lunes, 4 de noviembre de 2013

Agárrale gusto al plátano

Por: K. Chero

 

P: ¿Hay manera de desaparecerme los barritos que me han aparecido en el brazo? (Anónimo. Paita)

 

KEVIN RESPONDE:

Sí. Pero primero debemos descartar si acaso tienes un pequeño problema con tu metabolismo; pero, si no fuera así, la causa más común y probable es la falta de actividad física.

¿Otra vez?, dirás tú, pero es cierto.

Claro que hasta que sigues un plan de entrenamiento y dieta tomará tiempo, y esos barritos en los brazos son poco estéticos, y ahora que se viene el verano, como que darán roche mostrarlos, especialmente si eres fanático de la playa o la piscina.

Para tu buena suerte, hay una solución barata, práctica y sin efectos secundarios: el plátano de seda.

No. Nadie se volvió loco.

Revisando cuidadosamente en bibliografía confiable, hemos encontrado que la resina existente en la parte interna de la cáscara del plátano tiene poderes cicatrizantes, ya que estimulan la elasticidad y la suavidad de la piel. Pero hay más.

Por alguna razón, cuando untas la cáscara sobre un barrito, haces que la piel del mismo se debilite, que la grasa se endure y que se elimine naturalmente. Luego, la resina de la cáscara permite acelerar la cicatrización de las heriditas.

Además, este truco baja las ronchas de picadura de mosquito y anula la picazón.

¿Incrédulo? OK. Ver para creer, ¿no?

Si todo esto te parece de cuento, esta resina del interior de la cáscara del plátano también es un buen tónico facial. De hecho, este autor piurano nos confesó que todas las mañanas se unta en la cara esta resina, luego de comerse dos plátanos en el desayuno, y funciona igual que los procedimientos de peeling o dermoabrasión.

Dice que se lo deja toda la mañana hasta que entrena en el gym casi a mediodía.

Y por supuesto, el plátano es un buen activador de la digestión, energético y un buen bocadillo para saciar el hambre… hasta para intentar algún juego de seducción… ya sabes, con imaginación todo es posible.

 

 

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domingo, 3 de noviembre de 2013

Sexo Mandamiento (3)

A la mañana siguiente, me levanté temprano. Miré la imagen de la Virgen colgar en la puerta de mi habitación, me conmoví. La imagen de la virgen siempre había evocado en mí gran devoción. Me paré delante de la imagen y recité una Salve.

Me vestí con el buzo, tomé mi reproductor MP3 y coloqué música electrónica. Me eché a trotar por la manzana.

Poco a poco iba acelerando la marcha, veía a los escolares ir con sus padres a sus colegios. Recordaba el tiempo en que Papá nos había llevado a mi hermana y a mí al colegio. Realmente fueron tiempos felices. Empecé a sentir cansancio, “solo un poco más” me dije.

De regreso a casa, me topé con una compañera de universidad. “Hola Tavito” me saludó entusiasmada, también regresaba de correr. “Hola Mariana” le respondí,  sin el mismo entusiasmo que ella había mostrado al saludarme. Por alguna razón yo pensaba gustarle a Mariana, sin embargo era hasta ese momento solo un pensamiento.  Llegué a casa, tomé una ducha y bajé a desayunar listo para ir a la universidad. Salí de casa y tomé un taxi. Tenía un curso aburridísimo, la sola presencia de la profesora era aburrida, sin embargo no era aquello lo que más me aburría de su apestoso curso, sino la forma cucufata de pensar que pretendía inculcarnos. Aunque no era materia de su curso, tocaba temas referidos a la drogadicción, a la prostitución, al consumo de alcohol, y siempre nosotros, los estudiantes de mi generación, éramos unos perdidos, unos demonios, y en fin, una serie de apelativos negativos. Aquella mañana no sería la excepción.

