miércoles, 8 de agosto de 2012

Casa De-Formación (5): El cuerpo de dos hombres fuertes

A las cinco de la mañana, Manuel se despierta. Aún está oscuro.
Se baja de la cama y busca una camiseta algo raída y un short, el mismo que utilizaba para las clases de Educación Física. Un par de medias, zapatillas, y, sin hacer ruido, sale del dormitorio, donde se filtra la luz del alumbrado público.
Jonatan está durmiendo con la cara hacia la pared, destapado, sólo vistiendo un calzoncillo que consta de un taparrabo cosido a una delgada pretina elástica. Como ha flexionado una pierna, parte de la tela se le introduce entre las nalgas.
Manuel contempla al durmiente por unos segundos, gira lentamente la perilla de la puerta, y sale casi en puntillas. También se ha cuidado de que, al cerrar, no hiciera ningún ruido.
La azotea sigue con la luz prendida.
Gana la escalera y baja con cuidado pues está oscura. Abajo, el patio está iluminado. Según él recuerda, la noche anterior lo dejó con la luz apagada, por recomendación de los Reverendos.
A mitad de descenso, iescucha el ruido de metal que choca y luego unos jadeos…
Reduce su velocidad y se agazapa mientras sigue bajando.
Cuando ya puede ver al primer piso, descubre una persona vestida en un ceñido traje gris oscuro y  corto, acostada sobre la banca, levantando una barra con grandes discos a los extremos. La proyecta al cielo, extendiendo sus brazos, y luego la contrae llevándola sobre su pecho. Inspira. La regresa hacia arriba. Espira por la boca.
Repite la acción unas diez veces, y deja la barra sobre un soporte. Entonces, la persona se sienta.

-         ¿Reverendo Alexander?
El religioso voltea a verlo. Está sudando. Su copete tipo Elvis está destrozado.
-         Manuel… buenos días.
-          Buenos días. No sabía que estaba entrenando a esta hora.
-          Siempre lo hago. ¿Vas a entrenar?
-          Sí. Me gustaría, pero no sé cómo usar esos aparatos.
-          Yo te enseño. Ven.
El Reverendo Alexander sonríe, mientras Manuel se acerca con toda confianza.
El religioso va a una mesita, abre un cajón, y saca algo enrollado de color blanco. Lo extiende.
-         Quítate el polo, el short y las zapatillas.
Manuel se queda de una pieza, y mira casi con estupor a su superior. El Reberendo se ríe mientras desenrolla la cinta métrica y se agacha para sacar una báscula de baño (y, al agacharse, muestra un culo fuerte y sexy, más o menos prominente, que se le marca con la ropa ajustada, que se le mete por la raja entre las nalgas).
-         Necesito medirte y pesarte para saber qué rutina aplicar. ¿Nunca has ido a un gimnasio?
-          No. Nunca. – Manuel se queda en calzoncillo y descalzo (tenso), mientras la cinta le va aprisionando diferentes partes del cuerpo.
-          A ver. 116 de hombros… alza los brazos… 103 de pecho… 91 de cintura… 97 de cadera… separa tus piernas… 56 de muslo… ¡huau! 38 de pantorrilla… haz punche… así… 36 de bíceps: ¡bien!... sube acá… 74 kilos; ¿cuánto mides?
-          Metro setenta.
-          Mmmm. En general estás bien. Sólo hay que trabajar esos abdominales para marcarlos y reducir cintura un poco, aunque tu vientre se ve plano.
-          ¿Y cómo haremos eso?
-          Ejercicio y dieta saludable… Vístete que vamos a comenzar… por cierto, esa ropa no te va a permitir muchos movimientos.
-          Es la única que tengo… bueno y otros polos que uso para deporte.
-          OK. No te preocupes. ¿Comenzamos?
El Reverendo Alexandersaca unas colchonetas y enseña los primeros ejercicios. Mientras él también entrena, va mirando cada que puede a su flamante alumno, lo guía, y Manuel no tarda en sentir dolor en la zona abdominal.
-         Ésa es buena señal. Quiere decir que el ejercicio está haciéndote efecto.
La luz del amanecer comienza a competir con el foco del patio.
Ahora, el Reverendo le enseña a Manuel algunas lagartijas, y lo acompaña desafiándolo a hacer un poco más.
-         Listo. Suficiente por hoy. Vete a bañar. A las siete debemos juntarnos para la oración de la mañana.

