Conocer a un chico ahora es cosa relativamente sencilla. Si tenemos las agallas para abordarlo en persona, todavía tenemos la inquietud de cómo llamar su atención. Si lo hacemos por redes sociales, podría parecer fácil pero ya no como antes.
Conforme ser gay, bisexual o heterocurioso está dejando de ser tabú poco a poco, la gente ahora exige más cosas que solo interesarte por la edad, estado civil o rol sexual. Sea en persona, o sea por virtual, ahora lo que seduce es tu tema de conversación.
Claro que si quieres sexo al paso, un agarre, la vieja fórmula nunca falla. pero si lo que buscas es un contacto con quien puedas ir más allá de una buena culeada o mamada, deja de apuntar al culo o a la verga. Comienza a apuntar al cerebro.
Una forma de buscar buenos temas de conversación es analizar un poco el perfil de la persona o el espacio en que lo encontramos. Un "¿qué opinas de...?" siempre será la mejor forma de romper el hielo. el resto va a depender de tu habilidad para armar una buena conversación.
Y la fórmula funciona incluso con los prospectos más complicados. ¿Tú qué opinas? te leemos en X y en hunks.piura@gmail.com
Voto de Silencio se estrena medio año después mediante
streaming. Para la promoción, Alexis
y Osmar regresan de Los Ángeles, y junto a Evandro, Keith y Giaccomo comienzan
una gira por algunas discotecas de ambiente exclusivas en Lima, Arequipa,
Trujillo, Cusco e Iquitos. Por las mañanas, se la pasan dando entrevistas a muy
pocos medios, y aceptando sesiones de fotos alguna más osada que otra hasta que
se concreta la oferta de la revista brasileña para hacer una sin censura con
los cuatro actores al desnudo y al palo… y por el doble de pago que se había
negociado antes del escándalo.
La producción
es rápidamente etiquetada como pornográfica, aunque “de cierto buen gusto en la
fotografía y la dirección” según la crítica especializada peruana; pero en
Europa, las reseñas son mucho más entusiastas.
Al término de
la promoción, Evandro y Osmar deciden borrarse del mapa y hacerse el amor en un
dormitorio sencillo pero abrigado, donde el primero prueba después de muchos
años qué se siente recibir un pene erecto en el ano, especialmente si es
cabezón. Osmar se mueve con mucha delicadeza, aferrándose tanto como puede al
cuerpo de ese encantador ser que levanta las piernas y el culo para entregarse,
para saborear el fresco aliento de su boca al besarlo, para experimentar una
indescriptible plenitud al momento de eyacular dentro de su ser.
“Te amo,
Evandro”, suspira.
“Yo te amo
más… Déjala adentro otro rato”.
“Como
desees”, sonríe Osmar, besándolo de nuevo. “Espero que ésta también haya sido
una buena decisión”.
“La tomamos
por partes iguales, ¿recuerdas?”
Osmar sigue
sonriendo, saca con cuidado su pene aún erecto, se retira el condón lleno de
esperma, lo bota al suelo, y se incorpora tomando de la mano a Evandro.
“Te quiero
mostrar algo”.
Así,
desnudos, ambos caminan a la ventana. Osmar no solo abre la cortina, sino que
deja penetrar al aire fresco de la mañana. Evandro sonríe y se emociona:
“Menos mal
que no es Los Ángeles”.
“Menos mal
que no es Lima”, le replican.
“Menos mal
que no es Homestead”.
“Menos mal
que no es una metrópoli”.
“Menos mal
que eres tú”.
Osmar
responde besando muy adentro en la boca a Evandro. Allá afuera, el sol comienza
a despuntar tras la colina llena de vegetación en el valle de San Lorenzo.
Parece que ese día es hoy.
Medio año
después, un fibrado y ralamente velludo Keith entra con una tabla hawaiana en
un búngalo a la orilla de la playa. Apenas viste una bermuda turquesa húmeda que
le marca el culo, el grueso paquete y las anchas piernas. Tras sí, ingresa
Alexis, vistiendo una tanga de baño blanca también húmeda.
