Buenas noches, don Martín”.

Él contestó bajando la cabeza: “Este es mi ahijado Anselmo, trátenlo como los trato a ustedes”.

Anselmo sólo conoció los pies de los chicos, entre ellos, unos largos y morenos. Todos tenían sandalias multicolores, en contraste con el piso rojo oscuro.

Zack lo abrazó y lo forzó a caminar.

Entraron a una habitación.

“éste es tu cuarto. Aquí está tu cama. Mañana te traeré más ropa. Báñate. Que ya vamos a cenar. No te demores, que los chicos deben trabajar”.

Zack se fue.

Anselmo miró a las cuatro paredes pintadas en tonos pastel, y los afiches de físico culturistas vestidos con sólo un trapo pegado que les ajustaba sus partes nobles, y el calendario de un obrero con casco amarillo, y un pantalón deshilachado al extremo, que dejaba ver su vello púbico y parte de su miembro flácido. Tenía un martillo en la mano derecha, listo para aplastar el aire. su mano izquierda intentaba rescatar el poco jirón de ropa que le quedava.

La puerta se abrió.

Entró un chico como de su tamaño, casi un metro setenta, trigueño y de bello torso. Vestía una camiseta ajustada y un pantalón corto que torneaba su trasero y sus piernas.

“hola. Soy Kike. Bueno, así me pusieron acá porque realmente soy Antonio. ¿te llamas Anselmo, verdad?”

Lo miró sorprendido. ¿Por qué debía cambiar su nombre? Por otro lado, este chico era afable, pero ¿qué venía a hacer acá? ¿Y ese acento al hablar? Sólo lo escuchó cuando en la tele imitaban a la gente de la selva.

Anselmo no sabía si reír o preocuparse, hasta que pudo recomponerse y cuestionar.

“Sí, soy yo. ¿Qué es esto?”

“éste es el Alpha Male. Aquí trabajamos. Aquí vivimos”

“¿De qué trabajas?”

Kike sonrió, y ensayó una respuesta… lo más honesta posible: “atiendo a los patas, señores, tú sabes. Y si quieren más, bueno, les doy lo que buscan”.

Anselmo lo miró extrañado, pues, por más que intentó, no comprendió nada.

“Ven, te enseñaré esta parte de la casa. Bueno, este es tu cuarto, ¿verdad? Ahora te mostraré el baño, la cocina, y cada pieza. O sea, cada sitio de la casa”.

Salieron .

Ingresaron detrás de una cortina: era un cuarto grande y de color celeste. En las paredes habían fotos de hombres blancos y rubios, desnudos, teniendo sexo anal, en las más diversas posiciones. No cabía duda a juzgar por  las penetraciones que se veían nítidamente en las imágenes.

Anselmo las miraba con una rara mezcla de fascinación y desconcierto.

“A la derecha los waters; a la izquierda, las duchas”. ’Ppera. No te muevas”

Anselmo se quedó viendo las fotos. El ánimo comenzó a cambiarle. ¿Acaso esos cuerpos masculinos musculosos disfrutando del sexo entre ellos, estaba comenzando a distraerlo de lo sucedido en las últimas 24 horas?

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Crónicas de un moderno (4)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

TRACK #4 MI PRIMERA EYACULACIÓN

Hace una semana volví  a ver a Erick,  había venido a visitar a su familia, yo pasaba a comprar algunas cosas para comer.  Él pasó junto a mí, ahora ya no me saluda, ni me mira, que lástima. Después que desapareció, recordé aquellos tiempos, llegué  a  casa,  fui a mi cuarto, los recuerdos me invadieron, y con una sonrisa pícara que se dibujó en mi rostro, me acordé cuando mi mamá se dirigió a mi cuarto.

-Norma  te buscan-dijo mi hermana.

-Ya voy respondió-  mi mamá

Al parecer se dio media vuelta, sin lograr llegar a abrir la cortina del cuarto y encontrarse con "espectacular escena”.

Creo que si no la hubiesen llegado a buscar yo no estuviese escribiendo, no estaría vivo para contar esto, hace rato me hubiesen sacado la mierda.

Que tal susto el que me llevé y Ericksito también.

Nunca terminé como quien dice baceandome en él.

Posteriormente, solo repetíamos la escena, de que él se pegue a mi cuerpo, pero ya no volví a penetrarlo tan rico como aquella vez.

Lynn y Diego, los mismos chibolos con quienes jugaba las escondidas, a veces querían llegar a jugar nintendo, yo no los dejaba pues ya tenía con quien jugar nintendo y a veces jugar otras cositas. Ya se me había hecho costumbre de que cada vez que jugaba nintendo con Erick, éste se terminara sentando encima de mí.

