miércoles, 15 de junio de 2022

Nicola Porcella yLa Mackyna bien calatitos, como tú los querías ver

OnlyFans es una red social que de un tiempo a esta parte ha tenido un crecimiento interesante, especialmente en mercado peruano. Y para muchos gays, casi es una bendición porque pueden ver a muchos chicos mostrándolo todo casi sin censura. Aunque tenemos que aclarar que el acceso cuesta, y según cuánto pagues, cuanto más podrás ver.

 


OnlyFans se ha convertido para muchos chicos en una fuente para conseguir plata. Claro que ésta puede aumentar dependiendo de la frecuencia con que publiquen, y las cosas que publiquen. Y, sin duda, los contenidos más apreciados son los calateos completos o las sesiones de sexo explícito.

De los usuarios peruanos más populares, nos quedamos con dos ejemplos.


 

Nicola Porcella es una primera muestra. el actor, ex modelo y ex futbolista (sí, fue delantero del Melgar, del Municipal y del Sport Boys) ha sido uno de los que abrió su cuenta, aunque la cerró recientemente luego que consiguiera un contrato con Televisa, la empresa de medios de comunicación más poderosa de México.

Las fotos más célebres de Nicola en OnlyFans, y que ha rescatado en su cuenta de Twitter, son aquellas en las que aparece en un jacuzzi, o enseñando su culito.

El capitán histórico de los guerreros ha sabido ocultar su paquete estratégicamente, incluso en aquella foto de la ducha donde su mano es la principal barrera entre su pinga y sus huevos y la vista de todos sus seguidores. ¿O qué tal en la que deseamos ser la espuma que tapa las joyas que Dios le dio? Ya, pues, Nicola, aunque sea para verla de lejitos, ¿no? Recuerda que amar (a tus fans) es compartir (tus desnudos frontales).

Porcella ha borrado algunas fotos calato, pero ha dado suficiente tiempo para que muchas personas las bajaran y compartieran… y para que nuestro equipo de investigadores las encontrara para que tú las disfrutes.














Las fotos fueron previamente publicadas por Nicola Porcella. Opina aquí qué te parecen.

 


Mack La Macyna es la segunda muestra. este entrenador, stripper, comerciante, emprendedor al fin y al cabo, ha sido un poco más explícito en OnlyFans, y cuando hablamos de explícito, nos referimos a que no ha tenido ninguna palta en mostrar su pinga y sus huevos.

La Mackyna también  ha enseñado su hermoso culo… mucho más formado que el de Nicola, por cierto. ¿Qué dices, Mack, se te puede hacer un rico beso negro… o quién sabe? ¿Será cierto que eres ‘todo terreno’ en todo el sentido de la expresión? No sería malo.

La Mackyna se recursea dando clases particulares a algunas estrellitas peruanas, aunque también tiene alumnos no tan famosos. ¿No te provoca contratarlo para unas clases de musculación totalmente al desnudo?  Por lo menos, el que haya posado así en pelotas para que todos lo admiremos y deseemos, se agradece enormemente… como las erecciones  que ya nos generó.














Estas fotos fueron previamente publicadas por Mack La Mackyna. ¿qué opinas de ellas?

 

Ya veremos qué otras sorpresas nos tiene preparadas OnlyFans. A propósito, ¿tú tienes cuenta allí? Si es así, déjala en los comentarios a continuación, deja que nuestros seguidores las visiten y que las califiquen. Será muy sabroso hacer un ranking de los mejores OnlyFans en la comunidad Hunks of Piura.

Para trabajar tus producciones posando calato, escríbenos en estricto privado a hunks.piura@gmail.com  o a nuestro Twitter https://twitter.com/hunkspiura por DM.

También tenemos otras entradas sobre culturistas calatos, actores calatos y modelos calatos. 

domingo, 12 de junio de 2022

ASS (32): ¿Es seguro mamar pinga en un bus?

Bartolo es tan arrecho que puede tener un sexo tan romántico como arriesgado.

    
 

Suena una alarma en la oscuridad de la madrugada y Bartolo se despereza bajo sus cobijas. Al estirarse, siente un calor en su espalda y de inmediato un cuerpo atlético desnudo como el suyo; entre sus nalgas, el gran pene erecto de Marcano.

“Ya son las cuatro: levántate”, le dice en su oreja justo antes de besarle el cuello.

“Cinco minutos más”, ruega Bartolo sintiendo que su pinga también se pone erecta.

“Perderás el bus a Piura, y luego tu bus a Chiclayo… vamos a bañarnos”.

Bartolo gira bajo las cobijas, abraza a Marcano y le da un beso en la boca mientras pega todo su cuerpo desnudo, en especial ambas pijas al palo.

“¿En serio quieres que viaje y perderme un fin de semana cachando contigo?”

“Amo tu boca, tu verga y tu culo, vale; pero el transporte no espera”.

“Cachemos al toque, ¿sí, chamito?”

Marcano sonríe en la oscuridad, besa de nuevo en la boca a Bartolo, se acuesta encima; ambos comienzan a acariciarse. Marcano mueve su cadera estimulando ambos falos al mismo tiempo. La cobija se corre un poco. Le besa el cuello de nuevo, luego le chupa bien ambas tetillas, baja por el lampiño vientre, besa el vello púbico rasurado y comienza a chupar el pene mientras con una mano juega con los testículos y con la otra, aprovechando que Bartolo está abierto de piernas, va hasta la raja entre ambas nalgas duras. Para ayudarlo, bartolo eleva las piernas. Marcano se moja uno de sus índices con saliva y comienza a masajear el ano de su amante, muy suave, muy tierno.