“Parece que
la reparación de casas te deja buena plata”, dice el segundo viendo la
habitación construída y amoblada en pura madera y palma.
“Ahorro es
progreso”, replica Keith dejando la tabla en la pared y abriendo un poco la
ventana mientras de fondo se oye al mar romper.
“No eras así
en la secundaria”.
“Cuando
migras, el mundo cambia: si sigues dilapidando, te jodes”.
Alexis
sonríe:
“Lindo
lugar”.
“Lindo
cuerpo”.
“Gracias”,
sonríe el velludo y atlético en tanga.
“¿Quieres un
trago? Tengo chela solamente”.
“No, gracias;
quiero regresar sobrio a mi hotel”.
Keith sonríe.
“Te puedo
dejar en la puerta de tu cuarto. ¿Recuerdas ese campamento en quinto?”
“Nos
embriagamos con ron”.
“¿Recuerdas
lo que pasó después?”
“Prefiero no
recordar… ya te dije por qué”.
Los dos
varones se miran fijamente por algunos segundos. Entonces, Keith se aproxima,
toma la mejilla y besa en la boca a Alexis, quien le corresponde pero luego
parece arrepentirse:
“No
deberíamos…”
“Aquí estamos
solos tú y yo”.
“Nos miran”.
“Deja que nos
miren”.
Keith abraza
y besa profundo a Alexis mientras le quita el bañador y lo deja desnudo. La
marca de bronceado magnifica las ya grandes nalgas respecto a todo el musculado
físico. En retribución, Alexis afloja el velcro de la bermuda y se la baja,
dejando también desnudo a Keith. Ya libres, ambos se acarician. Sus penes se
ponen erectos. Parece que con el surfista se cumple la regla ésa de que cuanto
más delgados, más aventajados.
Alexis se
arrodilla y comienza a chupársela tratando de tragársela tanto como pueda. Keith
mira la acción.
Tras algunos
minutos, el surfista hace que su compañero sexual se ponga de pie, lo apoya en
un mueble y se arrodilla tras sus nalgas velludas a hacerle un beso negro mientras
se las acaricia, palmea y le arranca gemidos.
Luego de cierto tiempo, escupe directo al ano, se pone
de pie, va en busca de algo y regresa abriendo un paquetito del que saca un
preservativo que extiende por todo su falo, se encoge ligeramente de rodillas y
comienza a penetrarlo. Bombea
gentilmente. Simultáneamente, Alexis se
masturba. Los dos gimen y jadean
despacio.
Minutos más
tarde, Keith llega al orgasmo: saca su pene, tira el condón quién sabe dónde, se
masturba y dispara su semen entre las nalgas de Alexis. Finalmente se arrodilla
y le lame su propia lefa.
“Y… corten”,
ordena Giaccomo desde el otro lado de la habitación.
A su costado,
César deja de grabar en la cámara mientras se acomoda su pene erecto bajo su
bermuda en tanto Alejandro aprovecha para tomar algunas fotos fijas de los
actores a quienes pide quedarse en sus marcas por un instante. Su pene largo y
grueso también se marca bajo su short.
“Recupérate,
amor, para hacer las tomas de apoyo”, indica Giaccomo.
En una esquina,
Evandro con unos papeles sobre una tabla de acrílico, anota algo con un
lapicero y lo deja sobre una mesa; su grueso y largo pene erecto se marca bajo
una tanga roja oscura.
“Saldré a
tomar aire”.
Afuera, en
una hamaca, Osmar recibe la brisa en esa playa en algún lugar al sur de
Zorritos, Tumbes, también en tanga de baño (pero celeste), lentes de sol, su
celular en la mano. Evandro se le aproxima y acaricia la cabeza; Osmar sonríe.
“Arnold se
suicidó anoche… Aparente sobredosis”.
“No fue de
amor, ¿no?”
“Evan: aunque
te haya jugado chueco, respeta su memoria”.
“Qué lástima
por Abelardo Sosa. Justo había viajado a Lima para visitarlo y se encuentra
con…”“
Evandro se
queda en silencio mirando pensativo las olas del mar.