Una vez estaba con Erick en un acto similar a los anteriores,  de pronto escuché risas que soltaron, mmmmmm ¿Quienes serán??

Con disimulos me asomé  y logré identificar que era diego y Lynn creo que ellos siempre se habían ganado lo que hacía yo con Erick y al parecer también querían probar de mi medicina jejeje, habían días en los cuales Erick no iba a jugar y los lobos feroces de Diego y Lynn buscaban esconderse conmigo, Lynn una vez lo hizo, colocó su trasero delante de mí, bueno no estaba mal pero si comparamos el de Lynn con el de Ericksito, pues el de Lynn quedaba en nada, los mismo pasaba con pasaba Dieguito, se ponía delante de mí, con la excusa de que, según yo te cubro porque, como tú eres más grande, si me encuentran tu puedes salir corriendo y avanzas a tocar el poste y entonces la cuentan de nuevo, perfecto yo y mi pene contento mientras tenerlo delante mío bacán.

Lástima que esa aventura no duró para siempre porque venía la maldita época de colegio ya por esas fechas Erick hacía sus maletas para regresarse a su pueblo.

Colegio, casa y tareas; tareas, casa y colegio que aburrida que empezaba a ponerse mi vida.

Ya tenía 13 años y a partir de allí tengo entendido que empieza a desarrollarse los espermas en el hombre y tanta cosa pero bien es cierto que extrañaba tener a Erick junto a mí, ¿Sería que empezaba a coger gusto por personas de mi mismo sexo?

Una tarde de sábado llego Diego y Lynn a mi casa a buscar a mi hermano para jugar blade blade (algo así se escribe creo), mi hermano estaba durmiendo así que yo los atendí, entraron a mi casa y estaban jugando, me llamaban para que jugase con ellos pero en realidad yo no importaba, me había vuelto un poco sobrado, en el sentido que ya no quería compartir momentos con la gente del barrio.

Al promediar las 5pm Diego se fue, me quedé con Lynn, solos en la sala porque mi hermano estaba durmiendo, mis otros hermanos no estaban y mi mamá también dormía.

Me metí a la moto taxi que habían comprado meses atrás y como era con puertas la cerré, pasó poco rato para que Lynn abriera las puertas y se metiera a hacerme compañía ahí, estando en el interior de la moto se puso de pie y al volverse a sentar busca mis piernas y se sentó encima de mí.

Mmm- este quiere pene me dije a mi mismo.

Bueno yo empecé a seguirle el juego y lo penetré, él estaba feliz, mi cuerpo empezaba a tener otra sensación distinta, sentía que algo iba a pasar, al rato saqué mi pene y me quedé un ratito con el pene afuera, sentí que algo vino mmmmm.

 Me ardió un poco al expulsarlo, pensé que quería orinar, fui al baño y veo que había expulsado algo lechoso. Por primera vez en mi vida conocía el semen, mi semen; después de esa vez, ya no agarre con el chibolo.

Yo cursaba el segundo año de secundaria, a mi aula entró un chico nuevo, él era de Cajamarca, Raúl se llama, era un poco más alto que yo, ojos marrones claros, delgado, estaba bueno el chibolo, llegó todo tranquilito, pero con el tiempo resultó ser un pendejazoo, siempre jodia a las flacas, al igual que yo con trece años, era bien arrecho.

Raúl siempre se sentaba lejos de mí,  pero si teníamos amistad. A ese siempre lo veías con las manos en su pene, el que se le paraba por tanto manoseo, eso excitaba.

Un día tocó hacer limpieza de aulas, todos estaban con ropa de educación física, la típica vestimenta del polo blanco con el logo del colegio y un buzo de tela bastante fina, Raúl se acercó y me dice:

-Van a ver agua al baño

-Ya bueno, van-le dije.

En el baño yo estaba lavándome la cara y él orinando, de pronto, siento un cuerpo que se pegó a mí, era Raúl, quien estaba detrás mío y con ese rico pene que comenzaba a despertarse, él me lo juntaba sobándolo en mi trasero, puxa se sentía rico, más aún cuando Raúl comenzaba a moverse y a apegarse mas y mas, ¡que rico concha su mare!

Yo también quería sobarle mi pene en su trasero, pero él no se dejaba, por más que yo trataba, y hacía numerosos intentos colocándome detrás de él, pero él nada que ver, parecía que nomás le gustaba poner el pene sobre el culo.

Lo importante de todo es que esa escena estaba caliente y llena de adrenalina.

Raúl me condujo a una cabina del baño, allí yo puse mi culo en él, pero solo por encima del buzo, aunque me hubiese gustado sacárselo y que me lo meta todo, se le veía excitado, comenzó a cruzarme sus manos en mi cintura y podía sentir que su miembro se le paraba bastante, solo nos mantuvimos así, por desgracia no pasaron más cosas y nunca más se volvió a repetir eso. Pasaron unos tres meses y Raúl, se cambió de colegio.