“Hoy, mientras venía de camino a la universidad, me topé con una ingrata sorpresa”, empezó a decir la profesora, con su modo peculiar de hablar, arrastrando las palabras, en una suerte de susurro casi inaudible. “Vi a dos jovencitos – ambos varones- tomados de la mano, dispuestos a tomar un taxi” exclamó con un tono de repudio. “Esa es una de las razones por las que nuestra sociedad está como está”, seguía diciendo.  Cada vez su discurso se llenaba de más repudio, de más odio. “Son unos enfermos, eso no es normal, se nos creó hombre y mujer. Así que si alguno de ustedes atraviesa por esas confusiones, está aún a tiempo de ir a un psiquiatra para que los cure, porque ser homosexual es una enfermedad curable”. Y dicho esto clavó la mirada en un muchacho de aspecto humilde, al que todos nosotros respetábamos por ser sumamente inteligente. Que sea afeminado jamás fue un obstáculo para que la lucidez de su pensamiento se manifieste. Jerónimo, así se llamaba el chico, tomó sus cosas y se fue del salón casi corriendo. Al ver esto, la profesora esbozó una sonrisa macabra. No contuve mis impulsos y me paré, y apretando los puños dije: “Profesora”, casi gritando. La profesora regresó a mirar con un gesto desafiante, que dejaba ver que aunque no lo dijera, le sorprendía que yo gritase de esa manera. “Dígame Señor Lazarte” me dijo, a lo que sin más, y temblando de miedo por dentro, proferí: “Creo yo, que esta vez usted se ha excedido, como ya lo hace bastante. Habla usted de temas que sinceramente no le competen”. “Creo yo que usted está equivocado Sr. Lazarte, mi labor como docente no se extingue en el mero hecho de brindar conocimientos técnicos…” se defendió. “Creo que si está equivocada” dije defendiéndome, con una pasión que me embargaba cada vez más, quizá por la injusticia, quizá porque también me había sentido agredido. “Su labor es educar, y educarnos en nuestra carrera. Para saber lo que está bien y lo que está mal ya hemos tenido buen tiempo en casa y en el colegio. Si sus creencias son tales, creo que usted no debe pretender obligarnos a creer de esa manera. Yo soy católico y como tal creo en Dios y se de lo que está bien y mal, pero no por ello juzgo, que para juez nuestro, solo Dios”.

Cuando terminé tenía a la mitad del salón mirándome. Todos susurraban. Pero lo que más me impactó y hasta atemorizó fue la mirada llena de ira que la profesora tenía hacia mí. Empezó a hablar, pero los oídos me zumbaban, la vista se me nubló. Tomé mis cosas y me fui del salón.

Caminé hasta la puerta de la universidad, y luego hasta mi casa. No podía entender por qué había actuado de esa manera, era contradictorio. Cada vez que pensaba en que yo era homosexual, la piel se me ponía de gallina, me daba miedo pensar que me fuese a condenar. Me daba miedo también la reacción de mis padres, de mi hermana al saber que yo era homosexual. A veces pensaba que todo se me pasaría algún día, que de repente a cierta edad me casaría y fundaría una familia. Pensaba que todo sería pasajero. ¡Qué equivocado estaba!

Pero la forma en como trataron a Jerónimo me pareció injusta. Él era un estudiante brillante. Yo era bueno, pero el era brillante y además era becado, y eso era realmente admirable.

Caminé hasta mi casa. Me sentía agotado. Me desnudé y al quitarme el pantalón, vi caer un papel al suelo. Lo recogí, era el correo electrónico de Adrián, sonreí.

Me senté frente a mi escritorio, abrí mi laptop y entré a mi correo electrónico. Añadí a Adrián a mis contactos y de inmediato apareció conectado. “Hola” me dijo. Ante su saludo, por alguna manera, me quedé helado, me sentí emocionado. La piel se me puso como de gallina. “Hola” le respondí.  Conversamos bastante, realmente disfrutaba mucho conversar con él. Me hacía reír con sus pavadas. Lo dejé porque tenía que ir a almorzar y luego de un rato  a entrenar en la piscina. Pero quedamos de vernos a las 7 en su departamento.

Salí de casa con un entusiasmo que pocas veces sentía. Llegué a la piscina. Me desnudé en los camerinos como de costumbre. Me coloqué el apretado slip de natación, la gorra y sobre ella los lentes. Salí a la piscina propiamente dicha. Hice calentamiento y luego me clavé en ella. Nadaba por espacio de 20 minutos y descansaba 5  y así lo hice hasta completar una hora en el agua. Salí, me sequé, me puse la misma ropa ligera con la que había ido a nadar esa tarde y regresé a mi casa.