La chupas bien rico, chamito… también te la quiero chupar”.

Marcano sonríe nuevamente, se incorpora por un instante y cuidadosamente se arrodilla en sentido opuesto. Ahora que están haciendo un 69, Bartolo también puede acariciarle testículos, nalgotas y estimular el ano mientras le chupa el pene.

Pero bartolo va un paso más allá. Como sea hace que el ano de Marcano quede a la altura de su boca y le hace un beso negro.

El venezolano comienza a rozar su largo y grueso pene contra el medio de los dos pectorales de Bartolo; adicionalmente, usa una de sus manos para masturbarle el pene como queriendo apurar algo y lo consigue.

“Voy a eyacular, chamito. ¡Se me viene la leche”!

Pero Marcano parece no hacer caso. Siente que el semen le inunda la boca. Se lo traga. Tras la sesión sexual, ambos se bañan juntos.

“Hiciste trampa, chamo. Se supone que los dos debíamos eyacular juntos”.

“Me estoy guardando para esa escena de sexo esta noche: ya sabes que con esa plata, podemos hacer todo lo que habíamos planeado”.

Bartolo sonríe en el estrecho cubículo de mayólica; acaricia la mejilla de Marcano:

“Lo sé, chamito. Solo recuerda que no debes arriesgar tu salud. Ya sabes lo que pasó con…”

“Sí, y el muy estúpido no quiere dar la cara”.

“Pero tú me aseguraste que contigo siempre usó condón, ¿no?”

“Conmigo siempre usó condón porque se lo exigí, pero no sé si con el resto”.

Casi volando y con su mochila de viaje  a la espalda,Bartolo baja las escaleras y se detiene en el pasillo del segundo piso. Toca una puerta. Sale Eliezer ya vestido secundado por Sandro quien se cubre sus genitales con una toalla y se detiene justo debajo del dintel. Saluda coquetamente.

“Pensé que te quedaste dormido”, sonríe Eliezer.

“Perdona”, se sonroja bartolo.

Sandro vuelve a meterse a su cuarto, y así desnudo, a su cama. Toma su celular, marca un número. A los cinco minutos, siente unos toques discretos en su puerta. Salta de su cama y abre. “Más veloz que un rayo”, comenta sonriendo.

Marcano, vistiendo polo y short, ingresa; de inmediato se los quita: queda desnudo otra vez.

Bajo las cobijas, Sandro está acostado boca arriba y con las piernas abiertas mientras Marcano está encima suyo besándole la boca y sobando ambos penes ya erectos. Tras besarle el cuello, Marcano repite la vieja técnica de mamar las tetillas, besar el abdomen (que sí tiene algunos pelitos), llegar al vello púbico algo recortado y mamar el pene, estimular los testículos con la otra mano y la otra meterla por la raja del culo hasta masajear el ano.

“Marcanito… ¿me dejas probar tu anito?”, bromea Sandro.

El venezolano no se hace de rogar. Repite la misma maniobra que con Bartolo y básicamente se sienta en cuclillas sobre la cara de Sandro dándole oportunidad a que goze sus enormes nalgas y su agujero a discreción. Cuidadosamente, Marcano se inclina y vuelve a chupar pija masturbándola al mismo tiempo. Y parece que la técnica combinada vuelve a dar resultado.

“Las quiero dar en tu cara”, pide Sandro extasiado.

Marcano para de chupar la pinga, la pajea rápido, cierra la boca y deja que los chorros de semen se disparen en sus mejillas. Cuidadosamente, se acuesta boca arriba y deja que Sandro se eche ssobre él para lamer su propia leche. Al terminar, lo besa en la boca.

“¿Te ordeño también?”, consulta.

“No es necesario, chico. Pero… ¿qué te parece si te acompaño en la cama hasta que te levantes?”

“Me parece una excelente idea”, sonríe Sandro.

Mientras tanto, el bus rumbo a Piura ya dejó las últimas calles de San Sebastián y la cabina de pasajeros se queda a oscuras. En la última fila viajan Eliezer y Bartolo pegados a la ventana.

“va casi vacío, ¿no?”, comenta Eliezer.

“Debe ser que es sábado o que es muy temprano”, cree Bartolo.

Pasan unos segundos y siente que Eliezer le toma la muñeca y se la lleva evidentemente hacia la bragueta: la pinga que vio y chupó la noche anterior está otra vez libre de cualquier ropa que la oprima.

“Qué pendejo eres”, sonríe.

“Aprovechemos que está oscurito”.

Bartolo duda, pero siente fluir la adrenalina. Se inclina y comienza a mamar la pinga. Eliezer reclina su asiento y pone sus dos manos sobre el fffrondoso cabello de Bartolo. El pedazo de carne no tarda en ponerse duro. Aunque, pensándolo bien, Eliezer usa la mano que tiene libre para recorrer la espalda del otro chico y meter su mano dentro de  la pantaloneta que se puso esa mañana para viajar. Se interna bajo la ropa interior y gana el par de lampiñas, suaves y bien formadas nalgas y luego masajea el ano.

Afuera ya comienza a despuntar el día aunque aún muy débil. Eliezer trata de concentrarse en el sexo oral y se acomoda un poquito, cuando de pronto, con la poca claridad disponible, ve acercarse a alguien. Desconecta a Bartolo de su pene, como puede se lo mete dentro del pantalón. El muchacho se asusta, más al mirar que alguien se aproxima y se sienta a su lado.