Llegó el día de la primavera, fuimos de paseo a Sullana, las secciones de 2do A y 2do, yo pertenecía a segundo B era y de segundo A era Jefri, el mismo chibolo con el que empecé desde pequeño.

 

 

(CONTINUARÁ…)

 (CONTINUARÁ…)

 

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martes, 26 de noviembre de 2013

Anselmo (8)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Zack trajo otra botella, descorchó, sirvió su taza y la de Anselmo. Salud de nuevo. Acercó su silla.

“Aquí es bonito, pero debes conocer Paita. Te gustará el mar”.

Un corchazo cayó en la cabeza del chico simpático. Era Martín, quien lo recriminó cerrando un poco los ojos. Zack conocía ese gesto, y entendió por qué fue objetivo del proyectil.

“Sírvete papitas”.

Zack se sobó el cabello, e hizo lo que le dijeron. Nuevamente Anselmo vio esos glúteos redondeados que adelgazaban el cuerpo sin vellos del chico vestido con el pantaloncillo nlanco, esta vez a sólo centímetros.

Anselmo marcaba mil, de no ser por el pantalón que seguía vistiendo, y, que por nada se lo sacaría.

“Sírvete”.

Anselmo tomó algunasppapitas  mientras miraba a los ojos claros de Zack, quien le sonreía.

Tomó otro sorbo de vino, y al bajar la taza, el chico rozaba su muslo izquierdo contra sus dos rodillas.

“¿Ya acabaste el colegio?”

Anselmo mintió gestualmente sin dejar de ver la sonrisa de Zack, combustible de su erección, a la que logró dirigir hacia su muslo derecho.

“¿Qué quieres estudiar?”

Anselmo no supo qué decir. Zack se acercó hacia él y puso su mano izquierda muy cerca de la zona de peligro.

“Tu padrino te puede ayudar, ¿OK?”, le dijo en voz baja, a la vez queextendió sus dedos hasta ubicar la humedad que producía la secreción transparente de su glande. Zack no dejó de sonreirle ni despegarle la mirada de los ojos.

Anselmo sintió más calor aún.

“Tómate una más”, le invitó susurrando.

Anselmo acabó la taza rápidamente, y se levantó. Se fue hacia la cocina, buscando la puerta del fondo. Quería orinar. Cuando logró su cometido, sintió durante varios minutos que el frío de la sierra lo evitaba. se bajó la cremallera, y se sacó el miembro duro. Orinó largo y fuerte. No sabía en qué pensar.

De regreso, notó que Zack estaba sentado sobre la pierna izquierda de Agapito, quien metía sus manos por debajo del bóxer, allí donde acababa la espalda. 

Conversaba animadamente con su padrino, sin dejar de tomar esa bebida dulce y amarga.

Anselmo pasó hacia su cuarto de manera sigilosa, se sentó en su cama, y, despacio, se quitó el pantalón.

Así desnudo, se acomodó contra la pared, e intentó dormir. Pegó los ojos unos minutos, y, al abrirlos, notó el resplandor del candil de la sala, y escuchó respiraciones ahogadas y gemidos que identificó: Agapito.

En puntillas, fue hasta el marco de la puerta.

Efectivamente, era su padre,sentado en la silla,con el calzoncillo por los tobillos, ofreciendo su enorme pene a Zack, quien succionaba con los ojos cerrados, con tanta firmeza, que su padre se estremecía sobre el madero.

Se asomó un poco más. del otro lado, Martín hundía su cara entre los enormes glúteos de su asistente. Los grandes muslos de ambos no le dejaron ver nada más, sin contar  que la luz no era de mucha ayuda.

Anselmo se erectó de nuevo, y comenzó a desear ser parte del festín. Pero no estaba Elías cerca, así que se conformaría con mirar. Si no, hubiera roto el protocolo campesino, y se habría abalanzado sobre Zack. Comenzó a masturbarse.

“los condones están en la mesa”, dijo Martín, mientras daba auna nalgada a Zack, y se paraba de ahí.

Anselmo salió disparado, pero en puntillas hacia su cama. Se metió entre la sábanas, y cerró los ojos en dirección a la pared. Su erección era lo de menos, total, ya estaba a buen recaudo.

Escuchó a su padre alabar el gran culo de Zack, pidiendo penetrarlo. Zack le dijo que OK, pero debía dilatarse bien, mientras le solicitaba ponerse un preservativo.

De inmediato, Anselmo sintió que un peso se colocaba a su costado.

“Tranquilo”.

Un brazo lo rodeó, mientras una barbilla como lija exploraba su cuello. El adolescente quedó petrificado.