“¿Con qué, Evan?”
El aludido sonríe
con la boca abierta poniendo la punta de su lengua bajo el último incisivo sin decir nada.
“Evan, no
estarás pensando que…”,
Osmar también
se queda en silencio.
“Si dicen que
fue sobredosis, fue sobredosis… de amor”.
“¿Tú crees
que…?”
“Fue sobredosis,
Os. Y… a propo, ¿tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo?”
“Ya hemos
hablado, Evan”.
“De todas
maneras me sale el divorcio en unos dos meses, máximo. Eso sí, me van a
exprimir, pero mis hijos no tienen la culpa de mi decisión”.
“Eso me
desanima”.
“¿Mis hijos?”
“No, tus
decisiones. No creo que hayas madurado lo suficiente, y yo… francamente… aún no
tengo claras las mías, especialmente con papá, mamá y mis hermanos recién
mudados a los Estados Unidos”.
“¿Te mudarás
a Homestead con ellos?”
“No creo,
Evan; aún están procesando… mis destapes”.
“¿Entonces te
irás a Los Ángeles con Alex, Keith y Giacco?”
Alejandro
abre la puerta del búngalo:
“¡Evan, support shots!”
“Ya vengo”,
Evandro vuelve a acariciar la cabeza a Osmar, quien se queda mirando fijamente
al horizonte. Su celular ahora se resbala en su vientre de tabla de lavar. Hay
decisiones que tomar, efectivamente.
Un saxo comienza a sonar;
Yuri entona: ¿Quién eres tú, que llora en silencio? ¿Quién eres tú, que viene
de lejos? Cansado de amar, cansado de tanta espera…
Éste podría
ser uno de los ejemplos perfectos de qué pasa cuando eres famoso, te catalogas
como heterosexual, pero comienzas a trabajar para el público gay y te vuelves
popular en medio de él hasta que tus propios conflictos personales terminan dderrumbando
tu imagen pública no por quien eres realmente sino por quien crees que el resto
cree que tú crees que cree. Así de enredado.
El brasileño Alexandre
Frota (Río de Janeiro, 14 de octubre de 1963), también conocido como el Pitbull
o el Bad Boy (Chico Malo), ahora es el diputado federal Alexandre
Frota, investido con ese cargo desde 2019. De ser un luchador profesional a
modelo recurrente de G Magazine, el musculoso inició una carrera
no tan fugaz en el porno hetero que incluyó una participación muy criticada en
un video porno gay.
En el rodaje, Frota
debía besar a otro actor en la boca y agarrarle bien el culo mientras ambos
están desnudos; pero lo que pasó en escena fue que el Bad Boy apenas si posó
sus labios sobre su compañero y prácticamente le acarició una de las nalgas. No
pasó nada más. Su delgada piroca de tamaño promedio no se paró, menos
entró a ser mamada por boca alguna, ni qué decir que se introdujo dentro de un
ano goloso hasta botar toda su leitinhna. Los gays que vieron el video
lo consideran una pérdida de tiempo. Corte a la siguiente escena donde sí se ve
penetración y eyaculación pero por otros actores.
Pero en sus
videos hétero, Frota no se guarda nada: lame vulvas, deja que le chupen su pica,
fode muito gostoso (cacha bien arrecho) a la actriz y le deja su semen
encima como símbolo de conquista. “evidentemente lo hizo por dinero”, nos
comenta un seguidor de Hunks of Piura radicado en Londonia, estado de
Paraná.
A pesar de esto,
lo que la comunidad gay brasileña esperaba era que o deputado federal si
no iba a abogar por los derechos de esta comunidad, como un acto de respeto a
los tiempos en que posó pelado y cubierto de mostaza y hasta calzando
tacos de mujer en una cocina, al menos no votara contra iniciativas que les
recortan derechos. Pero no solo hizo eso. Frota incluso se declaró… homofóbico.
Y eso que ha sido parte de la Comisión de derechos Humanos y Minorías de la
Cámara de Diputados del Brasil.