Me sentía entusiasmado. No sé si era el solo hecho que me iba a volver a ver con Adrián, o, si era la tácita invitación a volver a tener sexo con él, lo que hacía que me entusiasme y emocione. Llegué a casa nuevamente, tiré mi mochila sobre la cama, me desnudé y me metí a la ducha. Cantaba mientras me duchaba. La verga la tenía dura a más no poder, y aunque tenía ganas, decidí no masturbarme.

Me vestí, y me marché. Tomé un taxi y me dirigí al departamento de Adrián. Me bajé del taxi y en cuestión de unos pocos minutos estuve delante de su casa. Toqué el timbre del intercomunicador y casi de inmediato una voz ronca y varonil respondió: ¿Quién es? Preguntó, “Yo, ¿quién más?, respondí riéndome. “¿Quién es yo?” Replicó, en un tono juguetón. “Adrián apúrate ¿quieres?, Soy yo, Gustavo”, respondí riéndome pero sintiéndome secretamente incomodo por su broma. “Ah, Ahora sí”, dijo, y finalmente abrió la puerta.

 

(CONTINUARÁ...)

 

 © 2013 Gonzalo Martínez. © 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.  Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Crónicas de un moderno (Intro)

Es una tontería que desde niños nos narren cuentos donde existen mundos fantasiosos, personajes que viven felices para siempre, etc. Cada uno crece con esa fantasía, yo crecí creyendo que en algún momento terminaría mi propio cuento, “vivieron felices para siempre”, pero no.

 La vida no es como el cuento de hadas, ni como la típica novela mexicana, la vida es dura y más aún para alguien como yo, el que aún le quedan esperanzas de salir de la vida bisexual inclinada mas al mundo gay y llevar una vida Heterosexual, el que muchas veces quisiera despertar de este gran sueño, pero así me tocó vivir, y así como yo, a muchos nos afecta estar metidos en un mundo, al que se llega sin querer queriendo, a este mundo donde la sociedad nos ve como anormales, gente estúpida que solo critica sin conocer las verdaderas razones.

Estoy muy contento de compartir con ustedes estos relatos. Mi nombre es Frank Villanueva, y comenzaré a vivir junto a ustedes de manera intensa mi pasado, mi presente, y lo que dios quiera que venga…

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres no son reales. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Texto producido con el Método Writting Fitnness. Más información aquí.

martes, 29 de octubre de 2013

Anselmo (4)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Cuando Anselmo despertó, era oscuro aún. Elías ya no estaba a su lado, pero se oía el ruido de las ollas desde la cocina.

Sacó su brazo desde la colcha, buscó la linterna; la halló, se levantó y se puso un poncho que estaba en la silla, del otro lado del cuarto. Era un hermoso tejido, hecho a mano, de color marrón encendido, con unas franjas verdes. Elías lo había mandado a confeccionar exclusivamente para su enamorado. Pero, Anselmo, juzgando que el primor de la obra llamaría la codicia de su padre, prefirió dejarlo en lo que se destinaba a ser su nuevo hogar. Ya lo tenía decidido.

En la cocina, Elías vestía una prenda similar, e iba de un lado a otro: preparaba el desayuno.

“Buenos días”, se dijeron casi en simultáneo.

Anselmo se sentó a la mesa, y Elías le alargó un plato con cuatro choclos frescos. “Espero que ahora los puedas disfrutar, porque están’e la puta madre”.

Anselmo sonrió, tomó una mazorca y comenzó a desgranarla con sus dientes. Elías, entonces, le alcanzó un platillo con queso y un jarro grande con café humeante.

Anselmo se dio cuenta que debajo del poncho, su chico no vestía nada. La visión de la piel desnuda iluminada por el candil terminó cuando el joven se sirvió lo mismo, y se sentó frente a él.

Anselmo se excitó,y, a los pocos segundos, su  pene seerectó.

Elías estaba muy concentrado en lo dulce y jugoso del choclo. Sintió un pie frío sobre sus testículos.

“Aguanta”, le dijo mirándole seductoramente a los ojos.

“¿Por qué no te pusiste calzoncillo?”, preguntó Anselmo.

Elías optó por hundir su mirada en lo que restaba de su choclo.

“Anoche no estabas así”.

El pie seguía debajo del poncho, explorando los órganos reproductores externos masculinos. “De aquí nos vamos para tu casa, y , si tu papá comienza a joderte, te traigo pa’cá, pa’que vivamos juntos”.