“Asu. Ya estabas listo. Calatito”.

Anselmo quería escapar o gritar, y cuando iba a abrir la boca, escuchó un gemido de dolor, cruzando la pared, seguido de otro de placer, más ronco.

“Es tu viejo comiéndose al Zack. Yo no soy tan bruto”, agregó la voz en su cuello, mientras sentía que unos dedos le humedecían el ano, dejándolo demasiado suave, extra suave. El peso de la otra persona lo ladeó hasta ponerlo debajo.

“Levanta el culo, que yo seré bueno contigo,  mi vida”.

Zack volvía a emitir otro gemido, seguido de un ¡despacio!

“No te haré doler, mi amor”. Dijo la voz apagada sobre su espalda, mientras sentía que su ano se dilataba ante la entrada de algo duro, que lo obligaba a abrirse de piernas, y la barbilla de lija seguía provocándole cosquillas en la nuca. Luego escuchó un gemido, mientras entre sus nalgas, la pelvis del invasor danzaba con cierta excitante suabidad.

Contra su colchón, Anselmo sentía que el cosquilleo de su miembro se transformaba en humedad, y luego en éxtasis. Comenzó a jadear, y se percató que, si lo hacía, al ritmo de la danza, podía anular el dolor.

“Así, mi amor. Así como lo sabes hacer,cariño. No pares”.

Sintió una boca besándole la nuca, humedeciéndola con saliva.  Se había aislado del todo, incluso del fuerte gruñido de placer que su padre dio del otro lado de la pared, anunciando su orgasmo, como era costumbre.

Anselmo percibió que una humedad caliente se posicionaba de su abdomen bajo y su colchón, a la vez que alucinaba estar cayendo al vacío, sin miedo, con placer.

“ah, qué rico aprietas. Vas a hacer que me vac´íe”.

Ahora la danza le producía irritación allá atrás, y pugnaba por sacarse el peso de encima, entonces movía las piernas en todas direcciones.

Sintió un enorme suspiro en su nuca, y un latido fuerte en la pared de su ano. Pasó un minuto. El peso desapareció de su espalda.

“Eres lo máximo. No sabes cómo me hiciste feliz”.

No era la voz de Elías.

Anselmo quiso llorar, pero el cansancio lo venció. Se quedó dormido, arrullado por los gemidos de Zack, quien se iba por el segundo asalto del pene de Agapito.

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

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jueves, 21 de noviembre de 2013

Crónicas de un moderno (3)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

TRACK #3: POR FIN LA METÍ

 

Que nos encuentren o no, ya no importaba, yo solo quería seguir junto a Erick, quién a cada instante iba acercándose más.

Pasó un rato y una niña empezó a acercarse, para asomarse y ver quienes se escondían tras esa pared…

Qué chibola para más antojada, no dejó que disfrutara bien aquel momento.

-Empay Erick y Frank- y diciendo esas palabras salió corriendo.

Al siguiente juego pasó lo mismo con Erick.

 

Erick supo que teníamos nintendo y gracias a este juego,  era razón para que llegue todos los días a mi casa a jugar y como mi mamá con mi hermana tenían un pequeño negocio salían casi todas las noches.

Cada noche la única persona que me acompañaba era Erick. Muchas veces su primo, menor que Erick y yo, quería jugar con nosotros pero Erick le ponía numerosas excusas que hacían desanimar por completo al niño, pucha era lo máximo este nene, lo amo jejej.

Un mando del equipo, se había malogrado por mucho uso, pero el otro aún servía, así que con Erick nos turnábamos, quien jugaba primero, si yo perdía le tocaba a él o a mí según el orden. Entre cambio y cambio de casetas, Erick se paró para cambiar otro caset y cuando terminó de hacerlo,  llegó y se sentó encima de mí,  puta mare me hizo despertar la calentura.

El chibolo empezaba a moverse, paralelamente movía sus manos jugando con el mando, y yo disfrutaba, me calentaba y me volvía loco.

En otra ocasión, como de costumbre nos quedamos solos, y nos pusimos a ver TV, durante un corte comercial anunciaban que “X” día pasarían la famosa película el titanic, entre las imágenes que se iban trasmitiendo, pasaron la escena donde Jack y la chica estaban en el auto teniendo sexo.

Erick se pegó, me abrazó y puso todo su trasero delante mío (lo único malo que estábamos con trusas) me empilé, y a la mierda con que la casa se respeta, lo recosté contra la pared, le bajé la trusa poco a poco, pero el nene era bien calentón, no desaprovechaba ni un instante y con la mano se bajó al toque la trusa, estaba arrecho tanto él como yo, mi pene apuntaba a todo ese rico culo que había delante, todo mío, solo esperando a que me lo  comiera.

-Frank abre la puerta- decía mi mamá quien estaba afuera.