Manuel regresa al dormitorio. Jonatan está desnudo, sentado sobre su cama, secándose los pies.
Esta vez, Manuel puede apreciar el miembro de su compañero de cuarto, flácido. No parece grande, y el prepucio claro, aunque arrugado, no deja ver el tipo de capullo que el joven tiene. Lo corona una matita de vellos cortos y  algo ralos (Jonatan es lampiño casi por completo, excepto algunos ppelitos en la parte baja de las piernas y las axilas); debajo, un escroto grande que descansa sobre el colchón, y sube y baja involuntariamente conforme el chico se va secando.
-         ¿Dónde estabas?
-          Abajo, entrenando… con el Reverendo Alexander.
-          Ah, con Alex. Pensé que ibas a entrenar conmigo.
Jonatan se pone de pie, cierra bien la puerta y se dirige a buscar su ropa.
Manuel puede ver, otra vez, el glorioso trasero de la víspera. Traga saliva, pues Jonatan se ha inclinado. Su pene comienza a endurecerse.
El chico desnudo consigue lo que busca, se voltea y sonríe al ver la cara de casi-éxtasis del otro formando , quien enrojece. Con la mano libre, el que sería símbolo de la  estética masculina de la Grecia de Oro le da una breve caricia en el cabello.
-         Anda, dúchate. Disculpa por quedarme dormido. Es la primera vez en mucho tiempo que duermo ocho horas corridas. ¿Sabías que dormir ocho horas es bueno para la salud?
Manuel busca su toalla, se quita las medias y las zapatillas, y se calza sus sandalias.
-         Pero prométeme que mañana entrenamos juntos.
-          Claro.
-          Ah, ponle seguro a la puerta para que te bañes tranquilo.

Justo al salir, Pedro hace lo mismo desde la habitación que comparte con Darwin. Va somnoliento. Lo ve, le da los buenos días con una sonrisa de oreja a oreja, y se queda estático.
-         ¿Demorarás en bañarte?
-          No creo. Salgo al toque.
-          Mejor te espero, ¿sí?
-          Ya.
Mientras Manuel entra al baño, Pedro se sienta en el sofá de metal que Jonatan transportó la noche anterior. Ve que las puertas de los dormitorios que ocupan los cuatro están cerradas.

Jonatan ha terminado de ponerse un pantalón de drill, fresco. Aún no lo abotona.
Unos golpes débiles se oyen en la puerta. ¿Manuel necesitará algo?
-         ¡Entra!
-          Hello!
Es Pedro, toalla al hombro. Viste un bibidí blanco y debajo un bóxer de licra del mismo color.
-         ¿Estás simpático esta mañana. ¿Dormiste bien?
-          Sí…. Gracias.
Jonatan se pone rápidamente una camiseta sin mangas. Va a peinarse.
-         Esa manga-cero te queda lindísima.
-          Gracias… ¿Necesitas algo?
-          No. Nada. ¿Te incomodo?
Jonatan lanza una mentira piadosa.
-         No. Para nada.
Para Pedro, esto es clave y da un paso dentro del dormitorio.
-         Huele rico aquí.
-          Creo que son las zapatillas de Manuel.
Pedro se ríe, tapándose la boca.
-         Me gusta tu sentido del humor. Eso te hace… atractivo.
-          Mira, Pedro: un favor bien grande. Cuando vengas acá trata de ponerte algo encima del bóxer. ¿Podrás?
Jonatan está mirando a los ojos de Pedro; pero, éste entiende que no es un gesto amistoso. Frunce el ceño.
-         Está biennn. Pero no deberías ponerte así conmigo. Sólo trato de ser tu amigo.
-          Y lo serás; pero, los amigos tienen reglas.
-          Entiendo. No volveré a molestarte. Bye.