El pie de Anselmo logró calentarse en la entrepierna de Elías.

“No quiero regresar. Quiero quedarme acá contigo”.

Elías se levantó de la mesa con sus platos y taza vacíos. Anselmo se percató que debajo del poncho había una gran protuberancia.

“¿Terminaste?”

Anselmo le alcanzó sus platos y su taza. También estaban vacíos. Se puso de pie sin tener cuidado de ocultar el grado de su excitación. Elías se volvió y se paró frente a él; le acarició en la mejilla, mirándole a los ojos.

“Si te traigo ahora, tu viejo nos puede joder. No vamos a dejar de vernos. Si tupapá  te jode, te vienes. No creas. Yo me muero por estar contigo todo el tiempo, pero hay que ser bien moscas pa’que no nos jodan”.”

Elías se quitó el poncho, e hizo lo mismo con Anselmo. Se besaron, juntando sus falos duros. Elías se puso en cuclillas para quitar el calzoncillo de su amante; entonces,  saltó la verga –no tan grande como la suya-, y comenzó a chuparla. Anselmo sentía el cosquilleo más placentero de su vida.

Se puso en pie de nuevo, y lo acomodó hacia la mesa, para besarlo y acariciarlo. Anselmo respondió de la misma forma,. Ambos comenzaron a frotar sus pelvis, hasta sentir que sus sémenes calientes fluían y amenazaban con mantenerlos pegados.

Después de bañarse juntos, partieron en una caminata de una hora hasta la casa de Agapito. El sol ya se había despegado de las cumbres que los rodeaban. Elías llevaba un pico, y de cuando en cuando, Anselmo pedía ayudarle con el peso.

Todo el camino fue hablar de la escuela, la chacra, de los chistes de los amigos, y temas íntimos.

Al alcanzar la choza, Anselmo se sorprendió de ver humo en la cocina. Tocó la puerta. Agapito abrió, y los hizo pasar., el padre se deshizo en atenciones, cosa que a Elías le extrañó e incomodó.

Anselmo fue a ver la pala, y salió rumbo a la chacra. Su enamorado lo acompañó, pero prefirió no comentarle el raro presentimiento que tenía. Lo que sí comprendía era que la historia de los dos cambiaría esa tarde.

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

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lunes, 28 de octubre de 2013

Total, si hago deporte ¿se me sube o se me baja la arrechura?

Por: K. Chero

 

P: La otra vez dijiste que uno se pone más arrecho cuando hace ejercicio. ¿Estás seguro? Entonces, ¿por qué siempre dicen que para bajar la arrechura es bueno hacer ejercicio? (Anónimo. Piura)

 

KEVIN RESPONDE:

¡Por supuesto que estoy seguro, y me reafirmo en lo que dije!

La práctica de deporte activa, mejora y regulariza la producción hormonal, especialmente de tres de ellas: la oxitocina, la dopamina y la testosterona.

La oxitocina es mejor conocida como la hormona del placer y se segrega durante periodos de actividad intensa y cuando llegamos al orgasmo. De hecho, esa sensación de placer al máximo es producido por esa hormona, pero también aparece cuando terminamos una sesión de ejercicio físico y nos queda esa sensación de plenitud, de satisfacción. Por lo tanto, mejora nuestro humor.

La dopamina es mejor conocida como la droga natural de nuestro cuerpo, y es la que suprime nuestra sensación de dolor, especialmente cuando sufrimos alguna herida (en combinación con la adrenalina). Durante una sesión de ejercicio, es la hormona que nos hace continuar a pesar que sintamos dolor, y nos genera esa rara sensación de euforia.

La testosterona, además de determinar los caracteres sexuales masculinos, promueve el crecimiento muscular, y por alguna combinación étnica (dicen que en Piura hay mezcla tallán, andina, española y africana) nos permite conseguir físicos envidiables sin necesidad de recurrir a suplementos como primera opción.

La combinación de estas tres son determinantes en el deseo sexual, o sea, en que te pongas mucho, poco o nada arrecho.

Cuando se hace ejercicio periódicamente, digamos al menos tres veces por semana, es cuando hacemos que la producción de esas hormonas aumente y se regularice a lo largo de nuestro cuerpo.

Además, es una excelente estrategia para prevenir la depresión o para tratar la depresión crónica.