Aaaaaaaaaaaaaaa, maldita sea cuando estaba a punto de comerme a este niño, se le antoja llegar a mi mamá, ¡Que cólera ¡

Ni modo, salí a abrir la puerta y Erick como un angelito, sentado en una silla me preguntó:

-¿Conseguiste el caset de Dragón ball?, yo mañana lo traigo por si no lo hayas conseguido.

Yo aún estaba con muchas ganas, pero sabía que no podía ser la única vez, pero como dicen en la repetición esta el gusto.

 

La tercera es la vencida, y si que buena vencida.

En una ocasión mi mamá estaba en casa junto con mi hermana; mi hermano como siempre al frente de mi casa visitando a la tía de Erick.

Como de costumbre Erick infaltable, plan de 7 de la noche llegaba a mi casa, aquel día había una frazada tendida en el piso, yo estaba acostado en ella viendo TV,  él llegó, se acostó ahí conmigo.

Mi mamá lo llevaba bien, aunque si se hubiese llegado a enterar de lo que hacía cuando me quedaba solo con él,  nunca más lo dejaba llegar.

Erick como siempre con ese carisma que lo caracterizaba y esa inocencia que engañaba a cualquiera me dice:

-Préstame el álbum de Dragón ball Z de tu hermano.

Yo no quería ir me daba flojera, pero no imaginaba que me esperaba un gran banquete.

Entonces mi mamá me dice:

-Anda vele el álbum.

 Bueno como siempre yo obediente fui.

-Erick acompáñame-le dije y él me siguió.

-¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba?, carajo no hallaba el bendito álbum.

-Creo que me dijo tu hermano que estaba en un cajón, ¿Será este?-dijo Erick señalando un gran cajón que tenía con cuadernos papeles y más huevadas.

-Me da flojera verlo-le dije

-Ya yo lo busco pero espérame-  me dijo Erick.

El chibolo se agachó y dejó relucir su enorme trasero;  yo de pendejada me le acerqué, él se excitó y entre mí dije: -Puta mare esta vez no se me escapa.

Y así fue lo llevé a mi cama que estaba ahí cerca, le bajé su trusa, me saqué el pene y se lo metí tan rápido, a mi solo me importaba lo rico que me lo estaba comiendo, y la gran excitación que me producía escucharlo gemir y sentir su cuerpo caliente, tanto así que olvidaba la presencia de mi hermana y mi mamá.

El chibolo me había estado arrechando desde el juego de las escondidas, jugando nintendo se sentaba encima de mí, para cualquier cosa se me apegaba y esta vez, el sueño se me hacía realidad, ese trasero que antes había percibido con tanta emoción por encima de nuestras trusas y  ahora era todo mío.

Yo comenzaba a moverme más y más, lo quería solo para mí, estábamos carne a carne y él se comportaba como una puta en celo, paraba más su trasero haciéndome perder en ese mundo que me producía una sensación que nunca antes había conocido( Con sólo escribir esto, desearía ahora mismo tenerlo).

Era una escena tan excitante, pero todo se vino abajo cuando escuché:

-Frank, ¿lo encontraron?, Por los mil diablos era la voz de mi mamá y claramente se podía escuchar sus pasos que salían de la sala en dirección a mi cuarto…

 

CONTINUARÁ.

 

 

 

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martes, 19 de noviembre de 2013

Anselmo (7)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Esa noche hubo un banquete en casa de Agapito. Claro, comparado al menú del último medio año, cualquier cosa lo era.

Mucho de lo que comieron nubca  se había visto por San Jerónimo, excepto el atún en lata, o algunas marcas de galletas.

En meses, nunca una cena los había dejado satisfechos. En efecto, la última que Anselmo recordaba era cuando cumplió 16, y la finada Santos le preparó las papas sancochadas con gallina guisada y crema de huacatay que tanto le fascinaba. Jamás olvidaría que su madre, a pesar de sus dolencias, lo agasajó con esa irrepetible sazón.

Los dos anfitriones y los dos convidados -¿cuál era cuál?- terminaron de cenar.

Zack impidió que Anselmo se levantara de la mesa. “Yo recojo todo”.

Agapito sonreía de manera distinta mientras conversaba con el padrino Martín.

Se conocían desde chibolos, cuando sirvieron juntos en el Batallón de Ingeniería de Las Lomas. ¿Y recuerdas a Torres, a Sánchez, a García? Demasiada información que mantenía desconcertado y entretenido a Anselmo.

