jueves, 25 de octubre de 2012

La Parcela (24 - final): Mi parte de la herencia

Hunks of Piura

En una vieja moto, José y Pancho no dejaron de preguntar a lo largo del camino por la camioneta de Jano.

Debido a la hora de la mañana, muy pocas personas pudieron dar referencias, ya que el vehículo había pasado a velocidad, hasta que estuvieron a pocos kilómetros de un control policial.

-          ¿Nando habrá sido tan avezado que passó en las narices de la Policía?

-           Si supieras, José. Ese huevón se acostó con jueces, fiscales, policías… una vez nos contó que lo contrataron para una orgía.

-           Sí, ya sé cómo es eso.

-          Una señora apareció por un costado del camino, maldiciendo. Pancho y José se miraron extrañados.

-           ¿qué pasó, madre?

-           Un blanquiñoso desgracia’u pasó a la carrera, y casi se lleva mis ovejitas.

-           ¿En una camioneta negra?

-           Sí, por ahí se jueron.

-          La mujer señalaba un desvío de tierra. José arrancó la moto y se acercó.

-           Es la huella, huevón. ¡Se fueron por aquí!

-           Señora. Avise a la ronda, a la policía. ¡están secuestrando a una persona!

-           A ver, ¿cómo es eso?

-           Señora, no pierda tiempo. Que sigan el rastro de la camioneta.

 

En otro automóbil, Jerry y Raúl, desesperados, llevaban a César mal herido y casi inconsciente.

-          Resista, doctor. Ya casi llegamos al hospital.

-           ¿Jerry, ¿viste a Pancho y José?

-           No, no me di cuenta.

-          El control policial detuvo la carrera del auto.

-           ¿Por qué el apuro, maestro?

-           Jefe, llevo un herido.

-          El atlético policía se acercó. Era el mismo que semanas antes había parado a Jano, para pedirle documentos. Se aproximó a la ventanilla.

-           ¡Doctor! ¡Mierda!

 

en un desvío imperceptible, cubierto de algarrobos, Nando, quien punzaba con una navaja el costado de Jano, ordenó detenerse.

Se quedaron inmóviles y callados por largos minutos. Nando temblaba, y Jano estaba cargado de una inusual tranquilidad, teniendo en cuenta que el filo punzocortante podría rasgarle la ropa y la piel en cualquier instante.

-          ¿Y ahora qué, Nando? ¿Me matarás? ¿Repetirás la historia de tu padre?

-           ¡Calla, mierda! ¡No tienes ni la más puta idea de quién fue mi padre!

-           Ya no es un secreto. Por lo menos, no en la parcela.

-           Mira, huevón. Bueno fuera que Zacarías hubiera sido mi padre, pero él sólo me firmó.

-           Entonces, ¿por qué haces todo ésto?

-           Porque también soy dueño de esa parcela.

-           ¡Por favor, Nando! Fuimos pareja, pero eso…

-           ¡Calla, imbécil! Se nota que no sabes nada. María, mi madre, la que tu vieja botó como una perra, cometió el error de meterse con tu viejo.

-           ¿qué dices?

-           Cuando tu vieja la botó, mi mamá estaba embarazada de mi.

-           No. No puede ser. ¿quieres decir que tú… y yo… somos… ¿

-           Así es… hermanito. Tu familia nunca nos quiso dar nuestro lugar, y mi vieja sufrió lo que no sabes para sacarnos  adelante, para conseguirme una carrera. ¿Crees que lavando ropa vas a tener una vida digna? ¿Crees eso, carajo?

-           Pero Nando, pudiste haberlo hecho de otra forma.

-           Si tu vieja no nos dejaba, mierda. Cuando te conocí en esa disco de ambiente, y supe quién eras, prometí que recuperaría lo mío. Y hoy es el día.

-          Nando volvió a poner la navaja en el cuello de Jano.

-           Adiós, hermanito.

-          Un trueno, seguido de un cristal hecho trizas se oyó. Nando sonrió pendejamente… y se desvaneció en el asiento. En el vidrio, un gran salpicón de sangre se imponía sobre el fondo verde del bosque seco, húmedo por la lluvia.

