jueves, 2 de febrero de 2012

Estirpe pelotera 1

Conocí a S cuando fui a trabajar al campo. Fue el primero de los cuatro hermanos a quien tuve el gusto de verlo en el canal mientras se bañaba luego de un partido de fútbol.
Los cuatro son virtuosos con el balón e integraban el equipo local.
S estaba con otro amigo allí en el canal, ambos desnudos, como es costumbre por allá.
Pero algo me decía que se estaba ocultando, ¿de ´mi? no creo: todos los patas allá se bañan calatos y todos se ven la anatomía.
Juraría que se la estaba tocando, y cuando se percató que me acercaba, se metió en el agua. Asumí eso cuando vi a su acompañante, se incomodó.
S es delgado, pero de cuerpo marcado; piernas robustas y fibrosas debido al deporte, nalgas pronunciadas. Los vellos lo tapizaban de la cintura para abajo. Eran castaños, con lo que al sol se hacían casi invisibles, hasta que estabas cerca.
- Hola.
- Hola.
- Soy nuebo, vengo a trabajar acá.
- Ah, qué bien.
Con los días, S llegó a agarrar mucha confianza conmigo.
De vez en cuando llevaba su radio para escuchar música en mi cuarto, y cuando yo tenía, prendía el mío.
Me había comprado una ccámara digital, y mi afición fue tomarle fotos a todo. Como el paisaje era bosque y chacras, y no el despoblado o el desierto de otras partes de Piura.
Cierta vez, cuando regresaba a pie de un pueblo, me lo encontré en el camino.
- ¿qué haces?
- Tomando fotos mientras tanto.
Le enseñé lo que había logrado.
- Aquí, por el antiguo tanque de agua se tiene un paisaje bien bonito.
Lo seguí por en medio del follaje que nos cubría por completo.
Él vestía un bibidí y una bermu´da raída; yo iba con polo, mi jean y mis botas todo-terreno.
Llegamos a una plataforma de cemento. Realmente el paisaje era mostro: bosque por donde miráramos, y al fondo el cerro poblado de vegetación.
Comencé a hacer algunas tomas, y conforme avanzaba algunas, se las mostraba.
- Oye tómame fotos.
- Pero ésto no imprime, tendrías que usar una computadora.
- No importa.
S se colocó con el cerro al fondo y comenzó a posar. sin ser simpático, era fotogénico, y sabía buscar sus ángulos.
Le mostré las fotos y se quedó maravillado de la tecnología.
Pero su cara aparecía muy oscura.
Estudiando las tomas, me percaté que el blanco del bibidí creaba la opacidad.
- ¿Me lo quito?
- Si quieres.
Se despojó de la prenda. Volví a tirar algunas tomas.
- se ven mejores ahora.
- ¿Y esa mancha negra?
- ¿dónde?
- En mi cintura.
- Es tu bermuda.
- se ve fea.
- Ja, ja, ja. Tendrías que quitártela.
- ¿Quitármela?
- Claro, así corregimos ese defecto.
- La huevada es que no traigo nada debajo.
- ¿Y qué tiene?
- Me da roche.
- Pero las fotos sólo las veremos tu y yo.
Lo pensó y al final aceptó; se bajó la bermuda, pero se dio la vuelta, de tal forma que en la composición salía mirando al cerro, con toda su parte posterior desnuda. Sus nalgas, a pesar de estar en la esquina inferior izquierda del cuadro, de alguna manera, jalaban la visión.
Imaginen esta imagen, entonces: verde en segundo plano, el cerro al fondo contra un cielo inmejorablemente celeste y en primer plano, corrido hacia la izquierda, la piel trigueña de S en su primer desnudo integral, aunque no frontal.
Meses después me dijo que si le podía hacer una sesión de fotos pero que quería tenerlas en su álbum. Le dije que se trajera ropa para cambiarse, usaríamos algún escenario natural y otras en interiores. Planificamos la sesión. A pesar que se lo iba a sugerir, él propuso hacer algunas con ropa interior.
A la semana siguiente, regresé con mi cámara de película, y nos tomamos toda una mañana para producirle su sesión.
Nos fuímos a la chacra de sus viejos, y allí comenzamos a tomarle fotos. agarrado de un árbol, sentado, parado en la cerca con un pie arriba, descamisado en la puerta de su choza... parecía un perfecto modelo.
Llegó el turno de las fotos en ropa interior. Estábamos al interior de la choza.
- ¿Podrás tomarlas aquí?
- Sí, pero está oscuro.
- Con flash, pe.
- No. salen horribles, mejor con luz natural.
Después de un tiempo, aceptó abrir la puerta y comenzamos a hacer las imágenes, usando todos los suspensores marca Stripper que tenía.
Su ropa estaba sobre un catre al costado de una ventana, que también abrí para mejorar mi iluminación.
Obvio que me ganaba cuando se cambiaba de prenda, pero su pene estaba flácido. Me quedaba una toma y ya se habían acabado los calzoncillos.
- ¿Y si haces una calato?
- No. ¿Qué? ¿así, calato mirando frente a la cámara?
- Sí, calato mirando frente a la cámara.
- Pero se me va a ver todo.
Sus huevos eran grandes. Entendí que jamás querría tener un desnudo de sí mismo en el álbum de fotos personal, así que lo coloqué arrodillado sobre el catre, y luego hice que se cubriera sus partes íntimas con una sábana blanca pegada al cuerpo, pero dejando sus caderas desnudas, para crear el efecto sensual. Atracó.
Las fotos quedaron mostrazas.
Cuando las revelé y se las dí, S le enseñaba sus fotos a medio mundo igual que modelo con su 'book', aunque nadie por ahí lo llevaría a una pasarela o, cuando menos, lo llamaría para el cuero de la semana.
Varias noches después, me fue a ver a mi cuarto. Yo estaba leyendo.
En la conversación me preguntó si había llevado mi cámara, y le dije que sí, y él me dijo que quería hacerse fotos.
Como mi cuarrto no parecía adecuado para estudio, convine con él para que, aprovechando el blanco de mi sábana se acostara, y yo, parado del otro borde de la cama, le hiciera fotos en un gran picado. El flash, rebotando con el nlanco de la sábana, haría el resto.
Comenzó a posar.
Entonces le sugerí que comenzara a desvestirse y él accedió.
Fuera polo, fuera bermuda, y, después de dudar ambos, fuera calzoncillo.
Era el primer desnudo frontal que lograba de él.
súbitamente, su pene fue creciendo de toma a toma, hasta llegar a ser una barra gruesa y venuda.
Él posaba.
- Así, s. Muy bien. Libérate, deja que tu cuerpo se exprese,
Fue cuando tomó su miembro erecto, y comenzó a masturbarse.
- Lento, así, sigue.
Su rostro, que comenzó con una pícara sonrisa, se tornó en una seductora mirada para pasar a la más arrrecha excitación.
Yo seguía tirando fotos.
Él cerró sus ojos, y la cámara fue secuenciando el chorro de su leche que se disparaba contra su vientre plano y formado, inundando sus vellos.
Así desnudo, y con el papel higiénico aún secándose su eyaculación, le mostré las imágenes hasta su orgasmo.
No me dijo nada, se paró y se fue.
Después de eso seguíamos frecuentándonos, hasta que dejé de trabajar allá.
Hace poco regresé, y lo encontré con el cabello un poco más crecido, bien a la vincha, y enfrascado en un negocio absurdo: venta de ropa de marca a chicos del campo.
supe que, con la ayuda de su otro hermano, se casó.
Después no supe nada más.

CONTINUARÁ...
© 2012 Hunks of Piura Entertainment.
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