“O se bajan con algo, o llamo al cobrador”, dice aquella persona con una voz aguardientosa.

Para finalizar,mira un video porno gay aquí. 

sábado, 11 de junio de 2022

Proyecto Lujuria 9.1: evandro y Alejandro cachan rico en la ducha


A las seis y cuarto de la tarde, Alejandro entra en su dormitorio alquilado.

“Pasa”, invita.

Evandro ingresa tras él. La puerta se cierra.

“Todo está casi igual”, dice mientras gira su cabeza en ciento ochenta grados.

Alejandro deja las llaves en un enorme cenicero de vidrio con motivos turísticos de Montego Bay, Jamaica, un recuerdo de uno de sus viajes periodísticos que terminó siendo cuasiturístico, y que conserva sobre el archivador de metal; va a su cama y se comienza a desnudar:

“Me disculparás, pero ha sido un día pesado: necesito una ducha”.

“Yo también”, secunda Evandro sin ninguna intención. “Especialmente luego de lo que me contaste: ducha con masaje, de ser posible”

Alejandro ríe un poco:

“¿Recuerdas ese gym de mala muerte en Ventanilla”.

“La ducha no tenía lluvia, era un chorro”, sonríe Evandro. “Y en invierno era una tortura bañarse ahí”.

“Acá al menos tengo de esas termas brasileñas de resistencia”.

“Todas las termas tienen resistencia, Alejo”.

“No jodas con tus tecnicismos”.

El fotógrafo ya está calato con una toalla al hombro y camino al baño. Abre la cortina de la ducha, la cierra, abre la llave del agua, regula la palanca de temperatura y entra.

“¿Qué piensas hacer?”, pregunta alzando la voz un poco.

Nadie responde.

“¿Evandro?”, confirma el surfista. “Sigues ahí?”

Cuando está a punto de salir para ver si no se ha desvanecido en el aire o el suelo, casi se estrella con el actor, totalmente desnudo y con un paquetito plateado en su mano derecha:

“¿Podemos?”

Alejandro ssonríe. Ambos entran en la ducha.

Tras la cortina no hay diálogo, excepto el de dos cuerpos húmedos y cansados que comienzan a prodigarse caricias y besos. Hay jadeos, gemidos, hay lujuria al por mayor.

Evandro mete su pinga rrecta, gorda y babeante, pero protegida por un condón, en el ano de Alejandro. Gozan sin hacer tanto malabar, aunque el fotógrafo tiene un estilo muy peculiar de mover la cadera y masturbar el pene que sigue en sus entrañas hasta ordeñarlo todo.

Como cierre, Evandro coge el pene de Alejandro, lo soba fuerte aprovechando la lubricación del jabón hasta que la eyaculación se produce.

“¿qué harás ahora?”, pregunta Alejandro terminándose de vestir.

“Tengo que ingresar esos datos en el diagrama de flujo… las cosas no van a resultar como esperaba”, responde el actor también terminándose de poner la ropa.

“Oye, y perdona que me meta en esto, pero… ¿eres feliz con Laura?”

“Por favor, no me remuevas culpas, ¿quieres?”

“¿Y Osmar?”

“Ya veremos”. Evandro guiña un ojo.

Se acomoda la casaca y verifica que su cabello no esté húmedo aunque sí peinado con su raro copetito.

“Lo gracioso de todo esto”, reflexiona Alejandro, “es que acabamos de serles técnicamente infieles”.

“No jodas con tus tecnicismos”, sonríe Evandro.

Ambos terminan riendo. Un nuevo abrazo. Otro beso en la boca. ¿Es un nuevo adiós?

  

viernes, 10 de junio de 2022

La hermandad de la luna (epílogo)

En Fogatas, la playa por donde pasa la línea que permite dividir a la Tierra en dos mitades perfectamente iguales, un ansioso Ismael Nava se sienta en una mesa al interior de un restaurante de hamburguesas. Es mediodía, el tiempo está templado, y poco o nada le importa que donde él está sentado es invierno pero saliendo por la puerta principal, a unos diez metros de distancia, es verano. Chiquito se le aproxima y sienta al frente.

“Ya nos traen la orden, inge”.

“No me llames así, carajo”, regaña Nava en voz baja.

“Disculpe, don Mayo. ¿Cuándo tomaremos el vuelo?”

“Una semana todavía porque tienen que arreglarme lo de tu pasaporte: hacerte pasar por ciudadano de acá y sacarte papeles no se hace de un rato al otro como en Collique, pero Latinoamérica es Latinoamérica, donde sobornas a quien sea y… ya sabemos qué pasa”.

Chiquito sonríe.

“¿Y cuándo podré llamar a mi mujer y mi viejita, in… don Mayo?”

“Carajo, huevón, espera a que lleguemos a Londres y ahí nos organizamos. Le has dejado regular cantidad de plata a tu familia, así que no creo que la desaparezcan en una semana”.

De pronto, una hermosa joven vestida con breve blusa de tiritas, short y sandalias entra, observa a los lados y camina hasta sentarse en la misma mesa que los dos varones. Nava mira a Chiquito muy sorprendido; lo mismo el matón.

“Hola, caballeros”, dice con voz muy dulce y coqueta.

“Buenas tardes”, trata de ser cortés Nava. “Perdone, ¿nos conocemos?”