Pero, para que esa combinación haga efecto, como ya lo dijimos, debes comer saludablemente, descansar lo suficiente y alejarte por completo del alcohol, tabaco o drogas.

Entonces, ¿de dónde salió que el deporte disminuye el deseo sexual? A decir verdad, si tienes actividad física intensa, pero descuidas la alimentación, el descanso o consumes alcohol, tabaco o drogas, puede que se genere un cuadro de disminución de la libido.

Es más, el consumo excesivo de tabaco puede generar impotencia.

Si le agregamos el estrés, olvídate, no se te para ni se te dilata ni a patadas.

El problema es que no es recomendable hacer desarreglos, pues das pase a otro enemigo natural de los seres vivos: el envejecimiento.

Aunque todas las personas tenemos preprogramado este ciclo, la práctica de deporte con desarreglos lo acelera, igual que la inactividad.

En conclusión, debes llevar una vida sana, sin excesos, y en todo caso aprendiendo a controlar tu propio cuerpo, porque si vas a responder sólo a tus instintos, estás cagado.

 

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domingo, 27 de octubre de 2013

Sexo Mandamiento (2)

Salí inmediatamente del departamento de Adrián, pero no sin equipaje,. Llevaba dentro de mí los momentos de placer, el recuerdo de sus gemidos y gestos; pero también me llevaba una gran confusión.

Tomé un taxi y me dirigí al centro de la ciudad, compré una cremolada en una conocida heladería, y me senté a tomar el fresco en la plaza de armas. Aunque mi cuerpo se sentía bien, mi mente era un remolino, una lluvia, ¡una tormenta de ideas! No podía negar que había disfrutado al máximo cada instante en la compañía de Adrián: el placer obtenido en nuestro encuentro íntimo había sido de gran magnitud.

Recordaba y recordaba, y poco a poco empezaron a aparecer imágenes de mi reciente encuentro con él y con otros  anteriores; poco a poco mi miembro empezó a tomar forma nuevamente. De repente, cuando me encontraba preso de mi excitación, mis ojos se posaron en la cruz que corona la cúpula de la catedral. Nuevamente la confusión se apoderó de mí.

Decidí  que había tenido mucho por ese día, que lo mejor será esperar que llegue el día siguiente, que seguramente será mejor. Me dirigí a casa caminando, “quizá caminando mis dudas se disipen”, pensé en ese momento

Mientras más caminaba, más cansado me empezaba a sentir, pero ya me encontraba cerca de casa, frente al cementerio San Teodoro para ser exactos. Mi celular empezó a vibrar en el interior de mi bolsillo: era mi madre. Estaba histérica, porque no había llegado a casa desde las 7 pm que salí.

“Ya vieja ya estoy en camino” le dije

“Más te Vale Gustavo, más te vale, me has tenido muy preocupada” me respondió

“¡Vaya! Por fin alguien se preocupa por su hijo; yo pensaba que solo te interesaban mis medallas y diplomas”. Y diciendo esto colgué la llamada acelerando el paso.

Cuando me encontraba acercándome a un conocido colegio femenino, la sensación de estar siendo observado me invadió. Aceleré el paso. Un tipo con fachas de malviviente apareció ante mí.

“Paja tus tabas colorao” me dijo el tipejo colocándose delante de mí. Yo intenté seguir caminando, pero se interpuso en mi camino. “¿vas a apurao?” me dijo. “¡Qué chucha te importa!” Repliqué, sintiendo como la adrenalina empezaba a recorrer mi cuerpo. “Ah, carajo, estos pitucos se han avivao”, me dijo.

Intenté retroceder, pero me topé con alguien detrás. Otro tipo de similares características se encontraba a mi espalda. “Ya me cagué, putamadre”, pensé. Empezaron a intimidarme. Me dio rabia. Siempre había sentido fastidio por la gente de malvivir, no los discriminaba, pero detestaba que pese a sus condiciones, no busquen la forma de superarse. Mi viejo había sido recontra pobre y jamás robó. Ahora, mi viejo,  era un empresario de éxito. Intenté correr, pero fue tarde, ya me habían tomado por el cuello y uno de los huevones ya empezaba a retirarme las zapatillas. Lo pateé. “Ya te cagaste” me dijo, y de inmediato enterró su puño izquierdo en mi abdomen. Me dolió como mierda y sentí que el aire empezó a faltarme.