-          Jano también se desvaneció.

 

O0o0o0o

 

En su cuarto, los besos apasionados entre Pancho y Raúl no cesaban. Las caricias eran interminables. Apenas había amanecido, y ambos salían de la ducha, apenas cubiertos por la cintura, en una toalla.

Pancho deshizo el nudo de la de  Raúl, y la tiró sobre la cama. El pene del chico estaba creciendo poco a poco. Nuevos besos y caricias. Raúl aprovechó para repetir el gesto con Pancho.

Así, totalmente desnudos, con una erección en progreso, se echaron sobre la cama. El cuerpo musculoso de Pancho descansaba sobre el físico marcado de Raúl. Su pelvis comenzó a masajear la del chico bajo su piel. En cuestión de un minuto más, ambas vergas estaban durísimas y secretando fluído pre-seminal.

Pancho rodó, dando la oportunidad de que Raúl ocupe su lugar y el turno para que frotara su pelvis. Raúl besó el cuello de su enamorado, y un gemido se escapó. Las piernas de Pancho se elevaron hasta aprisionar la espalda de Raúl.

-          Métemela por el culo.

-          Raúl sacó un condón de su mesa de noche, y comenzó la lenta penetración. Pancho jadeaba, de tal manera que la introducción de los 17 centímetros de su amante, amigo y todo lo que él quería, fueran más placenteras.

-          Cuando Raúl concretó la penetración, comenzó a moverse con más fuerza y a gemir. Sus manos se paseaban por las inmensas nalgas de Pancho, por su pecho, pellizcaba cariñosamente sus tetillas hasta verlas erectarse. Pancho no se quedó atrás: acariciaba todo lo que tenía al alcance de su mano.

-          De pronto, vio un gesto conocido en el rostro de Raúl.

-           ¿Las vas a dar?

-           Sí, mi amor.

-           Aguanta.

-          Pancho hizo que Raúl retirara su pene, tomó otro condón, se masturbó un poco y se lo puso hasta que su pinga se puso dura como roca.

-           Siéntate, amorcito.

-          Raúl colocó el glande de Pancho en su ano, y poco a poco fue bajando hasta que desapareció toda la pija dentro de su culo.

-           Así, mi amor. Cómetela toda.

-          Raúl estuvo brincando y dándose un masaje con los 19 centímetros de gruesa carne.

-           Pancho, me gustas tanto, amor. Te amo, carajo. ¡Te amo!

-          Pancho acariciaba a Raúl con pasión, hasta que sintió la inminencia del orgasmo.

-           Me vengo, me vengo.

-          Raúl levantó su culo y se sentó sobre los voluminosos muslos de su chico. Ambos se la corrieron hasta casi eyacular al mismo tiempo sobre el pecho y el abdomen de Pancho.

-          Raúl se agachó para besarlo profundamente en la boca, hasta que escucharon un claxon conocido.

-           Son ellos. Lavémonos y vamos.

 

En el estacionamiento principal de la parcela, José y Jerry recibiían a Jano y David.

-          ¿Qué tal el viaje, Jano?

-           Ahí, como siempre, José. ¿Todo en orden?

-          Casi atropellándose, Pancho y Raúl aparecieron a saludar. Como venían vistiéndose en el camino, Raúl terminó con el polo al revés. Todos se rieron.

-           ¿Cómo está Wilfredo, Jano?

-           Bien, Raúl. Mucho mejor. La vaina es que su juicio saldrá en un par de meses más.

-           Mierda. Y recién lleva dos mesesadentro. ¿Crees que lo condenen?

-           Tuvo relaciones con un chibolo de 16. todo lo incrimina, Pancho. La buena noticia es que como aceptó su culpa, puede que le reduzcan la pena.

-          Pancho se disculpó y fue a ver su mochila para ir a la ciudad. Hacía un mes que sus clases comenzaron de nuevo. Raúl lo ayudó.

-           Todo estará bien, mi amor. ¿Nos vemos esta tarde?