Se rió con la historia de Ramos, que, a diferencia de sus promociones que lo hacían en ropa interior, solía bañarse desnudo, y  tuvo que entrar calato al cuartel luego que el pendejo de su padrino le escondiera el uniforme en uno de los totorales del Chipillico. Esa noche, el comandante lo metióa su casa, y no se supo nada hasta el día siguiente, cuando amaneció con uniforme nuevo, y órdenes de no contar nada. Los pendejos de sus compañeros, unos días después, hicieron un muñeco con paja, al que vistieron con el uniforme extraviado y lo pusieron a la entrada de la cuadra. Ese fin de semana, todos se quedaron castigados, menos Ramos, que sí pudo salir de franco.

“Dicen que el comandante le entraba…, y que ese huevón era su macho”

Agapito eructó y tosió.

“Puta, compadre, sé lo que necesitas. Pero esta vez se te va a caer el paladar del gusto”.

Martín salió luciendo su ajustado bóxer, pues, desde la hora del baño no se puso ropa. Igual, agapito seguía en su viejo calzoncillo. Zack regresó a la mesa.

“No sé cómo no se muere de frío”.

Agapito sonrió mirando a los ojos del citadino. En ese momento, el padrino volvió a entrar con una botella de líquido rojo, se paró frente a Agapito, y se puso la base del pomo contra su miembro. Lo agitó.

“¿La quieres?”

Martínse carcajeó, seguido por zaqck. Anselmo, por más que quería, tuvo que controlarse. Agapito quiso fruncirse, pero entró a la chacota.

“Depende, si no te l’as metido po’l culo, sí”.

Todos rieron.

Martín descordchó el vino, y lo sirvió en las tazas de aluminio blanco que Anselmo halló de milagro.

“¿Qué’s?”

Martín alargó la taza a Agapito, previo salud. El rostro del pueblerino se coloreó distinto. Miró a Martín, quien le levantó las cejas en tono de victoria.

“Está‘la puta ma’re”.

Zack brindó con Anselmo.

“Tómalo despacio, ¿OK?...  Salud”.

Amargo y dulce. Fuerte. Esto era novísimo para el adolescente. ¿Será alcohol? Parece que no. Por lo menos, no sabía como el cañazo, la cerveza, o la mezcla de sus amigos. Y por último, ¿afectará su promesa tomar un sorbito?

“Despacio, hijo. No es agua”.

Anselmo soltó la taza, y miró a todos. Un calorcillo empezava a recorrerlo, y se le subía a la cara. Sólo sentía eso cuando Elías se le acercaba. Pero, pero, esto está completamente distinto.

“¿estás bien?”

Anselmo no se percató quién le hablaba, pero hizo sí con la cabeza. Todavía quedaba algo de vino en la taza. Lo tomó despacio, como le dijeron. Estaba en otro mundo. Lo acabó. Expiró desde lo más profundo, como si se liberara de una gran carga. Se relajó. ¿Y este néctar? “Tengo calor”.

Zack le sonrió. se acercó y comenzó a desabotonarle la camisa. Anselmo se avergonzó y miró a su padre. Pero Agapito estaba en calzoncillo, y no sentía vergüenza; su padrino tenía  ese pantaloncillo que le marcaba todo. El único friolento era Zack, que vestía pantalón largo y chompa.

“Tranquilo. Estarás cómodo, ¿OK?”.

Anselmo se dejó descubrir sus pectorales y abdominales lampiños. Zack se quitó la chompa, y se quedó en una remera ceñida, que dejaba ver  dos pequeños pero firmes pectorales y un vientre plano; además, los brazos no eran anchos, pero esbeltos, y en las muñecas seguían las cintas de colores.

“Hijo. Quédate como nosotros”.

Anselmo sólo se sacó la camisa, y dejó descubrir sus brazos fuertes y un tronco digno de escultura.

“Carajo, sácate todo, ¿o ya no’res hombre?”

Agapito comenzaba a sonar distinto. Zack apuraba otra taza de vino, y se agitó un poco, a la vez que resoplaba. Se desavrochó el pantalón, se quitó la remera y las zapatillas, y se quedó en una prenda similar a la de Martín, pero de color blanco. Resopló de nuevo, y alzó la taza como acabando todo el contenido.

“¿Hay más¡”

Martín le señaló una caja naranja con tapa blanca. Seguía haciendo memoria con Agapito de cosas que Anselmo, simplemente, no entendía. ¿Qué estaba pasando en casa?

Zack se inclinó a abrir la tapa de la caja. Un trasero redondeado a sólo cinco metros del adolescente. No pudo evitar verlo con algo de lascivia. 

Por ratos, ráfagas con la cara de Elías venían a su mente, y, por más que trataba de aferrarse a ellas, siempre terminaban desvaneciéndose.

 

largo y grueso miembro.

 

(CONTINUARÁ…)

 

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jueves, 14 de noviembre de 2013

Crónicas de un moderno (2)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

TRACK 2: A ESCONDIDAS

 

eJefri se puso de mil colores y toda la arrechura se desapareció en un santiamén jajaj.