Ya me había logrado retirar una zapatilla, empezaba a hacer lo mismo con la otra. Se escuchó el chirriar de unas llantas sobre el pavimento. Un auto se detuvo delante de la penosa escena. Un tipo corpulento bajó del auto negro que se había detenido delante de nosotros. “¡Suéltalo conchatumare!” exclamó. Empezó a pelear con el que me había tomado del cuello. Yo corrí y cogí mis zapatillas. En la confusión no había reconocido al huevón. “Sube al carro” me gritó. Subí. Le propinó una buena golpiza a uno de los tipos, y el otro se dio a la fuga.

¿A…Adrián? ”Hola Tavo” me dijo. “Puta huevón, que lechero soy, si no llegabas en ese momento me hacían mierda” le dije, preso de gratitud y emoción. Sí, esos choros de mierda son la cagada.

“Y se puede saber ¿qué hacías  caminando tan tarde por una zona que  es tan peligrosa? Me interrogó Adrián, titubee, no sabía que responderle. A grandes rasgos le expliqué que había salido a aclarar mis dudas, a disipar mis confusiones. “Me dejaste pasmado hoy, no entendí porqué actuaste de esa manera” me dijo entre asombrado y aun confuso. “Ya algún día entenderás” le respondí. Le dije que no era ningún tema personal para con él, que al contrario había disfrutado mucho acostarme con él. Mi vieja me volvió a llamar. “Ya voy vieja, ya voy! Putamadre!” contesté furioso y colgué.

“Hazme un favor, déjame en el grifo””, Le pedí a Adrián. “Bueno, en realidad me iba a otro lado, pero bueno está bien te llevo” me respondió él. Llegamos. Me dio su correo y me pidió que cualquier cuestión en la que pudiera ayudarme, solo le escribiese. Tomé un taxi y me dirigí a casa.

Cuando llegué, mi madre me esperaba prevista de sus ataques más fuertes. Me acusó de irresponsable, de descuidado. “Vaya, ya me sorprendía que te preocupes por mí, sigues haciendo lo mismo, sólo me ves como una máquina de ganar medallas” le respondí a sus reclamos. Se quedó callada, solo bajó la mirada y se retiró. Le dije a Matilde, la empleada, que no tenía hambre. Matilde como siempre acató la orden y se alejó, esta vez dándome un consejo: “Ay  joven Gustavito, no le hable así a su mamá, ya sabe cómo es ella, sólo déjela” me dijo con voz temblorosa pero sincera. “Gracias Matilde, tu pareces ser la única cuerda en esta casa” le respondí, dándole un beso en la frente.

Me dirigí a mi habitación. Me desvestí, lancé la ropa sobre la cama. Me dispuse a tomar una ducha. Una vez en el baño de mi habitación, me detuve a mirarme en el espejo. Me encontraba agotado, pero una sutil sonrisa empezaba a aparecer en mi rostro. No entendía por qué. Estaba confundido. Éso estaba claro. Pero mi culpa se hacía menor, casi insignificante, cada vez que pensaba en Adrián.

Mi miembro, ante su recuerdo, despertaba  como si tuviera voluntad propia. Pronto empecé a sentir cómo mi cuerpo incrementaba su temperatura. Me miré en el espejo y al verme desnudo, imaginé cómo Adrián me recorría con sus gruesas y grandes manos. Me excité. Llevé  las mías a mi miembro y empecé a masturbarme, recordando las caricias y besos de Adrián, su fuerza, nuestra pugna de fuerzas, todo era genial en él.

Acariciaba mi miembro con gran deseo, moviéndolo, mirándome en el espejo. Me miraba y veía nuevamente mi rostro desfigurado por el placer.  El placer que daba el autosatisfacerme era fuerte, pero no equiparable con el que sentí con Adrián. Tocaba mis tetillas. Lamía mis axilas, siempre mirándome al espejo, imaginando y recordándolo milimétricamente. La sensación era realmente excitante.

Suspiré fuerte, y sentí que ya me venía. Solté un chorro blanco, y sonreí con placer. Me había imaginado siendo de Adrián nuevamente.

Tomé una ducha y me recosté. La confusión se apoderó de mí nuevamente, al mirar la imagen de la Virgen que colgaba en la puerta de mi habitación. Me tapé con el edredón, me coloqué los audífonos, cerré los ojos y me quedé dormido, agotado por todo el acontecer del día.