Cinco minutos antes de las siete de la mañana, el Reverendo  Rafael llega y se sienta en la capillita, que es, en realidad, un hall del segundo piso ambientado con algunos trapos de colores. Enciende una vela, y se sienta a meditar. Luego aparecen los Reverendos Roberto y Alexander, quienes ocupan sus sillas en silencio.
Los chicos hacen barullo al entrar. Al ver el recogimiento, paran el ruido, y se sientan.
-         Tomémonos  las manos. Vamos a orar para que esta experiencia sea constructiva para todos nosotros.
Jonatan toma la mano de Manuel, éste la del Reverendo Rafael, éste la de Darwin, quien forma eslabón con los Reverendos Roberto y Alexandery éste último toma la de Pedro.
-         Cerremos el círculo.
Jonatan se aproxima a tomar la mano del último chico, pero éste la recibe hoscamente, como queriéndose liberar de ella. Jonatan lo mira seriamente, y termina aferrándosela con fuerza. El resentido mide las cosas… se deja… se complace… es la mano del ‘cuerazo’ de la casa sosteniendo la suya… siente una conexión.
Se estremece y suspira muy quedo.

Durante el desayuno, Pedro intenta hacer contacto visual con Jonatan. Esa mirada… esa mirada.
No lo consigue.
Tampoco durante las clases de la mañana, ni en la preparación del almuerzo, ni cuando comen, ni cuando Jonatan va a buscar a Darwin para entrenar (y lo espera por diez minutos a que se cambie –un strip-tease para Pedro, sin proponérselo).
De pronto, siente que alguien abre una puerta. Se asoma. No es en el dormitorio de Jonatan y Manuel –quien ahora está aprendiendo a tocar guitarra con el Reverendo Rafael-, sino en la pieza que parece vacía.