“No creo, pero… podríamos conocernos más”.

Nava y Chiquito vuelven a cruzar miradas. El segundo le mira los senos sin ningún disimulo pero no con afanes pecaminosos, mas bien de seguridad, detectando algún cable oculto, algo fuera de lo común.

“El reloj”, reacciona alarmándose, y levantándose de la mesa. “¡El reloj, inge!”

Todos en el restaurante voltean la cara.

“Siéntate, por favor”, advierte Nava en voz baja.

Chiquito reocupa su asiento con los ojos desorbitados, totalmente jadeante.

“Al grano, señorita”, el ingeniero se pone serio. “Su presencia nos está inquietando”.

La chica mete la mano a su bolsillo y saca un carnet con una foto.

“Prensa. Quiero que me cuente la historia de Cruz Dorada en el valle de Collique, del otro lado de la frontera”.

Chiquito se vuelve a levantar de golpe, tira la silla, se mete la mano a la cintura y saca una pistola: apunta a la chica. Nava se para con rapidez y lo encara.

“No seas imbécil”.

El matón mira con desesperación a la joven audaz y mira a Nava. Gimottea. Al instante, se lleva el cañón del arma a la boca. Los comensales gritan de espanto.

Un disparo se oye.

Todos salen despavoridos, entre ellos Nava, pero su carrera se acaba en la esquina de esa calle cuando alguien lo bloquea de un golpe y lo agarra del pecho.

“¿Pensó abandonarme, ingeniero?”

Ismael abre sus ojos y su boca: el Carnes lo tiene paralizado. A sus costados, la gente huye; la Policía está a punto de llegar.

Mira un video aquí.

Esa noche, el grandulón se cobra la victoria de una forma diferente, al menos nunca antes experimentada en toda su vida pero que nunca dejó de producirle curiosidad: con su no tan largo aunque sí grueso pene erecto metido dentro del ano de otro hombre que es la perfección física andando, o al menos la que él recientemente ha conocido. Cierra los ojos, trata de resistir pero no puede más: eyacula en el interior de ese otro varón.

“Perdona”.

“No hay problema; excelente siendo primera vez”, le dice el amante del momento, mientras su pene erecto pierde firmeza y descansa poco a poco sobre el bajo vientre del cuerpón.

“¿en serio te gustó?”, el Carnes le acaricia los bien formados glúteos, aún sobre su pubis.

“A mí sí”.

“¿Pensaste que no lo iba a lograr?”

“Yo no decir eso. Yo sentir cierta duda, entonces yo decidí reto”.

El Carnes sonríe.

“Ahora sabes que puedes confiar en mí, y tú sabes por qué debes creer en mí”.

“Sí, sí saberlo”.

“¿Y ahora qué, Owen?”

“Tú ser libre. La frontera estar a diez horas en auto. Mañana poder regresar”.

“Mi país ya no es mi casa; no tengo que hacer nada allí”.

“Entonces… mi casa ser tu casa, pero ser viaje muy largo”.

El Carnes palmea una de las nalgas.

“Será la primera vez en mi vida que un viaje tenga sentido para mí”.

Owen sonríe, se inclina y besa los labios del hombre.

“Entonces, ir a casa”.

Una alarma suena en el celular de El Carnes. Lo rescata de la mesa de noche al lado y lo revisa. Ríe.

“Ciento veinte me gusta”.

El Carnes deja el celular en la mesa otra vez, gira con Owen y se le acuesta encima. En la pantalla, brilla la foto de un iracundo Ismael Nava esposado a un poste de energía eléctrica en una calle de Fogatas con el texto: Welcome to the Middle of the World. #WhiteCross #endgame #moonbrotherhood 

domingo, 5 de junio de 2022

ASS (31): Sandro, Eliezer y Bartolo

Dos amigos celebran su reencuentro cachando y reciben un invitado inesperado.

 


Un hombre alto, moreno y atlético, que disimula muy bien sus 45 años, sale de la municipalidad de San Sebastián. Camina por la vereda cuando al llegar a la esquina casi lo arrolla un ciclista vestido en mallas negras de muslo a cuello. El hombre moreno salta un paso hacia atrás rápidamente. El ciclista se detiene asustado:

“Perdo…” Esa cara le parece conocida…  “¡¿Eliezer?!”

“¿Sandro?”, lo reconoce el peatón.

Un cuarto de hora  después, ambos hombres comparten una estrecha ducha. Eso les permite abrazarse y besarse desnudos mientras el agua fresca cae encima de sus atléticos cuerpos. Eliezer toma el jabón y lo comienza a untar a Sandro por la espalda, el culo, luego el pecho, el abdomen, la pinga y los huevos. Sandro hace el mismo tramo, pero al llegar al medio del culo…

“Solo jabóname y nada más”, advierte Eliezer sonriendo.

Sandro pasa la pastilla de jabón por la raja entre las enormes y velludas nalgas de arriba abajo y luego se arrodilla para seguir con las gruesas piernas. Un largo y grueso pene baila frente a su cara aún cubierto de jabón. Lo enjuaga bien y comienza a chuparlo.

“así, Sandrito. Trágate ttoda mi verga.

Ya seco, Sandro se acuesta en la cama que hay en el cuarto. Se abre de piernas. Eliezer llega a su encuentro, se acuesta sobre él y vuelve a besarlo mientras el otro se le aferra abrazándolo. Entonces, Eliezer se incorpora, le levanta las bien formadas piernas y comienza a sobarle su vergota aún blanda en la raja del culo. La erección no tarda en producirse. Sandro alcanza un condón y un chisguete de lubricante.

