jueves, 9 de agosto de 2012

La Parcela (13): ¿Infieles?

Muy asustado, David se levantó su calzoncillo y su pantalón (y casi se magulla su pene parado con la cremallera), mientras que Nando aprovechaba que el primero se interponía entre él y la persona en la puerta para alzarse su bermuda y ponérsela, casi tropezando.
-         Tranquilos, muchachos. Soy Pancho. Normal.
Nando se pegó a unos archivadores, aún con la pinga parada y húmeda, mientras que David se puso, como sea, su polo. Pancho, por fin, entró a la oficina.
-         Nando, benía a avisarte que ya hicimos una aplicación en la fila que nos dijiste, pero queremos saber si es necesario seguir o ahí lo dejamos.
-          Esteee… no… ahí nomás déjenla.
Aún semi-erecto, Nando salió de la oficina hacia su dormitorio. Apenas trasponía la puerta, cuando Jano salía de la casa grande hacia donde él estaba.
-         ¿Y ese estilo veraniego?
-          Nada. Vine… vine a ver unas cosas que quería David.
Jano notó el bulto, presintió la respuesta por compromiso, y un extraño sentimiento de frustración lo inundó, pero se negaba a explicarlo.
Nando se fue, ligero, hacia su dormitorio.

Allí, esa misma noche, él, Raúl y Pancho jugaban una partida de cartas. A pedido del primero, el dueño de la baraja, con apuesta deducible de su primera quincena. Los tres estaban desnudos, pero relajados.
-         Oye, Nando, ¿qué quería David?
-          Nada, Raulito. Sólo quería ver una cuestión sobre los fertilizantes.
-         Nando alzó su mirada hacia Pancho, esperando que se revelara lo que pasó esa tarde, pero el moreno musculoso estaba abstraído en ver si en su mano podía armar grupos de naipes para hacer, al menos, un punto.
-          Ya, Raulito, te toca.
-         Nando pasó los dedos de su mano por la raja del culo de su amigo.
-          Suave, huevón… Mira: seis y cinco son once, y once sobre la mesa… ¡punto!
Pancho entendió que no ganaría esa partida bajjo ningún aspecto.
-         Muchachos, me cancelo. Voy a tomar agua, pero juego la revancha.
-         Los otros dos sonrieron, mientras el moreno se ponía un short y salía del dormitorio hacia la cocina. Nando aprovechó para volver a tocar el culo a Raúl.
-          ¡Suave! ¿qué dirá Pancho?
-          Puta, huevón. ¿De dónde crees que lo sacó Jano? ¿De un convento?
-          De todas maneras.
-          ¿Qué pasa? No me digas que te gusta.
-         Raúl no se atrevió a mirar a Nando y se fijó en las cartas. Entonces sintió un peso en su espalda.
-          Así que te gusta el negro, ¿no? Yo pensé que te agradaba la carne blanca.
-         Nando sonreía mientras movía su cadera sobre el trasero de Raúl.

-         Pancho llegó a la cocina y se encontró con David viendo algo en la lap-top. Cuando el administrador advirtió al moreno, cerró la tapa del aparato.
-          Hola, Pancho. Estaba avanzando trabajo.
-          AAh. Yo sólo vengo a tomar agua.
Pancho se sirvió el líquido, y se sentó al costado de David, quien vestía un bibidí y una bermuda suelta.
-         ¿Te incomodo? Si quieres, me voy.
-          No, Pancho. Esta cocina es de todos, sino que no quería hacerle bulla a Jano que está jateando como bebé.
-          Ah. Oye… ¿y puedo hacerte una pregunta incómoda y personal?
-          ¿Lo que pasó hoy? La verdad ni yo mismo me explico. Pasó. Así de simple.
-          ¿Es la primera vez que te pasa en el trabajo?
-          Sí. Normalmente haces el contacto en la oficina, y luego vas a otro lado, pero esta vez no sé qué me pasó. ¿Y a ti te sucedió?
-          Una vez, en la oficina de una profesora. Estaba esperando notas, y… tú sabes… se dio, y tiramos.
-          O sea, ¿eres hetero?
-          No. Esa fue una de las pocas veces con chicas. A mi me gustan los patas.
-          ¿En serio? ¿Y cómo te gustan?
-          Chéveres, sencillos, descomplicados, como ustedes, como tú.
Ambos se quedaron en silencio, se miraron a los ojos, sonrieron, y, sin más preámbulo, acercaron sus cabezas para besarse en la boca. Primero algo superficial, pero ambas cavidades fueron ampliándose hasta permitir un combate de lenguas. Se separaron.
-         Besas rico. Tienes talento, ¿ah?
-          Jano me enseñó. Además de los números, ése es mi fuerte.
-          A mi también me enseñó él. Aparte de los ejercicios y las rutinas, dicen que soy bueno con la boca.
-          Habrá que probarte.
-         Pancho y David volvieron a besarse, hasta que el fortachón sintió cierto remordimiento, y se separó.
-          Disculpa. No debí hacer eso.
-         Pancho terminó su vaso con agua, salió de la cocina y regresó al dormitorio. David se quedó desconcertado.