Y ¿nuestros penes?

Por arte de magia no sé si nosotros nos los guardamos, pero en los que menos esperamos, estos ya estaban guardados.

Y ¿los cierres del pantalón?

Tuvimos que mover rápido las manos, así como sabíamos moverlas para pajearnos también debíamos moverlas para cerrar rápido los cierres.

Ufsss aquel día la suerte estaba de nuestro lado, no sé si milagros se ganó pero creo que no.

-¿Qué hacen chicos? nos preguntó.

Yo le contesté:

-Nada,  acá pues Jefri me está haciendo compañía, dice que ha llegado tarde y la profe no lo deja entrar.

-Ahhhhh, dijo Mily, pero tienes que irte porque de aquí el auxiliar viene a molestar porque sabe que no eres de esta aula.

Efectivamente,  vino el auxiliar y bueno Jefri con toda su calentura, caballero tuvo que ir a su aula. Que le quedaba no.

Culminé mi primer año de secundaria y pasó tan rápido que no sentía los cambios que iba experimentando, ahora ya no era un niño, era una persona en pleno desarrollo en etapa de pubertad y así como iba creciendo mis problemas también crecían,  bueno ya había experimentado algunas cosas, no todo claro, pero algunas cosas.

Por aquel verano del 2008, yo aún tenía 12 años, faltaban pocos meses para cumplir los 13.

Recuerdo como si fuera ayer que por esas fechas llegaron a vivir al frente de mi casa unos chicos y chicas, ellos eran de la sierra de Piura, en este grupo estaban tres chicas muy lindas, así como chicas, también chicos.

 Estaba un pata que hasta ahora ni sé como se llama, también estaba el que causó revuelo por el barrio, el más rico, el chico que todas las chibolas de por acá querían escuchar un hola de sus labios, y claro qué se va hacer, si el hombre estaba como se dice vulgarmente para chuparse los dedos, lo llamaremos Santiago.

Pero bueno junto con ellos llegó uno más chibolo se llamaba Erick, un brothersito, que si no me equivoco es dos años o un año menor a mí, no recuerdo solo sé que, se le veía lindo, hasta ahora es delgadito, ojos medio rasgados, pelo corto y lo más atractivo, un trasero bastante grande y redondo, para su edad se sobrepasaba;  lo único malo es que él solo viene cada verano,  no como sus primos que ya viven por acá.

Yo no salía mucho a jugar como antes, ya estaba creciendo y esos juegos ya me daba palta meterme a correr y gritar.

Una noche llegó  Diego un pata tres años menor que yo, blanquito, pelo ondulado, labios rojos y bastante gruesos, de estatura pequeña; acompañado de Lin, quien era un año menor que yo, de ojos marrones claros, delgado, pelo lacio; me invitaban para jugar, yo no quería ir pero ante tanta insistencia por parte de estos amigos, acepté ir a jugar.

En las calles toda la muchedumbre de chibolos aproximadamente unos quince, de todas edades, de todo porte y de todas las razas.

-¿Quién la da?- decía la Chavela

 -Ya pues zapatito del Perú para ver quien cuenta- atinaba a decir Juan

-Pero son bastantes-decía Gisy

-Ya pues que cuenten 3 -dijo Dieguito

-Si si si … Decían todos.

Bueno no recuerdo quien contó para jugar las escondidas, solo sé que fueron tres.

-Vale dar la vuelta, dijo Lin

Antes de empezar logramos ver que venía Shirley, su hermano y su primo Erick, sí, el mismo niño que había llegado con los chicos.

-También jugamos-dijo Shirley.

Todos aceptamos.

-Ya entren de frente- dijo Dieguito.

1, 2, 3, 4,.. Empezaba el conteo y mientras tanto buscábamos un lugar estratégico.

Me di la vuelta de la cuadra, había una casa abandonada, bueno apenas podías esconderte sobre la pared que sobresalía más que la puerta, esto permitía que se formara una especie de un muro.

Fue entonces cuando Erick se me acerca y me pregunta:

-¿Es tu hermano el chico que siempre llega a mi casa con los demás?

-Si –le dije- ¿Por qué?

-Pareciera que quiere con mi tía, me dijo

Entonces soltamos una larga carcajada.

-¿Dónde te vas a esconder?- le pregunté

-No sé -me respondió, enséñame porque no conozco muy bien, sabes que soy nuevo por acá

-Ya pues vamos- le contesté

Y lo llevé a la casita, me junté a la pared, y sin ninguna intención le dije:

-Ponte delante de mí como que me cubres

-Ya pues- me respondió 

Se acercó y se pegó a mí.

Ver el trasero de ese chibolo era excitante, pero sentirlo junto a mí era más excitante aún.