“Gástalo todo si quieres”, le pide sonriendo.

Eliezer se coloca el forro en su grueso y largo trozo, 23 centímetros, se unta el gel transparente, lo aplica al ano de Sandro tratando de estimularlo con un leve masaje y comienza la penetración.

“Despacio, negro”, gime Sandro. “No me hagas doler”.

Eliezer tiene todo el tiempo del mundo para ir clavando lentamente ese culo hasta que solo puede ver su crecido vello púbico aplastándose contra el culo de su amante. Y lentamente comienza a bombearlo mientras vuelve a inclinarse para besarlo en la boca, lo que es correspondido.

“¿Te gusta la pinga, mi campeón?”, le pregunta excitado.

“Me encanta, negrito lindo”, jadea el otro pata. “me aloca”.

Los dos siguen cachando en esa posición por buen tiempo hasta que Sandro se pone en perrito y el otro hombre lo sodomiza siempre lento. El exceso de lubricante entre el pene y el ano de ambos produce un sonido bien cachondo. Eliezer prueba a aumentar la velocidad del bombeo aprovechando que ese esfínter parece haber ganado mayor flexibilidad. Sandro gime un poco más aguantando el dolor, enfocándose en cómo podría verse el sexo si alguien más los estuviese mirando. Y a esa velocidad, Eliezer ya va durando casi tres cuartos de hora.

Posteriormente, el activo se acuesta al filo de la cama mientras el pasivo, bien abierto de piernas y afirmando sus pies en el suelo, rebota haciendo gala de sus muslos bien ejercitados. Finalmente, Sandro se apoya en el filo de la ventana mientras Eliezer lo acomete de pie y desde atrás a todo lo rápido y cuidadoso que puede hasta que por fin eyacula dentro del condón. Se relaja todo al fin.

Tras el sexo, ambos descansan sobre la cama con el televisor prendido en ese programa donde los chicos reality dejan ver sus bien trabajados culos en esas mallas sin ropa interior.

“Eres la misma máquina cachera de hace 15 años, eli”.

“¿Aún te acuerdas?”, sonríe el moreno. “Fue cuando ganaste ese festival de tondero, si mal no recuerdo… Y creo que Julio todavía jugaba en el Piura”.

“Claro, Eli. Yo recién cumplía 20 añitos. Y no te olvides de Pelu. Cachamos los cuatro. No puedo olvidarme cómo ese huevón sufría con tu verga dentro del culo. ¿Sigues trabajando con él?”

“Sí, ahora le estoy preparando la candidatura al gobierno regional”.

“¿Y sigues cachando con él?”

“No tanto como antes pero a veces nos damos nuestras escapadas so pretexto de coordinar”.

Se escuchan unos pasos fuera, luego unos toques en la puerta de metal.

“¿Esperas a alguien?”, se intriga Eliezer en voz baja.

“Los únicos que me vienen a ver son el chiclayano o el venezolano del tercer piso”.

Así calato, Sandro se levanta de la cama y abre un poquito la puerta.

“Hola”, le dicen desde el corredor.

“Entra”, invita Sandro.

Un chico joven, unos 25 años, alto, cabello largo y lacio, bien peinado, vistiendo una bata blanca con el logotipo del Seguro Social en el pectoral izquierdo, el que resalta (de hecho todo su físico parece ser atlético) ingresa.

“Te venía a avisar que la campaña…” el muchacho enmudece al ver al esbelto moreno desnudo sobre la cama. “Perdona, pensé que estabass…”

Sandro sonríe y, cerrando la puerta, se le aproxima y le pone su mano en el paquete.

“Descuida, Bartolo. ¿Por qué no tomas un baño y… disfrutas con nosotros?”

El recién llegado duda un poco. Vuelve a mirar a Eliezer. Sandro toma la cremallera de su bata y, sin que oponga resistencia, se la baja y quita; luego hace lo mismo con el pantalón blanco de tela. A pesar del bibidí y del bóxer blancos, es evidente que ese chico entrena a diario.

Quién sabe qué le dijo Sandro a Bartolo en la ducha. El asunto es que el muchacho, ya desnudo, se integra a la cama. No solo es atlético y lampiño sino que tiene todo su vello púbico rasurado. Eliezer le sonríe. Los tres se funden en un abrazo y tratan de besarse al mismo tiempo.

“Chúpasela al negro”, le dice Sandro. “Te vas a volver loco”.

Bartolo toma en su mano el pene ssemierecto de Eliezer y se inclina a chuparlo; Sandro aprovecha para succionarle las nalgas y el propio ojo del culo. Bartolo intuye que ya hubo acción en ese cuarto porque ese falo sabe a látex, pero no le importa. Continúa. Además, disfruta cómo le agasajan el ano, por lo que en compensación gira y se la chupa a Sandro. Eliezer no resiste la tentación de usar su enorme pie para acariciar el rico culo de Bartolo y usar el pulgar derecho para estimularle el esfínter.

Poco después, Sandro penetra a Bartolo por el culo mientras éste sigue tratando de tragarse la gran pinga de Eliezer. Como activo, Sandro es apasionado y cariñoso sin que eso deje de probar algo tan arrecho como hacerle sonar las nalgas mientras lo bombea. Minutos después, los roles se invierten. Eliezer nota que Bartolo tiene una pinga de unos 17 centímetros, algo curva hacia abajo, medio gruesita. También se fija en los 16 centímetros gruesos de Sandro, que son pajeados mientras le llenan el culo por segunda vez esa noche. Eliezer se pajea.