Nadie sabe qué
pasará con Frota cuando su culo deje la curul que actualmente ocupa. Quizás
regrese a la lucha libre, quizás regrese al fútbol americano que lo había
atraído hace poco, quizás vuelva a alguna novela, o quizás termine posando
desnudo o regresando a las porno… pero, ¿atraer nuevamente al público gay
brasileño? Está por verse.
el increíble show
de sexo en vivo protagonizado por Flavio, Miguel, Alejo y Marcano.
Apenas pasada la
medianoche, en el escenario de la discoteca, Flavio, con un vaporoso disfraz de
ángel comienza
a danzar elegantemente
evolucionando en giros. El traje es una ancha túnica con mangas largas y unas
alas cuyas plumas son rretazos de liviana tela blanca. A pesar de la holgura,
la inercia y la ligereza del material, hace que de todas maneras se pegue a su
atlético cuerpo marcándole los pectorales, el abdomen plano o los muslos.
Entonces, del
otro lado del escenario, Miguel también sale y comienza a revolotear junto a
Flavio. Viste exactamente igual y los bien estudiados movimientos hacen que la
tela reaccione del mismo modo marcando su hermoso y simétrico cuerpo. Parecen
mariposas en medio de un jardín. Se toman de la mano y así comienzan a danzar
suavemente hasta que la música se atenúa.
Entonces, ambos
se miran frente a frente, se toman las túnicas, y cuando la música vuelve con
energía, se las despojan. Quedan totalmente desnudos, y lo que antes la ropa
sugería, ahora sí que no deja lugar a dudas: musculaturas muy bien trabajadas
de pies a cabeza y despojadas de cualquier pilosidad para acentuar la estética.
Encima, su piel está pintada con un barniz especial que les da un brillo como
si fuesen de un frágil material.
Comienzan a
besarse en la boca y a acariciarse con mucha intensidad. Giran. Es un
espectáculo ver sus cuerpos atléticos y sus hinchados culos, lo mismo que sus
penes semierectos. Vuelven a verse frente a frente y a besarse intensamente en
la boca, abriéndola todo lo que pueden, dejando que sus lenguas se entrelacen
aunque de lejos no se note muy bien. Sus manos tienen el privilegio de
acariciar tan espectaculares físicos.
Flavio se
arrodilla, toma el pene semierecto de Miguel y lo comienza a chupar. No tarda
mucho en ponerlo duro hasta que alcanza sus 18 centímetros. Entonces, la música
se detiene. Alejo aparece por el fondo, también disfrazado de ángel. Flavio y
Miguel lo miran con cierto temor.
Alejo se les
acerca acusándolos con el dedo. Flavio y Miguel se le aproximan pidiéndo
indulgencia, lo acarician en el pecho, los brazos y las caderas. Los dos chicos
vuelven a besarse en la boca y lo miran como probándole que no están haciendo
nada malo.
Vuelven a girar
hacia él y con mucha sutileza lo despojan de su túnica, dejándolo completamente
desnudo: al descubierto queda un hermoso cuerpo musculoso también pintado con
ese extraño brillo, libre de vellos, su pene aún dormido sobre sus grandes
bolas.
Flavio y Miguel
se arrodillan y toman el pene de Alejo, acariciándolo y comenzando a chuparlo
alternadamente. El gran falo del muchacho comienza a desplegarse y ponerse
brillante debido a la saliva de sus dos compañeros y el flujo de líquido
preseminal conforme crece hasta sus gruesos 18 centímetros. El pre-cum no deja
de manar desde el glande.
Están en lo mejor
cuando desde el fondo aparece Marcano también vestido como un ángel quien se
les acerca y los asusta. Los tres calatos dejan de hacer lo que estaban
haciendo pero no cambian sus posiciones. Aunque Marcano parece que no viene a
condenarlos. Los mira, sonríe, y sin más preámbulo se quita su túnica.
También se queda
totalmente desnudo exponiendo su maravilloso trabajo muscular con volumen y
definición que se magnifica gracias a ese brillo corporal mientras su pene más
largo, aunque está dormido sobre otro par de enormes bolas, se balancea a
medida que se mueve. Alejo, Flavio y Miguel se le acercan y comienzan a
acariciarlo.