-           Claro. Te amo, Pancho.

-          Ambos se besaron en la boca. El moreno musculoso y culón salió a tomar su carro. Raúl, Jerry y David se fueron a la cocina. Sólo quedaron José y Jano. El capataz vestía su clásico polo ceñido y un jean que, aunque suelto, le marcaba la musculatura; el dueño de la parcela con sus clásicos polos de Looney Tunes, y sus bermudas playeras.

-           Qué lindo que Pancho y Raúl se entienden.

-           Sí, José. Chambearon duro todo el verano.

-           Bueno, sí, me consta. Todas las noches los oía follar como locos.

-           Jajaja, José. Fue una de las pocas cosas buenas que hizo Nando.

-           Puede ser. ¿Cómo quedó Gabo?

-           Hoy comienza a estudiar Cocina. Espero que no le serruche el puesto a Jerry, jajajaj. Además, acompañará a mi vieja.

-           Jano, ¿y qué dijo ella de tu decisión de modificar el testamento de tu viejo?

-           No lo acepta, pero le hice entender que es lo legal. La vieja de Nando tiene todo el derecho del mundo a recibir una parte de la parcela. Yo hablé con la señora, y le dije que todos los meses iba a recibir la parte proporcional de las ganancias.

-           ¡Qué mierda! O sea, se salió con la suya ese huevón de Nando.

-           Aunque no nos guste, es lo justo. Además, existe el parentesco.

-           Aunque Nando nunca se comportó como tu hermano. Aprovechó su pinta de modelo, culturista y actor porno para seducirte y estafarte.

-           A mi, a David, a Jerry, a Raúl, a Pancho, hasta el pobre de Gabo. ¿sabes que Gabo se siente pésimo por ser quien delató a Wilfredo?

-           Cuando Wilfredo me dio las llaves, me dio mala espina. Pero cuando Gabo me lo contó todo, en la ducha, no me quedaron dudas. Supe que estabas en peligro, Jano. Temí perderte otra vez.

-           Y siempre te lo agradeceré, José. Sin tu astucia, tu garra y… bueno, y el cariño que me tienes, quizás no estuviera aquí para contarlo. Te debo la vida.

-           No fue nada, Jano. Te lo prometí. ¿Y cierto que trasladaron a Zacarías?

-           Sí, aunque la novedad es que quiso escaparse del otro penal… y lo mataron.

- ¡Mierda! De veras, ¿Nando se recuperará?

-           Los doctores dicen que no. La pedrada fue tal que casi pierde la visión, pero se quedó mudo… y cuadrapléjico. Aunque va a pasar rehabilitación, los doctores creen que el resto de su vida… pucha, pobre Nando. Si lo vieras, está adelgazando. Peor ahora que sabe que César lo ha denunciado, encima está mi denuncia. Pobre, se jodió la vida.

-           Qué tal puntería la de ese rondero. Al menos la familia de Nando podría invertir la parte de sus ganancias en la rehabilitación. Dicen que es cara.

-           Eso espero, porque su primo no me da confianza.

-           Pero, tú tranquilo. Todos aquí somos de tu confianza, Jano.

-           Hace un momento insinuaste que no debía confiar en los fortachones, cuerpo de culturista, stripper y actor porno… entonces, ¿qué hago contigo, José?

-           Puta. Nos vamos a las patadas.

-           ¡es broma, cojudito! Espero que algún día pueda corresponderte tanto como tú me aprecias.

-           No te aprecio, Jano. Te quiero con toda mi alma. Pero… tienes razón. Esperaremos.

-          Jano tomó la mano de José y la apretó.

-           Las cosas serán mejores para todos. Ya lo verás, José.

-          Ambos se miraron fijamente. Los ojos de José comenzaron a llenarse de lágrimas. Jano lo miró con una nueva expresión. ¿Acaso era hora de voltear la página… o repasarla?

-           Yo también te quiero, José.

 

FIN.

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí. Si quieres repasar toda la serie, haz click en la etiqueta “la parcela”, o busca en Google como “hunks Piura la parcela”.

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