“Campeón, todavía me queda leche”, le sonríe a Sandro, quien, sin dejar de masturbarse, vuelve a succionar el pene de su visitante. El dormitorio se vuelve a llenar de gemidos y jadeos hasta que los de Bartolo se hacen más fuertes.

“Voy a eyacular, mierda”. Y dando un rugido sordo, casi como un quejido, dispara todo su semen dentro del culo de Sandro, quien al sentir la palpitación, deja de chupársela a eliezer, deja que le saquen la pinga, se acuesta boca arriba y se pajea con toda su fuerza. No avisa nada. Su leche se dispara sobre su abdomen y pecho. Entre asco y fascinación, Eliezer observa cómo Sandro se soba el esperma hasta convertirlo en una capa blanca que se seca sobre la piel.

“¿Qué venías a decirme?”, al final reacciona cuando se relaja.

“Que el traumatólogo dijo que la campaña en tu pueblo sí va”, contesta Bartolo terminándose de sacar el condón.

“¿Campaña de…?”, averigua Eliezer aún con la pinga dura.

“Acción social”, sonríe Sandro. “Quiero postular a la provincial”.

Bartolo los mira en silencio.

“¿Por qué no postulas con Pelu?”, consulta Eliezer a Sandro, quien le sigue sonriendo. Eliezer sabe que eso es un sí. Bartolo y su cuerpo atlético al desnudo continúa ahí, arrodillado al pie de la cama, sintiendo que ése ya no es su asunto. Lo único que llama su atención es ver cómo Eliezer pajea su enorme falo hasta que espesas ráfagas de leche blanca se dibujan sobre su piel marrón. 

Y para finalizar, mira un video porno gay aquí.

sábado, 4 de junio de 2022

Proyecto Lujuria 8.6: el chofer también es actor porno


Esa tarde, un hombre en sus treinta llega al departamento y se lo presentan a Fernando. Reconoce al chofer del Corolla quien comienza a quitarse toda la ropa. ¿quién iba a pensar que bajo esa polera y ese jean anchos hay un cuerpo digno de campeonato de men’s physique, esa casi nueva disciplina en la que más que el volumen, importan la definición y la armonía, sin descartar las curvas propias de los músculos?. Escalante da indicaciones y se coloca detrás de César, quien ha puesto la cámara de televisión sobre un trípode entre tres reflectores. El reducido elenco y el equipo mínimo están desnudos.

“¡Acción!, indica Escalante.

Fernando y el chofer se aproximan, abrazan y besan, se rozan todo el cuerpo. Sus pingas se ponen al palo poco a poco. Fernando se arrodilla, coge la verga grande y gorda del otro modelo y comienza a mamarla con entusiasmo, se la mete toda, como un tragasables. Luego se pone de pie, practica una suculenta guerra de espadas, gira y se apoya en el sofá. El chofer ahora se arrodilla para hacerle un beso negro con las consiguientes nalgueadas. César acerca la toma con el zoom. La tiene durísima. Lo mismo Escalante, quien se la masajea con la mano.

“No paren”, pide el camarógrafo quien acerca más la lente y reacomoda las luces para que su sombra no se proyecte.

“que no se me note mucho la cara, huevón”, pide el chofer.

“No pierdas el ritmo; confía en mí”

El actor continúa metiendo su lengua al ano de Fernando. Luego se para y le comienza a clavar su verga poco a poco. Lo bombea lento y va aumentando la fuerza de las embestidas, poco a poco. Los gemidos y jadeos de ambos se incrementan, poco a poco. César aprovecha para tomar la cara de Fernando, quien no finge gozárselo: ¡lo goza!

Escalante aprovecha que su camarógrafo está agachado, mostrando su ano cerradito, le acerca su pinga y se la soba entre las nalgas, poco a poco.

El chofer no resiste más y dispara su semen dentro del ano de Fernando quien fuerza los músculos de su vientre y expulsa pedos para demostrar que el esperma estaba allí dentro. El fluido cae por sus abductores.

César corta mientras Escalante pone un plástico que cubre el piso y el sofá; entonces, el chofer besa el cuello del otro actor ocultando su cara tras la nuca.

Fernando está de pie masturbándose cada vez más fuerte, más fuerte, más fuerte. Da un gran gemido. Dispara toda su leche. Se relaja moviendo su culo en el paquete del chofer a ver si puede estimularlo. Lo logra.

“Corten”, dice Escalante.

César apaga la cámara.

Cuidándose de no pisar el semen que ha caído en el plástico, Escalante se para sobre él, hace que Fernando se agache y que le mame la pinga erecta. El chofer, que también la tiene dura otra vez, cede el turno a César, quien no demora más tiempo e introduce todo su falo en ese hoyo goloso a pesar que ya no está tan dilatado como durante la grabación; pero así apretadito se siente más rico, piensa.

El chofer se arrodilla en el sofá de tal manera que pueda poner su miembro a la altura del ano de Escalante, echa saliva a la cabecita, hace que se incline un poco  y se la zampa pasito a paso.

Por su lado, César no aguanta y eyacula dentro del ano de Fernando.

La cosa entre Escalante y su chofer aún tiene para buen rato.