-         Al llegar, Pancho vio cómo Nando estaba acostado sobre Raúl, con las piernas abiertas, y bombeando sus nalgas de arriba hacia abajo. La luz pudo dejarle ver el miembro de Nando entrando y saliendo del ano de Raúl. Ambos jadeaban.
-         Sin decir nada, sin hacer ruido, Pancho regresó a la cocina, martillándose la cabeza. ¿Acaso la deslealtad al objeto de seducción puede desencadenarla en otro lado? ¡Vaya misterio!
-         Al reingresar a la cocina, con sigilo, vio el rostro de David iluminado por el resplandor del monitor. Uno de sus brazos se agitaba bajo la mesa. Algunos gemidos masculinos se escapaban de la máquina.
-          Disculpa. Estás viendo porno, ¿cierto?
-         David se asustó. Pancho dio un par de pasos.
-          Déjame ver, por favor.
-          Ven.
-         Pancho se sentó al lado de David, muy junto, rozando pierna con pierna. Se miraron otra vez. Se besaron profundamente de nuevo, abrazándose.

La noche para ambos terminó en el cuarto de David, donde Pancho se tendió boca arriba sobre la cama, dejando que su anfitrión recorriera desde su boca hasta su pene, pasando por cuello, tetilla y ombligo, con sus labios y lengua.
-         De inmediato, David comenzó a chupar los 19 centímetros al palo de Pancho, metiéndoselos a la boca con dificultad, pero con cierta técnica que sólo arrancaba suspiros al grandulón.
-          Vaya, sí que eras malogrado, huevón. La tienes realmente grande.
-          ¿Te gusta? También chúpame los huevos. Así. Ah. Así.
-         La boca y la lengua de David tomaba indistintamente cada testículo humedeciendo los vellos que tapizaban el moreno escroto.
-         Pancho separó más sus piernas, y comenzó a elevarlas lentamente. David lamió el perineo, y lentamente se fue acercando con la lengua a la raja de las nalgas.
-          Sigue. Ah. Sigue así. Qué rico, huevón. Qué rica lengua.
-         En cuestión de segundos, el ano de Pancho era hábilmente humedecido por el administrador, quien acariciaba piernas y nalgas con las manos más que abiertas. Pancho no cesaba de jadear y suspirar arrechamente, hasta que David se arrodilló, colocando su verga de 16 centímetros en la misma entrada del culo velludo de Pancho.
-          ¿Quieres que te la meta?
-          Claro, pero déjame chupártela.
-         Pancho se arrodilló y se puso en cuatro, agachándose a chupar la pinga de David. La engulló toda de golpe, y comenzó a succionarla.
-         Varios minutos después, ambos se practicaban un increíble 69, donde sus bocas alternaban penes, testículos y anos.
-         Media hora después, David se ponía condón y le untaba lubricante para introducir su miembro en el orto del moreno, en la pose de piernas al hombro. No fue fácil, porque Pancho lo tenía cerrado; pero aún así, ambos resistieron el dolor de penetrar y ser penetrado.
-         David se meció por varios minutos, y cuando ya sentía que su leche iba a salir disparada, Pancho logró contraer su esfínter y expulsar el pene que lo taladraba.
-          Aún no las des.
-         Pancho agarró otro condón, se echó el resto del sachet de lubricante, embadurnó un poco en el ano de David, metiendo parte de su dedo índice. La entrada del falo tampoco fue sencilla, ya que se hizo lentamente, lentamente; primero la cabeza, luego el primer centímetro del cuerpo, y otro, y otro, y otro… David nno pudo resistir los 19 centímetros en su culo, por lo que Pancho debió moverse lentamente, y con cuidado. Claro que esto era una ventaja para el moreno porque duró más de media hora.
-         David ya no pudo más con el dolor.
-          Sácala.
-          Hay que pajearnos.
-         Pancho masturbó los 16 de David, y éste, el enorme falo de Pancho.
-         UN minuto más tarde, la leche de David se estrellaba contra el vello púbico y el abdomen bajo de Pancho.
-         Diez minutos después, el semen de Pancho ascendía velozmente hasta las tetillas de David y dejaba una blanca y resbaladiza película desde allí hasta sus piernas.
-         Ambos se vinieron otras dos veces, pero pajeándose, sobándose, chupándolas, besándose, rozándose. Tantas veces eyacularon, tantas veces compartieron la ducha.

-         Hacia la una de la mañana, ambos se quedaron dormidos.
-         A las cinco y media, Pancho dejó la cama. La aurora despuntaba tras los cerros.
-         Pasó junto al mini-gimnasio y lo ignoró, pues quería ducharse.
-         Al entrar al cuarto, vio a Nando y Raúl durmiendo de costado, abrazados. La pinga de Raúl estaba parada. Pancho salió raudamente a las duchas.
-         Raúl se despertó por la vibración en el suelo, y sólo alcanzó a ver la espalda y el culo de Pancho. Quiso hundirse en el colchón. Una inexplicable tristeza y nostalgia comenzó a invadirlo.

(CONTINUARÁ…)

©2012Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con personas, lugares y situaciones es pura coincidencia. Contacta a los autores dejando tu comentario aquí, o escribiendo a hunks.piura@gmail.com

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