Poco a poco se
besan entre todos. Entonces, Alejo y Marcano se paran firmes uno al lado del
otro mientras Flavio se la chupa al primero y Miguel al segundo. Cuando los dos
penes están duros del todo, Flavio y Miguel giran y se ponen en cuatro patas
para dejar que Alejo y Marcano les coman el culo respectivamente.
Luego de varios
minutos de beso negro, Alejo mete su pene al ano de Flavio y Marcano hace lo
mismo con sus 21 centímetros de virilidad en el de Miguel. Los dos activos
comienzan moviéndose despacio, con mucha delicadeza. Poco a poco van
incrementando la fuerza de las acometidas hasta que sus penes pueden verse como
pistones activando el motor del erotismo sin culpas ni límites.
El sexo anal se
prolonga por casi diez minutos hasta que Alejo y Marcano sacan sus penes y
Flavio y Miguel se arrodillan a masturbarlos. Alejo eyacula en la boca de
Flavio y Marcano en la boca de Miguel. Los dos pasivos se ponen de pie. Todos
se besan en la boca.
Como broche de
oro, Miguel va donde Flavio, hace que se arrodille de nuevo y comienza a
masturbarse hasta eyacular en la boca de su compañero. Finalmente, Miguel se
arrodilla y Flavio se masturba en su boca hasta eyacular dentro de ella. Todos
se besan en la boca por última vez, miran al público, hacen una venia y se
retiran del escenario. El aplauso es cerrado.
En uno de los
privados, el Padre Albertto, quien ha llegado de incógnito, y Pedro también se
maravillan ante el espectáculo.
“Tengo la verga
durísima”, dice el sacerdote.
“No pensarás que
te la chupe aquí mismo”, responde su monaguillo.
“Está oscuro.
¿Quién va a vernos”.
“Mejor vamos a la
casa de tu amigo… también estoy arrecho”.
“Me parece buena
idea. Igual tenemos que acostarnos ya porque mañana llega el Padre David con
ese chico misterioso…”.
Cuando ambos se
ponen de pie, Alberto mete su mano al culo de Pedro, que se ha puesto un jean
ceñido. Luego se le arrima por detrás y simula cacharlo. Pedro gira y estampa
un beso en la boca del cura. Apenas salen del privado al pasillo casi se chocan
con un moreno alto y fornido.
“Disculpa”, le
dice.
“No, disculpa tú
más bien”, contestta el moreno y de pronto abre sus ojazos. “¿Pedrito?”
“¿Tío eli?”,
atina a preguntar el muchacho desconcertado.
En la base del escenario,
Willy termina de desmontar la cámara de su trípode, lo repliega y camina a un
lado donde está enrique.
“¿Qué tal
salió?”, consulta el artista.
“Recontra cañón”,
contesta el empresario. “Debiste ver cuánto morro se chaqueteaba la verga en el
público”.
“Con esto ya
tenemos el 90 por ciento de la película; falta el remate”.
“Déjalos
descansar. Eso lo grabamos mañana luego que reciba al morro que viene de Lima”.
Willy asiente.
Ambos se meten a la oficina para guardar las cosas mientras los modelos de la
noche están en la ducha de los camerinos quitándoseel barniz que usaron como
maquillaje corporal.
“Puta madre,
salió perfecto”, se alegra Flavio.
Yo pensé que no
se me iba a parar el huevo”, al fin reacciona Alejo. “Estaba casi lleno de
gente”.
“Coño, vale”,
reacciona Marcano. “Si yo estaba también cagado de miedo”.
“A mí lo único
que me preocupa es que cuando comience a crecerme el vello, va a picarme el
cuerpo como mierda”, añade Miguel.
“¿No te hice
daño?”, le pregunta Marcano.
“No, pata. Estaba
bien dilatado… y arrecho”.
Marcano sonríe:
“Ayúdame con mi
culo”, pide a Miguel. “No me sale el barniz”.
Miguel y Alejo se
miran.
“Una sola mano no
será suficiente”, anuncia el segundo.