La luz de Lima tras la ventana de la sala, en aquel departamento miraflorino, comienza a pasar del blanco al negro.


  

viernes, 3 de junio de 2022

La hermandad de la luna 10.12

Esa noche, como a las diez y cuarto, Frank está acostado sobre la cama de Flor con las piernas levantadas hacia el aire disfrutando cómo la lengua de la chica le besa las velludas nalgas y luego va en busca de su ano. No solo jadea, gime. Alza los brazos, se frota la cara; a pesar de la oscuridad, cierra los ojos y se concentra en el intenso cosquilleo que se transmite por todo su organismo hasta que su mano no resiste la necesidad de tomar su pene erecto y sobarlo despacio. Entonces, siente algo entre blando y duro que toca su esfínter y lo masajea, carente de humedad y calidez.

“No me lo metas”, pide.

“Tranquilo, querido”, Flor le acerca su lengua otra vez.

Afuera, en el salón de máquinas, Adán y Pablo terminan de cuadrar las cuentas, casi sin hacer más comentarios.

“Será difícil reemplazar al negro”, al fin se anima a expresar el cuerpo de luchador.

Pablo lo mira y sonríe; le palmea el hombro izquierdo.

“Alégrate, enfócate en el alumno, dile que sí puede, felicítalo cuando termine la serie y la haya completado, ayúdalo a terminarla sin decirle que es débil, escúchalo… ese huevón hacía que todos nos sintamos como en casa, como patas de toda la vida, como que nuestros problemas no existían”.

Adán mira fijamente a Pablo.

“¿Qué dices?”

“Owen no era un instructor, Carrillo; era una filosofía de vida… Es, quiero decir”.

Adán sonríe, mira al salón lleno de máquinas, de espejos, de las tres fotos en la pared del fondo incluyendo la suya.

“¿Siempre pedirás tu baja, Chira?”

“Aún no lo sé. Me encanta la Policía, me encanta esta nota del gym; me encanta bailar… Creo que Frank es el único que tiene las cosas claras: me dijo que postulará a la universidad el año que viene y estudiará Administración, que ya habló en La Luna y le dijeron que sí, aunque también él tiene miedo por eso de La Estirpe. Me preguntó que se siente tener una pinga metida en el culo…”

“¿Qué le dijiste?”

“Que él debería experimentarlo por su cuenta, que yo puedo decirle muchas cosas, pero es mejor cuando uno explora sus propias sensaciones, como yo lo hice”.

“¿Cuántos años tienes, huevón?”

“Veinticinco, Carrillo”.

“Hablas como si tuvieras más”.

“Digamos que mi maestro del sexo homosexual tiene cincuenta años”

Ambos se ríen. Guardan todo e ingresan a la casa. Al entrar al pasillo, los gemidos de Frank y Flor se oyen claros. Los dos hombres se miran a los ojos, sonríen, apagan las luces y se meten al otro dormitorio, se despojan de sus ropas y suben a la cama entre besos, abrazos, caricias, placer.

En la pared del lado, Frank está acostado sobre Flor quien le hunde sus tobillos en medio de su trasero mientras éste mueve su cadera rítmicamente y con paciencia, procurando que su pene erecto estimule gentilmente todo el canal vaginal mientras sus labios, lengua y saliva dicen sin palabras que ése es el mejor momento del mundo que puede pasar y las manos no censuran ningún camino, lo mismo que sobre su cuerpo no hay ningún rincón prohibido.

Del otro lado, Adán descubre que Pablo tiene diecisiete centímetros deliciosos al paladar como centro de un cuerpo marcado y que no deja de agitarse tratando de envolverse en esa playa desierta que parece rodearlo poco a poco hasta que puede sentir la brisa y hasta escuchar el rumor del mar. Es cuando puede ver a Adán engullendo su pene entre sus nalgas; en compensación, él acaricia su atlético y lampiño cuerpo, le toma el miembro con ambas manos y se lo comienza a frotar. El sol brilla pero no achicharra; mas bien entibia el momento. Pablo cierra sus ojos sin dejar de sonreír. Siente cómo se libera del peso, y en medio de la oscuridad que lo envuelve otra vez, busca ese cuerpo firme para hacer exactamente lo mismo: no consigue salir del dormitorio, pero no se desespera; solo se deja llevar por el momento… un largo momento.

“¿Hay espacio para mí?”, pregunta Frank en voz baja mientras tantea la cama.

“Siempre hay sitio”, responde Adán.

Las manos del más joven tocan la cara de Pablo y le acerca la suya; lo besa en la boca mientras se arrodilla con cuidado. Adán entiende el mensaje, entiende por qué Frank le pone la entrepierna en su cara y comienza a chupársela, luego le practica un largo beso negro, mientras la mano traviesa del recién llegado explora el pene y debajo de los testículos de Pablo.

“¿No te duele?”, pregunta.

“¿Quieres probar?”, lo desafían.

Frank lo duda en ese momento. Tiene menos de dos semanas para la siguiente luna nueva. Es más que suficiente para tomar una decisión, piensa.

Mira un video aquí.

Dos noches después, el sábado, Juan lee por segunda vez el documento de cinco páginas que Tito logró recuperar de una notaría en Collique. Los dos están junto a Alvin, en uno de los cuartos de visitas de la casa grande, totalmente desnudos pero relajados. Tito coloca una mochila llena sobre una mesa.

