martes, 10 de enero de 2012

Las chelas tendrán que esperar un buen rato

Yo pasé el Año Nuevo en Punta Veleros con unos compañeros de estudios y unos amigos que vinieron de España.
De entre todos ellos, había uno agarrado que me llamó la atención, pero como que con su pinta de intelectual, parecía que no pasaba nada.
Sin embargo, la tarde del 31 lo vi meterse en la piscina luciendo un speedo: un excelente cuerpo atlético, lindos ojos, un culo de gloria y un voluminoso paquete.
Yo trataba de pasar piola en todos los sentidos. A ver, yo soy trigueño, y trato de mantenerme en forma con los consejos de Hunks of Piura, aunque me han dicho que tengo un buen culo. Por ahí que aparecen ciertas reminiscencias de cuando hacía pesas, así que tampoco se me ve mal sin ropa.
Conforme se acercaban las 12, nos pusimos a chelear. Ya a medianoche, fui a cumplir una de mis cábalas: mojarme los pies hasta media canilla para botar lo malo del Año Viejo y refrescar mi espíritu.
Pero mis amigos españoles creyeron que tal refrescada debía ser integral, así que vinieron misma pandilla a tirarme al mar. Como me resistía, se fueron, pero el que no se rindió fue este chico de pinta intelectual. Me alzó en peso y amenazó con dejarme caer en el agua.
El detalle es que me levantó por la espalda, por lo que fue imposible ignorar su verga dura debajo de un pantalón de tela delgada, y si mis nalgas no me estaban dando información equivocada… ¡era enorme!
En el supuesto forcejeo, aproveché para tocársela, ya que tampoco había luz como para que alguien se gane con el pase.
Regresamos al grupo y seguimos cheleando.
A eso de las 3, se estaba acabando nuestra existencia de chela.
Mis compañeros llevaron una camioneta y ahí viajamos todos.
Yo estaba relativamente sobrio pero no sé manejar; él también no estaba muy tomado, pero no conocía ni mierda de esa zona.
Entonces, agarramos la camioneta de mis compañeros y fuimos a comprar chela. El sería el conductor pero yo sería el guía.
Cuando íbamos camino a Los Órganos, pasamos por un sitio recontraoscuro, y él detuvo la mionca.
-         Dejémonos de gilipolleces. Ya me di cuenta que te mueres por que te folle.
-          ¿De qué hablas?
-          De esto, cabrón.
Se levantó un poco de su asiento, y me dio la impresión que se bajaba el pantalón, me tomó la mano izquierda y me la llevó hasta su miembro. ¡Realmente era enorme, con unas bolas inmensas!
-         Chúpame la polla.
Veamos, si la mía anda en 17 cm, la de él, fácil anda por los 21 de largo, y de ancho era tal que cuando le succioné la cabecita, apenas si entraba en mi boca.
Tampoco pude mamarle todo el palo, así que de vez en cuando le pasaba la lengua desde la cabecita hasta la raíz incluyendo sus bolas.
Mi RPM comenzó a sonar.
¿el gemía, pero no dejaba de ajocharme.
-         así, cabrón, cómete mi polla… ¿Te gusta mi polla?... Así, qué rico la chupas.
Mi RPM sonó de nuevo. Él lo tomó de mi bolsillo y contestó.
-         ¿Hola? ¿Las cervezas? Mira, las cervezas demorarán algo porque se ha acabado en las tiendas a donde hemos ido. No te preocupes que vamos a por ellas. ¡no  se muevan de donde los dejamos! ¿Vale?
Cortó la llamada, me retiró la cara, y me dijo que vaya al asiento de atrás.
-         Bájate los vaqueros.
-          ¿Me la vas a meter?
-          ¿Tú qué crees?
-          Pero…
-          Tranquilo amorcito. Vas a ver cómo te follaré como el que más.
Se puso un condón, hizo que me echara a lo largo del asiento, se acostó sobre mi,me pasó algo de su saliva por el culo, y me la fue metiendo.
Me dolía como mierda (si cabe la expresión). En aquel lugar oscuro, bajo un cielo parcialmente nublado, él me hizo ver más estrellas que cielo despejado.
Se mecía fuertemente, tanto que la mionca se remecía.
Yo estaba a full adrenalina, porque cualquiera que podía pasar por ahí, mínimo, nos habría descubierto. Menos mal que no pasó nada.
Demoró como cancha. Eran casi las 4 de la mañana.
-         ¡Me corro, cabrón. Me corro!
Lo que sentí a continuación fue cómo su pija palpitaba eyaculando dentro de mi culo.
-         ¿Te gustta cómo te follé?
-          Sí, huevón, pero no sé si podré sentarme.
-          Ja, ja, ja. No te preocupes.
Me besó en la boca, y reanudamos la búsqueda de las chelas. Claro que las conseguimos, pero cuando regresamos nuestra gente ya estaba cansada.
Amaneció en Punta Veleros, y cada quien se fue a su cuarto.
Yo me fui al que compartía con dos compañeros, me quité la ropa, y me metí a la cama, alucinando con lo que había pasado unas horas antes.
Tuve que irme a la ducha a masturbarme para así poder dormir tranquilo.
Yo también demoré a pesar que me la friccionaba con fuerza. Finalmente, mi semen se estrelló contra las losetas de la ducha.
Esa tarde, mientras la gente seguía metiéndose al mar y cheleando, yo descansaba algo, cuando él llegó.
Me pidió que lo acompañara, nos metimos a su cuarto, y volvimos a culear, esta vez calatitos, haciendo varias poses, pero en especial la del perrito que fue como mejor me la pudo meter.
Comenzamos como a las 5, y a eso de las 8, recién pude salir luego de que su ‘polla’ botara su leche dos veces: la primera en mi espalda, y la segunda en mi culo. Yo también boté la mía dos veces. La primera sobre una toalla, y la segunda sobre el piso del cuarto.
No es la primera vez que cacho por año Nuevo, y espero que no sea la última.
¿Qué si me pude sentar bien? Bueno, toda la semana pasada, tenía que acomodarme bonito porque parecía como si alguien me hubiera dejado mi hueco inutilizado; pero ya se está recuperando y es probable que haya una nueva aventura pronto. Ya les contaré.

Siempre practica sexo seguro, si tomas, no manejes.
© 2012 Hunks of Piura Entertainment.
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Este relato nos llegó a hunks.piura@gmail.com

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