 

Continuará.

 

 

 

 

 

 

© 2013 Gonzalo Martínez. © 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.  Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

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martes, 22 de octubre de 2013

Anselmo (3)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Elías sirvió la cuarta taza de valeriana caliente a Anselmo, quien no había parado de llorar desde que llegó, al anochecer. Durante dos horas, las lágrimas no pararon de rodar por las mejillas del adolescente.

“Debes comer algo”, le dijo Elías.

Anselmo meneó la cabeza negativamente, y se volvió a hundir en el pronunciado pecho del joven, cuyos amplios brazos no tuvieron más opción que rodearlo por enésima vez.

Elías vestía una Caffarena raída, un jean en iguales condiciones y botas militares. Anselmo tenía puesta la ropa de faena con la que escapó, pues, tras lo ocurrido en su casa, ni siquiera pensó en bañarse o cambiársela. Apenas si se había lavado la cara, para limpiarse el rastro de semen que se le pegó a la nariz.

 “Aunque sea la sopa”, insistió Elías, mientras sentía que las lágrimas de Anselmo humedecían su regazo.

El adolescente tenía la cabeza hecha cuadritos. Donde nada encajaba con nada. Incluso llegó a pensar que la muerte de su madre y el episodio vivido horas antes podrían tener alguna relación.

Por su parte Elías estaba tan desconcertado, al extremo que consideró que la orfandad no era, necesariamente, la mayor maldición que le había tocado vivir.

Sus dos padres habían muerto tres años atrás al desbarrancarse un camión, en la última curva, antes de llegar a San Jerónimo. Por más esfuerzos que hicieron sus vecinos (entre ellos Agapito), nada se pudo hacer por salvarles. Desde entonces, es padre, madre, amo y peón de su vida, dedicado a la labranza. Tenía ganas de ir al Ejército, a cambiar su vida, pero la tierra lo requería, y aprendió de su padre, a no ignorar tal llamado.

Elías cortó esos recuerdos. Sabía que dos llorones iban a empeorar la situación.

Respiró hondo, tomó suavemente la barbilla de Anselmo, lo miró con cariño, y juntó sus labios a los del chico. “Sólo la sopa, ¿ya?”.

Al fin, hubo un asentimiento.

Ambos salieron del cuarto, y fueron a la mesa. Comieron en silencio, pero, cada vez que podía, Elías no dejaba de expresar su cariño a Anselmo mediante la mirada cálida de sus ojos medio achinados.

“¿Quieres más?”, dijo el anfitrión cuando vio el plato sin nada.

“No”, replicó Anselmo, casi murmurando. 

El joven sonrió  asertivamente, pero no consiguió iluminar el rostro de su amigo que estaba apagado.

Ambos se fueron a dormir.

La cama de Elías era estrecha, de metal que comenzaba a oxidarse, por lo que cada movimiento era anunciado con el crujir de los resortes y las tiras del colchón, que no dejaba de ser cómodo. Encima tres gruesas cobijas, debajo de las cuales solía descansar un chico que nunca usaba ropa de dormir.

Esta vez, el dueño del espacio, por respeto, sólo se quedaría en ropa interior. Anselmo, igual. Ambos se metieron y acomodaron de costado: Anselmo le daba la espalda a elías.

“Mañana debes regresar a tu casa, si no, tu papá se preucupará”, le aconsejó mientras lo abrazaba. “Yo te acompañaré, y si veo que estás en peligro, te regreso acá. Si no, coges tus cosas y te vienes a la nochecita, ¿ya?”.

No hubo respuesta. Entonces, Elías besó el cuello de Anselmo, muy delicadamente. “Ya pues”, replicó el refugiado, apagadamente.

 

¿Cómo nació esto en lo alto de la sierra, en medio del paraíso, y los picachos ocultos por el bosqe?

Cuando Anselmo entendió que alguien debía encargarse de la chacra familiar, conoció a Elías, mientras caminaba hacia ella. Desde el primer momento, sólo hubo amistad y cariño.

Elías, un joven esbelto de 20 años,  le enseñó cómo sembrar, espantar a los pericos, y aporcar para tener mazorcas grandes y fuertes. Constantemente lo visitaba para ver cómo el aprendiz evolucionaba de dejar secar un surco a regar sin desperdiciar. Y captaba rápido.