“esto es sin dudas un adelanto de herencia”, dice el fiscal  a Tito. “El asunto es que…, bajo las circunstancias actuales, no sé cuánto valor llegará a tener; pero por ahora es perfectamente legal aunque discutiblemente aplicable”.

“¿Quieres decir que Elga repartió las propiedades?”

“No exactamente. Transfiere La Luna a propiedad de Charlie, Édgar y tú, pero siempre que se constituyan como una sociedad de responsabilidad limitada; y, bueno, ahora que sabemos la verdad del gimnasio y del club, pide que se les incorpore como unidades de negocio de la nueva empresa”.

“Podrían llamarla La Estirpe”, interviene Alvin.

“No aconsejo crear la nueva empresa porque todo está muy confuso aún en términos legales, quiero decir”, acota Juan.

“¿Como tu situación matrimonial?”, bromea el biólogo

Juan sonríe.

“eso sí lo tengo claro: el lunes iniciaré los trámites del divorcio… al demonio si Collique dice que soy un fiscal gay… No tiene sentido estar en algo que no te genera comodidad y va a ser un mal ejemplo a la larga para mis hijos”.

Alvin se incorpora y besa en la boca a Juan.

“Bienvenido”, le sonríe.

“Pero no entiendo por qué recién meten al AMW y al GGG o como se llame en el adelanto de herencia”, interrumpe Tito.

“Pues, lo único que se me ocurre es que ella quería dejarles a ustedes el pleito con Christian Esteves, en lugar de lidiarlo. Elga conoce mejor que nadie los negocios de Manolo Rodríguez, y ante todo lo que pasó, tenía una papa caliente encima: juego de lealtades, remordimiento de última hora. Una cosa es manejar a Elga, pero otra distinta es enfrentar a la Estirpe, a la que Christian había renunciado. ¿Divide y vencerás? ¡Nunca iba a funcionar con ustedes!”

“¿Christian quería matarme, Juan?”

“es una posibilidad, Joey”.

“El ADN de la ropa empapada en sangre coincide con las muestras que estaban en tu vereda”, agrega Alvin. “El tal Valdivia”.

“El plan era perfecto: amedrentamiento, y si no funcionaba, asesinato”, continúa Juan. “Pero es como si alguien les hubiese salado todo: el extraño colapso de los matones, la carpeta lila, hasta diría que la propia movida torpe del comisario, si fue él, al armar esa campaña contra Owen… es como si el plan hubiese estado hecho para ser un fracaso… bueno, estamos hablando de Christian, ¿no?”

Una luz llega a Tito cual ráfaga.

“Owen… Fue Owen… ¿Recuerdas lo que te contó Chira?”

“Primero lo sometería a un examen toxicológico y un peritaje psicológico”… no sé… esas supuestas visiones, esos cambios de conducta… los policías son sometidos a mucho maltrato durante su formación y no descarto falsos recuerdos por un síndrome de estrés postraumático”.

“¿Un qué?”, se extraña Tito.

“Una mente desconfigurada que no diferencia entre realidad y fantasía debido a un evento muy malo que le pasó”, intenta explicar Alvin.

“Pero él sabía toda la verdad todo este tiempo”, insiste Tito. “¿Tú crees que está loco?”

“Lo que nos regresa al inicio de esta discusión: legalmente, más que soluciones, ahora es cuando comenzarán nuevos líos, especialmente ahora que Cruz Dorada ha quedado como una enorme organización criminal que traficaba terrenos, compraba autoridades, medios, voluntades y hasta vidas”.

“Todo lo que Owen nos dijo que pasa en los países donde trabajan”, añade Tito.

“Si hay un modus operandi internacional, me parece que lo más inteligente será hacer el caso… internacional”, aconseja Juan. “No será el primer ni el último caso de corrupción transnacional, desgraciadamente”.

Tito saca algo de la mochila, lo extiende y se coloca una túnica de lana; alcanza otras dos y las deja sobre la cama.

“Es hora. Vamos”.

Los tres se ponen en marcha por en medio de la finca hasta llegar a la acequia y pasar al camino secreto, pero en lugar de ir a los algarrobos que rodean la laguna, suben la lomita. En la cumbre, Carlos y César están arrodillados frente a un fuego amarillo cuidando que no se apague. Tito, Juan y Alvin se hincan en silencio. Los cinco miran las flamas danzando en la fría noche, dejando escapar chispas, disfrutan la calidez y la luz.

“Og ya está listo”, advierte Tito. “¿Seguimos esperando?”

“No”, anuncia alguien a sus espaldas.

Carlos y Tito miran a donde sonó la voz y sonríen; Alvin queda boquiabierto, Juan trata de mantener la serenidad, César está tranquilo y satisfecho.

“Perdonen la demora””, dice el hombre de recio y armonioso cuerpo que, desnudo y erecto, se sienta al lado de Carlos y le quita la túnica dejándolo también desnudo mientras lo besa en la boca hasta que su pene se eleva y engrosa por completo.

“Prosigue”, le dice.

“Gracias, Manolo”, sonríe el capataz.

Entonces, las flamas amarillas del fuego se tornan rojas, y en el cielo, las nubes se despejan para que la última luna llena brille con fuerza. Sobre sus cabezas, un lucero verde se forma y comienza a revolotear en espiral. . Sobre la cima de la lomita, los cuatro hombres que restan se quitan las túnicas y comienza la ceremonia de iniciación que terminará casi con los rayos del nuevo día en una orgía que admite todas las combinaciones posibles.