domingo, 9 de septiembre de 2012

Fantasías: El ayudante del chofer

Hunks of Piura

Estaba viajando de Huancabamba a Piura. Era de noche. Venía de hacer una supervisión, y el bus estaba particularmente vacío. De hecho, en la hilera de asientos donde yo estaba, no habían pasajeros.

Desde que salí de esa ciudad, me llamó la atención el ayudante del chofer: un muchacho, como de 25 años, cuerpo bien formado, sin llegar a ser musculoso, algo blanco, ojos marrones claros, cabello lacio, algo castaño, y una sonrisa agradable.

El chofer lo trataba como “Colora’o”.

Vestía un polo blanco pegado y un jean pitillo, lo que dejaba ver unas piernas bien desarrolladas y un trasero que, sin ser grande, parecía firme y sexy. Constantemente se paseaba por el pasillo, para ver los sitios vacíos, así que era imposible no verlo y alucinar con su figura.

Así, pasando las horas, me quedé dormido.

Cuando desperté, vi a través de la ventanilla, pero no reconocí el Terminal de Castilla, donde llegan los buses. El mío estaba detenido.

Cogí mis cosas, y me dispuse a bajar cuando por la puerta del pasillo, apareció el “Colora’o”.

-          Disculpa, ¿dónde estamos?

-           En el terminal, amigo.

-           Pero, ¿cuál terminal?

-           ¿Por qué? ¿Dónde debías bajarte?

-           En Castilla.

-           Uhhhh… estamos bien lejos. Me hubieras dicho para pasarte la voz.

-           Puta. Yo no conozco por acá.

-           Pero hay buenos hoteles, por acá.

-           Es que… no tengo plata para un hotel. Lo que me queda es para mi taxi, que me lleve a mi cuarto.

-          Así, conversando, me di cuenta que él se iba hasta el fondo del bus y sacaba unas cobijas, las tendía en el suelo.

-           Mañana tempranito regresaremos a Castilla.

-           Y tú, ¿dónde vas a dormir?

-           Aquí en el bus.

-          Nos miramos por un momento.

-           Mira, pata. Si quieres puedes quedarte aquí a dormir, y mañana tempranito te regreso a Castilla.

-           ¿qué otra opción tengo?

-          Entonces, el chico se sacó el polo. Su torso lampiño era espectacular: dos pectorales bien formados, y un abdomen lleno de cuadritos, además de unos brazos bien definidos. De inmediato, se quitó su pantalón, dejando ver esas piernas de futbolista, marcadas y amplias. En ese momento, lo único que vestía era un slilip blanco entallado, que le marcaba un considerable paquete, y un par de medias deportivas. Se echó sobre las cobijas.

-          Yo seguía sorprendido por la naturalidad con la que se quitó la ropa. Me senté en un par de asientos, y me acomodé para pasar la noche. No quería que se diera cuenta que aquel cuerpo me había excitado.

-           ¡Pata! ¿Dónde estás?

-           Aquí, en este asiento.

-           Allí vas a dormir incómodo.

-           ¿Qué sugieres?

-           Acá tengo espacio.

-          Me levanté y avancé hasta donde él estaba. Se había acostado de lado.

-           ¿No te da frío?

-           El bus está bien cerrado. De aquí comenzará a hacer calor. Acuéstate aquí. Estarás más cómodo.

-          No lo pensé tanto, y me acosté a su lado, totalmente vestido.

-           ¿Vienes de Huancabamba, no?

-           Sí. Estaba haciendo una supervisión.

-          De pronto, comencé a sentir calor. El “Color’ao” lo notó.

-           Sácate la ropa. No te ahueves. Somos hombres, ¿no?

-          Me levanté, y me saqué mi chompa, mi camisa, y mi pantalón. Debajo tenía un boxer blanco y mis medias. Volví a acostarme.

-           Carajo, pata. Estás en forma.

-          Con el tiempo que tenía, cuando podía iba al gimnasio, a hacer full.body y algo de pesas. Pero mi plato fuerte era mi culo.

-           Se hace lo que se puede.

-           Oye, y ese es un boxer, ¿no? Parece un material medio raro.

-           Sí. Lo compré en Lima.

-           ¿Puedo tocarlo? Digo… si no te incomoda.

-           No. Normal.

-          El “Colora’o” pasó su mano por mi cadera, y fue como si hubiera activado una terminal eléctrica.

-           ¿Te incomodé?

-           No. Es que… ¿cómo te lo digo?... Activaste una zona sensible.

-           Ala puta. Ddisculpa.

-           Normal.

-          El “Colora’o” siguió acariciando mi cadera, y me fue imposible contener mi erección. A la mierda, dije. Dejé que mis 16 centímetros se marcaran.

-           Mi zona sensible es el cuello. Me arrecha cuando me lo besan suavemente.

-           Igual yo. Casi todo mi cuerpo es sensible. Por eso procuro no toparme con las demás personas.

-           Pero aquí donde estamos, eso sucederá de todos modos.

-           Digamos que en el poco tiempo que hemos conversado, me inspiras confianza.

-           Gracias. Tú también.

-          El “Colora’o” deslizó su mano, un poco más arriba, hacia mi cintura. Suspiré.