Anselmo cargaba agua para bañarse en su casa, pero un día de incesante calor, no aguantó más. “¿Cierto que hay un estanco  por acá cerca?”

Elías lo llevó por un camino casi oculto a una especie de cascada  pequeña en el bosque, a unos veinte minutos de la chacra. La erosión había creado una piscina chiquita de fondo negro. Se desnudaron, dejando su ropa sobre las piedras. Los chicos se fueron hasta el centro, donde había cierta profundidad.

Anselmo se sumergió, y dejó que el agua fría lo relajara. Al emerger, Elías estaba de pie, viendo al bosque, como si intentara otear algo; pero, inexplicablemente, el atlético físico enfrente suyo le jaló la vista.

Anselmo mmiró con curiosidad el escroto suspendido y el largo pene de su amigo. Cuando Elías le dirigió la mirada, una especie de electricidad pasó por ambos. Casi de inmediato, su pene comenzaba a levantarse, alargarse y engrosarse, hasta que elglande apareció dejando caer gotas de un líquido transparente.

Anselmo sintió que el suyo sufría el mismo cambio, pero sin llegar a las dimensiones de Elías, quien sonrojado, se arrodilló intentando ocultar su erección.

No pudo.

Ambos se tomaron de las manos, y sin saber cómo, se besaron en la boca.

Elías sentía que su pene palpitaba sin control, mientras la mano de Anselmo intentaba tranquilizarlo con caricias.

Era inútil.

Anselmo se inclinó para ver, de cerca, la erección: en la punta de la uretra aparecía el líquido transparente. Lo tomó en su dedo y vió que se formaba un largo hilo brillante. Lo probó. Era salado y agradable. ¿Sería todo así? Se acercó más y abrió su boca para tomar el glande.

Elías no podía explicar nada de lo que estaba pasando allí, pero tampoco quería que dejara de pasar. Sentía la oquedad de la boca de Anselmo aplicando una suave fricción y succión. Podía ver los labios de su amigo aprisionando cariñosamente su miembro. Comenzó a acariciar la espalda frente a sí, y notó que se estremecía como si una fuerza incomprensible se apoderara de ambos.

¿Por qué esas formas masculinas le eran atractivas?

El cuerpo de Anselmo no era tan diferente del suyo, formado por el esfuerzo, tostado por el sol, marcado por el peso de las herramientas. Pero, ambos son hombres. ¿Será normal esto?

Notó la profundidad que formaban las dos corvas de los glúteos, y sintió ganas de explorar. Sacó su pene de la boca de Anselmo, y, tomándolo de uno de sus glúteos, giró su cuerpo en ciento ochenta grados. se arrodilló para separar ambas nalgas. Un ano rosado y cerrado aparecía al medio.

Acercó su boca,proyectó su lengua, y comenzó a lamer.

Anselmo no pudo controlar los espasmos de placer mientras su mano se apoderaba de su propio pene que estaba mojado con ese mismo líquido transparente. El suyo también era salado. Comenzó a masturbarse, a medida que sentía que la lengua de su inesperado amante intentaba hurgar más adentro.

Elías entendió que no iría más allá. Se paró, puso su pene en la entrada del ano de Anselmo, y empujó suavemente. Estaba tan lubricado que comenzó a abrirse paso poco a poco.

Anselmo debía experimentar dolor, pero, aunque esa sensación estaba presente, cierto cosquilleo al abrir el esfínter hizo que no rechazara la penetración.

Cuando Elías había introducido todo su glande, sintió que la visión se le nublaba, que el aire se hacía más puro y que algo salía de su interior y se disparaba contra el deAnselmo. Cuando regresó en sí, vio que su pene tenía el tamaño del inicio, que un hilo blanco salía desde dentro de su amigo, y que este se ponía en pie para proyectar su eyaculación, con un grito sordo que descargaba masculinidad y placer.

¡Qué intenso era ese recuerdo!

 

De vuelta en la cama, Elías sentía que nuevamente se le había parado, y, a pesar que tenía su pene rozando las nalgas de Anselmo, debajo de sus ropas interiores, algo le decía que ese era el peor momento para hacer el amor.

Su joven enamorado parecía dormir plácidamente.

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

Texto producido con Método Writting Fitness.