Puta mare me fui calentando y se me iba parando la huevada, tal parece que desde un inicio Erick buscaba eso. No lo sé. (A este nene lo deseaba pero como pasivo, aunque él quería también darse su gustito de ser activo, pero yo no lo dejaba, pues a mí me gustaba y me excitaba como ya dije como pasivo, él me hacia salir ese lado bien activo y dejar de lado ser moderno, creo que a cualquier moderno le sucede, muchas veces encuentra patas con quienes solo quiere hacer de activo); en ese momento no aguanté mas, le crucé las manos a su pecho y me acerqué a él y le dije:

- no nos encontrarán acá.

Me miró, sonrió y se pegó más a mí, consiguiendo que yo me arrechara más. A lo lejos se escuchaba: “empay”

Erick me dijo:

- Ya vienen por ahí

-Creo que si- le dije

Que nos encuentren o no, ya no importaba, yo solo quería seguir junto a Erick, quién a cada instante iba acercándose más.

Pasó un rato y una niña empezó a acercarse, para asomarse y ver quienes se escondían tras esa pared…

 

CONTINUARÁ

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres fueron cambiados. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Texto producido con el Método Writting Fitness.

martes, 12 de noviembre de 2013

Anselmo (6)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Un grito no tan desgarrador se oyó en el baño. “Anda ayuda al joven”, dijo Agapito a Anselmo, mientras se reía con Martín. Ambos tenían una toalla alrededor de la nuca. Su padre en sus calzoncillos azules despintados de toda la vida, y su padrino, con unos extraños pantaloncillos negros ceñidos al cuerpo, marcándole el trasero y el bulto de sus genitales.

Agapito alcanzó a Anselmo una tetera. “Cuida’o que está caliente”.

Al llegar a lo que quedaba de la ducha, Zack se tiritaba de frío. “E-e-e-e-st-t-t-t-t-t-tá h-e-e-e-e-e-e-e-e-lada”. A Anselmo le dio risa cómo los dientes sonaban igual que castañuelas, pero sin ritmo.

“Échate esta agua. Te cerraré la cortina pa’que no te entumas”.

Zack se echó un nuevo chorro. ¡Vaya diferencia! “No  te vayas. ¿Tú no te vas a bañar?”

Anselmo no podía desdibujar su sonrisa recordando cómo Zack cascaba sus dientes como si fuera una ardilla. “Sí, pero después de ti”.

Zack, por fin, pudo enjabonarse. Un agradable olor invadió las ruinas de la ducha. “Me da no sé qué estar solito aquí”.

Anselmo se sintió atraído por el olor, y confuso por la invitación del chico… aunque más lo primero, ya que el jabón que se usaba en el pueblo era el mismo para lavar la ropa.

Por alguna inexplicable razón, Anselmo accedió a compartir el baño. Cuando estaba desnudo, se echó parte del agua que hizo gritar a Zack, quien lo miró atónito. “¿Puedo usar ese jabón?”  Zack lo buscó con la poca luz que quedaba. “S-s-si quieres, t-t—te lo echo”. Anselmo asintió.

Cuando Zack se lo untó en el pecho, Anselmo cerró los ojos para disfrutar de ese nuevo aroma. Era indescriptible. Sólo algunas flores del campo lo emanaban, pero encontrarlas era tan raro como internarse en los abismos recubiertos de bosque, que resguardaban San Jerónimo.

Anselmo estaba al borde de la alucinación y se resistía a abrir los ojos, pensando en atrapar hasta la última molécula de olor.

Zack ya lo había enjabonado en todo el pecho, la espalda, las piernas, y comenzaba tímidamente en las nalgas. el pene de Anselmo comenzaba a levantarse, pero en su mente, eran las manos de Elías, que pasaban y repasaban sus glúteos, y aprovechando que estaba DE PIE con los pies separados, iba por su entrepierna, hasta llenar de espuma sus testículos y su miembro, ahora, elevado a su máxima expresión.

Era la mano de Elías que le masajeaba su órgano viril, mientrasese olor indescriptible lo penetraba por todo lugar. De pronto, no se pudo contener y dejó soltar un potente disparo desde su miembro.

Al abrir los ojos, seguía enjabonado, con Zack arrodillado frente a él, desnudo, erecto, con la cara manchada de semen.

Anselmo no supo qué hacer. “Me enjuagaré”. Cuando se liberó del producto, se secó con rapidez y se puso la toalla alrededor de la cintura. Agarró su ropa y se dirigió hacia Zack: “si no quieres nada más, me voy. Gracias po’l jabón”. No obtuvo más respuesta que el rostro inmutable del citadino, que seguía arrodillado, jadeando de placer, mientras se masturbaba su largo y grueso miembro.

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.