Espía.
Es Jorge.
Está barriendo lo que parece otro dormitorio, a juzgar por la cama y la cómoda en uno de los lados. En vez de ventana, tiene un tragaluz horizontal justo debajo del techo. Entra algo de sol que, con el polvo, forma un haz.
El ‘muchacho de servicio’ está desnudo del torso: grandes pectorales tapizados de vello casi imperceptible, abdominales marcadísimos, vrazos voluminosos, muslos enormes y pantorrillas de campeonato. Su gran trasero está oculto debajo de su short negro suelto pero entallado; delante, el paquete es evidente.
La presencia de Pedro parece no incomodarle, pues si antes apenas se veía su rostro, ahora mete más el tronco, una pierna, la otra pierna.
-         ¡Pedrito! ¿Qué hay?
-          Escuché… algo… y… vine a ver.
-          O sea, te gusta el polvo, ¿no?
La sonrisa palomilla de Jorge dice mucho para el delgado y adolescente espectador.
-         Entra. ¿Por qué no me ayudas a arreglar?
-          Vendrá alguien más?
-          Sí. Desde mañana, y debo dejar todo listo, probado y aprobado.
-          ¿Quién es?
-          Ya sabrán mañana.
Junto a Pedro, el dormitorio queda en condiciones en sólo cinco minutos más.
-         Terminamos rápido.
-          Sí, pero falta una cosa.
-          ¿El nuevo chico?
-          No. Probar la cama. ¿Me ayudas?
-          ¿Qué debo hacer?
-          A ver. Hagamos de cuenta que ya lo están usando. Entra el chico, y ¿qué hace?
-          Mmmmm. ¿Cierra la puerta?
-          Claro. A ver, mira si se asegura bien.
Pedro lo hace y lo confirma.
Jorge se sienta sobre el colchón, se descalza y se acuesta mirando al techo.
-         ¿Qué tal está?
-          Acuéstate a mi lado. Prueba por ti mismo.
-          Está biennnn… Parece cómoda, como la de mi cuarto.
-          Bien… Hace calor, ¿no?
-          Sí. Un poco.
-          ¿La puerta está asegurada?
-          Sí.
-          Me disculparás pero no aguanto.
-          ¿Quéee?
Jorge se saca el short. ¡Sorpresa! Debajo no hay nada… es decir, nada más que un gran miembro rodeado de pocos vellos. El glande apenas asoma al extremo. Pedro suda ffrío.
-         ¿Te… molesta que… esté así?
-          No… somos hombres… ¿no?
-          Claro… además amigos… bueno si me tienes confianza…
-          Claro que sí.
-          Si quieres, quítate la ropa.
-          ¿Seguro?
-          ¡Claro!
Jorge sigue mirando al techo. Pedro se desnuda hasta quedarse en el bóxer que incomodó a Jonatan. Su miembro está duro, algo que el spandex no disimula mucho. Si los amigos tienen reglas… éstas en particular le fascinan.
-         Jorge…
-          ¿Qué?
-          Se te ha parado.
-          ¿sí? – Jorge mira su pene. – Te parece.
-          Pero… está echando líquido.
-          Eso pasa cuando me quito la ropa… ¿te jode?
-          No… no… nada…
-          ¿Quieres… darme un abracito de amigos?
-          ¿Cómo es eso?
-          Te enseño.
Jorge se pone de cúbito dorsal y toma aPedro por la cintura, para que quede frente a su frente.  Lo toma con su hercúleo brazo, lo aproxima. Siente su falo duro contra el suyo. Pedro le corresponde.
-         Te voy a manchar el bóxer… quítatelo.
Pedro obedece.
Vuelve a aferrar a Jorge, ahora tan desnudo y erecto como él. El corpulento empieza a acariciarle la espalda. Primero cosquilleos, luego sensaciones placenteras experimenta el curioso, quien duda si corresponder o no el cariño… lo hace tímidamente
Mientras su entrepierna se moja con el líquido pre-seminal de Jorge, el suyo se impregna entre los vellos del vientre junto a sí.
Jorge retrocede el rostro, para mirar a Pedro.
-         ¿Estás cómodo?
-          Sí… me siento… bien.
-          Qué bueno. Voy a acomodarte mejor.
Jorge regresó a su posición inicial, pero aferrando a Pedro, quien terminó acostado encima suyo. Ahora, sus dos brazos acarician la espalda, toda la espalda. Eventualmente, una mano pasa cerca de uno de los glúteos.
Pedro no sabe cómo describir el momento.
Ambos penes siguen erectos y babeando. Para estar más cómodo, el chico abre sus piernas como quien quiere atenazar las caderas de su… ¿amigo?
-         Au.
-          ¿Qué pasó?
-          Me la estás aplastando.
-          Ay, sorry, sorry.
-          No te preocupes. La acomodaré.
Jorge saca su pene de debajo del pubis de Pedro y lo coloca a lo largo de su perineo. Dieciocho centímetros y medio que ahora babean entre las nalgas del muchacho.
Ambos se miran.
Jorge acaricia la nuca de Pedro, y aproxima su rostro al suyo. Los labios de ambos se rozan, hasta que…
… Un ruido súbito los alerta. Alguien entra a uno de los dormitorios.
Pedro se asusta.
-         No tengas miedo… -Jorge susurra- tú sabes que los amigos tienen secretos, ¿cierto? Ya, ‘pe, éste será el nuestro.
Un beso en la boca sella el pacto. Dura apenas unos segundos, pero, para Pedro es una eternidad.

Cuando cruza el patio rumbo a su dormitorio, Manuel sale del suyo hacia el baño.
Ambos se asustan.
-         Yo… yo… esté… ¿vas a bañarte?
-          Sí.
-          Ya.
-          Pedro, ¿te pasa algo?
-          ¿A… mi…? Nooooo… naaadaaaa…. ¿por qué?
-          No. Por nada. Puta huevón, me asustaste horrible.
-          Ay, sorry.
Ambos siguen su camino.
Pedro entra y se echa. Está confundido y excitado. Recuerda lo sucedido en los últimos tres cuartos de hora. Cierra los ojos.
Su semen fluye inundando el bóxer despreciado por la mañana.
Dos chicos distintos en menos de veinticuatro horas.
Esto es mejor de lo que esperaba.

(CONTINUARÁ...)

©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier precido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Deja tus comentarios aquí, o envíalos a hunks.piura@gmail.com

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