Marcano sonríe
mientras gira:
“Todos metan su
mano”.
Alejo y Miguel comienzan
a sobar las nalgas del venezolano. Flavio gira, mira la escena, sonríe, mete
sus manos en los culos de sus dos compañeros:
Los secretos
sexuales de Alberto y edú les permiten tejer nuevas alianzas.
“¿Cómo dices,
pá?” Pedro abre sus dulces ojos con incredulidad.
“Ya te dije: el
lunes vas a Piura apenas tengas tiempo y le presentas tus papeles a ese…”
“Papá,¿y por qué
no me consultaste antes?”
Julio se para en
seco y sonríe cachosamente a su hijo: “Oe, huevón: ¿y desde cuándo tengo que
consultarte cosas? Si vives en esta casa, tienes que hacer lo que diga y punto,
¿entendido?”
Pedro lanza una
mirada de impotencia y desafío: “entendido, pá”.
Pasando las once
de esa noche, el muchacho está sentado como copiloto en la camioneta parroquial
rumbo a Piura. Conduce el Padre Alberto. En el asiento trasero, Alejo le
acaricia los enormes muslos a Marcano y a Miguel aprovechando la oscuridad.
“No puedo creer
que Julio te haya pedido eso”, menea la cabeza el sacerdote.
“Lo que más me
jode es que ahora me saque las reglas de la casa”.
“Oe, Pedro”,
interviene Miguel, “ya tienes DNI azul: independízate”.
“Si tuviera de
qué vivir, lo haría corriendo”, responde el chico.
“A ver,
muchachos, no lancemos consejos precipitados”, aclara el Padre. “Pensemos
fríamente las cosas y veamos salidas… Yo quiero a Pedro dentro del AS, pero
tampoco puedo ofrecerle más…”
“¿Y dentro de
ASs?”, pregunta Alejo al descuido.
Miguel le aprieta
la pierna.
“¡Au, mierda!
Mejor mámame el huevo, cojudo”, reacciona el musculoso en son de broma.
“¿Qué es ASS?”,
curiosea Miguel.
“No es nada”, se
entromete Miguel. “Es lo que le sobra a Alejo y que se lo voy a cachar hoy”.
Una cuadra antes de
la discoteca donde esa noche darán el show porno, la camioneta se para.
“Bajen chicos”,
avisa el sacerdote. “Aguas con los chismosos”.
Marcano, Alejo y
Miguel descienden y caminan hacia el antro.
“Casi la cagas”,
dice el último de ellos al musculoso.
“Puta madre”,
reacciona Alejo. “¿Por cuánto tiempo más le piensan ocultar la vaina?”
“Vaina es la que
te voy a meter por el culo, huevón”, sonríe Miguel.
La camioneta
sigue su camino.
“Alberto”,
inquiere Pedro. “¿Hay algo que debo enterarme y no sé?”
El Padre mira a
su monaguillo: “Algo no; mucho más bien”.
La mano del
sacerdote acaricia el muslo de Pedro.
En el camerino de
la discoteca, Miguel está calato y dejándose untar crema depiladora en su
pecho, axilas, culo y piernas.
“Solo te
recortaré el vello púbico y te afeitaré las bolas”, avisa Flavio.
A su lado,
Marcano y alejo tampoco tienen ropa; se depilan también pero solo en piernas y
axilas.
“Sigo sin
entender por qué tanto secretismo con Pedro sobre ASS”, comenta el venezolano.
“Porque piensa
que estamos afectando al Padre Alberto”, responde Miguel.
“Pero si lo
afecta que hagamos porno, ¿por qué nos ttrajo en la camioneta?”
“Porque el Padre
Alberto es parte de ASS”, al fin se suelta Flavio.
Marcano se
sorprende. Mira a Alejo quien evidentemente se avergüenza y a Miguel quien
evidentemente se incomoda. La puerta se abre. Entra Willy.
“No saben a quién
acabo de encontrarme mientras calibraba las cámaras”, informa sonriendo.
“¿A mi viejo con
una escopeta?”, bromea Flavio.
“No. A Eliezer,
el que se cacha en secreto a José Luis”.