-           Pata, parece que estás arrecho.

-           La verdad, sí. No sé… si pudiera… acariciarte.

-           Claro. Con confianza.

-          Pasé mi mano por su cadera y su cintura. De inmediato, él me abrazó, y juntó sus labios a los míos. Fue un cálido beso. Comencé a saborear sus labios, y, de pronto, mi lengua exploraba su boca. Él me abrazaba fuerte, y fue cuando pude sentir su pinga dura. No reparé en el tamaño, pero, en ese momento, sólo quería sentir sus labios.

-          Su mano se metió en mi boxer, y comenzó a acariciarme una de mis nalgas. Yo hice lo mismo: las tenía duras.

-          Así, giramos un poco, y logré que su cuerpo descansara sobre el mío. Abrí mis piernas y rodeé su cintura. Él comenzó a mover su cadera, frotando su verga contra la mía.

-          Sentí cómo su boca besaba tiernamente mi cuello. Yo comencé a gemir. Sus labios recorrieron mis pectorales, y chupó mis dos tetillas. Siguió por mi abdomen, hasta llegar a mi boxer. Se arrodilló, y me lo quitó. Besó mis piernas, y fue subiendo hasta llegar a mis nalgas.

-          Lo siguiente que sentí, fue su lengua lamiéndome el ano. Comencé a masturbarme. Estuvo así varios minutos, logrando dilatarlo. Entonces, se puso de pie, y se quitó su slip. Una hermosay gruesa verga, algo desviada a uno de los costados, saltó. Calkculo que tendría unos 17 a 18 centímetros.

-          Se arrodilló de nuevo, puso mis piernas en sus hombros, y comenzó a sobarme su palo en la raja de mi culo.

-           ¡Quiero cacharte, pata!

-           ¿qué esperas?

-           ¿Tienes forros?

-          En el bolsillo de mi mochila.

-          En pocos segundos, el “Colora’o” protegía su rica pinga con el latex, se arrodilló de nuevo, y en ese piernas-al-hombro, comenzó a introducirme su miembro.

-          Cuando la cabeza de su pene entró en mi ano, sentí un extraño dolor. Por un lado, la incomodidad de la penetración, pero por otro, la arrechura del momento,  hizo  que pidiera más: la quería toda adentro.

-          Despacio, ese pedazo de carne erecto fue entrando hasta que nada quedó fuera. Entonces, el “Colora’o” comenzó a bombearme suavemente, mientras sus manos recorrían todo mi cuerpo. Yo también comencé a acariciarlo. ¡Qué suave era su piel!

-           ¿Te gusta cómo te cacho, pata?

-           Cachas de la puta madre.

-          Entonces me sacó su pinga, se puso de pie, hizo que me parara, y me pidió que me apoyara en uno de los asientos. Mientras yo veía la ventanilla del bus, él me cogía las nalgas, y me la metía de nuevo. Esta vez comenzó a bombearme con fuerza, haciendo que sus caderas sonaran cuando chocaban con mis nalgas. Gemía fuerte. Yo también.

-           ¡Qué rico mueves tu culo, pata! ¡Sigue así! ¡Ahhh!

-          Con una de mis manos, le agarré su nalga izquierda, se la estrujé, luego la metí debajo de mis huevos, y le acaricié los suyos.

-          De pronto, comenzó a gemir más fuerte, y a incrementar la velocidad del bombeo.

-           ¿Te gusta cómo te cacho?

-           Sí, Colora’o. Destrózamelo.

-          Dicho esto, hizo que me pusiera de pie, y que me acostara boca arriba en el otro par de asientos, justo donde estaba mi mochila. Me levantó las piernas, me la metió de nuevo, y comenzó a bombearme velozmente.

-          Esta vez no censuramos más los gemidos, y todo ese espacio se llenó de ellos. Aproveché para masturbarme de nuevo, lo que había dejado porque sentía que la leche se me iba a salir.

-           ¡Las voy a dar, pata. Las voy a dar!

-          Sacó su pinga, le quitó el condón, se la sobó fuertemente, y chorros de leche espesa aterrizaron sobre mi abdomen y pecho. Casi de inmediato, mi leche salió y se mezcló con la suya. Lo miré, jadeando, cerré los ojos fuertemente y…

-           ¡Pata! ¡Pata! Llegamos al terminal.

-          Estaba recostado sobre los dos asientos, pero vestido. El “Colora’o” me estaba pasando la voz.

-           ¿Dónde estamos?

-           En el terminal de Castilla. Ya llegamos.

-          Agarré mi mochila, y comencé a caminar para salir del bus. Estaba vacío.

-          Cuando llegaba a la ppuerta, el chico me detuvo.

-           Pata, ¿conoces aquí hospedajes para pasar la noche?

-           ¿No tienes familia aquí?

-           No. ¿Sabes de alguno?

-          Reflexioné un rato.

-           Oye, ¿y por qué mejor no vienes a mi cuarto? Es aquí en Miraflores.

-           No, pata. No te quiero incomodar. Además, apenas me conoces.

-           ¿Tienes otra opción?

-          El “Colora’o” lo pensó por unos segundos. Me dijo que esperara y fue a sacar sus cosas.

-           Ya pues, vamos.

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres son ficticios. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

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