Marcano, Alejo y
Miguel se intrigan. Flavio se pasa el índice por en medio de la raja del culo y
se lo lleva a la boca: “Justo donde lo quería”, sonríe.
Ya pasada la
medianoche, Enrique entra a la sala de su casa en Los ejidos e invita un vaso
con agua a un desconcertado Pedro.
“Ahora ya sabes
por qué Angels Corporation es donante de AS”.
“entonces, el
Padre…”
Enrique acaricia
el muslo de Pedro: “Es una larga historia, pero sí: es el beneficiario, pero
porque este proyecto ya lo conozco de México, cuando Beto lo impulsaba hace
años”.
“entonces…
ustedes ya se conocían”.
“Casi 15 años.
Ahora, sobre la ideota de tu padre, mi sugerencia es que le hagas caso”.
“Pero… yo…”
Enrique acerca su
cara a Pedro y lo besa en la boca: “Confía en mí”, le guiña un ojo.
Justo ahí, el
Padre Alberto baja las escaleras con una ropa más sexy: “Ya estoy listo”,
anuncia.
A 200 kilómetros
al sur, en Chiclayo, Bartolo toma un vodka con naranja en un barcito gay cerca
de la avenida Balta cuando, paseando su mirada por la concurrencia, identifica
a alguien que fuma un cigarro mientras ve cómo dos patas cachan en una
pantalla. Se le acerca sin roche.
“¿Edú?”, le pasa
la voz.
El pata voltea
como resorte y lo mira medio asustado. Veinte minutos después, en un hostal
cercano, ambos entran a un cuarto y comienzan a besarse en la boca en medio de
abrazos y caricias. Al mismo tiempo, se van quitando la ropa. Cuando están
totalmente desnudos, comienzan a revolcarse en la cama mientras sus penes ya
erectos se estrujan uno contra el otro.
“Tienes rico culo
y rico cuerpo, pero no tengo condones”, advierte Edú.
“Tengo uno… ¿te
la meto o me la metes?”
“Puedes hacerme
vaciar sin que te la meta o me la metas?”
“Corrección, Edú:
ambos vamos a vaciarnos al mismo tiempo sin meternos la pinga”.
Comienzan a mover
sus pingas mientras la cascada de besos y caricias se sucede una tras otra. Entonces Bartolo se sienta sobre la verga de
edú masajeándola con la raja de sus nalgas; Edú se sienta para que el falo del
otro chico se roce en su abdomen. Es la pajeada mutua perfecta sin usar las
manos. Bartolo mueve su culo con una rapidez de bailarín; edú, a pesar de la
postura, también cimbra su cadera mientras chupa las tetillas de Bartolo.
“Voy a eyacular,
mierda”.
“Yo estoy
enterito”, sonríe Edú.
“Ah, mierda. Ah,
se me viene la leche. Ahhh”.
Bartolo riega su
esperma entre su vientre y el de Edú, y se detiene. Besa a su amante ocasional.
“Perdona por
adelantarme”.
“Pierde cuidado…
quizás se debe a que me pajeé antes de ir al bar”.
“¿Por qué
desapareciste de San sebastián?”
“Porque… porque
tengo VIH”.
Bartolo se
sorprende al primer segundo, pero recuerda que está entrenado para recibir y
asumir ese tipo de respuestas.
“en vez de huír,
deberías estar calificando para recibir tratamiento: el que tengas VIH, no
significa que dejes de tener sexo, claro,con protección”.
“Si regreso,mi
único apoyo y amante serías tú”.
“Te equivocas:
creo que Marcano te apoyaría también. En mi caso… no sé si quiero regresar”.
“¿Y por qué no
quieres regresar a San Sebastián, donde se come y cacha rico?”
“Hoy en el bus,
tempranito, se la estaba chupando a alguien y…”
“¿Te
descubrieron?” Edú casi se carcajea.
“No me parece
gracioso”, reclama Bartolo. “Seré la comidilla”.
“Mira: si algo
estoy seguro sobre San Sebastián es que donde menos pisas, hay un gay caletaza
y calatazo. Eso sin contar las declaradas, las tracas”.
Bartolo mira
fijamente a Edú: “Si tú regresas, yo regreso”.
“¿En serio me
apoyarás?”
“Dicen que eres
el mejor cachero de la ciudad… ¿por qué no hacerlo?”
Edú sonríe, besa
de nuevo los labios de Bartolo, se acuesta encima suyo: “Ahora me toca
derramarte mi leche, ¿te parece?”
Esa tarde, un
hombre en sus treinta llega al departamento y se lo presentan a Fernando.
Reconoce al chofer del Corolla quien comienza a quitarse toda la ropa. ¿quién
iba a pensar que bajo esa polera y ese jean anchos hay un cuerpo digno de
campeonato de men’s physique, esa
casi nueva disciplina en la que más que el volumen, importan la definición y la
armonía, sin descartar las curvas propias de los músculos?. Escalante da
indicaciones y se coloca detrás de César, quien ha puesto la cámara de
televisión sobre un trípode entre tres reflectores. El reducido elenco y el
equipo mínimo están desnudos.
“¡Acción!,
indica Escalante.
Fernando y el
chofer se aproximan, abrazan y besan, se rozan todo el cuerpo. Sus pingas se
ponen al palo poco a poco. Fernando se arrodilla, coge la verga grande y gorda
del otro modelo y comienza a mamarla con entusiasmo, se la mete toda, como un
tragasables. Luego se pone de pie, practica una suculenta guerra de espadas,
gira y se apoya en el sofá. El chofer ahora se arrodilla para hacerle un beso
negro con las consiguientes nalgueadas. César acerca la toma con el zoom. La tiene durísima. Lo mismo
Escalante, quien se la masajea con la mano.
“No paren”,
pide el camarógrafo quien acerca más la lente y reacomoda las luces para que su
sombra no se proyecte.
“que no se me
note mucho la cara, huevón”, pide el chofer.
“No pierdas
el ritmo; confía en mí”
El actor
continúa metiendo su lengua al ano de Fernando. Luego se para y le comienza a
clavar su verga poco a poco. Lo bombea lento y va aumentando la fuerza de las
embestidas, poco a poco. Los gemidos y jadeos de ambos se incrementan, poco a
poco. César aprovecha para tomar la cara de Fernando, quien no finge gozárselo:
¡lo goza!
Escalante
aprovecha que su camarógrafo está agachado, mostrando su ano cerradito, le
acerca su pinga y se la soba entre las nalgas, poco a poco.
El chofer no
resiste más y dispara su semen dentro del ano de Fernando quien fuerza los
músculos de su vientre y expulsa pedos para demostrar que el esperma estaba
allí dentro. El fluido cae por sus abductores.
César corta
mientras Escalante pone un plástico que cubre el piso y el sofá; entonces, el
chofer besa el cuello del otro actor ocultando su cara tras la nuca.
Fernando está
de pie masturbándose cada vez más fuerte, más fuerte, más fuerte. Da un gran
gemido. Dispara toda su leche. Se relaja moviendo su culo en el paquete del
chofer a ver si puede estimularlo. Lo logra.
“Corten”,
dice Escalante.
César apaga
la cámara.
Cuidándose de
no pisar el semen que ha caído en el plástico, Escalante se para sobre él, hace
que Fernando se agache y que le mame la pinga erecta. El chofer, que también la
tiene dura otra vez, cede el turno a César, quien no demora más tiempo e
introduce todo su falo en ese hoyo goloso a pesar que ya no está tan dilatado
como durante la grabación; pero así apretadito se siente más rico, piensa.
El chofer se
arrodilla en el sofá de tal manera que pueda poner su miembro a la altura del
ano de Escalante, echa saliva a la cabecita, hace que se incline un poco y se la zampa pasito a paso.
Por su lado, César
no aguanta y eyacula dentro del ano de Fernando.
La cosa entre
Escalante y su chofer aún tiene para buen rato.
La luz de
Lima tras la ventana de la sala, en aquel departamento miraflorino, comienza a
pasar del blanco al negro.